Disclaimer:
Los personajes pertenecen a la genial Rumiko Takahashi, yo sólo los tomo prestados por un ratito para jugar :D
"Iniciando de nuevo"
Naraku se hallaba en su nuevo escondite. Estaba furioso y frustrado. Kikyo había escapado nuevamente y sus planes de acabarla por fin se habían desmoronado, además la miko sabía que en el Monte Hakurei algo había sucedido con él. Claro, no creía que ella supiera exactamente qué, sin embargo, Kikyo habia demostrado conocerlo quizás mejor que él mismo. Así estaba, pensando en su siguiente movimiento. Debía obtener una ventaja. Sopesando sus posibilidades, decidió obtener más información, mandó llamar a Kanna. La niña apareció sosteniendo su característico espejo entre las pequeñas manos.
- Muéstrame a Inuyasha – dijo hastiado. No muy seguro de querer saber sí Kikyo estaba con el hanyou aún, quizá algún sentimiento aún se escapaba de su control, pese a ya no tener el corazón de Onigumo con él.
Kanna asintió. Naraku observó el espejo. Dentro de él poco a poco se pudieron distinguir las figuras del hanyou acompañado de sus amigos y de Kikyo. Naraku se percató de que alguien faltaba.
- ¿Dónde está Kagome?- preguntó más así mismo que a Kanna.
Naraku intrigado decidió que vigilaría a Inuyasha para averiguar qué había sucedido. Estaba por deshacerse de la niña cuando unas palabras pronunciadas por Sango llamaron su atención. Naraku se inclinó hacia el espejo con claras intenciones de escuchar mejor. La taijiya y el monje caminaban separados del resto. Inuyasha iba al frente. Kikyo detrás de él. El pequeño kitsune dormía sobre el lomo de la nekomata.
- Houshi- sama, ¿qué habrá pasado realmente con Kagome-chan? ¿le habrá hecho daño Inuyasha?- la voz de la taijiya demostraba su preocupación.
- No lo sé, Sango. Inuyasha puede ser violento pero dudo que le haya hecho algo a Kagome-sama, sin embargo, bueno... él debió... de haberle dicho que Kikyo-sama es la mujer que él ama- concluyó el monje mirando de soslayo a la pareja que caminaba delante de ellos.
- Sí, supongo...- Sango echó un fugaz vistazo en la misma dirección que él, se fijó en que Inuyasha y Kikyo caminaban separados y en silencio. Continúo en voz baja - ellos parecen distantes. Inuyasha está todo el tiempo enojado y ... - la taijiya bajó la mirada – él...- Sango se detuvo un momento, temerosa de continuar, finalmente suspiró – Inuyasha ha estado peleando casi sin razón con cualquiera que se cruce en nuestro ha arriesgado sin motivo aparente, parece como...- Sango no pudo terminar la frase.
Miroku asintió, comprendiendo lo que ella quería decir.
- Inuyasha parece no importarle si muere en una pelea, es más parece como si lo buscara.
- Pero... ¿por qué? - era evidente que ella no entendía el comportamiento errático del hanyou.
- Eso no lo sé, Sango. Sólo él sabe porqué actúa así. Lo único que espero es que Inuyasha no encuentre aquello que busca tan fervientemente.
- Yo también lo espero, houshi-sama- concluye Sango mirando al hanyou con preocupación. Suspiró mientras retomaban el paso.
Naraku se alejó del espejo con una sonrisa maliciosa dibujada en los labios. « Así que Inuyasha, buscas la muerte. Quizá yo pueda ayudarte un poco» pensó meditando. Rió fríamente. «Mmm... ¿porqué pareces buscar la muerte? ¿tendrá algo que ver el hecho de que Kagome ya no está a tu lado? Me preguntó, ¿qué harías si ella estuviera en mi poder?» se preguntaba mientras en su mente una idea comenzaba a gestarse.
Kanna fue enviada a vigilar a Inuyasha. Mientras Naraku comenzó a llamar youkai, necesitaba que buscaran a Kagome y la trajeran hasta él. Nunca tendría de su lado a Kikyo, pero Kagome... no creía que la joven fuera tan reticente esta vez. Después de todo, su adorado Inuyasha la había abandonado por su antiguo amor. Quizá las cosas se equilibrabarían. La chica era la única además de la miko que podía ver los fragmentos de la Shikon no tama y su ayuda podría cambiar drásticamente la situación.
Naraku esperó pacientemente a que su nuevo ejército llegara hasta su lado. Cuando una gran cantidad de youkai aparecieron ante él, les ofreció un fragmento de la perla como recompensa a cambio de Kagome...
Kagome abrió los ojos lentamente. Aún soñolienta se sorprendió muchísimo al ver que estaba en su habitación de siempre, arropada dentro de su cómoda cama. A su lado, sobre la mesilla de noche su despertador marcaba los segundos "tic, tac", la luz se colaba ya por la ventana. Kagome se estiró para tomar el reloj, las manecillas marcaban las 6:00 am. Sonrió, inhaló profundo. «¿Qué pasó? ¿estoy en casa? » se preguntó confundida. El olor a comida proveniente de la cocina se coló por debajo de la puerta, las tripas le gruñeron en señal de protesta.
- Kagome, baja a desayunar- escuchó a su madre llamarla.
- Voy – contestó mientras de un salto se levantaba, sintió que pisaba algo blando y un gruñido se escuchó.
