Hola gente! Aquí tenéis la continuación de Henry! Estoy impaciente por que leais los siguientes capítulos... pero todavía tenemos que poner los hechos un poco en orden, así que paciencia. ¡A leer!
Henry no sabía nada de pociones. Tampoco sabía los efectos que causaban. Pero lo primero que aprendió fue que, en efecto, eran inflamables.
Y no porque su propia marmita explotara.
Draco Malfoy, después de intentar lanzar un maleficio a Henry por acusarle (se lo había dicho el propio Henry encogiéndose de hombros) fue castigado con él a limpiar calderos durante una semana. El primer día Henry estaba muy contento porque nunca había visto tantos tarritos de cosas viscosas juntos y como en clase el profesor Severus no le dejaba ni acercarse de momento (aún estaban en clase teórica) pues lo primero que hizo fue abrir la vitrina, para horror de Draco, y coger uno de los frascos.
-¡Deja eso, maldito mocoso!- dijo el rubio levantándose de fregar calderos y yendo a por Henry. Éste estaba de espaldas a él.
Draco le quitó la poción de las manos propinándole un empujón.
Henry cayó al suelo con los ojos muy abiertos.
Fue entonces cuando Draco vio lo que Henry tenía en sus manos.
El tapón.
Draco miró la poción que tenía cogida…. en el mismo instante en que explotó.
Hay que decir, que, algunas pociones, para que se conserven bien, deben almacenarse durante cierto tiempo sin oxígeno, hasta que maduren. Si durante ese tiempo les entra aire, se inflaman y explotan. Con lo que tengan dentro.
Draco gritó y cayó de culo. Se miró las manos, se tocó la cara y gritó más.
Henry, aún con el tapón de la botella en la mano, no sabía si gritar también o reírse.
-¿Qué ocurre aquí!
Snape entró echo una furia con la varita en ristre. Sólo le bastó ver la escena para volverse aún más furioso: dos imbéciles, uno en el suelo con cara de echarse a reír en cualquier momento, el otro chillando por su cutis. Y no creía que Draco se calmara tan fácilmente. Así que simplemente le apuntó con la varita.
Draco cayó dormido al suelo.
Snape se acercó a Henry y le apuntó con la varita.
-Tú…tú….tú no vas a tocar ninguna poción ni nada que se le parezca hasta que yo lo diga. Todo lo que diga en clase, todo lo que los demás alumnos hagan, simplemente lo copiarás en un pergamino y me lo darás. No harás ninguna clase de práctica hasta que yo lo diga…- le cogió el tapón de la botella- ¿Ha quedado claro?
-Sí, Severus – dijo Henry inocentemente.
El rostro de Severus se convirtió en una máscara de ira, pero Henry no pareció notarlo, porque sonrió. Así que Snape no tuvo más remedio que coger a Draco y largarse de allí, antes de que decidiera echarle una maldición.
HPHPHPHPHPHPHPHPHP
Henry paseaba solo por los terrenos del colegio. Le había entusiasmado el calamar gigante y había intentado montarse en él, pero cada vez que conseguía agarrarse a un tentáculo, resbalaba. En una de estas, un grupo de Gryffindor, que pasaba por la orilla, lo vio.
-Oye… ¿ése no es el chico que quería echarle un hechizo a Ron?
-¿Mh? – Ron miró hacia el lago, donde señalaba Harry. Tenía curiosidad por saber qué estúpido se había metido en Gryffidor a las cuatro de la mañana.
Ron, Harry y Hermione se quedaron quietos viendo cómo Henry saltaba encima del calamar y volvía a caerse al agua. Definitivamente, solo alguien tan idiota como para bañarse con el calamar, podría haber entrado en la habitación de las chicas de Gryffindor.
-¿No deberíamos decirle que es peligroso? – dijo Hermione, aunque poco convencida.
-Bah, déjale. El pobre calamar tendrá que comer algo…
-¡Ronald!
Harry ignoró a los dos y sonrió mirando al chico. Era la primera vez que veía a un Slytherin tan singular.
El calamar se fue a dormir. Henry salió del lago.
El trío Gryffindor estaba sentado a los pies de su árbol favorito. Cuando Harry vio a Henry, levantó la mano y le llamó. Henry ladeó la cabeza, pero, como no tenía ninguna razón para no ir, se acercó.
Hermione refunfuñaba y Ron solo sentía curiosidad por ver bien al que…
-¡Harry¡Si es igualito que tú!
