CHAPTER III

Jasper había sido su mano derecha desde siempre. Desde que podía recordar le debía su vida a ese hombre que cuidaba su espalda como una misión. Al igual que Emmet. Su hermano. Pero antes de que comenzara a hablar lo detuvo.

-Espera. ¿Quién está con ella?

-Emmet.

-De acuerdo. Empieza.

Jasper era un ex perteneciente de los marines. Donde había equipado junto a Emmet en agrupaciones hacia Irak y el medio oriente. Un militar especializado en inteligencia y estrategia de combate. Tenía una jodida mente capaz de todo lo que se fuera difícil. Sus dotes los habían llevado a interceptar en los negocios de la droga y obtener los beneficios. La Bestia era el jeque londinense. Su cabeza estaba valuada en lingotes de oro. Pero el trabajo no solo venía desde su mismísimo trabajo personal, sino de sus ayudantes. Con Jasper en la organización de las tácticas, con Emmet en combate, se sentía invencible.

-Tengo los puestos cubiertos. Emmet hizo una pericia de tres cuarteles del este. Notó algo raro, esta mañana lo analicé y sí, hay algo raro.

-¿Raro?

-Un patrón desconocido, pero tan malditamente obvio que parece tener un cartel led.

Bestia relajó su espalda y negó lentamente con la cabeza, perdiendo su vista a un costado.

-La policía.

-La federal.

-¿Alguien más?

Jasper rió mientras asentía.

-Es una pesca, de la grande. Te de verdad te quieren ¿sabes?

-Bastardos.

Gruñó. La última vez le había costado millonadas conseguir una tregua entre su negocio y la policía. La corrupción corría hasta por las manos más blancas y los rostros angelicales que pudiera haber. El cinismo se escondía con una máscara y el gobierno se aprovechaba de ello mismo.

-¿Por qué me quieren? Teníamos un trato.

Jasper tomó la severidad de la que siempre hacía acopio.

-El trato está perdido. Hay que conseguir uno nuevo, pero será muy difícil. Vanner, el único que te protegía apareció muerto hace doce horas.

-Mierda.

Se puso de pie para caminar por la habitación. En una pared lateral había tres monitores enseñando cada movimiento en el cuartel. Su vista se detuvo en una esquina. Solo en ese monitor se veía su dormitorio. Un pequeño bulto convertido en un ovillo a un costado de la enorme cama doble. Sintió una punzada en el pecho. Se giró hacia el gran cuadro con el mapa local, plagado de post-it amarillos, notas codificadas y rutas marcadas en rojo. La mesa de madera con siete sillas. Suspiró inquieto.

-Él era la cabeza ¿qué mierda sucedió? ¿Sospechas de alguien?

-Siempre sospecho.

-Lo sé. ¿Entonces?

Regresó a su lugar en la silla.

-Del único que te quiere realmente muerto a costa de lo que sea.

-Black.

-Así es. No hay otro motivo. Lo único que se me escapa, es el cómo hizo para saber eso.

Cruzaron miradas hasta que legaron a una conclusión mental. Bestia se dejó caer en el sofá.

-Imposible.

-Es en lo único que puedo pensar.

-Charlie no podría traicionarme.

Jasper se puso de pie. Eso significaba dos cosas. Que él si creía en la traición y que ya tenía un plan, mucho antes de haberlo consultado con él.

-No olvides que él tiene información importante y poderosa, así como tú lo quieres fuera del mapa hay quienes lo quieren de su lado gracias a eso mismo. Si Black tiene información, la única respuesta en la que puedo llegar es en Swan.

-O en quién le dio la información a Charlie.

El beneficio de la duda latió entre ambos. Jasper era decidido y determinado como él, pero él no estaba pensando en la chica que dormía en la habitación de al lado. A la que le debía la verdad, a la que darle un futuro seguro y sobre todo, a la que le debía el honor de su padre por más de que todas las pistas dijeran justo lo contrario a lo que creía. Necesitaba saber la verdad.

-Algo pasó y no podemos quedarnos para saberlo. Mañana iremos por esa última entrega, estaremos listos para una emboscada. Prepara tus cosas porque nos vamos, tiempo indefinido.

Asintió. Se quedó a solas con sus pensamientos. Si Black lo quería fuera del negocio fuera cual fuera el costo, entonces era porque se sentía amenazado. Entonces debería comenzar por allí. Investigarlo, saber cómo funcionaba y lo que quería lograr con aquello. Porque si de algo estaba seguro, era de que no se quedaría a merced de los deseos de su enemigo. Jamás. Aunque la vida se el fuera en ello.

Pero para eso, tenía que saber quién de los suyos, era el traidor.

Regresó a la habitación, y antes de que pudiera entrar oyó el suave gemir de la chica. Frunció el ceño. Se adentró y se quedó de piedra. Ella estaba aferrada a una almohada con fuerza, y lloraba. No lo había oído entrar y de la misma forma, se retiró. No quería irrumpir ni violentar su pena. Se le encogió el estómago.

