Besishos a todas! :3
Como estan las lectoras mas bellas de la vida? Bueno, yo estoy bien, algo agotada por volver a clases -.- en fin, lamento la demora, sé que soy la peor de la vida *-* Pero bueno, aquí les traigo la tercera parte y final ^^
Aún tengo dudas sobre algo, pero eso lo aclararé al final...
Espero les guste y que haya valido la pena la espera ^^U
Saludotes a:
Miss Writer 04! Me alegra poder hacer que tu imaginación divague tanto como la mía...
Akira Anheru!También se te amodora querida! xD
Y a cada una de mis bellas lectoras
Este capítulo va dedicado con especial cariño a AnitaHero. Nena! Eres la mejor amiga de la vida! Me alegra poder hacerte feliz con un poco de JeArmin 3 Espero te guste este final y te quiero loquisha! :3
Tercera Parte
La desesperación se apodera de Jean, que sube su pantalón, lo sienta para acomodar mejor la chaqueta y lo alza entre sus brazos rumbo a la cabaña. Todo es un torrente de emociones en su mente, apenas puede creer lo acontecido y solo desea que su Rubio amado esté bien, por favor, ruega haber llegado a tiempo. Justo cuando comienza a caminar se topa con Eren, Mikasa y Levi. El mayor mira hacia atrás viendo el cuerpo, luego mira al chico y asiente dejándolo pasar.
— ¡¿Pero qué pasó?! —Exclama Eren con los ojos cargados de asombro.
— Nos encargaremos de esto —interrumpe Levi avanzando hacia el cuerpo tras Jean—. Hanji acaba de llegar, será mejor que lo lleves rápido.
El castaño ceniza comienza a correr tratando de no agitar el cuerpo del chico entre sus brazos. Sabe que está adolorido, y él intenta ignorar el dolor de sus propias piernas. Solo quiere que Armin esté bien. Por favor que esté bien. Cuando llega, Sasha lo espera en la puerta y al verlo se lleva las manos a la boca con la expresión cargada de miedo. Pero no pregunta mientras el chico entra, topándose con las miradas de los hombres frente a la mesa. Hanji compone una mueca, se gira y le da órdenes a Christa mientras camina hacia el cuarto del rubio, agitando la mano para que Jean la siga. Lo recuesta con cuidado sobre la cama, sus ojos dorados comienzan a soltar lágrimas, el nudo en la garganta no lo deja respirar mientras la castaña pone sus dedos sobre la muñeca de Armin para tomar su pulso.
— ¿Qué fue lo que pasó?
— U-un… —su voz no sale. Las palabras se le quedan atoradas en la garganta, intenta aclarársela pero le raspa el intento—. Un hombre intentó… propasarse.
— Será mejor que salgas, Jean —responde la mujer con el ceño fruncido. Nota la clara preocupación por parte del castaño ceniza y lo mejor será que no vea el daño por completo, si es que no está claro si el abuso se llevó a cabo—. Tranquilo —sigue Hanji con voz dulce—, cuidaré de él.
Asiente de mala gana. Sabe que no es de ayuda ahí, pero necesita saber que el rubio está bien. Una vez afuera se enfrenta a las miradas de desconcierto de los presentes. Levi no tarda en aparecer con el semblante serio, seguido de los menores, que preocupados, se encuentran con la mirada de Jean.
— ¿Dónde está…? —comienza a hablar el presidente.
— Muerto —interrumpe el Capitán mirando a cada uno de los hombres sentados ahí. Todos se estremecen, tragando duro y removiéndose nerviosos—. Escúchame bien presidente, debes cuidar bien a estos cerdos, no quiero más problemas o terminarán igual que tu subordinado. Ahora, les pido que vuelvan por donde vinieron, no dejaré que mi escuadrón corra peligro por unos pervertidos que no son capaces de pagar alguna puta. Se reunirán con Irvin en otro lugar.
Todos miran al hombre regordete que asiente con el sudor cayendo por su frente. Ya vio a ese escuadrón en acción y pudieron contra todos sus hombres sin mayor problema. Además el trato es demasiado conveniente como para romperlo, así que con una sonrisa tensa se levanta agradeciendo y retirándose en silencio. Jean tiene la mandíbula tan tensa que pronto comienza a dolerle las cienes, se masajea con un gruñido y corre la silla frente a él para sentarse. Una taza humeante se posa frente a sus ojos miel, cuando alza la vista Mikasa lo observa con atención, dejando el objeto sobre la mesa con cuidado.
