Nota: Como siempre, los personajes y lugares son obra del profesor Tolkien. Muchas gracias a las buenas personas que lee esta historia que pinta para longfic, y sobre todo a aquellos que me escriben unas palabras de aliento para continuar con esta historia que por el título y la imagen creo que es bastante obvia, pero hay algo que contar y por eso escribo lo mejor que puedo.

Capítulo 3

Llegar a Osgiliath no fue problema para Eowyn, de hecho se sentía mejor y solamente el brazo fracturado parecía ser la única señal de que había participado en una terrible batalla. Ella decidió ir hasta Cormallen, pues no valía la pena hacer un viaje a medias, pensó. Merry también se alegró por la decisión, aunque le advirtió de que no se haría responsable si acaso Eomer le reclamaba por no cuidar bien de su hermana.

—No te preocupes, él fue el que me pidió que viniese —le dijo en un tono tranquilizador.

—Yo pensé que había sido Trancos —le respondió, y es que para Merry Aragorn seguía siendo el montaraz que habían encontrado en Bree hacía más de un año —. Faramir me lo dijo.

—También me escribió, pero creo que lo hizo más por cortesía.

—Si tú lo dices, supongo que tienes razón —dijo Merry y luego guardó silencio por un momento para luego volver a hablar —. ¿Crees que también me invitaron por cortesía?

—Merry, yo creo que tus amigos te extrañan, así como Eomer me extraña también.

—Me confortas con eso.

Merry no dijo más pues llegaron al campamento por el río.

Eomer salió a recibirles con una amplia sonrisa.

—Eowyn, me alegra verte en buena salud otra vez —le dijo mientras abrazaba a la dama con el cuidado de no lastimar el brazo en el cabestrillo —¿has tenido un buen viaje?

—El mejor, he venido bien acompañada.

—Señor Eomer —dijo Merry bajando del carruaje —. He cuidado de que su hermana esté bien todo el viaje, especialmente de que se alimente adecuadamente.

—Sin duda —dijo Pippin —, porque el viejo Merry no desaprovecharía cualquier oportunidad para entretenerse con cualquier bocadillo, mientras nosotros ya casi no contamos con provisiones —Pippin comenzó el reproche —. ¿Por casualidad no habrás traído algo de hierba de la Cuaderna del Sur?

—Por cierto que sí —respondió Meriadoc —, y es que como no hay mucha pensé en guardarla para momentos especiales.

A Eomer siempre le sorprendía la forma despreocupada de los hobbits, como si todo se arreglara con un buen plato de sopa.

—Has llegado a tiempo valiente dama —dijo Aragorn cuando llegó al lugar —, la ceremonia está a punto de comenzar. Los medianos están listos.

Cuando Aragorn vio a Eowyn le saludó de forma cortés con una leve sonrisa y una pequeña venia. Ella le sonrió de vuelta, como si fuesen soldados del mismo ejército. En realidad así era, ambos lucharon más allá de sus fuerzas contra el mismo mal y eso era algo que les uniría siempre, pero más allá de ese gesto Eowyn sintió que ya no desfallecía por él.

Juntos fueron a la isla de Cair Andros donde Eowyn vio por vez primera a Frodo, todavía delgado y pálido. Se preguntaba cómo era posible que esa frágil criatura pudiese haber destruido al mal. Sin embargo todavía había trabajo porque a pesar de que gran parte de los ejércitos de Sauron se desbandaron, los más fieros todavía causaban trifulcas si encontraban una patrulla pequeña que superaban en número. De todo esto se enteró Eowyn una vez terminada la ceremonia casi al anochecer

—Mañana partiremos a Gondor —dijo Eomer que acercó a ella que observaba callada a los dos hobbits junto a los otros capitanes —, pero primero tendremos una buena cena.

La cena transcurrió con mucha alegría, los medianos eran unos alegres compañeros. Hasta Frodo se puso a corear con Merry y Pippin un par de canciones de la comarca.

—Esta cena compensa todas mis penurias —dijo Pippin sentándose a lado de Eowyn —, aquí solamente falta Boromir para que la compañía esté completa.

—Sí, en verdad me agradaba Boromir —dijo Merry uniéndose a la conversación.

—Pero sabes, bien podría reemplazarle Faramir —siguió Pippin sirviéndose hasta el tope el vino de la mesa —. Desde el primer momento que le vi me dije a mí mismo: he aquí un sujeto al que seguiría ciegamente.

