Nota: Ni puta idea de cómo podrían llamarse los padres de Tetsurou. Les puse Hikari y Takeshi porque fue lo primero que se me vino a la mente uwu. El capi no está editado, ¡disculpen los errores!

Nota 2: Oigan la canción que se cita al principio. Está buenísima y va con el fic *u*


CLOCKS


III

I'm not Okay (I promise)

—o—


Puede que un día sepa quién soy

Saber de dónde vengo y saber adónde voy

Y en realidad, ¿qué sé de mí?

Tan sólo algunas cosas que he acertado al descubrir

No tengo ningún recuerdo de aquella vida anterior

Perdido en este universo sin ley, sin razón

(Perdido - Warcry)

—o—

.

.

«Kuroo Tetsurou. Hikari. Takeshi. Nekomata-sensei. Naoi-san. Kenma. Kai. Yaku. Lev. Yamamoto. Fukunaga. Shibayama. Inuoka. Bokuto. Akaashi. Daishou. Sawamura. Hinata. Tsukishima...

Demasiados nombres. Demasiado que recordar.

Imposible.

Desde que desperté del coma, todo ha sido oscuro para mí. Me han contado mil y una historias sobre el voleibol, Nekoma, el Campeonato Nacional, la universidad, mi familia, mis amistades, mis logros... y nada. No conseguía recordar absolutamente nada.

A veces, sentía que la cabeza me iba a explotar. ¿De verdad iba a ser capaz de recuperarme alguna vez? No tenía mucha fe. Es decir, como estaban las cosas, cada día se tornaba más deprimente.

Había oído a mis padres decir que no valía la pena seguir intentando y que por qué no sólo empezábamos todo de nuevo. Kenma, por otro lado, me había comentado que realmente todos estaban dispuestos a ayudar y no dejar que abandonara mi antiguo yo por completo. Me di cuenta, entonces, de que no se trataba exactamente de qué era lo correcto, sino de qué era lo que decidía por mí mismo.

¿Qué quería en verdad?

Durante ciertas noches, sentía que ya no soportaba tanto esfuerzo de todos, mientras yo era incapaz de hacer algún progreso. Otras, en cambio, una tristeza profunda me consumía al tan sólo sopesar la posibilidad de empezar una vida nueva.

Y...

Tic-tac. Tic-tac.

Los relojes seguían corriendo sin parar.

Kuroo. Tetsurou. Kuro. Kuroo-san.

Tantas maneras de llamar a alguien que ni siquiera estaba presente más. Tanta amabilidad. Tanta nostalgia. Tanta confusión.

¿Por qué todos se empeñaban en ayudarme hasta el final? Sólo lo hacían todo más difícil.

'¿No vamos a intentarlo, siquiera?'

Ojalá todo fuera sólo una horrible pesadilla».

—o—

Quiero un día despertar y, al fin, poder recordar

el por qué hago una cosa sin haberla hecho jamás.

Encontrar la solución a este mar de confusión;

encontrarme con mis padres, mis amigos, mi amor...

—o—

Kuroo se removió en la cama por enésima vez. Soltó un sonoro suspiro, cargado de frustración. Hacía más de una hora que se había acostado y no lograba pegar un ojo.

Abajo y junto a él, Kenma se incorporó sobre el futón.

—¿No puedes dormir? —le preguntó, encendiendo la lámpara.

Él lo miró y negó, con expresión de leve angustia en el rostro.

No dejaba de pensar en todo lo ocurrido esa tarde.

Al parecer, los muchachos que habían ido a visitarlo eran los que fueron más cercanos a él los últimos tiempos, antes del accidente. Los mismos le habían contado un montón de anécdotas de lo más bonitas, de cuando solían practicar juntos en el "Gimnasio número tres" (Bokuto lo había mencionado con muchísimo orgullo) de una conocida preparatoria, durante un campamento de entrenamiento, antes del torneo nacional.

Según los relatos, él se había empecinado en enseñar las mejores técnicas de bloqueo a Lev y Tsukishima. Se avergonzó un poco cuando le comentaron que prácticamente los obligaba a seguirlo día a día.

Bokuto dijo ser su gran amigo y rival, con quien se llevaba la mar de bien y siempre estaba compitiendo. Akaashi, por su parte, mencionó que, a veces, cuando él decidía no seguirle el juego a Bokuto —lo cual no ocurría muy seguido en realidad—, ellos dos solían tener las mismas reacciones y falta de paciencia hacia el de pelo bicromático. Eso lo hizo reír un poco. Hinata le agradeció en un momento dado, porque —según dijo— mediante aquellos entrenamientos se había vuelto más fuerte y había aprendido un montón de cosas. Lev estuvo de acuerdo con todo ello y también le agradeció sinceramente.

