Descargo de responsabilidad: La historia no nos pertenece. Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Winddsinger, nosotras solo nos adjudicamos la traducción.

Link de la historia original: www. fanfiction s/ 4819806/ 1/ The-Red-Line

Gracias por las alertas y favoritos, es una manera de saber que alguien nos lee y nos hace seguir adelante. Y gracias en especial a stcullen y a nicomartin por vuestros reviews.

CAPÍTULO 3: REGLA NÚMERO UNO.

BELLA.

Me pasé todo el domingo limpiando a fondo mi apartamento. Incluso ahora, domingo por la noche, no estaba segura de que fuera lo suficientemente agradable para él. Con todo el dinero que ganaba, estaba segura que su casa era tipo la mansión de la MTV. Yo solo tenía una cama king size que tendríamos que compartir. Me habría gustado tener otro dormitorio para él, o por lo menos, un sofá cama que pudiera usar.

Pero cuando le dije que solo había una cama no parecía preocupado. Una parte de mí, realmente estaba emocionada ante la idea de que durmiera a mi lado, pero la idea de que me viera por la mañana hacía que mi cuerpo se tensara y se pusiera a sudar. Estoy segura que él tendrá un aspecto perfectamente sexy recién levantado… mis ojos lo visualizaron durante unos minutos.

Me dijo que lo echara de menos. Y lo he hecho. Mierda, algo estaba seriamente mal en mí. Realmente, no lo conocía. Pero esos besos. Maldito.

Tenía su cheque listo, a nombre de E.C. Construcciones, dentro de un sobre, en mi cocina, con EDWARD escrito en él como única palabra. Volví a disculparme una vez más con mi difunta abuela, esperaba que lo entendiera. Incluso había fantaseado que mi abuela era una mujer fría, y si había algo que valiera la pena comprar, era esto, y ella lo aprobaría.

Mi padre me había llamado por la mañana con los resultados de la investigación de antecedentes. Edward Cullen es un ciudadano sin antecedentes, que cumple la ley. En los papeles al menos. Le había dicho a Charlie que Rosalie había empezado a salir con él y que solo quería asegurarme que todo estaba bien.

Tengo un montón de comida basura. Estaba mirando en los armarios, comprobando que tenía la comida adecuada para mi invitado. Probablemente será el señor Comidasana, con ese cuerpo. ¡Al demonio!, si quería algo, podríamos ir a comprarlo mañana por la noche.

Dios, estoy nerviosa. He comprado cinco cuadernos nuevos para empezar a tomar notas y tengo la grabadora preparada con seis cintas nuevas para grabar nuestras entrevistas. Confiaba en poder hacer un buen trabajo, haciéndole preguntas sin insultarlo, pero que lo llevaran a abrirse a mí.

Había visto lo bueno que era escondiendo sus emociones, incluso cuando lo atacaron en ese oscuro rincón de Fire. Dios, eso fue sencillamente terrible.

Fue realmente genial enfrentar después a esas mujeres y tener a mis chicas detrás de mí, apoyándome. Todavía pienso en ello… Nada más ver lo que le estaban haciendo perdí los papeles. Corrí detrás de ellas antes incluso de saber lo que estaba pasando. Quería salvarlo.

Probablemente ese era mi principal argumento para haber pagado todo ese dinero por tenerlo aquí… Quiero salvarlo. ¿Quiere él ser salvado?

Pero lo que más nos molestó fue la forma en que Edward se tomó el ataque. Tan calmado, como "no es gran cosa"… No lo creí ni por un segundo. Estaba escondido. Cubierto por una barrera, poniendo cara feliz. Quería quitarle esa máscara de felicidad. Quiero ver al verdadero Edward.

Me tomé una buena ducha después de cenar y, por alguna razón desconocida, me afeité las piernas, al completo, así como cualquier antiestético vello que pudiera haber en cualquier otro lugar de mi cuerpo. ¿Estaba esperando que viera mi cuerpo? No. Sí. No sé.

Estaba tan confusa que mi cabeza empezó a latir. Me fui a la cama a las nueve de la noche, demasiado agotada como para preocuparme de algo más.

Tenía la alarma programada para las siete de la mañana, pero estaba despierta a las cinco y media. No podía dormir. Me sentía como si fuera la mañana de Navidad y yo tuviera tres años y estuviera esperando que llegara Santa.

Estamos en mayo, el clima es cálido y el sol inunda todas las estancias. Por supuesto, solo hay cuatro habitaciones. Mi dormitorio, el baño, la cocina y el salón. Eran bastante grandes pero, aún así, era un pequeño y acogedor apartamento. Si Edward se enfada conmigo en las próximas dos semanas no podrá perderme de vista aquí. Lo más probable es que tenga que salir un rato para calmarse.

A las 6:24 de la mañana ya estaba vestida y preparada. Ahora tenía que esperar que fueran alrededor de las nueve para que Edward llegara. Lo ajusté todo tres veces, limpié un poco más y miré varias veces por la ventana, viendo como pasaban extraños caminando. El tiempo parecía pasar a paso de tortuga.

Casi volví a quedarme dormida cuando, a las 9:34, un golpe juguetón sonó en la puerta.

Odio a la gente que llega tarde.

Fui corriendo hacia la puerta, cuando realmente, ni siquiera había contestado. Me pregunté si podría descontarle algo de su cheque de veinte de los grandes si iba a llegar tarde todo el tiempo.

No sabía qué esperar cuando abrí la puerta, pero allí estaba él, vestido de forma casual, con camiseta blanca y vaqueros azul claro, quitándose las gafas de sol cuando entreabrí la puerta, revelando unos feroces y brillantes ojos verdes. Solo llevaba una bolsa de lona colgada del hombro y al verme, su sonrisa creció.

No podía cabrearme con él si me enseñaba una sonrisa tan brillante. Jesús, soy demasiado fácil.

"Bella". Esperó, "no he sabido nada de ti por lo que adivino… espero… que todo está bien. ¿Has revisado mis antecedentes?"

"Sí." Esperé a que entrara, "todo está bien. Pasa, Edward."

"Gracias." Dijo, tan educado como la otra noche en el club.

"Wow… es un sito agradable." Entró, mintiéndome respetuosamente.

"Bueno, está limpio y es acogedor." Me encogí de hombros, "y no tiene bichos. En Nueva York esto es un palacio."

Rio suavemente. "Lo es."

Le hice un pequeño tour, me siguió los cinco pasos hasta el baño, luego diez hasta la cocina, para dar diez pasos de vuelta y llegar a la habitación y terminar el recorrido.

"Sé que es pequeño." Miré hacia abajo, haciendo una mueca, "si quieres cambiar de opinión… no tenemos por qué hacer esto."

"Detente." Edward dejo su bolsa con cuidado y se acercó a mí, movió sus manos sobre mi pelo y sostuvo mi cara. Se inclinó y me dio un beso tierno y húmedo y dijo en voz baja, "me gusta este sitio, Bella."

Maldita sea, huele bien. Y su boca… ¿cómo consigue que sea tan suave todo el tiempo? Su aliento era fresco como a hierbabuena… mmmmm.

"¿Te gusta?" Le pregunté, no estoy segura de por qué.

