Un minuto… ¡¿Qué?!
-¡Vamos, Kurama-chan!-
-¡Después no podremos-dattebasa!-
-¡Una ratito, uno pequeñito!-
-¡Se hará de noche y mamá dice que de noche no podemos estar fuera-dattebasa!-
Kurama, sumamente fastidiado, se tapó los oídos.
Después de comer ramen y aburrirse con sus juegos en el patio, los dos Uzumaki se habían plantado al lado del sofá pidiéndole al zorro (que intentaba dormir) poder salir a la plaza de juegos de la aldea.
-¡Si quieren ir, vayan! Ni que los fuera a detener- respondió molesto Kurama, tapándose con sus colas.
-¡Pero no podemos ir solos!- recordó molesto Bolt.
-¡Por favor, Kurama-chan!-pidió Himawari, empezando a zarandear al zorro.
-¡Suelta!- Kurama se soltó saltando al piso- Ya es suficiente con cuidarlos en casa, como para seguirlos como perro faldero-
Los pequeños lo miraron molestos, intercambiaron miradas, asintieron de acuerdo, y volvieron la vista al zorro, que los miraba desconfiado.
Empezaron a gritar a todo pulmón, tanto así que tembló la casa.
-¡AY!- Kurama se tiró al piso, tapándose sus sensibles oídos- ¡Mocosos, dejen de gritar!- pero los dos niños no se iban a rendir tan fácilmente- ¡RAYOS! ¡ESTÁ BIEN!- rugió enojado.
Dejaron de gritar.
-¡Gracias, Kurama-chan~!- sonrieron los dos pequeños, mientras Kurama los miraba con ganas de darles una buena tunda.
-Animo, Naruto-kun- pidió Hinata, mientras llegaban a un pueblo. Su marido caminaba como alma en pena.
-Bolt… Himawari… No le crean…- balbuceaba- Estúpido zorro…-
-No digas eso- pidió la pelinegra- Recuerda que decidió cuidar a los niños, a pesar de que no le agradaba la idea-
-Si… pero eso no le da derecho a arruinar mi reputación-dattebayo-
Hinata no pudo evitar sonreír.
La misión de ambos consistía en encargarse de unos bandidos que acechaban al pueblo. Y, al ser tan escurridizos, Kakashi los había escogido por el Byakugan de Hinata, y la fuerza de Naruto.
Los ninjas llegaron al centro del pueblo, donde los recibió el alcalde.
-Buenas tardes- saludó Hinata, con una inclinación.
-Hola- saludó el rubio.
-Nos agrada mucho que hayan venido a ayudarnos- agradeció el anciano, que para Naruto ya debía jubilarse- Si entran, les explicaré más detalladamente la misión-
-Sí- asintió Hinata- Vamos, Naruto-kun-
-Sí, mientras más rápido terminemos esto, más pronto podré salvar a mis pequeños de las acusaciones infundadas de ese nueve colas- asintió Naruto, apretando su puño, con llamas de valor en sus ojos.
Hinata sonrió nerviosa.
Mientras, en la aldea de la Hoja, Bolt y Himawari, de la mano, caminaban por las calles, a veces saludando a los vecinos, o incluso deteniéndose para recibir la opinión de alguna que otra anciana que empezaba a tirarle cariñosamente las mejillas al rubio, diciendo lo mucho que se parecía a su padre, excepto por los ojos, que eran de la madre. Y después era el turno de la pequeña Himawari.
Kurama, vigilándolos desde los techos, no podía sentir más que asco.
No podía creer que aquella gente, que antes repudiaba a Naruto, ahora trataba como ángeles a sus hijos. Las ancianas comparando a Bolt con su padre, riéndose divertidas, pero cuando él era joven, lo trataban como alimaña. ¡Todos ellos! ¡Todos aquellos sínicos, sinvergüenzas, desgraciados…! ¡Si Naruto no los hubiera salvado de Nagato…! ¡De Obito, Madara, Kaguya…! ¡Si no los hubiera salvado, para ellos, su Jinchūriki, sería escoria, una maldición de la aldea…!
Gruñó enojado, dándose cuenta que estaba en la misma posición.
Su imagen fue limpiada por Naruto durante la Guerra. Pero, si él nunca hubiera ayudado… Todas… ¡Todas esas personas lo tratarían como un monstruo! ¡Un demonio que atacó a aquella querida aldea! ¡Pero claro, omitiendo que él fue utilizado por Obito, y, que durante años, aquella aldea le había privado de su libertad, empezando por Madara…!
