Capítulo tres
John había dado por hecho que a la primera semana de estar con los Holmes iba a ser desechado, pero no sucedió y ahora no estaba seguro de que más esperar, se sentía ansioso todo el tiempo. Sin embargo, cuando Anthea regresó el quinto día de la segunda semana las cosas dejaron de ser tan inquietantes. Ella era como un alfa, era dominante, su olor era bastante sutil y su forma de ser gritaba autoridad pero independencia, John estaba asombrado de que alguien como ella pudiera existir y que fuera una omega.
-Soy de Mycroft, debe ser por algo, ¿no lo crees?
Se había justificado ella en primer lugar, claro que fue evidente que tenía mucha verdad lo que decía, ser el omega de cualquier Holmes debía ser algo a tomar en cuenta. Melissa Holmes era una clara muestra de eso, dominaba a sus hijos de forma correcta, tenía un balance perfecto entre ser un omega y un alfa, nadie le hacía menos. John no creía poder ser como alguna de ellas, siempre había sido un poco sumiso, superviviente y todo, pero sumiso al fin.
Anthea se sorprendió un poco cuando se enteró que él era de Sherlock, al igual que Mycroft, ella conocía la larga lista de omegas que habían cruzado el umbral de la residencia Holmes con la intención de volverse compañeros de Sherlock, Anthea le había dicho que muchos de ellos se sintieron incompatibles con Sherlock y que muchos más fueron cruelmente desechados. Nunca les había dado derecho a una prueba, John era el primero y por lo mismo estaba mucho más nervioso.
¿Qué esperaba Sherlock de él? John no tenía nada especial, era bastante corriente, de los omegas más comunes, era corto, era de esas caras que podías encontrar en cualquier sitio y era de los pocos omegas que no había tenido un ciclo pese a su edad. De hecho, la idea de los ciclos le estaba atormentando. Mientras que para Sherlock era bueno que no tuviera algún ciclo, John se sentía inquieto, era un omega, los omegas eran fértiles, la idea de no ser fértil nunca le daba nauseas. Era parte de su vida, algo natural que su sistema resentía por la ausencia (aunque en un principio tenía temor por el dolor del calor ahora le daba miedo no tenerlos).
Si para estar con Sherlock debía no tener ciclos… John no estaba seguro de estar de acuerdo. No tener ciclos en su vida no sonaba alentador, porque John era natural y un ciclo era natural para su parte omega (y sufría día a día por ello).
-Él no sólo puede desechar la parte que no le gusta…
Se quejó, por quinta vez. Si Sherlock había sugerido que si no tenía ciclos podía quedarse era obvio que había tomado un poco de cariño a él, pero la idea de que John era omega la resentía y John resentía que Sherlock se sintiera así. Pero no iba a funcionar. Por ahora estaba bien, John no tenía ciclos y Sherlock lo aceptaba, ¿pero cuando sucediera? ¿Entonces qué? Simplemente iba a ser desechado porque el idiota de Holmes se daría cuenta que era un omega y que no podía aceptarlo.
Mientras que la semana transcurrió y Sherlock no dio indicios de decir que todo había terminado Melissa había estado más y más emocionada con el futuro enlace que tendrían, John le había escuchado hablar con Mycroft sobre el tipo de anillo adecuado, el tamaño de la fiesta y si debería de invitar a toda la familia. Realmente esperaba que no lo hiciera porque iba a negar la unión y no quería que su familia supiera que había sido aceptado cuando todo podía acabarse.
John había tomado una decisión, no iba a seguir con toda esa locura.
Tarde o temprano Sherlock debería de aceptar que odiaba la idea de John la idea de un omega y la idea de estar juntos. Básicamente todo terminaría antes de empezar y, aunque las cosas fueran lentas, John estaba asustado. Temía formar un lazo con Sherlock que terminara en su corazón roto. Aún ahora la idea de estar con el menor de los Holmes le agradaba, eran esas pequeñas cosas que le confundían de Sherlock: su curiosa experimentación, los arrebatos con el violín y su aislamiento, aceptando su silenciosa presencia.