El que poco o nada habló en toda la tarde fue Tsukishima.

«Yo... logré un mejor estilo de bloqueo», fueron todas sus palabras y, al parecer, era muy inusual que expresara cosas así, pues todos lo habían quedado mirando shockeados por varios minutos, antes de volver a relatar las distintas experiencias compartidas en un pasado no muy lejano.

Para Kuroo, todo aquello no era más que un misterio.

A pesar de que no había conseguido recordar nada concreto hasta el momento, cuando comenzaron a explicarle en qué consistía básicamente el voleibol (nadie se había tomado la molestia hasta ese momento), fue como si una especie de chip se activara automáticamente dentro de su cabeza y, entonces, no hubo necesidad de preguntar nada más, porque podía decir que pudo captarlo todo a la perfección. Que él había ocupado la posición de 'middle blocker' —le pareció coherente, por su estatura— y había sido muy bueno además.

Entonces, le enseñaron un vídeo con algunas geniales jugadas protagonizadas por algunos deportistas de la selección nacional, y él tuvo cierto impulso. Fue extraño. Las manos le temblaron. Quiso saltar e impedir que aquel potente remate cayera en campo contrario, justo como lo había hecho el individuo a través de la pantalla. Quiso intentarlo. Algo le dijo que sabía cómo hacerlo. Que podía hacerlo. Que iba a hacerlo.

Pero se había hecho tarde, Hinata y Tsukishima tenían que marcharse a su prefectura, y terminaron posponiendo el juego de práctica para después de dos días, por la tarde. Kuroo sintió un leve vacío en su interior.

Más tarde, Kenma había decidido quedarse a pasar la noche allí, para hacerle algo de compañía. Después de todo, al día siguiente tenía que ir al instituto y era más seguro que Kuroo también oyera el despertador y evitara que él se quedara dormido. Kuroo se lo agradeció.

—¿Sabes? —habló, después de varios minutos—. Es como si tuviera un extraño presentimiento.

Kozume bostezó.

—¿Bueno o malo?

—No lo sé —suspiró, dubitativo. Al cabo de unos segundos, procuró esbozar una sonrisa. No quería preocuparlo—. Bueno, al menos, la visita de hoy me ha hecho inesperadamente feliz.

El setter asintió quedamente y, luego de volver a apagar la lámpara, se tumbó otra vez en el futón y se cubrió con la frazada hasta el cuello. Que pudiera seguir con los ojos abiertos era ya un milagro, pues se moría de sueño.

—Gracias, Kenma —murmuró entonces el mayor, con la vista fija en el techo. A decir verdad, le aliviaba el hecho de tener a su amigo allí, aunque no recordara mucho sobre él. Podía sentir el cariño—. ¿Crees que puedas prestarme tu ruidosa consola para que intente acabar con ese feo monstruo, hasta que me entre el sueño?

Kenma emitió un débil sonido de queja. No tenía fuerzas suficientes para extender el brazo y alcanzarle el aparato a su amigo. Además, tampoco le apetecía dejar que Kuroo estropeara su juego. Le había costado muchísimo ascender a ese nivel.

—Mejor ya duérmete —balbuceó como pudo.

Kuroo rio bajito y le deseó las buenas noches, antes de girarse sobre el lecho e intentar cerrar los ojos.

Kozume logró dormirse mucho después de lo que planeó. Se había quedado despierto, pensando en algo inusualmente pesimista.

«Mejor ya duérmete».

«Sólo lo haré si vienes y te acuestas aquí, conmigo».

Sí. Esa respuesta hubiera sido la respuesta más adecuada para el carácter de Kuroo, meses atrás.

—o—

Al día siguiente, en clases, a Tetsurou le sucedió algo rarísimo.

Se suponía que, por culpa de aquel jodido accidente, iba un semestre atrás de lo que debería, en la universidad; y, desde que había vuelto, no había podido recordar nada en especial, más que ciertos conocimientos intelectuales. Era como si, genuinamente, entendiera a la perfección las complejidades de las distintas asignaturas que había estudiado no hacía mucho. Eso. Nada más que pequeños trozos de memorias adquiridas últimamente... Hasta ese momento.

