Capítulo 3
El cielo se encontraba completamente despejado. El sol radiante. Y un viento agradable entraba por las ventanillas del vehículo, alborotando el suave cabello de la niña, quien lo recibía de buena gana. Luego de unos segundos de mantener su rostro muy cerca de la ventana, Aki giró para encarar a su madre.
Noriko tenía la vista fija en el camino, pero parecía estar en otro sitio. La pequeña notó que, aunque el clima era bastante agradable y en la radio resonaba su música favorita, ella no parecía feliz. Lo más raro, era que su madre tamborileaba con sus dedos sobre el volante del auto. La niña era pequeña, pero lo suficientemente sensible y perspicaz para darse cuenta de que algo no estaba del todo bien.
-Mamá, ¿estás molesta conmigo?- llamó con su tierna vocecilla.
Noriko giró su rostro solo un monento para mirarla. Luego volvió la vista al frente.
-¿Qué dices, cariño? ¿Por qué debería estar molesta contigo?
-Por mi deseo de cumpleaños.
-Claro que no, mi pequeña. Entiendo que quieras conocer a tu padre.
-Es que...pareces muy preocupada.
Noriko sonrió con tristeza ante el hecho de que su hija lo notara. Negó con la cabeza.
-Solo pensaba en otras cosas.
-¿Es sobre papá?
-Vaya que no eres fácil de engañar, mi pequeña. Eres muy inteligente...igual que tu padre.
Aki sonrió con agrado al escucharla.
-¿Sabes, cariño? Mamá tiene un poco de miedo de ver a papá.
-¿Por qué?
-Los adultos también nos equivocamos. Mamá se portó muy mal con papá y le hizo daño, aunque nunca tuvo intención de lastimarlo. Lo entiendes, ¿verdad?
-¿Como cuando discutes con un amigo y le dices algo que en realidad no quieres decirle?
-Es muy parecido.
-Pero...si le dices a papá que lo sientes, entonces tiene que perdonarte y hacer las pases contigo.
Noriko rió de buena gana, contagiando a Aki. A la niña le encantaba la risa cantarina de su madre.
-Ojalá...todo fuera así de simple.
-No tengas miedo, mamá. Papá te quiere y te va a perdonar.
La madre de la pequeña asintió. Volvieron a sumirse en su cómodo silencio. Aki miraba al exterior. Algunas dudas habían abordado su mente infantil.
-Mamá...¿crees que papá vaya a quererme?
-¿Qué?
-Papá nunca me ha visto, ¿crees que pueda quererme?
Noriko miró con ternura a su hijita. Acarició su mejilla con una mano antes de volver a su tarea.
-¿Cómo podría no hacerlo, mi pequeña? Eres muy tierna, inteligente, obediente...eres una buena niña, Aki.
La chiquilla sonrió, provocando el mismo gesto en Noriko. Una sonrísa sincera, amorosa. Aki amaba esa sonrísa, la miraba con la satisfacción infantil de saberse amada. Jamás imaginó que ese día, al interior de aquel vehículo...sería el último gesto de su madre que podría ver.
0*0*0
Aki despertó sobresaltada, lanzando un lastimero quejido. Su respiración se había agitado. Mientras luchaba por normalizarla, dio un vistazo a la habitación en penumbras. Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad en cuestión de segundos, comprobando que se encontraba en un lugar que no era su antigua casa.
La niña se movió con incomodidad sobre su colchoneta. Fue entonces que se percató de un vergonzoso detalle: había mojado la cama. Comenzó a llorar. Trataba de hacerlo en silencio para no alertar a nadie sobre su falta, pero aun así, Haruhi, quien dormía a su lado, despertó de su sueño.
-¿Qué ocurre, Aki? ¿Estás bien?
La pequeña lloró con más fuerza, cubriendo su rostro con ambas manos.
-¡Vamos, Aki! No llores, calma. ¿Tuviste una pesadilla?
Haruhi se acercó a la niña para reconfortarla...y sintió la superficie de la cama húmeda. La chica sonrió condescendiente y se colocó junto a ella para abrazarla.
-¡Oh, pequeña! No te preocupes. No estoy molesta contigo. No tengas miedo.
Aki descubrió su carita enrojecida y correspondió al afecto, aferrándose a Haruhi tanto como podía. Ella la mecía y palmeaba su espalda. La niña dejó de llorar.
-Eso es, tranquila. Eres una buena niña, Aki.
