"El rey solitario y la sirviente"
Resumen: Jareth está derrotado en su castillo cuando recibe una nueva llamada. Una joven ya harta de su vida invoca al rey Goblin para que se la lleve, aunque ella no lo sabe. ¿Qué sucederá si Jareth la transforma en una de sus sirvientes? Mejor aún… ¿Podrá hacer la muchacha que Jareth se olvide de Sarah?
Disclaimer: Labyrinth no me pertenece. Créanme, si fueran míos yo estaría en el castillo más allá de la ciudad de los Goblins.
"La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos" Paulo Coelho.
Capitulo 3: El ¿malvado? Rey Goblin.
El rey se apareció en sus aposentos personales. Camino hacia su cama y deposito el cuerpo de la joven con sumo cuidado para no despertarla. Después de hacer esto fue y se sentó en el borde de la ventana. Con un suspiro de cansancio observó el laberinto que era alumbrado por la luz del la luna.
Era una noche hermosa, lástima que el rey no lo notara puesto que todos sus pensamientos estaban en esa muchacha de ojos esmeralda que lo había rechazado.
Sin que el rey se diera cuenta, la muchacha se fue despertando poco a poco. Cuando abrió sus ojos se sorprendió por no encontrarse en su hogar. El pánico de estar en un sitio desconocido rápidamente se fue apoderando de ella, pero cuando su vista se posó en la ventana vio a un hombre. En cualquier otra circunstancia hubiese sentido pánico, pero ahora no. No la sintió porque no observó a un hombre peligroso, solamente vio a un hombre solitario. A un hombre que lo rodeaba un aura de tristeza y melancolía.
Con sumo cuidado para no hacer ruido se fue levantando de la cama. En su mente no había ninguna otra cosa más que la idea de acercarse a ese extraño hombre de cabellos rubios alborotados.
Al ir caminando en la obscuridad no notó un pequeño taburete, por lo cual se tropezó soltando un pequeño grito antes de irse de bruces al suelo.
Cerró los ojos esperando el golpe, pero solamente sintió unas manos que la sujetaban de su cintura. Alzó su vista sorprendida y se quedo embelesada por unos ojos bicolores. Unos ojos que estaban llenos de tristeza.
-¿Quién es?.-Fue lo único que pudo decir la joven. En su cabeza había un millón de preguntas, pero sin saber porque solamente le salieron esas palabras de su garganta. Sintió como el hombre rápidamente la soltó.
-Yo soy Jareth, el rey de los Goblins. Desde ahora tú serás mi sirviente.-Dijo con un tono frió el rey.
-¿Sirviente? ¡¿Cómo que su sirviente?! ¡¿Dónde estoy?!.-Habló la chica apresuradamente. Estaba sumamente nerviosa, ya que el aura de tristeza y melancolía que antes rodeaba al rey había desaparecido solamente para dejar a una figura intimidante frente a ella.
-Antes de caer dormida me invocaste.-Los ojos de la chica se abrieron en asombro recordando sus palabras. A Jareth le entró en gracia ese gesto.-Quisiste que te llevara, pues bien ahora estas en el Underground, pero a cambio de mi favor tú deberás ser mi sirviente.
-No… tú no tienes…-Jareth recordó las palabras de Sarah, "no tienes poder sobre mi", y ahora esa muchacha iba a decir lo mismo. Antes de que la joven pudiese terminar de hablar el rey la estaba besando.
Amelia se sorprendió por este hecho, pero lentamente se fue relajando. No supo por que correspondió al beso que él, un perfecto extraño que se hacía llamar el rey de los Goblin, le estaba dando. La razón hizo acto de presencia en su ser después de unos segundos y como pudo se separo del rey.
-¡Tú no tienes ningún derecho a hacer eso!.-Por un segundo Jareth pensó que iba a decir esas malditas palabras que rompen su hechizo, pero al parecer la muchacha no las conocía.
-Tengo todo el derecho, pues soy tu rey.-Dijo con tono superior Jareth. La verdad se le estaba haciendo muy divertido hacer enojar a la chica. Sus cambios de humor tan repentinos le daban una característica única.
-Yo no sabía que esto iba a suceder.-Dijo la chica más para sí que para él rey.-¿Me convertirás en un Goblin?.-Dijo nerviosamente.
-¿A alguien tan linda como tú, pequeña? Claro que no.-Dijo el rey con una sonrisa malvada asomándosele en los labios.-Creo que podrías servirme de dama de compañía.-Jareth ni siquiera lo había pensado. Solo dijo lo único que le faltaba, compañía.
-¡Yo no soy una prostituta para hacer de su dama de compañía!.-Habló molesta Amelia. El hombre delante de ella podría ser un rey, pero no tenía ningún derecho a tratarla de ese modo.
-Cuida tus modales pequeña.-Habló serenamente Jareth.-Además una dama de compañía no es necesariamente un prostituta.
-¿Entonces qué función cumple?.-Dijo la chica un poco enojada por no saber eso.
-Su nombre lo dice. Deberás hacerme acompañarme cuando te lo mande.-Dijo Jareth sintiéndose un poco patético. Estaba, prácticamente, obligando a una muchacha, cuyo nombre no sabía, a ser su dama de compañía.
-¿Por qué quiere mi compañía?.-Amelia habló en tono serio.-Seguramente muchas mujeres les agradara estar con un rey como usted.
-Sí, pero solamente tú me has invocado, pequeña…
-Mi nombre es Amelia, no pequeña.-Dijo la joven interrumpiendo a Jareth. No le hacía mucha gracia que le llamase pequeña.
-Como decía, PEQUEÑA.-Jareth disfruto decir cada letra, pero disfruto aún más al ver el ceño fruncido de Amelia.-Solo tú me has invocado.
-¿Y si me niego?.-Habló Amelia mirando al hombre delante de ella. Sin saber porque un escalofrió recorrió su columna vertebrar al observar detenidamente al hombre frente a ella. Él vestía con una camisa blanca, como su tez, y unos pantalones negros ajustados que hacían juego con sus botas de cuero. Un sonrojo invadió su rostro al recordar el beso que antes le había dado el rey.
-Pues si te niegas deberé mandarte al pantano del hedor eterno. Francamente no creo que quieras estar ahí.-Dijo burlonamente.
-¿Solo debería estar contigo todo el día?.-Dijo Amelia, la verdad esa opción no se le hacía muy tentadora.
-Sí.-Habló Jareth como si no le importase.-¿Aceptas?.
-Está bien.-Habló la chica resignada. Aunque el rey no le parecía mal sujeto, había algo en él que la hacía sentir extraña.
-Muy bien. Te mostrare tus aposentos y mañana el castillo.-Dijo Jareth mientras hacía un suave movimiento de muñeca. La chica observo sorprendida como aparecían en otro cuarto.
-Impresionante.-Dijo en un suave susurro.
-Esta será tu habitación. Ahora duerme, mañana será un largo día.-Habló con tono ponzoñoso Jareth antes de desaparecerse.
Cuando quedo sola en la habitación, Amelia observo una gran cama de madera con doseles. Camino hacía ella y notó sobre la cama un camisón para dormir. Sin muchos ánimos de examinar nada más hasta el día siguiente se puso el camisón y se acostó en la gran cama.
Lentamente el sueño se fue apoderando de ella y calló dormida, pensando que solamente eso fuera un sueño y que al día siguiente la alarma de su reloj la despertaría para ir al colegio, aunque muy en su interior deseaba lo contrario.
TBC.
Gracias a todos los que leen este fic y dejan su comentario. Acepto críticas constructivas.