El profesor de Derecho Penal ingresó en el aula esa mañana, con el duro semblante de siempre. Tan correcto como era, dio el saludo correspondiente y, entonces, anunció con toda la calma que lo caracterizaba, que debían preparar un ensayo larguísimo acerca de algún tema que Kuroo no alcanzó a escuchar, pues se encontró demasiado concentrado en ese instante, tratando de autoconvencerse de que ya hubo oído todo ese discurso antes. Nunca, desde que despertó, había estado tan seguro. Como si pudiera recordarlo.

Apenas terminada la clase, el muchacho sacó el computador portátil de su bolsa y buscó como loco algo que pudiera llevarlo a las respuestas. Tardó unos minutos, pero finalmente lo halló. Había un documento titulado 'Derecho Penal' y contaba con más de dos mil palabras.

Una puntada fugaz en las sienes lo azotó y, de inmediato, oyó voces dentro de su cabeza.

«Por fin terminé el jodido ensayo. Esto merece un trago».

«Y con muchos errores ortográficos, seguramente».

«No soy tan malo en los estudios como crees, Kenma. Repito: Esto merece un trago».

Kuroo sonrió, involuntariamente. Se sintió satisfecho. Ese era el primer indicio de que sí podría. Genial. Era estupendo.

Esperaría un poco para decírselo a Kenma. Pero estaba feliz. Algo era algo.

Había recordado.

—o—

El día clave había llegado más de prisa de lo que esperó.

—Lo más importante en un bloqueo no es tu estatura o el simple hecho de saber todo sobre el contrincante que va a rematar —empezó Lev, observando a Kuroo, totalmente entusiasmado—. Esa ha sido una de tus mayores enseñanzas, Kuroo-san.

El aludido soltó una risa. Qué confortable se sentía la compañía de ellos. De fondo, se oían las fuertes pisotadas que provocaba Hinata al caer al suelo, luego de haber pegado uno de esos saltos altísimos en los que era experto; y el inacabable alarido de Bokuto, gritándole a Akaashi que había echado tanto de menos sus pases.

—Entonces —contestó, interesado—, ¿qué es lo más importante?

—El tiempo —respondió el más alto, con una sonrisa llena de orgullo. A Kuroo le causó una extraña sensación de nostalgia.

Era como si ya supiera la respuesta.

Simplemente asintió y tomó nota mentalmente.

«Búhos vs. Gatos», denominaron a su encuentro de práctica.

A Kuroo le correspondió hacer equipo con Tsukishima y Lev, justo como le habían relatado que fue en el pasado. Se le vinieron un montón de ideas a la cabeza, como hipótesis, y finalmente llegó a la conclusión de que los equipos estaban formados así, para que los novatos pudieran perfeccionar las distintas técnicas aplicables a sus respectivas posiciones. Por ejemplo, Shouyou en remates, gracias a Bokuto, y Tsukishima en bloqueos, gracias a él. O algo así.

Sintió que el pecho se le llenaba de orgullo, pues empezaba a entenderlo todo mejor.

Salió de su ligero trance y se encontró con la inescrutable mirada del rubio de Karasuno. Éste, al caer en la cuenta de que tenía su atención, comenzó a darle ciertas indicaciones, con voz monótona, como realmente si le fuera un fastidio hacerlo. Tetsurou rio para sus adentros. Algo le decía que ese chico era algo especial y hasta le daba algo de ternura.

Tsukishima empezó aconsejándole que tuviera cuidado con Bokuto. Que, no importaba el momento del que se tratara, el 'búho' no desaprovechaba para estamparla contra el suelo, a máxima potencia. Además, a pesar de ser un grandísimo cabeza hueca, incluso él podía pensar un poco, y era 'otra persona' en lo que se refería al voleibol. Kuroo escuchó atentamente cada detalle —mientras los demás empezaban a ocupar sus respectivas posiciones— y, otra vez, fue como cuando lo hubieron visitado hacía un par de días. Como si no fuese necesario que oyese aquellos consejos porque eran algo que tenía más que sabido. Su mente otra vez era un tira y afloja. Como si el antiguo Kuroo Tetsurou amenazara con volver bruscamente. Como si fueran dos personas en un mismo cuerpo.

De pronto, se encontró a sí mismo ubicado frente a la red. Un ligero dolor en la sien lo hizo fruncir el entrecejo, pero no se movió de lugar. Ignoró aquella molestia y decidió concentrarse en su objetivo: Hinata, que iba a realizar un servicio desde el terreno contrario.

Se mareó un poco.