Sherlock le había aceptado a su alrededor, como un cuadro más, como una parte de su panorama. Pero no quería ser sólo parte del mobiliario y por lo mismo John necesitaba irse pronto de ahí, entre más estuviera con Sherlock todo sería peor.
Encontró a Melissa en el patio trasero, sentada en una confortable silla hecha de metal blanco frente a una mesa redonda y debajo de una sombrilla verde pasto. Se le veía tranquila tomando el té mientras sus ojos vagaban deprisa y de forma hambrienta sobre el periódico de Economía, era inquietante verla así, porque la hacía lucir como una guerrera y John temía lo que podría suceder ahora.
-Señora Holmes, ¿podemos hablar?
La señora Holmes lo miró, sus ojos, entre un tono musgo y gris, lo enfocaron con suavidad, ella parecía apreciarlo mucho y no podía entender la razón real, John no era nada de ella, podía considerarlo por el hecho de ambos ser omegas, pero Melissa era una mujer de sociedad, vivía en la aristocracia, John había sido de clase media toda su vida, no por nada había sido mandado al instituto de Londres.
-Claro John, por favor siéntate conmigo, ¿pido el té para ti?
Lentamente se acercó a ella, pero no se sentó. –No, ya he bebido el té… Señora Holmes yo…
No estaba seguro de que decir a continuación, había preparado un discurso mental, pero ahora las cosas se veían tan diferentes, Melissa bajó el periódico y tomó la taza suavemente.
-John, ¿esto se trata sobre tu unión con Sherlock? –Melissa se acomodó en la silla, parecía un poco nerviosa. –Todo irá bien, te lo aseguro, es una unión sencilla por el momento pero en cuanto tengas tu primer ciclo entonces…
-Es sobre eso señora Holmes. –Interrumpió y se sintió avergonzado. –Lo siento, pero… Sherlock odia la idea de tener un omega, ahora me ha aceptado porque no tengo ciclos, ¿y cuando los tenga? Él no va aceptarme porque se dará cuenta de lo que soy y lo odiará. No quiero unirme a alguien que odia esa parte de mí.
Se sintió liberado y frustrado y tuvo miedo. Era la verdad y lanzárselo de esa forma a Melissa Holmes era agobiante, era un idiota sin duda. No pudo seguir aguantando la mirada de la señora Holmes y la bajó, estaba tan asustado. No sabía qué hacer.
Pero ella parecía enfadada de repente, se levantó de su lugar y su rostro se tornó rojo. Oh Dios, la había hecho enojar. –Oh John… no tenía ni idea… No sabía que Sherlock te hacía sentir de esa manera. Ese niño yo…
Oh no. –No señora Holmes, no se trata de Sherlock. Bueno… él ha sido muy amable conmigo pero él ha sido muy claro, él no tiene intenciones de tener un omega y…
Ella soltó un suspiro, entendiendo la situación. –Oh. Oh. Entiendo. Por favor, siéntate John. –Él quería negarse, sentarse le hacía sentir muy sumiso, pero ella insistió. –Por favor.
Se sentó frente a ella, suavemente, entrelazó las manos frente a él y sonrió tímidamente. –Señora Holmes, no se trata de Sherlock, no puede obligarlo a tener a un omega sino quiere.
Ella negó con suavidad, tomando asiento frente a él. –John, ese es el problema. Sherlock nunca ha sabido lo que quiere. –Ella soltó un suspiro. –Ningún alfa es feliz sin un omega, Mycroft lo notó en cuando conoció a Anthea. Ella tan hermosa, una bella chica de alta sociedad, hermosa e inteligente, lo complementaba tan llenamente que me pidió, casi me rogó, por darle otra oportunidad de verla. No quería tener una entrevista con ella, quería ser aceptado por Anthea. Él nunca pensó que podría tener su mente tan despejada como lo hace ahora. Mis dos hijos son sumamente inteligentes, pero Mycroft ha comprobado lo que un omega adecuado puede hacer a su vida. Por otro lado… -Ella soltó un suspiro.