Tomó su intercomunicador para dar justo con Jasper.

-Planea todo para primera hora. Quiero estar fuera de este lugar antes de media mañana.

.

Ataviado en su equipo negro, cargó su rifle y tomó un lento suspiro. Tener que decidir a quién dejar con la chica había sido la decisión más difícil. Pero dejó a Emmet. Jasper tenía cuantificadas las caras conocidas y las entradas para poder infiltrase. En cambio podía presidir de la fuerza bruta de su segundo hombre. Bajó de la camioneta y fue cubierto por sus guardias. Para su mera importancia, hacer un aparición personal, corría bastante peligro de ser arrestado y para ser sincero, era demasiado estúpido cuando su mano derecha le había advertido que estaban esperándolo.

Pero no se sentía ajeno al problema, tocaba demasiado cerca. No toleraba la traición y todavía, quería saber quién lo había dejado al descubierto y por qué Charlie era el único que sabía toda la información.

Todavía no había amanecido. Las calles estaban oscuras y según su hombre de vigilancia, no había registro de movimiento. Tenían luz verde para avanzar.

-Esperen.

Bestia detuvo el avance. Todos se giraron hacia él.

-Haré esto solo.

Como si se tratara de una broma de mal gusto, vio diferentes reacciones. Jasper lo detuvo con una pesada mano sobre su pecho.

-No.

Pero no podía dejar que nadie supiera lo que iba a pasar en esas cuatro paredes. Esto era personal. Le importaba una mierda que estuvieran esperándolo. Tenía que hacerlo solo.

-Si, así se hará. Jasper solo llegarás hasta la puerta de la entrada. De ahí, estaré solo.

La mente de Jasper comenzó a considerar las opciones. Podrían estar esperándolo dentro, una verdadera emboscada y él estaba entregándose en bandeja. Pero antes de que pudiera detenerlo, él ya avanzaba por la noche directo hacia la casa.

El silencio era ensordecedor. Aunque lo único que podía oír era el latido acelerado de su corazón, la adrenalina le corría agresiva por todo el cuerpo. Respiró profundo y se adentró en el jardín para dar con la puerta de la cocina. Se aventuró por la mirilla, estaba oscuro y no se veía movimiento alguno. Esperó a oír algo. Pero no oyó nada. Forzó hábilmente la entrada y dejó abrir la puerta de par en par. Esperó. Se arrastró por el suelo y analizó lentamente el lugar. Despejado.

Su chicharra vibró, y una voz habló a su oído.

-¿Cómo va?

-Despejado.

Cortó la comunicación y se deslizó dentro, aplicando todos y cada uno de sus entrenamientos de sigilo. Llegó a las escaleras y miró alrededor antes de subir. Un ataque por detrás era de estúpidos. Subió de dos en dos. Agradeciendo a los acolchonados escalones por el silencio que prosiguió. Se mantuvo detrás de una pared y se acercó al suelo para mirar por le pasillo.

-Despejado.

Murmuró desconcertado. Prosiguió rápidamente, con el arma en alto. La única línea de luz provenía del despacho de Charlie. Tomó un suspiro y abrió la pesada puerta de madera oscura. En el mili segundo que tardó en abrirse, sintió que se le detenía la respiración. Todo podía ocurrir en un minuto o dos. Como morir.

-Estaba esperándote.

Despejado. Bajó el arma apenas un poco y miró a sus alrededores antes de entrar a paso inseguro. Midió los costados y los posibles escondites. Nada. Cerró tras él.

-¿Lo tienes?

Charlie dejó un sobre grande frente a él.

-Todo lo que querías.

Se acercó hasta él, notando los surcos oscuros debajo de sus ojos. Cansancio y agotamiento. Pero tan pulcro como lo recordaba. Dejó caer el arma a un costado y analizó el contenido. Abrió una carpeta con fichas y fotografías. Listas de personas y cargamentos. Direcciones y contactos. Todo lo que necesitaba para llevar el imperio de Black al infierno.

-¿Cómo lo conseguiste?

Por primera vez en mucho tiempo, Charlie Swan sonrió de verdad.

-Estamos del mismo lado...

Charlie iba a soltar su nombre, pero todavía no quería ser hombre muerto.

-No tengo un lado.

-Exacto.

Entonces lo miro fijamente. Charlie estaba ciertamente nervioso.

-¿Qué quieres decir?

-Estuviste jugando con ambos bandos, Bestia. Debes saber que eso tarde o temprano pasa factura. No tienes amigos en ninguno de los dos lados. Estás por tu cuenta. Espero sepas a dónde te diriges.

Bestia tenía muy claro lo que quería y hacia donde iba. Directo a la derrota de su oponente. Pero no era lo que Charlie quería decirle.

-Si no tienes aliados, ¿entonces cómo hiciste para obtener todo esto? ¿Cómo conseguiste lo que sabía de mí? ¿Por qué delatarme? ¡Responde!

