¡Nuevamente actualizando...! ¡Tarde pero seguro!

¿Cómo se encuentran? Muchas gracias por sus reviews y por poner esta historia en favoritos o simplemente seguirla ante cada actualización.

Sin nada más que agregar... ¡Que siga la función!


— ¡Bitch-chan segunda es mía!— le oí gritar.

Ayato gruñó por lo bajo mientras que Subaru chasqueaba la lengua.

—Maduren de una buena vez— pidió con su semblante serio.

Suspiré. Ayato y Raito llevaban un buen rato discutiendo sobre quien bebería mi sangre primero, ya que ambos no querían beber al mismo tiempo por una clase de apuesta que hicieron, la cual no presté atención alguna.

Había pasado ya dos semanas desde mi llegada. Tenía tantas marcas en mi cuello, brazos y piernas que creí que en cualquier momento la sangre se colaría como se cuela el agua de arroz en un colador. Yui, quien llevaba más de un año aquí, parecía estar tan acostumbrada a esos colmillos que casi ni sentía cuando Ayato le hincaba el diente. Aunque debía admitir que esos dos se peleaban más seguido que un gato y un perro.

— ¡Ore-sama reclama tu sangre!— dijo Ayato señalándome con su dedo índice.

Enarqué una ceja al ver el cuerpo de Raito en el piso, con un hermoso y rojizo chichón adornando su cabeza.

—Bebe la de Yui— fue todo lo que respondí.

Ayato, u "Ore-sama" como le gustaba auto-proclamarse, me lanzó una mirada fulminante. Pero no tenía muchas ganas de servir de alimento en esos momentos, ya que Reiji y Kanato se habían encargado de dejarme anémica hace poco menos de una hora. Y no importaba cuanto jugo o lo que sea me dieran, mi estado anémico seguía igual.

—Déjenla descansar— Ordenó Reiji. Abrí la ojos ante la sorpresa.— El suministro de sangre que posee apenas si le alcanza para sobrevivir, y me temo que los suministros que le administramos no son muy efectivos.

Ayato chasqueó la lengua antes de dirigirse a Yui, proclamando su sangre. Ella le lanzó un comentario picado y él se enfurruñó.

Decidí que un buen paseo en los jardines me aliviaría un poco el mareo que presentaba desde hace más de una hora, por lo que salí en cuanto Ayato y Yui comenzaron a discutir.

Era un día hermoso. No entendía como estos vampiros no lo disfrutaban, casi nunca los veía salir afuera a excepción de las veces que hemos tenido que ir a clase. Al único que encontraba recostado en el césped era a Shu, pero solo me dedicaba a lanzarle miradas fascinadas... creo que él no lo notaba.

Tan concentrada estaba en ello que casi paso de largo al objeto de mis pensamientos; recostado nuevamente en el césped, con sus auriculares en sus oídos y aparente paz en sus facciones, Shu descansaba. Me quedé absorta al verlo tan pacífico, tan perfecto, tan estable... Parecía que nada podía perturbarlo.

Era tan irresistible y tan... diabólico.

—No sueles quitarle los ojos de encima— murmuró una voz cerca de mi oído.

Giré con tal rapidez que casi pierdo el equilibrio, pero Subaru, el responsable de ese murmullo, alcanzó a sujetarme del brazo como si de un muñeco de peluche se tratase. Miré de re-ojo a Shu, pero parecía profundamente dormido. Agradecí estar a una buena distancia de él.

—No... No sé de que me hablas— mentí mientras me alejaba un poco del Adonis recostado en el césped tan cómodamente como si estuviera en su propia habitación.

Subaru me siguió con aparente desinterés.

—Paseas para verlo dormir, incluso en el interior de nuestra mansión— afirmó. Era tan serio que no podía descifrar sus sentimientos.

—No es cierto— negué como niña chiquita.

Subaru pareció hacer ademán de rodar los ojos, pero se contuvo; en lugar de ello, me miró de una forma muy peculiar que no pude descifrar, en realidad nadie me miró como lo hizo Subaru en esos momentos.

—Eres rara— sentenció.— Fijarte en Shu de esa forma... raro...— y se marchó.

Sentí mis mejillas arder. ¿Cuantas veces me habían llamado "rara"? Si mal lo recuerdo, hoy en el desayuno Kanato me llamó "rara" unas tres veces solo por querer mi pan con mantequilla.

—Si yo soy rara ¿Qué queda para el pobre de Kanato?— pensé en voz alta con cierta ironía.

Escuché un suave chistido, casi como una risa imperceptible de apenas medio segundo de duración. Giré sobre mis talones, y vi a Shu observarme desde el césped. Enrojecí.

—Bu-Buenos días— tartamudee.