-Sherlock…
Ella soltó un bufido, nunca pensó escuchar un sonido tan común de la boca de una mujer tan distinguida como Melissa Holmes. –Es un niño, eso es Sherlock. Está aferrado a la soledad, un tonto niño. Piensa que lo ha conocido todo, se sabe alfa pero trata de ignorar ese lado; es idéntico a su padre. –John se sorprendió, abrió sus ojos e intentó imaginarse al señor Holmes, pero no pudo. -¿Sabes por qué te he elegido a ti, John? ¿Por qué Anthea? ¿Por qué yo? Los Holmes, esos seres tercos, ellos siempre han creído que no tener un omega es lo mejor, pero míranos aquí. Nos necesitan.
La revelación le entumeció un poco, John sintió un nudo en la garganta que intentó pasar con saliva. -¿Cómo?
La señora Holmes le sonrió. –Verás, comenzaré con Anthea. Ella es una chica de alta clase, como debes saber, los omegas de alta clase son educados en casa, prometidos desde que se sabe su condición a algún alfa. Cuando Anthea cumplió la edad en la que, normalmente, los omegas tienen ciclos su prometido fue por ella. Se pensaba hacer el enlace en el momento que el calor comenzara. –Ella bebió de su taza de té, luego la colocó frente a ella y la alejó. –Pero nada sucedió, ella no tuvo ciclos y su prometido la dejó. –John frunció los labios, preocupado. –Ella tenía veinte años cuando conoció a Mycroft… -Melissa sonrió. –Y un mes después tuvo su primer ciclo, para ese momento ya estaba unida simbólicamente a mi hijo.
John se mojó los labios con la lengua, sin entender lo que sucedía. -¿Ella es feliz?
-Increíblemente feliz, estar con Mycroft le hace sentir completa. –La señora Holmes se inclinó un poco, John hizo lo mismo. –Conocí al señor Holmes cuando tenía quince años, nos unimos simbólicamente porque yo no tenía ciclos aún. Pasó mucho tiempo para que yo tuviera un ciclo, fueron cinco años. –Ella sonrió. –Fue cuando me enamoré de él. Era tan parecido a Sherlock, nunca tenía tiempo para mí, viajaba todo el tiempo y rara vez estaba en casa, siempre lejos de mí, no conocía nada de él, sabía que se llamaba Arthur y que odiaba la vida hogareña. Yo pertenecía a esa vida, supuse que por eso nunca podría amarme. –Melissa se acercó un poco más a él. –Tuvo un accidente, una caída del caballo, amaba la equitación. Fue obligado a permanecer en cama por dos semanas, no quise entrometerme por eso nunca fui a verlo… pero un día cualquiera él pidió por mí. Fue una sorpresa, él nunca pedía para verme.
John se sintió enfermo, cinco años sin saber de Sherlock, eso era simplemente horrible. Toda la semana pudo verlo pocas veces, sólo estaba ahí, como un mueble hasta que el mismo chico le pedía salir de la habitación o se iba repentinamente del laboratorio a su habitación, lugar en el que John no entraría a menos que fuera literalmente invitado. Pero la señora Holmes le hablaba de soledad total.
-Estuvimos juntos entonces, día y noche, le escuché hablar de su vida, fue… tan emocionante. –Melissa susurró. –Trabajaba para la seguridad de la reina, dedicaba su vida a ello y sus propios negocios. Él amaba su vida, dijo que ni siquiera recordaba mi cara o mi nombre y no parecía avergonzado; llevábamos separados más de ocho meses, porque él estaba trabajando en el oriente. Fue como conocernos de nuevo y fue maravilloso. –Ella soltó un suspiró y se alejó. –Entonces tuve mi primer ciclo, mi primer golpe de calor y él tenía fracturado un pie. –Soltó una risa, parecía realmente disfrutar el relato. –Me escondí en el invernadero, muy lejos de su habitación. Nadie pudo encontrarme por tres días, fue tan doloroso. –La taza de té parecía medio llena, John no pudo ver a la señora Holmes, se sentía avergonzado. –Cuando volví a verlo él estaba mucho mejor y me pidió ir con él a América. Me miraba… era tan diferente a lo de siempre; porque le permití verme. Le deje ver que yo era una omega y que era la indicada para él.
Evidentemente tendría que esperar mucho más para que Sherlock sintiera algo por él, no era como Mycroft que conoció a Anthea cerca de los veinte, tendría que ser como el señor Holmes y esperar a una larga y aburrida separación entonces tal vez podrían intentar obtener algo de él. John tragó saliva.
