Disclaimer: Hetalia no me pertenece, es obra del maravilloso Himaruya Hidekaz, al igual que sus personajes! A excepción de mi OC, Andrea Hernández [México]~


La cabeza le dolía y pesaba tanto como si la hubiesen golpeado repetitivamente con un bolso lleno de ladrillos, le hubiesen amarrado los brazos y piernas y la hubiesen lanzado a un lago poco profundo. Tardó en lograr disipar el fuerte aturdimiento que sentía y en recuperar por completo el movimiento de sus brazos y piernas, que estaban entumecidos y helados. Tardó varios minutos en recordar su situación y, en cuanto lo hizo, volteó a ver desesperada a su alrededor.

— ¡ELIZABETA! —Un grito, de una voz muy familiar, la tomó desprevenida. Su primer instinto fue alejar a aquella persona de golpe, ahogando un chillido de terror, pero se tranquilizó al reconocer a la figura que la abrazaba con tanta fuerza. A pesar de que no podía verle el rostro por la posición en la que se encontraban, el par de florecitas rosadas que adornaban su cabello eran inconfundibles.

—Mei Mei, ¿Estás bien? ¿No estás herida? ¿Te han hecho algo? —Inquirió, verdaderamente preocupada, mientras trataba de calmar a su amiga, que sollozaba y temblaba. Tardó un buen rato en lograrlo, hasta que ésta por fin se separó de ella y le observó detenidamente, con los ojos rojos e hinchados. Luego, hipando, negó con la cabeza y se limpió las lágrimas con las mangas de su suéter.

—N-No, yo…yo estoy bien. Me duele un poco la muñeca, porque me arrebataron muy feo el celular, pero no estoy herida—Explicó, con voz muy baja, mientras desviaba la mirada hacia sus manos, con algunas lágrimas resbalando por las mejillas. Elizabeta se sintió mal, y por un momento creyó que ella también iba a comenzar a llorar. Sin embargo, logró controlarse. Mei Mei lucía muy agotada y parecía que llevaba rato llorando, por lo que comenzó a preguntarse por cuánto tiempo habría dormido.

Examinó con la vista el lugar en el que se encontraban, minuciosamente. Era muy extraño y tétrico, y sin duda alguna aterrador. No había nada en especial que lo hiciese parecer así, salvo que lucía muy antiguo y el ambiente era aún más congelado que el que había afuera. Era una habitación muy simple, pequeña y claustrofóbica. A pesar del frío no tenía ninguna ventana, y había una única puerta de acero de aspecto imponente frente a ellas. No tenía absolutamente nada. No mesas, no sillas, no nada. Estaba pintada de gris, y solo un pequeño foco iluminaba débilmente el lugar.

Un escalofrío le recorrió la espalda, y se acurrucó aún más en su suéter. Sólo entonces, por el peso, se dio cuenta de ambas tenían una especie de brazaletes en las muñecas y en los tobillos. Al entrecerrar los ojos, mover los brazos y observarlos más de cerca, notó que eran de alguna clase de metal. Un metal muy pesado. Averiguó también que, si intentaba moverse con mucha brusquedad, éstos le hacían daño por su peso.

Sus temores se confirmaron.

—Mei…Nos secuestraron, ¿No es así? —Su tranquilidad no pareció ayudar en nada, pues la taiwanesa comenzó a llorar de nuevo apenas escuchó esa pregunta. La húngara se mordió levemente el labio inferior, y se esforzó por contener las lágrimas. Paseó una última vez la mirada por la habitación. —¿En dónde están las demás?

El llanto de Mei Mei se intensificó, y ella tuvo que apretar con mucha fuerza los puños para contener unas cuantas lágrimas también. Pero, finalmente, dos traicioneras se escaparon de sus ojos. Se las limpió al instante, ahogando un sollozo, y abrazó a su amiga con fuerza. El verdadero miedo se hizo presente entonces.

