Thanks for the memories

Disclaimer: Los Pingüinos de Madagascar y sus personajes no nos pertenecen, son propiedad de sus respectivos autores. KovatePrivalski97 y Umeki-Nara sólo escriben por diversión y entretenimiento, sin ánimo de lucro.

Resumen: Porque Kowalski aprendió de Skipper más que técnicas de combate y estrategia. Pero el alumno siempre supera al maestro, ¿no? A menos que el maestro se enamore.

Advertencias: Lime. Slash (relación chicoxchico) Si no te gusta, por favor no leas.


Ese día estaba programado para ser de descanso. Así que Skipper se permitió dormir un poco más de lo que debería. Se sentía terriblemente cansado, pero al abrir los ojos, había despertado con una sonrisa.

Y cabe destacar que había dormido en el sillón, pues estuvo tan sumido en sus recuerdos que ahí había caído. Kowalski ni siquiera lo había movido, simpelemente se había ido.

Suspiró y estiró un poco sus músculos, para percatarse segundos después que sus soldados ya estaban desayunando.

Y Cola Anillada estaba ahí. Dándole de comer a Kowalski.

Maldijo por lo bajo y se acercó a ellos. Tomó la taza de café que Private le tendía y el periódico que Rico le dejó en su lugar.

—Creo que hoy no autoricé visitas— masculló—. Kowalski, quiero a tu invitado fuera.

—Se irá cuándo termine de ayudarme—aclaró el teniente, recibiendo otra pequeña porción de tocino. Luego de tragar, sonrió—. Nos iremos, de hecho.

—Según recuerdo eres ambidiestro—murmuró Skipper, arqueando sus cejas—. ¿Y a dónde creen que irán?

—¡Ay, sí que eres molesto!-exclamó Julien, ofreciéndole un vaso de jugo de naranja al soldado convaleciente—. Sólo lo llevaré a conocer el vecindario. No te esponjes, monjita.

Skipper gruñó, mirándolos con los ojos entrecerrados. Él sabía que Kowalski sabía que la presencia de Julien lo incomodaba. Y por eso mismo había aceptado su ayuda.

—Maldito seas—farfulló, pero nadie pareció entenderlo, o no le prestaron atención

Skipper casi tuvo la urgencia de señalarlo de manera acusadora cuando el teniente se limpió por sí mismo los labios con una servilleta con su mano libre, pero supuso que se vería demasiado patético.

El teniente se levantó y le sonrió a Julien, ofreciéndole su mano para levantarse.

Cuándo Julien tomó la mano que le era ofrecida, Skipper sintió ganas de golpearlo un poco demasiado, pero en su lugar sólo apretó uno de sus puños, bebiendo un sorbo de su café.

—Ya nos vamos, vecinos—anunció alegremente el auto-asignado rey—. No nos esperen temprano... éste es un vecindario grande.

Skipper bufó y se restregó la mano en el rostro, sumamente molesto. Miró que sus dos soldados restantes ya habían terminado con su desayuno. Y sonrió perversamente.

—Oigan, chicos, ¿por qué no dan un paseo juntos? Apuesto a que el vecindario necesita ser patrullado—dijo, sonriendo ladino.

Rico parpadeó confundido, pero al ver la mirada sugestiva del líder sonrió también y asintió. Hoy por ti, mañana por mí.

—No lo sé, Skipper. Todo parece muy tranquilo—dijo el menor. Pero el sargento lo tomó de la mano.

—Vamos—lo arrastró tras de él.

Tendría una especie de cita con el menor y a cambio sólo tendría que arruinar la de Kowalski.

Caminaba sumamente contento. Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. ¡Y todo por ese niño! Era increíble.

Llegó a la enfermería, dónde éste estaba haciendo servicio. Sonrió ladinamente y se recargó en la puerta que cerró con seguro.

—Hey. Necesito ser atendido—murmuró acercándose a él y acorralándolo contra la mesa. El más pequeño frunció el ceño y se sonrojó enormemente.

—De acuerdo, entonces siéntese, señor—indicó, empujándolo levemente para salir de su prisión.

—Pudiste con mi insomnio, niño—murmuró el teniente, atrayéndolo a su regazo—. No sé cómo lo hiciste, pero tendrás que hacerlo de nuevo.

El menor rió un poco, y suspiró.

—No deberías estar aquí—señaló, trazando círculos en su pecho con su dedo índice—. Esto es una enfermería, no una habitación de hotel.

Entonces fue turno de Skipper para reír, entredientes. Se acercó para besar sus labios brevemente, y le sonrió.

—Tampoco debimos dormir juntos, literalmente—dijo con tranquilidad—. Pero ninguno se arrepiente, ¿verdad?

El cadete sonrió levemente y se inclinó para besar sus labios, paseando la mano por su cabello.

