Magnetismo Animal
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
Advertencias: AU, Lenguaje vulgar, POV.
Capítulo III
Sakura
Me parece que estoy siendo paranoica con respecto a aquello que ocurrió una semana atrás, a un pequeño incidente sin relevancia….
Decidí dejar mis inquietudes de lado, no permitiría que una paranoia infundada detuviera el ritmo normal de mi día a día. Tenía demasiadas cosas que hacer y en las cuales pensar -como en erradicar el hambre del mundo, el calentamiento global o quizás en mi muy ocupada vida- para ponerme a ocupar porciones de mi cerebro con estupideces. Las pocas cosas que recordaba, seguían haciéndome sentir como toda una furcia.
«¿Eso era realmente importante?» me cuestioné. No conseguía comprender la raíz de la culpa, es algo natural que hacen miles de personas, no he cometido ningún pecado mortal, ni me he causado un daño irreversible. «¡Basta! Deja de pensar, Sakura» Creo que en el fondo –sin alcohol fluyendo por mis venas- sigo siendo una mojigata introvertida. Reí.
—¡Mierda! Llegaré tarde a la universidad —dije, dándome prisa al percatarme de lo tarde que era.
Me vestí con mi atuendo de ocupada estudiante universitaria, lo primero que conseguí en el armario. Me serví un vaso de jugo de naranja e hice un sándwich, salí presurosa.
Tomé un taxi para minimizar mi retraso. Estaba a menos de una cuadra de la universidad, cuando decidí bajar debido al tráfico, caminé hacia la entrada y me dispuse a dirigirme a mi aula.
Luego de un duro día de clases, quise volver rápidamente a casa para conseguir algo de descanso. Tuve que quedarme varias horas de más en la biblioteca de la universidad para culminar un importante informe de laboratorio. No recuerdo quien fue el/la hijo(a) de puta que me dijo que estudiar medicina sería divertido, que no perdería mi vida social en el intento, pero al recordarlo debía tener presente asesinarlo o al menos causarle lesiones mortales, desde luego, siempre aplicando mis conocimientos universitarios para estar segura de prolongar su dolor e infligirle el mayor sufrimiento durante todo el tiempo posible. Una inyección letal sería un método demasiado compasivo, quizás empezaría por cortarle los tendones y…
Salí de mis cavilaciones homicidas al notar que el vagón ya había parado en la estación cercana a mi departamento, al levantarme del asiento la puerta se cerró. Maldije al saber que tendría que bajarme en la próxima parada y caminar, me senté nuevamente… Qué más da, no me hará mal hacerlo. Al ver las puertas abrirse salí al instante, no me quedaría de nuevo.
Comenzaba a oscurecer y el camino estaba algo desolado, aceleré el paso para llegar pronto a casa. Por un momento sentí que no estaba sola, al voltearme no pude ver nada fuera de lo normal, culpé a mi mente cansada y paranoica por hacerme malas bromas, definitivamente moría por descansar un poco.
Al llegar fui directamente hacia el sofá y me tendí sobre él, estaba agotada. Decidí que dormiría una siesta, coloqué la alarma de mi móvil una hora más tarde. Mis párpados comenzaban a ponerse pesados y vino a mi mente aquel recuerdo recurrente, el mismo que de un tiempo para acá, me atormentaba al momento de dormir.
''~~''
Me encontraba dando una caminata nocturna, una actividad perfecta para despejar un poco mi atareada mente y estirar las piernas. Estaba muy cerca de la casa de mi perfecto novio. Lo imaginé a él, con esa melena roja que tanto me gustaba, recostado en su sillón reclinable -en donde habíamos hecho el amor más veces de las que podía recordar- sosteniendo una cerveza, mientras veía el canal deportivo en su nuevo pantalla plana. No pude evitar que se me escapara una sonrisa tonta al instante, vaya que estaba enamorada. Un ligero rubor cubrió mis mejillas tan solo al pensar que podría obtener un poco de él esta noche antes de regresar.