Apretó sus puños, enfurecido.
Pero Naruto… Él logró marcar la diferencia. Logro demostrar que no todos eran lo que los demás pensaban.
Ese pensamiento lo calmó un poco, pero lo calmó más el ver como Bolt y Himawari, aún de la mano, caminaban hacia el parque, a salvo. No pudo evitar sonreír aliviado de que aquellos mocosos se salvaran del infierno que vivió Naruto… y él.
Continúo siguiendo a los niños, hasta que llegaron al parque, el mismo al que su Jinchūriki iba de pequeño.
El zorro dio salto, y aterrizó entre unos arbustos al lado de la reja del parque. Así tendría una visión perfecta de los niños, sin ser visto por algún otro humano.
Bolt se juntó con Shikadai e Inojin, y se dirigieron a los juegos, mientras que Himawari se fue a jugar al columpio.
-¡Bolt! ¡Empújame!- pidió la pequeña, que tenía los pies bastante lejos del suelo.
-¡Espérate!- pidió Bolt, encima del resbalin junto a Shikadai.
-Está todo bien- Inojin se acercó a la pequeña, con una sonrisa bondadosa- Vamos- empezó a empujar a la niña.
-¡Gracias~!- sonrió Himawari, contenta en el columpio. El rubio le sonrió.
-¡Inojin, te estoy vigilando-dattebasa!- aseguro Bolt, señalándolo.
"Yo también" gruño levemente Kurama, entre los arbustos.
-Solo ayudo a tu hermanita- aseguro tranquilamente el pálido niño- ¿Verdad, Himawari-chan?-
-¡Sí~!- asintió contenta la pequeña Uzumaki.
Bolt infló los cachetes, celoso, y no vio como, Shikadai, ya aburrido de que su amigo no se tirara, lo empujó, haciendo que rodara por el resbalin, y cayera de cara al piso. Kurama lo miró alzando las cejas.
-¡Shikadai!-Bolt se levantó de un saltó- ¡Eso no se hace-dattebasa!-
-Era un problema esperarte- aseguro el niño de pelo tomado, cayendo implacablemente del resfalin.
Kurama, en su escondite, se acomodó, dándose cuenta que tenía para rato. Pero no vigilaba a Bolt. Vigilaba a Himawari, que le sonreía al bendito pálido. Si ese niño salía igual que su padre, patero, debía poner sus dos ojos en él.
-Hola~- escuchó a su lado.
Sobresaltado, miró al Sexto Hokage oculto a su lado.
-Cuanto tiempo-sonrió el peliblanco, con su libro de Tácticas Icha Icha en mano. El zorro le golpeó la cara con las colas.
-Kakashi mocoso, si vas a hablarme, hazlo sin ese mugriento libro- exigió gruñendo el zorro, pidiendo distancia.
-Sí, sí…- el adulto guardó el libro y se quedó mirando al zorro, que volvía a mirar a los dos Uzumaki- No te sorprende que te encuentre aquí, y que no te diga nada por tu forma de cachorro-
-Suponía que el mocoso te diría quien es el que cuida a esos niños- Kurama lo miró de reojo. Kakashi sonrió.
-Sí. Ahora están en una misión en busca de maleantes- miró a los pequeños- ¿Y bien? ¿Cuál es tu veredicto sobre los pequeños?-
-Son unos mimados- aseguro Kurama- Hijos de papi y mami. Piden todo lo que quieren sin ser considerados con los demás-
Ante eso, Kakashi se rió levemente.
-Recién los conoces. Es verdad que son apegados a sus padres, pero no son mimados. La verdad, los considero los más tiernos de su generación… Bueno, en realidad a Himawari-chan, aunque Bolt, cuando no hace sus bromas, también puede ser un encanto- aseguro el Sexto. El zorro respondió con un gruñido- Je, ya vas a ver que terminaras queriéndolos- prometió- Este… Kyu… No, Kurama- sonrió.
El zorro lo miró de reojo, sin poder creer que antes, todos lo conocían como Kyuubi, y ahora se esmeraban por llamarlo con su nombre.
-Pues si hay gente que no voy a querer es a esta- aseguro.
-¿Eh? ¿A qué se debe?- se extrañó levemente el peliblanco.
