TRACER
Cuando me alejé, haciendo zigzags sobre el asfalto, pensé que inmediatamente escucharía el inconfundible sonido de su rifle al dispararse. Pero no oí nada. Solo el silencio amortiguado sobre mis propios pasos. La había advertido aún cuando no debía hacerlo, sin embargo algo me decía que era lo correcto. ¿Era propio de un buen soldado dejar morir a alguien cuya suerte fue truncada? Amelie no era el verdadero enemigo, lo eran todas aquellas personas que la habían convertido en lo que era. En esa mujer de piel violácea y mirada de acero, un ser sin piedad capaz de matar a quién más ama sin que asome ni un solo atisbo de compasión en su interior. Talon está lleno de malas personas de un corazón tan negro como el asfalto que ahora piso, pero ella... su corazón era como el nuestro.
La furia que bulle en mi interior acelera aún más mis pasos. Debo volver a la base antes de que se percaten de que falto demasiado tiempo y comiencen a hacer preguntas incómodas. Estoy tranquila sabiendo que he hecho lo que había que hacer.
De pronto, oigo algo a lo lejos y una fuerte ráfaga de viento me desestabiliza. El acelerador cronal se enciende y desaparezco en el aire. Nunca he sabido describir la sensación de desaparecer y notar como una a una tus moléculas se dispersan y te fundes con el viento. Al cabo de un segundo vuelvo a reaparecer a unos metros más atrás del punto en que me encontraba. Me doy la vuelta y los veo. Cientos de aeronaves de Talon se acercan a mí con una velocidad alarmante, unas de mayor tamaño que otras, todas portando el símbolo inconfundible de su organización. Vuelvo a ponerme en marcha y acelero demasiado deprisa, chocando contra los cubos de basura que hay en la esquina de un edificio. Doy un par de vueltas sobre mí misma hasta que caigo al suelo, y, aturdida, intento levantarme lo más deprisa que puedo. De pronto una enorme mano me tapa toda la cara y hace fuerza para llevarme hacia atrás... ¿de dónde ha salido? Intento zafarme como puedo, pero su garra es poderosa y aprieta mi rostro, doblándome la nariz. Ahogo un grito, hasta que reconozco, a la ténue luz de una farola, a quién pertenece esa mano.
Dejo que me lleve y nos ocultamos detrás del edificio. Por el callejón miro como las aeronaves de Talon pasan de largo y siguen su marcha, probablemente buscándome.
—¿Pero qué...?—pregunto cuando por fin me suelta.
—Siento haber tenido que actuar así, pero no podía perder el tiempo.
La precaria luz del callejón apenas me deja verle completamente, pero su voz podría reconocerla en cualquier sitio. Winston se acerca un poco más a mí y me sonríe tímidamente. Contemplo como duda entre si acercarse más o no, y una lucha se asoma en su interior sobre cómo debería actuar. Salvo las distancias dándole un abrazo en el cual me detengo, y mis músculos se relajan cuando por fin me lo devuelve.
—¿Dónde has estado todo este tiempo?—pregunto cuando nos separamos.
—Volví a Gibraltar, allí aún cuento con un laboratorio oculto a unos metros bajo tierra. Necesitaba pensar, terminar algunos inventos...
—¡No puedo creer que estés aquí!—la euforia me invade—¡estás aquí! Y veo que no eres el único que vive bajo tierra. Ahora...—me detengo—... bueno, no es seguro hablar aquí pero... nuestra base no está lejos. ¿Vienes?
—No.
—¿Cómo que no?
Pierdo todo rastro de sonrisa. Mi rostro se ensombrece.
—Ya sabes lo que pasó—espeta—no tendría sentido volver allí. No me aceptarían de nuevo. He llegado hasta ti gracias a tu acelerador cronal, con él a mí me es posible localizarte.
—¿Puedes localizarme por... esto?—señalo mi pecho, y él asiente.
—Inserté un geolocalizador, por si te ocurría algo. Contigo nunca se sabe, podrías dañarte el acelerador cronal en una batalla y te perderíamos para siempre en medio del tiempo y el espacio. Esa era la única manera de saber dónde estabas en cualquier momento y, de pasarle algo a tu acelerador, poder saberlo para salvarte.
Le miro, agradecida, pero mi agradecimiento se convierte en duda. ¿Por qué me ha buscado entonces? Interpreta mi expresión y se adelanta.
