Atracción

Aquella mañana, Sesshomaru había tenido dos reuniones de ejecutivos, había despedido a un empleado, firmo dos contratos y bebió tres tazas de café. Las consecuencias podían sentirse en su fuerte dolor de cabeza, este le recordó el consejo de su padre.

"Demasiado trabajo arruina a cualquiera, descansa un poco hijo."

Ahora no le parecía tan malo. Tal vez podría tomarse unos días de descanso, escapar ahora mismo de la empresa, tomar su coche y marchar a su departamento, claro que antes de eso debía pasar a la oficina de su esposa, secuestrarla, llegar al departamento de ambos y encerrarse los dos en su habitación… o tal vez, en la sala, la cocina, la oficina, la ducha, el jacuzzi. Definitivamente había muchos lugares donde podía pasar más tiempo con su hermosa esposa. Ese era un excelente plan.

Sintió una punzada de dolor en la cabeza cuando el timbre del teléfono irrumpió en sus pensamientos.

-Señor Taisho, lo busca una mujer, no quiso decirme su nombre.

Frunció el ceño al oír tal cosa, lo molestaban por una estupidez. Imagino que debía tratarse de una periodista de esa revista que todo el tiempo insistía en hacerle un par de preguntas, cuando llevaban escondidas más de diez de ellas en esa pequeña y angosta libreta.

-Dile que la recibiré en otro momento. Pídele a Kagura que se encargue de ella y luego venga a mi oficina.

No se interesó en escuchar la respuesta de su tímida secretaria, aunque la prefería de esa manera, no podía imaginar tener a una secretaria más como Kagura detrás de él. Hecho la cabeza hacia atrás tratando de recordar lo que estaba pensando antes de ser interrumpido por ese maldito timbre telefónico, observo la botella de whisky y se le antojo beberla pero no tenía ni el más mínimo deseo de levantarse de su comodísima silla, caminar a la mesa donde estaba la botella y beberla como si fuera un ebrio sin remedio, no, él había dejado eso para las noches en que su linda mujer lo sacaba a gritos y empujones de su habitación. Ella tan hermosa, tan sumisa a veces, tan entregada a él en todo momento, pero su carácter era tan fuerte como el suyo, la única que podría ponerlo en su lugar es la misma que da vueltas su mundo. Tiene sentido.

-Señor Taisho, lamento sacarlo de sus cavilaciones, pero usted mismo me mandó llamar.

Él quiso pulverizarla con los ojos, aquella mujer era tan desagradable, quizás muy hermosa e inteligente, pero demasiado desagradable.

-Solo lo hago cuando tu presencia es imprescindible.

Ella sonrió mostrando los dientes antes de contestar, dejando a Sesshomaru mudo.

-Creo que a tu linda esposa no le agradaría escuchar el modo en que me coqueteas.

Aquello le recordó su anterior plan de escapar de esa maldita oficina, le parecía tan pequeña y gris el día de hoy.

-Solo dime que más debo hacer para dejar esta oficina.

-Como lo ordene mi amo. Debes firmar cincos documentos, no sin antes leerlos claro…

-Creí que Jacken se encargaba de eso.

-Lo hace, pero eres tu quien se enfada luego porque no le agradan los documentos redactados.

Sesshomaru ladeo la cabeza al oírla, el tanto que se esmeraba en contratar a los hombres y mujeres más especializados para quitarse un poco de labor de encima, y esos ineptos no podían siquiera redactar bien un mísero documento. Estrecho los ojos, prestando atención a la mujer ante él.

-…y dos reuniones con los inversionistas del proyecto Dash.

Ridículo nombre, debía evitar volver a darle esa tarea a su esposa o los proyectos dejarían de ser cosa seria.

-Por cierto, tu hermosa visita volverá más tarde, no he podido deshacerme de ella.

-Bien. Retírate.

"Lo más lejos posible" Pensó.

Ella levanto una ceja sin moverse del mismo lugar donde estaba y comento antes de irse.

-Si no quieres a tu mujer, deshazte de ella Sessh.

Lo que más crispo a Sesshomaru, no fue que mencionara a su esposa, sino que le llamara de la forma en que solo Rin puede hacerlo, ese nombre jamás sonaría tan bien como en los labios de ella.

-o-

Al finalizar la segunda reunión de la mañana, el primogénito Taisho se imaginó almorzando con su esposa en el restaurante italiano ubicado a dos manzanas de su departamento, el espiando a su mujer detrás del menú de vinos mientras ella aún se debate que ensalada debía elegir el día de hoy. Sin embargo, se vio salir de la sala de juntas y siendo abordado por su asistente de ojos rojos cuando iba a su oficina.

-Felicidades Sesshomaru. Supongo que ya puedes escapar del edificio, claro que antes debes deshacerte del estorbo de papeles por firmar que se encuentran sobre tu escritorio. Qué pena-en claro tono de sarcasmo.

El ni se molestó en hacer algún gesto con el rostro, se mantuvo inexpresivo como en todo momento, aunque en su interior hervía de molestia, la sola presencia de Kagura lo enervaba.

