Capítulo 3

Aunque pasaron varios días y las pesadillas no habían regresado, Bucky se dio cuenta de que Steve, aunque trataba de ocultarlo, seguía preocupado por él. Y parecía que nada ayudaba la distancia que él se había propuesto mantener entre ellos. Además, era en verdad una tortura observar cómo se formaba la expresión de tristeza en el rostro de Steve cada vez que Bucky se alejaba de él.

Por lo que tomó una decisión, de la cual no estaba seguro si era la correcta.

Esa mañana, al sentarse en la mesa de los Avengers, como ahora era su costumbre, cuando vio la forma en que Steve agachaba la mirada y sus ojos se cubrían de una extraña sombra, Bucky suspiró y se sentó a su lado. El cambio fue evidente; Steve arqueó las cejas hacia él, sorprendido, pero, poco después, esa expresión fue reemplazada por una sonrisa radiante, por un momento Bucky pensó que creyó ver un destello de felicidad en sus ojos azules. Debido a que estaba recuperando sus memorias poco a poco, los recuerdos que se liberaban en sus pensamientos le habían hecho saber que la relación entre Steve y él había sido muy estrecha y ciertamente él comenzaba a volver a sentir ese cariño que había estado oculto por años en los rincones de su mente, sin embargo, las reacciones de Steve siempre terminaban por sorprenderlo.

No le pasó desapercibido que el capitán acercaba más su silla a la de él, ni que el calor que comenzó a sentir cuando la pierna de él rozó con la suya. Por supuesto, nada de eso le molestaba, después de estar tanto tiempo solo, él sentía que también necesitaba de ese contacto físico, sobre todo de alguien a quien quería tanto, pero todavía no estaba seguro si acercarse tanto era lo correcto, después de todo todavía estaba en sus planes irse de ahí. Además, siempre que sucedían cosas como esa, los compañeros de Steve parecían muy interesados en observar (y ni siquiera se molestaban en fingir), como si aquello fuera fascinante o sorprendente. Tal vez sólo se preocupaban por su capitán, después de todo.

-Así que... Bucky, lamento decirte esto, pero es algo que me ha estado molestando por días -comenzó Tony, quien se encontraba sentado al otro lado de él. Bucky tuvo que reprimir una sonrisa, porque, los pocos días que había estado ahí sentía como que casi conocía a ese hombre y sabría que su comentario sería algo... inesperado-. No sé a quién demonios se le ocurrió hacer el diseño de tu brazo, pero es horrible sinceramente. Estoy seguro de que ahora que estás en tus cinco sentidos...

Bucky se dio cuenta de que Steve comenzaba a ponerse tenso, incluso escuchó (como todos los que estaban en la mesa) que un gruñido escapaba de sus labios. Y aunque estaba seguro que Tony también lo había oído, el hombre continuó como si nada hubiese pasado.

-... considerarías permitirme hacer uno nuevo para ti y en verdad puedes confiar en mí en esto, tu nuevo brazo será mucho mejor que este horrible diseño hecho por Hydra.

-Stark... -comenzó Steve, su voz como una amenaza, pero Bucky tomó su mano (que ahora estaba hecha puño sobre la mesa), e inmediatamente sintió que su amigo comenzaba a relajarse un poco.

-Está bien, Steve -le aseguró, antes de girarse nuevamente hacia Tony-. Creo que es una buena idea, además... con este brazo cometí demasiados asesinatos y no creo que pueda perdonarme fácilmente por todo lo que hice si lo estoy viendo constantemente.

Le pareció que Steve se removía en su asiento, sabía que siempre que mencionaba algo así, su amigo se sentía en la necesidad de recordarle que no era culpa suya, pero lo silenció antes de que abriera los labios cuando acarició su mano suavemente.

Tony, en cambio, parecía muy emocionando ante la perspectiva de comenzar a construir algo nuevo.

-Sin embargo -continuó Bucky-, tendrás que esperar un tiempo antes de cambiarlo... todavía no estoy listo para entrar en una sala de operaciones o en un laboratorio -confesó. Necesitaba tiempo antes de que los malos recuerdos de los años de tortura no le afectaran tanto.