"Sí." Me miró a los ojos, haciéndome caer como una tonta al instante, "este es tu sitio."

Dios, es bueno argumentando. Antes de que pudiera darme cuenta, mi espalda estaba apoyada contra la pared de la sala de estar, y me estaba besando una vez más.

Mi estómago hizo un ruido de borboteo y sus ojos se abrieron, mirando los míos que estaban muy abiertos y avergonzados. Su boca besadora sonrió y rompió el beso.

"¿Tienes hambre?" ronroneó, acercándose a su bolsa, sacando un par de bolsas de comida y dirigiéndose a la cocina, "he traído algunos huevos, queso, cebollas, bacon… ¿te gustan las tortillas?"

Podría preparar piedras para desayunar y las comería, adorándolas.

Me miró con mirada enérgica. ¿Está actuando de nuevo? No podría decirlo. En solo un segundo había pasado de ser Don Juan a Julia Child. (Chef, autora y presentadora de tv en USA).

"Sí, me encantan lo huevos" le informé, mirándolo, sorprendida con él una vez más. De hecho, este iba a ser un estudio muy complejo. Me siento como un científico loco.

Es como… si todo lo que pienso… él lo hace realidad instantáneamente.

"Bien." Sonrió, "voy a prepararte la mejor tortilla que hayas comido jamás, Tortilla Eduardo." Se rio antes su falso acento español cuando terminó la frase.

"Wow, también cocinas." Me senté en el pequeño taburete del mostrador de la cocina, viendo como se familiarizaba con mi cocina. Fácilmente encontró una sartén, un cuenco y una espátula, preparándolo todo.

"Yo hago de todo". Levantó una ceja mirándome sugestivamente, parecía una pequeña abeja atareada mientras yo le sonreía.

Wow.

"¿Eso es verdad?" bromeé con él, sonriendo, con la esperanza de aliviar así el calor que estaba sintiendo en la boca de mi estómago, "entonces, ¿qué hace que tu Tortilla Eduardo sea tan especial?"

Se mordió el labio inferior, "yo". Dijo y se rio, le devolví la sonrisa, me gustaba su confianza y su estilo. Me gustaría tener cualquiera de ellos.

No sabía qué pretendía realmente, pero mientras yo miraba la guía de televisión, fingiendo que realmente no estaba interesada en lo que estaba haciendo, vi que hacía algo con su camiseta.

Rápidamente lo miré, viendo que se la había quitado y la había convertido en un pequeño delantal, metiendo las mangas en su pantalón, su pecho parecía mucho más suave libre de aceite y más fácil de ver a la luz del sol. Iba a decirle que se la volviera a poner, pero aquí hacía cada vez más calor… y mis ojos todavía no habían acabado de estudiar todas sus líneas y curvas.

Había encendido el fuego y puesto un trozo de mantequilla en la superficie caliente, su manos mezclaban los huevos en el recipiente. Me echó un vistazo por debajo de sus largas pestañas y sonrió.

"Respira, Bella." Bromeó, no dejándose engañar por mi actuación fría e indiferente.

"Estoy respirando". Dije un poco a la defensiva mientras me daba la espalda, cocinando los huevos. Sentí que mi cara ardía. No, no te ruborices, no te ruborices…

"Oh". Vi su sobre frente a mí, "esto es para ti".

Se lo di, siendo consciente de que, a partir de ahora, me definiría como alguien que pagaba dinero a un hombre que se prostituía. Casi esperaba que el equipo del programa de la NBC 'Cazar a un depredador' estuviera volando hacia aquí ahora.

Dejó los huevos en la sartén para que se cocinaran, se giró hacia mí y cogió el sobre lentamente, mirándome a la cara, entonces, a regañadientes, lo abrió y miró en su interior un par de segundos.

"Gracias, Bella." Dijo sencillamente, doblándolo por la mitad y metiéndolo en su bolsillo trasero, "no te arrepentirás, te lo prometo."

Se puso a cocinar de nuevo y me quedé mirando su espalda, intentando encontrar algo interesante que decirle. Sin embargo, lo único que salió, fue la verdad.

"Realmente me siento… rara…" Admití, "nunca antes había pagado a nadie para que conviviera conmigo. No es nada personal. Yo… me gustas. Simplemente es extraño para mí. Que yo haga esto."

"No es gran cosa." Me sonrió para reafirmármelo, "olvida que me has pagado. O no. Lo que te haga sentir bien, cómoda a mi alrededor. La gente compra cosas todos los días, en tiendas, cosas que necesitan. ¿Por qué esto es diferente? No te preocupes, Bella. Sé como hacer que te relajes. Será genial, confía en mí."

En cierto modo, ya confiaba en él, un poco.

En seguida estaba colocando los huevos en dos platos y poniendo uno frente a mí, junto con las tostadas con mantequilla y el bacon. Me sirvió un vaso de leche y se colocó en el taburete que había a mi lado.

"¿Puedo?" preguntó.

"Claro". Retiró un poco la silla para sentarse, "y no tienes que ser tan formal. Ahora también vives aquí, durante las dos próximas semanas. Quiero que te sientas como en casa. ¿De acuerdo, Edward?"

"De acuerdo. Gracias". Me sonrió con gusto, mordiendo su bacon.

Empecé a comer, realmente estaba muy bueno. Con un toque de queso y cebolla.

Él empezó a hablar.

"Entonces…" comía a la vez que preguntaba, "¿cuáles son las reglas?"

"¿Reglas?" pregunté bajando mi vaso de leche.

"Sí." Se relamió los labios acabando con su bacon antes incluso de probar los huevos.

"En realidad no… he hecho ninguna regla." Solté intentando pensar en alguna, aunque estaba en blanco, "como te he dicho, soy nueva en estas cosas. ¿Qué tipo de reglas sueles tener?"

"Cada persona es diferente." Se encogió de hombros, "Por ejemplo, a una mujer le gusta que me arrodille desnudo delante de la puerta cada noche cuando ella llega a casa del trabajo. Cosas así."

Dios, qué humillante. Una vez más, mi estómago se retorció con lástima por lo que este hombre tiene que pasar.

"No". Lo miré con el ceño fruncido, aunque me obligué a quitar la mueca, "no tengo ninguna regla de ese tipo. Yo no… quiero ese tipo de cosas."

Se rio de mí a la vez que mis mejillas ardían, lo había imaginado esperándome de rodillas, desnudo en mi puerta, cuando llegara de la universidad. ¿Qué pasaría si Rosalie o Alice venían conmigo?

Sí, lo sé, estarían agradecidas de por vida.

"Vamos, Bella, no es algo de lo que avergonzarse. Seguro que tienes alguna fantasía". Edward me miraba con curiosidad mientras comía con su tenedor, tomando grandes porciones de huevo. Me di cuenta de que no mordisqueaba su comida, la devoraba.

"Sí, convertirme en psiquiatra." Le informé de forma plana, "y cuando hayamos comido nos pondremos manos a la obra, ¿está bien?"

"No lo llames trabajo, Bella, ¡solo divirtámonos y disfrutemos el uno del otro!". Dijo con tono refrescante.