-Yo no soy el indicado para Sherlock, yo no puedo hacerle notar que soy el indicado… porque yo no lo soy.
Hubo movimiento en el jardín, John vio a Anthea agachada frente a un montón de rosas y a su lado estaba Mycroft, estaban lejos porque apenas podía distinguir el cabello cobrizo de Anthea y Mycroft. Sabía que nunca tendría algo así, porque Sherlock no podía seguir el ritmo de nadie, todos tenían que seguir su ritmo, entenderlo sin preguntar, hablar sin ser idiotas; pero era imposible porque Sherlock era demasiado listo, demasiado hábil, demasiado guapo. Era demasiado para John.
-Y por eso nunca lo serás John, porque piensas que no eres indicado. –Ella sonrió. -¿Escuchaste lo que te dije? Dime que lo entendiste John, dime que entendiste lo que intenté decirte.
No. No entendió nada. Sinceramente no podía entender nada.
-Lo siento.
Ella soltó un suspiro. –Para Sherlock he buscado en un montón de lugares. Busque en cada casa de clase alta, cada omega disponible fue presentado a él y aunque estuvieron dispuestos para Sherlock él los rechazó, su propia aura rechazaba sin conocerlo. Estaba tan enojada con él porque había rechazado cada omega que entraba a este lugar; sin conocerlos, sin saber sus nombres, todos eran conscientes que eran rechazados por entrar a este lugar e incluso sin hacerlo a veces. –Sus dedos se movieron sobre el mantel, John notó el gesto nervioso, pensó en la señora Holmes y le deseo tranquilidad, ella pareció reponerse ya que la tensión en sus hombros pareció descender. –Noté que lo que buscaba no podría encontrarlo en la clase alta; nadie más sería como Anthea, personas como ellas sólo hay una. Decidí probar en el instituto de Londres. John, -ella sujetó su mano, John se tensó, -en cuanto te vi supe que eras tú. Sólo alguien como tú podría ser el indicado para Sherlock.
John separó su mano. –Lo siento… no puedo comprender que tengo yo que no tengan los otros… además de no tener un ciclo.
-¡Todo! –Exclamó ella mirándole con renovada determinación. –Todo, todo en ti es indicado. Anthea, tú y yo, ninguno tendrá un ciclo ante un alfa que no ame y que no nos devuelva el sentimiento, estamos ligados a una empatía que nos permite contener nuestra propia naturaleza. No has tenido ciclos no porque seas infértil, es porque no quieres tenerlos.
-Empatía… pero… entonces…
Ella negó. –No se trata de la empatía que buscan nuestros dirigentes John, no se trata de algo que puede controlar. Anthea o yo nunca hemos podido manejar a nadie, nunca obligamos a nadie a querernos, sólo damos la oportunidad, nosotros amamos y si ellos quieren aceptarnos estará bien. Anthea amaba al alfa al que estaba comprometida, pero él la negó. Yo quería a Arthur, quería darle felicidad pero nunca me abrí a él, fue hasta que me enamoré de verdad que le permití ver todo de mí. –Ella lo miró suavemente. –Pero tú John… te has cerrado a todos, apenas pueden percibir tu olor porque te has negado, has negado todo de ti, nunca crees que eres el indicado. Pero Sherlock te ha dado una oportunidad.
-Porque creé que nunca tendré ciclos. ¿Y si me enamoró? Entonces tendré ciclos y Sherlock estará tan frustrado, porque lo habré unido a mí, estará atado. Él no quiere eso. Él odia ser un alfa. –John sintió algo húmedo en los ojos, pero lo ignoró. –Por favor… déjele estar con un beta. Un beta es justo lo que él busca.
-Oh John… tú…
-Lo siento… pero eso es lo que pienso.
John se levantó, se disculpó con la mirada y se marchó.
~O=O~
Sus dedos chocaban constantemente contra el brazo del sofá, no. Las pruebas realmente no indicaban nada de lo que, supuestamente, el Detective Inspector había hecho, de acuerdo, dos de ellas indicaban suicidio, pero eran pruebas diseñadas para parecerlo, imposible que el hombre se hubiera suicidado arrojándose de la azotea, no cuando tenía la contusión en la cabeza y el esmalte enredado en el cabello. Pero qué común, un asesino por traición; además una mujer omega con supresores, si pudo matarlo signficaba una cosa, ellos eran amantes.