-No es cierto- dijeron Henry y Harry a la vez. Se miraron. Henry sonrió como siempre. Harry también, confuso.
-Te llamas Henry¿verdad?- preguntó el moreno.
-Sí.- asintió Henry. Estaba empapado por el lago, pero no le importaba- Y tú ¿te llamas Harry?
-Sí.- dijo el moreno.
-Oh.
Se quedaron en silencio. Harry esperaba que Henry dijera algo, pero no lo hizo. Simplemente sonreía y miraba las hojas del árbol. Definitivamente era un Slytherin muy extraño.
-Bueno, mi nombre completo es Harry Potter.- dijo un poco avergonzado Harry. Casi esperaba que Henry lanzara una exclamación o le preguntara por su cicatriz. O peor, por Voldemort.
-Oh, yo soy Henry Snape.- dijo Henry. Y volvió a sonreír.
Harry se quedó con la boca abierta. ¿Sería posible que ese niño no supiera quién era él? Bueno, no es que le importara mucho….pero….
-¡Oh!- dijo Henry de pronto- ¡Tú eres al que tenía que hechizar!
Ron se puso de pie al mismo tiempo que Henry sacaba su varita.
-¡Expelliarmus!- gritó Harry desarmando al chico. Henry le miró asombrado.- Eso no se hace, Henry. Ron es un prefecto.
-¿Un qué?
-Un prefecto. Los eligen los profesores, son los que cuidan de los alumnos. Es como un alumno-profesor.
-¿Y no le puedo echar un hechizo de pústulas?
-¡No!- chilló Hermione- ¡Está prohibido hechizar a la gente!
-Pero si estamos en una escuela de magia. Se hacen hechizos. Además Draco me dijo que…
-Draco Malfoy es un cobarde asqueroso que no se atreve a plantar cara él solo.- dijo Harry. Esta vez Henry vio que estaba serio.
-¿Por qué dices eso?
Harry le miró. Después de todo era Slytherin. ¿Y si había ido allí a espiar? Pero al ver la cara de tonto de Henry comprendió que no podía ser.
En el tren, Malfoy y sus amigotes intentaron hechizar a Ron – dijo Hermione antes de que Harry dijera nada.- pero les salió el tiro por la culata.
Ron se rió al recordar a Malfoy levitar en el tren boca abajo y Crabbe y Goyle detrás.
-Por eso quería vengarse.- acabó Harry.- Y puesto que tú, por lo que se ve, tampoco le caes bien, te envió a ti para matar dos pájaros de un tiro.
Henry los miró con la boca abierta. Claro, por eso había visto a Malfoy cuchicheando en el tren. Cerró la boca y asintió.
-Oh, bien.
Hermione parpadeó.
-¿Bien¿Es todo lo que tienes que decir¡Te han utilizado¡Deberías ir a la profesora McGonagall y decírselo!
Henry frunció el ceño.
-Pero es que esa vieja me aburre.
Ron se partió de risa y empezó a rodar por el suelo.
-¡Ronald!- chilló Hermione indignada- ¡Para!
Harry sonrió a Henry. Ni siquiera tenía deseos de venganza, era increíble.
Y era verdad. Henry no iba a vengarse. ¿Para qué? Sólo era un juego entre Slytherins….si Draco quería jugar¡él también jugaría¡Y sería muyyyyyy divertido!
Henry sonrió y esta vez enseñó los dientes.
HPHPHPHPHPHPHPHPHP
Snape estaba asqueado. Este curso prometía ser uno de los más insoportables de todos los que había pasado en Hogwarts incluyendo aquellos en los que asistía como alumno y tenía a toda esa panda de indeseables desastrados capitaneados por Black y Potter.
Frunció el ceño al comprobar la altura de la torre de pergaminos que tenía que corregir…. Pero podía dejarlos para más tarde. Ahora no podía pensar en otra cosa que no fuera en (y odiaba que fuera así) Henry S.
¿De dónde venía ese crío¿Por qué llevaba su apellido¿Por qué se parecía a Potter¿Era todo por mera casualidad o existía alguna relación?
Grrrr… Snape no sabía la respuesta a ninguna de esas preguntas y dudaba si algún día… pero… tal vez hubiera alguna manera de averiguarlo… Repasó mentalmente lo que sabía de Henry… terminó pronto: No sabía nada de él.