"Bueno, a veces podremos divertirnos pero no siempre será agradable." Señalé casi terminando de comer, "habrá preguntas muy difíciles y quiero que sepas que estoy aquí para ti. Nunca que te juzgaré ni te menospreciaré, te lo prometo. Solo quiero que seas lo más abierto y honesto que puedas. Realmente dos semanas no es tiempo suficiente para conocerte, pero si estás dispuesto a cooperar y a ser sincero, creo que podremos hacer algún progreso antes de que acabe nuestro tiempo juntos".

"O, espera…" acababa de darse cuenta de algo, "creo que te entiendo. Quieres que sea el paciente y tú la psiquiatra. ¿Es así?"

"Así es." Lo miré como si le hubiera crecido una segunda cabeza, "creía que estaba claro. Ya te hablé de esto. En esa habitación, 'Despertar', ¿recuerdas?"

Su sonrisa parecía divertida. "Entonces yo seré el pobre paciente, adicto al sexo… y tú vas a intentar curarme de mis malos hábitos… ¡Me gusta este juego!"

Se inclinó, intentando besarme en el lóbulo de la oreja, casi de pie, listo para empezar a jugar.

"No, Edward." Estaba a punto de llorar, "no quiero que hagamos un papel. Yo estoy estudiando psiquiatría en la universidad. Es algo real. Quiero que seas mi tema. Quiero conocerte, tu vida, tu pasado… hablamos de ello la otra noche."

¿Los hombres escuchan alguna vez? ¿Hombres calientes y medio desnudos?

"¿Era verdad?" preguntó frunciendo el ceño, "creía que estabas demasiado asustada como para pedirme que fuera tu juguete y estabas pidiéndomelo de un modo elegante."

"¿Juguete?" En este momento me sentí más caliente. Lo sabía. Él creía que estaba aquí para servirme durante dos semanas. ¿Y por qué estoy discutiendo con él?

"Sí". Se encogió de hombros, mirando mi rostro de cerca una vez más, "¿no quieres jugar conmigo, Bella?"

En este momento me quedé si argumento. Aunque estoy segura de que mi abuela muerta estaba diciendo '¡SÍ' en algún lugar del cosmos.

Mi boca colgaba abierta mientras él estaba nuevamente de pie, besando mi cuello. Creo que había descubierto mi punto débil. Maldita sea, se siente tan bien. Caliente. Húmedo. Lengua. Lametón. Dientes. Cerrando suavemente. Aliento cálido.

"Seré un buen juguete, Bella…" ronroneó cariñosamente mientras lamía mi yugular.

Uhhhh… Sentí como mi si mis ojos se estuvieran derritiendo pero encontré la fuerza para alejarme un poco de él, bajándome del taburete y metiéndome en la cocina, para aclarar las cosas entre nosotros.

Los ojos de Edward parecían tristes cuando le dije, "¿por favor, Edward? Esto es muy importante para mí, es una gran parte del grado. Por favor… hazlo por mí."

Miró alrededor, viendo el sofá y la mesa de centro con la grabadora, y las cintas en blanco, mis cuadernos con los bolígrafos encima.

Casi vi algo de miedo en su rostro cuando se dio cuenta de que no estaba bromeando.

Por primera vez no estaba viendo el alegre y despreocupado bailarín Edward. Esto es bueno… un pequeño vistazo al hombre detrás de la máscara.

"Me estás diciendo que estoy enfermo". Fue una declaración, no una pregunta, sus ojos mostraban dolor.

"¡No!" Traté de acercarme a él un paso, o dos, "¡nunca!"

"Quieres analizarme como si fuera algún tipo de microbio en un microscopio, ¿es eso?" preguntó mientras se sacaba la camiseta del vaquero, de repente parecía desconcertado, volvió a ponérsela.

Mierda.

"¡No, Edward!" Sujeté sus brazos desnudos y lo miré a la cara, "solo necesito encontrar a alguien interesante para entrevistarlo y así poder escribir un informe de lo que he descubierto. Eso es todo".

Tomó aire profundamente, sin alejarse de mí. "Esto no me gusta, Bella". Murmuró en voz baja.

"Pero estabas dispuesto a…" me detuve al ver la chispa de comprensión en sus ojos.

"¿Si estaba dispuesto a ser tu juguete durante catorce días?" terminó en mi lugar, "sí. Es lo que hago, en lo que soy bueno. No me encontraste en una biblioteca, Bella, sabes lo que soy".

"Por favor… me estás malinterpretando…" Casi supliqué, odiaba la mirada en su rostro. Estaba dañando a mi paciente. Tenía que calmarlo y tranquilizarlo.

"Entiendo que tienes un problema de confianza". Empecé, "pero…"

"¿Cómo puedes saber eso de mí?" Edward frunció el ceño, "no sabes nada de mí. No tienes ni idea de cuáles son mis problemas".

La había cagado y ni siquiera habíamos empezado. Vamos, Bella, arréglalo.

"Me gustaría, Edward". Dije con voz tierna, "por favor… dame una oportunidad. Por favor, ayúdame. Te necesito. Creo que esto será mucho más fácil que… lo único que te estoy pidiendo es que hables conmigo. No te estoy pidiendo que hagas nada más".

Sabía que estaba pidiéndole que abandonara su zona de confort y que podría salir huyendo.

"No". Se dio cuenta de qué le estaba diciendo y me miró con tristeza, "no puedo… aceptar veinte de los grandes para estar dos semanas contigo y solo hablar. ¿Por qué me pagarías todo ese dinero para que te hablara de mi infancia?"

"Porque quiero esto con todas mis fuerzas." Admití, "lo siento, Edward. En ningún momento he querido que te sintieras como un enfermo… o un microbio. Realmente quiero hacer esto y nunca haría algo así intencionadamente. Si quieres irte, puedes hacerlo. Pero en realidad deseo que te quedes".

Me senté en mi taburete, no podía aguantar más esa mirada de cachorro herido en su cara. Había hecho que se sintiera como un enfermo. Soy un asco. Tal vez debería ser cajera en un banco o algo así, donde no pueda herir a la gente. Puse mi cabeza en mis manos, esperando que se fuera con mi cheque.

Después de un largo silencio, Edward finalmente habló.

"Si lo hago…" empezó, "debes concederme el mismo tiempo. Lo que quiero decir es, seré tu paciente… Y… tu juguete. Podrás estudiarme y dejar que… yo te estudie a ti. Es el único modo en el que me puedo quedar".

Tomé una respiración profunda. Si quería que fuera honesto conmigo, entonces yo debería ser honesta con él.

"Seré totalmente honesta contigo, Edward." Anuncié, "sí, me siento muy atraída por ti, y sé que eres consciente. No he tenido una gran vida sexual. Solo he estado con una persona y duró treinta y tres segundos, apenas lo recuerdo. Sí, tengo fantasías, sueños y deseos sobre cosas que no he hecho. Y una gran parte de mí quiere que me enseñes… pero… tengo miedo".

"Seré totalmente honesto contigo, Bella." Me dijo, "sí, estoy muy (cerró los ojos un segundo para volver a abrirlos) jodido, y sé que eres consciente. No he tenido una gran… vida. He estado con montones y montones de mujeres y no he podido conectar con ninguna de ellas a no ser que haya habido sexo de por medio. Tengo sueños y deseos sobre cosas que no he hecho, al igual que tú. Y una gran parte de mí quiere compartir cosas contigo… pero… yo también tengo miedo. Nunca… he hablado sobre mí… con nadie. Jamás".