-Bien, vete a almorzar Kagura.

-Imagino que no saldrás de tu oficina, ya pedí un menú especial para ti y tu acompañante, no pude quitártela de encima, no quiero quejas.

Ella levanto las manos declarándose inocente y se hiso a un lado. Sesshomaru no le presto ni la más mínima atención, solo pensó en que esa periodista acabaría sin trabajo el día de hoy y los que continuaran también.

Estaba ideando maneras de botar a esa mujer de su oficina cuando al ingresar contemplo el cuerpo de una joven en el sofá de cuero negro ubicado a un lado de su escritorio, llevaba puesto un vestido negro ajustado haciendo juego con el sofá, sandalias de tacón alto y el cabello ondulado revuelto. Estaba acostada sobre su pecho y recostada sobre un brazo, dormida.

Se quedó estático, ella estaba allí ante el o lo estaba imaginando todo. Se acercó al sofá, bajo a la altura del rostro de ella y acaricio su mejilla para comprobar que fuera real, sintió su suave piel al contacto y supo que era real. Subió al sofá posicionando la mitad de su cuerpo sobre ella, retiro el cabello ondulado de su rostro y hundió su nariz en su cuello intoxicándose de su dulce aroma, ahora mismo su día había mejorado mucho y todo lo anterior había sido enviado a la basura. Era tan absurda la manera en que la presencia de ella lo afectaba, quizás nunca dejaría de pensarlo, ella lo había hechizado desde el primer momento.

Flash Back

Sería un verdadero fastidio mudarse a vivir con su padre y su nueva familia, él no tenía nada que hacer allí, su padre ya había olvidado todo lo anterior a ese tonto Inuyasha y su madre Izayoi. Recordó de pronto que cada vez que la veía ella intentaba complacerlo en todo buscando siempre agradarlo. No la culpaba, el siempre sería el primer hijo del gran InuTaisho, el que heredaría toda la fortuna de la familia, ni siquiera Inuyasha podía reemplazarlo.

El coche ingreso a la propiedad privaba y el chofer lo estaciono ante la entrada principal de la mansión. Ya podía vislumbrar a su madrastra y hermanito esperándolo en el recibidor.

Su padre siempre tan sentimental, nunca se guardaba las muestras de afectos, solo se había separado de su esposa un día y la abrazaba como si no la hubiese visto durante meses.

Sesshomaru observo extrañado la muestra de afecto y se preguntó si de verdad alguien podía querer tanto, a pesar de pasar muchos años, a la misma persona. ¿Acaso no se aburriría de ver el mismo rostro todos los días durante años? Él se lo planteaba seriamente.

Beso a su madrastra en la mejilla y paso a saludar a su hermano con un seco apretón de manos, no necesitaba de más para expresar que no estaba a gusto allí. Luego contemplo un rostro desconocido, una colegiala de faldas hasta las rodillas y gafas cuadradas, casi ni escucho a Inuyasha, solo el nombre de ella, Rin. La saludo de manera seca aunque cordial, sin pronunciar palabras, observo a su padre y le pareció escuchar pasos rápidos perderse en el pasillo, el no entendía porque el hijo de un hombre tan poderoso como su padre, tenia de amiga a una joven que seguramente molestaban a cada instante, pero no se molestaría en criticar las compañías de su hermano, no era de su incumbencia.

-o-

La mañana siguiente a la mudanza, una tan pequeña e insignificante que nadie había notado algún cambio en la casa. Su primer día en la mansión consistió en un día gris y lluvioso, lo contemplo por largo rato a través de la ventana de su nueva habitación antes de que una mucama lo interrumpiera para comunicarle que el desayuno ya estaba servido y su nueva familia lo esperaba en el comedor. Aquello imitaba a un claro intento de familia perfecta, aunque le faltaban tantas cosas para que fuera perfecta.

En el desayuno, la incomodidad se sentía tan palpable en el ambiente y el aire que los rodeaba se notaba pesado. Sesshomaru suspiro cansadamente sin dignarse a observar a nadie, no había nada mejor que ver que la comida que el revolvía en su plato. Su padre intento que charlaran con Inuyasha pero el siempre cortaba la conversación por lo sano, prefería mantener el silencio y las cosas marcharan bien. No era de su interés si las cosas marchaban mal o bien, el solo prefería silencio. Donde todo se mantiene en calma.

En la tarde, su humor no había cambiado mucho, no encontraba nada agradable en aquel lugar, sin mencionar, claro, la biblioteca de su padre, lo único interesante. Tomo el teléfono y realizo una llamada, su padre le había dicho que invitara a quien deseara, le tomaría la palabra.

Al ver llegar a su mejor amigo, pensó que las cosas mejorarían un poco para él, pero la sonrisa de satisfacción se le borro del rostro al ver bajar del coche a una mujer.

Ladeo la cabeza esperando la explicación de Jacken.

-Escucho que vendría y se me hiso imposible quitármela de encima. Tú sabes como es.

¿Acaso nunca podría deshacerse de ella?

-¿Qué haces aquí Kagura?