—Esta noche... podríamos repetirlo—dijo tímidamente, enroscándose en su cuello.

El teniente sonrió y colocó las manos en las caderas del niño.

—Me parece perfecto—murmuró, inclinándose nuevamente por esos suaves labios.

Tal vez fuera la posición, pues normalmente sólo sentaba en las piernas a alguien con quien follaría. O el niño, que era sumamente adorable. Extrañamente adorable, sí, para él. El punto es que empezó a asustarse al sentir un calor nacer en su bajo vientre y extenderse por su cuerpo.

¡No, no quería excitarse! Lo estaba disfrutando, pero no para eso.

El muchacho lo sintió tensarse, por lo que se separó para mirarlo.

—¿Todo e-está bien?—cuestionó, viéndolo con cierta preocupación

Skipper gruñó, apretando un poco más su agarre sobre sus caderas. Aquello no lo ayudaba mucho.

—Todo está bien—aseguró, formando una pequeña sonrisa. Lo besó fugazmente, y lo obligó a levantarse—. Pero creo que debo irme.

Kowalski lo observó levantarse y alejarse de él, dirigiéndose a la puerta. No quería que se fuera, y por eso, soltó lo primero que se le ocurrió.

—Quédate—pidió, logrando que el teniente se detuviera con su mano en el pestillo de la puerta—. Pensé que n-necesitabas que te atendieran.

Skipper sonrió levemente, girándose hacia el cadete. Acunó su rostro entre sus manos y depositó un casto beso en sus labios.

—Oye, niño... ¿tienes planes para hoy?—cuestionó, depositando más besos en su boca. Cada vez profundizando más—. Si mal no recuerdo... en una hora termina tu servicio—jadeó, mordiendo el labio inferior del menor.

—¿T-Tienes algo planeado?

Se detuvo un momento y asintió.

—Hay una película de Comodoro Peligro en el cine—sonrió pícaramente—. Aunque no me llama la atención.

—¿Entonces p-por qué...? ¡O-Oye!—empezó a reír divertido, al ver que el teniente bromeaba.

—Necesitas relajarte—le sugirió el mayor, acariciando un poco su rostro—. Podríamos salir de ésta mugrosa academia y... no sé, buscar algo para hacer.

—¿Sin un plan?

—No necesitas un plan para todo.

El pequeño tomó aire un momento, para analizar la situación. Porque si había algo que le gustaba hacer, era analizarlo todo.

Hacía apenas un día, casi no compartía contacto visual con el hombre frente a él. Y en menos de veinticuatro horas, habían tenido un contacto bastante íntimo y ahora planeaban una especie de cita implícita. No pudo evitar reír un poco ante lo ridículo que sonaría la situación para otros, cuando para él parecía bastante normal en aquel momento.

—Es cierto—respondió al fin, y se acomodó un poco ésas gafas que no necesitaba—. Así que espérame una hora.

Muy bien, pequeño—sonrió depositando un suave beso en su mejilla.

Se separó un poco, pero al ver los ojos del más joven, sintió la necesidad de acercarse nuevamente y profundizar.

—T-Te veo en un rato—se excusó, sintiendo que no podría resistir el impulso de acariciar en donde era indebido en ese momento. Besó su frente y se retiró.

El teniente lo esperó pacientemente por una hora. Durante esa hora, había aprovechado para darse una ducha fría y aclarar un poco sus ideas. Sabía que por alguna razón, debía ir despacio con el muchacho. Y no estaba acostumbrado.

Por su parte, Kowalski hizo todo lo posible por terminar con su servicio incluso varios minutos antes de lo indicado. Estaba ansioso. No sabía qué harían, pero la idea de salir de la academia aunque fuera por un rato, le resultaba maravillosa.

Tan distraído estaba en sus propios pensamientos, que casi no vio un enorme anuncio en una de las tantas carteleras que adornaban los pasillos. Se detuvo y regresó sobre sus pasos, sonriendo.

La Invexpo estaba en la ciudad, y se había instalado hacía apenas unos días. No podía creer que no se había enterado antes.

Sin perder su sonrisa alegre, literalmente fue corriendo hasta la habitación de Skipper, para avisarle que ya estaba libre y que sabía lo que harían ésa tarde.

—¿Una Invexpo, qué es eso?

—Es una convención donde se muestran avances y experimentos científicos—sonrió—. También hay armamento.

El teniente sonrió divertido. Le parecía adorable que Kowalski intentara convencerlo con la parte del armamento. Asintió y se inclinó para besar su frente.

—Entonces vamos, pequeño.

Por alguna razón, le gustaba que Skipper lo llamara así.

Habían logrado salir de la academia sin que nadie que pudiera acusarlos los viera. O al menos, eso creyeron.

El menor iba totalmente emocionado, caminaba rápidamente y con una enorme sonrisa.

