Capítulo 3
De vuelta estaba en mi carril, después de teletransportarme a la base y curar mis heridas. Aun así, seguía sosteniendo la espada con mi mano derecha. Había decidido usar solamente una mano en lugar de dos, para que en caso de ser herido, aun pudiera usar mi arma. El Invocador se había mantenido callado desde el momento que regresé a la base, y la verdad lo prefería de esa manera; después de lo que había hecho, no estaba de humor para hablar con él.
Cuando llegue, noté que había varios súbditos enemigos atacando mi torre, abriendo pequeños agujeros en ella con sus martillos y hechizos. La torre trataba de defenderse disparando pequeñas bolas de energía al súbdito más cercano, y pasando a otro cuando este moría. Corrí hacia el grupo de enemigos y empecé a golpearlos con mi espada, dando amplias tajadas, tratando de golpear el mayor número de objetivos posibles con cada una. Finalmente, todos los súbditos murieron y espere a que los míos aparecieran. Después de unos segundos llegaron, marchando sin una preocupación en la vida, como si no les importara entrar a una batalla a la que no iban a sobrevivir.
Ignoré mis sombríos pensamientos que tan convenientemente habían aparecido después de mi encuentro en el carril medio y los seguí hasta que colisionaron con los enemigos, empezando de nuevo su eterna batalla. Y en cuanto empezaron, mi oponente salió de un arbusto y se colocó detrás de sus súbditos, ignorándome por completo. Aparentemente, gracias a la pelea que tuvimos, Riven había decidido no volver a tratar de enfrentarme, y de nuevo se enfocaba en matar a los súbditos. No me podía quejar; después de todo lo que había pasado, me sentía como para ya no oponer resistencia si volvíamos a enfrentarnos.
Y por otros cinco minutos la tranquilidad volvió a la línea: cada uno se enfocaba en los súbditos enemigos, y cuando todos morían, nos retirábamos a nuestras torres y esperábamos por la siguiente ola. Justo cuando creí que por fin podía tener un respiro y ordenar mis ideas, algo más pasó. Al matar a un súbdito sentí un gran poder surgiendo en mi interior, como si ese último enemigo hubiera sido la llave que había abierto una gran fuente de energía dentro de mí.
¿Qué fue esa… sensación, como si ahora fuera mucho más fuerte que antes?
Ah, al parecer ya has acumulado suficiente energía para usar tu habilidad definitiva. Excelente, eso nos va a ayudar bastante.
¿Mi habilidad definitiva? ¿Entonces apenas soy nivel seis? Si hemos estado peleando por más de media hora.
Y de nuevo, no sé a qué te refieres con eso de "nivel seis". Aunque si eso te ayuda a comprenderlo, pues sí, digamos que acabas de subir de nivel.
Genial, ahora me estás tomando como loco e idiota.
Oye, escuché que aceptar que tienes un problema es el primer paso para llegar al nivel siete. O para entrar a rehabilitación, no estoy seguro.
Ja ja, muy gracioso. ¿Por qué no dejas tu puesto de Invocador y te vuelves comediante? Con ese acto, estoy seguro que te contratarían en todos los bares de mala muerte. Seguro que los borrachos encuentran tus chistes divertidos.
Lo he pensado, pero prefiero quedarme aquí. Si yo no estuviera aquí, estoy seguro que cargarías de bruces contra la torre y tratarías de derribarla a patadas. Y no puedo permitirte hacer eso hasta que llegues al nivel ocho.
Sentí como un dolor en mi cabeza iba creciendo poco a poco con cada frase del Invocador. No pude evitar frotar mis sienes y maldecir por lo bajo, lo que causó que la Desterrada me mirará extrañada.
Solo dime que hace mi habilidad definitiva y terminemos con esta conversación. Siento que una de mis neuronas muere cada vez que me respondes.
No te preocupes, recuperas todas tus neuronas cuando llegas a los niveles diez y quince. Además, ¡recibes un bono si la mitad de ellas aún siguen funcionando!
