Disclaimer: Los personajes de Inuyasha desgraciadamente no me pertenecen, son propiedad íntegramente de su creadora Rumiko Takahashi. Esta historia se trata únicamente de un medio de entretenimiento, y no de lucro.
Arreglos de último minuto
Todo iba de las mil maravillas, entre Inuyasha y yo, todo iba como viento en popa. Si bien, después del incidente vergonzoso que ocurrió en mi recámara quise matar a mi familia; después volví a reconsiderarlo, ya que al "brillante", de mi hermanito, se le ocurrió subirlo al Facebook.
Lo peor…¡etiquetó a media escuela en él!, y esa mitad se encargó de enterar a los demás.
Ash…cuando lo tuve a mi merced, solo se le ocurrió decir, ¡pal face!, mocoso del demonio, que lástima que sea un delito el tráfico de personas, pero me encantaría regalárselo al primero que pase; pero obviamente mi madre se enojaría demasiado conmigo.
Por supuesto nadie lo salvó de la paliza que le dio Inuyasha, si bien él no sabía lo que significaba la expresión, "pal face", solo logró entender que lo ventaneó frente a la comunidad estudiantil; lo cual fue suficiente motivo.
Lo malo…siempre hay algo malo, es que ahora Inuyasha no se me despega por nada, ¡nada del mundo!, se me ha pegado como garrapata, y me sigue a todos lados. No puedo negar que eso no me molesta en lo absoluto, pero puede llegar a ser exasperante, debido a que no me puede dar ni el viento; sin que él quiera atacarlo.
—¡Inuyasha, mamá, ya me voy a la escuela!— avisé sin parar de correr, demonios, se me había echo tarde, aunque si me voy corriendo, bien puedo llegar. Me puse los zapatos a la velocidad de la luz, y corrí hacia la puerta que gracias a Dios, se encontraba abierta. Sin embargo, mi carrera se vio detenida cuando choque con algo.
O más bien con alguien.
—¿A dónde crees que vas Kagome?—preguntó con voz enfadada, cruzando los brazos, observándome con una mirada reprobatoria.
—Voy a la escuela—respondí simplemente, la verdad no tenía ganas de iniciar una discusión tan pronto, íbamos tan bien…
—Querrás decir, a donde vamos, yo te acompañaré—sentenció entrecerrando los ojos, sin permiso me quitó la mochila que llevaba en brazos y se la colgó al hombro, tomando de improviso mi mano, tirándome hacia afuera.
—¡Inuyasha!, ¿Cómo irás a mi escuela vestido así?—reclamé, intentando zafarme de su agarre. Él se detuvo y buscó algo entre su ropa, sacó una gorra negra lisa, y se la colocó en la cabeza, cubriendo al acto sus orejas.
—Asunto arreglado—murmuró agachándose delante de mí—¿quieres llegar tarde?, porque si sigues así lo lograrás—manifestó con burla. ¡Dios era verdad!, ¡si no me lleva si que llegaré tarde!
—Más vale que vueles Inuyasha—respondí subiéndome a su espalda en el acto, él afianzó mis muslos con sus brazos y se giró ligeramente a mirarme con una sonrisa socarrona.
—Lo siento Kagome, pero aún no me gradúo de la escuela de vuelo, así que tendrás que conformarte con que corra—acotó riendo estúpidamente, yo le di un manotazo en el hombro, aumentando aún más su risa.
—¡Muévelas!—ordené agitando sus hombros. Por fin se cayó, aunque sin borrar su sonrisa.
—Que carácter niñita—se quejó iniciando la carrera, debía admitir que íbamos bastante rápido, lo malo…es que mi cabello se azotaba en mi rostro en cada momento, y si no era el mío, era el de él que me cacheteaba a cada rato.
Decidido, mi cabello sería un nido de pájaros al llegar a la escuela.
No demoramos ni cinco minutos en llegar a mi centro de estudios, y a Inuyasha le importó un verdadero rábano saltar desde un tercer piso, casi ocasionándole un paro cardiaco a los que nos veían.