Pero no me respondió, simplemente me siguió observando hasta cerrar los ojos. Me quedé helada antes de pensar en que había prometido a Yui ayudarla con un par de cosas del Instituto, por lo que salí disparada del jardín en dirección a su habitación.

Habían pasado días desde la última vez que me perdí por los pasillos, por lo que estaba increíblemente orgullosa de mi sentido de la orientación. Ahora sabía que para llegar a la habitación de Yui, debía seguir dos puertas hacia la derecha desde la habitación de Shu; para llegar a la cocina, debía de seguir por el pasillo que conducía hacia la habitación de Shu, pero antes de llegar debía girar hacia la izquierda y seguir hasta encontrar las escaleras; para encontrar la biblioteca, debía de entrar tres puertas antes por la parte izquierda antes de la habitación de Shu. Me avergonzaba mucho tomar su habitación como mi punto de referencia, pero esa habitación fue lo único que logré memorizar sin problemas.

Llegué a la habitación de Yui y toqué tres veces.

— ¡Pasa, por favor!— escuché la voz de mi nueva amiga.

Entré sin preámbulos, pero casi me caigo al piso al encontrarme esa... escena. Ayato estaba ahí, abrochándose el cinturón de su pantalón y con el torso completamente desnudo. Me sonrió de forma insinuante.

—Descuida, Teburu— dijo acercándose un poco a mi.— Aún me queda para ti...

—No quiero, gracias— contesté con rapidez antes de escabullirme de su mirada. Noté que Yui estaba sentada en su cama, con algunas partituras de canciones desplegadas sobre la misma.

— ¿Quieres que te ayude con Música?— pregunté con cierta incredulidad. Música siempre se me dio muy bien, a diferencia de Matemáticas.

Yui asintió de forma distraída. Parecía muy concentrada en las partituras que tenía frente a sus narices, incluso ignoró a Ayato cuando este se despidió con un "Lo terminaremos en la noche, Chichinashi". Me senté a su lado y procuré no hablar.

Le eché una mirada curiosa a sus partituras; tenía entendido que para pasar el examen de Música, los de segundo año debían cantar una canción frente a todo el alumnado, pero debo de admitir que esperaba canciones fáciles para ellos.

Al fin, Yui dejó las partituras aún lado, me agarró las manos y casi me suplicó:

—Enséñame a cantar ¡Por favor!

La miré, incrédula. Me gustaba mucho la materia y era muy buena, pero de ahí a enseñar a cantar a alguien... Está bien, desde que llegué no había parado de cantar cuando solo está Yui, pero lo hacía a modo de hobby.

—Lo siento, Yui— Dije mientras desprendíamos nuestras manos.— Pero me he olvidado mencionar que no soy ninguna cantante profesional, es más, mi madrastra solía decirme que terminaría rompiendo los cristales de los vecinos si seguía cantando...

—Creí que ella era una arpía— mencionó volviendo a tomar sus partituras.

Me quedé pensando; todo lo que hizo Korin solo me ha perjudicado, y normalmente solía insultarme cuando algo me salía bien, así como se burlaba cuando algo me salía mal. Además, mi padre siempre me pedía que cantara para él. Así que en resumen... ¡Los ángeles debían de envidiarme! Bueno, no a ese grado pero debía de hacerlo más o menos aceptable.

Le sonreí de forma tranquilizadora antes de decirle que aceptaba ser su maestra de canto.


— ¿Por qué no podemos cantar en alguna de nuestras habitaciones?— pregunté muerta de vergüenza.

Yui me había conducido hacia una especie de sala de juegos, el lugar favorito de Raito para molestar y de Shu para dormir. Divisé a Reiji sentado en uno de los sillones con un libro en mano, a Ayato y a Raito jugando a los dardos, a Subaru observando el paisaje desde el alfeizar de la ventana, a Kanato murmurándole cosas intangibles a Teddy desde el suelo, y a Shu recostado en el otro sofá.

—Aquí hay mejor eco— respondió Yui ordenando sus partituras.— Aunque es una lástima que ellos no se hayan querido marchar— confesó.

Ayato y Raito habían dejado de jugar a los dardos y ahora estaban sentados junto a Kanato, esperando mi supuesta clase. Subaru y Shu parecían indiferentes, mientras que Reiji nos miraba de re-ojo.

—No quiero que estos estén presentes— me quejé mirando mal a todos, principalmente a Raito.

—Dijeron que no interrumpirían, descuida— me prometió Yui con una dulce sonrisa.

Supe, a través de la mirada de Reiji, que era cierto. ¡Pero pobre de ellos si se llegaban a burlar de mi!.

—Está bien— me rendí.— ¿En qué necesitas ayuda?

Yui comenzó a buscar entre sus partituras antes de sacar una en particular. Me la mostró y yo asentí.

— ¿No llegas a los tonos altos?— ella asintió.— Inténtalo.