-Este pueblo es cínico. Con solo ver el contraste en como tratan a estos mocoso con Naruto… No puedo creer que sean tan egoístas, tan crueles… Nunca los he escuchado pedirle una disculpa al mocoso por el trato que le dieron de pequeño…- murmuro gruñendo enojado el zorro.
Kakashi se rascó el cuello, mirando a los niños.
-Es verdad. No puedo negarte eso- admitió el Hokage- Pero, no debes olvidar que Naruto nunca estuvo solo. Tenía a Iruka, también al equipo 7- le recordó- Y a ti-
Kurama gruño, mirando a los niños…
Él nunca hizo acto de presencia cuando Naruto lloraba en su departamento, solo, preguntándose que hizo para que lo miraran como un monstruo. No, él solo miraba al pequeño, preguntándose cómo no odiaba a toda esa gente. Si fuera él los despedazaría uno por uno, postrándolos a sus pies, exigiendo una bien merecida disculpa.
Pero al niño nunca se le pasó esa idea por la cabeza: "Me convertiré en el próximo Hokage, y así todo el mundo tendrá que respetarme" esas palabras las escuchaba una y otra vez… Pero Naruto logro la aceptación, con sus acciones, de todo un pueblo, y la suya. Y logró que todo el mundo lo aceptara, como él aceptara al mundo.
Mocoso insuperable…
Kurama sonrió levemente. Kakashi lo miró de reojo, y también sonrió.
-Voy a ver a los niños- aviso el Sexto- Kurama. Recuerda que, si necesitas algo, solo tienes que buscarme. No sería conveniente que más personas sepan de tu presencia- recordó.
-Lo que necesito es un reemplazante-
Kakashi sonrió, y sacó algo de su bolsillo. Un puñado de chupetes.
-Eso es algo que no podría darte- aseguro, y le tendió un chupete al zorro, sonriendo.
Kurama lo quedo mirando.
-¡QUE TENGA FORMA DE CACHORRO NO SIGNIFICA QUE LO SEA, MOCOSO!- se escuchó en todo el lugar, acompañado de un golpe y una queja.
-¿Qué habrá sido eso?- se preguntó Shikadai, que había estado corriendo con Bolt, que, al igual que su hermana, se quedó quietecito- Que problemático-
-Tal vez sea un niño quejándose- opinó Inojin- ¿Qué crees, Himawari-chan?- miró sonriente a la pequeña, que miraba el pisó avergonzada.
-¿Ah? ¡SÍ! ¡Seguro que es un niño!- asintió rápidamente- ¡¿Verdad, Bolt?!- miró a su hermano.
-¡S-Sí!- asintió igual de rápido el rubio- ¡Seguro-dattebasa!- levantó el pulgar.
-Ustedes son iguales…- murmuro Shikadai mirándolos con una gota en la cabeza. Inojin sonrió nervioso.
En eso, entre ellos, apareció Kakashi, con un puñado de chupetes en mano.
-Hola, niños- sonrió el Hokage.
-¡Kakashi-san!- los cuatro niños se le acercaron, contentos.
-¡Ah! ¡Kakashi-san! ¿Por qué tiene un ojo morado?- señalo atónito Bolt.
En verdad, el peliblanco tenía su ojo derecho amoreteado por cierto zorro…
-Son gajes del oficio- aseguró el adulto, tendiendo un chupete a cada niño.
-Pues ser adulto es problemático- opinó Shikadai.
-Yo creo que es emocionante- contradijo Inojin- ¿Himawari-chan?- pidió la opinión de la más pequeña.
-Pues… Yo de adulta…- la pequeña empezó a imaginarse cosas- ¡Quiero casarme!-
Bolt abrió la boca horrorizado, tanto como Kurama.
-¡Papi ha dicho que no digas esas cosas-dattebasa!- se alarmó Bolt.
-Ya, ya…- lo calmó Kakashi.
-Aún es pronto para eso- opinó Shikadai- Casarse también es un problema, especialmente por las mujeres-
-¿Eh?- la pequeña lo miró interesada- ¿Por qué?-
-Porque cuando se casan, se vuelven insoportables- aseguro el pequeño- Se vuelven gruñonas y hasta dan miedo-
-Bueno… Mamá cuando se enoja da miedo- admitió Inojin.
-Somos dos- aseguro Shikadai.
-¡Pues la mía es la mejor de todos!- aseguro Bolt.