"Tenemos mucho en común." Miré mis zapatillas para volver a levantar la mirada hacia su tenso rostro, "bien, Edward. Tenemos un acuerdo. Pero… por favor, deberás ser paciente conmigo, ¿vale? El caso es, que me asustas y deslumbras al mismo tiempo y eso me pone muy nerviosa. No estoy acostumbrada a estos sentimientos. Tal vez, cuando nos conozcamos más, me sentiré… más cómoda a tu alrededor".

Sonrió cruzándose de brazos. "¿Te deslumbro?"

"Con frecuencia".

Sonrió y volvió a relajarse, ronroneando, "iré despacio si tú también vas despacio".

"De acuerdo". Le dije, suspirando, ahora me sentía un poco mejor en todo lo que concernía a nuestro arreglo.

Entonces mi parte traviesa que rara vez tomaba el control añadió, "quítate la camiseta. Regla número uno, aquí no puedes usar camiseta".

Una sonrisa malvada se propagó por su rostro y yo le devolví mi sonrisa de niña mala. Parecía sorprendido. Aunque yo también lo estaba.

"¿Por qué, Bella…?" fingió estar herido, quitándose la camiseta, "creo que después de todo, voy a poder ayudarte".

Se acercó y me puso su camiseta alrededor del cuello, como si fuera una bufanda. Me quedé allí, mirando a sus intensos ojos verdes, preguntándome qué estaría sintiendo él en este momento.

"Me gusta la regla número uno." Susurró mientras me daba otro beso, con sus dedos volvía a sujetar ligeramente mi barbilla. No podía resistirme a sus besos. Eran cálidos y sensuales. Me derretían. Y lo mejor era cómo me hacían sentir. Sexy y hermosa… y deseable, como si fuera otra persona totalmente diferente.

Me estaba creyendo la mentira. Estaba enamorándome de él, igual que le pasaba a todas las mujeres para las que trabajaba. Tenía que detener esto y actuar con profesionalidad, como una psiquiatra. ¿Se aprovecharía un médico si tuviera un paciente así?

Di un paso hacia atrás y rompí el beso, mientras que la boca de Edward continuaba en modo fruncido. Me miró como si hubiera hecho algo mal, aunque rápidamente su rostro volvió a adoptar el gesto amistoso y diabólico.

"Tengo clase en un par de horas, así que he pensado que sería bueno que tuviéramos una pequeña sesión antes de irme". Me alejé de él dirigiéndome a la sala de estar. Me senté en el sofá verde suponiendo que él se sentaría en el confortable sillón que había frente a mí. Metí la primera cinta en la grabadora y cogí mi bloc de notas, abriéndolo por la primera página, y cogiendo un bolígrafo.

"¿Te gustaría sentarte, Edward?" le pregunté dulcemente, señalando casualmente con el bolígrafo al sillón.

"Creía que el paciente se sentaba en el sofá." Intentó bromear mientras se dirigía a la sala de estar.

"¿Quieres el sofá?" le pregunté.

"Sí." Estaba siendo un poco difícil, aunque no demasiado.

"Perfecto." Me levanté y me senté en el sillón.

Lo vi dirigirse lentamente hasta el sofá. Creía que se sentaría, no que se iba a tumbar, poniendo una de sus masculinas piernas sobre el respaldo. Su pecho estaba totalmente desnudo, cosa que me resultaba muy atractiva, odiaba los hombres con pelo. Sus fuertes brazos, doblados detrás de su cabeza y sus ojos cerrados. Tampoco tenía vello axilar. Genial. Me di cuenta de que sus vaqueros caían tan abajo en sus caderas que podía ver su pelvis. Me pregunté si llevaba ropa interior. Debería estar en un calendario. Joder, ya estoy ahí una vez más.

Sabía qué estaba intentando hacer. Distraerme. No le costaría mucho. De todos modos.

No volvería a ver mi sofá del mismo modo nunca más. Dios, lucía tan bien ahí tumbado.

"Estoy listo, doctora Bella." Dijo con voz tranquila, "puedes meterte en mi cerebro… y más tarde, en mi cuerpo. Aunque creo que disfrutarás más uno que el otro."

Se rio, burlándose, tratándome como si fuera una niña pequeña. No pude evitar sonreírle. Era muy guapo cuando reía.

"Muy bien." Empecé, pulsando el botón de grabación y diciendo, "Edward Cullen, sesión uno."

"Solo Edward". Dijo con firmeza, "Edward… ¿vale?"

No parecía ofendido, solo preguntaba.

"Perfecto, Edward, sesión uno". Corregí, "¿te molesta que emplee tu apellido?"

"Cuando trabajo no tengo apellido." Su voz continuaba siendo agradable mientras miraba hacia el techo.

Problemas familiares.

"¿Tienes familia?" pregunté.

Cerró los ojos y me di cuenta de que estaba pasando un mal rato.

"No, mi nave aterrizó aquí cuando tenía tres años." Dijo con sarcasmo.

"Edward…" Estuve a punto de sonreír.

"Mis padres sabían que mi planeta iba a explotar por lo que me montaron en esa pequeña nave…" continuó, sonriendo con suficiencia y mirándome.

Tenía que ser paciente y entenderlo. Estaba intentándolo.

Evitación.

Esperé, sin decir nada hasta que decidió volver a hablar. Continuaba teniendo mi cheque en el bolsillo trasero. Podría sacarlo a colación, aunque no lo hice. Quería que se abriera a mí por sí solo.

"Sí, tenía una familia." Dijo en voz baja, sus ojos volvían a estar cerrados.

"Tenías…" Repetí, "¿qué les pasó?"

"Nada". Dio un pequeño suspiro, "quiero decir… no lo sé. No los he vuelto a ver".

Esto no me sorprendió.

"¿Saben que… trabajas en Fire?" pregunté, quería que esto pareciera una conversación real y no que simplemente le estaba disparando preguntas. Este era el motivo por el que necesitaba estos ejercicios. Tenía que mejorar en este aspecto. Y practicando era la única forma de conseguirlo.

"No", mantuvo los ojos cerrados, "no creo. Empecé a trabajar ahí después de haber perdido el contacto con ellos."

Hmm. Fue otra cosa la que lo separó de su familia. Interesante.

"Edward…" me gustaba decir su nombre, quería que se sintiera cómodo hablando conmigo, "¿por qué dejaste de hablarte con tu familia?"

"¿Puedo preguntarte… algo… antes de responder a alguna de tus preguntas?" me echó un vistazo, sus ojos… ¿podría negarme a cualquier cosa que me pidiera?

¿Es profesional? Los pacientes no les hacen a sus médicos preguntas personales.

"¿Por favor?" agregó.

Dios.

"Está bien, Edward."

"Mi familia, mi madre y mi padre, es muy rica… y muy fría." Dijo, "No estuvieron mientras crecía. Siempre estaban muy ocupados. No tenía hermanos. Tenía una relación más cercana con el servicio que con ellos. Pero estaba acostumbrado. Pero, cuando iba a la universidad, conocí a una chica que no les gustó, no la aprobaban. No creo que a ellos les guste nadie, salvo ellos mismos. Me dijeron que era ella o ellos. Y yo elegí. A ella."

