DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"F8rever"

Capítulo Tercero

Entonces perdiste tu confianza,
y nunca deberías haberla perdido, nunca deberías haberla perdido…

En un chaleco antibalas,
con todas las ventanas cerradas,
haré todo lo posible
yo te veré pronto…

En una lente de telescopio,
y si todo lo que quieres es amigos,
Yo te veré pronto.

{See you soon – Coldplay}

Una mujer notablemente guapa aunque de edad madura, entró en la oficina del director de la clínica de salud mental. La mujer se notaba que era de dinero y dueña de un gran carácter.

—Buenos días señora, ¿en qué le puedo ayudar? —La saludo el director.

—Buenos días. Soy Esme Cullen, y quisiera hablarle sobre Isabella Swan —dijo firme y altanera—. Me la vengo a llevar.

—Disculpe usted, pero eso no se va a poder. La paciente Swan no puede recibir visitas y mucho menos dejar el recinto.

La mujer rió cínicamente moviendo su cabello color caramelo. —Creo que usted no escucho bien, o a caso no sabe quién soy yo, así que por favor no me haga repetírselo.

El hombre la miró, vio que la mujer no bromeaba pero era imposible permitirle eso ya que quién interno a Isabella pidió explícitamente que nadie la viera y menos la visitaran.

—Claro que la escuche señora Cullen, pero le repito, la paciente no está en condiciones de recibir a nadie, y ni hablar de dar su alta médica.

Esme Cullen como la dama que era sonrió malévolamente y finalizó: —Muy bien, señor... —Miró en el delantal el nombre del doctor —Señor Gerandy, no me gusta perder mi paciencia pero créame que nadie me impedirá llevarme a Isabella Swan.

Dicho esto la mujer salió de la oficina con gran elegancia. A las pocas horas después el dueño y propietario llamó al doctor Gerandy diciéndole que si no hacia lo que Esme Cullen le pedía mañana mismo encabezaría la lista de desempleados del país.

El doctor no podía permitir eso ya que tenía una gran cantidad de deudas y su casa hipotecada, se defendió explicándole la situación pero eso no cambio nada.

La misma mujer al día siguiente regreso con más altanería a la clínica, el director le pido disculpas por las molestias ocurridas —pedidas por el dueño—.

—Para que aprenda doctor Gerandy que a un Cullen no se le niega nada —fue la respuesta llena de pretensión y orgullo de Esme Cullen.

Por fuera se veía a Esme Cullen muy tranquila y elegante pero por dentro estaba muy asustada y nerviosa por ver a Isabella. No sólo por la enfermedad que le afectaba a la joven sino también porque ella sabia muchas cosas y algunas no muy buenas acerca de su familia.

En un principio estuvo reacia a venir pero por motivos de fuerza mayor tendría que hablar con la chica y recordar malos recuerdos que venían a su memoria sin querer.

Todas la enfermeras y enfermeros estaban sorprendidos, nadie nunca visitaban a la chica y aquella mujer que estaba esperando por ver a Isabella se veía distinguida y lejana aunque ni de lejos tan perturbada como lo estaba Isabella.

Isabella como todos los días estaba sentada en su mecedora de madera mirando sin mirar hacia la ventana. Esme llegó y colocándose a su lado le dijo:

—Es hora de salir de este infierno, Bella. Hay que volver a casa.

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¿Qué se llevaría?

Nada, pensó.

Nada de lo que había allí era de ella. Y aunque así lo fuera, no quería nada de lo que ahí había. No podía creerlo, ella iba a salir, se iba a ir. No recordaba cuando había sido la última vez que había paseado libre por las calles, cuando había sido dueña de su vida. No recordaba cuando había sido la última vez que había tomado una decisión.

Cuando intentaste matarte, le respondió su mente.

Puso sus dos manos tapándose sus odios negando con su cabeza. Quería que aquellas voces se callaran. No quería oírlas más. Pero luego Bella pensó si en verdad esto había sido una buena decisión. ¿En verdad ella podía dejar el hospital? ¿A Sue?

No quería dejar a Sue, pero debía reencontrarse con su pasado, luchar contra sus fantasmas, se lo debía.