—He tenido que esperar a que estuvieras sola para darte esto.
Se separa un poco más de mí y me tiende una caja. Desconcertada, la abro lentamente y encuentro dos armas en su interior. Nuevas, relucientes y quizá algo complejas...
—¿Qué es esto?
—Tus nuevas armas. Cuentan con algunas particularidades que las que tienes ahora no llevan. Te harán mucho más fácil las misiones.
—¿Has venido hasta aquí solo para dármelas?
Las examino detenidamente. Mis nuevas pistolas son mucho menos aparatosas que las antiguas y según el indicador que tienen a su lado derecho, también cuentan con más munición. Aparte de eso, hallo dos botones en el lado izquierdo, que interpreto que tendrán alguna función que me ayudará en las misiones.
—El botón amarillo sirve para detener el tiempo una media de dos o tres segundos. A quién apuntes con la pistola a la par que aprietas el botón, le pararás. Sus ondas vitales se detendrán lo suficiente para no matarle... a no ser que tú quieras. Para ello solo tendrás que disparar.—comenta, de nuevo viendo la duda en mi rostro—El botón verde genera un pequeño escudo, aunque no dura mucho.
Impresionada, vuelvo a acercarme para darle un abrazo. Pero sigo sin saber...
—¿Por qué has venido? ¿No quieres unirte de nuevo a noso...
—¡NO!—ruge, y me enseña sus filados dientes—He venido porque voy viajando de una punta a otra entregando armas a otros miembros de Overwatch.
—¿Qué sabes de los otros miembros de Overwatch? ¿Dónde están, Winston? En nuestra precaria situación no podemos comunicarnos y...
Suspira, visiblemente cansado.
—... Tracer. No es seguro hablar aquí, pero... están bien. Escondidos, igual que vosotros. Incapaces de salir a buscaros también. Alguien tenía que salir y encontraros, y si lo hacía quería hacer algo útil, por eso estoy entregandoos armas de mi propia invención.
—¿A quién has visto, Winston? ¿Cómo...
—No puedo decirte nada—suspira, pero hace el gesto de un corazón con las manos y se me forma un nudo en la garganta.—He de irme.
—¿No vas a venir? Te perdonarán. ¡Yo te he perdonado! Por favor, ahora que te he encontrado, ¡no te vayas! Ya estamos muy separados, no podemos...
—Tengo que seguir en mi laboratorio, no... no puedo volver. No después de lo que pasó. Además estoy haciendo lo que corresponde y...
—¡VUELVE! Por favor, Winston...
—¡HE DICHO QUE NO!—su rugido hace eco en el callejón y asustada contemplo como su rostro pasa de ser el rostro afable de mi gran amigo al de un ser enajenado y loco.
En ese momento se oye un disparo a lo lejos que surca el viento con un fulgor rojizo. Basta para calmar a Winston al instante y ponerlo alerta. Miro hacia el lugar de donde ha venido el disparo y veo como una sombra se mueve rápido entre la oscuridad que nos envuelve.
—Aléjate despacio, monito.
Su voz rebota en las paredes de ladrillo y me giro para encararla. ¿Qué hace aquí? Delante de mí se alza su inconfundible figura. Su rostro está cubierto con el visor, puesto cual ojos de araña escrutando cada rincón del lugar, y sus manos sujetan firme su rifle.
—¿Amelie?—pregunta Winston, ya vuelto en sí. Se sacude la armadura y duda entre si tenderle o no una mano. Cuando vuelve a contemplar el arma, se da cuenta de que no es buena idea.
—Para ti, Widowmaker—sonríe con suficiencia.
—¿Qué haces aquí?—pregunto incapaz de poder contenerme.
—He decidido que voy a creerte—contesta sin apartar el arma de Winston—así que si vas a contarme todo lo que sabes, prefiero mantenerte con vida.
Gruño y la insto a dejar de apuntar a mi amigo, a lo que acepta a regañadientes.
—No he dicho que te vaya a contar todo lo que sé—le espeto—ya te he dicho que iban a sustituirte y por una de los nuestros, nada menos. Es todo lo que necesitas saber.
Winston me mira con una expresión de pánico en el rostro, mientras que Amelie ensancha aún más su sonrisa.
—Claro que vas a contármelo todo. ¿Sabes por qué lo sé? Porque yo tengo algo que tú quieres.
Información sobre Talon. Todo. Absolutamente todo.