Se detuvo y se puso boca abajo, mostrando su bonito y prieto culito aprisionado en sus ajustados vaqueros.

"Mi turno." Me sonrió, mirándome de arriba abajo.

"Está bien." Sonreí, contenta de que pareciera más relajado.

"¿Alguna vez has tenido un orgasmo?" me preguntó como si estuviera preguntándome qué talla de zapato llevaba.

"¡Dios!" Me puse de color rojo brillante, estaba segura. Me sonrió, disfrutando de que me hubiera avergonzado.

"¿Y?" preguntó con inocencia, "es una pregunta de sí o no, pensaba que sería sencilla."

Él lo pensaría.

"No." Dije sencillamente, viendo como sus ojos se entrecerraban un poco. Volvía a mirar mi cuerpo. ¡Mierda! Levanté un poco mi cuaderno, con la esperanza de ocultar lo que estuviera mirando.

"Entonces…" hice mi siguiente pregunta, "¿cuándo tus padres vieron que la elegías a ella, qué pasó, simplemente… te echaron de casa?"

"De casa, la universidad, el dinero… todo." Informó Edward, tenía la mirada perdida en la habitación, pero podría decir que en su mente, los estaba viendo.

"Para mí están muertos." Dijo después de un momento, "¿podemos hablar de otra cosa, por favor? En realidad, nunca fueron parte de mi vida. No los echo de menos."

"Pero es evidente que te molesta." Dije suavemente, "¿has intentado alguna vez volver a ponerte en contacto con ellos desde aquella discusión?"

Se pellizcó el puente de la nariz y miró hacia abajo. Esperé, sin decir nada hasta que levantó la cabeza y dijo, "una vez."

Empecé a hablar pero me cortó rápidamente, "y no voy a hablar de eso o sea que no preguntes."

Dice que nunca fueron parte de su vida. Por supuesto, simplemente son el puñal que asoma clavado en su corazón, no son importantes.

Ser rechazado en una edad tan temprana… y abandonado a lo largo de toda su niñez. ¿Quiere esto decir que entonces nunca acabó la universidad?

Sin duda, sus padres lo dañaron mucho.

No recibió amor por su parte. Tal vez, en parte, este era el motivo por el que le costaba tanto mostrar su aprecio a los demás.

Era su turno para preguntar. Tenía la sensación de que la pregunta iba a ser más difícil.

"Cuéntame una de tus fantasía." Su voz rezumaba sexualidad y me miró con mirada sexy, esperando.

Apoyó la barbilla en sus manos y me sonrió cuando intenté hablar. ¿Estaba jugando conmigo o realmente quería saberlo?

"Ummm…" sentí como mi cara volvía a arder, "tengo algunos problemas de abandono, lo sé. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía tres años, así que… yo tengo alguna… fantasía oscura."

"¡Ooooh, buenísimo!" Edward no estaba escandalizado, "continua. Y deja de hablar como una loquera, por favor."

¿Por qué estoy ofreciendo mi alma a este hombre? Ni siquiera mis amigos más íntimos conocen mis oscuras y secretas fantasías.

"Bueno, tengo fantasías del tipo de que soy… forzada." Miré hacia mi cuaderno, asustada por mirarlo a la cara.

"La fantasía de la violación." Dijo, continuaba sin escandalizarse y sonreía, "¿cómo?"

Tragué y me encogí de hombros, "diferentes fantasías. A veces sueño con que llego a casa y él me agarra por detrás. Otras veces estoy llegando a casa y alguien me coge por detrás y me mete en una furgoneta o algo… así."

Parecía que hubiera tardado treinta años en decir esas cuantas frases. Ahora estaba empezando a ver cómo se sentía Edward contestando a mis preguntas. Tal vez este era su plan, hacerme ver cómo era estar en su posición. Es muy inteligente.

"Al parecer te gusta la idea de que te agarren por detrás." Bromeó, su cara continuaba descansando sobre sus fornidos brazos, su sonrisa seguía presente y no me había dado ni un solo motivo para que me avergonzara.

"Volvamos a mi pregunta." Le recordé, ruborizándome e intentando mantener una expresión neutra.

"Vamos." Me devolvía la mirada con atención, preparado.

"Háblame de la chica que conociste… en la universidad." Decidí alejarme un poco del tema de sus padres.

"¿Por qué?" Una vez más parecía algo tenso.

"Bueno, es obvio que significaba algo para ti." Dije, "lo dejaste todo para estar con ella. ¿La amabas?"

Me miró con expresión rígida.

"No, me gustaba su perfume." Una vez más intentó evitar mi pregunta con sarcasmo, ya no apoyaba su rostro en las manos.

"Está bien". Confirmé, "entonces… la amabas."

Esto es bueno, sentía que estaba empezando a conocerlo mejor, a pesar de que no se estaba abriendo fácilmente.

No rebatió mi declaración. Había amado a alguien. Pero ahora, al parecer, estaba solo, desnudándose y prostituyéndose. Debió pasar algo terrible. No podía preguntarle algo así en una primera sesión. Demasiado pronto.

"¿Puedo preguntarte su nombre?" Iba despacio, tal como me había pedido.

Vaciló. Algo muy profundo se reflejó en sus ojos mientras miraba a lo lejos. Dios, lo que pasara debió ser terrible. Ni siquiera puede decirme su nombre. Esperé, sin presionarlo.

Minutos después, me miró con auténtico dolor en la mirada y suspiró, "no puedo."

"Está bien, no tienes que hacerlo". Le aseguré con mi voz y mi sonrisa.

"Lo siento, Bella." Volvió a suspirar, mirando sus manos abiertas con algo de vergüenza.

"Está bien." Volví a decir, tan cuidadosamente como antes, "lo estás haciendo muy bien. Sé que es difícil. Aprecio que me lo estés contando."

Al parecer, esto lo hizo sentirse mejor y exhalo un largo suspiro, volviendo a relajar su cuerpo.

"¿Mi turno?" preguntó, no estaba seguro ya que no había respondido mi última pregunta.

"Adelante." Cedí.

"¿Has soñado alguna vez que te ataban?" preguntó sonriendo con dulzura, siempre daba en el centro de la diana.

"Frecuentemente." Decidí admitirlo. Era algo muy común y no me importaba contestarlo. Era eso, o que Edward hacía que fuera más valiente de lo que solía ser.

"Bella…" Edward ronroneó encantado, "nos vamos a divertir un montón en mi tiempo…"

Me ruboricé y sonreí a la vez, cansada de forzar una postura seria y profesional. Podría decir, que con Edward, era más abierta que con el resto, a medida que él confiaba en mí yo me iba relajando.

Intenté concentrarme en cuál sería la siguiente pregunta que le haría pero en lo único que podía pensar era en Edward atándome.

Antes de que pudiera resistirme pregunté, "¿alguna vez te han atado?"

"Frecuentemente." Empleó la misma palabra que yo sin perder el ritmo, su sonrisa soñadora continuaba en sus brillantes y húmedos labios.