Había dejado que el dolor la hundiera en una nube espesa de sufrimiento y melancolía, había escogido el camino fácil. ¿Pero cómo lo iba hacer? No encontraba que tuviera las fuerzas necesarias para hacerlo. ¿De dónde las sacaría? Tiró de su pelo nerviosa, necesitaba a Sue.

Gritó su nombre varias veces pero ella no vino. Dio vueltas en círculos por su habitación varias veces, tiró nuevamente de su cabello y comenzó a hiperventilar. Se dijo a sí misma que tenía que calmarse. No podía dejarse llevar, no ahora. Se sentó en el suelo, tomó su largo cabello entre sus manos y comenzó a trenzarlo. Eso la tranquilizaba. Lo trenzaba y lo deshacía, lo trenzaba y lo deshacía. Una y otra vez. Hizo al menos tres trenzas diferentes hasta que por fin pudo encontrar un poco de paz. Miró hacia el reloj que estaba sobre el respaldo de su cama, eran las cinco y Sue todavía no volvía.

Desde la visita de Esme en la mañana no había podido pensar en nada más que en él. Su mente se nublaba, llenándola de recuerdos dolorosos.

Comenzó a picarle su brazo, rascándoselo sin cesar. De pronto sintió una mano que se posaba sobre la suya, deteniéndola.

—No lo hagas, te estás lastimando —le dijo Sue en una suave voz. Y era cierto, había dejado unos rasguños y la piel muy irritada—. Ven.

Sue tomó su mano y la sentó en la mecedora. Desarmó lenta y delicadamente la trenza que nerviosa había hecho Bella. Sacó el cepillo que ella siempre traía ya que no podía dejar ninguna de estas cosas en la habitación de Isabella. Lo deslizó poco a poco por su larga cabellera.

—El doctor Brandy ya me contó que has sido dada de alta. —Le comentó Sue, tanteando el camino.

—Sí —habló Bella sin ánimo.

—Ya veo —Sue volvió a quitar la mano de Isabella de su brazo—. Verás que será un nuevo comienzo para ti.

—No quiero dejarte —soltó de pronto Bella. Se dio vuelta, mirándola.

Sue se detuvo y le dio una cálida sonrisa.

—Yo tampoco. Pero tienes que seguir a tu destino, Isabella. —Le dijo Sue con una sonrisa a medias y una mirada maternal que sólo una persona se la había dado en la vida; Renée.

—¿Y si me da otro ataque? No sé si pueda ser lo suficientemente fuerte como para salir de aquí. —Habló atoradamente, nerviosa jugando con sus dedos.

—Lo eres. Yo sé que lo eres. —Afirmó acariciándole su rostro— No importa lo que los demás piensen de ti. Eres una mujer fuerte que logrará todo lo que se proponga.

Sue hizo algo que jamás en todos esos años había hecho; la abrazó. Bella se puso rígida, pero luego se dejo llevar por el gran cariño que le tenía y le devolvió el abrazo.

—Siempre puedes venir a visitarme —le dijo Sue con una sonrisa—. Se feliz. Lo mereces.

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—¿Estás lista? —Preguntó Esme.

Isabella asintió. Como vino se fue, sin nada. Bella no recordaba cómo había llegado allí, había sido hace tantos años atrás. Ahora sólo vestía unos jeans y una blusa blanca que le había traído Esme. Se veía mucho más joven de lo que era. Su pelo estaba trenzado, era la última que Sue le haría.

Intentó rascar de nuevo su brazo pero sintió el parche que los enfermeros le habían puesto. Tanto lo había hecho que dejo un pequeño surco en su piel. Esme intentó tomar su mano pero ella la retiró rápidamente.

—Sígueme —Le pidió Esme. Juntas avanzaron, los tacos de Esme repicaba en el suelo de cerámica. Recorrió los pasillos por los cuales había entrado hacía tanto tiempo, está era la segunda vez que lo hacía, todo era muy nuevo para ella. Bella podía sentir las miradas sobre ella, escuchaba los murmullos, y vio en los rostros de las personas a su alrededor mirarla atónitos. Al final de un largo pasillo estaba la salida. Repleto de arboles con hojas caídas encontró la entrada principal, Esme avanzaba firme y segura y ya estando en el marco de la puerta central vio una limusina negra, demasiado grande para solo llevarlas a ellas dos. Había olvidado la lujosa vida de los Cullen.

