Encontronazo
La mujer del pelo rojo la miraba desde su sillón, con mala cara.
- No sé por qué no nos han concedido la subvención. Es uno de los descubrimientos más valiosos de los últimos tiempos. Fíjate, "La Epopeya de Gilgamesh" es la obra de literatura más antigua jamás escrita, ¡y han encontrado la tumba del héroe! ¡Tenemos que desplazarnos para allá inmediatamente!
- Lo sé, Midori, pero ya sabes lo difícil que es financiar esta clase de proyectos.- Dijo la peliazul.
- ¡Como jefa tuya te ordeno que muevas cielo y tierra para ir a Uruk! ¡Nuestro departamento se va al garete! ¡Como sigamos así, sin publicar nada importante, nos van a echar! – Midori dio un manotazo sobre la mesa. - La Universidad está haciendo recortes, ya lo sabes.
- Ya, ya… no te pongas así… ¡yo también quiero ir! Quizá haya alguna fundación que esté interesada… miraré por ahí… - dijo Natsuki pensativa. Se levantó y se fue hacia su despacho, para hacer una búsqueda sobre fundaciones y mecenas que pudieran interesarse por el tema. Desde luego, ya habían agotado todas las posibilidades estatales. Ahora tocaba buscar dinero de la empresa privada. Tenía en mente a la Fundación Fujino, porque Chiyo le había hablado de ella, pero no quería aprovecharse de la anciana. Sin duda, ésa no era una opción, por ahora.
De camino para casa, pasó por el supermercado, para hacer su compra y la de su vecina. El por qué vivía en un piso sola y sin criados, teniendo su familia tanto dinero, la desconcertaba. Pero Chiyo había crecido de una familia no pobre, pero tampoco muy adinerada, y había vivido con su marido en ese piso hasta que éste murió. Su hijo había adquirido la dirección de Empresas Fujino por una gran astucia empresarial y algunos contactos, y no porque fuera una empresa familiar. Aún cambiando el nombre de dicha empresa por el de su apellido, la Junta Directiva era bastante tradicional, de ahí que obligaran a Shizuru a casarse antes de tomar la dirección. La bella empresaria había dado muestras más que suficientes de lo capaz que era de desempeñar el papel, y de que era la mejor opción. Pero, primero tendría que hacer un pequeño esfuerzo en la televisión.
- Abuela, ¿qué te parece todo esto? Necesito tu ayuda. Mira en qué situación me veo. – Decía Shizuru con cara de ansiedad.
- Ara, eso es culpa tuya. ¿Por qué has accedido a esa barbaridad? – Le preguntó Chiyo a su nieta.
Riiiiiiiing. Sonó el timbre de la puerta. Shizuru fue a abrir, y se encontró con una belleza de ojos verdes y pelo azul, que la miró extrañamente. Natsuki, confundida, se echó hacia atrás y miró la letra de la puerta, y el número de piso. No, no se había equivocado. Natsuki iba con su indumentaria habitual, algo desaliñada, con pantalones raídos y camiseta negra.
- ¿Está la Sra. Fujino? – Preguntó a la chica de Kioto.
- Sí, ¿quién la busca? – Miró Shizuru también extrañada.
- Soy Natsuki, y le traigo la compra. – Dijo mostrando sus manos llenas de bolsas.
- Ara, muy bien, deja las bolsas aquí mismo.- Dijo Shizuru con tono impaciente, señalando la entrada de la casa. Quería arreglar lo del concurso cuanto antes. A Natsuki la actitud le resultó un poco molesta. ¿Quién se creía que era esa estirada?
Natsuki entró y dejó las bolsas. Chiyo le dio el dinero correspondiente.
- Muchas gracias, Natsuki. Mira, te presento a mi nieta, Shizuru. – Le dijo guiñándole un ojo.
Natsuki se puso colorada al instante. Recordó el montón de veces que Chiyo le había hablado sobre Shizuru.
- Ho- hola.