— Lo necesitas.
Jean jamás vio alguna vez que la chica tuviera esos impulsos con alguien más que no fuera Eren o Armin, entonces se da cuenta de que Mikasa lo está haciendo por agradecimiento. Asiente con una leve sonrisa y se inclina para tomar la taza y beber un poco del líquido. El calor lo reconforta de alguna manera. Mira a su alrededor y nota a Eren conversando con Levi, Mikasa se une junto a Conny. Seguramente discuten el aumento de la seguridad o algo así, por lo que alcanza a captar. Ahora al castaño solo le importa saber que Armin está bien y que ese bastardo no le hizo gran daño.
La silla se corre frente a él y Jean alza la vista para ver a Levi con el ceño fruncido, además de una clara mueca de desagrado.
— Odio el esfuerzo innecesario, niño —dice con su gélida voz, la que luego suaviza para agregar—: entiendo que quisiste salvar a Arlert, pero no puedes ir por ahí matando gente. Irías a la corte.
Un escalofrío recorre la columna vertebral de Jean, que traga de manera dolorosa el té caliente. No midió sus acciones, pero no puede arrepentirse, no ahora. Desvía la mirada y Levi capta la incomodidad del menor.
— Como están las cosas eso no sucederá —continúa cerrando los ojos y llevándose la taza que le tiende Eren a la boca—. Estamos haciendo algo para nada correcto y llevarte a juicio sería algo estúpido por parte de ellos. Pero no te confíes, Kirschtein. No te metas con ellos. Lo de Armin ya está saldado.
— Sí, señor.
Dicho aquello ambos guardan silencio, entrometidos en sus propios pensamientos, sopesando las posibilidades de sus respectivos asuntos. Tomando decisiones.
La noche cae sobre la cabaña, el frío de afuera se cuela por las paredes de madera y Hanji le pide a Jean que lleve un asador al cuarto de Armin para que el chico no pierda el calor. Pero la mujer lo ha escogido porque sabe cuán preocupado está el castaño ceniza con lo sucedido a Armin. Además el chico ya ha despertado y lo único que pronunciaba en sueños era el nombre de su salvador. Hanji sale del cuarto cerrando la puerta con suavidad, topándose con unos nerviosos ojos dorados, él sostiene el asador caliente entre sus manos y la castaña sonríe con ternura.
— Es tu turno de cuidarlo ahora, Jean —dice con voz suave, volviendo a abrir la puerta para dejarlo pasar—. Tú serás su mejor analgésico.
Ante aquellas palabras Jean se sonroja con brusquedad, asiente con timidez y se gira para dejar el objeto caliente en el suelo en medio del cuarto. Se acerca a la cama con extrema lentitud, Armin tiene sus ojos cerrados y respira con tranquilidad. El castaño ceniza traga duro, siente sus manos sudar con nerviosismo, preso de la ansiedad se sienta con delicadeza al lado del chico.
Armin siente el peso a su lado, pero debido al cansancio se abstiene de abrir los ojos. Una mano se desliza sobre su frente, bajando por su mejilla y acunando su mentón. El pulgar gira sobre su piel causándole un cosquilleo, abre sus azules ojos que se encuentran con la mirada intensa de Jean. El chico traga con dificultad y se sienta en la cama con una mueca.
— No debes moverte, Armin —le dice Jean con una mirada de clara preocupación.
Pero el chico no lo oye, no quiere. Se inclina y abraza a Jean, que se queda estático entre los delicados brazos del rubio. Se siente un tanto confundido, pero pronto cede a la necesidad de sentirlo, lo abraza de vuelta con fuerza, la delgadez contra su cuerpo lo calma y pronto siente sus ojos humedecerse por el alivio. El rubio está bien, junto a él, entre sus brazos y no lo soltará jamás. Jean pasea sus manos por la espalda del chico, aspirando su aroma con desesperación, embriagándose del olor masculino del más alto.
