Varias noches después, habiéndose vuelto aquella nueva tortura rutina, decidí incumplir por primera vez los mandatos de mi padre. Cuándo la luna llegó a su cenit cubrí mi cabeza y salí de casa por un pequeño ventanuco. Pese al terror que me causaba el ser atrapada y el recuerdo de sus castigos, mi cuerpo comenzó a temblar ante la idea de abandonar por unas horas su prisión, de ser libre por un efímero momento.

Llegué a la orilla del río que bordeaba el poblado, abandoné la ropa y dejé que el agua lamiese mis sucios pies.

Era hermoso.

El río reflejaba la luz de la luna. El murmullo de la cascada entonaba una nana que me acunaba dulcemente. Me introduje en las cristalinas aguas dejando que estas acariciasen mi cuerpo.

Y comencé a cantar.

Al regresar a mi prisión noté que ya no me contentaba con pasar las horas allí encerrada. Noté que las cadenas con las que yo misma me había atado se aflojaban. Noté que la necesidad de expiar mis pecados y mi miedo se volvían menos importantes.

Entonces, entré en pánico.

Durante días me negué a salir de casa y me reprendía a mi misma cada vez que rememoraba la melodía de la cascada, la dulzura de la caricia del agua.

Después de todo a un monstruo no le está permitido soñar, disfrutar o simplemente vivir.

Me descubrí a mi misma yendo al rio noche tras noche. Pues aquello era lo único que me traía paz y alegría en aquellos duros días y me hacían olvidar el infierno que era mi vida.

Una noche mientras me relajaba bajo la cascada un crujido me sobresaltó. Conseguí distinguir una tenue silueta entre los árboles. Solté un grito de terror y salí corriendo como alma que lleva el diablo, olvidando todas mis pertenencias tras de mí.

-¡Espera!-Gritó desde la orilla una voz femenina.

Llegue a casa respirando con dificultad. Me habían descubierto. Temblaba desconsoladamente. En cuanto mi padre se enterase se acabarían las escapadas nocturnas para mí. Mi egoísmo iba a ser castigado. Estaba acabada.

Lo que yo no sabía es que aquel hecho cambiaría totalmente el curso de mi vida aunque no se si para bien o para mal dado el lamentable estado en el que me encuentro ahora.