Apenas vio a Esme, el chofer abrió la puerta del auto dejándolas entrar.

Verlo fue un gran choque para Isabella.

Era Seth, el mismo que le había ofrecido su amistada cuando apenas comenzaba a salir con Edward, el mismo que la había llevado a su boda, y el mismo que había cargado el ataúd de Edward.

Dio un paso hacia atrás cuando lo reconoció. Este no era el Seth que ella había conocido. No, este era un hombre mucho más maduro, serio, y sin aquella sonrisa que lo caracterizaba. Esme notó la reacción de Bella y nuevamente se pregunto si lo que estaba haciendo estaba bien. Negó internamente e intentó de nuevo tomar la mano de ella para tranquilizarla. Ella no se lo permitió.

—Puedes subir, Bells. Todo está bien.

Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, uno tan grande que recorrió toda su columna paralizándola. Nadie la había llamado así en años. Y dolía, dolía como nunca pudo imaginar que lo haría. Ese ya no era un nombre para ser dicho, la única persona que lo podía hacer… estaba muerta.

Bella negó y miró a Esme con una amargura que nunca imaginó albergar en su interior.

—Mi nombre es Isabella, y le pido por favor no vuelva a repetir ese nombre nunca más.

Dicho esto se subió a la limusina ante una estupefacta Esme. Seth miró a Esme preguntándose cómo iba ella a llevar toda esta situación. Esme dio un suspiro sentándose al lado de Isabella.

Eso no fue lo peor de todo. Luego de llevar al aeropuerto Bella sintió que no estaba preparada para dar ese paso tan grande que la esperaba. No estaba lista para tener una vida de nuevo. Fue presa del pánico y todo alrededor de ella parecía no detenerse. Intentó encerrarse en el baño del aeropuerto. Quizá si corría lo suficientemente fuerte, hasta que sus pulmones no dieran más, nadie la encontraría. Huir parecía tan cerca. Dejar todo atrás como lo tenía planeado hace tantos años. Dejar que el frío enfriara todo su cuerpo hasta llevarse su alma.

Todavía no podía entender por qué no se lo permitían; por qué no la dejaban llegar a él.

Eso era todo lo que deseaba, ser libre para volver a él.

Con su mano todavía en la manilla le puso el seguro y se apegó a la pared. Poco a poco fue cayendo hasta llegar al frio piso. Cerró sus ojos abruptamente intentando ahogar esas imágenes que parecían tan reales, tan nítidas.

La primera, cuando pensó que si sólo se hundía en esa bañera, estaría de nuevo con él. Ya casi podía imaginar lo que sería volver a verlo. Pero se lo negaron, sacándola de allí.

Luego, cuando vio el río de sangre ante sus ojos formarse. Fue tan fácil, tan solo un corte y todo acabaría. Casi pudo saborear de nuevo el sabor de sus labios, su aliento llenándola de paz. ¿Pero con qué quedó? Con sólo unas marcas que le recordarían que nunca sería feliz otra vez.

Y la última. La última fue la que detonó todo. Por qué tenía que hacerlo si sabía cómo terminaría todo. Maldecía una y otra vez a Alice por haberla detenido. Si tan sólo ella se hubiese demorado unos segundos más, si tan sólo la hubiesen dejado lanzarse de aquel barranco… Otra sería la historia.

Por largos minutos estuvo allí, sólo con sus pensamientos atormentándola. Pero de pronto pensó: ¿y si todo hubiese sido por algo? Por algo que en ese momento no supo descifrar, pero que ahora todo puede unirse. Y si ese fuese el destino diciéndole que no se dé por vencida. Que hay una luz al final del túnel. Y si ese fuese Edward diciéndole que todavía no, todavía sus manos no podrían volverse a juntar porque hay algo importante que ella debe hacer: encontrarlos.

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¡Hola!

Aquí apareces con un nuevo capítulo de F8rever y un resfriado espantoso u_ú, pero bueno, espero les haya gustado el cap.

¿Qué creen que hará Isabella ahora? Me gustaría leer sus opiniones ;)

Bueno sin más que decir me despido

Con cariño Nala.