-¿Este es el modo en que recibes a tus amigos luego de un viaje tan largo solo para verte? Que mal anfitrión eres.

El solo suspiro negando con la cabeza, dio media vuelta e ingreso a la casa hablando con Jacken.

-Lo siento.

-Sé que hiciste hasta lo imposible para evitarlo. Despreocúpate, yo si se cómo deshacerme de ella, al menos por unos días.

Mientras los dos amigos charlaban en la sala, Sesshomaru dejo que la joven intrusa recorriera la casa, imagino que se encontraría con Inuyasha o su madrastra, pues su padre no se hallaba allí, y sería muy desagradable para ellos el conocerla. Los compadecía.

Convenció a Jacken de quedarse en la casa unos días, dejo que Kagura almorzara y cenara con ellos pero si ella misma no se iba en la noche, él la arrastraría a un hotel para evitar a toda costa volver a tenerla cerca por mucho más tiempo de que ya se había obligado a soportar por pura cortesía, algo natural en él.

En el día, su hermano le hiso saber que su "novia" era insoportable. Estuvo en desacuerdo en lo primero, pero totalmente coincidían en lo segundo. Entonces, Kagura hiso de las suyas como él lo esperaba, invento estupideces y trato de menos a los demás. No tenían nada en común, y ella pensando que los dos aún podrían retomar una relación perdida por la falta de responsabilidad de ella, la falta de sentimientos y de sensaciones que uno debía causar en el otro, no había nada allí que pudiera salvarse. Él no era alguien de rosas y palabras cursis, era alguien apasionado y de ideas claras, no creía en la idea de que una mujer lo pudiera confundir, si alguien no le interesaba en lo absoluto, no insistiría en intentar acercarse a ella. No perdería su tiempo.

-o-

Aquel día Sesshomaru se había levantado desganado, ni siquiera tuvo deseos de volver a llamar a su amigo, lo había retenido varios días ya. Bajo a desayunar y solo se encontró con la presencia de su madrastra.

-Buenos días Sesshomaru-ella tenía una dulce sonrisa.

-Buenos días-el no pudo observarla al rostro, era muy amable y él no tenía por qué responderle con una dura mirada.

-Tu padre fue a la oficina e Inuyasha al colegio.

Él no lo había preguntado.

-¿Ya has pensado en lo que estudiaras?

El contesto mientras se servía el desayuno, sin mirarla.

-He visto muchos folletos e investigue sobre varias carreras pero aún no tome ninguna decisión.

-Entiendo que sea difícil. Siempre pasa en los adolescentes la confusión de elegir entre muchas opciones.

Parecía como si él no le prestara atención.

-Por cierto, a partir de mañana vendrá una amiga de Inuyasha a quedarse unos días aquí, su abuela es amiga de la familia. Saldrá en un viaje y no puede llevarse a su nieta con ella.

Sesshomaru, apenas escucho la explicación, pensó que sería injusto que Inuyasha pudiera pasar más tiempo con sus amigos, y el aburriéndose sin más. Invitaría, de nuevo, a Jacken a visitarlo, aunque sea por ese día.

Frunció el ceño al recordar algo.

-Debo comprarme un teléfono nuevo. ¿Sabes dónde podría?

-Claro, de hecho, saldré luego de acabar de desayunar, puedes ir con migo y aprovechamos para ir de compras.

Lo dijo de una forma tan entusiasmada que Sesshomaru la observo levantando una ceja.

-No iremos de compras a una tienda de ropa de mujeres ¿cierto?

Ella al oírlo se sonrojo y estallo en carcajadas.

-Claro que no.

-Bien. No me agradaría verme en una falda rosada, no combina con mi cabello.

Ella lo observo sorprendida aunque con una sonrisa plasmada en el rostro. Aunque increíble, la risa de Izayoi había agradado tanto al joven que mejoro su estado de ánimo y había olvidado por un momento todas las diferencias que le separaba de aquella mujer.

Continuaron desayunado en silencio, aunque el aire ya no era incomodo ni pesado, era un silencio tranquilo como le gustaba a Sesshomaru.

-o-

Mientras Izayoi realizaba una llamada fuera de la tienda, Sesshomaru se preguntó cómo hubiese sido nacer de ella y tener una familia normal, no separada y alejada, como si fueran desconocidos. Y se cuestionó seriamente si se podría quedar allí a estudiar o tomar esta oportunidad para marcharse lejos a una universidad en otro país.

-¿Ya has decidido?

-Aun no-respondió en un suspiro aunque no sabía a qué se refería en realidad, si a la pregunta de ella o a su propio interrogatorio interno.

Durante el recorrido de la tienda Izayoi se arriesgó a hablarle obteniendo respuesta a todas sus palabras, se sorprendió bastante ante la buena disposición de Sesshomaru, pero no desaprovecharía la oportunidad de acercarse aunque sea un paso a él, era muy importante para su marido que lo hiciera, así que, lo intentaría.

En casa, el joven se encerró en su habitación y utilizo el teléfono para continuar investigando sobre las carreras que podían estar en las opciones. La idea de marcharse aún era muy tentadora.