Skipper lo observaba atentamente, sonriendo también. Le resultaba adorable verlo tan ilusionado. Sin dudas había valido la pena escaparse.

Cuándo notó que el muchacho comenzaba a caminar demasiado alejado de él, por instinto estiró su brazo para tomar su mano.

Kowalski se detuvo un momento, sorprendido, y el teniente creyó que le reclamaría. Sin embargo, sólo sonrió tranquilamente y continuó caminando, sin soltarlo.

Cuando llegaron a la entrada de la Invexpo, Skipper supo que se aburriría enormemente en ese lugar. Pero se contuvo de hacer algún gesto de exasperación.

Llegaron a una exposición en donde un hombre rechoncho y entusiasmado les mostraba cómo hacer mensajes con los elementos de la tabla periódica.

Skipper lo intentó. Pero no podía. Se estaba exasperando en formar una simple frase. Quería escribir algo bonito, como 'Me gustas' o 'Lindos ojos' pero entonces se dio cuenta de que no había J en la tabla periódica, y que no encontraba la manera de juntar un Me...

Sólo atinó a escribir un 'Te AmO', que el cadete logró entrever. Kowalski se sonrojó, y deshizo su mensaje rápidamente. Nervioso.

Se palmeó la cara. El niño seguramente se había asustado. ¡Pero era lo único que había podido formar!

—Al menos lo intenté—murmuró, cruzándose de brazos

Entonces vio que el chico seguía sonrojado, pero ahora le sonreía. Y luego de un momento, se echó a reír nerviosamente. Se acercó a él, y sin importarle estar en medio de una convención llena de personas, lo besó fugazmente, logrando relejarlo un poco. Cuándo se apartó, aún sonreía.

—Tal vez algún día sea lo que en verdad quieres decirme—susurró, apartando la mirada

Skipper no pudo más que sonreír aliviado, y besarlo una vez más.

—No lo dudes, pequeño.

Continuaron viendo algunos experimentos y resultados de estudios científicos. Tomados de la mano, aún. No había presiones. Al contrario que el resto de los cadetes, Kowalski no le exigía amarlo en ese momento. Lo deseaba de manera sincera, mientras que sus anteriores parejas sexuales sólo lo veían como un requisito.

O una competencia.

Afuera empezó a llover de manera estrepitosa. Afortunadamente los organizadores del evento previeron esta situación y habían montado una carpa encima de la Invexpo.

Y cuando se dirigían a un Planetario pequeño, Skipper se detuvo y palideció.

Ahí estaban Manfredi y Johnson.

Tuvo que reaccionar rápidamente, y arrastrando al cadete tras él, buscó la salida más cercana.

—¡¿Qué ocurre?!—cuestionó el menor, frunciendo un poco el ceño—. ¡Quiero ir al planetario!

—Manfredi y Johnson, a tu derecha—le indicó en un murmullo entredientes—. Aún no nos ven, pero no falta mucho para que lo hagan.

Kowalski los vio también, y sintió que se le helaba la sangre. Si su mentor, el sargento Johnson, lo descubría allí y además con Skipper, no iba a tardar en interrogarlo e intentar que dejara de verlo.

Enseguida divisó una salida a unos pocos metros, y se la indicó al teniente. Ambos lograron escabullirse fuera de la enorme carpa sin ser vistos.

Y apenas salieron, la lluvia torrencial los recibió.

Skipper había asistido a misiones en donde el clima cambiaba precipitadamente. Regiones ardientes como los desiertos de México podían cambiar fácilmente al anochecer.

Pero Kowalski no había experimentado nada de eso. Y sí lo exponía demasiado tiempo al frío de la lluvia, se enfermaría.

—¡Ven, sígueme!—le indicó, tomando su mano.

El cadete asintió, con los ojos cerrados. Se dejaba llevar por Skipper, sin ver el camino.

Casi tropezaba varias veces por el barro, pero al fin logró localizar la parte trasera de un bar. Se resguardaron debajo de su techo. Estaban tan empapados, que de moverse un poco, podrían escurrir agua.

Miró al cadete, quien se abrazaba a sí mismo mientras temblaba.

Delicadamente, lo despojó de sus gafas inservibles por el agua. Éste sonrió agradecido.

Se miraron por minutos que parecieron eternos, y el cadete fue acercándose a él. Se acurrucó en su pecho, obviamente buscando algo de calor. El teniente lo abrazó fuertemente, y besó su coronilla. Podía sentirlo temblar ligeramente entre sus brazos.

Esto n-no estaba en l-los planes...—murmuró el chico, pero enseguida rió un poco—. Oh, espera... n-no teníamos planes.

Skipper rió por lo bajo, acariciando suavemente su espalda para intentar relajarlo.

Fue entonces que el cadete lo sorprendió un poco cuándo se apartó de él sólo un momento, y se prendió de su cuello, besándolo apasionadamente.