Shizuru, a pesar de que se fijó en lo mona que era la chica, estaba impaciente por conversar con su abuela sobre el tema en cuestión. Así que, rápidamente, sacó dinero y se lo ofreció a Natsuki.
- Muchas gracias. – Dijo Shizuru en un tono distante.
- ¿Perdona? ¿Esto qué es? – Dijo Natsuki no comprendiendo.
- Ara, tu propina, por supuesto.
- Jeje, no gracias, no la necesito. – Dijo Natsuki riéndose.
- ¿No? ¡Qué orgullosa! – Respondió Shizuru, incrédula.
- Mira, Shizuru.- Intervino Chiyo, a la que se le acababa de ocurrir una gran idea. - Esta chica podría presentarse al concurso.
- ¿La repartidora? - Shizuru hizo un gesto de desagrado, y miró a Natsuki de arriba abajo, negando con la cabeza.
Shizuru no quería a alguien como su primera novia, una chica por la que había desafiado a sus padres y por la que había dejado todo, y que al final sólo buscaba su dinero. Hacía ya bastante tiempo, pero no quería repetir la historia. En cuanto se le propusiera casarse con ella, todo lo que vería sería su riqueza.
Al oír el tono despectivo, Natsuki tuvo la impresión de que Shizuru era una chica demasiado estirada. No le molestaba que la confundieran con una repartidora. Al fin y al cabo, es una profesión tan digna como otra cualquiera.
- ¡Oye! ¿Tienes algo en contra de las repartidoras? – Respondió Natsuki de forma airada.
- Mira, tengo que hablar urgentemente con mi abuela. Te agradecería que nos dejaras a solas.
- No hace falta que seas tan grosera, Shizuru. – Le dijo Chiyo. – Natsuki es una amiga…
- Muy bien, abuela. Sé que te relacionas con todo tipo de gente…
- ¿Qué has querido decir con eso? – Intervino Natsuki ya enfadada.
- ¡Shizuru! ¡Compórtate! – Le reprendió su abuela.
- Abuela, lo siento. Pero, ¿podríamos tener esta conversación a solas, sin esta chica aquí?
- ¡No te preocupes, que ya me voy! – Natsuki, se dio la vuelta y cerró la puerta de un portazo. Se dirigió a su casa bastante malhumorada.
"¿Y ésta era la nieta tan maravillosa? Pues menuda…" Pensó Natsuki para sus adentros.
En la casa de Chiyo, mientras tanto...
- Mira, Shizuru, Natsuki es perfecta para ti. Es muy amable, inteligente…
- ¡Por Dios, abuela! – Dijo Shuzuru exasperada. - ¡No!
Chiyo se la quedó mirando, con pena y extrañeza. ¿Desde cuándo se había vuelto tan snob su nieta?
- Mira, abuela.- Shizuru, viendo el cambio de expresión de su abuela, suavizó su voz. – No es eso… es que quiero escoger yo a alguien que conozca y con quien pueda llegar a un acuerdo de convivencia medio aceptable.
- Sigo pensando que Natsuki…
- ¡Abuela! – Shizuru estaba ya al límite. Se dio cuenta y rectificó.- Mira, me voy a ir ahora. – Dijo en tono reconciliador. - Mañana hablamos, cuando haya encontrado a alguien adecuado, y nos organizamos.
Shizuru dio un beso a su abuela y se dirigió de nuevo a su casa, a descansar todo lo que pudiera. Aunque el sueño no la acompañaba. Tenía muchas cosas en las que pensar. ¿Quién se avendría a un matrimonio de conveniencia con ella, de la gente que conocía?
Por su parte, Chiyo ya había decidido que elegiría a Natsuki. El problema era cómo convencer a la peliazul. Sabía que sería muy difícil, ya que, si antes de conocer a Shizuru no quería ni siquiera una cita con ella, ahora seguramente se negaría en redondo. Pero era la única candidata aceptable, desde su punto de vista, claro. Todas las mujeres mayores tienen su vocación casamentera.
NA: De nuevo, gracias a todos por molestaros en escribir
