Muchas gracias por vuestros comentarios! Estoy ilusionada con esta historia y espero ir mejorando con cada capitulo gracias a vuestras opiniones.
En este continuamos con Scatha en medio de esa compañía, gobernados por un testarudo y obcecado enano
Todos estos personajes no me pertenecen, son de J.R.R. Tolkien, el cual me hubiera encantado conocer y agradecer por este increíble mundo que imaginó.
.
.
.
"¿Me amas?susurró en el oído del elfo.
"¿Y tu a mi?" Le contestó.
Estaban debajo de una sabana blanca como la nieve, y ligera como una pluma, envolviéndolos en un mundo a parte; su propio mundo. Ella estaba envuelta por el cuerpo de él, que a pesar de ser ligero, irradiaba un calor que la embriagaba. Le protegía.
"No hace falta que lo diga, ¿no?"dijo suavemente, y lo besó con suavidad en el pecho, disfrutando de el olor que desprendía a pino y a madera joven.
"Pues tampoco hace falta que lo diga yo, pero aun así..." con una mano levantó el colgante que ella guardaba con celo en el pecho "Esto está aquí para que no lo olvides nunca"
Se estremeció al tacto de sus dedos suaves en su piel. Era increíble como los dedos de un arquero tan experimentado en batallas eran tan suaves.
"¿Te acordarás de mi cuando no este?" se atrevió a preguntar en voz baja.
Se apartó de ella, levantando la sabana con rapidez, y abandonando la cama. El frió la encontró, y lo observó dar vueltas por la habitación a oscuras.
No quiso interrumpir sus pensamientos, pues anhelaba su respuesta. Necesitaba saber.
El elfo se paró en medio de la habitación y la miró. Sus ojos brillaban de manera indescifrable.
"He vivido miles de años, humana. Tantos que muchos de mis recuerdos se van borrando, pues ya no tienen importancia para mi. He...sentido muchas cosas por mucha gente que me ha rodeado, incluso sentimientos de amor Scatha" ella se acongojó, pensando en la bella elfa que podría haber conquistado el corazón de Legolas "Pero...yo no podría olvidarte"
Vio como se colocó a su lado de la cama, agachándose, para estar a su altura, se incorporó y se quedo sentada en el borde de la cama, con él apoyado en sus rodillas.
"Yo nunca podría olvidarte. Y el día que...ya sabes...no sería capaz de eliminarte de mi cabeza. En mi corazón, solo hay sitio para ti."
"Y-" intentó hablar, pero él la calló con una mirada.
"No hay nada que puedas decirme, o reprocharme Scatha. Nada." la cogió de las manos y la levantó. Los dos quedaron de pie.
"Mañana por la mañana mi padre te conocerá, y deseo..." la cogió de las manos. "Deseo presentarte como mi compañera y prometida."
Entró en estado de shock. Sin poder hablar. Él comenzó a ponerse nervioso al ver que no hablaba.
"Bueno, no sabía de que manera decírtelo, y creo que este no era un bueno momento. No hace falta que acep-"
"Si" dijo rápidamente.
"¿Que?" habló el rubio, nervioso.
Ella se soltó de él y lo rodeó con sus brazos, dando saltos.
"¡Que si! ¡Que si! ¡Claro que quiero idiota! ¿¡Como no voy a querer!?" lo besó con ansias, haciendo que retrocediera, pegando gritos en la comisura de sus labios.
Poco le importaba que le escuchara toda la corte del rey del bosque.
La paró, sonriendo. Le agarró la cara, para que parará de saltar por la habitación. Tenía una sonrisa radiante.
"Te amo, Scatha" afirmó.
Y ella se sintió llena de felicidad.
.
.
.
Abrió los ojos, rápidamente, asustada.
Miró a su alrededor, y vio que todo estaba en calma y silencio.
Estaba en medio del bosque , con una fogata que iluminaba el pequeño campamento que habían montado para esa noche.
Unos ronquidos horribles resonaron, rompiendo el silencio, pero nadie parecía ver turbado su sueño por el ruido.
Se incorporó, sentándose. Agarró su cabeza con fuerza, y la metió entre las piernas, intentando respirar.
Había sido tan real, que habría jurado por un segundo que no era un sueño, y que seguía en esa cama blanca y mullida. Con él a su lado.
Pero estaba en el bosque, rodeada de enanos, apartada varios metros de ellos, y solo abrigada con su propia capa.
El aire no entraba bien por sus pulmones. Tenia un nudo tan grande en la garganta, que se sentía como si se la hubiesen quemado con hierro fundido. Contó lentamente hasta diez, mientras intentaba coger aire y soltarlo, de manera que no se oyera su garganta rota.