Para su sorpresa, esta vez Tony no sonrió, simplemente asintió con la cabeza.

Sintió que los dedos de Steve se entrelazaban con los suyos, esta vez no hizo nada por retirar su mano. Giró su rostro hacia él.

-¿Estás seguro de esto? -le preguntó.

Bucky le sonrió.

-Sí.

Una vez que se terminó el tema difícil, no pasó mucho tiempo para que los Avengers encontraran otros temas de conversación. Sin darse cuenta de cómo había sucedido, Bucky se encontró a sí mismo riendo nuevamente. Poco después, cuando terminaron el desayuno y pensaba que no podría comer nada más, Wanda le insistió en que probara el budín de chocolate y ya que todos parecían de acuerdo con ella, que era una de las cosas más deliciosas que podía probar, Bucky decidió acceder a sus peticiones. Y estuvo completamente de acuerdo con ellos, era delicioso. Le alegraba tener oportunidad de descubrir cosas nuevas, ya que cuando se encontraba como fugitivo, apenas podía comer lo que se encontraba o lo que tenía oportunidad de robarse de alguna tienda.

Estaba tan emocionado por aquel nuevo descubrimiento, que ni siquiera notó cuando sus dedos se mancharon hasta unos minutos después. Además el hecho de que Wanda había silenciado a Clint haciendo que una de sus flechas volara de su carcaj por sí sola, lo había distraído un poco. Y cuando se dio cuenta, decidió que aquello era muy preciado como para desperdiciarlo, por lo que metió uno de sus dedos a su boca, después de todo, todos estaban muy ocupados riendo de lo que había sucedido como para verlo.

O eso era lo que había pensado.

De pronto, escuchó el sonido de una tos a su lado y se dio cuenta cuando se giró, que Steve había escupido el agua que había intentado beber, sin apartar la mirada de él. Su rostro estaba completamente ruborizado y cuando notó que Bucky lo observaba, ese color sólo se hizo más profundo e intenso. Desvió la mirada.

-¿Estás bien? ¿Qué sucede? -le preguntó.

-Nada es... sólo... estoy bien -dijo, balbuceando un poco, sin atreverse a verlo a los ojos otra vez.

-Lo que sucede es que nuestro Cap es mucho más humano de lo que creíamos -comentó Clint, quien se había dejado de preocupar por la flecha que le había robado Wanda. De hecho, ahora todos parecían bastante interesados en Steve. Natasha y Sam lo observaban con expresiones divertidas en el rostro.

-Sí, en realidad yo llegué a pensar que ese suero te había afectado en otros aspectos más que en el físico -añadió Tony, aunque parecía que estaba bromeando por la forma en que sonreía-, es decir, parecías tan correcto, pero ahora veo que...

Steve gruñó.

-Ya déjalo, Tony -advirtió Bruce.

-Le quitas la diversión a todo, Banner -protestó Tony y el resto del equipo se rió.

Bucky, por otro lado, se había quedado bastante confundido, pero decidió que era uno de esos momentos en los que lo más sensato era no hacer preguntas al respecto.


Días después decidió que era momento de dar otro paso más y comenzó a ir a la sala de entrenamiento. Y debido a que sus visitas no eran algo regular, en ocasiones se encontraba a los Avengers, sobre todo a Wanda, Vision y Falcon, quienes recibían órdenes constantes de Natasha y Steve, pero ellos parecían turnarse los días en los que los debían entrenar. Sin embargo, aunque ellos eran perfectamente conscientes cuando Bucky llegaba al lugar y escogía el punto más alejado para comenzar con su propio entrenamiento, ninguno de ellos lo molestaba. Aunque, en ocasiones le daban uno que otro consejo o incluso, le pedían uno a él, ya que él parecía mucho más adaptado en el uso de armas de largo alcance y el combate cuerpo a cuerpo. Y aquello comenzó a agradarle; esos momentos se convirtieron en una gran ayuda para ir eliminando los fantasmas de su pasado como una máquina asesina que trataba de borrar de su memoria.