- ¡Baka! ¿porqué me pisaste Kagome?- dijo Inuyasha levantándose del suelo, Tessaiga cayó de sus manos haciendo un ruido metálico al tocar el piso.
Kagome se quedó congelada. « ¿Inuyasha? ¿está conmigo? ¿acaso lo del Monte Hakurei no pasó?» Se preguntó al ver al hanyou, evidentemente él había estado durmiendo al pie de su cama como siempre hacía.
-¿Por qué me miras así? ¿Kagome?- preguntó él acercándose.
Las lágrimas nublaron los ojos de ella. Se volteó dándole la espalda, dolida. Él la tomó por los hombros la hizo girar y la examinó a detalle.
- ¿Estás bien? yo... gomen, pero me dolió – dijo Inuyasha nervioso.
Kagome pensó en sentarlo, en empujarlo, quiso darle una bofetada; pero su cuerpo traicionero reaccionó por ella, sus manos subieron hasta el cuello de él, rodeándolo; su rostro se recargó en el pecho de Inuyasha.
- Estás aquí – se enojó consigo misma, quería gritarle, herirlo de igual manera que él había hecho con ella, pero sus labios solo dijeron un simple "estás aquí" expresado con demasiada alegría y alivio.
- ¡Claro que estoy aquí! ¿dónde más podría estar?- contestó él abrazándola, contento porque la chica no estuviera enfadada.
- ¡Prométeme que nunca te irás, Inuyasha!- rogó ella.
- ¿Irme? ¿a dónde podría irme, Kagome? Aún no hemos derrotado a Naraku- contestó Inuyasha contrariado.
- Al diablo con Naraku, sólo dime que nunca me dejarás sola, onegai – suplicó aún sin separarse ni un ápice del hanyou.
Kagome sintió como Inuyasha se inclinaba hacia ella.
- Te lo prometo, Kagome. Nunca te dejaré sola – contestó finalmente casi en un susurro, ella sonrió...
Estaba recostada sobre algo cálido y mullido. Era suave al tacto. Buscó a tientas con la mano y finalmente enredó sus dedos en él. Era como el pelaje de algún animal, pero su mano no tenía la fuerza para aferrarse, se soltó y la dejó caer. Sentía como toda ella era sacudida levemente. Instintivamente supo que la conversación con el hanyou en su habitación había sido un sueño solamente, uno muy cruel a su parecer. Maldijo a su mente por enviarle tales fantasías.
Kagome trató de abrir los ojos, pero no pudo. La cabeza y en realidad todo el cuerpo le dolían. Sus párpados eran realmente pesados.
Finalmente logró entreabrir los ojos. «¿Dónde estoy?» Pensó mientras trataba de levantarse, el esfuerzo la hizo marearse. Sin embargo, un rápido vistazo le indicó que aún estaba en el bosque, dejó a sus párpados cerrarse y se dejó caer pesadamente. Un relincho la alertó, gracias a ello intuyó que el pelaje que había acariciado era probablemente la crin de un caballo, seguramente viajaba en el lomo del animal. Pensó en moverse, pero estaba demasiado cansada para hacer nada.
- ¡Señorita!- preguntó una voz masculina que ella no reconoció - ¿Está bien?-.
La chica pudo parpadear ligeramente, los ojos le escocían. No fue capaz de contestar. No entendía nada de lo que estaba pasando. El traqueteo se había detenido. Apenas pudo distinguir un rostro joven que se acercó a ella. Era un chico, quizá algunos años mayor que ella. Humano, para alivio de Kagome.
- Está herida, no es grave pero debe dolerle. Se golpeó la cabeza con una roca- Su voz era amable, la chica haciendo un esfuerzo descomunal se obligó a mirar, el joven le examinó la herida y sonrío. A Kagome le pareció una sonrisa sincera. - Me llamo Kouki, chichi-ue y yo viajamos de regreso a casa. Vivimos en una aldea en el sur, muy cerca del castillo de nuestro daimyō. Partimos hace ya un tiempo en búsqueda de los miembros de un clan rival que habían atacado sus tierras hace un par de meses. Los cuales, por cierto estuvieron a punto de herirla. Por suerte llegamos a tiempo y el único daño que sufrió fue a causa de esa piedra. Durmió durante tres días.
Kagome intentó sonreír. Los músculos del rostro parecían rígidos. «¿Tres días? ¡vaya!» se dijo, aún así se sentía terriblemente cansada. Finalmente consiguió esbozar una débil sonrisa.
- Arigato gozaimasu, Kouki-san- contestó, en verdad estaba agradecida. Un segundo hombre se acercó a ellos. Era de edad mediana.
- Él es chichi-ue – señaló Kouki, el aludido saludó con una sonrisa.
- Me llamo Ôishi, señorita. Nos alegra que esté bien. ¿La llevamos a casa? Su familia debe estar preocupada-.
Kagome desvió la mirada, ya no tenía a donde ir. Ya no tenía una familia ni amigos. Tragó con dificultad, mientras hacía un gesto negativo.
- Ya no tengo un hogar al qué regresar – Kagome trató de no sonar tan triste como se sentía, pero su tono no pasó desapercibido para ellos.
- Soy un samurái, y mi hijo lo será pronto. Somos hombres de honor, nos regimos por las 7 virtudes*. No sería correcto dejarla a su suerte. Por alguna razón, usted llegó a nuestro camino. Le doy mi palabra de protegerla. No es mucho lo que tenemos, pero con gusto lo compartiremos -.
