—Bueno, creo que de verdad eso no importa, —su mirada se hizo más profunda y mortal, sus ojos verdes brillaban con furia ciega y odio eterno— De todos modos tú eres el malnacido que le hizo el mayor daño que pudo a mi hermano menor, lo profanaste, le rompiste el corazón y todavía no encuentro nada de él en buen estado todo por tu maldita causa, ¿Qué más da contigo?

No pudo responder, Escocia le tomó por la camisa con ambos brazos y lo lanzó hasta la pared violentamente haciendo que se quejara de dolor y cayera al suelo algo aturdido.

—¡¿Q-Qué te pasa?! —trató de levantarse.

—Nada —le contestó fríamente al tomarlo por la espalda y aventarlo contra el sofá, provocando que este se girara junto con Estados Unidos bajo este.

—¡Maldición, Scott, me vas a pagar esa!

Dijo lanzando el sofá contra las barandas de las gradas destrozando ambos objetos, entonces se paró y fue por el pelirrojo, totalmente enfurecido, le atinó un fuerte golpe en la mejilla lanzándolo hacia el suelo provocando un ruido sordo.

—¡No logras nada con golpearme!

—Sé que no —se giró como si nada— Pero puedo lograr hacerte rogar por perdón.

Se levantó sin perder ninguna fuerza o entusiasmo. Le fue a golpear al costado antes de que este reaccionara, le sacó el aire y este ahogó su grito tomándose ambas manos el punto del golpe.

— ¿P-Por…qué…?

—Porque no aprovechas las oportunidades cuando te las ponen en frente, maldito idiota.

Le atinó una patada hacia arriba justo en la cara, haciéndole volar hacia atrás y cayendo estruendosamente al suelo, sus lentes volaron.

— ¡Argh! Ah…a-ah ah…—trataba de reponer el aire y jadeaba, los pocos golpes que le había dado el mayor sí le hicieron daño.

— ¿Sabías que lloró frente a mí? Nunca llora si no está solo, ¿Cómo lograste hacer eso, malnacido? —lo agarró por la chaqueta para barrer con la parte de la sala en donde peleaban, destrozando lo que había.

— ¿A-Acaso tengo… —se levantó tambaleante, mirándolo con desafío— alguna responsabilidad…con él?

—Entonces lo que te dije debiste haberlo eliminado y punto, no tener que volverlo objeto sexual.

Se dirigió para darle otro golpe que este logró esquivarlo a tiempo y le pateó en las piernas haciendo que callera; antes de que reaccionara, Estados Unidos tomó de la ropa a Escocia con una sola mano y lo atestó contra el suelo fuertemente haciendo que la madera crujiera en un fuerte golpe dado de lleno en el que el pelirrojo no pudo evitar quejarse.

El rubio se agachó un poco para verle la cara al mayor.

—Pero lo odiaba y por eso lo usé a mi favor, Arthur fue quien se debilitó porque sí —le dijo directo y totalmente enojado.

—Já —burló y dobló su espalda para poder darle una buena patada en el rostro— ¿Odiaba? ¿Por qué ya no lo odias? —se rió con dura mirada sobre el que estaba tirado en el suelo con las manos en la cara.

— ¡¿E-Eh…?!

Sus ojos se abrieron de par en par, sus palabras en todo el rato salían sin pensarlas porque eran la verdad; en un estado de emociones extremas no solamente decimos estupideces o cosas sin pensar, también decimos lo que realmente sentimos o pensamos, en este caso Estados Unidos no supo que fue lo que pasó.

—Quiero que sufras —se sentó sobre él y le sostuvo los brazos para inmovilizarlo mientras le miraba fijamente— Que te retuerzas de dolor insoportable y que tu mente no pueda sentirse estable para que siempre sufras, que no puedas morir aunque incluso nosotros muramos con lo que te quiero llegar a hacer, pero simplemente no puedo, mi hermano te ama demasiado como para lastimarlo más de la cuenta si hago que te pudras en tus propios jugos.

— ¿Y qué me vas a hacer entonces? ¿Qué quieres de mí, Scott?!

Este le miró serio, profundo, su mirada verdosa aplastaba como alimaña la celeste del menor. Habló arrastrando cada palabra con puro odio: —Quiero y haré que no puedas verlo nunca más.

Dicho esto subió ambos brazos y dio un golpe a su rostro girándole el rostro, dos segundos y dio el otro golpe provocando el mismo efecto, el rostro del americano se sintió entumido con ese par de golpes tan certeros y fuertes, pero claro que el pelirrojo no se quedaría con eso, le golpeó más y más, con puños hasta que se aburrió y se levantó para alzarlo y tirarlo contra otra pared, lo pateó estando en el suelo. Estados Unidos no pudo reaccionar ante nada más, de su boca salían más que quejidos y gritos ahogados a falta de aire, Escocia no paró hasta ver inmóvil en cuerpo del menor.