Las universidades en las que se centró pertenecían a diferentes países, no se molestó en averiguar sobre alguna de su propio país. Tenía prisa en tomar una decisión.

-o-

En la mañana siguiente, los rayos que atravesaban las cortinas, de las ventanas abiertas, golpearon su rostro interviniendo en su campo de visión y despertándolo de un extraño sueño, uno donde él se encontraba perdido en un limbo de opciones de universidades lejanas y por otro lado, en la opción de darle una oportunidad a su nueva familia y no dejar a su padre. El despertar fue placentero para él, pues, extrañamente, ese sueño dolía de un modo amargo, lo sentía en el paladar.

Aún era temprano, no había nadie despierto a ese horario, un sábado en aquella mansión era como una mansión embrujada abandonada. Que interesante, había descubierto un modo fácil de escapar. Su padre lo escucharía hablar de esto, la casa estaba tan desprotegida. Si invadieran la casa, por las cámaras de seguridad, lo notarían cinco horas después. Ineptos guardaespaldas.

Fue a la cocina, se sirvió un vaso de leche fría de una botella que saco de la heladera y bebió dos tragos cuando escucho voces en el pasillo. No quería ver a nadie, entonces espero a que se marcharan para abandonar la cocina e internarse en la biblioteca, aquel era su santuario, el único lugar de la casa donde Inuyasha no se dignaba a entrar, y lo agradecía enormemente, jamás podrían los dos coincidir en una biblioteca.

Luego de recorrer los estantes abarrotados de libros, eligió uno que no había visto antes, lo recordaría, el siempre inspeccionaba los libros de su padre cada vez que iba a verlo. Tomo asiento en un sofá ubicado del lado derecho a la mesa y a la entrada de la habitación, abrió el libro y empezó a ojearlo. Estaba interesante aquella novela, lo había sumergido de lleno en la historia cuando escucho que la puerta se abría y luego le siguió un lento suspiro, frunció el ceño e imagino que se trataba de su madrastra, espero a que ella se acercara para dirigirle la dura mirada que poseía pero solo se percató de que daba pasos suaves y no se acercaba a él, levanto el rostro y la dura mirada fue sustituida por una de sorpresa. No se trataba de su madrastra.

De repente, Sesshomaru se vio encerrado en la biblioteca con alguien que desconocía, pero eso no era lo peor, lo peor consistía en que se trataba de una mujer, adolescente más bien, hermosa, además llevaba puesto un corto vestido floreado que no podían ocultar un par de piernas largas, blancas y que se veían totalmente tersas, se le antojo acariciarlas. Podía describirla a ella pero no podía describir el vuelco que sintió en su estómago y esa sensación de que te oprimen la garganta ocasionándole un serio problema respiratorio. Ella se veía totalmente fuera de su mundo, como si fuera una diosa que viniera a conocer lo que ocultaban el interior de los libros coleccionados allí, pero era absurdo, aun sorprendido por el shock inicial, Sesshomaru no podía dejar de escuchar a la razón y tratar de buscarle una explicación a todo aquel revuelto de sensaciones. Sacudió la cabeza y recostó su espalda en el sofá observarlo el espectáculo ante él, ella solo era una adolescente normal, con un hermoso cuerpo normal, un cabello ondulado precioso, un par de piernas preciosas y unas manos, que se veían tan delicadas, normales.

Estaba ignorándolo o no lo había visto, quizás si lo hiso y ahora solo fingía para llamar su atención, ya le había pasado antes muchas veces. Lo creían tan idiota, dejo de pensar al escuchar una vos susurrar bajito.

-Leído, leído, leído-iba recorriendo con sus gráciles dedos los nombres de los libros de una fila mientras decía.-leído, leído.

Al parecer le gustaba algo que también le agradaba mucho a él.

Continúo con la de arriba y más arriba hallo un título que le intereso, estaba demasiado alto para que lo cogiera con firmeza y bajarlo. Se estiro en un vano intento por tomarlo y Sesshomaru tuvo una excelente visión de sus muslos, se veían tan deseables. Las manos le picaron.

Ella aun en lo mismo, solo pudo gemir de sorpresa al sentir unas manos, en su cintura, alzarla. Tomo el libro, sintió el suelo bajo sus pies y volteo rápidamente para encontrarse ante los ojos ámbares más preciosos que había podido apreciar.

El aun la sujetaba de la cintura, y pensó que era tan pequeña, una imagen fugas atravesó su mente, una donde el apretaba con firmeza esa cintura mientras la movía sobre el haciendo que el cabello de ella se balanceara de adelante hacia atrás. Un hormigueo recorrió su columna al imaginarlo. Aquello solo se llamaba atracción física, una intensa atracción, no debía tratar de ponerle otro nombre, se dijo.

No había resistido, observo su cintura y la imagino entre sus manos, también se había levantado a ayudarla por mera cortesía, aunque esa idea de tomarla de la cintura se formó en su mente con la clara intención de satisfacer su deseo.