Gruñó. Estaba casi pegado a la mesa que los separaba. Charlie no perdió la calma.

-No fui yo, pero me quieren tan muerto como a ti. Nadie va a creerme y no lucharé por un imposible. Crucé la línea para conseguir esto, Bestia. Úsalo.

-¿Por qué? ¿Por qué debería hacerlo?

-No seas estúpido ni testarudo. No fui yo quién dio tu información, yo la tenía desde hacía tiempo. Me la robaron. Sé quién eres y seguirán cayendo personas a tu alrededor hasta que te atrapen, todos los que saben la verdad. Porque así no habrá otra manera de dejarte libre. Si lo haces caer a tiempo tendrás la gloria. En caso contrario, irás contra las leyes de por vida.

Retrocedió un paso. ¿Quién demonios era ese hombre? Bestia lo quería fuera de su camino porque si se sabía la verdad acerca de él, estaría perdido para el resto del viaje. Ahora que ese mismo hombre tenía información del rival, Black lo quería muerto también. Tal como lo había dicho. No tenía bando. Entonces había un desertor y ese, sí tenía un bando.

El de Black.

-Es cuestión de tiempo...

Entonces, solo fue consiente de que sí había sido una emboscada. Las cortinas del ventanal que estaban por detrás de Charlie estaban descorridas. La noche no le permitía mirar afuera, pero era una clara visión de lo que ocurría dentro. Era un blanco fácil. Como se lo habían demostrado cinco puntos rojos sobre su pecho y el sexto, sobre su cabeza.

La furia y el desconcierto lo envolvieron por completo.

-... él no sabía que iba a darte esto, pero ahora lo sabe.

Lo tenían controlado. Posiblemente cámaras o micrófonos. Sin embargo, aún así, se había arriesgado a traicionarlos. No tenía qué decir. Estaba bordeando la muerte y se había quedado en blanco. Charlie no estaba sorprendido, posiblemente lo esperaba. Pero la urgencia estaba ahora en sus ojos y en su voz.

-Cuídala, aléjala de James.

Se puso de pie al tiempo que los vidrios estallaban. Retrocedió de inmediato y se acercó a la puerta. Las balas atravesaron el pecho de Charlie, instantánemente con la de su cabeza, la cual lo llevó justo a la muerte. Se dio la vuelta y salió de allí. Ese hombre acaba de salvarle la vida y entregarle algo muy preciado al mismo tiempo.

Tenía una misión.

Salió al pasillo y oyó el alboroto de sus hombres y los de Black peleando fuera. Corrió hasta el final del camino y abrió al puerta para meterse dentro y pensar en un plan alternativo. La chicharra chilló en su oído.

-¡Bestia!

-Estoy bien. Charlie cayó. Prepara la huida, lo tengo.

Luego de eso, admiró por primera vez el lugar donde se encontraba. Un lugar sobrio, apenas iluminado por los rayos del sol naciente. La cama doble de doseles decoraba el centro, las paredes eran blancas y la alfombra era de un color mocca. Era angelical. Supo de inmediato de quién se trataba. Se acercó al mural lleno de frases y fotografías. Ella salía en varias junto a sus padres, en un parque, en la sala de su casa. Dos de sus amigas, sonreía con soltura, su cabello estaba despeinado y sus ojos brillaban de felicidad. Se le contrajo el alma. En otra fotografía se abrazaba a un chico. Frunció el ceño. La tomó entre sus manos. En ella salía más hermosa todavía, brindando su apoyo al chico en la cama de hospital. Detrás de la fotografía había un epígrafe "siempre estarás en mi corazón, Alec" Junto a ella colgaba un fino denario en forma de corazón. Tomó todo en sus manos y lo envió al bolsillo dentro de su chaqueta.

-Ventana trasera, directo al jardín. Primer piso.

-Estaré afuera.

Saltó por el balcón hacia el suelo y corrió hacia la salida del jardín. Sus hombres se retiraron justo por detrás de él y emprendieron la marcha de regreso. Inconscientemente tanteó con sus dedos su bolsillo y respiró más tranquilo.

-¡Nos están siguiendo!

Bestia se volteó hacia las dos camionetas que los seguían por la carretera principal.

-¡Mierda! ¡Sigue por la tercera y dobla en la curva hacia la novena salida!

Cargó su arma y le dio indicaciones a su tirador de mantenerse alerta por si los atacaban. Jasper tomó velocidad y comenzó el camino hacia la salida. Bestia tomó la llamada de Emmet al primer timbrazo.

-¡Tomaron el cuartel!

El cuerpo se le volvió de hielo. Jasper compartía el intercomunicador, le envió una mirada desesperada mientras aceleraba para perderse entre los coches.

-¡Sal ahora mismo! ¡Sácala de ahí y llévala al fuerte!

El corazón se le aceleró. Envió una dura mirada hacia a Jasper.

-Acelera, sabes a dónde ir.