-¡La mía también!- sonrió Himawari.
-¡Pero si tenemos la misma!- se molestó Bolt.
Kakashi los miró sonriendo, algo nostálgico.
Kurama, aún fastidiado por la broma del peliblanco, suspiro molesto. ¿Cómo a la mocosa se le ocurría decir que se quería casar…?
Noto movimiento cerca de él, por lo que se inclinó más, pero solo para ver a la pequeña Uchiha asomada al parque, mirando al grupo. El zorro la miró desconfiado. No tenía buena opinión de los Uchiha por experiencia, en especial de la hija del tipo que lo encerró con intención de usarlo, y el causante de que su mocoso perdiera un brazo. Bueno, esa mocosa no había despertado el Sharingan, así que estaba la posibilidad de que no lo heredara.
Miró a los niños, específicamente a Bolt y Himawari, preguntándose cuál de los dos heredaría el Byakugan, aunque todo decía que era el rubio, por el color de los ojos.
Suspiró y se acomodó más, vigilando a la mocosa de los girasoles, que seguía aún al lado de ese patero pálido. Gruñó levemente.
Hinata, con su Byakugan activo, aterrizó en la rama de un árbol, vigilando el lugar. Estaba rastreando a los bandidos.
Sintió movimiento detrás, y, logro visualizar como se acercaban a ella.
-¡Muere!- exigieron los tres bandidos que buscaba, abalanzándose con sus kunai. Pero, para gran sorpresa suya, Hinata giró sobre sus talones, y les dio tales golpes que los dejo tirados adoloridos en el piso.
La mujer aterrizo cerca de ellos, mientras varios clones de su marido, junto al real, cargando a unos diez bandidos, se le acercaron entre los árboles.
-¡Esa es mi Hinata!- sonrió el Naruto real, avergonzando a la mujer.
-¡No, es mía!- aseguro un clon.
-¡Ja! ¡Hinata es mi mujer-dattebasa!-
-¡Pero yo soy el real!-
-¡Lo soy yo-dattebasa!-
Y empezaron a discutir entre ellos. Hinata se rascó la mejilla, sin saber si enojarse, o sentirse halagada.
Al rato, el grupo de bandidos estaban amarrados en el piso.
-Parece que no son todos…- Hinata miró a su marido.
-Si- Naruto se agachó y agarró a uno- ¡Oye! ¿Dónde está su guarida?-
-Tsch. Como si te lo fuera a decir- murmuro el hombre- Pero…- miró a Hinata, que se extrañó- Si me dejas un rato con ella…-
-¡ESCÚCHAME BIEN, DIME DÓNDE TIENEN SU GUARIDA ANTES DE QUE TE DEJE TODO IRRECONOCIBLE-DATTEBAYO!- exigió ahora enojado Naruto, tanto así que había entrado en modo Biju y con dos brazos creados formo dos Biju.
-¡SÍ!- asintió aterrorizado el bandido.
Ya atardecía, y los niños eran recogidos por sus padres, todos excepto Bolt y Himawari, a quien su hermano la columpiaba.
Ambos se despidieron con la mano de sus amigos, y seguían esperando a que todos se fueran.
Cuando estuvo vacío, excepto por ambos, Bolt se sentó en el columpio al lado de su hermana.
-Oye, Bolt- llamó Himawari, y su hermano la miró- ¿Crees que mami y papi estén bien?-
-¡Pues claro!- sonrió el rubio- ¡Hablamos de papi y mami! ¡Nada puede con ellos-dattebasa!-
La pequeña, más alegra, asintió.
Ambos sintieron como Kurama aterrizaba detrás de ellos.
-¡Kurama-chan!- se alegraron, mientras el zorro se sentaba, y, con sus colas, empezó a columpiarlos.
-¿No se quieren ir?- pregunto Kurama, sin dejar de columpiarlos, alegrando en especial a Himawari.
-Es que queríamos que se hiciera oscuro para que no hubiera gente, y así podríamos ir a casa a tu lado-dattebasa- explico Bolt, entusiasmado por el impulso que les daba el zorro.
Kurama los miró algo curioso, recordando lo que había hablado con el Sexto. Suspiro derrotado.
Las colas del zorro envolvieron suavemente la cintura de ambos pequeños, sacándolos del columpio, y subiéndolos a su lomo.