La chiquilla se separó de Haruhi, reaccionando a sus últimas palabras. Dirigió su mirada al rostro de la mayor, quien le sonreía con amabilidad. Era un gesto tranquilizador, justo como el de su madre. Abrazó de nuevo a la chica, siendo recibida con agrado. Aunque parecía un tanto extraño, Aki pensó que, gracias a Haruhi, ya no se sentía tan sola.
0*0*0
A pesar de las circunstancias y del poco tiempo que había pasado desde la última vez que Haruhi había estado en aquel hospital, no sentía aquel vacío sentimiento de añoranza que había sentido los últimos meses. De alguna manera, la responsabilidad con la que contaba ahora la mantenía alejada de los tormentosos recuerdos de su reciente pérdida.
Ahora, esperaba sentada frente a un amplio ventanal que daba acceso a una zona del hospital repleta de juegos y juguetes para niños. A través del cristal, podía observar a Aki jugando con algunos coloridos bloques de madera, mientras una mujer de bata blanca, un poco mayor que Haruhi, hacía anotaciones.
Había esperado casi un par de horas, cuando la joven doctora se levantó de su asiento y dirigió unas últimas palabras a la niña, logrando que ella asintiera sin dejar de jugar con los bloques, con los que intentaba construir un castillo.
La mujer se dirigió a una puerta, la cual comunicaba con su colsultorio, que era donde Haruhi la esperaba.
-Le agradezco en verdad esto que está haciendo, doctora Matsuri.- dijo Haruhi al verla cruzar el umbral.
-¡Tonterías, Haruhi! No tienes por qué agradecerme. Aunque me sorprendió mucho verte por aquí. Realmente...creí que no te vería más después de...-
-Lo sé. La verdad es que yo tampoco esperaba regresar por aquí tan pronto. Pero se presentó esta situación y pensé que usted podría ayudarme. Es una excelente médico.
-Te agradezco el cumplido. Sabes que siempre trataré de ayudarte. Haré lo que esté en mis manos. Debemos ayudar a esta pequeña.
-¿Qué sucede con Aki?
-Me atreví a hacer un diagnóstico previo y al realizar varios estudios...creo que es algo más grave de lo que creí.
-¿Tan malo es?
-Es un severo trastorno postraumático. Ocurrió algun evento reciente en la vida de la niña. Debe haber sido algo...terrible.- Haruhi permaneció callada. Una extraña sensación le atenazaba la boca del estómago. -La pequeña no tiene ningún impedimento para el habla. Realicé varias pruebas, tampoco padece sordera ni retraso psicomotor.
-¿Significa que Aki es quien no desea hablar?
-Eso mismo. Es una consecuencia de su shock emocional.
-¿Qué podemos hacer?
-Requerirá de tiempo y de mucha paciencia, Haruhi. Necesita más cuidados y atenciones que cualquier niño de su edad.
-Estoy dispuesta a hacer lo que sea por esa niña, doctora.
La mujer sonrió condescendiente mientras le dirigía la mirada.
-Casi parece que estoy escuchando a una madre.
-Es lo que soy ahora para ella.
-De cualquier modo, Haruhi, la niña necesita un ambiente estable, una rutina, asistir al colegio y recibir sus terapias. Eso es trabajo de sus padres.
-Doctora Matsuri, no estoy en condiciones de darle detalles sobre el orígen de Aki. Solo puedo decirle que su padre me contrató para cuidar de ella. La madre, bueno...parece que la ha dejado por una temporada.
-Entiendo eso. Pero para lograr una mejoría en la pequeña, se necesita de compromiso y gran responsabilidad. Me parece que eres demasiado joven para cargar con ese peso.
-Le agradezco su preocupación pero es mi deseo ayudar a Aki. Entiendo que no soy su madre y que por ello pareciera que la labor no me corresponde, sin embargo, me tomo muy en serio mi responsabilidad hacia la niña y me interesa su bienestar.
-Le has tomado un gran afecto, ¿no es así?
-Creo...que me recuerda un poco a mi cuando tenía su edad.- finalizó Haruhi, con una sonrísa triste.
-De acuerdo. Voy a ayudarte con la niña. Recibirá terapia tres veces por semana. Aunque te reitero que debe tener un hogar estable, en un ambiente familiar armonioso. Cualquier cambio ahora podrá significar un retroceso en su recuperación. También debe ir al colegio. Estar con otros niños será bueno para ella.
-¿Ambiente familiar?
-Por supuesto. El padre es una pieza clave en la recuperación de la pequeña. No solo por su relación consanguínea, sino también porque ella parece tener un apego profundo a él.