—C-Cuando…cuando yo desperté, ya no estaban Stephanie, Richelle y Adrienne. Emma y tú continuaban inconscientes, y sólo Andrea estaba despierta. Ella sí lucía herida, porque parece que trató de enfrentarse a uno de ellos…-Murmuró la joven, aferrándose con fuerza a la mayor y temblando incontrolablemente. —Apenas Emma despertó, noté que ella también estaba herida. Traté de hablar con ellas, pero mi cuerpo aún no reaccionaba, y entonces ellos…ellos se las llevaron, y estaban armados.


El temblor de sus manos simplemente no cesaba, y él no hacía nada por evitarlo. Por todo lo contrario, se dedicaba a tomar toda la Coke y el café que su madre le permitía, sin dejar de dar vueltas por toda la estación de policía ante la mirada angustiada de la misma. Alison trataba de tranquilizar al joven con sus palabras, e incluso intentó quitarle su taza de café, pero no tuvo éxito alguno. Por otro lado, el General Jones le dedicaba a su hijo una mirada severa y fría que no ayudaba en nada a tranquilizarlo.

Shit, shit, SHIT—Gritó, frustrado, mientras le daba una fuerte patada a uno de los pesados botes de basura del lugar, botándolo y logrando que todo su contenido se vaciara a su alrededor. Su madre le miró, aún preocupada, y soltó un pesado suspiro al notar la mirada cada vez más dura de su esposo. Igual de nerviosa que Alfred, la mujer se acercó al General y lo abrazó por el brazo, recostando la cabeza sobre su hombro.

—Si sigues comportándote con esa inmadurez, te sacaré a patadas de aquí—Espetó con frialdad el rubio mayor, sin un solo pequeño ápice de compasión en el rostro. Alfred alzó la mirada, rebelde, y enfrentó a su padre con ella. Luego volvió a patear con mucha fuerza al bote de basura, esparciendo aún más su contenido. Entonces la paciencia del mayor comenzó a agotarse —Alfred Frederick Jones. Cometiste una estupidez, y VAS a afrontar las consecuencias como un verdadero hombre. Y no como una vergüenza para tu país.

Alfred volvió a patear el bote de basura, ésta vez logrando abollarlo un poco. Su padre le fulminó con la mirada de nuevo, y el joven supo que, de no ser porque su madre se encontraba reteniéndolo en ese momento, hacía tiempo que estaría exhibiendo un gran bofetón. Soltó una maldición y bufó con exasperación, sin apartar la mirada de la del General.

—Yo no estoy huyendo de las consecuencias. Es más, estoy impaciente por afrontarlas, en lugar de quedarme aquí parado sin hacer nada como un completo estúpido—Espetó, casi escupiendo las palabras de lo furioso que se encontraba, faltándole el respeto a su padre de todas las maneras existentes posibles. En varias ocasiones ya había quedado mal parado por haber osado enfrentarlo con la mirada, y aún así no parecía dispuesto a dejar de hacerlo. Su madre le miró con desaprobación y una angustiada mezcla de preocupación.

—No puedes ir afrontar tus idioteces más importantes cuando ni siquiera has pagado por tus estupideces más minúsculas—El General se soltó del agarre de su esposa, sin alterar ni un poco su semblante, para acercarse cada vez más a su hijo. Alfred le miró, con los ojos entrecerrados, como una fierecilla que aguarda impaciente para saltarle encima a un animal más grande que ella misma. En tales condiciones el jovencito lucía como un perro guardián entrenado para atacar a cualquiera con su mismísimo entrenador en frente, pero amarrado a un poste que le impedía lanzarse sobre él.

Forcejeó un poco cuando su padre le arrebató el iphone de las manos, y no apartó su mirada desafiante ni por un segundo. Contuvo un pequeño gruñido cuando el mayor comenzó a revisar el móvil, deslizando su dedo por la pantalla. El ceño del General poco a poco se fue tornando más y más duro, hasta que finalmente las manos comenzaron a temblarle de furia.