Steve, por supuesto, era otro caso diferente. Cuando él se encontraba en el salón de entrenamientos, siempre se acercaba a él para preguntar como estaba. Y Bucky no podía evitar sentirse conmovido y agradecido por su constante preocupación. Incluso algo más había cambiado; desde aquel día en el comedor, cuando Bucky había accedido silenciosamente al contacto físico, Steve se permitía acercarse más él. En ocasiones era sólo un roce de manos, en otras Steve se atrevía a tocar su cabello o acariciar su mejilla y ya que Bucky lo permitía, el capitán no podía evitar detenerse. Aunque Bucky sabía que se reprimía; Steve necesitaba más contacto físico, pero no se atrevía porque tenía miedo de presionar demasiado o ser rechazado abiertamente por él. Y, a pesar de que Bucky también sentía esa terrible necesidad, pensaba que lo mejor era seguir manteniendo cierta distancia.

Su determinación sólo aumentó cuando, pocos días después (una noche en la que definitivamente no iba a poder dormir), decidió salir de su habitación e ir a entrenar un poco. Pero se dio cuenta de que ya había dos personas en la sala, pero no estaban entrenando, simplemente hablaban y ya que ninguno de los dos había notado su presencia y Bucky sintió una repentina curiosidad, decidió quedarse fuera de la sala, escuchando atentamente.

Eran Natasha y Steve.

-Pudiste habérmelo dicho... -dijo ella, en su tono se notaba la sonrisa que seguramente se estaba formando en sus labios.

-¿De qué hablas?

Natasha resopló y Bucky, aunque no podía verla desde donde se encontraba, podía jurar que había puesto los ojos en blanco.

-Pudiste haberme dicho que ya había alguien -continuó, como si Steve no hubiese dicho nada-, así yo no habría perdido mi tiempo en tratar de encontrarte una cita con todas esas mujeres. Se me hacía tan rato que ninguna de ellas te interesara, pero no se me ocurrió que el hecho de que ya estuvieras perdidamente enamorado...

Bucky se sorprendió y sintió que su corazón protestaba ante eso. Por supuesto, entendía que su regreso no significaba que las cosas entre los dos regresarían a la normalidad (y ciertamente él no tenía derecho a exigir nada), pero le había tomado un poco por sorpresa que Steve no le hubiese comentado nada. Después de todo, una parte de él se alegraba, Steve merecía ser feliz...

-¿Es tan obvio, eh? -lo escuchó hablar, después de un rato. Y no entendió por qué de pronto su voz sonaba tan triste. Tal vez había tenido algún problema con ella. Bucky de pronto se preguntó si la conocía.

-Siempre lo he dicho, tienes material de soldado, sobre todo de capitán, pero jamás podrías ser buen espía -respondió ella, tratando de animarlo. Y quizás funcionó porque Steve se rió un poco-. Me gustaría que pudieras verte, parece que todo está escrito en tu rostro, no puedes ocultarlo.

Steve volvió a reírse, pero su risa sonó casi hueca. Bucky casi pudo sentir su dolor. Y, aunque no podía estar del todo seguro, pero su corazón le decía que conocía a Steve lo suficiente como para decir que sí, en verdad estaba enamorado.

-¿Por qué no le dices?

-No es el momento -respondió él-, además sería egoísta...

Natasha resopló nuevamente, parecía frustrada.

-Eso parece más bien una excusa, Rogers -soltó ella-. Tienes que decirle y nos quitas a todos el sufrimiento de verte en ese estado todo el tiempo. Además ya sabes que ahora pueden casarse, ¿verdad? Y en cualquiera de los cincuenta estados.

-Yo también veo las noticias, Romanoff -replicó él, casi divertido.

Hubo un momento de silencio que se extendió por varios minutos.

-¿Y lo harías? -preguntó ella.

-¿Qué?

-Casarte. ¿Quieres hacerlo?

-Por supuesto, no me imagino mi vida con nadie más -respondió Steve y lo hizo con tanta convicción y tanto sentimiento en su voz que a Bucky casi le dolió-. Pero no sólo depende de mí...