Esperaba que ella dijera algo, lo que sea, pero se esperaba una reacción diferente a esta. Ella estaba quieta, sin pestañear siquiera y observándolo como si viera un fantasma. Entendió que la ponía nerviosa al verla suspirar como respuesta a su saludo.

-Hola.

-Hola…lo siento, no sabía que estabas-hablo rápidamente.

El apretó los labios tratando de no sonreír mientras intentaba recordar si la conocía. De pronto, una imagen vino a su mente como una película que hubiese visto anteriormente. Vio a su madrastra comentándole que una amiga de Inuyasha pasaría unos días en la casa, debía tratarse de la misma que el conoció el mismo día que arribo a la mansión, solo que ahora se veía muy diferente, y demasiado atractiva. Tuvo ganas de ser malo y, quizás, intentar comprobar que tanto le gustaba a ella.

-No te preocupes, Rin-una sonrisa sensual se extendió en sus labios. Ella se sonrojo antes de contestar.

-Yo…debo irme. Lo…siento de nuevo, y gracias, por ayudarme a alcanzar el libro-retrocedió un paso haciendo que él la soltara y se retiró casi corriendo de la habitación sin darle tiempo de responder.

Eso lo sorprendió, ella de verdad parecía una joven inocente, pero le resultaba muy difícil de creer.

Una vez solo de nuevo en intimidad, tomo asiento en el mismo lugar, abrió el libro e intento retomar la concentración.

Había leído el mismo párrafo cinco veces pero le era imposible entender de que trataba el mismo. Estaba como perdido, estancado en las mismas palabras. ¿Qué significaban? En realidad no le eran de ningún interés, sin darse cuenta había dejado el libro a un lado y se había dado por vencido. Su mente le traicionaba, él no quería dejarse llevar y pensar. Se molestó consigo mismo. Debía dejar de ver más cosas que las que había visto. Ella solo era una joven hermosa como muchas más, aunque podía notar ciertos aspectos diferentes, como por ejemplo, la estrecha, atractiva y, no está de más decir, sensual cintura. También que la piel de sus piernas parecían realmente tersas en extremo, debía mencionar claro su más que perfecto cabello, pero sobre todo, el color de sus ojos, nunca había visto unos ojos gris más brillantes, eran como ojos de gato, un gato muy sexi, por cierto, y aparentemente lleno de una dulce inocencia. Le nacieron deseos de reír ante todas las estupideces que estaba pensando, en cambio, solo estiro sus labios de una forma suave y negó con la cabeza. En eso estaba cuando tocaron a la puerta. No se podía tratar de la misma persona, supuso.

Se acercó a ella, la abrió para encontrarse con el rostro de una tímida mucama, quien apenas con aire pronuncio.

-Está servido el almuerzo ya señor Sesshomaru. Su padre y el joven Jacken lo están esperando.

¿Tan rápido habían pasado las horas?

El asintió para que ella se retirara y sorprendido recordó de pronto que había llamado a Jacken la noche anterior. Abandono la biblioteca y de camino al comedor noto que solo su padre y Jacken lo estaban esperando, sonrió dentro de sí, esta sería una buena oportunidad para seguir poniendo a prueba a la "dulce inocente de Rin".

Subió las escaleras y se halló perdido en la planta alta, no sabía en qué dormitorio se quedaría ella, dudaba que fuera cerca del suyo, pues él había escogido uno de los dormitorios más alejados del de su padre y de Inuyasha. Tal vez, estaba cerca de su hermano, se acercó a la habitación de él y escucho gritos y luego risas del otro lado de la puerta. La abrió de manera brusca crispándole el rostro de pura molestia al contemplar la escena ante él, tan infantil. Inuyasha estaba de espaldas en la cama y ella, Rin, sentada a horcajadas sobre su vientre, haciéndole cosquillas, ridículos. Ellos se quedaron estáticos al verlo y el tonto de su hermanito lo miro levantando una ceja esperando una respuesta.

Suspiro pesadamente antes de hablar al idiota de Inuyasha.

-Deberías levantarte a hacer algo de tu vida Inuyasha, y dejar de actuar como infantiles-observo un momento más el rostro sonrojado de la joven y luego se fue.

Idiota de Inuyasha, era un inútil, ya debería estar listo, se supone que saldría con su madre, ella lo debía estar esperando y como él no se dignó a levantarse, se marchó.

Al llegar a la mesa y escuchar el saludo de Jacken, no pudo más que asentir, no podría hablarle sin esconder su molestia, aunque era muy visible en su rostro las señales de esta.

-¿Has dormido bien? Tú nunca te levantas tan tarde hijo.

-Estaba en la biblioteca desde temprano. Por cierto ¿Inuyasha no iba a salir con Izayoi?

Su padre ignoro el hecho de que el llamara por su nombre a su esposa, comprendía que no la podía llamar madre, su hijo mayor era de un carácter muy difícil.

-Cierto, pero ella debía hacer unas tareas en su oficina antes de buscar a Inuyasha-observo su reloj de pulsera y agrego.-Pasara por el pronto, mandare despertarlo.