Wow. Me gustaría oír alguna historia sobre eso. Espera, puedo, si él quiere hablar sobre ello.

"¿De verdad?" Pregunté, casi tenía el ceño fruncido, "¿cómo fue?"

Se encogió de hombros sonriendo ligeramente. "Depende de quien te ate. Si estás con una persona enfadada y violenta, te dolerá. Si tu estás con alguien que está cachondo, en realidad, será muy agradable. A veces lo único que buscan es la ilusión de que, al estar atado, estás indefenso. Como en la jaula del vampiro. Puedo meter y sacar las manos de los grilletes siempre que quiera. Pero como finjo que no puedo hacerlo, gritando y luchando un poco, consigo que la fantasía se haga realidad".

"¿Permites que las personas violentas te aten?" pregunté sin pensar.

"Está muy bien pagado." Dijo rotundamente.

"Pero podrían hacerte daño." Dije un poco más fuerte, intenté calmar mi voz. De repente estaba preocupada por él y quería inculcarle algo de sentido común.

"Me hacen daño, ese es el punto." Dijo impasible.

"¿Qué pasa si algo se sale de control y alguien te hace daño de verdad?" Pregunté en voz alta.

"Tengo una jefa". Me informó, "sabe dónde y con quién estoy trabajando. Si algo me pasa, lo sabrá y vendrá a buscarme".

"¿De qué formas te han hecho daño?" Pregunté, me sentía muy protectora con él.

"Hay muchas maneras de torturar a un esclavo, Bella." Se encogió de hombros sacudiendo ligeramente la cabeza. "Podría empezar y no parar. Algunas son.. el látigo, el bastón, agujas, electricidad, fuego, abrazaderas de pezón…"

"Whoa, espera." Levanté la mano, "¿electricidad?"

"No es lo que estás pensando". Sonrió, "hoy en día hay muchas máquinas. Algunas son unas pequeñas almohadillas que se pegan a la piel en diferentes lugares, están conectadas a un pequeño dial con el que la mujer puede controlar la… intensidad. Cuando pulsa el botón yo recibo una pequeña descarga."

"Dios, Edward…" me estremecí solo de pensarlo.

"Está bien." Sonrió, "no deja marcas ni nada. No produce un daño permanente."

No, solo daño mental. No es una gran cosa.

"Me acabas de hacer un montón de preguntas, creo que es mi turno." Me recordó con una enorme sonrisa.

"O, sí, lo siento." Por un minuto había olvidado nuestro trato. Dios, me siento muy protectora con él. Se supone que no debo involucrarme con un paciente. Ya estoy jodiendo el proyecto.

"¿Te gusta el dolor?" Preguntó Edward. Estaba intentando averiguar qué me gustaba, qué quería que me hiciera.

"No". Dije de inmediato, "no quiero que me electrocuten ni nada parecido."

"No, no". Se burló de mí, "yo no te haría algo así. Ya te lo he dicho, solo haré aquello que quieras que haga. Me refería a un dolor ligero. ¿Alguna vez has querido que te azoten? ¡Ligeramente!"

"No sé…" ahora me sentía caliente, "tal vez".

Esto hizo que Edward se riera para sí mismo. Veo azotes en mi futuro cercano. Algo en mi interior se alegró de eso. Sentí que mi corazón latía entusiasmado.

"Veo que estás cómodo hablando de sexo." Empecé mientras él me observaba divertido, "pero cuando te pregunto por algo personal eres más reacio."

"Eso no es una pregunta." Dijo en voz baja mirándome fijamente.

"Está bien." Mordisqueé la capucha de mi bolígrafo, "¿Encuentras… el dolor físico más fácil de aguantar que… el dolor emocional?"

Creo que había dado en el clavo.

Parecía que estuviera pensando hasta que finalmente dijo: "Déjame ponerlo de este modo, si tuviera que elegir entre hablar con mis padres o que me llenaran el cuerpo de agujas…"

Hizo una breve pausa.

"Elegiría las agujas." Dijo, su voz era fría como el hielo, "haz con eso lo que quieras".

Dios, tiene fijación con las agujas. Este hombre es muy triste, eso está claro. No estoy segura de poder ayudarlo. Pero quiero hacerlo.

Y ahora no tenía nada que ver con mi tesis. Realmente quería ayudarlo. Ayudarlo a que dejara de hacer lo que estaba haciendo y a tener una vida mejor. Esta era mi nueva misión.

Un fuerte golpe sonó en la puerta y salté por la repentina interrupción. Edward no se encogió ni movió lo más mínimo, únicamente miró hacia la puerta y después a mí.

"¿Quieres que abra?" preguntó empezando a incorporarse.

Miré el reloj, era casi la hora de salir hacia la universidad. Sabía que, como de costumbre, Rosalie y Alice pasaban a recogerme para que nos fuéramos juntas. Una sonrisa diabólica se deslizó por mis labios y dije: "Sí, gracias Edward".

Sonrió y me guiñó un ojo, volviendo al modo club de baile, y mordió su labio inferior un poco, abriendo la puerta un poco, para ver a mis amigas y entonces revelar lo suficiente de sí mismo para que ellas pudieran verlo.

Apoyó el brazo en la puerta, les sonrió y ronroneó: "Hola otra vez".

Yo intentaba no reírme, deseando poder ver sus caras. No les había dicho que él vendría hoy. Para ellas habrá sido un auténtico shock ver a Edward semidesnudo abriendo mi puerta. Solo se oían voces jadeantes en el pasillo.

Escuché a Alice diciendo, "¿es el piso… correcto, sí, está Bella?"

Grandioso. La pobre Alice, por un segundo, había creído que estaban en el apartamento equivocado. ¡Sólo llevo tres años viviendo aquí!

"Bueno, sí, aunque está muy cansada." La voz de Edward sonaba como sexo líquido, "no estoy seguro de haber acabado."

Pequeño diablo.

Fui corriendo hasta la puerta antes de que le dijera a mis amigas que hoy no iría a clase. Tenía que ir, tomarme un pequeño descanso de Edward, ya estaba haciendo que me quebrara, con mucha destreza.

"Hola chicas". Agarré el pomo y tiré de él para abrir la puerta por completo, Edward me sonreía.

"Entrad". Les dije. Siempre llegaban temprano para que pudiéramos hablar un rato antes de irnos.

"Uh, hola Bella". Dijo Rosalie con voz mordaz mientras entraban.

Edward estaba en la cocina recogiendo nuestros platos y cubiertos sucios, empezó a lavarlos sin decir ni una palabra.

Jesús, es sexy. Un hombre lavando los platos sin que se lo hayan pedido primero. Y con ese pecho desnudo… me gustaría que accidentalmente le salpicara jabón. Casi había olvidado que mis amigas estaban aquí hasta que Alice empezó a hablar.

"Hola, Rose". Me senté en uno de los taburetes de la barra de la cocina, no quería perderme el espectáculo de mi nuevo lavavajillas.

Alice se puso a mi lado, donde Edward no podía verla y me apretó el brazo con fuerza, formando con su boca la palabra '¡wow!'

Sacudió las manos alrededor de su cabeza, gritando en silencio mientras yo me reía. Rosalie también estaba mirando a Edward, especialmente su entrepierna, a decir por sus ojos entrecerrados.