-El padre es...una persona con muchas ocupaciones. No estoy segura de poder...involucrarlo en este asunto.
-¿Entonces planeas que la niña se recupere tan solo con tu ayuda? Puede tomarte muchos años si es que llegas a lograrlo. Ella necesita sentirse amada por su familia. No es algo complicado.
-Bien. Yo...hablaré con él.
-Iré por la pequeña ahora.- dijo la doctora Matsuri, mientras se ponía de pie para dirigirse a la sala continua.
Haruhi la siguió con la mirada, contemplando a traves del cristal cómo la doctora se acercaba a Aki y le dirigía algunas palabras. La niña asentía, dejándose guiar por la adulta, quien le ofreció su mano. Mientras la chiquilla se acercaba, Haruhi pensaba en alguna forma de plantearle la situación a Kyouya Ootori.
0*0*0
-Kyouya...Kyouya, ¡atiende!- llamó Yoshio, un tanto exasperado.
El menor de los Ootori salió del ensimismamiento en el que se encontraba.
-Me disculpo, padre. ¿Qué era lo que decías?
-Hablabamos sobre ese proyecto tuyo con el que has estado fastidiando. ¿Está listo para presentarlo en la siguiente junta directiva?
-Si, por supuesto.- respondió Kyouya sin prestar demasiada atención, lo cual no pasó desapercibido para su padre.
Yuuichi y Akito, que también se encontraban en la oficina de su padre, se dirigieron una discreta mirada de duda. No lograban comprender ese extraño desinterés de su hermano, ya que sabían que ese proyecto era una de sus más grandes ambiciones.
-¿Te sientes bien? Pareces agotado.- cuestionó Yoshio.
-Me encuentro bastante bien, padre.
-¿Hay algo de lo que quieras hablar?
Justo en ese instante, el móvil de Kyouya comenzó a emitir un sonido. Él tomó el aparato y miró la pantalla. Su semblante se volvió aún más serio.
-¿Me disculpan un minuto?
El menor de los herederos salió del despacho y se alejó algunos pasos antes de atender la llamada.
-Espero que sea una emergencia.
-No es una emergencia, señor Ootori, pero es importante. Necesitamos hablar.
-Me encuentro a la mitad de un asunto delicado. Te veré esta noche en mi departamento si aun quieres esa conversación.
-¿Puede ser antes? De verdad es importante.
Kyouya suspiró con pesadez.
-Anota la siguiente dirección. Te veré ahí en un par de horas.
0*0*0
Kyouya había desanudado su corbata y había tratado de ponerse cómodo en uno de aquellos conocidos sofás de su "espacio personal". Dio un trago a su bebida, tratando de relajarse. Si en condiciones normales le costaba un tanto de esfuerzo conciliar el sueño, con su situación actual le resultaba casi imposible.
Sus pensamientos lo atormentaban desde aquel día en que se entero de la existencia de la niña. Inevitablemente, ella había traído de vuelta el pasado que se había esforzado por dejar atrás. Sentía una rabia terrible hacia Noriko, por su abandono, por sus estúpidos prejuicios...y por ocultarle su paternidad.
Kyouya se había esforzado lo suficiente en los últimos siete años por enderezar el rumbo de su vida. Se había enfocado en una meta, estaba cerca de ella, sin embargo, todo podía venirse abajo si se descubría su relación con aquella chiquilla. Y él no estaba dispuesto a aceptar que sucediera.
El joven Ootori miró el reloj en su muñeca. Era casi hora de que esa mujer apareciera. Apuró el contenido de su copa hacia su interior. Luego comenzó a masajear su dolorido cuello. Segundos más tarde, la puerta se abrió y Kyouya pudo escuchar una voz femenina en el exterior que agradecía. Después, la puerta se cerró de nuevo.
-Espero no llegar tarde. Fue difícil encontrar quien pudiera hacerse cargo de Aki.
-Llegas a tiempo.- le indicó él, señalando con su mano el sofá que se encontraba al frente suyo.
Haruhi tomó asiento con algo de inseguridad. Aquel lugar no le gustaba en absoluto, tampoco observarlo a él beber. Miró discretamente a su alrededor antes de iniciar el asunto que debían tratar.
-¿Puedo ofrecerte algo?
-Yo...no, se lo agradezco.
-¿Qué es eso tan "importante" que debes decirme?
-Me he tomado la libertad de hacer revisar a Aki. Una terapeuta infantil de toda mi confianza ha examinado a la niña.
