Soy una maldita… Lo se :'c En mi defensa diré que se me juntaron muchas cosas por el semestre y, aunque exente todas las materias e inicie mis vacaciones el 2 de Diciembre (soy genial :v), durante todo ese mes tuve problemas y crisis personales (obvio no todos los días no soy tan patética, lol) y no sabía acomodar mis ideas. Porque soy la típica autora que se le ocurre una historia cada vez que escucha una palabra :v aunque descuiden empecé a hacer ejercicios mentales para ordenar ideas :D

En cuanto al tiempo de actualización… me gustaría decirles que empezare a actualizar cada dos semanas aunque hubiera preferido cada semana pero me quedarían más feos los capítulos… así que más vale lento pero seguro xD (?)

Aclaraciones: AU un fanfic Usamex y la narración es en primera persona (dígase cuando se narra lo que se vio).

Advertencias: Shotacon (niñoxniño), mención de la Santa Inquisición, tortura, YAOI y demás cosas que aparezcan. Si algo de esto no te gusta es mejor que te retires porque no me hago responsable de embolias cerebrales y me burlare si alguien me reclama por lo antes dicho.

Disclairmer: El anime y el manga no me pertenecen, pertenecen a Estudio deen y a Hidekaz, respectivamente. Y no lo hago con fines de lucro, es solo para diversión… que no es sana ¿Pero qué le vamos a hacer?


II

Paso un mes de aquel encuentro y Antonio se la había pasado encerrado en su habitación o en su despacho, algunas veces ni siquiera estaba en casa y llegaba al día siguiente apestando a alcohol o a opio. Realmente me estaba preocupando pero siempre que buscaba hablar con él y ayudarle a regresar al buen camino lo encontraba nuevamente encerrado. Llegue a preocuparme cuando dejo de ponerle mucha atención a Alejandro… eso no era algo normal, al niño lo tenía ignorado casi en su totalidad y ya casi nunca aplaudía sus logros, nunca supe cómo se tomó Alejandro ese cambio de actitud por parte de Antonio ya que siempre tuvo una actitud muy reservada, cariñosa pero reservada.

Al respecto de Alejandro su español empezaba a ser bastante fluido y el mío igual, esto me parecía de lo más normal pues nunca escuchaba a alguien hablar en francés y aunque la gente hablaba latín no era lo mismo puesto que yo terminaba trabándome bastante por estar aprendiendo una nueva lengua. Pienso que lo mismo debía suceder con Alejandro y esa extraña lengua que él hablaba.

Era algo que sencillamente no se podía evitar.

Esta abrumante rutina en la que Antonio se había sumergido se vio quebrantada un día en el que me lo encontré, bebiendo vino adulterado en la cocina acariciando la cabeza de Alejandro que se encontraba a su lado recitando frases del libro de Don Quijote de la Mancha que Antonio le pedía. Me sorprendí bastante a la par que me indigne. Antonio estaba claramente intoxicado con aquellas sustancias mezcladas y, en definitiva, había dejado de ser un buen ejemplo para Alejandro.

Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama —hablo el pequeño Alejandro mientras Antonio le sonreía y, como ya había dicho antes, le acariciaba la cabeza pero esta vez de un modo un tanto peculiar.

—Muy bien Alejandro —esta vez fue el turno de Antonio quien dio un trago a su vaso dejándolo vacío y arrodillándose enfrente del pequeño mirándolo fijamente con sus fríos ojos verdes—. Supongo que ya lo entendiste ¿Verdad?

Alejandro bajo la mirada y se encogió un poco, asintiendo ante la pregunta de Antonio esto pareció gustarle a mi amigo ya que su sonrisa se ensancho y sus ojos brillaron más de lo que comúnmente brillaban. Era una faceta que de cierta manera desconocía de Antonio pero a la vez me resultaba tristemente conocida.

Era su expresión de cuando acababa de humillar a alguien… y ese alguien era el pequeño Alejandro.