Kagome no pudo evitar que una lágrima se deslizara por su mejilla. Después de todo, quizá no estaba sola...
- Arigato gozaimasu, Ôishi- sama - dijo en un susurro mientras sentía como el cansancio se apoderaba de nueva cuenta de su cuerpo.
Cuando Kagome volvió a despertar se dio cuenta de que se habían detenido. No había vuelto a soñar con Inuyasha, pero en su lugar, su familia había habitado sus sueños. Lo primero que escuchó fue el suave murmullo de la corriente de algún río a lo lejos. En cuanto sus ojos se acostumbraron a la luz pudo distinguir el pequeño campamento. Ella estaba acostada sobre unas mantas bajo la sombra de un árbol. A su lado los dos samurái estaban sentados y comían tranquilamente. Más allá había un par de caballos pastando tranquilamente « El ying y el yang » pensó al ver que uno era blanco y el otro negro. Trató de levantarse, lo logró finalmente al segundo intento. Aún se sentía mareada y no estaba muy segura de que sus piernas le respondieran. Tambaleante se acercó a ellos.
- Ohayou, señorita... ¿cómo se siente?- preguntó Kouki acercándose a ella y ofreciéndole ayuda para llegar hasta donde ellos, sonriente.
- Me duele mucho la cabeza – confesó intentando sonreír y dejándose caer con poca gracia a un lado de los dos hombres – Por cierto, gomenasai, no me he presentado mi nombre es Kagome, Higurashi Kagome-. se disculpó haciendo una reverencia pronunciada como correspondía , los samurái eran honorables hombres.
- Hajimemashite- saludaron ambos a la chica e hicieron una leve reverencia -¿hambre?- preguntó Kouki señalando una olla humeante ante la fogata.
- Si... un poco – confesó mientras el joven servía sopa en un cuenco y se lo ofrecía a la chica - yo... agradezco lo que han hecho por mi, yo... no tengo cómo pagarles- añadió tomando el cuenco, Kagome lo olisqueó curiosa. El aroma era delicioso y su estómago gruñó pidiendo ser alimentado.
- No pedimos retribución a cambio, además no podríamos dejarla sola. No estaríamos cumpliendo con nuestros principios – terció Ôishi.
Kagome comió sin decir una palabra sobre su historia, ellos tampoco preguntaron, cosa que ella agradeció. Después de comer retomaron el camino. Kouki le cedió a Ryu, su caballo. Los samurái resultaron ser excelentes compañeros aunque Kagome no pudo evitar sentir una punzada de dolor en el pecho al redordar a sus amigos y a su familia.
¿Los volvería a ver alguna vez? ¿Vería a Inuyasha otra vez? Se imaginó a su familia siguiendo su vida sin ella, se imaginó a Inuyasha junto a Kikyo. Una silenciosa lágrima que había escapado resbalaba lentamente por su mejilla, la chica levantó la mano rápidamente para limpiarla, no quería sentir lástima de sí misma.
Kagome no lo sabía, pero sus nuevos compañeros tenían también recuerdos dolorosos. Kagome les recordaba a Sayuri, la joven y dulce hermana de Kouki que había muerto hacía unos meses.
Para Kagome todo era nuevo, había viajado ya durante mucho tiempo en el segoku jidai, pero esto era diferente. Para la chica, montar a Ryu era todo un reto; el caballo le tomó confianza con rapidez, aunque era evidente que el sentimiento no era mutuo. Kagome nunca había montado un caballo y le tenía más bien miedo. Kouki comenzó a enseñarle cómo montar correctamente a Ryu; Kagome no era una alumna mala pero estaba lejos de ser una amazona, para ello faltaría mucha práctica. Antes de acabar el día ya le habían salido ampollas hasta en las ampollas lo que provocó que Kagome empezara a extrañar fervientemente su bicicleta o peor aún, extrañó viajar en la espalda de Inuyasha; no es que fuera demasiado cómodo viajar siendo cargada por él, después de un tiempo se entumía por permanecer en la misma posición y a veces sentía que resbalaría y terminaría en el suelo. Pero le gustaba la manera en que a pesar de todo, se sentía bien viajando de esa forma. Suspiró, enojada consigo misma prometiéndose no volver a pensar en él.
Finalmente, al caer la noche acamparon en un claro. Kagome y los samurái descansaban junto a una cálida fogata. La chica, intranquila, no podía dormir. Se giraba con frecuencia dentro de las mantas, tratando de conciliar el sueño. Sus compañeros ya dormían plácidamente, los débiles ronquidos se lo indicaban. Kagome trató de relajarse, cerrando los ojos y escuchando los ruidos de la noche. Gracias a que en la época feudal, generalmente dormía al aire libre ya se había acostumbrado a los sonidos propios del bosque. La joven comenzó a poner atención a ellos, tratando de identificarlos. Pronto pudo distinguir el crujir de las hojas a causa del viento, los cantos de cigarras y grillos, la corriente del río, el suave crepitar de la leña consumida por el fuego...
Todo provocó que se sintiera aún peor. El sueño simplemente no aparecía, aunque no le extrañaba. Había dormido tres días seguidos, era de esperarse algo de insomnio. Sin embargo no era eso lo que la molestaba, sino la sensación de intranquilidad. Y entonces se dio cuenta de que extrañaba algo que siempre le ayudaba a conciliar el sueño: Inuyasha gruñía suavemente mientras dormía , el sonido solía ser casi imperceptible, pero ella se había acostumbrado a el, le arrullaba aún en noches de insomnio, la hacía sentir segura. Kagome abrió los ojos. Inhaló profundo, tratando de deshacer el horrible nudo que tenía en la garganta. Levantó la mirada, casi de manera involuntaria. El cielo estaba cuajado de estrellas, pero, en ningún lado se podía ver la Luna.