Oyó a Lev exclamar: "¡La tengo!", antes mantenerla en juego con algo de dificultad, y a Tsukishima, maldecir, mientras la hacía pasar al otro lado, igual de desacomodado. La vista de Tetsurou se mantenía fija en el balón.

Entonces, volvió a sucederle algo excesivamente extraño.

A pesar de que un dolor todavía más agudo que el anterior le azotó la cabeza en ese momento, fue como si pudiera haberlo visto todo en cámara lenta: Shouyou, recibiendo el balón casi con el rostro; Akaashi, concentrándose plenamente en el mismo y en el lugar exacto al cual quería enviarlo; y, finalmente, Bokuto, esforzándose en pegar el mejor salto de su vida, mientras animaba al setter a que lo colocara para él, exclamando algo que Kuroo no alcanzó a comprender exactamente. La bola fue directo a las manos de Kotarou y, en seguida, se pudo oír en todo el gimnasio el enorme estruendo que ocasionó al contactar con ellas.

Fue un remate deslumbrante. Un recto sublime. Magnífico. Perfecto.

Pero.

Kuroo acababa de bloquearlo.

—o—

Cuando acabaron de entrenar, las expresiones de sorpresa y la ligera conmoción todavía seguían en el aire.

Kuroo se dio cuenta de que el haber bloqueado el remate de Bokuto sin más, había sido tan sorprendente para los demás, como para él. Había distraído a todos durante el resto del partido.

Akaashi había sido el primero en hablar en ese momento, después de largos minutos en los que ninguno podía hacer más que mirar con incredulidad a Kuroo, mientras éste intentaba mantenerse en pie, pues la migraña que lo atacó y el intenso cosquilleo en las palmas de las manos le provocaban un terrible e inexplicable mareo.

—Lo has hecho… —había soltado el setter, todavía sin poder creérselo—. Lo has bloqueado.

Bokuto casi se había caído de espaldas y/o puesto a llorar —de la rabia, por habérsele bloqueado, y de felicidad, por haber notado el increíble avance de su amigo—, en vez de eso, había exclamado que, más que nunca, iban por buen camino. Tanto Lev como Hinata se balanceaban de aquí para allá, eufóricos, y este último no dejaba de proferir aquel escandaloso geniaaaaaaal, y que tenía que contárselo a Kageyama cuanto antes.

Y Kuroo lo notó.

Que el único que había permanecido allí, parado y sin acotar absolutamente nada, había sido Tsukishima. Bueno, no era tan sorprendente, la verdad, dado el carácter cerrado y apático del muchacho… Pero hubo algo extraño en su expresión facial. Hubo algo en su dorada y misteriosa mirada.

Algo como cierto grado de esperanza…

Como si realmente deseara más que nadie que Kuroo recuperara la memoria. Como si lo anhelara con todas sus fuerzas.

Y no estaba exagerando. Era más como una corazonada. Porque, que él supiera, en realidad ni siquiera habían sido tan cercanos como para que el rubio se mostrara tan animado —por decirlo de algún modo— con su progreso. Así que fue sumamente extraño. Fue como si algo o alguien le dijera que la respuesta a todo estaba allí, frente a sus ojos, con más centímetros incluso que él, el cabello rubio y corto, y unas gafas con un increíble aumento, en el rostro.

Sereno… como la luna.

Lo miró fijamente. Quiso acercarse. Quería saber. Sin embargo, había desistido. No había querido incomodarlo. Eso se hubiera visto de lo más raro. ¿En qué se suponía que estaba pensando?

Bien. Habían continuado con el partido, luego de unos elogios más, y —aunque ya no había tenido la misma suerte del comienzo con lo de los bloqueos— a Kuroo se le hizo divertido y apasionante todo. Y entendió perfectamente por qué en el pasado había amado tantísimo el voleibol. Lo comprendió todo.

Al final, cuando hubieron acabado, él solo pudo quedarse callado, mientras los demás prometían volver a juntarse en una semana, para seguir intentándolo junto a él. Hinata le aconsejó que no se rindiera, y eso lo enterneció.

Por otro lado, también se sintió un poco tonto, porque cuando Tsukishima se despidió de ellos (seguido de Shouyou) y lo miró a los ojos fugazmente, solo pudo quedarse allí, inmóvil, mientras lo veía darle la espalda y empezar a marcharse. Kuroo se había apresurado en abrir la boca, como para decir algo, y volverla a cerrar al instante. Ni siquiera tenía idea de cómo despedirse de él, porque no sabía cómo debía llamarlo para que no sonase inapropiado.