"¿Esta usted bien, señorita?"
Levantó la cabeza, sobresaltada.
Bilbo la miraba con preocupación, y se acercó lentamente, sin estar muy seguro de hacerlo o no. Ella asintió, para evitar que el hobbit siguiera avanzando, pero aun así se acercó junto a ella.
Se agachó a su lado. "¿No tiene frió? ¿O tal vez hambre?" Sonrió levemente "Un hobbit sabe bien, que cuando una persona no come, es imposible que sea capaz de dormir en condiciones. Es mas, es imposible incluso poder andar o correr como tu lo haces"
Ella le sonrió también, de una manera dulce.
"Muchas gracias maese hobbit. Estoy bien. Simplemente me he desvelado con los..." lanzó una mirada a los enanos, sonriendo aun mas "Ya sabes"
El mediano le miró con comprensión.
"Lo entiendo perfectamente. No se que ser viviente es capaz de hacer tanto sonido mientras duerme, pero aquí al lado tenemos la respuesta"
Se miraron divertidos. Y ella se sintió bastante mejor, pues el sentir el apoyo de alguien, siempre era reconfortante después de esos días de silencio absoluto.
Después de su llegada, y de terribles discusiones entre Thorin y Gandalf, que lo amenazó con abandonar la empresa y dejar a los enanos a su suerte, por fin le hicieron firmar el contrato, a regañadientes del líder, por supuesto, que no paraba de hablar en su idioma secreto mientras la miraba con odio y desprecio.
Los siguientes días no fueron mejores. Iba con ellos, comía con ellos, y dormía con ellos, pero era como un perro vagabundo al que nadie quería a su lado. Le pasaban platos con comida, y le servían agua, pero no le dirigían la palabra. Y cuando sentía que alguien la miraba, los ojos dejaban de observarla, dándole la espalda.
Así que, en resumen, solo se trasladaba de un lado para otro, en silencio o charlando brevemente con Gandalf, deseando que el viaje pasara rápido, o que inclusive hubiera alguna emboscada para poder luchar y sentir que hacía algo mas que estar en silencio y ausente.
Por lo tanto, estaba sorprendida y feliz de que Bilbo hubiese sido el primero en hablarle, a pesar de las amenazas de Thorin.
El nudo bajaba lentamente por su garganta, y la respiración se estaba normalizando.
"Muchas gracias, señor Bolsón." le dijo con sinceridad. "Si lo desea puedo tomar el relevo en su guardia, y así podría usted descansar unas horas"
El negó con las manos.
"No, no, no. Por supuesto que no, estoy perfectamente ahora mismo, y no tengo sueño, ¿quien podría dormir con estos ronquidos? Se rió suavemente, poniendo los ojos en blanco "No se preocupe e intente dormir un poco mas, que seguro le hace falta."
Ella se soltó las piernas con suavidad, relajando los músculos. Agachó un poco la cabeza, sin apartar la mirada.
"Siento mucho lo que sucedió en el bosque, Bilbo" dijo por fin su nombre "No sabia si eras amigo o enemigo, y me dejé llevar por la situación...No debí seguirte de esa manera . De veras que lo siento"
El hobbit se sonrojó levemente, con una pequeña mueca.
"No te voy a negar que me sorprendiste, pero...no fue para tanto" dejó de sonreir "Una muchacha bella me persigue por el bosque, yo me asusto, y huyó corriendo por el bosque...no es su culpa, si no la mía por ser tan cobarde"
Ella le cogió la mano sin planearlo, y él la miró sorprendido.
"No eres un cobarde señor mediano. Cualquiera hubiese huido. Eso no es de ser cobardes" afirmó con determinación, pues así lo pensaba.
El hobbit apartó la mano de la muchacha, nervioso, y cogió su pipa, para fumar.
"Saqueador"
Bilbo casi se cae de culo al escuchar su nuevo apodo, y los dos se giraron, asustados.
Enfrente de ellos, en el otro lado de la hoguera, estaba Thorin mirándolos con el ceño fruncido y una expresión de enfado. "Mientras usted habla, podríamos ser atacados; así que le sugiero que haga lo que se le ha mandado, pues no consentiré una emboscada en mi empresa por que usted no pueda controlarse y necesite estar al lado de la bruja"
El mediano iba a contestar, tartamudeando y temblando, pero la chica habló antes.