- Luna nueva- murmuró, sonrió lúgubremente. Inuyasha sería humano esta noche. Casi de manera involuntaria se preguntó qué estaría haciendo él ¿estaría bien?.
Cerró los ojos. Poco a poco recordó...
Estaban encerrados en una habitación, protegidos únicamente por Tessaiga. Inuyasha estaba herido y había veneno en su sistema. Era la primera vez que ella lo veía así, humano. A pesar de su aspecto poco saludable, a Kagome le había parecido muy atractivo. Se sintió tentada a tocar el largo cabello negro. Sin embargo, en lugar de eso, la chica se dedicó a enjugar el sudor que perlaba su rostro. Le preocupaba que él muriera. Tenían tan poco de estar "juntos", pero aún así él era ya alguien muy importante para ella.
- Tu regazo... ¿podría acostarme en tu regazo? - pidió él.
Ella se había sentido nerviosa, pero lo hizo.
- Hueles bien – Inuyasha parecía realmente vulnerable en su forma humana
- Dijiste que no soportabas mi aroma- ella se sentía extraña al escucharle hablarle así.
- Mentí.
Kagome abrió los ojos, sintiéndose muy triste. El le había mentido esa vez. ¿Cuántas veces más lo había hecho? Le había dicho que la quería a su lado ¿era mentira?... Se rió de sí misma, había sido una tonta por creer que a él le importaba. Había sido una completa idiota por desear quedarse a su lado, cuando era obvio que él no deseaba lo mismo. Había sido tan ingenua por creer en sus palabras. Inuyasha le había quitado en una ocasión los fragmentos para que no regresara.¿Porqué se había empeñado ella en regresar? ¿por qué se había enamorado de él con tanta facilidad? Él nunca la vería como veía a Kikyo...
Se preguntó sí él pensaba en ella, se preguntó si siquiera notaba su ausencia. Pronto se sintió muy mal, debía dejar de pensar en ello aunque le fuera difícil. Después de todo, lo más probable es que él ni siquiera la recordara, estando con la mujer que amaba a su lado. No tenía caso torturarse más con esos pensamientos.
Tragó con dificultad, sentía tantas cosas. Quería gritar y llorar, pero se negó a hacerlo. Ya no importaba. Sólo importaba lo que tenía por delante, ¿debería aceptar la oferta de sus amables acompañantes? Sonrió débilmente, no tenía nada qué perder. Así que en silencio aceptó y agradeció que pese a todo, el destino no la había abandonado. Poco a poco, sus ojos comenzaron a cerrarse...
Al llegar la mañana, reiniciaron el viaje. Kouki le explicó a Kagome que para llegar a las tierras a donde ellos vivían, deberían viajar por espacio de una semana aproximadamente. La chica asintió, estaba acostumbrada a travesías de largas distancias.
Pararon en la primera aldea que encontraron para abastecerse de provisiones y conseguirle ropa a Kagome. El uniforme escolar de la joven estaba realmente en un estado deplorable: roto, sucio, descosido... y ella avergonzada se dio cuenta de que su aspecto no era mucho mejor . Ôishi consiguió alojamiento y comida por una noche en una posada. La chica aprovechó para asearse. Después, Kagome se vistió con sus nuevas ropas. Kouki le consiguió un traje compuesto por hakama y kosode blancos. A Kagome le recordó el traje que usaba Kikyo, al mirarlo sintió repulsión, sin embargo no estaba en posición de negarse a usarlo. La chica pensó con añoranza en su ropa, prefería la comodidad de su moderno uniforme a los complicados trajes tradicionales, aunque, supuso que el cambio de ropa le ayudaría a efectuar otro cambio, el de ella misma. Quería dejar de ser la inocente Kagome, de ahora en adelante no permitiría que la lastimaran; en un impulso decidió que ya no llevaría su larga melena suelta, tomando un listón blanco se recogió el cabello en una alta coleta. Sabía que era una tontería esperar que aquel simple gesto efectuara algún cambio, pero aún así se sintió satisfecha, pensando que por algo se empezaba. Sonrió al verse reflejada en un espejo, recordando a su amiga Sango, quien usaba el cabello de aquel modo.
A la mañana siguiente, retomaron el camino. Mientras tanto, Kouki se esforzaba por enseñar a la joven el arte de la equitación. Ella poco a poco mejoraba, y además agradecía tener en qué ocupar su mente, al menos durante el día. No quería pensar. Aunque sabía que por más que se esforzara al caer la noche, él estaría en sus sueños. Cada noche soñaba con Inuyasha, nunca era el mismo sueño pero siempre era el mismo protagonista.
Kouki y Ôishi la habían escuchado murmurar en sueños. Preocupados habían visto como la chica derramaba silenciosas lágrimas mientras dormía. Sin embargo, tenían el tacto suficiente para no preguntar quién era "Inuyasha". Sentían que la jovencita había sufrido mucho por aquel desconocido y no tenían intención de hacerla sufrir más. Durante el día ella actuaba de manera normal, sólo sus ojos parecían tristes. Al caer la noche, ella se quedaba mirando hacia la nada, sumida en sus pensamientos, hasta que se acurrucaba a dormir.