-No es necesario, ya lo han hecho.

-¿Cómo lo sabes?

-Lo descubrí muy despierto con su amiguita sobre él, haciéndole cosquillas.

Mientras InuTaisho rio, Jacken observo a su amigo estrechando los ojos.

-¿Amiguita?-pregunto.

Sesshomaru se quedó callado al escucharlo, debía mantener la boca cerrada si no quería ser descubierto por el otro joven.

-Rin, es compañera de Inuyasha y una amiga de la familia también, los dos son muy unidos, como hermanos pienso yo.

El moreno asentía mientras escuchaba y observaba de soslayo a Sesshomaru que no alejaba su visión del plato.

Luego de un momento, su hermano pasó por el comedor para saludar a su padre y robarse un sándwich de la mesa, vulgar como siempre. Un minuto después, escucho pasos suaves y supo que se trataba de ella, no quiso observarla pero le fue imposible no hacerlo cuando los dos hombres a sus lados se pusieron de pie, ante todo debía mantener la postura. Pudo vislumbrar de nuevo su delicado rostro y su precioso cuerpo, se veía realmente dulce.

Tomaron asiento y cuando su padre callo luego de saludarla, el debió llenar el silencioso vacío con la presentación de su amigo. Ahora el silencio no era tan cómodo como antes de verla.

-Rin, él es Jaken, mi amigo. Jaken ella es amiga de Inuyasha, Rin- Jacken noto perfectamente como el tono de vos cambio drásticamente al pronunciar la palabra "amiga". Qué raro, se dijo.

-Gusto en conocerte, Rin-él fue amable. Ella solo asintió tímidamente con la cabeza.

A esto le siguió un silencio aun peor de incomodo, pues él no podía mantener quietos sus ojos y estos se iban a verla a ella.

Pudo oír un carraspeo y luego;

-¿Y qué haces aquí para divertirte con Inuyasha, Rin?-era Jaken. El capto la doble intención de la pregunta ¡entrometido!

-En realidad, no mucho. Inuyasha es mi pareja en los trabajos de colegio, pero generalmente, yo me la paso encerrada en la biblioteca-respondió con una pequeña sonrisa.

Al oír esto, los ojos del joven se abrieron con sorpresa para luego desviar su mirada hacia Sesshomaru que observada su plato como si fuera la respuesta a todas sus interrogantes. Jaken volvió a verla y a preguntar.

-¿Te gustan mucho los libros?

-Los adoro, los libros son el transporte a cualquier lugar posible e imposible.

-Inuyasha no piensa lo mismo ¿verdad?

"Claro que no, ni siquiera debías preguntar, Jacken" Pensó.

-Ciertamente, es un dulce pero, en otras ocasiones, sin ofender claro, es un tonto.

Jaken volvió a observar de nuevo a su amigo recibiendo como respuesta de este, una mirada de reproche.

-Qué curioso ¿verdad Sesshomaru?

Ahora mismo el peli plata prefería el silencio incómodo.

El aludido ladeo la cabeza antes de hablar con la cara tensa.

-Ciertamente, Jaken, no tiene nada de curioso descubrir que Inuyasha es un tonto.

Aquello se estaba poniendo extraño. Por suerte el señor InuTaisho cambio de tema y aquello quedo olvidado.

-o-

Fue en el jardín, donde Sesshomaru pudo reprender al joven que estaba de visita.

-¿Qué pretendías?

-No tengo idea de que hablas Sesshomaru-él siempre se mantuvo tranquilo al contestar.

Su amigo lo observo frunciendo el ceño, queriendo atravesar las barreras del pensamiento para saber las intenciones de Jacken, o quizás, quería pulverizarlo con la mirada. De igual forma, esta era muy dura.

-¿Qué tiene de malo que le hable a una joven bonita?

Eso incomodo a Sesshomaru.

-¿Bonita?

-Sí, no me digas que no te parece bonita, estoy seguro que hasta para tu alto nivel de gustos sofisticados ella es bonita.

-No es de mi incumbencia-contesto sin mirarlo.

-Bien, en ese caso, puedo seguir hablándole, no importa lo que diga Inuyasha.

Esto provoco que Sesshomaru volteara la mirada rápidamente hacia él.

-Haz lo que quieras.

Jacken levanto una ceja y de la nada dijo lo menos esperado.

-Estas celoso amigo. Se te nota en la cara.

Lo dijo muy serio escondiendo las manos en los bolsillos, mientras el joven frente a él se cruzó de brazos y levanto el mentón en un gesto orgulloso.

-Sandeces.

El que Jacken estallara en risas lo enfureció aún más. Dio media vuelta y fastidiado ingreso a la casa, escuchando detrás de si el grito del otro.

-No tienes porque avergonzarte amigo.

-o-

Sesshomaru no estaba dispuesto a darle la razón a Jacken, pues este no la tenía. Le resultaba absurda la idea de que podría celar a alguien que acababa de conocer, no solo eso, sino que era inconcebible ¿dónde se había visto algo así?