"Es cierto, maese hobbit" Bilbo la miró con ansiedad "Voy a seguir durmiendo. Si necesita que le cambie el turno, solo dígalo. Perdóneme por haber creado una preocupación hacia mi"
Le sonrió con amargura, y pese a que tenia miedo de el enano, no quería dejar a la muchacha sola.
"Pero-"
"Ahora, saqueador" volvió a bramar el moreno, y el hobbit se levantó, marchándose del lado de la humana y alejándose a uno de los arboles, a seguir vigilando.
Ella lo siguió con la mirada, pero sintió los como los ojos de el enano la taladraban, y se dispuso a enfrentarlos.
El hielo de esos ojos la traspasaba, pero no le tenia miedo, así que no bajo la mirada.
"Buenas noches, señor enano" le escupió las palabras antes de girarse, y tumbándose a espaldas de ese frío ser que tanto la odiaba.
Pero ella no iba a rendirse. Ese príncipe que la odiaba tanto, tenia que seguir vivo, aunque poco le importara, pues así, viviría el suyo, al que tanto amaba.
.
.
.
Los días pasaron, y las cosas no cambiaron lo mas mínimo. Nadie le hablaba, nadie la miraba. Era una autentica apestada.
Pero para su plena alegría, el hobbit, aunque de manera muy sutil, le hablaba.
Le servía los cuencos con la comida, y colocaba su poni al lado del suyo, que estaba cargado con los utensilios de cocina,y que iba detrás de toda la compañía al completo.
En las noches, le dirigía una mirada de compañerismo, y por las mañanas veía como alguien la había arropado brevemente. Y eso la reconfortaba bastante. Pues no era apestaba para alguien, por pequeño que fuera.
Gandalf buscaba momentos para charlar con ella, pero a la vez la evitaba intencionadamente, pues ella expresamente se lo había pedido.
No podian hablar, el mago era demasiado sabio, y ella no podía desvelar nada de lo que podía pasar en el viaje. Tenia que cambiar el rumbo de la historia, pero de manera sutil, pues si no, se podría cambiar el futuro con unas consecuencias nefastas.
Un día, mientras bajaba sus cosas del poni, oyó a Gandalf discutir con el príncipe enano, aunque estaban bastante lejos, no había nadie a varios valles, que no los hubiese oído gritarse.
El tema era sobre los elfos, y estaba bastante claro que Thorin los odiaba a morir.
Gandalf salio enfadado, atravesando la empresa con aspavientos.
"Gandalf, ¿a donde vas?" pregunto Bilbo.
"A buscar la compañía de el único de por aquí que tiene sentido común" declaró
"¿Y quien es?" le preguntó
"¡Yo, señor Bolsón!" gritó mientras seguía su camino, lejos de ellos "Ya estoy harto de enanos" alcanzó a escuchar Scatha.
Se quedó fría mientras lo vio marchar, asustada de que el único que sabía su cometido se fuera para no volver.
"Bombur, tenemos hambre" declaró Thorin desde el otro lado.
La muchacha terminó de sacar sus cosas, y se sentó lejos de la empresa, como de costumbre. Kili se acercó con su cuenco de comida y se lo tendió en las manos.
"Gracias" susurró secamente.
Y al levantar la mirada, se dio cuenta de que Kili quería contestar, quería decirle algo, pero agitó la cabeza y se marchó cabizbajo, murmurando en voz baja.
Le daba pena algunos enanos, por que aunque la evitaban, estaba claro que querían hablar con ella y preguntarle sobre muchas cosas; pero por respeto a su líder, no lo iban a hacer.
Comió lentamente, abstraída en sus cosas; que eran básicamente recordar algún que otro conjuro sencillo o el nombre de los arboles que la rodeaban. Así pasaba días enteros, sin ningún sobresalto, intentando no escuchar a los enanos, pues no quería sentirse mas apartada de lo que ya estaba.
Pero esa noche fue diferente.
"¡Tío Thorin!"gritó una voz mientras se acercaba corriendo. Fili tenía la cara desencajada "¡Unos trolls han cogido a Bilbo! ¡Y a nuestros ponis!¡Kili esta allí solo, pero seguro que saldrá a proteger a el mediano."
Antes de que nadie pudiese objetar nada, Thorin se lanzó como una flecha al bosque, con su espada en mano, lanzando ordenes a Dwalin, que le seguía a toda prisa. Seguidamente, todos los enanos salieron en tropel, siguiendo a su líder.
Ella soltó el cuenco, y cogió su espada,también a la carrera.
No podía permitir que hirieran a la única persona que le hablaba y trataba con consideración.