Bokuto, sorpresivamente, reparó en ello, y no dudó en carcajearse a viva voz.

—Tsukki —anunció, ensanchando su sonrisa—. Solías llamarlo 'Tsukki'.

—o—

Decir que el fin de semana había sido aburrido era quedarse corto.

Tetsurou había permanecido en casa, viendo alguna que otra película aburrida (que, además, estaba segurísimo de que la había visto más de una vez) y recibiendo visitas de unos cuantos familiares.

La verdad, no había logrado recordar a nadie en absoluto, por lo que había fingido estar de lo más aturdido y a punto de recordarlos, a modo de simple pretexto para poder encerrarse en su alcoba la mayor parte del día, sin herir los sentimientos ajenos o parecer demasiado antisocial. Se sintió un poco cruel. ¿Hasta cuándo iba a seguir así?

El lunes por la tarde, cuando al fin pudo reunirse con Kenma y sentarse junto a él, a los pies del sofá, se sintió un poco mejor. Pareciera que, al estar en su compañía, las cosas pudieran volver a su sitio. Y eso era todo lo que quería. Que su mundo volviera a ser como antes.

Le sugirió a su amigo que, nuevamente se quedara a pasar la noche allí porque, según dijo, necesitaba urgentemente hablar con él. El menor había alzado las cejas en respuesta, y se había dedicado a mirarlo con escepticismo. Negó al instante. Si aceptaba, era seguro que irían a dormirse tardísimo y sabía que iba a arrepentirse al día siguiente, cuando tuviera que despertarse más temprano de lo habitual, porque las clases en Nekoma eran una tortura los martes.

—Vamos, Kenma, no será tan malo —insistió el pelinegro, más tarde, cuando su amigo anunció que ya se estaba haciendo tarde—. ¿Lo prometo?

Kenma parpadeó repetidas veces, sin cambiar la expresión neutral del rostro.

—¿Sabes, Kuro? —habló, tan calmado como de costumbre—. Así pareces más tú. Quiero decir… Estás actuando exactamente como lo hubieras hecho hace medio año.

Kuroo hizo una mueca rara, dubitativa. Luego, ensanchó su inicial sonrisa.

—Eso es genial, ¿no?

Kozume se removió, incómodo.

Como era de esperarse, si Kuroo estaba actuando exactamente como lo habría hecho si no hubiera perdido la memoria, eso significaba que él podía volver a predecir sus acciones siguientes, justo como en un pasado no muy lejano.

Suspiró y se levantó del suelo, sacudiendo un poco su ropa en el acto.

—Solo pregúntame directamente lo que quieres saber —indicó, yendo al grano.

El mayor carraspeó y se rascó la nuca, ligeramente avergonzado. Al parecer, su amigo de la infancia lo conocía mejor de lo que esperó. Quizá mejor que nadie. Mejor que él mismo, en esos momentos. Qué irónico. Todo eso hasta daba miedo.

—Bueno… solo necesito una pista, ya sabes —comentó, casi sin mirarlo. Kenma frunció un poco el ceño, demostrando confusión—. Es que… me has dejado con una enorme incertidumbre. Y muero por saber.

—Oh —al menor se le encendió la lamparita—. Eso. Ni lo pienses.

Tetsurou gimió.

—¡Por favor! —volvió a insistir—. Tengo derecho a saber cómo es la chica que me gustaba antes del accidente, ¡necesito respuestas ya!

—¿De verdad no lo sabes?

—¿Cómo quieres que lo sepa? Recuerda que no recuerdo nada… ugh. ¡Solo dilo, maldición!

El setter lo miró sin decir nada durante unos segundos, luego se encogió de hombros y empezó a caminar hacia la puerta, sin mostrarse particularmente aturdido ni mucho menos.

—Uhm, puede que termines descubriéndolo por ti mismo pronto. Probablemente.

—¡Pero es demasiado difícil! —exclamó, desesperado—. Tenme piedad. La curiosidad me consume por dentro.

Kenma le dirigió una última mirada cansina y negó con la cabeza. Exhaló, resignado, junto al umbral de la puerta y, antes de abandonar por completo la vivienda, murmuró:

—Entonces, piensa esto: ¿por qué crees que, obligatoriamente, esa persona debería ser una chica?

Oh.

Kuroo se quedó tieso, mirando a la nada, mientras su amigo finalmente se despedía y cerraba la puerta con calma.