—¡No se maten!, ¡aún tienen muchas cosas que vivir!—chilló alguien desde el piso.
¡Santo Dios!, ¿de donde salió tanta gente?
En el piso se escucharon los alaridos de horror de parte de los presentes, tanto estudiantes como profesores y padres. Los vimos cerrar los ojos al saber que pronto nos estrellaríamos contra el suelo.
Para su sorpresa, Inuyasha aterrizó suavemente, sin resentir en lo absoluto el tremendo salto, yo sabía bien que una caída desde esa altura era un salto normal de Inuyasha; pero era un suicidio para cualquier ser humano.
—¡Eran demasiado jóvenes!, ¡no pudimos hacer nada!—berrearon varias personas, que parecía que aún no se habían dado cuenta de nada.
De pronto abrieron los ojos y me vieron bajar como si nada de la espalda de Inuyasha, éste me entregaba mi mochila, y depositaba un casto beso en mi frente. Sobra decir que por poco se les salían los ojos.
No pudimos tener tiempo ni de componernos del sonrojo de que Inuyasha me haya besado de esa manera, cuando el sonido de unos pasos sumamente rápidos llegaron a nuestros oídos, así como los alaridos histéricos de tres chicas en especial.
—¡Kagome!, ¡que maldito susto nos has pegado!, ¿estás loca?, ¡como se te ocurre hacer eso después de tu recuperación milagrosa de cirrosis?—chilló Eri completamente histérica.
—¡Es verdad Kagome!, ¡estás convaleciente!, ¡no debes de hacer locuras de esa magnitud!—secundó mi amiga Ayumi respirando intensamente agitada.
—¡Y tú!, ¡eres un irresponsable e inconsciente!—bramó encolerizada Yuka, señalando a Inuyasha—¡como se te ocurre creerte Spiderman con tu novia enferma en la espalda!—reclamó picando con su dedo índice el pecho de Inuyasha.
—En…¿Enferma?—tartamudeó Inuyasha fuertemente confundido por las acusaciones de las tres chicas.
Oh por Dios, ¿Por qué debía pasarme siempre esto?, ¡precisamente a mí!
Por suerte logré librarme de cualquier explicación que pusiera en peligro la identidad de Inuyasha, por primera vez en mi corta y estresante vida, amé el sonido chocante del timbre que me obligaba entrar a la escuela.
Todos corrimos cual ganado pastoreado, y entramos al aula casi atorándonos en la puerta, la primera clase es de matemáticas con la señorita Tamariba, y no es por nada, pero tenía un humor peor que el de Inuyasha cuando se pelea con Sesshomaru.
Bah, es por vieja cotorra y solterona.
Me aburría tanto…me pregunto que pasaría si el ventilador de techo se cayera, ¿a quién mataría?, ¡o por Dios a mí!
Cielos, creo que el aburrimiento si que me hace pensar estupideces y clichés del Facebook.
De pronto sentí un pequeño golpe en la espalda, me giré disimuladamente, y vi a Eri, que me entregó un papelito pequeño.
Hey Kagome…¿Cómo es eso de que tu novio rebelde se te declaró con cosplay incluido y que tu hermano lo subió al face?, ¡es lo más destacado de la semana!, jamás me pasó por la mente que fuera tan romántico ese agresivo. Oye, pero creo que el chico se toma demasiado en serio la declaración, te habló como si te estuviera proponiendo matrimonio XD
¡Dulce madre de las fritangas!…se me subió el sonrojo en tiempo récord, ¡soy la comidilla de la escuela entera!, con razón todos se me quedaban viendo a la entrada; pensé que era por el casi-intento de suicidio público, ahora sé que era por eso, o bueno…quizás una combinación de las dos.
Otros veinte minutos en donde la maestra se desgañitaba regañando a un pobre infeliz, que cometió el error de no despejar bien la variable Alfa. Cielo santo, ¡que no la pasara a ella, porque si no le cantaría las cuarenta y hasta la echaría del salón!, que alguien le dijera que chingados era Alfa.
