Capítulo 3
…Y él le pregunto al oído: Mi amor, ¿Dónde estabas?
Ella le contestó: Lo siento, es que estuve ocupada…
Serena
– Bueno, entonces ¿qué opinas? ¿Me queda bien este bigote? – pregunto.
No sé cómo había llegado a aceptar la invitación de alguien que acabo de conocer, pero no pude evitarlo.
Y ahí estaba, frente a un joven desconocido, pero increíblemente atractivo con una papa frita sobre su rostro.
– Para ser un bigote frito se mira bastante bien. – sonreí mientras metía una papa a mi boca. – Este invierno estarán de moda seguramente.
– Voy hacer que resbale directamente a mi boca, mira. – entonces comenzó hacer gestos extraños para que la papa llegara a su destino, pero cayo de manera inevitable. Comenzó a reírse y él no lo noto, pero no pude evitar sonrojarme, era tan increíblemente encantador. Lo mire y una sonrisa se dibujó en mi rostro soltando una risita nerviosa. Estaba sorprendida de mi misma, era un extraño. ¿Qué me pasa? – Sabes, creo que necesitamos conocernos mejor.
– Ah ¿sí? – Lo mire curiosa.
– Si, pero no lo hagamos aquí. Necesito caminar – decía mientras se tocaba el estómago – creo que comí mucho. – Levanto la mano haciendo una señal para que el mesero se acercara – Estas muy callada, ¿así eres siempre?
– Con extraños no suelo hablar mucho… – trate de fingir que había olvidado su nombre – … ¿Darién? Así que realmente no sé qué tanta información pueda darte sobre mí. Puedes ser un secuestrador o algún asesino en serie. – le sonreí.
– Si, tal vez quiera secuestrarte – me dedico una sonrisa que me hizo sonrojar un poco… de nuevo. Si seguía haciendo eso no podría resistir mucho antes de lanzarme sobre él, porque, aunque no me consideraba muy activa en cuanto a relaciones, tenía sentimientos y deseos. Y este hombre delante de mí sin duda era muy tentador sin importar si lo conocía mucho o poco. – Anda, vamos.
Comenzamos a caminar sin rumbo fijo. Llegamos a un pequeño lago donde había más gente mientras platicábamos.
– Y bueno, joven desconocido cuéntame algo sobre ti. – me decidí a preguntarle.
– ¿Sobre mí? Veamos… soy un excelente bailarín. Te lo voy a demostrar – dijo mientras me dedicaba una sonrisa coqueta. Se alejó de mí y comenzó a dar algunos pasos de baile bastante torpes, entonces me extendió la mano invitándome a bailar.
– Jajaja ¿estás loco? – le dije mientras miraba a mi alrededor, no había mucha gente, pero si la suficiente para sentirme apenada.
– No, pero quiero demostrarte que soy buen bailarín.
Me seguí riendo, algo en el me causaba tranquilidad, me sentía cómoda, aunque también nerviosa, pero no de ese nerviosa en el que sientes que debes salir corriendo al sentir peligro, no, de ese nerviosa en el que sientes que el corazón te late tan fuerte y rápido que lo puedes escuchar.
Darién
Y ahí estaba yo, bailando con el peor ritmo que podría imaginar. Serena se había reído y no había aceptado mi invitación a bailar, creo que la gente la cohíbe, sin importarme comencé a bailar solo haciendo unos cuantos pasos graciosos. Entonces en una vuelta miré que ella estaba cerca de mí con la mano extendida, no hice más que sonreír y tomarla de la mano. En ese momento sentí algo que inicio en mi mano al contacto con ella, pero recorrió mi cuerpo.