Para alegría de Kagome, el viaje transcurría sin contratiempos. Se sentía un poco intranquila. Como si presintiera algo. Sabía que Naraku aún estaba por ahí en algún lugar, pero no estaba segura de que él intentara buscarla de alguna manera. Ahora que ella e Inuyasha ya no estaban juntos, seguramente Naraku no pondría ninguna atención en ella, sus esfuerzos estarían concentrados en separar a los que ya había separado hace 50 años. Aún así, se mantenía alerta por si veía algo sospechoso.
Nunca había considerado su arco como algo valioso. Simplemente como una herramienta que se había visto obligada a usar. Sin embargo ante la ausencia de este, lo había valorado más. Sintió una punzada de nostalgia cuando vio los arcos que los samurái cargaban a la espalda. Eran incluso más majestuosos que el de Kikyo. Casi del mismo tamaño que el de la miko, sin embargo, a diferencia de aquel, los de los samurái estaban exquisitamente tallados en madera. Se podían leer algunos kanjis que Kagome no entendió. Se sintió tentada a pedirle a Kouki que le prestara el suyo, o le enseñara a hacer uno propio, pero no lo hizo.
Kagome no les mencionó a sus nuevos amigos nada acerca de Naraku, su instinto le decía que mientras menos supieran, mejor. Ellos estarían a salvo si no se cruzaban en el camino del odioso Naraku.
Finalmente se estaban acercando a su destino.
- Estamos a un día de nuestra aldea- señaló Ôishi al reconocer el paisaje que tenía frente a sus ojos – será mejor que descansemos por hoy.
Aún había un par de horas de luz.
Kouki y Kagome estuvieron de acuerdo. Minutos después Kagome descansaba recostada sobre la hierba. Ôishi y Kouki habían ido a buscar agua y leños respectivamente. Era diferente, pensó. Con Inuyasha y los demás. Extrañaba los reproches de Inuyasha, las pláticas con Sango. Las ocurrencias de Miroku y la ternura de Shippo y Kirara. Suspiró, aquello se había ido para siempre. Negó con tristeza.
De pronto sintió algo. No era tan buena como Miroku o Inuyasha para percibir energías malignas, pero algo había aprendido. Levantando la mirada supo que un grupo de youkai se acercaba. Asustada se levantó. Demasiado tarde, los demonios estaban ya casi sobre ella.
Miró a su alrededor buscando a Ôishi y Kouki, pero ninguno parecía estar cerca. Los llamó a gritos mientras comenzaba a correr internándose en el bosque en un intento de protegerse de los youkai. Kagome corrió sin detenerse hasta que ya no hubo a donde correr, delante de ella un precipicio y una horda de youkai detrás. Kagome asustada se acercó a la orilla. Abajo, a unos cuantos metros a la derecha había un terreno plano. «Ahí podría caer» se dijo. Haciendo un rápido cálculo mental, se preparó para saltar dando un par de pasos hacia atrás para tomar vuelo y justo cuando estaba alzándose por encima del suelo un par de brazos la rodearon impidiendo que saltara.
- Kagome- chan, ¿estás bien?- preguntó Kouki. Kagome se giró para encararlo, se percató que el samurái esgrimía su katana en lugar del arco o de su wakizashi. Movió la cabeza, negativamente.
- Youkai – dijo tratando de recuperar el aliento. Demasiado tarde. Los youkai los estaban rodeando. Kouki se colocó enfrente de Kagome, protegiéndola. Kouki era muy hábil sin embargo los youkai eran muchos y los ataques del samurái parecían no ser del todo efectivos.
- Kagome-chan ¡corre! - gritó él, mientras señalaba un pequeño espacio abierto entre los youkai. Ella obedeció corriendo tan rápido como sus piernas le permitían, podía sentir a Kouki siguiendo sus pasos.
Los youkai avanzaban con rapidez. Kagome y Kouki corrían en zig-zag por entre los árboles tratando de perderlos. Sin saber cómo, ambos regresaron al campamento. Ahí había más youkai esperándolos. Un grito de combate se escuchó atrás de ellos. Ôishi usaba con maestría su katana en contra de los youkai, Kouki pronto se le unió. Ambos samurái formaron un perímetro de protección alrededor de la chica. Kagome sentía como el temor la inundaba, su pulso estaba acelerado. Esta vez no vendría Inuyasha para salvarla. No habría Tessaiga, ni siquiera Sankon Tessô que la protegieran. Sólo un par de valientes humanos que seguramente morirían protegiéndola. Se sintió impotente, como muchas otras veces. Enojada consigo misma, se había acostumbrado tanto a Inuyasha que nunca pensó que debía valerse por sí misma. Pero ahora estaba sola, se prometió así misma aprender a defenderse. Ya no sería la niña inútil, "el estorbo" como le había llamado él. Ella estaba decidida a demostrarse a sí misma y a todos que ella era digna de admiración. Y entonces se le ocurrió una idea. Gracias a la adrenalina que corría por sus venas e ignorando la batalla que se desarrollaba alrededor de ella comenzó a buscar desesperadamente. Sonrió, ahí estaba justo lo que buscaba. Recargados sobre un gran árbol estaban los arcos de los samurái. Se lanzó hacia ellos, esquivando a amigos y enemigos hasta que alcanzó su objetivo. Eligió el de Kouki, pues le pareció el más ligero. Buscó el carcaj y tomó una flecha. Tensó el arco y se concentró en su objetivo.