Decidí pasar un rato a visitarlo, he tenido que reunirme con unos compañeros durante varios días consecutivos para realizar un trabajo de la universidad, no lo había podido ir a verle antes. Mordí mi labio con picardía. Pasé la recepción del edificio, tomé el ascensor y marqué el piso cinco. Me dirigí hacia la puerta de su departamento, me agaché y busqué la llave que siempre permanecía oculta en el matero junto a la entrada, al encontrarla abrí la puerta y me adentré en la estancia. Me extrañé al no verlo en la sala, ya que permanecía ahí la mayor parte del tiempo, así que fui directamente a su habitación, estaba intrigada pero eso no borraba la permanente sonrisa grabada en mi rostro.
Al entrar y ver la desagradable escena entendí por qué la curiosidad había matado al gato. Acababa de comprender esas palabras con total exactitud, que mala suerte que esta ocasión me había tocado ser el gato…
Ahí se encontraba mi queridísimo novio Sasori -al que esperaba ver con tantas ansias- durmiendo junto a esa amiga suya que recordaba haber visto en dos o tres ocasiones, creo que su nombre era Tayuya, pero en este momento su identidad no era el asunto importante. Una gran punzada de dolor recorrió mi pecho, mientras sentía como la impresión me producía arcadas. Se veía totalmente rendido, al parecer el maldito había quedado agotado luego de follarse a la ramera pelirroja.
Pretendía largarme de ahí aprovechando que no habían notado mi presencia, pero tardé demasiado en recoger los pedazos de mi corazón que estaban esparcidos por el suelo, Sasori abrió sus ojos y los posó sobre los míos. Mordí mi labio para reprimir el llanto y lo miré fijamente, con rabia.
—No me dijiste que pasarías a visitarme—se excusó, encogiéndose de hombros. Luego estrechó a la maldita prostituta entre sus brazos y, sin dejar de mirarme, depositó un pequeño beso en su frente, de esos que solía darme a mí luego de hacer el amor o de decirme lo mucho que me amaba.
Las lágrimas comenzaron a escocer en mis ojos. No quería permanecer ni un segundo más allí.
¿Para qué hacerlo? ¿Acaso quería que me viese llorando por él? ¿Quería que despertara esa zorra pelirroja y verla reír triunfante de mis lágrimas? ¿Deseaba que la humillación fuese más grande?
Quería creer que todo había sido un error. Mi dignidad se hacía añicos mientras mantenía la estúpida esperanza de oír un clásico 'no es lo que parece'. Esperé unos segundos que se hicieron eternos por una disculpa que jamás llegó.
Salí del lugar a toda prisa, bajé por las escaleras a grandes zancadas. Corrí, corrí como nunca, estuvieron a muy poco de arrollarme en un par de ocasiones. Realmente no le di importancia, en este momento nada me importaba, tenía los ojos anegados en lágrimas «¿Cómo era posible que Sasori me hiciera esto? ¿Acaso no había sido yo suficiente para él? ¿Cuándo dejé de importarle?» por mi cabeza pasaban miles de preguntas y ninguna respuesta a ellas.
Seguí corriendo a lo máximo que daban mis piernas, luego de varios minutos caí al suelo, me lastimé un tobillo y me hice un gran raspón en la rodilla. Me levanté con algo de dificultad, miré hacia arriba y noté como unas pocas gotas caían desde el cielo sobre mi faz. Solté una sarta de improperios al percatarme que la lluvia comenzaba a arreciar, perfecta para que mi escenario se volviera más deprimente. Había estado corriendo un rato sin ningún destino en particular, miré a mí alrededor y reconocí la zona, estaba a dos cuadras del bloque en donde vivía Ino, mi mejor amiga. Caminé cabizbaja hasta su casa, cojeando levemente, mientras el aguacero empapaba mis ropas. Agradecí a la maldita lluvia ya que mis lágrimas se sentían encubiertas gracias el aguacero, eso me hacía sentir un poco menos patética.
Al llegar, me paré firmemente frente a la entrada, toqué el timbre y esperé. Ino abrió la puerta con los ojos adormilados, pero su tranquilo rostro se desencajó al ver mi aspecto.
Estaba totalmente empapada, mis ojos hinchados y rojos, tenía los pies llenos de barro y un enorme raspón sangrante en mi rodilla.
—Sakura… ¿Qué ha pasado? —preguntó, preocupada—. Pasa por favor —dijo, apartándose de la entrada—, espera un minuto —agregó cerrando la puerta y desapareciendo por el pasillo. Dejé mis zapatos empantanados junto a la entrada.