Tal vez… Sherlock sonrió.
Estaba engañando a su mujer –SH
Fue paciente mientras recostaba la cabeza contra el sofá.
¿De qué estás hablando?
¡No me molestes en horario de trabajo!
Sherlock soltó un bufido por lo bajo.
Su amante era una omega
La escena olía a supresores -SH
¿¡Estuviste en la escena!?
¡Voy a llamar a Mycroft!
Por favor, si no fuera el menos estúpido de todo el lugar hace mucho que hubiera dejado de molestarse, aún tenía esperanzas que Lestrade no fuera tan idiota, se lo había demostrado un par de veces y realmente deseaba no haber sido un crédulo con él.
-En lugar de estar encerrado aquí, deberías estar un poco más con John, ¿no lo crees, Sherlock?
-Vete Mycroft, no eres bienvenido. –Sherlock no hizo esfuerzo en levantarse, normalmente Mycroft se iba a la tercera, sólo tenía que esperar.
-Lo vi hace un momento con mami, -soltó, escuetamente, siempre que se refería a Melissa Holmes de esa manera, -cuando la dejó ella se veía preocupada. –Sherlock no tomó el mínimo interés en prestarle atención, mami siempre estaba preocupada, los omegas eran muy empáticos para su gusto. –John hizo una llamada a Londres, llamará a su familia para que vengan a recogerlo y le permitan volver al instituto.
Sherlock separó las manos. -¿Qué quieres decir?
Eso le hizo sentir mejor, Mycroft sonrió. –Justo lo que dije. John quiere volver al instituto, lo que me lleva a pensar que la idea de estar contigo le atormenta y le ha dicho a mamá que no quiere unirse contigo. Evidentemente tú no tienes idea de nada, tal es tu negligencia que no tienes la mínima idea de donde se encu-…
-¿Puedo pasar?
Mycroft se vio obligado a cortarse a sí mismo, Sherlock miró detrás del grande y gordo cuerpo de su hermano mayor para encontrar al pequeño rubio parada en medio del pasillo frente a la puerta de su laboratorio, asintió para John y Mycroft se quitó de enfrente dejándole pasar.
-¿Le has dicho a mi madre que no quieres unirte conmigo?
Sí, claro, cuando quieres un poco de tacto evita el contacto con Sherlock Holmes, porque era un idiota en ese campo (y muchos más, claro está). Mycroft soltó un suspiro y deseo que las cosas fueran más sencillas para John, el rubio estaba totalmente rojo, con el rostro hacia el suelo.
-John…
-Vete Mycroft, esto no es tu asunto.
Brevemente miró a ambos, primero a John y luego a Sherlock aceptó que nada de eso era su problema y salió del laboratorio. John se sintió enfermo entonces, así no era como planeaba decirle las cosas a Sherlock, quería que fuera en la noche, antes de dormir, para que ambos pudieran pensar un poco. Esto iba a ser complicado para él.
-¿Podemos sentarnos?
Pidió amablemente John, sin mirarlo, escuchó el movimiento de Sherlock en la alfombra, para finalmente sentarse en el sofá de cuero en el que siempre se sentaba. John se quedó de pie, no podía sentirse sumiso y ser ambiguo, necesitaba la comodidad de saber que si se sentía afectado podía marcharse de ahí.
-He hablado con… la señora Holmes.
-Lo sé, ¿por qué le has dicho que no vas a unirte a mí? Pensé que habíamos quedado en un acuerdo que yo iba a hablar con mi madre a partir de ahora. Además, acepté intentarlo.
John frotó un pie en la alfombra antes de hablar. –Pero no quieres a un omega; soy un omega Sherlock, tarde o temprano tendré ciclos, voy a ser una molestia para ti… Yo… le sugerí a la señora Holmes que tú podrías preferir a una pareja beta. No tendrá ciclos nunca, nunca pasarías por el frenesí; es justo lo que quieres.