Tal vez podría consultar los archivos de Hogwarts… Oh, no. Snape recordó entonces que los archivos personales de los alumnos se encontraban en un lugar poco… poco accesible.
Bueno, lo intentaría más tarde. Ahora tenía una pila de pergaminos que suspender.
HPHPHPHPHPHPHPHP
-Bueno… pues ya me voy. Tengo que cambiarme de ropa.- Dijo Henry alegremente al trío, y se fue arrastrando su túnica del colegio completamente empapada y sus zapatos chapoteando por el césped.
Por el camino Henry pensaba en cómo podría devolverle el favor a Draco… Todavía no tenía nada en mente, pero ya se le ocurriría. Entró al castillo por el Vestíbulo.
-¡Adónde te crees que vas, delincuente!- sonó una voz a su espalda a la vez que alguien le agarraba por el hombro.
Henry se giró.
-¡Hola Don Filch!- saludó alegremente al celador.
Filch arrugó aún más su masa de piel colgante de la cara.
-¡No te hagas el simpático, atontado¿Te crees que puedes ir mojando todo a tu paso¿De qué casa eres?-Filch le zarandeó.
Henry soltaba más agua a cada zarandeo.
-Ay, ay… Slytherin.
-¡Ajá¡Un pupilo de Snape! Bueno… se lo voy a decir. Tu nombre.
Henry no acababa de entender el sentido de esa frase… pero respondió:
-Henry.
-Oh¿de veras?- dijo Filch imitando una voz aguda y dulce a la vez que pestañeaba. Súbitamente cambió el tono y añadió.- ¿Te crees que me importa el nombrecito que te puso tu mamá¡Tu apellido!
Henry iba a decirle que no tenía mamá… pero le pareció una historia demasiado complicada como para que ese viejo agitador con cambios de humor inestables y aliento pestilente la entendiera, así que se limitó a responder.
-Snape, Don Filch.
De repente Filch se puso rígido comenzó a balbucear más para sí que para Henry.
-Ah… luego es cierto que hay uno que se llama así… oh… ¿Y qué hago ahora?- miró de reojo a Henry, quien le miraba con los ojos abiertos de par en par.- em… ejem… bueno, por esta vez pase.- soltó al chico, quien se ajustó un poco la túnica empapada.- Pero que no te vuelva a ver ensuciando mi suelo.
Henry se apartó de inmediato, no fuera que uno de los repentinos cambios de humor del viejo le hicieran cambiar de opinión. Fue a las mazmorras escuchando embobado el ruido de succión y chapoteo que hacían sus zapatos al andar.
Una vez en Slytherin, esquivó hábilmente a Draco y sus gorilas que se sentaban frente a la chimenea de Slytherin y se coló en su dormitorio para cambiarse.
En ese momento, Snape estampaba un rotundo cero extasiándose en la perfección con que le había salido el óvalo rojo sobre un pergamino encabezado por el nombre de "Harry Potter".
Por suerte había terminado pronto: los trabajos eran un desastre. Hacía años que Snape había dejado de pensar que era culpa suya que los alumnos no aprendieran nada. Obviamente era culpa de sus estúpidas mentes y su magnífica idiotez.
Se levantó de su sillón y decidió que ese era el momento de visitar los archivos.
Salió furtivamente del despacho y adoptó el aire siniestro que solía cuando no quería que nadie le molestase (o sea, su cara de siempre). Subió las escaleras y se metió por pasadizos secretos hasta llegar a donde debía.
Se paró frente al retrato de una chica de sonrosadas mejillas.
Snape arrugó la nariz. Se suponía que ese cuadro no debía estar allí.
-¿Dónde está el cuadro de Sir Cadogan?- Preguntó medio mosqueado.
La chica pestañeó y empezó a reirse con coquetería. Snape soltó un suspiro de indignación. Sabía que el cuadro de Sir Cadogan era el que guardaba los archivos de los alumnos, y todo el camino llevaba mentalizándose para enfrentarse al chalado charlatán y su estúpida jerga. Pero ver a aquella niñita que no tenía ni siquiera la decencia de asustarse frente a su persona lo irritaba aún más que doscientos Sir Cadogans a la vez.
-Jijijij… pues… ¡Sí!... jijijij… Pero es que le han enviado a otro lugar. Yo le sustituyo.- Dijo la niñita parpadeando de nuevo.
-Bueno. Pues déjame pasar. Soy el profesor Snape.
-Encantada de conocerle, profesor. Jijijijij… yo me llamo Elaine. Jijijijiji.