— Por… —su voz se quiebra, Jean se desarma apretando más al blondo contra su cuerpo, intentando volver a hablar y conteniendo las lágrimas que humedecen sus ojos—. P-por favor… dime… dime que ése bastardo no pudo, Armin —el chico respira nuevamente, como si el oxígeno se le hiciera poco—. Necesito oírlo, quiero saber que no pudo hacerte más daño. Armin… yo… no me lo perdonaría, te amo tanto, y pensar q…
— No pudo —dice el chico con un hilo de voz, enternecido por la preocupación del otro, pero no queriendo recordar lo sucedido—. Solo… él solo… tocó.
— ¡Ése bastardo! ¡Me alegro de haberlo matado! ¡Hijo d…!
— Bésame, Jean —murmura Armin contra su cuello, interrumpiendo sus eufóricas palabras, deslizando sus finos labios por su mejilla y descendiendo hasta su boca.
El castaño ceniza duda, frunce el ceño y se relame los labios. La respiración tibia de Armin calienta su boca, ya no puede resistirse, se acerca y los toma con delicadeza. El blondo suelta un gemido, esos tibios y ásperos labios acarician su boca con delicadeza, calmando sus miedos, como un dulce bálsamo. El alivio es demasiado, saber que llegó a tiempo es como si una mochila cayera de su espalda y lo liberara, dejándolo liviano, permitiéndole entregarse al momento. Su nerviosa lengua se cuela en la húmeda cavidad de Jean, que jadea calentando su garganta. Armin se siente feliz, por lo menos aquel hombre no tocó sus labios y siente que aquello le pertenece por entero a Jean. Un cosquilleo recorre su cuerpo y sus ojos se humedecen de emoción cuando se aleja mirando la expresión cálida del castaño frente a él.
Jean traga con fuerza, de alguna manera todos los sentimientos de Armin salen a flote a través de sus ojos azules, tan transparentes como el agua. Alza su mano y acaricia los rubios cabellos con cuidado.
— Te haré olvidar todo, Armin —dice Jean con una sonrisa suave, tomando el mentón del chico para acercarlo a sus labios nuevamente.
Esta vez el beso es más necesitado, apasionado. La desesperación se adueña de sus lenguas, que juguetean con descaro. La humedad se mezcla entre sus labios, que buscan el consuelo del amor. Jean recuesta al blondo con cuidado, sabe que las heridas aún están frescas, pero el analgésico debe ser suficiente. Además, necesita sentirlo ahora. Armin se deja hacer con nerviosismo, confía en el sujeto sobre él, pero las manos le tiemblan mientras Jean tira las sábanas hacia atrás, dejando su cuerpo expuesto, siendo cubierto solo por la camisa.
El chico desliza su mirada por el cuerpo tembloroso de Armin, notando las manchas lilas sobre su piel. Jea no sabe con exactitud qué hacer. No quiere asustar al chico, pero está decidido a llegar hasta el final. Resuelve quitarse el equipo, bajándose de la cama para arrojarlo a la del costado. Vuelve a subirse a la cama, se inclina y besa al chico nuevamente, con suavidad, demostrando que debe confiar. Su boca sigue descendiendo por su cuello, lame y besa, su aliento calienta la zona húmeda y el blondo se estremece soltando un suave suspiro. Jean de alguna manera se excita, pero mantiene la concentración. Sigue bajando, recorriendo su pecho que sube y baja con irregularidad. Armin se tensa y Jean comprende que va por terreno peligroso.
— Relájate —murmura con sus labios aún sobre su piel, cerca del pezón—, sabes que no te dañaré. Pero si no lo quieres, dímelo. Me detendré de inmediato.
— No, necesito sentirte. Que borres todo, que me dejes en blanco.
Jean sonríe, saca la lengua y le da una lamida al pezón. Armin da un respingo, tenso, pero sintiendo la humedad de forma placentera. Tiene sus ojos abiertos, clavados al techo. El aroma de Jean está impregnado en su nariz, lo reconoce, sabe que es él. Que todo irá bien. Chupa el rosado botón, Armin aprieta los labios y se los relame, para sentir la lengua reemplazar la tarea. El contraste es inmenso, la sensación es más que placentera. Es aditiva, incitadora. Jean abandona el lado derecho para seguir con el izquierdo, sin dejar de besar esa suave piel. Humedeciendo todo con su lengua, besando por doquier. El regusto de Armin se aloja en su paladar mientras espasmos acompañan los suaves gemidos salidos por su boca. Las manos anchas de Jean acarician los costados del chico, se deslizan sintiendo como la piel de Armin se eriza con su áspero tacto.