… En serio, por favor. La necesidad de clavar esta espada en mi cráneo sigue aumentando, y no creo poder contenerla por mucho más tiempo.
Está bien, está bien. Solo trataba de animarte, pero veo que mis intentos solo hicieron que te estresaras más. Sobre la habilidad definitiva, no tengo idea que hace. Tu entrada a las batallas fue tan repentina que no me pudieron informar por completo sobre tus habilidades.
¿Entonces cómo se supone que la utilice, si ni siquiera sé qué hace?
Hmmm, trata de enfocar esa energía que sentiste en uno de tus portales, quizás así puedas utilizarla.
Enfocar la energía en un portal…
Miré a Riven, que había decidido volver a ignorarme, y me pregunté si ella había pasado por algo similar a lo que yo estaba viviendo la primera vez que había entrado a un Campo de la Justicia. Quizás le podía preguntar al terminar la batalla. Pero en ese momento, algo más importante estaba en mi mente.
Traté de encontrar dentro de mi cuerpo la energía que había surgido hace poco, y cuando la hallé, trate de enfocarla en mi mano derecha. Sentí como un enorme poder abarcaba todo mi brazo, y cambié de mano mi espada. Entonces, levanté mi mano, y abrí un portal.
Pero el portal era diferente. Era mucho más grande, y estaba al revés: podía ver la parte trasera de él, y la parte delantera estaba apuntando en dirección a Riven. Lo único que pudo decir fue "¿Qué?", antes de que el sonido de cientos de armas de fuego llenará todo el carril. Solo pude ver como cientos de balas muy pequeñas salían del portal, y como Riven trataba de bloquearlas con su espada. Aun así, muchas lograron golpearla, creando pequeños moretones y cortes en su piel, dañando su armadura, pero ninguna la atravesaba. Parecía como si las balas no estuvieran diseñadas para matar a su objetivo, sino solo para detenerlo. Y eso hizo que me diera cuenta que todavía no había usado todo el poder en mi brazo.
De nuevo levanté mi mano en dirección a Riven y abrí otro portal. Pero esta vez el portal no estaba en frente de mí, sino arriba de ella. Era igual de grande que el anterior, y en su interior había una espada gigantesca, suspendida en el aire, justo encima de la cabeza de Riven. Pero ella estaba distraída bloqueando las balas del primer portal para notar el otro encima de ella, hasta que vio la sombra de la espada. Entonces baje mi mano con un rápido movimiento y la espada se clavó en el suelo, provocando un fuerte temblor y levantando una gran nube de polvo. Cuando la nube se asentó y ambos portales desaparecieron, me acerqué a la espada y traté de ver si había golpeado su objetivo. Riven se encontraba tirada a unos centímetros del lugar donde había impactado la enorme hoja; apenas había podido esquivarla a tiempo. Me acerque para tratar de ayudarla, pero al momento me di cuenta de lo estúpido de mis acciones: Riven se levantó con un ágil movimiento y soltó una tajada horizontal que me hizo caer al suelo. Allí, ella volvió a cargar contra mí, realizando una estocada hacía el suelo. Pude rodar para esquivarla, y en el suelo solté una patada que hizo que Riven cayera de nuevo. Ambos nos levantamos y nos colocamos en posición, listos para otro enfrentamiento. Pero esta vez yo tenía la ventaja, ya que las balas la habían debilitado bastante y ello se notaba en su agitada respiración y los cortes y moretones en su cuerpo. Ella también lo notó, así que aparentó un ataque, que inmediatamente traté de bloquear, y aprovechó mi movimiento para emprender carrera hacía su torre. Instintivamente la perseguí y pensé en sacar mi rifle para tratar de dispararle, pero me detuve en seco y dejé que se marchará.
Lo siento. Pensé, mientras me volvía a acercar a los súbditos. Varios habían muerto gracias a mi habilidad definitiva, lo que había causado que la batalla se acercara a la torre enemiga.