Snape había aprendido que no servía de nada hablar civilizadamente con ese tipo de gente.
-Escucha, niña. Quiero que me dejes pasar porque tengo algo muy importante que hacer. ¿Entiendes?
La niña empezó a poner pucheritos. Snape contuvo las ganas de hacer trizas el cuadro.
-Snif, snif… yo no puedo dejarle pasar… snif… No tenía que ponerse así.- y le dedicó una caída de ojos espectacular.
-Mira, soy profesor, tengo derecho a pasar sin contraseña.
-No es verdad. Yo no puedo dejarle pasar.- dijo Elaine con voz apesadumbrada.
Snape iba a replicar cuando se le ocurrió que después de todo, no debía ser difícil sacarle información a alguien tan,… frágil.
Intentó sonreir…. O por lo menos no resultar tan desagradable.
-Bueno, bueno… escucha, siento haberte gritado.- Snape esperaba que nadie le oyera en ese momento.- mira… ¿No puedes darme una pista?
La niña sacó un pañuelo y se secó las lágrimas.
-Mmmm… no, no puedo.
Snape no desistió.
-Ya, pero yo soy un profesor y… ¡Arggg!
Justo en ese momento un fantasma atravesó el cuadro con el que hablaba seguido de otro.
Snape se había llevado un susto de muerte. Se llevó la mano al pecho para asegurarse de que no le iba a dar un patatús.
-Oh, lo siento, lo siento.- dijo el fantasma.
Genial, pensó Snape. El idiota del fantasma de Gryffindor seguido del estúpido del fantasma de Hufflepuff.
-¿Todo bien?- preguntó el fraile gordo a Elaine.
-¡Sí! Gracias.
Los fantasmas ya se iban a ir cuando Snape tuvo una idea.
-¡Esperad!- Se dieron la vuelta.
-¿Si?
-¿Habéis estado dentro?
Los fantasmas se miraron.
-Sí.
Snape no sabía cómo continuar.
-¿Entonces sabéis cual es la contraseña?- era bastante inútil intentar perder el tiempo preguntando a los fantasmas, ya que ellos tenían todo el del mundo y con frecuencia al preguntar algo, terminaban contándote su vida y los setecientos años de muerte que habían pasado… así que Snape no se andó con sutilezas y les preguntó directamente lo que quería saber.
-No- dijo Sir Nicholas con gesto que quería indicar: "obviamente"- Atravesamos la pared, simplemente.
Claro. ¡Qué otra cosa iba a decir un fantasma! Snape agitó la mano esperando que así se esfumaran. Oyó a Elaine reírse por detrás.
Snape se dirigió hacia ella.
-Vamos, señorita… estos caballeros pueden decirte que soy profesor, que puedes dejarme pasar.
-Jijijijiji… bueno, te daré una pista… ¡Es algo que me gusta mucho!
El fraile gordo dio un codazo a Nick casi decapitado.
-Oye, esto promete. ¿Nos quedamos?
Snape suspiró.
-.A ver… ¿Fresas?
-¡Uy, casi! Jijijij- Elaine siguió riéndose.
-¿Frambuesas?
-¡No! Jijijiji
-¿Pero se come?- dijo Snape un poco desesperado.
-¡Ey, nosotros también queremos jugar!- dijo animado el fraile gordo apartando a Snape.- ¡Piruletas!
-jijjijj… ¡No!
Snape se sentó en el suelo. Esto iba para rato.
Cuatro horas más tarde…
-¡Gatitos!- se animó a decir Nick casi Decapitado.
Snape resopló. Hacía mucho que ya no decía nada. Tal vez esos dos lo sacarían… algún día. Esperaba que fuera pronto porque ya había tenido que esquivar a Filch cuando había pasado por ahí. No quería que el conserje le viera en esa… compañía.
Hasta que por fin…
-¡conejitos rosa!
-¡Siiii!
Snape no se lo podía creer. Vaya una estupidez de contraseña.
-Bueno, siento interrumpir… pero ya que tenemos la contraseña…. ¿Puedo pasar?
-¡Aún no! Jijijiiji… ¡Tú no la has dicho! Jijijijij
Snape arrugó el ceño. Bueno, ya no se podía caer más bajo.
Draco Malfoy, que pasaba por un pasillo cerca del baño de los prefectos se quedó atónito al ver al adusto profesor de pociones murmurar algo que sonaba a "conejitos rosa" delante del cuadro de una niñita de sonrosadas mejillas mientras ésta le aplaudía junto a dos fantasmas entusiasmados.