-Dile, entonces -insistió ella.

-No puedo, no es justo. No es el momento.

Esta vez fue Bucky quien puso los ojos en blanco, porque sólo Steve sería tan estúpidamente noble como para no considerar su propia felicidad primero. Tal vez Steve si necesitaba de él después de todo, para ayudarlo a reaccionar, no importaba que descubrieran que había estado escuchando, porque ese hombre testarudo necesitaba de alguien más que lo sacudiera para hacerlo ver que no todo en la vida eran sacrificios. Además, estaba seguro que una vez que la joven se enterara no habría ningún problema, porque ella seguramente sentía lo mismo por él, es decir, se trataba de Steve Rogers, ¿quien en su sano juicio no amaría a Steve Rogers?

Dio un paso adelante para hacer notar su presencia, pero se quedó petrificado cuando volvió a escuchar voces.

-¿Por qué no es el momento adecuado? Creo que has esperado demasiado -soltó ella.

-No entiendes... todavía tenemos muchas cosas con las que lidiar... Además Bucky no se ha recuperado por completo y yo no puedo dejar que esto interfiera con su salud...

Así que eso era.

Bucky se había preocupado tanto por no hacerle un daño físico a Steve o a alguien más, que nunca había considerado que su amigo se sacrificaría cuidándolo y dejara de lado su propia felicidad. Ahora era una carga para él, por eso no podía seguir con su vida o estar con la mujer que quería, porque tenía que cuidar de su dañado amigo, con el que seguramente Steve sentía que tenía una especie de deuda o vínculo que no se atrevía a romper. Y, por supuesto, tenía que olvidarse de la perspectiva de enfrentarlo en ese momento, porque seguramente Steve no lo escucharía e insistiría que él no era ninguna carga... No, definitivamente lo mejor era esperar e irse para que Steve pudiese continuar con su vida, sólo así podría casarse, incluso formar una familia como siempre lo había deseado...

Se fue discretamente para evitar que lo notaran. Ya había escuchado suficiente.


El cambio de humor que surgió en él debió notarse, porque no sólo Steve comenzó a preocuparse, sino los demás también trataron de preguntarle qué era lo que le sucedía. Pero, en realidad, sólo uno de ellos le ayudó un poco. Clint era el único que parecía entenderlo mejor que nadie y Bucky descubrió por qué una tarde en que él le confesó que ya había sufrido de manipulación mental como él.

Y Bucky descubrió que los consejos que le daba Clint resultaban verdaderamente efectivos, por lo que decidió acudir a él cada vez que sentía que las memorias como Soldado de Invierno se apoderaban de él. Incluso él le dijo que, cuando necesitaba estar un tiempo solo, fuera al salón de entretenimiento, que sólo era para los Avengers y que tratara de distraerse con algo, incluso tenía una pequeña cocina, por si no quería bajar hasta el comedor. Y, debido a que ellos sólo se reunían ciertos días a ver películas en aquel lugar, la mayoría del tiempo el lugar se encontraba solo y así Bucky tenía oportunidad de pensar un poco más acerca de su situación.

Fue así como inició la rutina de comenzar a ver películas, había muchas que se había perdido en sus años como Soldado de Invierno y los otros tantos que lo habían mantenido congelado, tal vez era una buena idea para pasar el tiempo.

Parecía que aquella idea estaba funcionando porque su buen humor regresó, incluso se sentía con más energía durante los entrenamientos y comenzaba a notar que duraba más horas en aquel lugar que algunos de los Avengers.

Uno de aquellos días, al anochecer, notó que los nuevos miembros estaban verdaderamente agotados y, al parecer, habían hecho algo mal, por lo que Steve los había puesto a dar cincuenta vueltas al circuito. Después de unas cuentas, sin embargo, Wanda y Sam se veían ya sin respiración. Vision, por otro lado, se veía tan tranquilo como siempre, pero suponía que él era un caso completamente diferente.

Lo interesante de esa noche, fue que ellos se acercaron a él.

-Ya no puedo más, en verdad no puedo -se quejó la joven.

