-buenos días- pronuncio una voz ronca a mis espaldas. Me di vuelta, para observar a mi interlocutor y sonreí con amabilidad.

-buenos días para ti también, Edward- respondí con cortesía, al tiempo que caminaba hacia la mesa que yacía a su lado, para servir algo de agua en una copa y entregársela. El joven me agradeció con la mirada y bebió ávidamente aquel liquido tan necesario para la vida. Escuche a lo lejos los pasos de Jessica, la enfermera melosa del día anterior, por su forma de andar, parecía presurosa, y supe que quería ver si yo había pasado aquí la noche.

Mi retorcido sentido del humor salió a flote con esto, recordando, también, la timidez de Edward la tarde anterior, por lo que me acerque a el con un movimiento ágil y provocativo, ella estaba muy cerca, en el pasillo.

-déjame arroparte, cariño, esta haciendo mas frío y no querría que te enfermaras-dije en voz alta, mientras acomodaba las cobijas, acercando peligrosamente mi rostro al suyo. Sentí el momento exacto en el que la puerta se abrió, y supe que desde donde ella estaba espiando, se vería como si nosotros estuviéramos besándonos, sonreí maliciosamente con el solo pensamiento, pero al observar los ojos de Edward con atención me sorprendí al encontrar no solo incredulidad, sino también deseo, sus pupilas estaban dilatadas y observaba mis labios con anhelante inseguridad, tanto así, que por un momento yo también me pregunte como se sentirían esos suaves y cálidos labios mortales sobre los míos. Sacudí levemente mi cabeza, como si pudiera sacudirme de encima también esos pensamientos, al tiempo que me alejaba de el cerrando los ojos con fuerza "demasiado peligroso", me dije a mi misma.

Observe a la enfermera, que aun estaba en la puerta, con su mano en el picaporte.

-lo siento, no quería interrumpir- dijo falsamente, para luego fulminarme con la mirada. Mientras aquella chica acomodaba las almohadas y abría las ventanas para airear la habitación, Edward me lanzo una mirada de reproche en cuanto comprendió el motivo de mi extraño comportamiento, le respondí con una sonrisa altanera y una mirada burlona, a pesar de que estaba terriblemente confusa, tanto por su reacción como por la mía.

-por que hiciste eso?-mascullo, obviamente molesto, una vez la rubia desapareció de nuestra vista.

-oh, vamos- dije lo mas ligeramente posible- solo fue una pequeña broma, ¿no tienes sentido del humor?-

-y-yo... por un momento pensé que tú en verdad ibas a- no lo deje terminar.

-eso no puede pasar nunca- dije, y todo rastro de pretendido humor fue dejado de lado, dándole paso a la amargura- y seria terrible que pensaras en ello, o peor aun, que lo desearas- sentencie.

-¿por qué?- dijo ¿dolido?Esperaba haber escuchado mal- quiero saber los motivos, ya estoy condenado, ya lo deseo- dios, no estaba equivocada, él en verdad sonaba destrozado, me senté a su lado, y acaricie su bello rostro, buscando desesperadamente una manera de explicarle.

-eres tan joven- suspire- tan lleno de emociones, te dejas llevar por las sensaciones, te atrae el misterio, pero no es real cariño- puse mi dedo índice sobre sus labios, acallando sus quejas- una cosa es coquetear con el peligro, allí tienes posibilidades de sobrevivir, pero no lo intentes conmigo, se inteligente, nadie le escapa a la muerte y no quiero hacerte daño- sonreí con tristeza- y me temo que un beso mío podría matarte-murmure.

-no me importaría- susurro, dejándome sorprendida- no hay nada para mí en este mundo, he vivido los peores momentos, sin nunca tener ni un solo buen recuerdo, lo único que te pido es el mejor recuerdo de mi vida, un beso tuyo, ¿ que importa si después de eso mi vida termina?-

-estas siendo ilógico- intente persuadirle... y persuadirme- debes de tener buenos recuerdos-.