« ¡Onegai, acierta!» pensó mientras la flecha salía disparada. Los destellos color púrpura la acompañaron. Dio en el blanco acabando con muchos youkai de un sólo tiro, para asombro de sus amigos y de los youkai. Kagome sólo esperó a ver sí había acertado para tomar otra flecha y repetir la operación.
- ¿Una flecha sagrada?- preguntó Ôishi atónito mirando hacia Kagome, ella lo ignoró concentrándose solo en los youkai que aún trataban de acercarse a ella.
- Tu eres la chica que busca Naraku
Los youkai hablaban acercándose a ella peligrosamente, Kagome buscó a tientas otra flecha en el carcaj, se dio cuenta de que sólo había una. Decidida, la tomó entre sus dedos, antes de que pudiera tensar el arco, los escuchó de nuevo:
- Eres la otra mujer que puede ver los fragmentos. Naraku te usará para buscar los fragmentos restantes.
Aquellas palabras terminaron por acabar con su paciencia, Kagome sintió su sangre hervir. Estaba harta de que sólo la usaran para llegar hasta los malditos fragmentos, harta de que la compararan con Kikyo.
Entonces comenzó a sentir un cálido cosquilleo, iniciando en su corazón y expandiéndose a través de todo su cuerpo, asustada se miró así misma. Todo su cuerpo resplandecía rodeado de una especie de aura color púrpura. Su poder estaba fluyendo sin siquiera notarlo o desearlo. Ella sólo sabía que estaba enojada « No, no estoy enojada. Estoy furiosa» pensó, tensó el arco concentrándose en su objetivo. Entrecerró los ojos un poco para poder apuntar mejor, soltó el disparo. La flecha cruzó el aire a una gran velocidad mientras despedía destellos, indicando su poder purificador, en cuanto un youkai se cruzaba en su camino, éste desaparecía.
- ¡Nadie me volverá a usar para nada mucho menos Naraku! ¡basta! ¿me escuchan? - gritó enfadada mientras los últimos youkai desaparecían ante la flecha purificadora.
Kagome se giró hacia sus protectores, respiraba entrecortadamente tratando de controlar su poder, no tenía ni idea de cómo hacerlo. Ni siquiera sabía como lo había despertado, sus sienes palpitaban rápidamente y su corazón parecía querer salirse del su pecho.
- ¿Están bien?- preguntó, manteniéndose alejada de ellos, temiendo dañarles.
- ¿Eres una miko? - preguntó Kouki sorprendido, a su lado, su padre la miraba de igual manera.
Kagome miró sus manos, deseando que su poder se tranquilizara y sorprendida notó como el aura poco a poco palidecía, hasta que finalmente desapareció por completo. Esbozó una sonrisa triste.
- Sólo soy Kagome Higurashi, nada más – contestó mirando al suelo. Se sentía tan mal, tan culpable. Había puesto en riesgo a sus amigos. Pero ellos no parecían notarlo, la miraban con el mismo cariño que ya se había ganado ella en tan poco tiempo. Aunque también había algo más en sus ojos: respeto. Ellos la consideraban realmente una miko.
- Eso no es cierto, Kagome-chan. Eres una miko, y una poderosa además- contestó Kouki con un dejo de orgullo en su voz.
Kagome suspiró. Odiaba que la llamaran miko, porque inevitablemente el término le remitía a aquella mujer que ahora tenía lo que Kagome deseaba, a Inuyasha junto a ella. Suspiró.
- Tengo poderes que no sé controlar, ni usar. Nunca fui entrenada para ello y hasta hace unos meses no sabía que los tenía. Es un don que jamás pedí y que sinceramente estoy empezando a odiar – se sinceró.
- Quizá no sepas usarlos, pero eso no significa que no debas tenerlos. Tienes un destino ya escrito y por alguna razón tu debes tener ese don – opinó Ôishi.
- Gomenasai, onegai. Los puse en riesgo, no debí aceptar su protección. Me iré, arigato gozaimasu- dijo haciendo una leve reverencia se dio la vuelta dispuesta a marcharse. Una mano se apoyó en su hombro y la detuvo. Kagome se giró.
- ¿A dónde vas? Tu nos salvaste, ¿acaso crees que eso es ponernos en riesgo? - dijo Kouki
- Naraku me busca a mi, no tiene nada que ver con ustedes – explicó Kagome
- Sí te incluye a ti, claro que si tiene que ver con nosotros, Kagome-chan. Pero ahora necesitamos que nos digas quién es Naraku y porqué te busca...
Kagome se sorprendió de la reacción de los dos samurái. Se sintió enormemente agradecida. Asintió al ver la expresión de total convicción de ambos y empezó a contar poco a poco su alocada aventura, excluyó ciertas cuestiones, especialmente lo relacionado a su época y lo relacionado a los sentimientos de ella, Kikyo e Inuyasha. Lo primero, porque no creía que ellos le creyeran acerca de "viajes en el tiempo a través del pozo devora huesos", lo segundo porque aquel tema no era necesario para el caso. Contrario a lo que Kagome esperara los dos samurái se tomaron con tranquilidad la historia.
- Entonces con más razón, te protegeremos. En nuestra aldea estarás segura- concluyó el mayor de los hombres, zanjando el tema.
Kagome sólo fue capaz de sonreír y agradecer. Se sentía tan feliz de que no la abandonaran. Después del incidente, cenaron con tranquilidad. Kouki y Ôishi acordaron montar guardia durante la noche.