Estoy segura de que Edward notó que no estábamos hablando pero no actuó de forma extraña en absoluto. Se acercó a nosotras, al otro lado del mostrador, con un paño sobre su hombro. "¿Queréis algo de comer… o beber? Puedo preparar algo realmente rápido si os apetece".

Miraba a Rosalie, Alice y a mí, esperando una respuesta. Este hombre me iba a echar a perder de lo mucho que me iba a mimar.

Rosalie le sonrió como si su esposo hubiera regresado de la guerra. Le di una patada en el tobillo, espabilándola.

"No, está bien". Se enderezó, parecía nerviosa.

"No, gracias". Alice lo miró mientras le sonreía, "ya he comido".

"Bien, si cambiáis de idea, silbad." Nos guiñó un ojo y volvió a la cocina, fuera de nuestra vista, el agua volvía a estar abierta mientras lavaba la sartén.

Estaba tarareando, tranquilamente, no se entrometió en nuestra charla silenciosa. La melodía era bonita, sin dejar de mencionar que su voz era profundamente erótica.

Alice hizo un círculo en el aire con los dedos indicándonos que saliéramos. Al parecer, quería merendarme o felicitarme fuera.

Asentí y me fui a por mi bolso, cogiendo mi cuaderno. Busqué la llave de la puerta en el bolso y la saqué del llavero.

Les indiqué con la mano que salieran primero. Cuando iban por el área de la cocina, por delante de mí, empezaron a ser extra dulces ahora que estaban en el campo de visión de Edward.

"Edward, nos vamos a clase." Me obligué a decirlo en voz alta. Cerró el agua y cuando llegué a la cocina, él ya se estaba dirigiendo hacia nosotras, secándose sus perfectas manos con el paño que hace un momento descansaba felizmente sobre su hombro.

"Ha sido muy agradable volver a veros." Le sonrió a las chicas, con las manos en las caderas, "la próxima vez tenéis que quedaros más tiempo".

Encantador. Él es bueno.

Ambas rieron y abrieron con torpeza, al parecer, al estar en presencia de Edward, habían olvidado cómo se usaba el pomo. Él representó el papel del perfecto caballero, diciendo "permitidme, por favor". Y les abrió la puerta.

Si todas las mujeres actúan así cuando les habla, debe pensar que somos retrasadas.

Alice y Rosalie atravesaron el umbral y se quedaron en el pasillo esperándome, yo estaba frente a Edward, dándole la llave.

"Esta es la llave de casa, por si tienes que salir". Empecé, "tengo otra o sea que podrás usar esta todo el tiempo que estés aquí".

"Muy bien". Tenía expresión placentera mientras me escuchaba atentamente, la cogió y la metió en el bolsillo delantero de su pantalón.

"Y… siéntete como en casa." Repetí, realmente quería que se sintiera a gusto aquí. Aunque por la forma en que se había tumbado en el sofá, tal vez me estaba preocupando innecesariamente por eso.

"Haz lo que quieras." Moví mi mano señalando la casa, no estaba segura por qué por lo que volví a ponerla a mi lado. "Estaré en casa sobre las cuatro. Si necesitas algo en especial, comida sana, hazme una lista y lo compraré".

¿Qué más? Me sentía como si estuviera dejando a un niño pequeño solo. Tenía que parar. Es un hombre, ¡incluso mayor que yo! No es tonto, estará bien. Solo detente ya.

La comisura de su boca se elevó un poco mientras yo divagaba. Lo estaba divirtiendo.

"Y he dejado mi número de móvil en el bloc de al lado del teléfono por si tienes que llamarme." Le dije. Claro, como si eso fuera a pasar.

"Todo va a ir bien, Bella". Me aseguró, "no te preocupes".

Bajó el tono de voz para que solo yo pudiera oírle y se inclinó en mi oído, agregando, "sé que te gusta preocuparte, pero no lo hagas. Una de las cosas que voy a enseñarte es a relajarte".

Se puso recto y me dio su maravillosa sonrisa torcida.

"Uhh… entonces, vale". No podía pensar en ninguna réplica ingeniosa, "te veré… a las cuatro".

Se quedó allí, sonriéndome, sin decir nada.

"Adiós Edward". Sentí que mis ojos se humedecían aunque no estaba segura de por qué. En el fondo me estaba preguntando si estaría aquí cuando volviera. ¿Me iba a estafar? Tal vez no le habían gustado mis preguntas y ya no quería estar aquí. Tal vez…

Estaba saliendo por la puerta, con la mochila sobre el hombro cuando dijo, "Bella". Un poco alto, no con tono de enfado, solo como si me hubiera olvidado algo.

"¿Sí?" Me detuve y me di la vuelta.

Alice y Rosalie estaban de pie, justo enfrente del umbral, no nos quitaban ojo.

"Ven aquí." Dijo de forma seductora.

Me acerqué a él, sintiendo como mi sangre se aceleraba y mi corazón golpeaba mi pecho, deseando que estuviera buscando lo que yo creía que estaba buscando. Aún no me había acostumbrado a esto, tener la atención de un hombre tan delicioso. O de cualquier hombre, para el caso.

"Discúlpennos, señoritas". Edward todavía actuaba de forma correcta, simplemente cerró un poco la puerta, para ocultarnos de su vista por un momento.

Las miré mientras nos ocultaba para después mirar sus alegres ojos verdes.

"Sigues intentando irte sin darme un beso de despedida. No me gusta". Ronroneó, actuando como si le hubiera hecho daño mientras me cogía de los brazos y acercaba mi boca a la suya que me esperaba hambrienta.

¡El beso fue un poco áspero pero increíble! Sus labios eran los más suaves, cálidos y húmedos de todos los Estados Unidos. Nunca podría olvidarlos. El tenue sabor a tortilla Eduardo y bacon, mezclado con un toque de hierbabuena, bailó en mi boca mientras le devolvía el beso, intentando igualar su energía y entusiasmo.

Estoy segura de que Rosalie y Alice podían oír el sonido que hacíamos mientras nos besábamos pero volví a olvidarlas una vez más. El mundo entero éramos él y yo.

Sin previo aviso, apartó suavemente mis brazos y mi cuerpo, mi boca perdió el contacto con la suya demasiado pronto.

"Ve y aprende algo." Me abrió la puerta y descansó su mejilla en el borde de la misma, sonriéndome como si fuera la chica más hermosa que alguna vez hubiera visto.

Abuela, gracias por la herencia. No tenía ni idea de que con dinero podía comprar algo así pero, de momento, estoy muy satisfecha con mi compra. ¡Y solo es el primer día!

Rápidamente odié haber pensado en Edward de este modo. Soy tan odiosa como las perras que lo dañaban y habían hecho que las recibiera desnudo de rodillas en la entrada. Realmente tengo algo oscuro en mi interior. Siempre lo he sabido, pero con Edward aquí, soy más consciente.

Sin embargo, es curioso que me dé tanta rabia cuando pienso en alguien más utilizando o dañando a Edward. Decidí que anotaría eso más tarde.