Pero que estuviera sorprendido, no quería decir que no lo correspondería. Se aferró al más pequeño, rodeándolo con sus brazos y presionando sus labios con tal desesperación, que transmitió a Kowalski aquello que se negaba a decir.

Cuando Kowalski entreabrió la boca, Skipper inmediatamente arremetió contra él, haciéndolo gemir. El calor empezaba a embargarlos nuevamente.

—Eres maravilloso...—admitió el cadete entre pequeños jadeos mientras introducía sus pequeñas e inexpertas manos curiosas por debajo de su camisa. Su piel era tan cálida y adictiva...

Skipper lo arrinconó contra una pared, sin dejar de saborear su boca. Se sentía embriagado por el sabor y calor que Kowalski emanaba.

—No... tú lo eres—afirmó, mordisqueando su labio inferior.

El menor rió un poco al escucharlo, halagado. Continuó acariciando su piel mientras volvía a recibirlo en su boca, jadeante.

Sintió las manos del teniente colarse también bajo su ropa, acariciando tan lentamente que lo estaba enloqueciendo.

Sabía que estaban en un lugar bastante público, y que si a alguien más se le ocurría esconderse allí, serían descubiertos. Y ése pensamiento le hacía sentir la adrenalina recorrerle las venas y nublar sus pensamientos.

Por eso cuándo sintió la mano del mayor comenzar a introducirse en su pantalón, lo detuvo.

—No—jadeó al apartarse un segundo—. Es m-mi turno, señor...

Skipper escondió el rostro en el cuello del menor y negó con la cabeza, divertido al ver que éste se estremecía al sentir su aliento.

—No, pequeño—empezó a besar su piel—. Ya te dije... quiero estar dentro de ti—afirmó, sonriente.

El cadete cerró los ojos, haciendo que Skipper continuara devorando su piel. Sexualmente, Skipper representaba un gran estímulo para él. Y era mucho más que eso.

—P-Pues... h-hagámoslo—gimió, arqueándose contra la pared de ladrillo.

El teniente se tensó. Realmente no se esperaba oír esas palabras, al menos, no ése día. Hizo un gran esfuerzo, y se apartó de su cuello para mirarlo.

—¿Hablas en serio?

El menor asintió, aún con los ojos cerrados. Aquella imagen, la de su rostro mojado por la lluvia y adornado por pequeñas gotas, y sus mejillas totalmente sonrojadas, lo hizo sonreír.

Tomó su rostro entre sus manos, y lo besó nuevamente. Intentó expresarle en ése beso todo aquello que le hacía sentir. Se apartó justo cuándo el muchacho se inclinaba hacia él.

—No, pequeño—murmuró, acariciando su mejilla suavemente—. No.

—¿Por qué?—cuestionó Kowalski, abriendo los ojos para ver su expresión.

Skipper sonrió ante su tono de voz, y besó delicadamente su frente.

—Porque tú eres diferente. Especial—le explicó, besando la punta de su nariz, y luego sus mejillas—. Y quiero que sea especial, también. Toda espera tiene recompensa.

Kowalski tragó saliva y asintió, ahora abochornado por querer apresurar aún más las cosas. Tomó a Skipper de las mejillas y besó sus labios, no pudo evitar soltar un jadeo.

—Gracias, Skipper—dijo, pues se sentía increíblemente halagado.

Y por la mirada devota que recibió, Skipper supo que había sido la mejor decisión que había tomado hasta ése momento.

—Gracias, Skipper—masculló una voz enojada. Al girar su rostro, los ojos de Kowalski lo fulminaron.

—¿Sucedió algo, soldado?—cuestionó, intentando hacerse el inocente.

El teniente no dijo nada. Simplemente subió las escaleras, escurriendo agua, y azotó la puerta de su habitación.

Supo entonces que mandar a Rico y Private para sabotear su cita, había sido la desición acertada.

Skipper no dejó de sonreír. Tenía que recompensar más seguido a Rico por haber bombardeado a Kowalski y Julien cuando éstos estuvieron a punto de besarse.

Llegó a la habitación del teniente y tocó un par de veces. Éste abrió, completamente furioso y lo fulminó con la mirada.

—¿Se le ofrece algo, señor?—cuestionó con veneno en la voz. El capitán no se dejó amendrentar, y asintió sin borrar su sonrisa.

—Sólo quería comentarte que el Telurio, el Americio y el Oxígeno siguen siendo mis elementos favoritos de la tabla periódica—le guiñó un ojo y estuvo a punto de retirarse—. Ah, y date un baño. No queremos que a tu brazo herido se le sume una fea gripe, ¿cierto?


¡Gracias por su atención!

Esperamos que les siga gustando el fic, porque a nosotras nos encanta.

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¡Saludos!