Sorteó los arboles con rapidez, y vio un fuego al fondo, y gritos de batalla. Sin pararse a pensar, entró en el revuelo, blandiendo su espada en alto.
Tres grandes trolls intentaban golpear a los enanos, y estos a su vez, cortaban finamente en sus piernas y brazos, mientras esos horribles seres lanzaban gritos de dolor y fastidio.
Vio a el enano mas joven, Ori, cogido por las piernas por uno de los trolls, y se lanzó a toda velocidad.
Vio la espalda de uno de los enanos, al cual no reconoció, y en el aire, corto con fuerza el brazo que tenia sujeto al enano, que cayo de bruces al suelo, mientras el monstruo gritaba de dolor. Intentó herirle cortando una de sus piernas, y aunque hizo que se pusiera de rodillas, las espadas normales no servían para una piel tan gruesa.
Intentó formular algún conjuro, pero no se le ocurría ninguno que pudiese servir en esos momentos. Por lo que se limitó a intentar apartar al enano que había salvado.
"Levántate Ori" le gritó con fuerza, cogiéndolo del brazo y obligándolo a levantarse.
Sintió un golpe muy fuerte en su costado, y como era lanzada contra un árbol. Cayó al suelo, totalmente desorientada, intentando ponerse de pie
"¡Scatha1!" oyó su nombre, y su corazón palpitó con mas rapidez. Alguien la había llamado por su nombre, alguien se había preocupado por ella.
La cogieron del brazo y la levantaron. Sus ojos se encontraron con unos marrones. Era Kili.
"Gracias" y se incorporó preparada para seguir luchando.
"¡Bilbo!" gritó él, corriendo al lado de su tío, que lo agarró para que se detuviera.
Scatha miró hacia los trolls y la ira llenó su cuerpo.
Tenían a Bilbo cogido por brazos y piernas.
"Desarmaos" ordenó uno de ellos "O lo desarmamos".
Bajaron las armas, y de uno en uno los metieron en sacos, tirándolos al suelo.
Cuando llego el turno de la joven, uno de los trolls se percató de la diferencia de ella con el resto de esos pequeños seres.
"¿Que tenemos aquí?" cogió a la muchacha de los hombros, apretándola con fuerza. Ella sentía como le aplasta las costillas, pero no se quejó, ni dejó que ese asqueroso ser la viera sufrir.
"Parece un asqueroso elfo" afirmo uno de ellos.
"No, es como un orco peludo, ¿no creéis?" Dijo otro. "Es tan feo como uno de ellos"
"¡No soy un orco, ser nauseabundo!" le gritó totalmente ofendida. ¿Orco? ¡¿ORCO?! "¡Y para feo, tu horrenda cara, troll inmundo! ¡Deberías mirarte en un río, y sabrías lo que es un ser feo y asqueroso de verdad!
Había olvidado hasta ella misma su carácter, y el que a veces, no sabia medir sus palabras. Pero aunque llevaba muchos días de tristeza y silencio, ella seguía siendo ella.
La lanzó con fuerza a el grupo de enanos que estaban tumbados, y sintió definitivamente, como algo se rompía dentro de ella. Ahogó un quejido con esfuerzo, viéndolo todo borroso.
Comenzaron a tener una charla sobre como cocinarlos, y a Bilbo dialogando con ellos para...¿Comérselos?
Ella sonrió con esfuerzo. Era realmente listo ese mediano.
"¿Estas de una pieza, humana?" preguntó una voz por encima de ella, y levantó la mirada, para toparse con los ojos de Thorin, que la observaban.
"Si" dijo, confundida y sorprendida. Le había preguntado como estaba. A ella. ¿Thorin?
No pudo apartar la mirada. Y sintió un calor reconfortante en el estomago, a pesar de que posiblemente serian comidos. "Eso creo"
"¡Nosotros no tenemos lombrices, tu si que tienes lombrices! Kili bramó al lado de la chica, que volvió a conectar a la realidad.
Bilbo se giró con dificultad, y los miró fastidiado.
Ella, sin poder evitarlo, le pego un rodillazo a Thorin. Este la miro de, y solo con la mirada la entendió.
"¡Augh!" exclamo su sobrino,pues su tío le había golpeado en la espalda con fuerza. Pero cuando entre el grupo de enanos se miraron, lo comprendieron.
"¡Si, tengo unas lombrices enormes!" grito un enano de pelo gris,el que era sordo. Scatha desconocía su nombre.
"¡No, las mías son mas grandes!" dijo Kili. Y así todos los enanos.
Cuando el troll descubrió la verdad, se acercó cuchillo en mano a el hobbit.