Agitó la cabeza y siguió su camino sin llegar a ver a Snape deslizarse por fin tras el retrato de Elaine.
Snape solo podía pensar en que ojalá que volviera pronto Sir Cadogan.
…………………………………………
Remus Lupin sonreía a toda la clase, mientras los alumnos de séptimo se retiraban. Estaba feliz, de eso no cabía duda, no había más que verle el rostro. Desprendía…una especie de fulgor radiante y vomitivo que hacía que quien le mirara pensara en mariposas, flores, anuncios de compresas…y es que Remus Lupin estaba de muy buen humor. Y también que había comido chocolate.
-¿Qué narices le pasa?- preguntó Nott cuando salían ya por la puerta.
- Le habrán dado el pedigrí – dijo Draco lo bastante alto para que lo oyeran todos. Inmediatamente los slytherins de su alrededor se rieron.
En ese momento los alumnos de primero entraban en clase, Slytherin y Ravenclaw. Entre los primeros, Henry estaba el último y no se percató de que el rubio estaba allí…hasta que éste le empujó casualmente y se le desparramaron los libros por el suelo.
-¡Oh!- dijo Henry.- ¡Se han caído! – todos los Slytherin se reían de él, pero a Henry no pareció importarle. Se encogió de hombros y se agachó sonriente a recoger los libros. Los slytherins, cansados ya, se iban a ir, pero Draco aún quería hacer algo…aunque estaban cerca de un profesor…tal vez podría…
- Hum.
Henry levantó la mirada hacia una mano que sujetaba un libro. Uno de sus libros. Lo cogió y sonrió a quien se lo daba.
- Gracias. – dijo Henry. Se puso de pie aún sonriendo al chico. De repente se habían quedado solos en el pasillo.- ¿También vienes a esta clase?
El chico lo miró inexpresivo.
- Hum.- asintió.
- Oh. ¿Eres de Slytherin?
- Hum, hum.- negó.
- Entonces¿eres de Ravenclaw?
- Hum.
- Oh, mucho gusto. No conocía a nadie de Ravenclaw. Oye, no te he visto en el tren¿cuándo has….?
- Chicos, por favor, entrad a clase….- Lupin se asomó a la puerta sonriendo igual que Henry- ¡Oh, si eres tú, Henry¡Hombre y tú también! Vamos, vamos, pasad.
Henry le sonrió igualmente. Parecía que competían por la sonrisa Profident del año.
Al final pasaron.
El buen humor de Lupin se debía, en efecto como Draco decía, a que le habían dado su pedigrí. Bueno, la verdad era que lo que le habían dado era un salvoconducto en el que decía que podía dar clase siempre y cuando tomase su poción diaria y estuviese encerrado los días de luna llena. Esto último no le importaba lo más mínimo y estaba muy feliz de poder dar clase a sus alumnos otra vez.
- Bueno, bueno, bueno. Como esta es vuestra primera clase, empezaremos desde el principio. ¿De acuerdo?- nadie podía decir que no a esa carita sonriente- Y eso quiere decir….que quiero que levanteis la mano los que sepais o hayais oido hablar de algún animal mágico, ya sea en ámbito muggle o de otros magos.
Varios alumnos levantaron la mano.
- ¿Sí¿Cómo te llamas?
- Peter, señor.
La sonrisa de Lupin se ensanchó aún más, aunque sus ojos relucieron un poco menos.
- Y bien Co..ejem, Peter. ¿qué criatura conoces tú?
- Las Doxyes, señor. Se comen las cortinas de casa.
- Ah, Doxyes, muy bien. ¿podrías explicar a tus compañeros lo que son las Doxyes?
El chico lo explicó lo mejor que pudo, con ayuda de Lupin y después los demás chicos de clase fueron levantando sus manos y diciendo criaturas de las que habían oído hablar.
- Jo, pues yo no me sé ninguna criatura mágica…- dijo Henry encorvándose hacia delante. Se había sentado delante del todo, en el único sitio libre y a su lado estaba el chico de antes, que Henry había decidido llamar Chico-que-solo-asiente. Éste miró a Henry sin expresión alguna.
- ¿Hum?
- No se me ocurre ninguno.
- Hum- dijo pensativo.
Cuando Lupin llegó hasta su sitio, les miró.