Estaba cansado y desarreglado pero así se fue de la casa, dejando todo destrozado y el cuerpo amoratado, sangrando en nariz y boca, e inconsciente de Estados Unidos por ahí.

Cuando regresó a su casa ya era noche. Entró dejando la gabardina tirada por ahí y se dirigió a la cocina por algo para comer, un trozo de fruta y se dirigió a la planta de arriba en busca de su hermano.

—Llegué —dijo solamente.

—No hagas ruido —le reprochó la tercera presencia en la habitación del escocés— Costó que se durmiera.

—Dylan, te dije que lo cuidaras, no que te comportaras como su mami.

Le dijo a Gales mientras se acercaba a la cama donde este estaba sentado y tenía a Inglaterra en sus regazos, como si fuera un niño pequeño muy acurrucado en su pecho.

—No digas eso, ni siquiera puede levantarse sin caerse, estaba tan cansado y hambriento que hasta que le preparé algo de comida pudo dormirse.

— ¿Y tienes que cargarlo para eso?

—Bueno…—quiso mentir pero antes de lograrlo su hermano mayor le interrumpió.

— ¿En serio todavía le cantas nanas para dormirlo?

—No le digas a nadie.

—Trato hecho si dejas de cargarlo de ese modo, ya es un adulto, Dylan.

—Está bien.

Hizo un puchero porque aunque también moleste a su hermanito le hace ilusión recordar cuando era un niño, y por alguna razón decidía ser cariñoso con él.

Lo dejó con cuidado en la cama y lo cobijó con la manta, le hizo una pequeña caricia en la mejilla en muestra de afecto fraternal.

—Oye, ¿Puedo ir a golpear a ese bastardo luego?

—No.

— ¿Te llevas toda la diversión? No es justo —el castaño se levantó cruzándose de brazos.

—Yo te ofrecí ir pero me dijiste que mejor no y te puse a cuidarlo hasta que llegara.

—Pero no me dijiste que era para golpear a ese hijo de puta, Arthur ni siquiera tuvo que decirme algo para saber lo que le pasó en el cuerpo.

—Está bien, ya te diré otro modo de torturarlo.

—Eh…—sonrió complacido.

Ambos salieron dejando dormir a su hermano menor. Pudo haber sido una noche tranquila para Inglaterra pero este a media noche despertó llorando, su pesadilla común: Estados Unidos lo dejaba hecho trizas en alma, luego se burlaba en su cara y lo usaba como juguete sexual o simplemente se iba después de haberlo humillado de por vida.

¿A-Alfred…qué t-te …hice…? ¿Por qu-qué me ha-haces esto? Yo… te amo…

Balbuceaba entre sueños, lloraba y gemía de dolor en su espíritu, se revolcaba en la cama, totalmente inquieto.

Escocia, estando en la habitación de al lado, lo escuchó y fue a ver qué le sucedía.

—Oye, Arthur…

Lo llamó, pero a falta de respuesta se dio cuenta de que estaba dormido así que se acercó a él y trató de moverlo un poco para despertarlo, volviéndolo a llamar: —Arthur… —se sentó en la cama.

L-Lo sien-to…no s-sé que te hice…p-pero por f-favor… discúl-pame…Alfred…—seguía balbuceando mientras lloraba dormido.

—¡Arthur! —le llamó más fuerte y lo movió.

—¿Qué…?!

Se despertó de golpe, desubicado mirando hacia todos lados buscando, cayó en la cuenta y se tranquilizó para seguir llorando en silencio.

—Arthur, estoy aquí… —le dijo más gentil.

— ¿Scott…? —le miró de soslayo y trató de incorporarse un poco para llegar a él.

—Sí… —le jaló hacia sí mismo con cuidado para tenerlo en sus regazos.

Inglaterra se aferró a él como si la vida se le fuera en ello, ocultó su rostro en el pecho ajeno mientras sus manos se sostenían a los lados, su hermano le abrazó protectoramente sintiendo los lamentos del menor en su pecho, sonaba ahogado y sumamente afligido. Escocia pasaba una mano por su espalda haciéndole mimos, con la otra acariciaba su rubio cabello con algo de ternura y comprensión.

—N-No entiendo… ¿P-Por qué?... —su voz sonaba débil y su hermano apenas la escuchaba claro— ¿Y-Yo qué le hi-hice…? Ja-jamás le hice daño a-a propósito…debo ser u-un estúpido…lo soy… —se aferró más a él y este hizo más fuerte el agarre.

—No… No eres estúpido, él sí lo es.

—Es que…al principio creí q-que sólo era como una rabieta…p-pero…cuando me insultó, era en serio, me mostraba su odio…no pude reaccionar, me sentí mal…después llegó y…y…pidió disculpas… Pareció por un momento decirlo en serio…y-y me empezó a manosear, se sentía sucio y horrible…su voz sonaba distinta y cuando me di cuenta ya estaba desnudo y… —su llanto se volvió más fuerte al recordar y sentir de nuevo esas sensaciones de asco en su cuerpo— Si m-me odia ¿Por qu-qué tuvo que vi-violarme tam-bién…? ¿Q-qué ganaba s-si…?