El blondo no puede respirar con regularidad, su camisa está abierta, mostrando todo de él. ¿En qué momento pasó aquello? Pero ya poco le importa, alza las manos sobre su cabeza y se aferra a las sábanas. Jean pronto llega a su ombligo, donde mete la lengua jugueteando, sigue bajando y alza la vista hacia el blondo que con los ojos cerrados y el rostro enrojecido por el calor, se entrega por completo. Jean nota el miembro ya despierto del blondo, gira el rostro y le da unos mordiscos a su cadera. Entonces Armin es consciente de la proximidad con su erección, alza la vista y los dorados ojos de Jean lo observan con una intensidad posesiva, cargada de lujuria y solo eso lo hace estremecer de ansiedad.
— Marcaré cada centímetro de tu piel. —La voz de Jean reverbera sobre su muslo, volviendo a su lisa cadera, donde el hueso sobresale. Tan ronco, su excitación se hace clara y Armin siente el estremecimiento en su entrepierna—. Te haré mío, Armin. De todas las formas posibles. Te haré tocar el cielo, olvidar hasta tu propia existencia. Serás total y completamente mío. Mío.
Armin traga duro, maldita sea, esas palabras encienden su cuerpo, quemando su corazón y su cordura. Lo quiere, quiere sentir a Jean en esos instantes.
La boca algo inexperta atrapa su erección, el blondo da un respingo, bajando las manos por instinto para apartar el rostro de Jean. Pero este succiona, desarmando al chico que sólo puede aferrarse a sus cabellos castaños ceniza con desesperación. Jamás en su vida ha sentido tanto placer, es extraño, mucho mejor que tocarse así mismo. Una sensación húmeda que lo derrite de deseo. Jean alza su vista, sacando el miembro de su boca para masajearlo. Admira ese rostro sonrojado, sus ojos azules vidriosos, pero sobretodo, esos gemidos cálidos que le indican que va por buen camino.
Armin siente la lengua del chico lamer desde la base hasta la punta, para luego jugar con su ingle. Nota los movimientos dubitativos, pero ciertamente decididos. Explorando, probando y recordando. Entonces el blondo lo comprende: Jean es tan inexperto como él. Está descubriendo su cuerpo, así como él quiere descubrir el suyo.
La saliva caliente se escurre por el duro pene mientras Jean separa sus labios, dejando la punta de su lengua afuera. Armin se relame los labios, se sienta y toma el rostro de Jean entre sus manos para acercarlo al propio. Lo besa con delicadeza, pero claro deseo. Sus finos labios atrapan los salados de Jean, que cierra los ojos para sentir la lengua del chico entrar y jugar con la suya, restregándose contra el músculo y abrumándolo de sensaciones. Se siente tan bien, sus sensaciones fueron de la preocupación al alivio, luego a la entrega. Jean quiere olvidar lo sucedido, que mató a un hombre, cuando solo debió matar titanes. Olvidar que la vida le ha arrebatado su libertad, pero no el amor. Su corazón comienza a latir con fuerza, martilleando contra su pecho. ¿Cómo no se dio cuenta antes del amor que siente por el rubio? Ahora que lo comprende, siente como el sentimiento lo abruma, queriendo más de él. Queriendo todo de él.
— Aaah —suspira Armin soltando su boca, sintiendo la mano del castaño ceniza masajeando su pezón.
— Eres tan dulce… —murmura Jean deslizando su lengua por el labio inferior del chico—. Recuéstate boca abajo.
Armin asiente con el sonrojo azotando sus mejillas. Pero está seguro: quiere llegar hasta el final.
Se quita la camisa girándose y apoyando las manos en el colchón, para dejar su trasero al alcance de Jean. El castaño sabe muy bien como lo hacen los hombres y aunque creyó que jamás tendría necesidad de practicarlo, ahora agradece haber conversado con Reiner. Se levanta para abrir el cajón de la mesita de noche y saca un pote de lubricante. Si bien su uso es para facilitar el desliz de los engranajes del Equipo, ahora le dará otro uso. Embadurna sus dedos y los guía hacia la entrada, jugueteando para ayudarlo a acostumbrarse. Un dedo, el chico aprieta los dientes sintiendo la incomodidad, pero con el segundo el dolor aparece. Armin se queja bajo, haciendo que Jean baje la velocidad de sus movimientos. Suma un tercero y el blondo siente sus piernas temblar. Mierda, se está arrepintiendo.