Decidido a no dar su brazo a torcer, quiso demostrar que no le interesaba esa niña y tomo la decisión de evitarla durante todo el día si fuera posible, pero el destino se había puesto en su contra, se había empecinado en hacerle la tarea imposible, en que el no pudiera demostrar lo que deseaba. Intento no cruzarse en el camino de ella o que ella no fuera a él, pero cuando doblaba en alguna esquina se topaba con los ojos de gato brillantes, llego incluso a pensar que ella lo estaba siguiendo, pero lo descarto al recordar que cada vez que se encontraban, ella suspiraba de sorpresa y escondía su mirada de la de él, una señal de nerviosismo era el de morderse los labios, unos labios rosados que se volvían húmedos y apetecible cada vez que ella los maltrataba con sus dientes, no debía apretarlos tantos, sino morderlos de una forma más suave, casi acariciándolos con los dientes, apretarlos, estirarlos y soltarlos dejándolos aún más rosados. Sesshomaru sacudió su cabeza intentando sacar esas ideas tan atractivas de su mente.

Se recostó en su cama deseando olvidar ese largo día, cerró los ojos y vio los exquisitos labios de ella siendo apretados por su dedo para luego atraparlos con los suyos propios. Suspiro. Debía de saber a dulce, quizás alguna vez podría morderlos como se le antojaba pero hoy no. Un velo de sueño se plantó ante él y lo arrastro a una fantasía de piernas suaves, manos delicadas, cabellos revueltos de una extraña mezcla de colores blanco y negro, de labios húmedos y ojos grises. Un sueño más que placentero.

-o-

El día siguiente, él quiso continuar con su vida cotidiana, recordó que había dejado olvidado el libro en la biblioteca, había evitado ingresar allí pero pensó que sería difícil que ella estuviera en ese lugar tomando en cuenta lo arisca que se comportaba. Abrió la puerta y la vio sentada en una silla junto a la mesa al centro de la habitación, sobresaltándola al hacer ruido. No quiso hablar así que solo asintió con la cabeza para saludarla.

El tomo asiento en el mismo sillón del día anterior, a espaldas de Rin, un lugar desde donde podría admirarla sin que ella lo notara.

Sesshomaru intentaba, de verdad intentaba concentrarse en el libro que había dejado olvidado el día anterior, pero le era realmente difícil no prestar atención a los movimientos de la joven, a guardar en su memoria, el modo en que él la incomodaba y las acciones que le producía, porque, él podía notar perfectamente la incomodidad que le producía, lo notaba en cada movimiento, cada vez que ella cambiaba de posición en la silla, cuando suspiraba mientras acomodaba sus perfectos bucles, cuando desacomodaba su cabello para que cubriera su sonrojado rostro. Se veía tan inocente, como una especie desconocida que el sentía debía descubrir, conocer cada pedazo de información que ella podía darle. De pronto, ella se puso de pie, recogió el libro y volteo para hablarle encontrándolo mirándola, detallándola en su modo de vestir, hoy de nuevo, llevaba un vestido, uno diferente pero no le quitaba esa idea de que le quedaba perfecto, marcando su pequeño y precioso cuerpo, estaba imaginando como se vería sin el cuándo la puerta de nuevo se abrió y por ella ingreso su madrastra esta vez.

-Disculpen chicos. Sesshomaru, Kagura, tu novia está aquí.

De inmediato, el dejo de admirar a Rin, frunció el ceño y se levantó, salió de la habitación sin voltear a verla. Estaba furioso, esa joven no era su novia, debía deshacerse de ella hoy mismo, era un verdadero fastidio tenerla cerca todo el tiempo.

-Hola Sessh.

Él nunca había odiado más ese nombre como en ese preciso momento. Lo enojaba tanto, la tomo del brazo sin siquiera hablarle ni escuchar las protestas de ella y la mirada sorprendida de Izayoi. La llevo fuera de la casa y la metió al coche estacionado allí, cerró la puerta y volteo para decir al chofer.

-Vamos al aeropuerto.

Le arrebato las llaves de la mano y se marchó en el mismo coche conducido por él.

Luego de deshacerse de aquella mujer, de llevarla al aeropuerto y devolverla el mismo a su lugar de origen, fue a ver a Jacken, quien también se debatía entre las muchas opciones de universidades ante él. Llamo a su padre y le comunico que se quedaría a cenar con su amigo.

Al regresar a la casa ya era de noche, no había nadie más despierto que una mucama que arreglaba unas cosas en la cocina, escucho el sonido de cacerolas desde lejos y subió los escalones para llegar a su habitación, camino delante de la puerta junta a esta y se detuvo en seco al oír un gemido.

Por un momento pensó que lo había imaginado, pero lo escucho de nuevo y comprobó que no se estaba desquiciando. Intento seguir caminando pero la curiosidad ya había ingresado en el y no pudo evitar abrir la puerta. Lo hiso demasiado despacio y sin hacer ningún sonido, lo que vio allí dentro lo sorprendió tanto, no lo hubiera ni soñado. Del otro lado de la puerta, en la cama y cubriendo la mitad de su cuerpo con una sábana, estaba Rin, la misma que el imaginaba dulce e inocente Rin. La contemplo moviendo sus caderas con la mano escondida en el centro de su cuerpo y los ojos cerrados abriendo los labios en un gemido silencioso, ella estaba tocándose, donde una joven inocente y decente no debe tocar, ella necesitaba sentir placer, lo comprobó al verla apretar su mejilla en la almohada.