—No lo sé Arthur…es un maldito bastardo y ya… —trataba de transmitirle tranquilidad, ya que podía sentir el dolor de su hermano con sólo escucharlo— Pero estoy aquí…no te preocupes, si se atreve a acercarse a ti…—bajó el volumen hasta un susurró— Bueno, de por sí no creo que pueda verte siquiera.

—¿Hm?

—Nada…trata de dormir solamente…

Se acostó en la cama sin soltarlo, lo acomodó en su pecho y le abrigó nuevamente.

Escocia rara vez se comportaba así, pero la situación lo ameritaba, no era un hermano bastardo, y si molestaba a Inglaterra como si le odiara no era por eso, simplemente por cariño, amaba a sus hermanos y no dejaría que les hicieran daño y si lo lograban entonces sacaría su bestia interna para defenderlos.

Inglaterra se fue calmando y poco a poco, con los cantos que empezó a recitar su hermano mayor se fue durmiendo de nuevo, ambos se quedaron así el resto de la noche.

Por otro lado, Estados Unidos despertó a media noche por primera vez desde que Escocia lo dejó tumbado en el suelo peor que un perro callejero.

Se levantó muy adolorido del suelo, se maldecía, maldecía a Escocia y maldecía también y por razones que hasta él desconocía a Inglaterra.

—Mal-ditos…Scott...ojalá te pudras por esto…

Lo maldecía hasta más no poder, buscó la manera de llegar hasta su habitación en la planta alta de la casa, el sofá obstruía el paso y estaba muy cansado y adolorido como para poder quitarlo.

Logró llegar y solamente se echó en la cama, agotado, respirando pesadamente. Se sumió en sus propios pensamientos. Recordó todo lo que Escocia le dijo antes y durante la golpiza que le propinó.

"Arthur te ama…te ama de verdad, no es porque hayas sido una de sus mejores y primeras colonias, sino que por alguna razón notó algo en ti que le hizo confiar" "Cada vez que decía algo malo sobre ti se ponía como bestia" "Decía 'Alfred puede ser muchas cosas pero jamás haría eso' o 'él es un idiota pero pude hacer algo productivo si se lo propone, maldito'" "Ocultaba su cariño hacia ti con sus típicos insultos" "Sólo buscaba una manera para acercarse a ti sin ser descubierto 'si puedo tener aunque sea esa clase de relación con él, entonces estará bien'" "Daría la vida por ti, ¿Eso lo sabías, Alfred?"

Cada palabra le retumbaba por todo el cerebro, le abatía cada significado.

"¿Sabías que lloró frente a mí? Nunca llora si no está solo" "Porque no aprovechas las oportunidades cuando te las ponen en frente, maldito idiota."

—Yo le contesté: "Pero lo odiaba y por eso lo usé a mi favor" —hizo una pausa, no podía entender ni lo que dijo él mismo— ¿"Odiaba"? Se supone que aún lo odio…a pesar de…todo lo que dijo ese maldito…él nunca bromea y no creo que mienta en eso ¡Maldición! ¿Y por qué dijo "no aprovechas las oportunidades cuando te las ponen en frente"? ¿Qué oportunidades? ¿Qué se supone que quiso decirme con eso?

No conseguía nada, su mente estaba peor que su cuerpo y eso no le alentaba para nada.

—Será que…—divagó, pero al caer en una probabilidad se sentó agarrándose la cabeza con desesperación— ¡No! ¡Lo odio lo odio lo odio lo odio! ¡Odio a Arthur! ¡¿Por qué demonios dije "odiaba"?! ¡Yo lo odio! Por eso dije esas cosas, por eso lo usé como juguete sexual, por eso yo… —bajó la cabeza, frustrado— Yo no lo odio… ¿Verdad?... Eso no es lo que siento por él…jamás sentí desprecio, sólo era… ¿Qué fue lo que sentí?... —sus ojos se empañaron angustiados, listos para que su dueño de desahogase— Yo… ¿Cómo pude ser tan estúpido? Me dijo lo que Arthur sentía por mí y cómo le afectaba lo que hice… "Oportunidades" se refería a usarlo a mi favor y hacerlo feliz…no miserable… —sus lágrimas cayeron y sus voz se quebró— No tenía que haber hecho eso…no tenía, Arthur supo siempre lo que sentía por mí y buscó la manera de acercarse ¿Qué diablos hice yo y por qué no pude entenderlo?...

Rompió en llanto abrazado a sí mismo, con el alma dolida y arrepentida, pero la culpa era lo que más le albergaba. Con una voz quebrada y adolorida por el daño hecho por su propia mano continuó divagando: —Yo…amo a Arthur…le hice lo peor a la persona que amo y…y esa persona me amaba… Soy un maldito… Perdóname, Arthur…no lo sabía, no lo sabía…

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