- Bueno, bueno¿y vosotros¿no se os ocurre ninguno?
Henry negó con la cabeza. El otro chico miró a Lupin y lo señaló con el dedo.
La clase se quedó en silencio. ¿Qué quería decir?
Lupin tampoco lo pillaba, pero entonces se encendieron sus ojos y rió en voz alta.
- ¡Muy buena¡Sí, en efecto¡Yo, soy una de esas criaturas! A ver si adivináis cuál.
- Hombre lobo – sonó desde los bancos de atrás.
- En efecto.- dijo Lupin.- ¿Sabéis? Antes no podía decírselo a nadie. No porque los demás me tuviesen miedo, sino porque yo les tenía miedo a ellos. A vosotros.- todos miraron confusos al profesor. Lupin les dedicó unos ojitos de comprensión adorables- Pero ahora que puedo volver a dar clase estoy muy feliz. Tanto que tenéis el resto de la hora libre. ¡Se acabó la clase, chicos! Y recordad que cualquier ser mágico, por espantoso que os parezca, tengáis el miedo que tengáis, él siempre os teme más a vosotros. – guiñó un ojo a la clase y les señaló a puerta sonriente. Todos los alumnos gritaron de felicidad y salieron corriendo hacia los terrenos del colegio. Hacia una tarde estupenda.
Henry se levantó lentamente del banco. No le apetecía hacer nada. Y menos correr.
- Profesor, entonces¿usted es un hombre lobo?
- Si, eso es, Henry.- Lupin colocaba distraídamente sus pergaminos detrás del escritorio.
- Entonces¿nos comerá cuando sea luna llena?
Lupin rió.
- No, Henry, no os comeré, porque el Profesor Snape, tú profesro y jefe de casa, me prepara cada noche una poción que aula los efectos del lobo en el que me transformo. No corréis ningún peligro.
- Hum
Y Henry, no sabía cómo, entendió eso cómo un: Ya, seguro. Al parecer Lupin también, porque miró al chico son una sonrisa.
- De acuerdo, siempre hay un peligro, pero estaré vigilado todo el curso y os aseguro que no pasará nada.
- ¿Vigilado¿Como en la cárcel?
- Eh…si…algo así – Lupin frunció el ceño. Su alegría se empezaba a esfumar.
- Oh. – dijo Henry y se quedó mirando al profesor sin decir nada más.
El otro chico miraba a Henry y al profesor alternativamente. Casi se podían ver los pensamientos de Lupin. SU fulgor de felicidad se estaba apagando, apagando, apagando…
- ¡Pero no importa!- dijo de repente el licántropo sorprendiendo a los chicos- Si estoy aquí es porque quiero estarlo y si me vigilan es para vuestra seguridad. Estaría mucho peor solo, sin nadie que se preocupara por mí¿no crees?- Lupin sonrió.
- Supongo.
- Hum. – esta vez sonó como un sí.
- Bueno, chicos, hay que cerrar esta aula. Vámonos.- canturreó. Ya volvía a tener el ánimo en alto.
Henry y el Chico, salieron del aula y se fueron en dirección opuesta al profesor Lupin. Bajaron las escaleras y se dirigieron al Gran Comedor, que en ese momento no tenía a nadie. El tiempo que se reflejaba en la cúpula del techo era soleado e incluso se podía sentir la brisa Desde allí podían oírse los gritos de alegría de los alumnos que estaban fuera, en los terrenos.
- ¿Salimos fuera?- preguntó Henry al Chico. Pero el Chico ya no estaba.- ¡Eh¡Oye!Ehmm…no se cómo te llamas, pero¿estás aquí?
Henry suspiró. No lo veía por ninguna parte, así que decidió buscarle.
Después de recorrer los pasillos y preguntar a los cuadros, decidió que tal vez el chico había vuelto a su casa, Ravenclaw. Pero no sabía cómo llegar.
- Preguntaré a los Ravenclaw que vea.- dijo pensando en voz alta.
Pero como era horario de clases, los únicos Ravenclaw que había estaban fuera del castillo, en los terrenos y no le apetecía ya salir fuera. Ya se iba a volver a la sala de Slytherin cuando vio un fantasma de lejos. Tenía la túnica manchada y parecía ser del carácter de Severus, porque al preguntarle si era de Ravenclaw debió tomárselo como una ofensa, ya que empezó a aullar y a hacerle muecas grotescas a Henry.