Al despuntar el alba, se pusieron de nuevo en marcha. Esta vez ella cabalgaba con Kouki sobre Ryu. Tras una pequeña colina, Kagome pudo vislumbrar finalmente los verdes campos de cultivo, y más allá, la aldea y el castillo del daimyō. Sonrió maravillada, el lugar resumaba paz y tranquilidad. Se veía que sus habitantes vivían bien y en relativa armonía.
- No sé nada sobre poderes de purificación, pero... sí se sobre kyūdō. Yo te enseñaré – susurró Kouki al oído de la chica, mientras contemplaban en la lejanía la aldea. Kagome sonrió sintiendo un rubor en sus mejillas, avergonzada recordó cómo había confesado que en realidad no sabía usar el arco correctamente, la joven asintió.
Los tres comenzaron a avanzar lentamente...
Hola n_n
Acá les dejo un nuevo cap :D
Primero que nada, mil gracias por leerme, en verdad agradezco sus reviews, follows y favorites :3 Lamento haber tardado un poco, pero re-escribí el cap, originalmente la idea era diferente, pero después se me ocurrió cambiarla un poquito y bueno... aparecieron un par de samurái de colados jejeje. Espero me disculpen por tomarme un poco de libertad y cambiar ligeramente algunos aspectos de Kagome. No pretendo crear un personaje nuevo, simplemente creo que Kagome cambiaría mucho si la separación con Inuyasha se hubiera dado.
Espero sus comentarios -o jitomatazos- al respecto xD No se preocupen, Kagome no estará mucho con los samurái. Sólo será para darle un poco de tiempo a reponerse sentimentalmente. En este capítulo, anda muy depre aún, pero creo que sería normal, está en etapa de duelo todavía. Inuyasha tampoco la pasa tan bien, ya empezó a darse de topes, pero recuerden que él es malo con expresar sus sentimientos, quizá el que sea agresivo les parecerá algo extraño, pero sí recuerdan cuando Kag y los demás estuvieron a punto de morir el se peleó con medio bosque tratando de sacar su dolor.
Bueno no soy experta en historia, ni en la cultura japonesa. El objetivo del fic no es ser apegado 100 % a la realidad, pero he usado algunos términos y palabras japonesas con el objetivo de hacerlo más completo. Sí encuentran algún error, les ofrezco una disculpa y les pediría que me lo indicaran para poder corregirlo :) Les dejo la lista de palabras que usé y su significado (en los anteriores también usé algunas, siento no haber puesto qué significaban, editaré los caps. anteriores con el significado):
Kitsune – Shippo es un kitsune. La palabra significa zorro, se utiliza para nombrar al espíritu del bosque con forma de zorro, cuya función clásica es la de proteger bosques y aldeas.
Nekomata- Kirara es una nekomata, es decir es un gato de habilidades sobrenaturales perteneciente al folclore japonés. El nekomata es una variación que surge cuando a un gato doméstico se le comienza a bifurcar la cola.
Baka – "idiota"
Onegai – por favor
Chichi-ue – forma antigua para padre
Daimyō – gran señor feudal, lider de clan.
Kouki – El nombre de este personaje es basado en su significado: Esperanza.
Arigato gozaimasu – muchísimas gracias
Ohayou- Buenos días
Hajimemashite – podría traducirse como "mucho gusto", aunque no es una traducción literal, la expresión se utiliza cuando se conoce por primera vez a alguien.
Kosode – es una camisa tradicional japonesa, puede ser usada por hombres y mujeres. Generalmente es de manga un poco más corta.
Hakama- es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas.
Kyūdō – literalmente "camino del arco", es el arte de la arquería. Kikyo es una kyūdōka, es decir practicante de Kyūdō. Contrario a lo que pudiéramos pensar, los samurái eran expertos arqueros. Solían atacar primero con arco y flechas mientras montaban a caballo, antes que con katanas. Las katanas y demás sables eran usados únicamente en combate cuerpo a cuerpo.
Wakizashi- Los samurái solían portar con frecuencia dos armas de hoja cortante: la katana que es un sable de entre 60 y 73 cms de largo y la wakizashi, que era un sable corto de entre 30 y 60 cms.y era usada principalmente en espacios interiores. Como herramienta para decapitación y en ocasiones para realizar la ceremonia Seppuku, mientras que la katana era usada en campo abierto. En conjunto se les llamaba daishō, literalmente 'la larga y la corta'.
* 7 virtudes- Mencionadas en el bushido "el camino del guerrero". Es un código ético estricto y particular al que muchos samuráis (o bushi) entregaban sus vidas, que exigía lealtad y honor hasta la muerte. Si un samurái fallaba en mantener su honor, podía recobrarlo practicando el seppuku (suicidio ritual). Se dice que desde pequeño, el bushidō era inculcado a los japoneses de la clase dirigente incluso antes de despegarse del pecho de la madre. Las 7 virtudes mencionadas son las siguientes: Gi - justicia (decisiones correctas), Yuuki – Coraje, Jin – Benevolencia, Rei - Respeto, Cortesía, Makoto - Honestidad, Sinceridad absoluta, Meiyo – Honor, Chuugi - Lealtad
Ahora sí, vamos a los Reviews :DDD
Mil gracias por tomarse el tiempo de dejarme comentarios:
- Landcaster Lee: amé tu comentario! jajajaja opino lo mismo de Inuyasha en ese momento y no te preocupes yo también le lancé groserías jajajaja. Me encanta que la trama te parezca interesante, espero que lo siga siendo :D Saludos!
