Los rayos de sol me daban en la cara. Me removí en la cama intentando evitar tal efecto pero la estrella que me iluminaba no tenía intención de apagarse…no de momento. Tiré mi brazo sobre mis ojos y bufé contemplando como el calor recorría mi cuerpo al recuerdo de Edward compitiendo en mi contra e internamente, sonreí.

Alice me propinó una patada medio inconsciente desde el otro lado de la cama y yo salí de la habitación sobándome la pierna. No quería ver a Edward, al menos no por la mañana por lo que levantarme pronto, tampoco sería una mala opción. Es más, teniendo en cuenta la cantidad de alcohol que habían ingerido los hermanos Cullen ayer por la noche, no estarían conscientes hasta las once o las doce por lo menos, hora en que yo tenía planeado estar fuera de esta casa de locos.

α

Estuve preparando el desayuno durante un rato ya que decidí dejar algo preparado algo más para Edward y Alice. Así pues, preparé zumo de naranja, un bol con arándanos y fresas, gofres adornados con plátano y chocolate fundido y cafés con espuma y dibujos a la canela. Sonreí antes mi obra maestra y me serví un vaso de jugo relamiéndome los labios.

La magia de una bonita melodía invadió mis oídos cuando estaba por terminar mis fresas y no pude evitar cerrar los ojos y disfrutar de la sensación que producía tal sonido, como acariciaba mi cuerpo, abrazándolo. Tan melancólico, tan irresistible. No me pude contener y me dejé vencer por la fina melodía que invadía la estancia, por lo que crucé el salón casi sin darme cuenta.

La puerta estaba entrecerrada, y había alguien tocando el piano. La figura más delicada que jamás han podido presenciar mis ojos, parecía tan utópica y era tan cristalina. Edward se sujetaba a las teclas de un hermoso piano de cola, parecido al de Marilyn Monroe. Se parecía a ella, era la diva imagen de lo que todos querían que fuese, pero cuando llegaba a casa, solo quería descansar de ser el personaje que era. Ese piano parecía haber encerrado su esencia herméticamente y no quería soltarla. Solo cuando las yemas de sus dedos apretaban las placas un martillo hacía sonar una nota, y otra, y muchas más. Creando una hermosa sintonía.

Me desperté de mi ensoñación y corrí sin hacer ruido hacía la cocina y, al tiempo que Edward entraba en la cocina yo contenía el aliento después de la carrera.

Edward se frotó los ojos. Cogió una pastilla del armario junto a las especies y rebuscó en la nevera indicios de algún tipo de jugo. Carraspeé y él se giró bruscamente algo asustado.

-¿Zumo?- Pregunté mientras le tendía la jarra.

-Gracias.- Vaso en mano se tragó su pastilla y olvidó el vaso en el fregadero. Luego pasó su vista por la mesa y me miró con una ceja alzada- ¿A qué hora te has levantado?

-Hace un rato- Mentí con un trozo de gofre en la boca

-Ya claro- Hizo una mueca irónica y me echó un vistazo mientras comía- ¿Cuál es mi sitio?

-El que quieras- Me encogí de hombros y él se sentó frente a mí, en lugar de hacerlo a mi lado. Su gesto, más que molestarme me confundió profundamente. Ayer me acosaba como siempre lo hacía y su reacción de hoy era total y absolutamente seca y reacia hacia mí ser. ¡Menudo bipolar!

-Esta bueno- Dijo mientras degustaba algo de gofre y se pasaba la lengua por el labio superior. ¿Sólo bueno? ¡Estaba exquisito!

-¿Bueno?- Fruncí el ceño esperando que recapacitara…no lo hizo- Gracias.

Un silencio incómodo se formó entre nosotros de repente. Notaba la tensión en mis músculos y en el rostro de Edward. Estaba pensativo, más de lo normal. No dejaba de fruncir el ceño cada vez que cogía algo diferente de alguno de los recipientes dispuestos sobre la barra de la cocina donde desayunábamos.

-¿Debería despertar a Alice?- Cuestioné fracturando el hielo con mis palabras. Edward examinó mi rostro sondeando mis ojos. Separó los labios en una clara señal de hablar pero luego los cerró de nuevo.- ¿No vas ha decir nada?

-Os vi anoche.

-¿A quién?

-A ti y a Jacob. Tras las gradas

-¡Oh!- Me ruboricé al instante ¿A qué venia esto?- Estuvimos charlando un rato.

-Entiendo- Asiente pensativo y a mi me frustra su pasividad- ¿Estás con él?

-¿Si salgo con él? No. Yo no salgo con nadie

-¿Por qué?

-No me interesa

-No te interesa salir con él o con nadie

-No lo he pensado.

-¿Qué clase de respuesta es esa?

-¿Qué clase de preguntas son estas? ¿Unas típicas de interrogatorio?