– Sabía que caerías rendida con mis pasos de bailen – le decía mientras la movía de un lado a otro y la inclinaba hacia atrás cargando su peso con una mano y con la otra extendiendo nuestros brazos. – Y ¡arriba! – Ella soltó una carcajada mientras abrazaba mis hombros. Continuamos bailando con movimientos cortos y para nada sincronizados un rato. Entonces, hice que diera una vuelta y la volví a inclinar quedando cerca de su rostro. – Y así querida Serena es como bailan los profesionales – se lo dije tan cerca que su perfume llego a mi nariz.
Ella sonrió soltando una leve carcajada. Cuando se terminó el baile improvisado nos dimos cuenta que el tiempo se había ido rapidísimo y ya estaba oscuro. Estábamos tan concentrados en nuestro baile que no nos dimos cuenta cuando las luces artificiales se encendieron.
– Creo que es un poco tarde – ella poso su mirada en mí. Por su mirada parecía querer decir algo, pero no lo hizo. – Es hora de irme a casa.
– ¿Tan pronto? – Le dije mientras le tomaba la mano. Ella sonrió y corto nuestro contacto.
– Si, lo siento, pero mañana tengo un compromiso con unas amigas temprano. – me sonrió, aunque no con el mismo entusiasmo de antes.
– Pero no nos conocimos. Digo, no sabes nada de mí ni yo de ti… seguimos siendo dos desconocidos. – No quería sonar desesperado, pero realmente el saber que podía irse y que no podría volver a verla me angustiaba.
– Lo siento, pero debo irme. – Me dijo ella en tono bajo. Nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos en silencio, no podía leer su mirada, pero estoy seguro que ella la mía si y sé que no mostraba nada más que puro y total miedo y angustia. De la nada corto el silencio con un brillo en los ojos. – Pero antes de irme te mostrare un truco de magia que aprendí hace poco.
– ¿Un truco? – Lo mire curioso – ¿Sabes magia? Bueno, ya se algo más de ti – le sonreí. – Y ¿qué debo hacer?
– Solo cerrar los ojos – me miro con los ojos cerrados y con la sonrisa más inocente que había visto en mi vida – Pero… no importa lo que sientas no debes abrir los ojos. Promételo – me miró fijamente y me quedé mudo, solo pude asentir.
Cerré los ojos mientras escuchaba que ella revolvía su bolso en busca de algo al parecer.
– No abras los ojos – me repitió mientras sentía que se acercaba, su perfume invadía mis pulmones y me hacía sentir feliz. Comencé a sentir cosquillas en mi frente ¿Qué estaba haciendo esa mujer? – Ahora debes contar hasta 20 sin abrir los ojos y en voz alta. Lento eh, sin mirar. – solo asentí para comenzar a contar.
Cuando termine de contar abrí mis ojos y no la mire. Abrí mis ojos esperanzado de ver algo realmente agradable, pero fue todo lo contrario, me encontraba solo, se había ido, asustado mientras sentía mi corazón agitado, giré hacia todos lados buscándola sin resultado.
– Se fue… – mi voz fue tan solo un leve susurro. Suspiré y con los ánimos más caídos de lo que pude pensar me fui a mi casa. Al llegar con la cabeza baja y los ánimos arrastrando me tire en mi cama. – ¿Que estabas pensando Darién? La acabas de conocer, ¿pensabas que se lanzaría a tus brazos? – me levante y me dirigí al baño, abrí la llave y moje mi rostro y al ver el agua caer note unas gotas negras. – ¿Agua negra? ¿Qué rayos es eso? – levante mi vista y me topé con mi rostro reflejada en el espejo y pude ver como algunas líneas negras caían de mi frente, levante el cabello que tenía sobre mi frente y mire unos números escritos aun visibles. Una sonrisa se dibujó en mi rostro y corrí rápidamente por una pluma y papel para anotar el número que se estaba borrando. – ¡Si! Te dio su número. ¡Si! ¡Si! ¡Si! – sin poder evitarlo cuando me si cuenta estaba saltando de alegría.
