LA BATALLA DE LOS CUENTOS
CAPERUCITA–HYOGA
Por Mary Martín
NOTA IMPORTANTE: con la finalidad de hacer más ágil la lectura y no dar lugar a confusiones, los textos en negrillas son los hechos desarrollados en el cuarto del pequeño Yeiden, los textos normales denotan los sucesos de la historia narrada por Shun.
CAPÍTULO 3
UN CUENTO SIN FIN
El patito ya estaba a punto de ahorcar a su amigo por hacer tremendo desastre con ese cuento clásico pero prefirió quedarse calladito, calladito pues el bebito Yeiden ya lucía ojitos dormilones, estaba hecho bolita entre los brazos de su papi y aunque su carita lucía ansiosa de seguir oyendo la historia, ya cabeceaba de vez en cuando. Shun sonrió al notarlo y tras cobijarlo un poco más con su mantita, se dispuso a seguir…errr… pues esa cosa que estaba contando…
– ¿Y ahora con que me vas a salir? – preguntó Hyoga preocupado rodando los ojos al techo
– Silencio, no hables tan fuerte… decía yo que…
Los shoguns entraron cantando y saltando alegremente. Los tres lucían un adorable traje con orejas, trompita y colita de oso café. Sólo imagínense lo ridículo que se veía el pobre papá Sorrento, que pensaba amargamente "ya me lo decía mi madre, termina la universidad… pero no, sólo a mi se me ocurre aliarme con un Dios baboso fanático de Bob Esponja pantalones cuadrados, que no obligaba a cantar la cancioncita de: vive en una piña debajo del mar y blah, blah, blah."
El bebé Isaac cargaba en su manita una enorme paletota de colores que pesaba más que él por lo que a cada rato se iba de lado azotando como saco de papas, mientras la mamá Tetis se quejaba de sus ojos de pescado y juanetes en los pies. Al llegar al comedor se dieron cuenta de algo terrible...
– ¡No! – grito la mamá Tetis haciendo un drama barato y de paso asustando tanto al papá que este terminó en los brazos de bebé Isaac que con trabajo podía con él y la paletota
– ¿Qué te pasa?
– Alguien se comió mi sopa
– Me lleva, ahora que estamos sin empleo porque el tarado de Juliancito se desapareció mágicamente, esa sopa de fideitos era lo único que nos quedaba para el resto del mes, porque trabajar de botargas en las fiestas infantiles no nos deja ni para los chicles
Mientras ellos renegaban de sus pobres y miserables vidas malgastadas al servicio de una deidad chafa, La Caperucita-Hyoga con botas, se despertó por tanto ruido, se estiró cual gato perezoso y se dio cuenta de que lo habían descubierto los hijos de Winnie Poh versión bizarra, entonces se iba a salir por la ventana sin que los Shoguns se dieran cuenta...
– ¡Oh carambas! ¿Por qué tanto ruido? No dejan dormir a uno
– ¡No! – volvió a gritar la mamá Tetis haciendo que el papá Sorrento tuviera ganas de darle dos bofetadas
– ¿Y ahora que?
– Alguien durmió en tu cama... ¿Quién fue? Dímelo y la mataré como a un perro, siempre supe que era un infiel, miserable
– Que mala onda, papá ¿Cómo pudiste? – reclamó bebé Isaac que se volvió a ir de lado con su paletota
– ¿Podrían dejar de decir tonterías? No es lo que están pensando, yo jamás metería a una mujer aquí, fue ese que se está saliendo por la ventana
– ¡Ah menos mal! – respondió la mamá sarcásticamente – ¡Que alegría! pero si no fue una mujer la que se durmió en tu cama si no ese hombre que se está escapando... ¡¡Pues mucho peor!! Nunca pensé que te gustaran ese tipo de cosas ¡Sucio!
– Ya deja de decir babosadas y en vez de estar inculpándome deberíamos ir a buscarlo...