Explain to me. What the fucking hell is this? —Inquirió, entre dientes y dirigiéndole una mirada iracunda al niño. Alfred no se mostró asustado, ni se encogió en su lugar ni mucho menos. Por todo lo contrario, tenía que apretar con mucha fuerza los puños para evitar responderle a su padre varias cosas que habrían sido merecedoras de los castigos más duros mientras observaba, con los labios fuertemente apretados, la pantalla de su celular. La ventana abierta era Facebook.

—Se llama Facebook, old man. Podrías intentar actualizarte un poco, hasta los más idiotas lo conocen— Se burló, sonriendo ladinamente, justo antes de recibir el bofetón que se tenía bien merecido desde hace rato. Su madre, sus amigos presentes y sus respectivos padres voltearon a ver horrorizados la discusión que padre e hijo tenían, interrumpiendo sus propias pláticas sus por un momento.

Todos menos Arthur, quién también se encontraba demasiado ocupado enfrentando la mirada de su propio padre.

—Sigue comportándote como un idiota, que a mí pocas ganas me hacen falta para sacarte de aquí y enseñarte ahora mismo a respetar a tus superiores.

Alfred se pasó la mano por la zona afectada sin soltar un solo gemido de dolor que le diese el gusto al mayor de enterarse de que le había dolido, y no apartó la mirada ni por un segundo. Sin un solo ápice de miedo, sin arrepentirse de lo que había dicho.

—Yo me refería a la estupidez que escribiste aquí. A las muestras de inmadurez extremas y de poca consciencia que tienes. De lo vulnerable y débil que nunca me imaginé que fueras—Cada palabra resultaba un pinchazo cada vez más profundo en el orgullo del menor, y su propia furia se hacía evidente en las expresiones de su rostro. No tuvo que pensar siquiera para darse cuenta de lo que hablaba su padre: Se refería a todas las publicaciones y fotos que había subido al lugar. —Si yo fuera un secuestrador, me habría llevado a éste montón de mocosos idiotas desde hace años. Qué vergüenza me das.

Apretó con mucha fuerza los puños, y trató de contener toda la ira que quería salir, sin éxito alguno.

Go To HellLa claridad de su pronunciación y el empeño por soltar todo su enojo en tan pequeña frase fueron merecedores de una bofetada aún más fuerte que la anterior. Ésta vez su madre sí que gritó, y fue corriendo para auxiliarle entre lloriqueos. Él, sin embargo, se aguantó todos los insultos y gemidos de dolor que se acumulaban en su boca golpeando la pared con un puño. Al principio no opuso resistencia al abrazo de su madre, pero después la apartó con toda la suavidad y tacto que fue capaz de lograr.

—Tú conoces las reglas, Alfred. Ya no eres un ningún mocoso ignorante—Su padre comenzó a caminar frente a él, con los brazos tras la espalda y erguido tensamente, casi marchando. — ¿Quieres tomar? Pues bien, ve y prueba y toma todo lo que quieras. Pero a mi casa no entras ebrio. ¿Quieres exponerte de manera idiota en una red social que todo el mundo puede ver o hackear, aún cuando el trabajo de tu padre te ha demostrado lo poderosas y peligrosas que son? Pues bien, hazlo. Pero sólo exponte a ti, no a todos tus compañeros. El único que debe pagar por tus estupideces eres tú mismo. Es injusto que los demás sufran por tu inmaduro descuido.

Ésta vez las palabras tuvieron más el efecto deseado en Alfred que todas las anteriores. El niño de pronto pareció relajar sus extremidades, y en su rostro apareció una expresión de culpabilidad y frustración. Luego, sin embargo, evidentemente enfadado con sí mismo volvió a tensarse. Ésta vez no le impidió a su madre abrazarlo, y observó desde su hombro a su padre con recelo, apretando con mucha fuerza los puños. Las caricias de su madre apenas y pudieron hacer que se relajase un poco, pero eso no impidió que continuara fulminando con la mirada al General.