Serena
Iba caminando por la calle, ya estaba cerca de mi departamento. Llegué más rápido de lo que pensé. No podía dejar de sonreír, sentía las típicas maripositas en mi estómago y para ser sincera hasta sentía cierto rubor en mis mejillas. Llegue a la puerta mientras buscaba las llaves en mi bolsa.
Cerré la puerta tras de mí y me recargué en ella mientras volvía a sonreír.
– Serena, deberías controlar tus hormonas – sacude mi cabeza levemente – Ya, tranquila. Tal vez y ni siquiera te llame. – deje mis cosas en la sala y me dirigí a mi cama, mientras buscaba mis cosas para prepararme para dormir escuche que mi teléfono sonar. – Seguro es Mina o alguna de las chicas y piensan que ya olvidé que nos veremos mañana. – decidí no revisarlo y continúe con mis cosas rutinarias. Al acostarme recordé el mensaje y me dispuse a verlo. – ¿Un número desconocido?
– "Hola Serena, espero no te asuste recibir mi mensaje. Soy Darién, ¿te acuerdas de mí? Pasamos la tarde juntos. Bueno, solo quería desearte buenas noches y espero que pronto podamos vernos de nuevo."
¡No podía creerlo! Sentí mi corazón latir rápidamente y una sonrisa se dibujó en mi rostro.
– ¡Me escribió! ¡ME ESCRIBIO! – me senté rápidamente y mordí mi labio inferior. – ¿Le respondo? ¿Qué le digo? Tranquila Serena, respira.
Estaba escribiendo la respuesta cuando me llega otro mensaje.
–"Espero no te asuste e incomode, pero quería invitarte a salir mañana después de tu compromiso. Quisiera que me dieras la oportunidad de conocerte y que no te pierdas el honor de conocerme, puedo ser encantador. ¡NO TE VAS ARREPENTIR!"
Comencé a reír y mis dedos rápidamente comenzaron a escribir la respuesta.
– "¿Disculpa? No recuerdo a ningún chico llamado Darién."
Comencé a reír levemente y me deje caer en la cama, rápidamente y escuche de nuevo mi celular, ya había respondido.
– "Perdón, creo que me equivoque de número. Discúlpame."
– "Es broma. Hola Darién. Claro que me gustaría volver a verte. No sé a qué hora este libre el día de mañana así que yo te aviso, ¿te parece?"
Estuvimos conversando por mensaje por un rato, no sé en qué momento me quede dormida. Cuando abrí mis ojos y la luz del sol atravesaba mi ventana, mire el celular al lado de mi almohada y lo tome, tenía dos mensajes. En el primero me respondía mi último mensaje y tenía otro que envió 10 minutos después.
– "Creo que alguien se quedó dormida. Buenas noches pequeña Serena, espero poder verte. Un abrazo y un beso."
Sonreí. ¡Dios! ¿Qué me pasaba? Como podía sentir esto por un chico que apenas conocía. No dude en responder.
–"Lo siento, el sueño me venció. Buenos días, ten un hermoso día joven."
No quería admitirlo, pero cada tanto tiempo miraba mi celular el cual no tenía ningún mensaje de su parte. Fue entonces que me percate de la hora.
– Debería apurarme, llegare tarde con las chicas. – suspire mientras miraba de nuevo mi celular.
Unas horas después me encontraba en casa de Rei, una de mis amigas.
– ¿Entonces eso te dijo Andrew? Lita, ¡pero qué suerte tienes! – Decía Rei emocionada. – ¿No lo creen chicas?
Probamente todas respondieron algo, realmente no me di cuenta, yo miraba por la puerta hacia un árbol que daba justo al fondo.
– ¿Serena? – Amy, mi amiga peli azul, me hablo. – ¿Estas bien? – Me pregunto mientras me tocaba el hombro.
Ante su contacto es cuando reaccioné y sonreí mientras las miraba.
– Sí, la comida esta deliciosa Lita, tu siempre cocinas tan rico – dije llevándome un bocado a la boca – totalmente exquisito.