¿El pescadito?
Que yo sepa 2+2 es igual a pez…entonces…2+2 ¿es igual a Alfa?
—¡Señorita Higurashi!, pase a resolver la ecuación número dos, espero que usted si haya puesto atención en clase—ordenó la amargada mujer, mirándome con una expresión maliciosa bien plantada en el rostro.
No pude evitar dejar pasar el pensamiento, "Lo va a contestar tu puta madre", pero diablos, desearía en estos momentos tener el respeto de Inuyasha hacia los demás, lo cual era inexistente.
Hija de puta…maldita cuarentona necesitada…
¿Era yo la que pensaba eso?, ¿de cuando acá me había echo tan malhablada?
—Señorita Tamariba, ¿me podría permitir unos minutos a la señorita Higurashi?—se escuchó una voz suave desde la puerta.
En ese momento me permití que el alma volviera a mi cuerpo, amaba más que a nadie a mi directora, esa anciana regordeta, con cara de dulzura personificada, debía de agradecérselo con un postre después.
La maestra gruñó.
—Por supuesto señora directora—murmuró entre dientes—Higurashi, sal—ordenó con énfasis en la palabra "sal".
Vieja bruja—pensé.
Salí lo más rápido que pude, deteniéndome frente a la amable mujer, que me sonrió de manera radiante.
—Sígame a mi oficina por favor—señaló la anciana caminado de manera curiosa hacia su destino. Una vez ahí me pidió que tomara asiento, momentos después ella se sentó en la silla acolchonada frente a su escritorio de caoba y me observó seriamente.
—Higurashi, como seguramente le llegó la respuesta del instituto Furinkan, a donde pidió su traslado, imagino que debe de tener una idea de lo que pienso tratar con usted…—indagó con paciencia la mujer mirándome de manera dulce.
—Así es directora Saiai, muchas gracias por haberme tomado en cuenta—agradecí con una enorme sonrisa en mi rostro.
—Muy bien señorita, pero como estoy segura usted ya sabe, un joven la acompañará a usted a su nuevo destino—expresó abriendo un cajón de su escritorio, de donde extrajo algunos papeles que observó con atención acomodando sus lentes. —El joven Taisho…—murmuró leyendo con dificultad aquel apellido.
¿¡Qué?!, que alguien le explicara porque no entendía nada.
Antes de que dijera nada, la mujer pulsó el botón del interfón, llamando a su secretaria por el altavoz.
—Señorita Hisho, hágame el favor de dejar pasar al joven Taisho a la oficina—indicó cordialmente, para después de haber escuchado la información soltó el botón, no sin antes murmurar un gracias.
Instantes después se abrió la puerta, dejando ver a Inuyasha, que venía exactamente con las pintas en como lo dejé.
Era oficial, estaba verdaderamente confundida.
—De seguro usted ya debe de saberlo, pero de igual manera no me cuesta nada repetirlo; su madre habló conmigo, y me comentó que el hijo de unos amigos de ella, había quedado huérfano; por lo que ella decidió hacerse cargo de él, e inscribirlo en esta escuela—explicó con paciencia mirándonos conciliadoramente a ambos—pero también me comentó que por la fragilidad de su salud, no se sentía cómoda dejándola ir sola, así que me pidió que permitiera al joven Taisho acompañarla; tengo entendido…que son prometidos ustedes, ¿o me equivoco?—indagó la mujer con los ojos ligeramente entrecerrados.
—No se equivoca señora—respondió Inuyasha extrañamente calmado y respetuoso, aunque con un sonrojo bastante presente.
—De acuerdo, ustedes no saben, pero el director Kuno del instituto Furinkan, es mi hermano menor, por lo que hablé con él; y aceptó encantado que el joven Taisho la acompañara—explicó recargándose en el escritorio sonriendo aún más.
—¡Oh que bien señora directora!, ¡eso me tranquiliza mucho, y sobretodo a mi madre!—chillé fingiendo muy bien sorpresa y alivio.