Escuché atentamente como ella cantaba. Lo hacía muy bien, tenía una voz aguda pero muy dulce, aunque no llegaba a los tonos altos que exigía la canción.

Estuvimos cerca de una hora intentando que los alcanzara. Le demostré como se hacía, para mi gran vergüenza ya que todos tenían la mirada posada en mí, hasta Shu.

—Eso ha sido completamente hermoso, Yuri-chan— se admiró Yui. Me sonrojé ante el alago.

—Nada mal, Bitch-chan segunda— admitió Raito.

—Casi haces que hasta lo disfrute. Teburu— dijo Ayato con una gran sonrisa burlona.

—No es tan mala ¿Verdad, Teddy?— le preguntó Kanato a su osito.

—He escuchado peores— admitió Reiji, pero en realidad no me esperaba nada dulce por parte de él.

—Bastante... aceptable— opinó Subaru.

Shu me miraba fijamente, como si tratara de descifrar algo. Me sonrojé violentamente, pero él volvió a recostar su cabeza en el brazo del sofá y cerró sus ojos. No tenía puestos sus auriculares.

—No me molesta— fue todo lo que dijo.

¿Eso era un alago? No esperaba nada fuera de él, pero al menos un "Bien" o "No está mal" hubiese sido lindo, no un "No me molesta" tan seco como la única neurona que le quedaba a Raito.

Me concentré nuevamente en Yui. Al poco rato, Reiji y Kanato abandonaron la habitación, y Subaru no tardó en seguirlos. Raito se quedó un poco más, pero él y sus comentarios burlescos se fueron al presentarse el atardecer. Después de casi media hora, Ayato siguió su ejemplo.

Shu fue el único en quedarse, pero parecía demasiado dormido como para prestarnos atención. Al final, Yui logró alcanzar las notas exigidas.

—Gracias, Yuri-chan— dijo haciendo una reverencia.— Gracias a ti, lograré aprobar.

Negué con la cabeza a la vez que le sonreía con sinceridad. Yui casi no necesitó mi ayuda, solo necesitaba a alguien que aprobara su voz, que le dieran seguridad.

—No he hecho ninguna proeza, Yui— dije restándole importancia.— Todo lo has logrado por tus propios medios, yo solo te he alentado un poco.

Yui no se mostró muy segura de ello, pero tomó sus partituras y se marchó, no sin antes agradecerme nuevamente. Me quedé en esa habitación a solas con el dormido de Shu.

—Es una chica muy dulce.— Comenté para mi misma mientras admiraba los libros de la estantería.— Pero exagera un poco... casi ni he ayudado en nada y no soy tan buena en el canto...

—Te menosprecias demasiado— la voz de Shu casi hizo que me tropezara con mis propios pies. Se veía tan apetecible recostado de esa forma... ¿En qué rayos estoy pensando?

—No es cierto— objeté.

Shu centró toda su atención en algún punto de mi rostro, parecía peculiarmente interesado en algo que yo no logré entender, pero tampoco es como si me esforzara en descubrir lo que pensaba. Era un libro cerrado y guardado bajo candado en un polvoroso baúl.

Para mi sorpresa, el vampiro se enderezó sutilmente hasta sentarse de un forma perezosa. Me acerqué un poco a él cuando, con un movimiento de mano, me lo indicó. Me tomó del hombro, acercándome aún más, y olfateó mi cuello. Sus dedos recorrieron esa extensión de piel hasta llegar a la clavícula.

Temblé en cuanto sus colmillos se incrustaron en mi piel. No me desagradaba en lo más mínimo que fuese Shu el que absorbiera mi sangre ya que él solo se contentaba con eso, no como Raito y Ayato que pretendían llegar un poco más lejos con sus manos, o Reiji y Kanato que preferían hacerme sufrir antes de succionar mi sangre, en caso de dejarme semi-muerta mucho mejor. Los únicos que no me hacían sufrir de esa manera eran Subaru y Shu... Siempre fueron la excepción.

Las manos de Shu me sostuvieron por los hombros mientras su cabello rubio, un poco anaranjado, me hacía cosquillas. Coloqué mis manos en su fuerte pecho para alejarlo, pero él solo me alzó, como si de una pluma se tratase, y me recostó sobre el sofá. Comenzó a succionar de nuevo y no pude evitar empujarlo con más fuerzas, pero él no hacía ni caso. Pensé en patearlo pero mis piernas estaban atrapadas entre las suyas.

—Shu-san...— murmuré con voz débil.— Para... por... por favor.

Se desprendió de mi cuello con delicadeza antes de lamer el lugar de la marca. Un hilo de sangre desprendía de sus labios, y no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Él sonrió.

—Los humanos sois tan... vulnerables.— acarició mi cuello con su lengua por segunda vez.— Pero tan apetecibles al mismo tiempo...

—Por favor... estoy muy débil...— intenté explicar.— Solo quiero irme a...