-te equivocas- mascullo, mirándome directamente a los ojos- mi vida ha sido detestable desde que mis padres murieron, ni siquiera los recuerdo- sus orbes se llenaron de dolor, instintivamente aferré su mano- luego los recuerdos se reducen a los del orfanato, y como comprenderás, no hay ninguno bueno- hice una mueca, era consciente de lo poco agradables que eran esos lugares- nunca nadie me adopto, todos los que iban allí deseaban adoptar a recién nacidos en lugar de niños de 4 o 5 años. Cuando cumplí 18 y salí de allí, trabaje duro, estudie economía y ahora rento una pequeña habitación que no quieren ocupar ni las alimañas. Iba a mi primera entrevista en una empresa cuando esos hombres me atacaron- sonrió con tristeza- mi primera oportunidad y la desperdicie- sus ojos volvieron al presente y se fundieron con los míos- y entonces alguien vino en mi ayuda, unos enormes ojos suaves y rojos como pétalos de rosas me miraron con sincera preocupación y una mano de la temperatura y el color de la nieve acaricio con dulzura mi mejilla- soltó una risa amarga- la primera vez que sentía esa sensación de calidez, la primera vez que alguien me tenia en cuenta, y no solo resulto no ser humana, ¡sino que se trataba de la mismísima muerte!-

-algún día encontraras a la mujer que pueda hacerte sentir esa sensación cálida por el resto de tu vida- respondí, intentando guardar la compostura.

-ya la encontré- dijo, mirándome con intención- pero al parecer quiere dejar que su extraña salida laboral se interponga entre nosotros- bromeo, para luego volver a ponerse serio- además ella es tan grandiosa que puede hacerme sentir esto no solo toda una vida, sino una eternidad- negué con la cabeza, aunque la lógica y la convicción intentaban escaparse de mi usualmente fría mente. El cuadro la mandíbula, y sus ojos se volvieron opacos, note el dolor que intentaba esconder.

-entonces, ¿es imposible, verdad?- musito- ¿acaso te soy tan desagradable?- ¿desagradable? ¿ Lo decía en serio? Masculle una maldición por lo bajo, al tiempo que me rendía a sus deseos... y los míos.

-mas te vale no morirte, o te matare- gruñí, antes de unir mis gélidos labios a los suyos, mientras intentaba controlar mis poderes, sentí su sorpresa, pero luego su boca se volvió demandante, mientras sus manos tiraban con autoridad de mi, logrando que quedase a horcajadas, sobre el. Un profundo gemido escapo de mi garganta, y me sometí sumisa y gustosamente a sus mandatos. Su lengua se adentro sin permiso en mi boca y la exploro descaradamente, mientras sus manos me atraían hacia su acalorado cuerpo, acariciando mi cintura, mi espalda baja, todo a su paso. Sentí su dolorosa erección, aun a través de las mantas, pero en lugar de apenarme o asustarme, mi cuerpo se arqueo, en una clara invitación y se restregó contra él, sacándole unos gruñidos de placer; sin embargo pronto senti sus manos mas debiles en mis caderas, y fue cuando volvi en mi, desintegrándome entre sus dedos y reapareciendo al otro lado de la habitación, a pesar de no necesitar el oxigeno, jadeaba como si hubiese corrido un maratón.

-Maldición! Lo siento tanto ¿estas bien? Sabia que era una mala idea ¡te lo dije!- solté frase tras frase, nerviosa, hasta que lo escuche reírse, agradecí no tener un corazón caliente, y no poder sonrojarme.

-estoy bien- dijo, mirándome con sus ojos que ahora brillaban como piedras preciosas- y me alegro de causar ese efecto en ti, de lograr acabar con tu autocontrol- a pesar de no poder sonrojarme, no podía evitar evocar la manera en que mi cuerpo busco el suyo, de forma tan poco decorosa. No podía ni mirarle a la cara.

-y-yo... umm.. tengo que ir, n-no debería quedarme- murmure rápidamente- y-yaa tienes t-tu recuerdo-

Él estaba serio, aunque sus ojos desbordaban felicidad, y cierta diversión por mi repentina timidez.

-el primero de muchos, espero- ronroneo con voz ronca, logrando que un extraño calor se apoderara de mi vientre bajo, algo que nunca antes había experimentado, sino hasta hace pocos minutos.

-fue muy peligroso- le recordé, persuasivamente.

-y no paso nada- contraataco.

-me descontrole- dije exasperada, y enojada conmigo misma por ello.

-y me encanto- sonrió torcidamente

-sabes a lo que me refiero- dije, esquivándole la mirada, avergonzada.

-la practica hace al maestro- dio por concluida la conversación con voz seductora, y sin mas salí de aquel lugar bajo su atenta mirada, antes de enloquecer de nuevo y abalanzarme sobre aquel humano.

"La practica hace al maestro", esa seria una frase que rondaría por mi mente mucho tiempo.

Continuara...

Perdón por la tardanza, pero tuve que empezar a escribir la historia de nuevo, porque perdí la libreta donde iba escribiéndola ¬¬

En fin, espero que les guste!

Izzy Rebeld Armstrong