– Serena, no hablábamos de la comida – decía Lita mientras todas me miraban. – ¿Que te ocurre? ¿Todo bien?
No tenía más remedio, tenía que contarles.
– Es que… – las mire nerviosa mientras jugaba con mis manos. – Ayer… – Mi teléfono sonó interrumpiéndome – Esperen un momento.
Y entonces mire la pantalla, tenía un mensaje de él. Mucho más tarde de lo que pensé, pero había respondido y ahí estaba yo, sonriendo como tonta frente a mi celular. Me disponía a responder cuando una mano apareció frente a mi celular.
– ¿Quién es? – Mina me miraba curiosa. – Y no se te ocurra decir "nadie" porque por la cara que pusiste nadie te lo cree.
– Es… es un chico que conocí ayer en el cine – les dije mientras bajaba el rostro y me sonrojaba.
– ¡¿QUE?! – todas gritaron.
– ¡Tienes que contarnos todo! – Mina grito emocionada, mientras se acomodaba en su lugar. – ¿Cómo es? ¿Es guapo? ¿Tiene hermanos? ¿Primos? ¿Dónde trabaja?
– Es el – mientras les enseñaba una foto de el en mi celular.
Mis amigas rápidamente comenzaron a ver esa foto y todas las demás.
– Serena, es guapísimo. No lo dejes ir. – Me decía Mina.
– No Mina – Amy la reprendió – es un extraño, debe tener cuidado.
– Oh Amy, ¡míralo! Es un bombón, con esa carita y ese cuerpo yo dejaría que me hiciera lo que quisiera.
– ¡MINA!
– Ustedes siempre reprimiéndome – les decía mientras rodaba los ojos. – Y ¿por qué tienes tantas fotos de el? – Volteo a verme – ¿No le molesto que una extraña estuviera tomándole fotos?
- El me pidió que se las tomara – sonreí tímidamente.
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Íbamos caminando cuando Darién se adelantó y se colocó al lado de una estatua.
– ¿Que dices? ¿Quién es más guapo, el o yo? – me pregunto de pronto.
– ¿Disculpa? – le pregunte mientras parpadeaba confundida. – Claramente él es más guapo que esa estatua, y que cualquier otro hombre. – me sorprendí de mi pensamiento y me aclaré la garganta como si eso me ayudara a evitar ponerme roja.
– Hace un tiempo me dijeron que este sujeto es más guapo que yo. – me dijo mientras miraba hacia la estatua.
– Creo que comparar a una estatua con un humano no tiene sentido.
El comenzó a reír.
– Deberías tomarme una foto – me sonrió de medio lado. – Me la tomaría yo, pero tú tienes un mejor ángulo.
– Claro. -le sonreí mientras él se acomoda. Comencé a tomar fotos mientras él se colocaba en diferentes poses y hacia caras. Me comencé a reír y después de una buena sesión fotográfica se acercó a mí. – ¿Quieres que te las envié?
– No. – voltee a verlo curiosa y me sonrió – Son para ti, para que no olvides al muchacho que es más guapo que una estatua. – Nos quedamos en un breve silencio mirándonos, entonces él sonrió de oreja a oreja y comenzó a caminar rápido, casi trotando. – ¡A que no me alcanzas!
Lo mire sorprendida, ¿de verdad salió corriendo? Mi parte de mujer madura me decía que no siguiera el juego, éramos adultos, pero la parte infantil se dejó llevar y corrí lanzándome sobre su espalda sujetándome de su cuello con mis brazos y de su cintura con las piernas. Automáticamente el hizo sus brazos para atrás sujetándome de las piernas y comenzó a dar vueltas.
– ¡Nooo! Me mareo – decía mientras me sujetaba más fuerte de el sin dejar de reírme.
– ¿Que pensabas? ¿Qué me ganarías tan fácil? – me decía mientras giraba.