—También tuve la misma impresión —dijo Merry —, yo le conocí en las casas de curación—siguió el mediano ahora dirigiéndose a la dama blanca de Rohan —. Tú también pasaste tiempo con él, les vi pasear juntos por los jardines.

—Sí, es un buen hombre y de un corazón amable y noble —dijo Eowyn —. No se preocupa solamente por el combate, sino que conoce mucho del arte y la ciencia, además es justo y generoso.

—Esas son muchas cualidades para una sola persona —dijo Eomer que escuchaba con atención la conversación—, debe ser un sujeto interesante como para que tú le consideres digno de elogio.

Eowyn se sonrojó, pues recién notó el entusiasmo con que hablaba de Faramir.

—Es que tú no le conociste como nosotros —dijo Merry.

—Sí, yo le vi protegiendo a sus hombres de los nazgul, logró dominar a su caballo cuando otros fueron lanzados al piso.

—Es tan buen jinete como tú —dijo sin pensar Meriadoc y sin notar la expresión de desconcierto en el rostro de Eomer —. Me gustaría verles en una carrera para saber cuál de los dos es mejor. Podríamos hacer apuestas.

—No está bien apostar por otros mi querido Merry —dijo Eowyn tratando de disimular una sonrisa, porque le hacía gracia ver la cara de asombro en Eomer, pues era difícil creer que hubiese mejores jinetes que los de Rohan, y menos alguien mejor que él —. Cuando volvamos a Minas Tirith le conocerás y verás que Faramir es un buen hombre.

—Pues ya quiero conocerle —dijo Eomer con cierto aire ofendido —, y de paso si acepta le retaré a una carrera. Tengo que salvar mi honor como jinete.

—En verdad fue una gran idea que viniera Eowyn —dijo Merry —, no importa de quién fue primero, si tuya o de Aragorn.

El semblante de Eomer cambió, de pronto comenzó a sentir miedo por Eowyn. Eomer se disculpó con ellos y fue con Aragorn para hablarle.

—No sabía que también le habías escrito a mi hermana.

—Debí decírtelo, lo lamento.

—No es eso lo que me molesta, es solo que no quiero que le des falsas esperanzas y se ilusione con lo que no podrá tener.

—Eomer comprendo tu preocupación —le explicó Trancos —. Sabes como yo el dolor que le causé, pero pienso que puedo remediarlo y que finalmente desaparezca la tristeza de Eowyn. Sabes que no deseo que vuelva a sufrir por mi culpa.

Eomer no dijo más al respecto.

La comitiva y los ejércitos regresaron por el Anduin y Faramir pudo verles desde la ciudadela. Estaba ya casi todo listo. En la puerta que había sido destruida, los escombros fueron retirados y muchos de los refugiados ya habían regresado de las montañas.

La caja de Lebethron ya estaba lista y solamente quedaba buscar la corona real. Faramir fue a buscar a Hurin el guardián de las llaves.

—Si lo deseas, yo mismo puedo ir a buscar la corona.

—Te lo agradezco, pero hay formas y tradiciones que cumplir. Ahora soy el Senescal aunque ya por poco tiempo, sin embargo debo cumplir con mis obligaciones.

—Faramir, yo sé que debes, pero creo que en esta ocasión yo podría hacerlo por ti. Te ves cansado, y quién no lo estaría con todo el trabajo que has hecho.

—Si no te conociera Húrin, pensaría que no quieres que vaya a Rath Dinen por la corona que ahora descansa sobre la tumba de Eärnil.

Húrin no supo que decir, simplemente le alcanzó las llaves que custodiaba.

—Cumple con tu deber entonces —le dijo y Faramir tomó las llaves y fue a la calle silenciosa. Solamente cuando estuvo lejos Húrin murmuró —, tenías que enterarte tarde o temprano.

Cuando Faramir llegó al lugar encontró que la tumba de los senescales estaba en ruinas. Se sorprendió, porque en todo el ajetreo había asumido que Denethor descansaba en ese lugar y no esperaba ver que el sitio estaba derruido, ¿dónde estaba Denethor entonces? Se preguntaba. Poco o nada recordaba de haber estado ahí en el estado febril en el que le transportaron a ese lugar.

Nota Final: Solamente para las personas que no están familiarizadas con la larga lista de reyes gondorianos, Eärnil no fue el último rey, fue su hijo Eärnur, pero éste no tuvo descendencia y se cree que fue muerto por el rey Brujo que lo retó a un duelo, cuando dejó la ciudad dejó la corona sobre la tumba de su padre y de ahí es de donde Faramir la toma. Revisen los apéndices si desean más información.