– Ah no, no quieras buscar excusas a tu infidelidad
– En todo caso, también alguien durmió en tu cama, querida
– Este... no me cambies el tema, estamos hablando de ti
– Oigan, por estar con sus pleitos ya se nos escapo el intruso – interrumpió bebé Isaac
– ¡Ah! y además estaba en trusa
– Dijo intruso no en trusa, tonta
Pues mientras ellos se seguían pelando, la valiente Caperuza siguió su camino lleno de peligros. De pronto entró a una parte del bosque donde había mucho frío, de hecho empezó a nevar de repente. Lo siguiente que supo fue que una enorme hacha se acercó a gran velocidad con destino a su cabeza, pero sus reflejos felinos lo salvaron de una muerte segura. Vio el hacha exageradamente grande cimbrar todavía la tierra, alzó la vista y se encontró con una figura que salía de la oscuridad…
– Momento, aquí nadie pasa ¿A dónde crees que vas?
– ¡Otro! ¿Por qué todos me preguntan lo mismo?... voy a llevarle a mi abuelita la armadura dorada más poderosa, indestructible, invulnerable y magnifica de toda la orden del zodiaco... y... un panquecito
– ¿Tu abuelita? – preguntó aquella voz confundida
– Sí, la mamá de mi mamá
– ¡Ya sé lo que es una abuela! ¿Qué rayos hace tu abuela en el hades?
– Qué te importa – dijo haciendo pucherito de niño malcriado – Sal de donde estés que ya me estás mareando de tanto que te mueves ¿O es que acaso te da miedito? – pregunto burlonamente
Esto hizo hervir la sangre de aquella persona. Al instante empezó a sonar una música macabra, cortesía de nuestros patrocinadores "canciones el patito bailarín S.A de C.T.V.S." De la penumbra comienza a surgir un personaje, la sombra que proyecta en la nieve es enorme pero… poco a poco, al acercarse, va disminuyendo hasta que por fin aparece Toll de Pectagama… pero en versión miniatura… solo imagínense semejante animalón pero como al diez por ciento de su tamaño original… ¡Ah! pero no era el único, seis sombras más acompañadas por una Séptima que las comandaba hicieron acto de presencia… al parecer era una mujer de cabellos lilas, ella era nada más y nada menos que… ¡Hilda-Nieves y sus siete dioses guerreros… errr… enanos!
– ¿Dioses guerreros enanos? ¡Ajaja!
Hyoga se tira al piso y se empieza a reír haciendo tremendo bullicio cosa que hizo que a Shun se le pusiera el pelo negro y su mirada se transformara emulando a cierto Dios del inframundo, de repente y con voz tipo Hades le grito al pobre pato
– ¡Maldición! ¿Qué parte de no hagas ruido no entiendes? ¡Vas a despertar al bebé! – lo toma de sus ropas pero el pato seguía atacado de la risa
– ¡Es que eso estuvo súper chistoso! Los siete dioses guerreros enanos… – ya le empezaban a salir lagrimitas de tanto reírse
– ¡Que no hagas ruido! – lo zangolotea desconsideradamente
– ¡Oh que delicado! pues… además tu estás haciendo más ruido que yo al gritarme de ese modo
– ¿Qué?
– ¡Sht! ¡Que te calles, tonto!