—Ahora estoy siendo suave contigo. En cuanto se resuelva esto y esas niñas estén a salvo, te va a ir peor—Aseguró su padre con frialdad, antes de darse la media vuelta e irse hacia dónde se encontraban los policías y algunos otros militares investigando el caso.

Alfred solo soltó un gruñido como respuesta, antes de que el mayor desapareciera tras la puerta de la oficina del Jefe de Policías, desde dónde se escuchaban los sollozos desesperados de las madres de las niñas desaparecidas. Escuchó como su mamá lo tranquilizaba con palabras mientras le hacía cariños en el cabello, y lo único que hizo fue separarse de nuevo de ella con toda la suavidad que fue capaz de lograr.

—Ya no soy un niño, Mom—Espetó, sin un matiz de voz que definiese con exactitud su estado de ánimo. Era como una mezcla de enojo y frustración hacia sí mismo, y no hizo nada más que angustiar a su madre, que lo observó alejarse en dirección a donde se encontraban la mayoría de sus amigos con una expresión de preocupación.

Algunos de los padres habían acudido corriendo en cuanto se enteraron de lo que acababa de pasar; tanto de los chicos como de las chicas, pero los segundos se encontraban a mitad de una importante reunión con las autoridades disponibles. Otros que se encontraban a mitad de algo importante, como los padres de Kiku, no habían podido hacer nada más que llamar a sus hijos para asegurarse de que estuviesen bien y para consolarlos en contra de su voluntad. Ellos se mostraban reacios a creer que había algo de lo cual necesitaban ser consolados.

Shit—Fue la única palabra que volvió a salir de los labios de Alfred en cuanto se reunió con los demás, sin dirigirles la mirada o palabra algun . Todos permanecieron en absoluto silencio, incluso los padres. Las única voz que continuaba escuchándose era la del Jefe de Policías, que aún continuaba riñendo a su propio hijo.

Arthur le observaba con una mirada no muy diferente a la que Alfred le había enseñado a su propio padre. Con los puños fuertemente apretados, él simplemente se mostraba reacio a ver al mayor a los ojos todo el tiempo. Prefería esquivar su mirada, faltándole el respeto de igual manera, ceñudo y sin ánimos de escucharlo. Su madre lo escuchaba todo de cerca, pero permanecía callada y con la mirada clavada en el suelo, con los labios fruncidos. No se atrevía a comentar.

—Me importa un demonio si no dependía de ti, Arthur. Tu responsabilidad como caballero inglés y como portador del apellido Kirkland era cuidar de esas niñas. ¡Si el hijo de los Jones es un idiota, no me interesa! Tú sabías que los habían citado a las ocho en punto, tú sabías que ellas llegarían puntuales, tú sabías que ese parque es poco seguro y sobre todo tú sabías lo vulnerables que son tú y el resto de los mocosos en éstas calles. ¿Qué no es lógico que estén más expuestos que cualquiera en las calles de Nueva York cuando muchos son hijos de embajadores? ¿Cuándo sus padres desempeñan puestos tan importantes? —El Señor Kirkland permanecía firme y autoritario frente al niño, con las gruesas cejas que le había heredado fruncidas hacia el puente de su nariz. No le hacía ni un poco de gracia que el menor pareciese tan decidido en ignorarlo—Arthur Kirkland. No seas cobarde y mírame a los ojos.

El joven no respondió. Permaneció con la mirada firmemente desviada y con los puños fuertemente apretados, tan agitado por toda la furia que contenía que lo único que se escuchó durante ese pequeño silencio fue su fuerte y rápida respiración. Su expresión era casi tan furibunda como la de su padre, pero sus rasgos aún eran demasiado jóvenes y suaves como para serlo.