—¡Entonces me parece perfecto!—les daré la lista de útiles que me mandó mi hermanito, de lo que necesitarán, como uniformes, libros y todo eso, Kagome, debes de saber que no llevamos las mismas materias que allá, así que deberás cambiar todo—indicó con una sonrisa deslumbrante.
Mierda…este chistecito me va a salir caro.
—¿Joven Taisho, que piensa usted al respecto?—interrogó la señora girando su silla hacia él, mirándolo con interés.
—Yo pienso…—me dirigió una mirada rápida como pidiendo ayuda, a lo que yo solo abrí los ojos mucho, reaccionando como desesperada—eh que…tengo hambre—respondió simplemente, con sudor cayendo de su frente.
¡Santo Dios!, ¿no se le pudo haber ocurrido nada mejor que eso?, sin poder evitarlo, azoté mi mano contra mi frente, para después casi matarlo con la mirada, logrando que solo se encogiera de hombros.
—Hay que gracioso es usted joven Taisho, sé que debe de estar aún afectado por lo rápido de los acontecimientos, pero me agrada mucho que usted aún mantenga el buen humor…—acotó la directora levantándose de su sillón. —Aunque…no sé si mi hermano esté de acuerdo en que se siga decolorando el cabello, y dejándoselo tan largo…—agregó acercándose a él, para tocar su cabello—si no es indiscreción, ¿con que lo tiñe?—preguntó con los ojos brillantes, admirando las puntas de su cabello platinado.
—Así es mi cabello desde nacimiento…te…¿teñir?—titubeó el ambarino sumamente confundido.
—Si no te lo pintaste entonces…—la anciana comenzaba a hacer demasiadas preguntas.
—Eh sí, Inuyasha tiene una particularidad en su familia, la mayoría son albinos, ¡debería de ver a su hermano mayor!, parece un fantasma…—interrumpí riendo nerviosamente, temerosa de que tantas preguntas hicieran a Inuyasha que metiera la pata.
—Bueno que curioso, en fin, señorita puede volver a su clase, en cuanto a usted joven…¿puede volver a su casa?—preguntó dubitativa la mujer.
—Este pues…—empecé con el fin de lograr que Inuyasha se fuera a casa y dejara de asediarme con su vigilancia.
—La verdad es que no puedo…la madre de Kagome salió, y ni ella ni yo tenemos llaves para entrar…además no me gusta quedarme mucho tiempo solo, ¿me puedo quedar?—pidió haciendo una adorable cara de cachorrito desamparado…¡cachorrito desamparado mis polainas!, el desgraciado está logrando lo que quiere.
—Oh lo siento mucho joven, no sabía, ¡claro que puede quedarse!, pero no lo puedo dejar deambulando por los corredores, así que señorita Higurashi, ¿podría guiar a su prometido a su salón?, estaría más tranquila de que pudiera haber gente a su alrededor—concedió la mujer, diablos, Inuyasha estaría en mi clase, me lleva; ya era suficiente que toda la mañana se la pasaron echándome carrilla por lo del video, no quiero saber como se pondrán ahora.
Aunque tenía la sensación de que la anciana lo pegaba a mí, por temor a que se suicidara, con eso de que piensa que sus padres acaban de morir…y con lo sociable que es Inuyasha…no la culpo.
—¿Pero que se me quedan viendo?, dense prisa y regresen a clase—ordenó algo energética la pequeña mujer, haciendo que nos sorprendiéramos bastante, y saliéramos como soldaditos de su oficina, que luego cerró de un portazo en casi nuestras narices.
Oficial…esa mujer era extraña…
—Inuyasha…ni una palabra acerca del Sengoku, de tu naturaleza demoniaca, ni de nada que pueda ser considerado sobrenatural eh…—expliqué comenzando a caminar por aquel pasillo que me sabía de memoria.
—Keh, te preocupas demasiado—respondió tranquilamente sin prestarme mucha atención.