- Serena tsukino chiba: Lo sé! le salió el lado cobarde a Inu ¬¬ y tienes toda la razón, Inuyasha siempre cuida de Kikyo un poco más por obligación. Pero hay que entenderlo, él es muy leal y se siente en deuda con Kikyo -alias la costal con patas-chan xD jajaja ok, no lo siento no pude evitarlo jajaja reí cuando leí "la costal"- aunque sí analizamos bien, realmente a quien Inuyasha siempre termina protegiendo es a Kagome, dejando en varias ocasiones a Kikyo "botada". No te preocupes, a Inuyasha le costará mucho siquiera hablar con Kagome cuando se vuelvan a ver - aunque no será todavía en el siguiente capítulo-.
- lLexa: T_T lamento hacerte llorar ¿abrazo? :D
- LucDexam: Oh! eres adivina! :D jajaja Me imaginé a Kagome uniéndose al lado oscuro de la fuerza... ups! no verdad? ese es Star Wars xDD sí, mi idea es que Kagome se haga más fuerte e independiente.
- Elena79 : awww gracias :33 eres un amor! Sí, Inuyasha es medio... torpe -o torpe y medio- a la hora de hablar de sentimientos, como bien dices, se crió solo y no tiene realmente idea de cómo enfrentarse a sus sentimientos. De hecho, creo que ni el mismo sabe qué siente por cada quien y tiende a confundir -en el caso de Kikyo más que nada- sus sentimientos, más adelante pondré mi teoría jaja :D Espero disfrutes el cap, y no te preocupes por no ponerlo en favoritos aún, el hecho de que me leas y comentes, es más que suficiente para mi. Espero tengas un excelente fin.
- Azulblue06: Oh, si! Inuyasha llorará y suplicará. Te adelanto que de entrada le va a dar casi un patatús xD cuando vea a Kagome de nuevo y más porque la chica no lo volteará prácticamente ni a ver. Sí, mi idea es que Kagome tenga un poco de orgullo y algo de amor propio, personalmente odiaba que la chica le perdonara tan fácilmente a Inuyasha. No será la clase de orgullo que demuestra siempre, sino quiero que ella misma se valore un poco.
De Inuyasha... te entiendo :( en la serie, yo nunca entendí porqué Inuyasha se siente tan comprometido para con Kikyo, porque realmente nunca he creído que él esté enamorado de ella. La quiere, sí pero no de la manera en la que él cree, siento que es más una especie de amor platónico, similar al que sentimos por un actor/cantante, porque la admira, la considera bella y muy fuerte y poderosa, pero no la ve como la mujer que en realidad es, sino como la miko. Además su relación, nunca empezó realmente, ella murió antes de que pudieran estar realmente juntos - sí, ya sé que existen los capitulos especiales de Kikyo en donde se nos muestra una hermosa e idílica relación, sin embargo, los considero contradictorios y modificados, por ejemplo, Inuyasha y Kikyo se besan en la escena de la canoa. Dicha escena se supone ocurrió hace 50 años. Pero, cuando Inuyasha y Kikyo se besan en el bosque y Kagome los observa, tanto en la serie como en el manga: Kikyo le dice a Inuyasha que "siempre quiso hacer eso cuando estaba viva", es decir besarlo, por lo que nos dice que en realidad no se besaron hasta después de su muerte... y en fin, hay más cosas de esos dos capítulos que fueron modificadas y adaptadas.
La música... xD soy de las personas que se imaginan historias cuando escuchan música, y por eso me ayuda mucho a escribir. No es mi intención ser cruel xD lo juro!. Espero disfrutes el capítulo, y mil gracias por leerme y por tu review :3
- Reira Tendo: Gracias! :D Espero te siga gustando la historia!
- Elena: aww, me siento muy halagada! espero que te siga transmitiendo emociones mi historia.
- aky9110: T_T siento haberte hecho llorar ¿abrazo? :D Lo sé, Inuyasha se comportó mal, muy mal. No, él no eligió a Kikyo, sólo está tratando de tranquilizar su pobre alma que se siente culpable, el pequeño problema es que ... el dejar a Kagome le traerá peores cosas: culpa, remordimiento, celos, enojo e incluso unas terribles ganas de que todo se acabe porque sabe que no va a volver a verla. Bueno... originalmente, Koga sí era el que encontraría a Kag xD pensaba lo mismo que sería muuuuuuuy interesante ver la reacción de Inu al ver a Koga y a Kagome juntos, pero... muajaja hubo un cambio de planes -culpen a mi cerebro u.u- . Aww el amo bonito xD me encanta como lo dice Jaken xD jajaja no, aún el amo bonito no saldrá a escena, pero te adelanto que sí aparecerá más adelante y Naraku, como ves, si anda buscando a Kag, pero al menos por ahora no tuvo suerte.
- drako61: Aquí está :D jajajaja sí, dejé a Kag solita, pero la salvé -por un pelito- jajaja se encontró a un par de buenos hombres que la cuidarán por un rato. Inuyasha... uff! lo siento, le salió la vena tonta pero lo pagará y se arrepentirá, muajajaja! P.D. Espero que las zapatillas sigan intactas :D jajaja gracias!
Ahora sí... me voy jajaja que ya me extendí mucho, mil gracias nuevamente y saludines... las leo pronto :D
Earilmadith21
Soundtrack:
Missing /Evanescence
I love the way you lie / Rihanna & Eminem
