La Casa regente de Hogwarts

La Casa regente de Hogwarts

El curso comenzaba un año más, los alumnos bajaban ansiosos del tren procedente de King Cross para volver a pisar los terrenos de Hogwarts, se peleaban por coger un carro tirado por fuerzas invisibles. Muy a lo lejos se podía divisar los faros de un coche surcando las estrellas, pero a ningún alumno le preocupaba mucho en ese momento mirar al cielo, el castillo de Hogwarts se veía imponente a lo lejos, acogedor. Muchos de ellos habían regresado de nuevo a su hogar.

Todos se preguntaban cual sería el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras de este año, ya que la negra tradición que lleva esa asignatura hace que todos los profesores que la enseñen acaben muertos, o algo peor.

Al atravesar la enorme puerta principal pasaron todos en fila hacia el Gran Comedor, que al entrar encontraron bastante más vacío que de costumbre. La mesa de los profesores se encontraba con numerosos huecos, entre ellos el del profesor Dumbledore, lo cual hizo pensar a los alumnos que algo raro sucedía, pues jamás habían llegado tarde tantos profesores a la ceremonia de iniciación.

Los alumnos antiguos comenzaron a tomar asiento, y cuando la gran mayoría estaban ya en su sitio se apagaron todas las luces, dejando como única iluminación el techo estrellado. La gente empezó a alarmarse, pero antes de que cundiera el pánico la luz de un foco iluminó un rincón, y una figura con sombrero de bruja emergió de la oscuridad. Era la profesora McGonagall con un micrófono en la mano, parecía concentrada en lo que iba a empezar. Otro foco salió de la nada iluminando otra figura con la cabeza inclinada, era el profesor Dumbledore con una guitarra en la mano, y por último un único foco que iluminaba dos grandes pianos eléctricos, y la melena negra de Snape lo ocultaba en su gran concentración. A su lado estaba una mujer que nadie conocía, con una pandereta en la mano.

La música empezó a tocar: "Colgado del cielo, por doce cipreses, doce apóstoles de verde velan doce meses…" a cada golpe de teclado Snape movía su melena de un lado a otro, y Dumbledore lucía su gran habilidad con los dedos haciendo sonar la guitarra eléctrica que llevaba en las manos.

Este no era un concierto común, nadie gritaba, nadie cantaba, simplemente escuchaban con la boca abierta y los ojos como platos. En la penumbra se veía otra figura, un hombre alto, que movía las manos de un lado a otro al son de la música. Un chico de Ravenclaw dijo en voz baja:

- ¡Mirad, está dirigiendo a los profesores!

Y era cierto, el hombre estaba dirigiendo al grupo de profesores. Cuando sus manos pararon los focos se apagaron, apareciendo otro que lo iluminaba exclusivamente a él.

- Queridos alumnos de Hogwarts – comenzó el nuevo personaje – soy vuestro nuevo amo y señor, el Señor Oscuro. – Dijo el intruso – y junto a mi socio Gandalf soy el nuevo director de este centro. Os preguntareis, y creo que haréis bien en preguntarlo… ¿quedan ganchitos en la cocina? La respuesta es: hay para todos, menos para el irlandés borracho de Gryffindor. Y ahora os dejo con vuestro subdirector Gandalf.

Dumbledore subió muy aturdido al atril, y sosteniéndose como pudo comenzó el típico discurso de todos los años, presentando a dos nuevos profesores.

- Y demos un fuerte aplauso a la señorita Indira Blackmoon, profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas, y a Gilderoy Lockhart, profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Al terminar esta frase ocurrieron varias cosas: las chicas aplaudieron de manera fervorosa, gritando. Y el intruso se levantó, haciendo callar a todos los alumnos de inmediato.

- Y ahora para acabar esta velada de recepción he de comunicaros la siguiente novedad: Habrá una nueva casa en Hogwarts – dijo el extraño causando gran expectación entre los presentes – Ante ustedes la nueva casa de Whooperplaf.

Al chasqueo de sus dedos la decoración de la casa cambió, desplegando grandes banderas negras adornadas por un blasón plateado en el que figuraba una hamburguesa plateada con queso dorado, acompañada del nombre de la nueva casa: Whooperplaf.

- Y ahora ya os podéis ir a dormir – dijo el extraño a la vez que desaparecía de repente.

A la mañana siguiente los alumnos de primer curso cumplían la formalidad de pasar por el sombrero para que se les asignase casa, muchos de ellos salían contradecidos y otros contentos por la casa asignada aunque cabe decir que los primeros eran más que los segundos.

-Whooperplaf- gritó el sombrero y la joven sentada en el taburete miraba con asombro al profesor Dumbledore, el cual se limitaba a encogerse de hombros.

De súbito, la profesora McGonagall apareció en el despacho del director de Hogwarts con expresión seria e indignada. Ambos se apartaron un poco de los alumnos que aguardaban para que se les asignase a una casa y se dispusieron a hablar.

-Albus esto es alarmante- dijo la bruja con expresión seria- ese loco se esta haciendo con el control, ya van 15 alumnos de 17 que entran a su casa….creo que ha amañando el sombrero

-¡Oh vamos! Minerva, es imposible que alguien haga eso- dijo el viejo profesor- Aunque sea tan poderoso como parece, el sombrero es un objeto mayor que él y nadie puede alterarlo…ni siquiera yo o el mismísimo Voldemort.

Mientras tanto los alumnos seguían siendo asignados a Whooperplaf excepto los más feos o los menos inteligentes. Este año era el peor año de admisión de alumnos en las cuatro casas desde tiempos inmemoriales, solo un alumno nuevo para cada casa y de mientras Whooperplaf se llevaba toda la promoción al completo.

-Comienza la fase dos de mi plan- dijo el intruso frotándose las manos sentado en un trono rojizo y con los pies apoyados sobre la espalda de Snape- ¡Botones! Tráeme mis zapatillas y mi batín, es hora de empezar a dar clases.