- Pero entonces¿sabes dónde está Ravenclaw o no?
El Barón Sanguinario, después de ver que su temida mirada de asesino no surtía el menor efecto en el mocoso, decidió ignorarlo y seguir su camino.
- ¡Eh, señor fantasma, espere!
El Barón Sanguinario voló aún más rápido al escuchar la palabra "Señor". Hasta que atravesó la pared.
Las piernas de Henry, poco acostumbradas a correr por pasillos (en el orfanato había faltas incluso si andabas deprisa), no se pararon en el momento justo y chocó contra el muro de piedra. Aún así, Henry no se dio por vencido. Rodeó el muro y buscó al "Señor Fantasma" por todas partes.
Al fin, en uno de los pasillos, distinguió una forma traslúcida. Esta vez se acercó con sigilo para que no saliera corriendo otra vez y, cuando estuvo cerca, se paró en seco.
- ¡Te encontré!
Peeves soltó un alarido y el chicle que estaba intentando meter en la cerradura, voló hasta la nariz de la duquesa de Fybersten, famosa por sus filtros amorosos, el cuadro que había detrás. La mujer a su vez soltó un alarido y fue a limpiarse al cuadro de al lado, chillando. El conde de Baltimor, el vecino al que la duquesa había ido a por socorro, no tenía pinta de querer el chicle, por lo cual, salió corriendo hacia otro cuadro, y así, en cadena, todos los cuadros corrían de un lado a otro, escapando del inmundo chicle de la pobre duquesa, mientras Peeves se desternillaba en el aire y azuzaba a la duquesa a restregarse contra un jovencito que tocaba el arpa y parecía seriamente decidido a usarla como arma si el chicle se acercaba a él.
- ¿Qué diantres pasa aquí?
Henry se dio la vuelta para ver a Filch y la Señora Norris venir a su encuentro.
- ¡Ha sido él!- chilló Peeves señalando a Henry- ¡Ha sido él¡Ha sido Henry Snape!- y se fue cantándolo por el pasillo.
Filch fulminó con la mirada a Henry, que se fijó por primera vez en la Señora Norris.
- ¡Tú!- dijo Filch sin saber qué hacer.
- Hola, gatito….gatito, gatito…bsss,bsss,bsss…
- ¡Qué le haces a la Señora Norris¡Estás intentando lanzarle un maleficio!- y Filch perdió los nervios. Iba a encerrar a ese chico, se llamara como se llamase.
- No. Sólo quiero acariciarla. Ven, ven…
Filch lo miró con ojos como platos. En su vida, nadie, había dicho esa frase. Tanto le impactó que se quedó quieto, como una estatua, mientras Henry trataba de coger a la Señora Norris. Pero la gata se escapaba.
Por fin, el barón Freydmund, licenciado en medicina muggle, consiguió estirpar el chicle con unas tenazas, de la nariz de la duquesa.
Por supuesto, el chicle, voló hasta Filch y se quiso colar en el agujero de su nariz.
Filch chilló y maldijo a los cuadros, mientras Peeves aparecía de nuevo riéndose de él. Al verle, Henry lo siguió, acosándole a preguntas sobre cómo podía mover cosas y cómo se llamaba y qué era. Peeves se limitaba a reírse de él y a señalarlo con un dedo. Henry se reía con él y le señalaba a él con su dedo.
Pero hasta Peeves se hartó del chico. Al final, le hizo una pedorreta y atravesó una ventana que daba al exterior.
Y Henry se quedó solo de nuevo.
Miró por la ventana. Los chicos de abajo jugaban entre ellos y se reían. De alguna forma, Henry sabía que debería sentirse triste, pero también de otra forma, no sentía la menor tristeza. Siempre había estado solo y nunca le había importado y a veces, incluso, intuía que la gente huía de él. Aunque hasta entonces no le había pasado nunca que hasta los fantasmas le rehuyeran. Pero eran cosas que pasaban.
Se pasó bastante tiempo allí, mirando por la ventana, sin pensar. Solo viendo. Y sin darse cuenta, llegó la noche. Y él seguía allí, mirando por la ventana.
Bue... en mi opinión un final un poco triste... pero no os preocupéis.
Dudas, sugerencias, comentarios... todo será escuchado! Por cierto... he cambiado el capítulo porque al principio lo había subido con notas inadecuadas para los lectores... y los guiones no se veían...
kaworu & Snape White
Ambas miembros de la Orden Severusiana
In Severus I trust