—Shu— Reiji apareció en el salón, y no vio a su hermano con buenos ojos pero... ¿Cuándo lo hacía?.— Está débil, déjala ir, tonto holgazán.

Shu lo miró con indiferencia antes de incorporarse. Me levanté casi al instante para salir corriendo, pero justo cuando cruzaba la puerta...

—Fue muy interesante lo que dijo Subaru hoy temprano— mencionó con, al parecer, indiferencia.

Me sonrojé de tal manera que creí que me habían re-estabilizado la sangre. Balbucee algo intangible hasta para mi antes de salir corriendo del lugar. ¡¿Por qué siempre terminaba en vergüenza?!


—Es mi fé religiosa, Ayato— se defendió Yui mientras apretaba aún más su crucifijo entre sus dedos.— No me interesa que...

— ¡Soy tu Ore-sama! ¡Me elegiste a mi, por lo que eres de mi propiedad!— gritó Ayato.

Ho, no. Yui enrojeció de ira antes de dedicarle unas buenas palabras al gran "Ore-sama", y él no se quedaba atrás.

— ¿Cómo pudo haber elegido al egocéntrico de Ayato?— me pregunté.

Kanato, uno de los pocos civilizados en esa mesa, me sonrió.

—Son muy raros— fue todo lo que dijo.

Reiji, desde el extremo opuesto a mí, suspiró. No lo culpo por estar molesto, pero a estar alturas ya debía de estar completamente acostumbrado a ese comportamiento en la "pareja", principalmente a la hora de la cena.

—Me están irritando— lo escuché decir en voz baja.

Subaru, en un ataque aparentemente de rabia, golpeó la mesa con tal fuerza que ésta se quebró, haciendo que los platos con comida se esparcieran por el suelo. Kanato y yo casi lloramos al ver ese suculento postre de chocolate desparramado en el suelo.

— ¡Genial! Nos quedamos sin cena— comentó Raito con sarcasmo.— Y ahora Kanato y Bitch-chan segunda están a punto de llorar.— añadió al vernos a Kanato y a mi arrodillados frente al postre de chocolate.

—A Teddy le hubiese encantado probarlo— comentó el peli-lila con voz depresiva.

Me incorporé y apunté a Subaru con el dedo índice.

—Tú... no tienes corazón.— afirmé.

El lugar quedó en completo silencio hasta que la odiosa voz de Reiji lo rompió.

—Es un asesino pero no lo culpas; ahora, derrama tu postre favorito y lo categorizas como "Peligroso"— dijo con cierta burla.— Eres mucho más tonta de lo que creí.

No le presté atención al resto de sus palabras absurdas... ¿A caso llamó a Subaru "asesino"?

— ¿También mataste a tu madre?— pregunté sin delicadeza alguna. Él me miró con frialdad.— ¡¿Qué pasa en esta familia?! ¡¿A caso está de moda asesinar a vuestras madres?!— exploté.

Kanato comenzó a destornillarse de la risa, a pesar de que el resto estaban serios y parecían más distantes de lo usual. Shu abrió los ojos, ya que pasó gran parte de la cena con ellos cerrados.

—Yo no asesiné a mi madre, Reiji la mandó a matar— mencionó de forma distraída.

—Pero estoy segura de que ganas no te faltaban— apunté. Él se encogió de hombros, indiferente.— Ahora explíquenme... ¿Por qué mataron a sus madres? ¿Y cuando abrirán un grupo para las madrastras? Porque no me molestaría ser parte de ello, en absoluto...

Subaru volvió a estampar su puño, esta vez, contra la pared. Sus ojos estaban llenos de furia y... ¿Culpa?. Kanato rió con mucha más fuerzas, él parecía pasárselo de lo lindo.

—Tú no entiendes...— me dijo Subaru con la ira apretando sus puños.— No sabes... No tienes idea... De lo que es matar a tu madre— dijo con los dientes apretados.

— ¿Y tú si, Subaru?— le cuestionó Raito con seriedad.

La furia se marchó de sus ojos topacios, y en su lugar se apoderó la culpa. Agachó la cabeza, como un niño deprimido, y caminó en dirección a la puerta bajo las atentas miradas nuestras.

—Físicamente... no— respondió antes de marcharse.

Nos quedamos en silencio. ¿Físicamente? Eso significaba que la madre de Subaru podría estar aún con... ¿Vida?

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¡Actualización un tanto tardía!

Quiero agradecerles su paciencia pero es que estuve ocupada con las inscripciones para el colegio y otros asuntos personales.

Por suerte ya tengo el siguiente capítulo casi listo, pero lo subiré recién el miércoles porque este lunes comienzo las clases [Inserte música dramática aquí] y bueno, es horrible.

Entonces nos leeremos este miércoles.

¡Un saludo y que sigan bien!

—Hoshikyo