— Francis es de muy mal gusto escuchar las conversaciones ajenas —pegue un pequeño salto cuando me hablo y lo mire fijamente con algo de recelo— ¿Tú que piensas Alejandro? —esta vez mi mirada se la dirigí al infante observando sus hermosos y grandes ojos los cuales parecían que derramarían lagrimas pero el no derramo ninguna, solo enfrento mi mirada casi pidiéndome ayuda o compasión.

— N-no es bueno escuchar las conversaciones ajenas —hablo impresionándome con su perfecto español yo solo pude abrir los ojos con sorpresa—, es de m-mala educación.

— Por supuesto Alejandro ahora ve a tu habitación que los adultos tenemos que hablar —se puso de pie y Alejandro salió de la cocina con el libro apoyado en su pecho y con la cabeza gacha—. Entonces Francis…

— Nada —le interrumpí acercándome a él y arrebatándole la botella de vino de las manos impidiendo que se sirviera otra copa—. Estas actuando como un imbécil ¿Qué te hizo Alejandro? Se ha portado muy bien en estos días y…

— Eso no te incumbe es mi protegido y tú solo debes preocuparte de su educación eclesiástica.

— Te la has pasado fumando opio y bebiendo en casi tres meses. También desapareces por días y una vez desapareciste tres semanas ¡Tres semanas! Ni siquiera los críos malcriados hacen eso —lo sostuve por los hombros y lo peque a la pared con un gran enojo—. Me importas y me importa Alejandro ¿tú crees que has sido un buen tutor en estos meses? No permitas que los placeres te cieguen… te lo pido por Dios.

Toda la ira acumulada en esos tres meses se fue cuando Antonio me miro con un gran arrepentimiento y sus ojos verdes se tornaban acuosos yo solo pude abrazarlo mientras el lloraba en silencio en mi hombro.

— De acuerdo, he sido un malnacido contigo y Alejandro, mañana iré a confesarme a primera hora en la iglesia del pueblo —dijo entre sollozos y se separó mirándome con una sonrisa. Una sonrisa que solo Antonio era capaz de hacer.


A partir de aquel día Antonio volvió a ser el mismo de antes.

Empezó aceptando el trabajo con Arthur y no había día en el que no estuviese ocupado enviándole cartas o en el jardín planeando diversas cosas para el nuevo proyecto, podría decirse que se estaba estresando sin embargo lo único que hacía era ponerse eufórico ante cada palabra o idea que cruzara su mente. Creo que nunca tendré palabras para describir su estado. Pero estrés definitivamente eso no era. Yo mismo me preocupe por él y su euforia latente pero solo con observarlo leyendo un libro, preparándose alguna infusión o algo tan simple como dormir y las dudas acerca de su estado de salud se disipaban… él estaba tan tranquilo y feliz como en nuestros años mozos.

Alejandro ya dominaba prácticamente el idioma y fue cuando cumplió ocho años que Antonio le regalo un diario.

"— No hay mejor amigo que un libro y no hay nada mejor que un libro en blanco para que te escuche cuando nadie lo haga —dijo Antonio."

También yo empecé a ser más riguroso en nuestras lecciones acerca de las sagradas escrituras realmente quería que aquel pequeño fuera un hombre de bien. Antonio fue quien le inculco las artes y el mismo le enseño lo básico de la guitarra en tan solo un mes y Alejandro aprendía bastante rápido.

Todo se tornaba cada vez más feliz y yo lo sentía cada vez más irreal. Nunca había visto tanta felicidad en mi vida…

Pero claro, las cosas no pueden permanecer iguales todo cambia para bien o para mal y yo realmente no sé si aquel cambio fue para bien o para mal, no sé y dudo mucho saberlo algún día.

Cuatro meses después de que Antonio le regalo el diario a Alejandro, me pidió preparar mis mejores galas y llamo al mejor costurero del pueblo para coserle un traje a Alejandro el pequeño estaba tan confundido como yo pero solo acatamos las ordenes.