Cuando llegamos a mi salón, me detuve por un segundo en la puerta, tomando aire.
Esa solterona me iba a querer matar al verme entrar con Inuyasha. Sin querer esperar más, giré el picaporte y me detuve en el marco de la puerta, mirando con temor hacia adentro.
—Se…señorita Tamariba…¿puedo pasar?—pregunté con un hilo de voz, en parte por temor a que me cagara como lo hizo con mi compañero, y en parte porque estaba tan roja de la vergüenza, que sentía que la cara se me asaba.
—¿Quién es el joven que está detrás de usted Higurashi?—indagó la cuarentona, mirándome con los ojos entrecerrados. Que dijeran lo que quisieran, pero a mi nadie me quita dela cabeza que me mira con celos.
Ja, se puede ir atragantándose con ellos.
Es mío.
—Él es Inuyasha Taisho, la directora le indicó que se viniera conmigo al salón, él me acompañará al intercambio a la ciudad de Nerima—expliqué sumamente nerviosa, la actitud de la maestra no me agradaba en lo más mínimo.
—Adelante Higurashi, pero le advierto algo, no quiero ser testigo de ninguna actitud cariñosa con su novio durante mi clase—advirtió la mujer con sequedad.
—Ella no es mi novia…—aclaró Inuyasha mirando seriamente a la maestra.
Se escuchó el sonido de "ssssssssss", típico sonido de bulla entre los estudiantes, maldita maestra, estaba buscando que me desmintiera frente a los demás; lo sabía por la manera que sonreía.
¿Qué le había echo a esa vieja?
—Es mi prometida, y pronto nos vamos a casar—completó colocándose a mi lado, pasando su brazo izquierdo por mi cintura, atrayéndome a él, sin dejar de mirar en ningún momento a la iracunda maestra, para después formar una sonrisa cínica en su rostro.
Decir que hubo un shock general, se hubiera quedado corto, mis compañeros dejaron escapar un alarido de sorpresa, y mis compañeras uno de enfado. E incluso a la maestra, se le resbaló la regla de las manos, ocasionando un desastroso ruido metálico al caer.
—¡¿Qué?!—se aventuró a preguntar el salón entero al unísono.
Yo, mientras tanto, me quise golpear mentalmente.
Advertí a Inuyasha de todo…menos de revelarles que nos íbamos a casar.
Él esta vez no tiene la culpa, solo yo por torpe.
—No me importa saberlo, ¡Higurashi vaya a su lugar!—ordenó recobrando la compostura, yo obedecí al instante, ya que no quería seguir tentando mi suerte; mientras que Inuyasha permaneció en el lugar donde estaba. —¡Taisho!, usted siéntese…—hizo una pausa buscando algún pupitre libre, y para su desgracia, era el que estaba delante de mí y atrás de Yuka, una mueca de desagrado se generó en su rostro, marcando sus ya notorias arrugas—¡delante de Higurashi!, ¡hágalo rápido, estoy interrumpiendo mi clase!—bramó la mujer con un marcado tono de enfado, teniendo que agacharse a recoger la regla que un minuto antes dejó caer.
Lo que quedó de la clase, y el resto del día, se trató de puras murmuraciones hacia mi persona y a Inuyasha. Que si era demasiado joven, que era muy guapo, que si yo estaba embarazada. En fin un millar de suposiciones, y ninguna se acercaba a la realidad…
Si supieran…
En el receso, decidí hacerme la loca, y tan pronto timbró, tomé de la mano a Inuyasha e intentamos salir lo más discretamente posible. Sin embargo…la suerte no se encontraba con ganas de sonreírme esta vez.
—¡Higurashi!—escuché mientras caminaba a paso veloz por el pasillo. Al instante, juré que prefería en este momento encontrarme peleando con un youkai, que en esta situación que se veía venir.