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– Serena… suena tan lindo – decía Lita son los ojos abiertos y luminosos.
– ¿Y lo volverás a ver? – Mina me miraba con una sonrisa.
– Pues… le dije que hoy tenía un compromiso con mis amigas y que después tal vez le hablaba para vernos. – les dije tímidamente.
– ¿Qué haces aquí? – Rei me miraba seria – anda, háblale y dile que ya estas libre. – me decía mientras me regresaba el celular.
– Pero estoy con ustedes…
– Ay Serena, no desaproveches esta oportunidad. Anda.
– Está bien, – salí de la habitación para tener más privacidad.
– ¿Notaron su mirada? – Rei les pregunto a las demás.
– Si. – Respondió Amy – Hace mucho que no la miraba así.
Darién
Los nervios me consumían, pero no lo demostraría. Caminaba por el parque junto a Serena. Se le miraba cómoda, la sonrisa que se dibujaba en su rostro la hacía ver más hermosa.
– Hace mucho que no venía a este parque. – Rompió el silencio mientras cerraba los ojos un momento – es hermoso, ¿no crees?
-Si… yo también tenía mucho sin venir. – Ambos nos quedamos callados un momento. – Entonces, dime. ¿Qué te gusta hacer aparte de salir con un extraño que conociste en el cine?
-Me gusta… Me gustan muchas cosas. Es más fácil decirte que no me gusta. – volteo a verme. – No me gustan las zanahorias, las matemáticas y levantarme temprano. ¿Y a ti?
- ¿A mí? Veamos… – dirigí mi mirada al cielo – Las inyecciones, definitivamente es de las cosas que no me gustan.
– ¿Las inyecciones? Quién lo diría, te ves tan… – dijo mientras me recorría con la mirada. Cuando llego a mi rostro la mire con una sonrisa y una ceja alzada. Pude notar como se comenzó a sonrojar y rápidamente volteo su rostro. – Sería terrible que fueras un doctor.
– De hecho… lo soy – dije apenado y rascaba mi nuca. Ella se paró de pronto y me miraba seriamente.
– Espera… ¿eres Doctor y le tienes miedo a las inyecciones? – me pregunto incrédula. – recuérdame jamás ir contigo a consulta y menos ir a que me inyectes. – se sentó de nuevo, pero más cerca de mí.
– Oye, lo que pasa es que… a mí no me gusta que me inyecten, pero a la hora de inyectar a alguien no tengo mucho problema.
– No tratas de defenderte Darién.
– Mi nombre se escucha tan bien en sus labios. – pensé mientras la miraba como se levantaba y se paraba frente de mí.
– No es que no quiera seguir escuchando tus miedos, pero… ¿podríamos ir a comer? Muero de hambre – me decía mientras tocaba su estómago.
– Conozco un lugar cerca, está muy rica la comida. Si nos apuramos llegamos en unos 10 o 15 minutos. ¿Aguantaras tanto sin comer?
– No lo sé, pero puedo intentarlo. – me respondió mientras me tomaba del brazo y de nuevo sentí esa corriente eléctrica recorrer mi cuerpo al contacto.
Serena
El restaurante se miraba sencillo pero muy cómodo y la comida, no podía quejarme, todo estaba delicioso.
– ¿Me das un poco de tu comida?, se mira muy bien. – me decía Darién mientras señalaba la comida que tenía lista para comer en la cuchara.
– Claro. – la acerque a su boca y cuando iba a tomar le bocado retire la cuchara.
– ¡Oye! – me miraba sonriendo.
– Eso es por todos esos pacientes a los que seguro no inyectas bien. – le decía mientras me comía lo que le iba a dar. El soltó una carcajada mientras me miraba dulcemente y apoyaba su rostro sobre su mano. – ¿Sabes? Deberíamos hacer esto más seguido. – me dijo mientras tomaba comida de mi plato.