A los poco segundos volvió con una toalla de color verde, la colocó sobre mi cabeza, me tomó por los hombros y me condujo hacía el sofá. Me senté y ella me siguió.
—Lo he visto con otra —murmuré con la voz quebrada, agaché la cabeza.
—¿Qué has dicho? —preguntó ansiosamente. Al parecer no me había escuchado.
—¡Que el hijo de puta de Sasori me ha engañado, Maldita sea! —exploté.
—Oh, mi Sakura —suspiró, para luego darme un fuerte abrazo —¿Cuándo ha pasado? —inquirió, sin romper el abrazo.
—Hace un rato, en su habitación. Estaba con esa 'amiga' suya, la pelirroja —dije en un susurro, tratando de calmarme.
—¿Le has dicho algo? —preguntó, rompió el abrazo y me miró a los ojos.
—No pude decir nada, solo quería irme. Es un maldito cínico, al verme se burló de mí —casi grité —¿En qué momento esa guarra infeliz se volvió mejor que yo ante sus ojos? —pregunté visiblemente alterada, para luego romper en llanto nuevamente.
—Estás hablando como una mujer a un paso del divorcio, no es para tanto —dijo, restándole importancia—. Quizás no aguantó la dedicación que le pones a tus estudios —trató de animarme.
—Pudo habérmelo dicho ¡Joder! —Grité
—¿Qué piensas hacer?
—Solo sé que a partir de ahora esta mierda se acabó, el resto no me importa. No lo sé, no tengo ánimos de hacer algo, no tengo cabeza para pensar en eso —estaba muy cabreada—. Quiero olvidarme por completo de este jodido tema —declaré entre patéticos intentos por serenarme.
—Frentona, son cosas que pasan todo el tiempo —me acarició la cabeza de manera maternal—. No me dirás que lo dejarás así porque lo sigues queriendo, ¿cierto?
Guardé silencio. En este momento, ni yo misma sabía que sentía.
—Entiendo, no hace falta que respondas, eres demasiado blanda.
—¿Puedo dormir aquí esta noche? —pedí secando las lágrimas de mis ojos, tratando de cambiar el tema.
—No es necesario que lo preguntes si ya conoces la respuesta, sigo pensando que deberías pensar en la manera de desquitarte.
—Lo detesto, Ino. Es un imbécil —comencé a llorar nuevamente.
—Deberíamos salir luego, suéltate un poco.
''~~''
Y ocurrió lo mismo que de costumbre, un segundo antes de quedarme dormida me sentí patética, como una completa idiota. Las lágrimas invadieron mis ojos y empecé a caer en los brazos de Morfeo. Al instante sonó mi móvil, despertándome. Creí haber colocado mal la hora de la alarma, maldije en voz alta y tomé el odioso aparato entre mis dedos.
Se trataba de una llamada y no de una alarma, como imaginé. Miré la pantalla, el mismo molesto número de siempre, colgué sin atender. «Un momento ¿Por qué colgar?» me pregunté estando ya bastante harta, busqué en el registro de llamadas el irritante número y presioné el botón verde sobre él. Tras dos repiques han contestado.
—¿Quién coño eres y por qué mierda me llamas siempre si no vas a decir nada? —rugí—. ¿Me vas a hacer el jodido favor de hablar? ¿O como de costumbre estarás en silencio? —Pregunté irritada, sin esperar ninguna respuesta—. ¡Maldita sea!
—Hola Sakura —oí nuevamente esa fría pero sensual voz al otro lado de la línea.
Me quedé estática, presa del mutismo. Por aquella extraña nota, sospechaba que era él quien llamaba pero no podía comprobarlo, debió tomar mi número directamente de mi móvil mientras estaba dormida sobre su cama. Me abofeteé mentalmente. Después de todo creo que no estaba siendo tan paranoica. Sentí un inexplicable miedo que me caló los huesos.
—Que agradable gesto de tu parte el devolver mi llamada.
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~El miedo es la madre de la previsión~
Hola. Gracias a todas las personas en general: a las que comentan y a las que no también, en fin, a las que han usado algo de su tiempo para leer.
Ya he acabado de editar este capítulo. Voy lento pero seguro, tratando de acabar con esas tildes que se me han escapado, algunos signos de puntuación y reemplazando algunas palabras que no me agradaban tanto en ciertos lugares.
¿Merezco un review?
V