-Supongo que no has mencionado mi nombre.
-Descuide, señor Ootori...-
-Kyouya, solo Kyouya. Me enferma tanta formalidad cuando es evidente que hay pocos años de diferencia. Continúa.
-Bien...Kyouya. La doctora no sabe nada del parentesco, solo que Aki está bajo mi tutela. La pequeña padece de un shock emocional. Es un...trastorno postraumático por algun evento reciente. Es la razón por la que no habla.
-Imagino que iniciarás con alguna serie de terapias para corregir aquello.- comentó el joven Ootori con calma, sacando su chequera de uno de los bolsillos interiores de su saco. -Con esto será suficiente.- continuó ofreciéndole el cheque.
-Eso no es todo. Además de las terapias, Aki debe asistir al colegio y vivir en un ambiente armonioso y estable.
-Solo debes pedirlo. Te proporcionaré lo necesario para el bienestar de la niña.
-Ella lo necesita a usted.
Kyouya frunció el ceño.
-Es un asunto que está fuera de discusión. No voy a involucrarme con la niña. Es para eso que te he requerido.
-Es importante para la recuperación de Aki.
-¿Sugieres que me convierta en un padre ejemplar? Vamos a establecer ese punto: no estoy en condiciones de ser eso para ella. ¿Queda claro?
-¿Puede siquiera intentarlo? Usted no está siendo justo con su hija. Si tratara de acercarse, se daría cuenta de que esa pequeña es maravillosa y que se merece todo su afecto.
-¿Afecto? Hablas de algo que está fuera de mi alcance.
-Sí, por supuesto. Seguramente un corazón tan frío como el suyo no es capaz de sentir algo así.- dijo Haruhi con un tono cargado de amargura.
-Me ha ayudado a vivir hasta ahora.- contestó Kyouya, encogiéndose de hombros.
-Trate de dejar a un lado su egoísmo por un segundo y piense en ella.
-¿Qué es lo que quieres? ¿Que la lleve de paseo un par de veces al mes? ¿Eso te dejaría tranquila?
Haruhi se mordió el labio inferior y fijó su vista al suelo.
-En realidad...creo que sería mejor...mudarla a su departamento...con usted.
-No hablas en serio...-
-Continuaría encargándome de ella, naturalmente.-
-Basta...-
-Considero que tiene el espacio suficiente para...-
-¡Basta ya! No va a vivir conmigo. Es todo.
-Aki lo necesita. ¡Entiéndalo!
-Quieres arruinarme, ¿no es verdad?
-Vive en un lugar bastante tranquilo y discreto, no recibe visitas más allá de su amigo Suou y no tiene vecinos entrometidos que cuestionen el origen de la niña. Además, ante los demás ella va a ser mi hija.
-Olvidas al Hiroki, el encargado.
-Ese chico le teme lo suficiente para quedarse callado, sin contar que puede darle un pequeño incentivo por su silencio.
-Mi respuesta sigue siendo no.
-Entonces...olvide mi ayuda.
-¿Qué?
-Esa es mi única condición hacia usted, Kyouya. Permita que la niña viva en su departamento, si no, puede despedirse de la madre sustituta.
-Ese chantaje no va a funcionar. No conmigo. Entiendo que tienes una debilidad por la niña y no serías capaz de abandonarla.
-¿Quien ha dicho algo de abandonarla? Y no es un chantaje, es una condición. Lo que yo no le garantizo es guardar el secreto ni mentir para salvar su reputación.
Kyouya la miró con severidad pero ella no bajó su rostro, le devolvía el gesto de forma retadora. Permanecieron así algunos segundos. Luego, Haruhi suspiró y desvió la mirada.
-Tan solo intente convivir un poco con Aki. Le ayudará. Además, usted sabe que no es para siempre. La madre regresará por ella en algun momento y...-
-De acuerdo.
-¿Lo dice de verdad?
-Estoy diciéndolo muy en serio. ¿Satisfecha? Preparen sus maletas. Haré que mañana mismo las instalen en una habitación.
-¿Las instalen? ¿Se refiere a ambas?
-¿Y qué esperabas? Tú eres la madre ahora, por lo tanto estás incluída. Y no quiero escuchar objeción alguna.
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¿Qué tal? He aquí el tercer capítulo, que espero haya sido de su agrado. Muchas gracias a quienes se han tomado la molestia de leer, especialmente a: KotomiTan09, Black-Kiari, ela 9999 y a Una humana por sus reviews. Los aprecio bastante, en verdad.
¡Nos leemos pronto!