No te preocupes, hay otras maneras de ganar que no necesitan que mates a tus enemigos, como destruir torres. Dedícate a llevar a las olas de súbditos hacía las torres enemigas y ayúdalos a destruirlas por ahora. Cuando logres aclarar tu mente, podrás volver a enfrentarte a alguien sin remordimientos.
Gracias por entenderlo. Si, trataré de derribar la torre del carril superior y después ayudaré a los demás a destruir las torres de sus carriles.
Me suena como un plan. Mucha suerte, y contáctame en caso de que algo suceda.
Empecé a atacar a los enemigos, golpeándolos con toda mi fuerza, tratando de sacar un poco de la frustración dentro de mí con cada corte. Pronto llegué a la torre enemiga, y deje que los súbditos empezaran a atacarla. Cuando me aseguré que la torre estaba enfocándolos y que Riven no había regresado, empecé a golpear la torre. Cada corte iba haciendo una pequeña fisura en la torre, que iba aumentando a medida que recibía daño. Por desgracia no pude derribarla con una sola oleada y tuve que retroceder para esperar a más súbditos. Pero justo cuando me preparaba para cargar contra la torre de nuevo, escuche algo que me heló la sangre. Un aullido que procedía del bosque atrás de mí, y el sonido de patas chapoteando en el agua del río.
Edward… ¿Quién es el encargado de la jungla enemiga?
Warwick, el Cazador Sanguinario. ¿Por qué la pregunta?
Oh, por nada. Por cierto, si grito hijo de puta…
¿Si?
Me refiero a ti.
Inmediatamente salí corriendo a toda velocidad hacía mi torre, con la esperanza de que Warwick aún se encontrará a una buena distancia. Pero no fue así; cuando pase junto al río un lobo del tamaño de un hombre saltó encima de mí y me tiró al suelo, oprimiéndome con su pesado cuerpo. Trate de alejar su enorme hocico, lleno de afilados dientes, con mis manos, pero lo único que conseguí fue hacerlo reír. En cuanto abrió sus fauces, el hedor de sangre y carne podrida llenó mi nariz, casi provocando que vomitara.
-Síiiiii, opón resistencia, lucha por tu insignificante vida. Las presas más divertidas siempre son las que piensan que tienen oportunidad de sobrevivir –con cada palabra que pronunciaba, el hedor se volvía más fuerte y provocaba que me mareara-. La expresión de sus caras al ver que lo han perdido todo es la mejor recompensa para un cazador.
-Dos palabras: enjuague bucal. Compañero, necesitas uno muy seriamente. Tener el olor de la cena de hace dos meses en tu boca no te va a conseguir muchos amigos.
-Una víctima con sentido del humor. Me preguntó si podrás conservar eso cuando haya arrancado toda la piel de tu boca.
-Sabes qué, mejor usa cloro. Un galón completo. Inclusive podría remover esa mancha de sangre en tus incisivos inferiores.
-Y con esa última frase me has hecho reconsiderar el dejarte correr antes de matarte. Ahora vas a morir aquí mismo, y veras como se ven tus entrañas regadas en el suelo –dijo, mientras levantaba su garra, listo para matarme con un solo zarpazo.
-Bueno, entonces tendré que ganarme el privilegio de correr de otra manera, ¡como así!
En el tiempo que estuve burlándome de Warwick, había alcanzado mi espada con mi mano izquierda, y con un rápido movimiento la clavé en la zarpa que había levantado. Él soltó un aullido de dolor y la sostuvo con su otra garra. Pero era inútil, mi espada la había atravesado por completo e impedía que la pudiera usar. Aproveché el momento y con todas mis fuerzas empuje a Warwick, haciéndolo caer a mi lado, y volví a correr con fuerzas renovadas hacía mi torre.
Pero entonces una esfera oscura salió volando de la nada y me golpeó en el estomagó, haciéndome caer de nuevo. El impacto me sofocó, evitando que me pudiera parar de nuevo. Entonces escuché otra voz, pero esta vez era de una mujer:
-Vengo a regresarte el favor.