Pero una voz resonó entre los arboles, fuerte e imponente.
"¡Que el alba caiga sobre todos!" Gandalf apareció en lo alto de unos riscos, y con su vara, los partió, dejando que el sol de la mañana lo iluminara todo.
De inmediato todo se lleno de crujidos, mientras, ante los ojos de quince personas, los trolls se convirtieron en piedra, como si nunca hubiesen tenido vida alguna.
Cuando se dieron cuenta de que no iban a ser comidos, todos gritaron de alegría.
.
.
.
Fueron saliendo de los sacos y ayudándose unos a otros, en un revuelo de felicitaciones al mago y a Bilbo, que seguía cubierto por una extraña mucosidad.
La chica, liberada por Gandalf, comenzó a salir del saco. Pero en cuanto lo hizo, sintió un pinchazo horrible en la parte baja del pecho.
Se paró en seco, y con disimulo, se toco debajo de sus ropas, palpando las costillas.
Cuando llegó a la parte inferior, ahogo un gritó de dolor. Efectivamente, y muy a pesar suya, tenia dos costillas fracturadas, y se estaba hinchando por momentos.
Tenia dos posibilidades: decirlo y que alguno de los enanos se compadecieran de ella, la vendaran y la dejaran reposar unas horas, o bien callarse y aguantar a la noche, en donde podría ella misma vendarse y mirar la gravedad de sus heridas.
"Movámonos. Tiene que haber una cueva cerca de aquí. ¡Vamos!" ordenó Thorin, y comenzaron a moverse.
Estaba clara cual era la opción posible.
Recogieron el campamento y se adentraron entre unos arboles.
Le costaba horrores caminar, pues era como si le clavaran una flecha con cada paso que daba, pero aun así supo disimular perfectamente, o eso creía.
"Scatha, estas bien" comprobó que Bilbo había estado a su lado desde que comenzaron a caminar buscando una cueva aleatoria. La miraba con preocupación "Parecéis cansada. ¿Os habéis echo daño?"
"Para nada, señor Bolsón. Gracias por preocuparte" y continuó caminando en silencio, pues se veia incapaz de articular otra palabra. El hobbit siguió a su lado, observándola, pero no quiso molestarla, por lo que no le preguntó mas.
Llegaron a una cueva; y tomaron un descanso. Algunos enanos entraron en la cueva, y otros simplemente se quedaron sentados en la hierba.
La joven se colocó detrás de un árbol y se sentó, agotada. Comenzó a extenderse el dolor por todo su pecho y estomago. Oculta a la empresa, se echó un vistazo debajo de la ropa, y vio con horror como tenia la parte superior de su cuerpo llena de morados, y uno en concreto era negro y con mal aspecto, hinchado de una manera alarmante.
Pensó en algún conjuro o en alguna hierba que la aliviara, pero no se le ocurría nada.
Se golpeó levemente la cabeza contra el árbol, regañándose a si misma.
¿Que demonios le estaba pasando? Ella era una aprendiz de hechicera muy capacitada, y en la guerra del anillo lo había demostrado. Sabia curar heridas provocadas por una espada de Morgul o lanzar un rayo que partiese unas rocas gigantes. Y sin embargo no sentía que pudiese hacer nada en ese instante. Como si nunca hubiese aprendido nada.
Era como una simple cría asustada de sus heridas. Y eso la enfadaba y ahogaba aun mas.
Deseó a Gandalf, a el Gandalf de su tiempo, con ella. Para que le echara un sermón y la levantara.
"¡Algo se aproxima!" gritó uno de los enanos.
Con esfuerzo, cogió de nuevo su arma y se unió a la compañía.
Todo le resultaba borroso, pero pensó que había perdido totalmente la cabeza cuando vio a unos conejos gigantes tirar de un trineo. Se frotó los ojos, y volvió a enfocar la vista, pero...los conejos eran tan reales como lo era ella.
Vio al hombre que estaba subido en el trineo, y se sorprendió retrocediendo.
Era Radagast. Radagast el Pardo.
Su primer maestro. El de su infancia.
Se apoyó en el árbol y se quedó quieta, mirándolo mientras hablaba con Gandalf sobre algo que ella no escuchaba, absorta ante esa imagen.
Después de varios minutos, sonrió con nostalgia. Su maestro en esos años ya era raro y un tanto loco, pero con esa mirada tan noble e inocente que alegraba los corazones.