-¡Woa!- sonrió contento Bolt, detrás de su hermanita, que también estaba alegre.
-Solo por esta vez-advirtió Kurama. Ambos pequeños asintieron, y se sujetaron al zorro mientras este, de un salto, aterrizaba en los techos en dirección a la casa.
Ya en la noche, después de comer, Kurama se vio obligado a prepararle el baño a la mocosa, mientras Bolt, que se había bañado en la mañana, se iba a dormir.
-Mocosa- salió del baño, para ver a la pequeña en bata, contenta- Listo-
-¡Báñate conmigo!- pidió contenta la niña-
-¡¿Ah?! ¡Ni loco!-
-¡Por favor!- rayos, puso ojos de cachorro abandonado- Vamos, Kurama-chan. ¡Te va a quedar más lindo el pelaje con un baño!-
-Tsch. Mi pelaje ya es perfecto por cómo es- aseguro jactancioso el zorro.
-¡Entonces vamos!- pidió Himawari, empujando al zorro, cerrando la puerta.
-¡Oye, mocosa!- Kurama detuvo a la niña usando sus patas de soporte contra la tina, la cual tenía agua caliente y ya estaba espumante- ¡Yo no me baño!-
-¡Vamos, Kurama-chan!- pidió Himawari, sin rendirse y empujando al zorro, que llegaba a usar sus colas para no caer al agua.
-¡NO!-
Pero sus pies y colas se resbalaron, y cayó en picada a la tina, haciendo que saltara mucha agua.
El zorro emergió de golpe del agua, asqueado porque, al parecer, casi se traga un jabón. El agua volvió a saltarle encima, porque Himawari se había tirado al agua.
-¡Sí~!- sonrió contenta la pequeña.
Kurama la miró fastidiado, con sus bigotes goteando. Suspiro pesadamente.
-Cierra los ojos- pidió, mientras echaba shampoo en sus manos. Himawari, contenta, cerró los ojos y le daba la espalda al mojado zorro, quien empezó a lavarle el cabello negro.
Naruto y Hinata salieron de la alcaldía del pueblo, ambos pensativos.
-Bien, sabemos que la guarida está en el monte Seki- recordó Hinata, caminado junto a su marido, quien asintió enérgico- Y que no tienen mucha seguridad- Naruto volvió a asentir- Lo malo… Es que está a una semana-volvió a asentir- Naruto-kun, ¿cómo le avisamos a Kurama-san?-
-Eso estoy pensando- admitió Naruto, asintiendo.
-¿Y si te comunicas mediante chakra?- le pregunto su esposa.
-¡Oh!- Naruto golpeo su puño en su palma, dándose cuenta que eso iba a funcionar- ¡Buena idea, Hinata!- sonrió- ¡No sé qué haría sin ti!- admitió, sonrojándola.
El matrimonio se sentó en una banca, y el rubio empezó a concentrarse.
Kurama, bastante fastidiado, dejaba que Himawari, quien ya estaba bañada, con su pijama de flores, toda perfumada, le secara el pelaje con el secador en su habitación.
-Ya vas a ver que te quedará brilloso tu pelaje- aseguro la pequeña, pasando el secador en el lomo del zorro, quien contaba hasta mil.
-¡No necesito secador!- aseguro Kurama, levantándose y sacudiéndose, pero, al terminar, termino con todo el pelaje como bola. Himawari lo quedo mirando, y empezó a reírse- ¡Mocosa, no te rías!- exigió avergonzado el esponjoso zorro. Pero la pequeña llegaba a llorar de risa- ¡Mejor ayúdame!-
Pero tuvo que esperar que el efecto de risa se pasara para que la niña le volviera a secar el pelo, y, aguantándose su orgullo, dejar que se lo peinara. Aunque no estaba mal. Se sentía bien el peine pasar por su pelaje. Tanto así estaba a gustito, que no se dio cuenta cuando empezó a echarse al piso para que la niña le peinara bien, hasta, incluso, ponerse patitas al aire.
-¡Listo!- sonrió contenta Himawari, guardando el peine en su mesita de juguete, mientras que Kurama se incorporaba y se inspeccionaba. Realmente el pelaje le había quedado bien- ¡Solo falta esto!- le mostro una colonia.
El zorro palideció.