Shun ya iba a hacer uso de la tormenta nebular a la octava potencia, cuando un pequeño quejidito del bebé los hizo detenerse en el acto tapándose mutuamente la boca con una mano, más que aterrados voltean lentamente hacia la cunita donde Shun había puesto al nene al notarlo más somnoliento, se asoman tímidamente solo para observar la enternecedora escena de baby Yeiden chupando su dedito mientras soñaba tranquilo. Respiraron aliviados, por lo menos el alboroto no lo había despertado… pero justo cuando ya cantaban victoria…
– ¡Shun! ¿Por qué rayos no abres la puerta? Llevo horas tocando el timbre ¿Acaso estás sordo o qué? – dijo Seiya entrando a la habitación como si nada y hablando tan fuerte que su voz pudo ser escuchada hasta el polo norte… pero de Júpiter…
Obviamente, el bebito se despertó llamando a su otooto, o sea, a Shun. El chico y el pato se miraron con complicidad y afirmando con la cabeza para corroborar sus pensamientos compartidos, tomaron posición y ejecutaron simultáneamente un micro polvo de diamantes y una micro tormenta nebular… total que el bebé ya estaba despierto y un poco más de ruido ya no afectaría en nada…
– Mamá, hoy no quiero ir a la escuela – dijo el pobre Seiyita viendo estrellitas de colores puesto que había quedado estampado patas pa´rriba en la pared
– ¡Seiya! ¿Por qué rayos entras así a mi casa a las 4 de la mañana? – Shun intenta calmar a Yeiden que se había asustado por semejante escena que armó el tío Seiya
– Vine a ver si me prestabas una tacita de azúcar – dijo mirando a los pajaritos que bailaban en su cabeza mientras Hyoga lo despega de la pared con una pala que no se de donde sacó
– ¿Y porqué carambas vienes a esta hora a buscarla? – Hyoga lo interroga mientras lo ayuda a ponerse de pie
– Es que Saori tuvo antojo de algo dulce, pero si no me querías prestar un simple no hubiera bastado – se sienta en el suelo sobando tremendo chichón que le había salido
– ¡Tío Seiya!
El bebito muy entusiasmado por la nueva visita, que por cierto al parecer era al único que le daba alegría ver al burrito a esas horas, se empieza a trepar por la espalda de Seiya riendo alegremente. Era su tío favorito de todos los que tenía puesto que lo consentía sobremanera y le complacía todos sus gustos. Además que era muy unido a su papi y que siempre llevaba dulces en los bolsillos.
– Solo a ti se te ocurre venir a… momento – se interrumpió Hyoga al notar algo – ¿Qué hace Saori en tu casa a estas horas? – lo mira maliciosamente
– Es que… bueno… pues… verás… – trata de responder súper nervioso
– ¡Ajajá! Picaron, ya te pesqué
– ¡Cállate! No es nada de lo que imaginas… es que tiene fiebre y me pidió que la cuidara y justo ahora le iba a prepara un té pero no tengo azúcar
– ¡Ay si! Que casualidad
– Oigan, van a seguir con eso toda la noche o qué. Yo tengo que dormir a Yeiden y si siguen con sus cosas pues eso va a estar en chino
– Sigue contando, pues
– Está bien pero si alguien más hace ruido de nuevo me veré obligado a usar la fuerza ¿Capichi?... decía yo que apareció Hilda-nieves con sus siete dioses guerreros… errr... enanos
– ¿Dioses guerreros enanos? ¡Qué gracioso! – dijo Seiya entre risa y risa
– ¡Otro! – resopló Shun dándose una palmada en la frente
También Seiya se empieza a reír como loco de tan solo imaginarse al poderoso Alberich juntos a los otros con sus gorritos rojos y silbando aquella cancioncita mientras iban a trabajar guiados por la Diosa Hilda rodeada de venaditos y todos aquellos animalitos del bosque. Ignorando las carcajadas de Seiya se dispuso a proseguir con el dichoso cuento ese para acabar de una buena vez…
En fin, las versiones miniatura de los dioses guerreros hicieron una rueda alrededor de la Caperucita-Hyoga con botas, excepto Hagen-Dormilón que seguía dormidote al pie de un árbol valiéndole pepinos el llamado de su Diosa. Pero de pronto Bud-Gruñón se acercó con cara de pocos amigos y miró frente a frente a la Caperucita… errr… claro que para eso se tuvo que subir a un árbol porque de plano solo le llegaba a la cintura
– ¿A dónde dices que dijiste que ibas?
– ¡Contras!... ¡Que voy a llevarle a mi abuelita la armadura dorada más poderosa, indestructible, invulnerable y magnifica de toda la orden del zodiaco!... y... un panquecito
– ¿Y para que rayos quiere una armadura dorada tu abuelita? – pregunta el adorable Phenril-tontín
– Larga historia, así que si no les importa yo me voy
Intenta salirse de la ruedita que hacían los siete dioses guerreros… errr… enanos, que danzaban a su alrededor impidiendo el paso, pero se detuvieron de golpe dejando pasar a la poderosa Hilda-Nieves que se dirigió a la Caperucita a paso firme…
– ¿Y ustedes quienes son o qué?