Al subir mis ojos, vi a Syndra flotando hacía mí, lista para aplastarme con otra esfera que arrastraba con una cadena de magia. Era el final, mis piernas y mi torso no me respondían después del ataque de Syndra. Abrí un portal y rápidamente saque el rifle, apuntándolo hacía ella. Si iba a morir, al menos me iba a llevar alguien conmigo.
Entonces, un inmenso dolor apareció en mi espalda, y un segundo después, en mi pecho, que detuvo mi mano en su sitio. Mire mi pecho y me horroricé al notar una zarpa, llena de sangre, saliendo de él. Entonces escuche una risa malvada, que había oído hace poco, burlándose de mi intento de escapar, de mi esperanza por sobrevivir.
-Un buen cazador siempre tiene un plan de respaldo, idiota. Y siempre tiene más de un arma.
Warwick retiró su garra lentamente, cortando todo lo que pudo mientras salía, haciéndome gritar de dolor, prolongando mi sufrimiento. Cuando por fin salió del agujero que había hecho, caí al suelo dando un golpe seco, sin energías para moverme. Mi visión se empezó a nublar, y el intenso dolor que experimentaba fue disminuyendo poco a poco, al igual que la sensibilidad de todo mi cuerpo.
Entonces, esto es lo que se siente al morir. No me gusta, no quiero volver a experimentar esto.
No voy a dejar que alguien más me haga sentir esto de nuevo…
Aunque eso signifique acabar con sus vidas…
Yo mismo…
…Hijo de puta…
Al salir por la enorme puerta y entrar a lo que parecía un coliseo, fuimos recibidos por las ovaciones de la gente sentada en las gradas. No podía entender muy bien lo que decían, pero alcancé a captar con claridad que muchas voces gritaban "Caitlyn". Era de esperarse: la Sheriff de Piltóver había matado cuatro veces más a sus oponentes antes de destruir la torre, y después había conseguido un asesinato triple en la pelea de equipo que nos había concedido la victoria, todo esto sin morir una sola vez.
Nos pusimos en frente de nuestros adversarios y estrechamos sus manos (o garras, en el caso de Warwick y Lee Sin). La mano de Riven vino acompañada de un "excelente batalla", que respondí con "igualmente". Después nos empezamos a rotar y saludé al resto del equipo contrario: Syndra, Janna, Ashe y Warwick. Al terminar, saludamos por última vez a la multitud y nos separamos, cada uno dirigiéndose por sí solo hacía el portal al otro lado de la arena. Me dirigí hacía Caitlyn, recordando la invitación que le había hecho.
-Muy buena batalla, tus habilidades son excepcionales. En especial me gusto cuando Warwick trató de saltar hacía ti y tú le disparaste en la cabeza sin siquiera titubear.
-Gracias, estoy acostumbrada a realizar tiros súbitos, y su patrón de movimiento era muy simple.
-Espero que algún día me puedas dar una clase o dos sobre rifles, me vendrían muy bien en medio de la batalla.
-Por supuesto, si tengo tiempo libre estaría encantada de enseñarte.
-Bueno, espero que tengas tiempo libre hoy, ya que si mi memoria no me falla, te había invitado a tomar algo después del encuentro.
-Ja, de verdad que no pierdes el tiempo. Estaba esperando que mencionaras eso. Espérame a las afueras del Instituto de Guerra, conozco el lugar donde sirven el mejor té de la ciudad, y es perfecto para relejarse después de una batalla.
-Muy bien pues, allí nos vemos –respondí, mientras que en mi cabeza (por fin libre de la molesta voz del Invocador) me preguntaba de donde iba a sacar el dinero para pagar por una taza del que probablemente iba a ser el té más costoso de la ciudad.
Y con eso llegamos al final de la primera batalla. En el siguiente capítulo, historia, historia y más historia sobre nuestro personaje principal. Pero no se preocupen, que las batallas están lejos de terminadas.