Terminando eso lo miró y se amedrentó al percibir los ojos de Sherlock más fríos que nunca (verde, azules y amarillo, una combinación peculiar que John no pudo ignorar), John retrocedió en su lugar cuando Sherlock se levantó en sus más de ciento setenta centímetros. ¿Lo iba a golpear? Porque si lo iba a hacer John iba a permitírselo, no consultó nada con Sherlock y simplemente habló por hablar. Apretó los puños y cerró los ojos.
-No te voy a golpear John. No sé qué hice que te ha hecho pensar algo así de mí.
John abrió los ojos, despacio. –Te hice enojar. –Los alfas molestos golpeaban, era una regla universal, los había visto, su padre hacía eso a su madre. Cerró los ojos de nuevo.
-Y tengo mis razones, pero eso no significa que te vaya a golpear. –Se escuchaba enfadado de todas formas, no quería abrir los ojos y afrontarse a esos ojos, no de nuevo -Iré a hablar con mi madre.
John abrió los ojos en cuanto Sherlock giró en el salón y se encaminó a la salida. –Espera, ¿qué? ¡Sherlock!
~O=O~
Lo siguió por todo el corredor, bajaron escaleras y finalmente llegaron frente a una puerta doble, John lo sujetó del saco negro, sus dedos apretaron fuertemente la manga, sus uñas se incrustaron en la tela.
-Por favor, lo lamento, voy a decirle que me retracto, por favor Sherlock cálmate.
Sherlock colocó una mano sobre sus dedos y suavemente comenzó a quitarlos, uno a uno. –Quédate fuera de esto o no te dejaré pasar.
John apretó los labios en una línea firme, aceptó las palabras de Sherlock y soltó la tela, sus dedos blancos poco a poco cobraron color; finalmente Sherlock volvió la vista al frente, no abrió la puerta.
-¿Llamaste a Londres?
-¿Qué? –Desconcertado buscó los ojos de Sherlock pero éste no lo miró.
-¡Llamaste sí o no a Londres! –John asintió torpemente. –Entiendo.
Con bastante fuerza forzó la puerta y esta cedió con un fuerte movimiento, Melissa Holmes se encontraba sentada cerca de la chimenea de una espaciosa y elegante (todo en la mansión Holmes parecía elegante) sala con un libro en el regazo y una taza de té a su lado. Ella volvió la vista y enfocó a Sherlock, bajó la taza suavemente y cerró el libro, un separador dorado se mostró entre las páginas de un delgado papel, ella se veía cansada y John no pudo sentirse más incómodo.
-Bien, ¿qué necesitas Sherlock? –Ella miró detrás de Sherlock y notó a John, se puso más sería y miró el sillón de dos plazas frente a ella. –Siéntense chicos, supongo que tenemos que hablar.
-No. No voy a tomar mucho de tu tiempo madre. –Sherlock anunció, sujetó la muñeca de John y lo apretó, no fue duro pero tampoco suave, lo jaló obligándolo a estar a su lado y elevó la muñeca firmemente.
Melissa se veía angustiada ante la muestra de dominio; sin embargo John no se sentía dominado era… diferente. -Sherlock, no tienes derecho de mal-…
-Sólo voy a aceptarlo a él. Sólo voy a quedarme con este omega. Prepara la unión cuanto antes madre. Quiero irme con John a Londres.
John lo miró, sus ojos grandes y azul-musgo (el color miel había desaparecido) miraron a Sherlock con asombro. Sherlock le soltó la muñeca, lo tomó de los hombros y depositó un suave beso sobre sus labios y lo soltó. Así como entró fue tal como se fue. John estaba demasiado asombrado como para hablar, moverse e incluso pensar. Melissa comenzó a reír, carcajadas salieron de sus finos labios, llevaba un lápiz labial pálido que hacía lucir sus labios firmes y severos, pero en este momento parecía feliz.
-Oh. Oh. Mycroft, como siempre, metiendo la nariz en cosas que no son de tu incumbencia. –John giró, descubriendo al intruso, en el otro sofá de una plaza Mycroft se acomodaba como un rey, una suave oscuridad lo cubría parcialmente. –Muchacho entrometido.
Pese a ello, la señora Holmes se veía muy feliz. Mycroft le sonrió. -¿Pudiste comunicarte con tu hermana, John?