"¿Alguna indicación especial antes de que te vayas?" preguntó, su maravillosa sonrisa sexy permanecía en su rostro. Sus expresiones parecían tan reales, nunca parecían forzadas. Es muy buen actor, eso tengo que concedérselo.

"Uhhh… no." Me ruboricé un poco, imaginándomelo desnudo de rodillas delante de mi, "solo… haz lo que quieras".

¿Por qué me repito tanto? Tengo que irme.

"Como desees." Su voz hizo que me estremeciera hasta los dedos de los pies.

"Adiós." Me ruboricé como si tuviera cinco años.

"Adiós." Dijo imitando a un niño de cinco años.

Me obligué a mí misma a caminar sin mirar atrás. No oí como se cerraba la puerta hasta que estaba bajando las escaleras hacia la puerta de la calle.

¿Estaba viendo cómo me iba? Dios, me había estado mirando el culo, ¿o no?

Aquí comienza.

"¡Hostias, Bella!" Dijo Alice nada más salir a la luminosa y cálida tarde, a una acera llena de gente, con tiendas, pizzerías y supermercados.

"¿Qué hace ahí, fregando los platos?" Apuntó Rosalie en voz alta, "¿has dormido con él?"

"¡NO!" Grité, caminando deprisa y sujetando la correa de mi mochila protectoramente, "ha llegado esta mañana".

"¿Ha llegado?" bromeó Alice riéndose con regocijo, caminando a mi izquierda mientras Rosalie lo hacía a mi derecha.

"Ssh". Le fruncí el ceño, "¡no de ese modo, cochina! Ha venido esta mañana. Accedió a ser mi sujeto y un poco antes de que llegarais, tuvimos una entrevista."

"¿Hace las entrevistas sin camiseta?" Rosalie me entrecerró los ojos, "entonces, ¡¿por qué dijo que estabas cansada y que aún no había acabado contigo?!"

"¡Ugh!" Puse los ojos en blanco. "¡Estaba jugando con vosotras! Es lo que le gusta. Él es así".

"¡Parece que le conoces bien!" bromeó Alice, "¡esto es tan dulce!"

"¡Te ha besado!" me recordó Rosalie, "lo hemos oído. ¿O me vas a decir que te estaba dando algo de oxígeno extra para las próximas tres horas por si tienes que salir corriendo?"

Alice volvió a bromear. "¡Tal vez estaba comprobando sus dientes con la lengua!" Miré a ambos lados y crucé la calle, apresurándome cuando los coches empezaron a moverse hacia nosotras.

Llegamos al otro lado con vida, sin pensarlo dos veces, la conversación continuaba.

"No te culpamos, Bella." Dijo Alice mientras enfilábamos la tranquila calle que iba hacia el campus. "Es muy agradable y está muy bueno, pero tú eras la que decía que no debíamos tener una cita con un stripper. Dios mío, ¡tu padre te matará!"

Rosalie soltó una carcajada. "Me encantaría estar en esa cena".

"No estamos saliendo". Estaba preparada para confesar, aunque solo a ellas.

"Venid aquí". Señalé con un movimiento de cabeza hacia el lateral de un edificio, un sitio privado y tranquilo.

Cuando estaban a mi lado me acerqué y dije en voz baja, "me tenéis que prometer por lo más sagrado que no le vais a decir a nadie lo que os voy a contar".

"¡Prometido!" La lengua de Alice estaba en el suelo.

"Rosalie". La miré con severidad.

"Sí, lo juro". Parecía molesta aunque interesada.

"Vale". Tomé una respiración, "le he pagado. Para que viva conmigo, en mi apartamento. Y para que sea mi sujeto de estudio. Durante las próximas dos semanas".

Y para ser mi juguete.

Aunque no les conté esta parte.

"¡Cielos!" Alice sonrió, saltando con las manos en la cabeza.

"¡No puede ser!" Ahora Rosalie parecía impresionada. "¿Cuánto?"

"Mi herencia". Admití mirando hacia abajo.

"¡¿Veinte mil dólares?!" Alice estuvo a punto de gritar.

"¿Podrías mantener la boca cerrada?" Miré a nuestro alrededor.

"Un momento". Rosalie levantó una de sus manos perfectamente cuidadas, "¿solo por responder unas preguntas? ¿Te cobra veinte mil dólares por eso? Tú quieres echarle un polvo."

Alice manifestó, "nos tendrías que haber llamado para ayudarte a cerrar el trato. Esto es indignante, Bella."

"Bueno. Resulta que…" Tragué y me mordí el labio inferior, "él creyó que estaba contratándolo para otra cosa. Supongo que no me expliqué bien, o que, con tanta música, no me entendió bien… pero… el creía que lo había contratado para… tener relaciones sexuales".

Las bocas de Rosalie y Alice se abrieron al unísono y me encogí, esperando lo que me iban a decir.

"Bueno, ¡decid algo!" les pedí finalmente, "lo he corregido esta mañana. Ahora sabe que es el tema de mi tesis, aunque todavía piensa que es mi… juguete".

"¡¿Juguete?!" Rosalie se puso de color rojo brillante.

"Así se llama a sí mismo". Murmuré con tristeza, sintiendo una vez más como mi estómago se encogía, recordando el dolor que había recibido de parte de otras mujeres. No me extrañaba que no confiara en nosotras y que sintiera tanto miedo a exponerse ante mí.

Las dos se echaron a reír e instantáneamente me enfurecí.

"¡No os riais!" Les grité, despreciándolas. "¡No os atreváis a reíros de él!"

"¡No me estoy riendo de él!, ¡me estoy riendo de ti!" puntualizó Rosalie, "estás metida en un buen lío".

"Lo sé".

"¿Qué vas a hacer?" preguntó Rosalie, "¿te acostarás con él?"

"No." Dije, "¡no lo sé!"

Me tiré del pelo, mis emociones me embargaban. Sentí como las lágrimas escocían en mis ojos.

"Bueno, si lo haces, será mejor que uses condón" dijo Alice, "de vuelta a casa, deberías comprar algunos, talla grande."

"Ella todavía no sabe comprar condones." Rosalie miró a Alice y después a mí, "te ayudaremos, Bella. Pero tienes que ser consciente de que no tienes ningún tipo de experiencia. No tienes ni idea de lo que estás haciendo."

"Bueno, lo mismo él me enseña algo." Dije, revelando que tal vez quería jugar un poco con Edward. O mucho, en realidad.

"O Dios, vas a acostarte con él." Alice cubrió su boca con las dos manos.

"¡Bella!" los ojos de Rosalie se iluminaron, "¿podemos también nosotras jugar con él?"

Alice saltó, gritando, mientras Rosalie le decía que se callara para poder así obtener mi permiso.

"¡No, no, no!" Me estremecí, "no creo que esa sea una buena idea. No quiero pedirle… ese tipo de cosas".

"Él lo haría." Rosalie frunció el ceño frustrándome, "vamos, al menos podrías preguntárselo".

"Tenemos que irnos, ¡llegaremos tarde!" Evité sus preguntas y me fui corriendo a clase, las oí detrás de mí, rogándome que lo hiciera.

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¿Qué os ha parecido? ¿Vosotras compartiríais vuestro nuevo "juguete"? Nos leemos en la siguiente actualización.

Gracias.

The Red Line Girls.