-Creo que Steve exageró en esta ocasión -añadió Sam.

-Creo que sí -sonrió Bucky.

-¿Por qué no hablas con él y le pides que nos deje ir? -le preguntó ella, sonriendo-. En verdad quiero ir a dormir, pero no creo que yo pueda hacerlo cambiar de parecer.

-Sí, Bucky -intervino Sam-, tienes que ser un buen amigo y salvarnos.

-No creo que yo pueda convencerlo...

Wanda puso los ojos en blanco.

-Sólo inténtalo, por favor...

Y así, sin saber exactamente cómo era que se había dejado persuadir, Bucky se acercó a Steve, quien estaba de brazos cruzados y observando al grupo con el ceño fruncido, ni siquiera parecía sorprendido de ver a Bucky ahí.

Lo escuchó suspirar.

-¿Te enviaron a que intercedieras por ellos? -preguntó y cuando Bucky asintió sonriendo, Steve no pudo evitar corresponder a su sonrisa-. Natasha tenía razón.

-¿De qué hablas?

-Nada, olvídalo -dijo y le pareció que trataba de no reírse.

Bucky puso los ojos en blanco.

-Creo que tienen razón, necesitan descansar y tú también -dijo, después de un rato-. En serio, Steve, por que no piensas en ti primero por una vez, piensa en lo que tú quieres; tienes que dedicarte tiempo a ti mismo y a las personas que quieres. El mundo no se va a acabar porque hagas eso.

Era lo más cercano que podía hacer para disuadirlo a que la buscara, sin admitir abiertamente que había escuchado su conversación con Natasha. Y tal vez estaba resultando porque los ojos de Steve se suavizaron y su sonrisa se convirtió en un gesto mucho más cálido. Dio un paso hacia él.

-Tal vez tengas razón -dijo. Y Bucky se alegró tanto al pensar que tal vez había logrado algo, que no se dio cuenta de que las mejillas de Steve comenzaban a ruborizarse.

Sin embargo, el rubio se aclaró la garganta y sacudió la cabeza. Lo escuchó decirles a los demás que podían irse a descansar y sonrió cuando escuchó sus exclamaciones de alegría.

-Clint me dijo que ahora pasas más tiempo en la sala de entretenimiento -comentó Steve.

-Sí, he estado viendo muchas películas -admitió Bucky-, ya sabes, me he perdido de mucho estos años.

Steve sonrió.

-Yo también, por eso hice una lista... para saber cuáles son las que tengo que ver primero... Yo... en realidad estaba pensando ir allá hoy, tengo ganas de ver algo y... tal vez... me preguntaba si... quisieras acompañarme... puedo hacer algo de comer para los dos.

Bucky casi pone los ojos en blanco. Cuando le sugirió que debía dedicarse más tiempo, no se refería a que dedicara más tiempo a cuidarlo... pero sólo Steve podía interpretarlo de aquella manera, esperaba que saliera de aquel lugar, que buscara a la joven de la que estaba tan enamorado. Y estaba a punto de decirle que no podría acompañarlo, que tenía mucho sueño, pero se dio cuenta que Steve sonreía de manera cálida, como si en verdad deseara pasar tiempo con él y, para su desgracia, descubrió que era demasiado débil como para rechazarlo, él también quería estar con él.

Era egoísta.

-De acuerdo -aceptó y se dio cuenta de que Steve había tomado su mano, pero tampoco hizo nada por alejarse.

Después de que Steve preparó la cena, ambos se sentaron en el sofá, quizás demasiado cerca el uno del otro, ignorando convenientemente todo el espacio que había del otro lado. Sin embargo, Bucky decidió olvidarse de todas sus preocupaciones por un momento y sólo concentrase en la película y la compañía de Steve. Aunque, en ese momento debió relajarse tanto, que sólo logró ver la mitad de película antes de quedarse dormido.

Y no le sorprendió, cuando, a la mañana siguiente, despertó en la cama de su habitación. Muy a su pesar, no pudo evitar esbozar una sonrisa antes de meterse a la ducha.