John asintió, se sintió torpe, sabía que algo no estaba bien. –Dijo que estaba bien, que todo con Clara iba mejor, ¿por qué me pediste llamarla?
Mycroft se encogió de hombros. –Nunca debemos perder contacto con la familia John, y Harriet Watson es tu única hermana. Debemos invitarla madre.
-Por supuesto, claro que sí. También a la querida Clara.
Frunció el ceño, entendió entonces.
-Ustedes… ¡Son egoístas! No pueden presionar a Sherlock. ¡Lo que hicieron estuvo muy mal! Yo… ¡Realmente no entienden nada!
John salió de ahí; Melissa lo miró partir al igual que Mycroft, ella se sentó suavemente en el sofá y sonrió. -Es lo mejor. No puedo creer que quien lo encontró fuimos nosotros. –Miró a Mycroft. –Es el único que podrá hacer feliz a Sherly.
Mycroft no aceptó o negó, pero en algo estuvo de acuerdo: no podía creer que lo hubieran encontrado ellos.
~O=O~
John no encontró a Sherlock en el laboratorio, lo que le llevó a pensar que estaba en su habitación y no iba a entrar a su habitación. Realmente quería entrar y decir que Melissa Holmes y Mycroft lo habían hecho todo y él no tenía nada que ver. Realmente no podía creer que ellos llegaran a ese punto para forzar las cosas, John estaba molesto. Todo lo que hicieron, para provocar a Sherlock, fue egoísta, no merecía ser obligado de tal manera. No podían forzarlo a la unión si no quería y John iba a reclamarles y gritarles un poco más.
Primero tenía que aclarar las cosas con Sherlock.
Bien, no podía entrar a su habitación, pero tal vez podría preguntar si estaba ahí. John entró al estudio y caminó hasta el extremo del laboratorio, lo que debería ser una antesala Sherlock lo había transformado en un laboratorio, la puerta de su habitación se encontraba en el fondo, una gran puerta rojiza (presumiblemente caoba). Tragó saliva antes de tocar dos veces. Sólo dos veces bastaron para que una mujer, una señora de avanzada edad, abriera la puerta y le sonriera.
-Hola, tú debes ser John, ¿buscas a Sherlock? Probablemente está en el jardín, en el invernadero, ahora mismo estoy recogiendo la ropa sucia. Por cierto, soy Martha Hudson, vengo a la mansión Holmes cada tanto para limpiar un poco este lugar.
Tentativamente retrocedió. –Muchas gracias… señora Hudson.
-Oh querido, tú debes ser John Watson, el omega de Sherlock. –Ella lo examinó y luego sonrió como si lo que estuviera viendo le gustara. –Esta vez me atrase un poco y en cuanto llego me dicen que Sherlock consiguió un omega; anda ve, Sherlock suele tocar el violín en el invernadero cuando quiere pensar, pero da igual, eres su omega.
John se desinfló lentamente. –Aún no estamos unidos, además, yo no he tenido ciclos, vamos a unirnos simbólicamente…
Ella frunció el ceño, como si no entendiera. -¿Y eso qué? Sigues siendo al que Sherlock eligió, él nunca hubiera aceptado a alguien que no le interesara nada.
Probablemente la señora Hudson fue la más sincera de toda la casa, John sintió que podía confiar en ella. –Gracias Señora Hudson… permiso.
La Señora Hudson sonrió. –Ve querido.
El invernadero estaba en el patio norte, formaba parte del patio trasero pero no tan cerca de la salida como el jardín donde la señora Holmes tomaba el té. John caminó todo el tiempo lentamente, esperando que Sherlock se atravesara en su camino, la idea de interrumpir sus actividades le desagradaba, él mismo se sentía invadido cuando interrumpían sus actividades. Claro, ahora no tenía absolutamente nada que hacer, pero cuando lo hacía odiaba a todo el mundo que se metía en su camino.