El chico de cabello castaño, se acercó con una sonrisa deslumbrante hacia nosotros, sin reparar en que mi mano se encontraba entrelazada con la de Inuyasha. Apenas llegó, Inuyasha no lo dejó ni siquiera saludar, ya que se interpuso entre nosotros dos, con el ceño fuertemente fruncido.
—¿Qué haces aquí engendro?—preguntó sombríamente, se notaba a leguas que la presencia del chico le caí como patada en la espinilla.
—Te podría preguntar lo mismo…tú no eres de esta escuela—contratacó el castaño, sin llegar a exasperarse en ningún momento, eso sí, perdiendo al instante la sonrisa.
—Vengo acompañando a mí, prometida, ya que la estoy cuidando de rufianes que intenten llevársela—respondió sonriendo cínicamente, apresando mi cintura en un acto posesivo, atrayéndome hacia él.
—Pro…¿prometida?—tartamudeó el joven con algo de dolor impreso en sus palabras, lo miraba con pena, me molestaba que Inuyasha lo hiciera sentir mal, pero espero que así ya desista de intentar algo conmigo, que nunca tendría futuro.
—Sí, prometida, nos vamos a casar una vez que regresemos del intercambio de Nerima—recalcó fingiendo amabilidad, que sonaba más a provocación.
—Un momento…¿tú acompañarás a Higurashi?, ¿los dos solos?, estás mintiendo…Higurashi es demasiado joven como para pensar en casarse—respondió mostrándose desesperado, dejando ver un casi imperceptible tono de enfado, pero sobretodo de incredulidad.
—Tal vez tengamos una muy buena razón para hacerlo tan pronto…—manifestó colocando su palma abierta en mi vientre, acaparando más terreno, tal vez con la vana intención de hacerle saber que yo era solo suya.
Sin embargo, Houjo captó aquella acción como algo muy diferente…sus ojos se opacaron, perdiendo al instante aquel brillo que tanto lo caracterizaba, y bajó un poco la cabeza, evitando mirarme.
—Higurashi…tú estás…—hace una pause mirándome con incredulidad—perdóname por haber seguido insistiendo—expresó con voz sumamente decepcionada y triste—les deseo que sean muy felices los tres—finalizó girándose, caminando rápidamente con la intención de desaparecer pronto de nuestra vista.
Tanto Inuyasha como yo nos sorprendimos, ¿Houjo había creído que yo…?, ambos nos sonrojamos de solo pensarlo, Inuyasha pareció sentirse mal de indirectamente haber herido al chico, sin embargo, sé que no lo hizo a propósito.
Me daba mucha pena haberlo cortado de esa manera, pero era algo que simplemente no podía postergare más.
Ahora que mi vida estaba por unirse a la de Inuyasha.
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¡Hola!
Aquí estoy reportándome, son exactamente las 2:11 de la mañana, pero ¡al fin he terminado!
Como podrán estar pensando…¿Dos capítulos en una semana?, ¿Qué es esto?, ¿el apocalipsis?
Pues lamento decir, que pueden ir quitándose el colador de la cabeza, ya que no es el apocalipsis, simplemente he querido darle velocidad a las historias, y mi inspiración ha andado muy activa estos días, así que a aprovecharla.
Me siento yo también mal por haberle explotado la burbuja a Houjo, pero el pobre no podía vivir más tiempo engañado.
Los nombres de la maestra, directora y secretaria significan:
Tamariba: Quedada, en otras palabras, cotorra, solterona, mujer que no logró casarse a pesar de que quería.
Saiai: Amada, por dudas, es su apellido de Casada, seee es un apellido raro para hombre, pero da igual.
Hisho: Literalmente, secretaria XD decidí no complicármela mucho.
Les aviso que la próxima historia en ser actualizada será…
¡Mi amor por ti es más importante que cualquier cosa!
Como dije…ha este fic, solo le quedan a lo mucho dos capítulos de vida, soy enemiga de alargar las historias, volviéndolas aburridas.
Espero que puedan dejarme reviews, y agradezco los que me han dejado, me motiva demasiado el leerlos, y saben que es como alimento para mi musa.
Besos…