Siempre agradeció haber pasado varios años con él, pues le enseñó la belleza de la naturaleza, y el amor que se podía sentir por ella, así como usas los conjuros, para fines buenos y totalmente justificados. Ella supo que él estaba mal visto por algún que otro mago, y que se dudaba de su poder.
Pero su poder con los animales era mas terrible de lo que la gente creía, claro que su fachada de chiflado no ayudaba mucho.
Mientras estaba absorta en mirar a su antiguo maestro, un gruñido se acercaba a gran velocidad, y antes de que pudiera incorporase del todo, vio a un huargo corriendo hacia Thorin y sus sobrinos.
Cogió su arco de manera veloz, y con una sola flecha acertó de lleno en la cabeza de el animal, que cayó pesadamente, rematado por Dwalin.
"Hay una manada de orcos cerca" gritó Thorin furioso.
"¿A quien has contado sobre esta misión a parte de a nosotros?" le increpó Gandalf
"A nadie"
"¿¡A quien!? ¡Dímelo!" subió la voz, impaciente.
Mientras discutían mago y enanos sobre que hacer, la chica se fijó en un objeto que llevaba Gandalf en la mano, envuelto con una tela; y todo a su alrededor se ensombreció, desapareciendo las voces.
Un latir lento y pesado resonaba en sus oídos, y pequeños susurros acompañaban a ese tenebroso tamborileo.
Recordaba esa sensación de opresión en el pecho, pero...¿Que era?
Un fuerte apretón en las costillas la devolvió al mundo real, que estaba rodeado por el dolor que estaba empezando a ahogarla.
"Y estos conejos de Rosgobel." oyó a Radagast, subiéndose a su gigantesco trineo. "Que lo intenten si quieren"
Y dicho esto, salio a toda velocidad entre los arboles. ¿Que se había perdido de la conversación?
Una mano en la espalda, hizo que girará. Bilbo la miraba con cara de ansiedad.
"Estas muy palida mi señora" ¿le estaba hablando directamente? ¿Con Thorin tan cerca? Thorin los estaba mirando" ¿Le ocurre algo?"
Ella negó con suavidad, intentando sonreír, quedándose en una mueca extraña para ojos del hobbit.
iba a añadir algo mas, pero cortaron el momento entre los dos.
"¡VAMOS; TODOS SIGAN AL MAGO!" alentó con energía Thorin, que se perdió entre los arboles con Gandalf.
Ella no quiso que Bilbo se quedará a su lado preocupado, por lo que se agarró a la poca fuerza que le quedaba y se adelantó a él, situándose entre Gandalf y Thorin; que la miró de reojo mientras alcanzaban unos extensos llanos yermos, saliendo de el bosque que los resguardaba.
No era capaz de averiguar que estaba sucediendo del todo, ya que solo se concentraba en correr detrás del mago y en respirar con regularidad, cosa que se le estaba haciendo cada vez mas difícil. A cada paso, miles de agujas la perforaban por dentro, y su boca sabia lentamente a sangre.
Con cada metro que avanzaba se asustaba aun mas.
¿Iba a morir allí? ¿Al comienzo de todo? ¿Para nada?
Y sus pies se negaron a rebajar la velocidad, o a dejar de cumplir con su función y caer. Iba a aguantar, costara lo que costara.
Se chocó con el hombro de Thorin fuertemente, e intentó no gemir de dolor. Se vió empujada a una enorme roca, pegada al lado del enano, que la agarra fuertemente del brazo, y de Gandalf al otro, que permanecía a la espera.
Un huargo los buscaba por encima de la roca.
Miró a Thorin. La miró, y se llevó un dedo a los labios, indicándole que no hiciera ruido.
Eso la enfureció.
¿QUE SE CREIA QUE ERA ELLA? ¿IDIOTA? Lo maldijo por dentro con toda su alma. Y seguramente el lo notó, pero la ignoró y miró a su sobrino mas pequeño, indicándole que matara con su arco a la bestia.
Entonces tocó la túnica de Gandalf sin darse cuenta, y otra vez la sombra la recorrió de arriba a abajo, cuando rozó sin ninguna intención, lo que el mago llevaba escondido.
Miró a Gandalf, ignorando al Huargo y a Kili disparándole.
Gandalf se percató de su mirada de pánico, y se quedaron quietos, mirándose con intensidad.
"¿Sabes lo que es?" le preguntó a Scatha.
"Si" asintió con ansiedad y terror en su rostro.
No podía atender a nada de su alrededor. Era imposible. Tenia delante de ella, muchos años antes de la guerra del anillo; una de los objetos que mas pesadillas le habían provocado por las noches. Una de las cosas que mas había temido en su corta vida. Miedo a esas cosas, y a sus portadores.