— ¡AAAHH!
El gemido, distinto de los otros, se escapa desde lo más hondo de su garganta. Jean alza la vista tragando con fuerza, eso sí que lo excitado. ¿Pero cómo? ¿Acaso ha dado con ése punto? Vuelve a pasar la yema de sus dedos por aquella zona, para recibir un segundo gemido que confirma sus sospechas. Jean sonríe por su acierto, sique jugueteado con ese punto haciendo que el chico no sea capaz de sostenerse, se desarma sobre el colchón, mordiendo su brazo, apoyado solo en los codos.
Armin siente el placer abrumador azotar su cuerpo, es tan nuevo que se está desorientado. No puede pensar, solo sentir. Jamás creyó que fuera así de increíble. Entonces Jean lo gira, clavando sus ojos como miel caliente sobre los suyos.
— Esta posición no es la mejor para la primera vez, pero necesito verte mientras entro.
El blondo se sonroja, el calor se le va de golpe al rostro. No sabe si es por vergüenza o la ansiedad ya comienza a hacer estragos en él. Pero sonríe, la sinceridad de Jean no tiene límites y aunque a veces sus palabras realmente sean estúpidas, lo ama. Armin alza las manos, bajando el rostro de Jean, donde deposita un casto beso.
Sin dejar de mirarse, con el deseo bullendo y un sinnúmero de sensaciones recorriendo sus cuerpos, Jean se adentra por aquella tibia estrechez. Una sola estocada.
— ¡Mierda! —exclama el rubio apretando las piernas en torno a las masculinas caderas del castaño, que están a tope con las suyas—. Jean…
Inclina su rostro y besa los labios de Armin, saboreándolo. Disfrutando de aquel momento, en el que son solo uno. Donde lo único que importa es cuánto se aman. Jean toma la mano derecha del rubio y se la lleva a la boca, sus labios se deslizan por esos dígitos de manera lenta, besando con delicadeza, esperando a que se acostumbre. Armin comienza a regular su respiración, el miedo de aquellas caricias se disipa por completo, abandonándolo a la mezcla del dolor y el placer cuando el chico de orbes miel comienza a moverse. Es doloroso, pero Armin no quiere que se detenga, aguanta las suaves estocadas mordiéndose el labio.
Jean nota los ojos fuertemente cerrados de Armin, duda de si seguir, pero entonces recuerda la ubicación de aquel punto y comienza a penetrarlo de manera más profunda. De pronto el blondo se arquea con brusquedad bajo su cuerpo, clavando sus ojos azules en el techo mientras un gemido ahogado sale por su garganta. Jean jadea ronco, sintiendo la estrechez de Armin atrapándolo.
El blondo no puede pensar con claridad, mierda, se siente demasiado bien. El dolor es reemplazado por un placer tan abrumador que lo ciega por momentos. Las caderas del castaño ceniza chocan con las suyas a un ritmo lento, pero profundo. Sus ansias crecen sintiendo a Jean deslizarse en su interior.
— Mhn —Jean aprieta los labios apoyando su frente en el pecho del rubio, apoyándose en su codo izquierdo.
Desliza la mano por ese plano vientre, suave y húmedo, observando la piel blanca que se le antoja deliciosa. Pero sus ojos miel se clavan en las marcas moradas que surcan su cuerpo, dedos marcados, manchas de golpes, pruebas de lo que sufrió a manos de aquel hombre. Pero Jean no dejará que eso arruine su momento, se inclina y besa el moretón bajo las costillas de Armin, que se estremece ante la dulce sensación del dolor al presionar aquella zona. Sus labios acarician la piel, su lengua recorre el contorno para luego volver a besar y repitiendo el proceso con todos los moretones. Borrará cada una de aquellas marcas, con sus besos, hará que Armin solo piense en él, que olvide el origen de sus moretones y se concentre en el alivio que le proporciona su boca.