-¡No! ¡Eso sí que no!- negó varias veces- ¡Para empezar es de niña!-
-Nop. Kurama-chan, no es de niña, es de frutilla- se le acerco, pero el zorro saltó a su cama, dispuesto a no ser rociado con esa colonia- ¡Vamos!- empezó a perseguirlo por toda la habitación, hasta que se cayó al resbalarse con unos juguetes, y empezó a llorar.
Kurama, que se había subido al armario, se asomó.
Himawari, restregándose los ojos, sintió algo al frente. Miró sorprendida al zorro sentado dándole la espalda. Sonrió contenta, y empezó a pasarle la colonia, sin imaginarse el sacrificio que significaba para el zorro.
-Listo- sonrió contenta Himawari, y bostezó de sueño.
Kurama la miró, y, con sus colas, la levantó con cuidado y la metió en su cama, rodeada de sus peluches de sapo. Se dispuso a irse, pero la manita de la pequeña se sujetaba a la suya, sorprendiéndolo.
-Buenas… noches… Kurama-chan…- sonrió Himawari, y se quedó profundamente dormida.
El zorro no pudo evitar sonreír. Se quedó pensando, y suspiro por su idea.
Se subió a la cama, y rodeó a la pequeña, sacando a los peluches. La mocosa se acomodó en su pelaje, acurrucándose. Kurama le sonrió, y la rodeo con sus colas, y, tal vez, por haberse bañado, se durmió rápidamente.
-¡Hola, Kurama!-
El zorro frunció el ceño, y miró para adelante.
Estaba en el interior de Naruto, pero aún con su forma de cachorro. El rubio estaba delante suyo.
-¿Así que Hinata te recordó que podías comunicarte conmigo de este modo?- pregunto el zorro, sin querer levantarse.
-¡¿Y cómo sabes que no fue idea mía-dattebayo?!- Naruto se sentó a su lado.
-Porque no tienes el cerebro necesario para eso-
El rubio lo miró ofendido.
-¿Y cómo están mis retoños?- pregunto, algo curioso.
-Sanos y salvos. Pero son peor que tu- aseguro. Naruto sonrió aliviado, y empezó a olfatear el lugar- ¿Qué?-
Naruto lo quedo mirando.
-Frutillas…-
El zorro se espantó, y el rubio empezó a reírse.
-¡Himawari te echó su colonia!- se rió, tirándose al piso.
-¡C-Cállate!- rugió enojado Kurama.
-¡¿T-También te bañaste?!- pregunto entre risas el adulto, pero tuvo que agacharse para esquivar la Biju Dama que le lanzó el zorro- ¡Eso fue peligroso-dattebayo!-
-¡Cállate y dime que quieres!- rugió enojado Kurama.
-Pues… Este… ¿Cómo te lo digo?- Naruto se rascó la mejilla. Mala señal para el zorro- ¡Resulta que el refugio de los bandidos esta como a una semana desde donde estoy!- se rió.
Kurama lo miró en blanco.
-Significa… Que con Hinata me demoraré una semana en ir, y una en regresar…- miró a Kurama como ¿Qué cosas no?
-¡MOCOSO!- el rubio tuvo que empezar a esquivar todas aquellas Biju Dama.
-¡Culpa a los bandidos por colocar tan lejos su escondite!- se defendió Naruto.
-¡CÁLLATE!- rugió el zorro, y, en el lugar, el agua se salpico bastante por la enorme Biju Dama que casi le llega al rubio.
Y así se obtuvo la respuesta: Es Kurama quien se tiene que preparar para lo que viene.
¡Espero que te haya gustado el capítulo ^^!
Me demoré en subirlo porque hice un dibujo del Jutsu de Bolt del capítulo anterior en mi página DevianArt ^^ ¡Espero lo veas (y comentes je)!
-Mocosa, mejor despídete de los lectores y deja de hacerte propaganda¬¬
-¡Vamos! ¡No seas así, Kurama-chan~!-
-¡No me llames así!-
-Ya veo... Solo dejas que tus mocosos te llamen así~-
-¡BIJU DAMA!-
-¡KYA!-
-¿Bolt, qué hacemos si TheZoe611 se va corriendo así?- Himawari miró al rubio.
-¡Pues damos nosotros la despedida!-
-¡¿En serio?!-
-¡Sí-dattebasa!-
1, 2, 3.
-¡Nos vemos en el próximo capitulo y no olviden comentar-dattebasa!- se despidieron los Uzumaki, ignorando como me persigue ese zorro perfumado.