Claro que lo sabía. Era una espada de Morgul.
Y significaba el mismísimo mal.
Oyeron aullidos a lo lejos, y volvieron a la persecución.
Gandalf corrió hacia la llanura de nuevo, y la chica le siguió, con Thorin y los demás a su espalda.
La cabeza le daba vueltas. No solo por el dolor. Sino por la duda.
¿Ya había comenzado? ¿Sesenta años antes comenzaron a moverse en Mordor?
Si era asi...
¿Por que no se avisó? ¿Que había echo después Gandalf?
Cuando giró la cabeza para buscar de nuevo a el mago, se llevó la sorpresa de no verlo por ningún lado.
Y por si sus pensamientos no la habían llevado lo suficientemente lejos como para no saber que estaba pasando, se dio cuenta de que estaban rodeados de mas de media docena de huargos, que los estaban acorralando en otra agrupación de rocas.
Pero no se iba a acobardar por ello. No ahora que tenia mas cuestiones pendientes con el mago Gris.
.
.
.
Bilbo estaba asustado. No era capaz ni de creerse lo contrario.
No quería ser comido por huargos, que eran una de las cosas mas horribles que había visto en su corto viaje.
Pero aun así sacó su nueva espada, que le había entregado Ganfalf, y se dispuso a estar ahí, aunque estuviese aterrorizado.
No había otra salida.
Un movimiento rápido se colocó delante de el y de Thorin, que se mantenia erguido con su tambien nueva espada brillante.
No creia que iba a ser ella.
Scatha pasó delante de los enanos, y sacó su propia espada. Era oscura, como si tuviera ya muchos siglos vistos, y no era grande y majestuosa como la que portaba Thorin. Y aun así, la fuerte presencia que emanaba, le daba un aura de fuerza en batalla, que nada tenia que ver con su aspecto endeblucho y demacrado que había tenido unos momentos antes en el bosque, cuando apenas podía respirar.
"¡No cedáis!" gritó Thorin para su compañía, mientras miraba de reojo a la muchacha. Bilbo captó una leve sorpresa en la cara del hijo de Thrain.
"¡Por aquí, insensatos!" Bilbo se giró, asustado por la voz a sus espaldas.
Entre las rocas, estaba el maldito mago, señalándoles que corrieran hacia él.
Fueron corriendo los enanos, mientras que Thorin, Kili y Scatha se quedaban atrás.
Antes de tirarse por lo que parecía la entrada a una cueva, se volvió hacia la otra dirección,
"¡Scatha!" gritó, aun estando al lado de Thorin, que le gritaba a su sobrino. "¡KILI!"
Los dos seguían allí, enfrentando a los orcos.
Un orco se acercó montado en su trasgo, directo a la humana. Bilbo quiso gritar.
Pero antes de cualquier gritó, la chica desapareció, justo cuando el orco le iba a acertar con una lanza. Y seguidamente, una sangre negra se esparcio por los matorrales.
La chica volvía a estar allí, con la espada, y su cuerpo lleno de sangre negra.
¿Había visto bien?Se pregunto el hobbit, asombrado. Ni siquiera pudo ver el movimiento de la espada, ni el de ella. Es como si hubiese pestañeado demasiado lento y se lo hubiese perdido. Pero eso era imposible. ¿No?
Kili se quedó mirándola también, anonadado. ¿Que había pasado?
"¡Kili, vamos!" Thorin rompio ese momento tan extraño, empujando al mediano, que cayó en la oscuridad, y aterrizó entre los enanos, que soltaban pequeñas quejas por su peso, mientras se iban incorporando.
Se levantó, mientras vió como bajaba, Kili, con la cara aun fuera de si, un tanto enajenado. Y después la Scatha
Bilbo se acercó a ella, pero no se atrevió a tocarla, al igual que ninguno de los otros. La visión de esa sangre tan putrefacta era un tanto horrible, y no invitaba a acercase a ella.
Thorin se deslizó, cayendo encima de ella.
Rápidamente se levantó, y con sus manos, la agarró de la los hombros de la ropa, empotrándola contra la dura piedra y elevándola del suelo, dejándola de puntillas.
"¡¿QUE DEMONIOS A SIDO ESO?!" sus manos le apretaban con fuerza, muy cerca del cuello ennegrecido. Ella estaba conteniendo la respiración.