Claro. No pudo haberlo entendido mal, ¿o sí? Por supuesto, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Su vida antes del accidente no tenía por qué haber sido común y corriente. Era lógico que, tranquilamente, podía haber sido diferente, extraña, peculiar. Bueno, sí. Era solo que, ni remotamente, se había esperado algo como eso.

Es decir… ¿realmente le iban los chicos?

—o—

Esa noche, Kuroo no pudo irse a dormir temprano.

Permaneció desparramado en su lecho hasta altas horas de la madrugada, mirando el oscuro techo, sin saber qué hacer o en qué pensar. Todo era demasiado confuso en su cabeza. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de una sola persona aparecía en su mente.

Y estaba por sacarlo de quicio.

Terminó por volver a contactar con un malhumorado Kenma alrededor de las 3 a.m., interrumpiendo su sagrado sueño, para pedirle el número telefónico de la persona que no le permitía pegar un ojo. Con ello, esperaba resolver el misterio. Hallar, al menos, la mitad de las respuestas que buscaba.

A la mañana siguiente, mientras iba a su cita con el neurólogo, tecleó con rapidez un mensaje de texto y no dudó en enviarlo a su destino.

—o—

El lápiz volvió a caer de la mesa —era la quinta vez que sucedía en la tarde— y la maldición que soltó se oyó en voz un poco más alta esta vez. Frente a él, Yamaguchi lo observó, preocupado.

—¿Estás bien, Tsukki? Te noto un poco distraído.

Kei lo miró, frunciendo un poco el entrecejo, pero sin malicia, realmente, y luego volvió la vista a su enorme libro de matemáticas. Suspiró de manera casi imperceptible, antes de responder:

—No pasa nada.

—Okay. Lo siento, Tsukki.

La verdad era que no podía concentrarse para nada. Es decir, lo único que deseaba era que su amigo pecoso decidiera marcharse ya, para que él pudiera correr hasta su ordenador y buscar las capturas de pantalla de ciertos mensajes que había hecho cuando todavía tenía su antiguo teléfono móvil, y que sabía que tenía guardadas por ahí. No estaba seguro de que pudieran servir, honestamente, pero al menos podía intentarlo.

Ciertamente, quería intentarlo, sí.

Porque el mensaje que le había llegado en la mañana lo mantenía a salvo (y a su dignidad), puesto que no habría otra persona involucrada. No habría nadie capaz de entrometerse, o espiarlos, u oírlos. Solo estaría él. Solo serían ellos dos.

(Recibido, 8:45 a.m.): "Hola, Tsukishima. Soy yo, Kuroo. Lamento molestarte, pero… ¿podríamos vernos? Necesito preguntarte ciertas cosas. Creo que voy a lograrlo. Por favor. Necesito encontrar las respuestas por mí mismo".

Una tensión se apoderó de su cuerpo al recordarlo otra vez. Era su oportunidad de hacer un progreso. De volver al principio. De arreglarlo todo. De reparar los daños e ir contra los relojes. Él podría.

(Enviado, 11:02 a.m.): "Mañana a las 4 p.m., frente a la plataforma 7, estación de Tokio. Sea puntual, Kuroo-san".

Después de todo, no estaba mal tratar de hacerlo en el debido orden esta vez, ¿cierto?

.

.

.

Continuará… si quieren.


Nota: Quería publicar algo en la semana TsukiKuro, pero, como siempre, la cobardía pudo más (ese miedo de no poder terminar el bendito one-shot a tiempo). Así que solo me quedó ponerme a transcribir como loca esta conti, en medio del intenso estudio para mis exámenes finales, porque hace tiempo que se lo debía a todos c:

¡Disculpen la enorme tardanza! Espero les haya gustado este capi que, a decir verdad, no tuvo nada demasiado relevante en mi opinión. Déjenme decirles que en el próximo empieza a ponerse intensa la cosa para nuestra querida OTP. Tendrán una cita, después de todo *u*

¡Gracias totales por sus reviews! Los quiero.

Por cierto, ando más fangirl que nunca por la tercera temporada del anime, ¡tan perfecta! Y en cuanto al manga, más que ansiosa por que vuelva a aparecer nuestro precioso cuarteto del tercer gimnasio. Asdfgsghahfahk.

En fin. Si todo sale bien, nos leemos pronto, I promise.

¡Matta-ne!

¿Reviews?

PD. Lean mi one-shot BA/KT "Obsequio", lo escribí con mucho amor *v*