— ¡Se ve encantador! —dijo una de las sirvientas cuando, una semana después de pedirnos aquello, mi amigo de ojos verdes me llevaba a la habitación de Alejandro.

—Es uno de mis mejores trabajos —expreso el costurero entonces nosotros entramos a la habitación—. Señor Hernández el traje está listo.

Antonio le dio el visto bueno al traje que le cosieron a Alejandro, porque sencillamente lo hacía lucir estupendo y el color azul destacaba sus bellísimos ojos rojizos, así que le pago al costurero quien se despidió y salió por la puerta principal siendo escoltado por una de las sirvientas.

— Antonio ¿Qué es lo que planeas?

—Oh Francis, es verdad no les he dicho nada de nada y la confusión se pinta en sus rostros —se sentó en la cama de Alejandro—. Hoy al atardecer vendrá Arthur y…

— ¿Para eso tan formales? ¿Se trata de una reunión de negocios?

— No precisamente Francis. Por supuesto que hablaremos de negocios pero ya habrá tiempo para aquello, hace una semana me llego una carta de Arthur informándome que el barco en donde abordaba había llegado sin percances a la costa del norte y que llegaría en una semana lo más probable al atardecer como veras ya cumplió el plazo y él está a punto de llegar —iba a preguntarle porque tan larga explicación para algo tan simple pero el leyó mi mente—. Bien mi querido Francis y Alejandro la razón de que les haya pedido una apariencia respetable es porque Arthur traerá consigo una sorpresa, a alguien muy especial —esto último lo dijo con una sonrisa mirando fijamente a Alejandro.


El atardecer estaba próximo faltaban unos cuantos minutos, las sirvientas y el mayordomo estaban muy atareados acomodando la mesa y limpiando cualquier desperfecto de la que sería la habitación de Arthur y ese "alguien especial". Desde mi habitación descubrí a lo lejos un carruaje acercarse a nuestra morada luego mire el reloj y comprobé que solo faltaban cinco minutos para el atardecer. Fui por Alejandro a su habitación y bajamos las escaleras vistiendo nuestras mejores galas y con el pelo recogido pues ambos lo teníamos un poco largo: yo en una cola alta dejando caer un poco de mi rizado cabello rubio a manera de flequillo y el en una cola un poco baja con el flequillo reposando con gracia en su frente.

Tocaron la puerta y mire instintivamente al reloj… Era la hora exacta del atardecer. Solo alcance a suspirar y sonreír de lado.

— Ingleses… se lo toman muy enserio —Alejandro me observo con curiosidad por el comentario. Yo solo lo ignore.

Escuchamos una tierna voz desde la puerta, Alejandro miro hacia la puerta cerrada con curiosidad y, para que negarlo, yo también. La puerta se abrió por órdenes de Antonio y de ella emergió Arthur con una sonrisa y mirada cálidas mientras sujetaba con una mano a un niño de ojos azules. Mire con el rabillo del ojo a Alejandro y este tenía los ojos totalmente abiertos, el niño de las iris azules le devolvió la mirada y se sonrojo un poco causando la misma reacción en el pequeño moreno. Yo solo atine a sonreír.

— Él es mi protegido —dijo Arthur y empujo un poco al niño—. Vamos preséntate.

Para confusión nuestra el niño se acercó primero a Alejandro y, aun con un ligero sonrojo, le estiro la mano a lo que el de ojos rojos lo miro con duda y me dirigió una mirada a la cual yo asentí.

Alejandro tomo su mano y realizo un saludo nervioso.

—Mi nombre es Alfred es un placer conocerte…

—Alejandro… me llamo Alejandro. También es un placer conocerte.

Ambos se sonrieron con timidez, pude ver como sus manos se apretaban más y podría jurar que se entrelazaron como si estuvieran hechas para encajar la una con la otra.

Así como aquel apretón de manos fue grabado por siempre en la memoria de cada uno de los presentes… El cruel destino había sido sellado para siempre. Como alguien que vende su alma a Satán.

Ya no había escapatoria…


Eiki-san fuera (/7u7)/