I'm not a coward. And i don't need to see you. Es suficiente con escuchar las estupideces que dices. —Le respondió con sequedad y ni una pizca de respeto, recibiendo una mirada desaprobatoria de su escandalizada madre. El mayor simplemente endureció más su mirada, mirándolo con fría severidad y advertencia. Aún así, el menor de los Kirkland no volteó en ningún momento. —No me interesa qué pienses sobre mí. Yo hago lo que yo quiera.

—Necesitas mucha más disciplina, Arthur—Espetó con aspereza el mayor, con un tono de voz que provocaría escalofríos a cualquiera. Pero ni siquiera eso fue suficiente para hacer que el joven volteara. Por todo lo contrario, Arthur esbozó una sonrisa burlona, y le dio la espalda a su padre. —Tienes suerte de que ahora mismo esté ocupado. Pero sigue comportándote así de incompetente y te enterarás de lo que es verdaderamente bueno.

Después de eso, su padre se retiró a su oficina, dispuesto a iniciar con la tan ansiada junta que los padres esperaban desesperados. Arianne observó a Arthur con el ceño levemente fruncido y luego suspiró, negando con la cabeza. Entonces, después de haberle dado una pequeña palmada en la mejilla a su hijo a modo de reprimenda, se fue hasta dónde Alison y ambas siguieron a sus esposos por la oficina del Jefe de Policías.

Los demás adultos presentes enseguida se pusieron de pie, se despidieron de sus hijos y entraron a donde se celebraría la importante junta. Dejando a los menores solos en la estación, desbordando nerviosismo y preocupación que eran casi palpables. Todos furiosos consigo mismos.

Pasaron unos minutos de incómodo silencio antes de que Alfred —con una mejilla roja e hinchada y una mirada fulminante— se dirigiera a paso decidido y pesado hasta dónde Arthur, quién le devolvió una mirada asesina. Las miradas tan cargadas de veneno y furia por un momento hicieron que los demás se tensaran, pues ambos parecían a nada de agarrarse a golpes por una razón desconocida.

— ¡ALFRED! —Gritó Gilbert cuando, sin previo aviso, el aludido tomó con fuerza por los hombros a Arthur y lo empujó sin delicadeza alguna contra la pared. El inglés soltó un leve gemido de dolor, pero aún así continúo mirando de manera fiera a Alfred, que le veía directamente a los ojos.

Andrei, Gilbert y Francis no perdieron tiempo y se levantaron al instante de sus lugares, dispuestos a detener al norteamericano, incrédulos. Ellos habían jurado que, a pesar de ser tan impulsivo, Alfred tenía más autocontrol sobre sí mismo. Pero ahora ahí estaba, a punto de golpear a su mejor amigo de la infancia.

No lo iban a permitir. Estaban preparándose para detenerlos apenas se diesen el primer golpe, justo cuando algo los tomó por sorpresa. Y era, impactantemente, el hecho de que Arthur no se estaba defendiendo ni parecía dispuesto a hacerlo. Se dedicaba a mantenerle la mirada a Alfred, muy serio y furioso. Tan furioso como él.

— ¿Aún lo tienes contigo? —Preguntó el más alto, con los ojos entrecerrados y los puños fuertemente apretados en torno a los hombros de Arthur. Era un agarre brusco y fuerte, pero el otro no mostraba señales algunas de dolor en el rostro. Alfred estaba furioso, pero no parecía dispuesto a atacar al inglés.

Of course. Nunca en mi sano juicio le daría algo de tal importancia a mi padre—Respondió Arthur, con un deje de petulancia en la voz y una sonrisita arrogante en las comisuras de los labios. Nadie entendía nada, y se limitaron a observar cómo Arthur sacaba un papel arrugado y maltratado de uno de sus bolsillos.

Era la nota del secuestrador. La única pista que les habían dado.


¡Me encantó hacer tan estrictos a los padres de Arthur y Alfred! Dos jóvenes rebeldes con unos padres tan estrictos...¡Una verdadera explosión! Espero que les haya gustado éste capítulo, y muchas gracias a LaLa [Isa] por el review! Realmente me hizo muy feliz! c: Thanks!

¿Reviews?