Fue tan lento que cuando llegó al patio trasero ya pasaban de las dos de la tarde, no había tomado el té y sabía que había perdido su almuerzo también… en fin, Sherlock lo valía, tenía que decirle lo que había sucedido. Suponiendo que no lo supiera ya. El chico era muy listo, seguramente ya había deducido todo y ahora estaba molesto… Bien, John supuso que era muy imbécil si seguía el camino hacia el invernadero, ¿por qué meterse directo a la boca de lobo si nada de eso había sido culpa suya?
Bien, mejor no ser tan idiota e irse de ahí, al final las cosas ya estaban hechas, no fue culpa suya, así que no iba a meterse con Sherlock ahora, no quería entrar en su enojo, si tranquilo era tan extraño no quería verlo molesto.
-John, ¿qué haces aquí?
Bien, bien, plan B… Lástima, no existía un plan B, pero iba a improvisar. –Ah… hora del té… ¿Quieres tomar el té conmigo?
Sherlock ladeo la cabeza. –Oh John, eres un mentiroso terrible. ¿Qué es?
Lo sabía, John retrocedió hasta que su espalda estuvo bajo el umbral de la puerta. –Veras… sobre la llamada a Londres…
-Creo que quedó claro, vamos a unirnos. –Sherlock frunció el ceño, el montón de rizos oscuros se veía bastante bien bajo el sol. -¿Por qué hablar de ello de nuevo?
-No, no entiendes. –John dio un paso más lejos, Sherlock miró sus pies, notando su movimiento. –Yo llamé a Londres porque Mycroft me dijo que llamara a mi hermana. No llamé a Londres por nuestra unión o porque quisiera marcharme… planeaba hablar contigo esta noche. Decirte que no quería incomodarte, llegar juntos a una solución. Todo lo que sucedió fue…
-Lo sé. –Sherlock se acercó, John retrocedió, los ojos de Holmes eran brillantes en la oscuridad, el azul predominaba sobre los otros tonos, eran tan bellos como el mercurio líquido. –Todo fue planeado por Mycroft, lo sé. Pero nada de eso influyó en mi decisión. –John retrocedió un poco más. –John, deja de retroceder. –Soltó suavemente, como si supiera que estaba asustado. –Sabía que ibas a cansarte de la situación, lo estuve pensando toda la semana, después que hablamos sobre tus ciclos.
-No quiero hablar de eso. –Retrocedió. –Sólo quería decirte que aún puedo irme, esto no tienes que ser defini-…
-Es definitivo. No retrocedas. –John no hizo caso, retrocedió un poco más, Sherlock le sujetó del codo. –John, si tengo que sufrir la compañía de alguien, al menos espero no sufrir nada; aceptó todo de ti John, inclusive esa parte omega que aún no permites que alguien vea.
Esto no, no era lo que esperaba.
John jaló bruscamente su brazo, soltándose del agarre suave de Sherlock, porque estaba enfadado y sorprendido, tal vez más enfadado que lo otro (en el fondo era consiente que estaba asustado).
-Me besaste.
Sherlock se veía francamente aburrido y confundido (confundido porque no podía creer que John fue tan estúpido). –Era para dejar todo claro para mi madre y Mycroft. No quiero que nadie se meta más en esto; sólo nos concierne a ti y a mí. –De nuevo habló como si todo fuera obvio, pero no lo era (no para John).
-No quería que me besaras. –John retrocedió y apartó la mano de Sherlock, la que quería detenerlo de nuevo. –No así, no frente a ellos. No para probar a nadie nada. No…
El rostro de Sherlock mostró sorpresa. -Oh. Oh. John, no sabía que ese era tu primer beso. Realmente me halaga que yo sea tu primer beso y…
-¡Ya basta!
John gritó, Sherlock cerró la boca, pero eso no dejaba de hacerle sentir ridículo y avergonzado. No quería una unión en esos términos, no quería sentirse idiota. Todo era horrible y no sabía que hacer porque sus nervios se habían destruido. Giró lento, mirando el suelo y comenzó a correr.
-¡John!
La familia Holmes era horrible.
Ahora, realmente, quería volver a Londres, quería volver al instituto. Todo esto era horrible.
~0~
Gracias por leer y los comentarios. Antes que nada espero que la historia sea de su agradado, cualquier duda, sugerencia o un simple '¡Tu historia me gusta!' es más que bienvenido (enserio, es muy bienvenido ;) ).
-Nixse