-No. Solo quería saber…

-¿El qué?

-¿Te trata bien?

-¿Qué?

-Ya me has oído

-Sí, te he oído pero no veo porque puede interesarte eso a ti

-¿No lo hace?

-Yo no he dicho eso

-¿Te trata bien o no, Bella?- Preguntó iracundo, yo me asusté y asentí débilmente.

-Si, es atento

-Que te de la chaqueta cuando hace frío no es ser atento, es ser persona.

-¡Es tu opinión! –Repliqué fastidiada.

-No, no es mi opinión, es un hecho.

Me levanté ignorando su último comentario y metí los platos sucios en el lavavajillas dejando solo las cosas de Alice sobre la mesa. Me lavé las manos y después me encaminé hacia la puerta lista para irme a casa. Pero Edward me detuvo con otra de sus preguntas.

-¿Porqué estas con él?

-Edward…

-Por favor-Suplicó mirándome a los ojos

-Por que juega con mis reglas. A mi juego sin poner peros y por muy egoísta que sea él aceptó el trato con total libertad

-¿Qué trato?

-Nuestra relación termina en diciembre…

-¿Cómo le puedes poner fechas límites a una relación?

-Cuando no sientes nada, puedes actuar de forma mucho más egoísta que cuando estas cegado por la flama del amor. Además, los humanos funcionamos mejor con fechas límites. Hasta…

-Sí, hasta yo sé eso.- Me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa arqueando la ceja

-¿A qué viene todo esto, Ed?

-Solo me aseguraba de que estuvieras bien.

-Lo estoy.

-Bien. ¿Vas ha irte ya?- Pregunta, y noto un deje de decepción en su voz

-Sí, he…quedado con…

-Entiendo- Asiente de nuevo haciéndome sentir incómoda- Espera que me vista y te llevo.

-¡Oh! No te preocupes puedo llamar a un taxi.

-Tengo un Volvo nuevo, ¿recuerdas?

Sonrió con la cabeza y Edward desaparece para vestirse. Suspiró pesadamente y lamento la conversación que acabo de tener con él. Me incomoda que quiera saber sobre mi vida privada con alguien más, solo pasa con él. Es un sentimiento tan extraño que ni siquiera puedo afirmar que sea verídico o producto de mi imaginación, pero me oprime algo muy dentro;

Edward regresa y nos montamos en su nuevo coche. Es muy bonito pero no es mi Aston, rio ante eso y Edward me mira extrañado pero sonríe conmigo.

-Te veo de muy buen humor, por ser tan temprano- Dice socarronamente. Le saco la lengua de forma infantil y él se ríe.

-Me gusta tu coche. Es una lástima que lo ganaras porque yo no lo quería, ¿no crees?

-¡¿Cómo?!

-Vamos Edward, no pensarías que quería un Volvo familiar, teniendo un Aston Martin Vanquish esperándome a la vuelta del fin de semana- Sonrío cínica y el frunce el ceño.

-¿Cuándo es la carrera?

-Es privada. – Frunce el ceño de nuevo y yo me exaspero por su cara de yeso muerto- Es un una contra uno. James y yo. Mano a mano. Sin trampa ni cartón.

-¿Qué quiere decir eso?

-Que no sabremos donde se hará la carrera hasta media hora antes de que empiece.

-¿Y eso porque?

-Porque es un reto.

-¿Quién reto a quién?- Pregunta concentrado en la carretera.

-James a mi.

-¿Por qué?

-Por Jacob. Cree que no puedo ganarle sin Jacob

-¿Qué tiene él que ver?

-Jacob competía antes. Era el rey de las calles. Pero…dejó de hacerlo y me entrenó a mí. James cree que gano porque Jacob me ha dicho los trucos de la pista…curvas más cerradas, más lentas…tu sabes.

-¿Qué pasará si ganas?

-Tendré mi Aston Martin Vanquish y la satisfacción de ver a James por el barro, sin dignidad alguna y quedando como lo que es…un mentiroso.

-¿Y si pierdes?- Trago en seco, espero que eso no pase.

-Tendré que dejar las calles.- Ante mi declaración, Edward me mira sorprendido.

-¿Tan segura estás de que vas ha ganar?

-Algunos dicen que para correr tienes que empezar andando, yo digo que se equivocan. Ahora mismo, las calles son mi vida, no perderé lo único que me llena.

-¿Jacob perdió?- Le miro confundida- Un reto. ¿Perdió? ¿Por eso lo ha dejado?

-Tu no te enteras de nada, ¿cierto? El hermano mayor de Jacob, Jared, competía en las calles nadie consiguió ganarle y ya nadie lo hará…

-¡Oh! ¿Qué paso?

-Un oponente jugando sucio, demasiado.

-¿Quién era?

-James.