Armin jadea con fuerza, el aliento caliente del chico sobre él le erizan la piel. Calientan todo a su paso. Sus manos están clavadas a las sábanas, Jean sigue dentro de él, pero no se mueve y eso lo desespera, siente que acabará con solo sentir aquellas caricias. Jean se arrodilla frente al blondo, apoyando sus manos a cada lado de ese esbelto cuerpo, observando su bello rostro desde arriba. Armin alza las manos para acariciar la piel trigueña del chico, desliza sus palmas por los pectorales firmes, para descender por ese vientre duro, donde siente los músculos comenzar a marcarse en ese joven cuerpo. Todo en Jean le parece masculino, abrumador y bello. Alza el rostro para besar la clavícula del castaño ceniza, muerde jalando la piel y sigue ascendiendo por su cuello. Besando, marcando. Hasta detenerse en su mentón, donde muerde con delicadeza. Un gruñido de satisfacción sale por los labios de Jean, que hecha sus caderas hacia atrás y embiste con lentitud.
— ¡Aaah! —Armin se sostiene en los hombros de Jean, que vuelve a repetir la acción, haciendo que el blondo esconda el rostro en su cuello.
Sigue ese movimiento, dentro, fuera. Más continuo que el anterior y ahora es el placer lo único que se hace presente entre ellos. Armin no puede retener su voz y deja salir sus gemidos sin pudor alguno, las estocadas certeras de Jean lo abruman. Sus uñas se clavan en aquellos hombros, el chico siente el calor en su bajo vientre, sus piernas comienzan a temblar cuando el orgasmo se hace presente. Es tan delicioso, tan bueno, que sus fuerzas fallan y se deja caer sobre el colchón. Siente que las palabras de Jean se cumplen: lo deja en blanco, de placer y amor. Tiembla entre los últimos coletazos del orgasmo mientras Jean lo penetra un par de veces más y con un gruñido se libera ante el calor, ante la estrechez abrumadora de Armin. El blondo siente aquel líquido calentar sus entrañas, por impulso se lleva las manos al abdomen y acaricia la zona.
Jean sale con cuidado, ganándose otro gemido por parte de Armin. El castaño toma unos pañuelos que descansan en la mesa de noche y limpia el espeso líquido, tirado los papeles al suelo y pensando que si no los recoge mañana lo castigarán. Pero el cansancio es mucho, jamás creyó que el sexo sería tan agotador. Se acomoda a un lado de Armin y los cubre con la sábana. El rubio apaga la lámpara girando una perilla, para luego girarse y ser abrazado por Jean.
— Te amo —dice Armin con un susurro, aspirando el aroma de la piel trigueña frente a él.
Recibe un beso en la cabeza, para luego sentir la mano del castaño ceniza acariciar sus cabellos con ternura. Sabe el significado de aquellas acciones: yo también.
Jean cierra sus ojos, sus piernas se entrelazan con las del blondo y lo aprieta más a su cuerpo, prometiéndose que nadie volverá a tocarlo. Nadie llegará siquiera a acercarse a su rubio amado. Porque él estará ahí para protegerlo, para amarlo y cuidarlo.
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Pase lo que pase…
Sea lo que sea…
Estaré a tu lado, entregando hasta la última gota de mi sangre…
Por ti.
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Aaaaww!
Mi duda era: no sabía si el lemon estaría bien, digo, estubieron a punto de violarlo Pero creo que Armin es una persona muy fuerte mentalmente, además, tampoco fue predeterminado. Comencé con algo romanticón y ese estúpido pony se paso de mis límites ¬¬ Pero bueno, es lo que se dio en mi historia y espero les guste.
Este ha sido el final. La verdad yo quería que ese vuejo muriera enserio ¬¬ Pero bueno, Isayama se destaca por hacerme sufrir de una manera genial xD
Ojalas les haya gustado tanto como a fue mí escribirlo :3
Reviews anon:
Natsu27: dsdsdsadsa bueno, yo tambien soy una fanatica de las distintas facetas de ese bello cabasho 3 xD Querida! Por supuesto que no seria capaz de dejarte asi! Asi que espero te haya gustado este final! :3
Se les adora!
Nos vemos en mi proximo proyecto que sera un Jean x Marco (no spe que fijacion tengo con emparejar a ese caballo con todo el mundo -.-)
Saludos y besos pegosos.-