La mirada que había tenido antes, ya no estaba, solo quedaban sus ojos verdes, y además que reflejaban cansancio y desgaste. "¡JURO POR DURIN; QUE O ME DICES QUE A SIDO ESO; O ACABO CON TU VIDA AQUI Y AHORA! ¡GANDALF PUEDE CONFIAR EN TI, PERO YO NO TE CREO EN NADA!
Se oyó un cuerno a lo lejos, y caer un cuerpo por el túnel; que obligó a Thorin a soltarla, para apartarse.
Se agachó, y miró la flecha con acritud..
"Elfos" murmuro con voz ronca.
Bilbo suspiró con tranquilidad, pues por un segundo pensó que el enano la ahogaría allí mismo.
Todo parecía un poco mas calmado, al menos enfocado hacia el nuevo miembro de la empresa.
Dwalin indicó que había un camino, y como no había otra opción, lo siguieron.
Todos los enanos se adelantaron.
Todos menos Kili.
Bilbo y él se miraron; y se acercaron a la chica, que seguía allí, acariciándose los hombros, con una mueca de dolor.
Los miró a los dos.
"Estoy bien, continuemos, por favor" sonrió forzosamente de nuevo, adelantándolos y dejándolos atrás. Volvieron a mirarse entre ellos con preocupación, y después la siguieron junto a los demás.
Y por fin vio Bilbo, aquello con lo que había soñado desde pequeño ver, en donde la belleza y la magia de siglos de luces y de paz envolvía aquel recondito lugar, tan bello con imponente.
Y no pudo evitar decir el nombre de sus sueños, ahora que sus ojos podían contemplarlo.
"Rivendell"
.
.
.
Era maravillosa, en todos los sentidos. Y no había visto elfo alguno, y solo estaba observando murallas, y aun así, sabia que era unico que un mediano como el pudiera estar viendo aquello.
Gandalf y los demás esperaron en una plaza, y un personaje hermoso y delicado bajó por las escaleras, hablando en un idioma desconocido para el. Era elfico.
El mismo cuerno sonó dentro de Rivendell, y antes de poder observar bien, los enanos lo situaron en medio de un circulo improvisado de enanos, que gritaban en su idioma, mientras enormes caballos los rodeaban.
De uno de ellos, bajo otro hermoso elfo, pero este parecía mas mayor que el otro, y mas sabio.
Gandalf sonrió con sinceridad al elfo, volviendo a hablar en su idioma, y despues de varias frases con tono alegre, el elfo se volvió hacia los enanos..
Thorin se adelantó a su compañía, muy recto. El elfo se inclino levemente, con una cara amistosa, según la opinion de Bilbo.
"Bienvenido, Thorin, hijo de Thrain." le dio la bienvenida.
"Creo que no nos conocem-"
El mediano, oyó algo deslizarse y caer al suelo, con un golpe sordo. Se volvió, buscando el origen de ese ruido. Pero no había nada.
Parecía que los enanos estaban aceptando la hospitalidad de ese elfo llamado Elrond, a regañadientes.
Pero Bilbo no estaba del todo pendiente. Algo iba mal, lo notaba. Como si hubiese olvidado algo.
.
.
.
Estaba claro que no se iba a fiar de un maldito y afeminado elfo. Eran criaturas viles y rastreras. Pero tenían hambre y cansancio, y sabia que su compañía estaba agotada. Y necesitaban a alguien que supiese leer el pergamino que llevaban, o no serían capaces de recobrar su hogar.
Su esplendida Erebor.
Así que aceptaron.
Cuando se disponían a subir por la escalinata, oyó al maldito mediano gritar con fuerza.
Cerró los ojos, llevándose la mano al tabique nasal y apretándoselo, pues se le estaba colando un dolor de desesperacion por culpa del hobbit..
¿Hasta cuando tendria que aguantar al saqueador gritar?
Pero al volverse, no se esperó ver lo que vio.
La bruja, que había matado cual demonio sangriento, estaba en el frío suelo, mugrienta de sangre negra de orco, pero a su vez, con un hilo de sangre chorreando por su boca, y desplomada en el suelo.
Demasiado pálida para poder estar viva.
¿Había muerto ese demonio?
Y aun no queriéndolo, su corazón se encogió levemente.
.
.
.
Este capitulo es para introducir lo que viene a continuación, que tendrá un poco mas por parte de mi imaginación que por la linea general. Y todavía queda la conversación entre Gandalf y Scatha, que no se me ha olvidado, pero como no me gusta lo lineal en una historia, lo meteré pronto.
Muchas gracias por leer, espero vuestros reviews con ganas, y con vuestra opinión objetiva.
Y para el próximo, un poco mas de cercanía entre estos dos que se odian tanto. :3