– Nosotros somos el pueblo que vive en el Asgaard, en el extremo norte del mundo… nunca hemos visto la luz del sol, ni el verde de los campo ni el azul del cielo, ni…
– Sí hombre sí, eso ya lo sabe todo el mundo
– Entonces para que preguntas, menso
– Solo era mera formalidad, tarado
Después que los mendigos enanos lo dejaron pasar, puesto que se fueron silbando esa cancioncita famosa, avanzó varios metros más pero ya le habían salido cayos al pobre de tanto caminar. Ya libre de amenazas, siguió su camino y después de un largo recorrido llegó al castillo
– Ya era hora – reclamó Hyoga
– Así que tanto rollo solo para dormir al bebé, de haber sabido me traigo a Hypnos y con su técnica lo deja bien dormidito
– Te voy a dar tu Hypnos si no te callas de una buena vez – protestó Shun ondeando su puño con ira por lo que Seiyita mejor cerró su boquita – como decía, la Caperucita-Hyoga con botas se dispuso a despertar a la bella Dohko-Abuelita durmiente…
– ¿Bella? Ya quisiera – se burló Seiya
– ¿Qué? – gritó Hyoga horrorizado – no… no me digas que… que voy a tener que besar a Dohko
– Claro que no, menso – Shun le manda una mirada asesina
– ¡Uf! Menos mal porque de tan sólo imaginarlo…
– No digas esas cosas – reclamó tapándole los oídos a Yeiden – vas a pervertir a mi chaparro
– Bueno, entonces sigue contando
Subió los miles y miles y miles pero de verdad miles de escalones del castillo y al llegar a la torre la encontró durmiendo a pierna suelta y roncando de tal modo que hacía retumbar el lugar. Pero al entrar al cuarto, misteriosamente se cerró la puerta. Iba a replicar algo cuando de pronto un resplandor surgió. Para despertarla le entregó la armadura dorada más poderosa, indestructible, invulnerable y magnifica de toda la orden del zodiaco... y... el panquecito. Al instante, la bella Dohko-Anuelita durmiente abrió sus brillantes ojos y tras estirarse todo lo que pudo… se giró y volvió a dormirse valiéndole un reverendo cacahuate que su nietecita se haya partido el alma para llegar hasta ahí y despertarla. Obviamente esto estimuló la ira de la Caperucita que casi, casi le cae a patadas para que se despertara otra vez
– Donko-abuelita – la sacude para que le haga caso – ¡Ya levántate! ¡No seas floja!
– Pero si es mi nietecito precioso, gracias por tu ayuda
– Gracias las que hace el chango, quiero algo a cambio de mi heroica hazaña ¿O me vas a decir que todo lo que hice no merece una recompensa?
– Qué recompensa ni que nada ¿Por qué rayos te tardaste tanto?
– Discúlpame – dijo remarcando la palabra con odio – pero es que estaba tratando de no perder mi vida en el mortal camino que tuve que seguir para llegar hasta acá, con trabajo y salvé mi pellejo la última vez
– Bueno, para que veas que no soy malo, mmm... te puedes quedar con el panquecito
– Tanta cosa que hice para que me pagues con un mugre panquecito
– Si no lo quieres yo me lo como – dijo la Dohko-abuelita arrebatándoselo ante la mirada abnegada de su nieta
Después de arreglar sus diferencias, se disponían a salir del Hades pero de repente Caperucita-Hyoga noto algo raro en su abue y dijo como no queriendo la cosa...
– Donko-Abuelita ¿Por qué tienes esos ojos tan grandes?
– Para verte mejor, tengo 245 años, ya de por si ni veo y por si fuera poco también tengo cataratas, montañas, nubes y no se que tanto
– ¡Oh! Y dime Donko-Abuelita ¿Por qué tienes esas orejas tan grandes?