Había visto suficiente, no se aria notar, ella moriría de vergüenza si abriera los ojos y lo encontrara allí, cerró la puerta de la misma forma en que la abrió y ella no supo jamás que él había descubierto su secreto.

Al cerrar la puerta de su habitación y apoyar su espalda en ella, Sesshomaru sintió su respiración pesada y una molestia en la entrepierna, el verla así lo puso realmente duro, una escena muy erótica y protagonizada por la mejor actriz de todas, debía ser una broma de mal gusto que le pasara justamente esto cuando quería evitarlo, ahora resulta que ella estaba en la habitación de al lado, separados por una pared y ella acariciando su parte más íntima haciendo que el muriera de deseos de sustituir esos dedos por los suyos propios. Se encerró en el baño y no pudo quitarse esa idea de la cabeza mientras apretaba su miembro ansioso de que ella lo tocara con esos dedos tan delicados y finos.

-o-

Al despertar, lo único que tenía en mente era la idea de tocar a Rin, pero ella no estaba por ningún lado, salió a caminar para despejarse volviendo más calmado, fue a la biblioteca y por un momento se quedó quieto pensando en la nada cuando la puerta se abrió y como si fuera la primera vez que la vio, ella ingreso a la biblioteca. Se acercó al estante donde había recogido anteriormente el libro, intentando de nuevo colocarlo en su lugar sin éxito alguno.

Sesshomaru había pasado horas pensando en la manera de quedar a solas con Rin, quería satisfacer ese enorme deseo que había crecido dentro de sí, deseo de ella. La oportunidad se le había presentado por sí sola. Se acercó a ella por detrás y apretó su delgada cintura con firmeza, cuando la bajo, había decidido no volver a soltarla.

Apretó su cintura y la atrajo hacia sí, sintiendo la espalda de ella en su pecho, la respiración de ambos se aceleró y un gemido se asomó a la garganta de ella que se mordió su labio inferior para evitarle la salida. Cerró los ojos y suspiro antes de decir.

-Sesshomaru… ¿Qué haces?-su voz se agudizo al final de la oración. Sintió escalofríos y cosquillas en su cuello al suspirar él.

-Me encantas, Rin. Eres preciosa.

Ella se quedó sin aliento al oírlo. Lo sintió acariciar su cuello con su fría nariz, haciendo que ella inclinara la cabeza a un lado para darle mejor acceso, agradando la acción a Sesshomaru, ella se mostraba sumisa ante él, nuevas imagines de los dos en posiciones eróticas atacaron su mente y se propuso llevar a cabo una de ellas en ese preciso momento.

-Hueles delicioso.

Aquella afirmación le produjo un jadeo a ella, abrió los ojos y se sonrojo al comprender que lo que sucedía era real. Intento alejarse hacia adelante, pero él se abrazó a su cadera y susurro contra su cuello.

-No te muevas.

Rin estaba con la garganta seca, la voz se había escapado de su alcance eligiendo el peor momento de todos para hacerlo. Intento mover los brazos de Sesshomaru y recibió un pequeño mordisco en la frágil y desprotegida piel de su cuello.

-Te dije que…no…te movieras.

-¿Por qué haces esto?

-Porque te deseo, me atraes, me pareces la mujer más hermosa y sexi que jamás he visto, tu inocencia me hechiza y te hace más atractiva a mis ojos. Quiero sentirte derretirte en mis manos, Rin.

Ahora el gemido se escuchó fuerte y claro.

-Tú tienes novia.

Sesshomaru noto el dolor en su vos, beso su cuello arrastrando sus dientes antes de subir una mano a su mejilla izquierda y girar su rostro para verla a los ojos. Suspiro con los labios entreabiertos al ver las grises irises brillantes.

-Ya no-otro suspiro.-Pero puedes serlo tú a partir de ahora, si quieres.

No le dio tiempo de procesar lo que escucho cuando la beso en los labios por primera vez, cumpliendo, sin saberlo, uno de los deseos más anhelado de los dos.

-Déjame tocarte, Preciosa. He soñado contigo desde el primer día, y he deseado ser yo quien te produjera esos gemidos que oí anoche.

Aunque la revelación tomo por sorpresa a la sonrojada chica, no se dejó acobardar por la vergüenza y asintió a la vez que decía.

-Sí, hazlo.

Fin del Flash Back

Aquel momento fue el inicio de la perdición de Sesshomaru, porque él se perdió en el cuerpo de ella, se aferró a los labios femeninos y se intoxico con el aroma de ella quedando, sin saberlo, bajo un hechizo de atracción que no podría romper.

-o-

De verdad espero sea de su agrado y poder recibir sus comentarios. Hasta pronto.

Dmonisa.