– Para oírte mejor, además… es por la dichosa misopheta, no vuelvo a usar esa técnica, me quita todo mi encanto, tan guapo y sexy que me veo de 18 ¿Verdad?
– ¡Ah! Oye Donko-Abuelita ¿Por qué tienes esa boca tan grande?
– ¡Para gritarte mejor! Y ya deja de hacer tantas preguntas tontas, ¿Qué te traes o qué? mejor vamonos que no tengo todo el día ¡Muévete!
Después de regañarlo y jalarle las orejas, se disponían a salir, pero tenian un pequeño problema y es que estaba muy alto y no podían saltar pues la torre daba a un precipicio mortal con piedras puntiagudas y letales. Entonces la Caperucita-Hyoga con botas le dijo a la Dohko-abuelita que tirara su larga cabellera por la ventana para que pudieran bajar por ella y...
– Un momento... – interrumpió Seiya a pesar de que Shun le mandó una mirada de "cállate o te golpeo" – ¿De qué hablas? Pero si Dohko está más calvo que un foco
– Pero yo estoy contando la historia y si digo que tenía pelo largo pues entonces lo tenía ¿O.k.?
– Ta bien, pero no te esponjes
Bueno, entonces bajaron por esa dorada y larga cabellera sin mayores contratiempos y al salir del Hades se fueron contentos a su casa. Caperucita-Hyoga había conseguido su misión al llevarle a la Dohko-Abuelita la armadura dorada más poderosa, indestructible, invulnerable y magnifica de toda la orden del zodiaco... y... un panquecito. Entonces vivieron felices para siempre y colorín, colorado este cuento se ha acabado.
– ¿Qué mash, otooto? – preguntó curioso Yeiden que todavía no se había dormido
– ¡¿Qué?! ¿Todavía estás despierto?
– ¿Qué pashó después? – insistió el peque
– ¿Después? Nada, ahí se acaba la historia – el niño hizo un pecherito adorable – Chaparro, ya es muy tarde, por favor duérmete, el cuento ya se acabó y tú me prometiste que si te lo contaba te ibas a dormir
– Pelo quero sabel que pashó – se quejó mientras sus ojitos se empezaban a humedecer
– ¡¡No!! No llores por favor chaparrito
Pero el niño estaba a punto de estallar en llanto, eso era peor que una hecatombe mundial y Shun no sabía que hacer. Volteó a ver a Hyoga para buscar ayuda pero este sólo atinó a encogerse de hombros y Seiya ya se había puesto medio kilo de algodón en cada oreja para evitar que sus tímpanos estallaran debido al llanto del retoño. Así que sin más remedio Shun tuvo que seguir inventado cosas
– Errr…bueno, lo que pasó fue que…que… – el niño se calmó y lo miró expectante – …que…Caperucita-Hyoga tuvo más problemas porque…porque…la demandaron, sí, la demandaron por…por allanamiento de morada en la casa de los tres Shogúns...
– ¿La demandaron? – preguntaron incrédulos Seiya y Hyoga
– Sí, y…y… también por haberse comido la casa de Radamanthis y entonces la metieron al bote...
– ¿Caperucita estaba en prisión? – Seiya ahora si que no entendía nada
– Así es. En fin, tuvieron que empeñar la armadura dorada en el Monte de Piedad para pagar la fianza y entonces se quedaron pobres. Pero Caperucita-Hyoga fue al mercado y se encontró con un anciano que le vendió...
– ¿Tres frijoles mágicos? – preguntó Seiya tratando de cooperar
– Pues no... le vendió tres zafiros mágicos de Asgard porque Leidy Fleur los había despedido a todos y tenían que ganarse la vida como fuera. Entonces a la mañana siguiente, se convirtieron en un enorme árbol que llegaba hasta el cielo... entonces iba a buscar a la gansa... – mirada asesina de Hyoga – ejem... digo... a la gallina de los huevos de oro para así tener dinero.
– ¡Oh no! – Seiya tenía un mal presentimiento y Hyoga también agarró su almohada y enterró la cabeza en ella
– Y aquí vamos otra vez…
Continuará…
