Las conversaciones entre ellos se habían vuelto algo usual, en el ventanal de la casa del chico, observando la ciudad.
En algún momento él aceptó su interés por ella, que por acto reflejo correspondió sus sentimientos.
Aunque no podían ser pareja. Ella lo había dejado muy claro, Si Hawk Moth sabe que eres importante para Ladybug estarías en peligro.
Después de aquella confesión ella intentó dejar de buscarlo por las noches y él intentó no detenerse en el ventanal esperando su regresó.
Pero no duró.
Ella regresó un día a las 12 de la madrugada, caminó hasta él y lo beso.
Un beso que buscaba dar dicha a ambos corazones enamorados.
Las visitas siguieron su curso anterior, con pláticas, risas y besos a los que eventualmente se les sumaron caricias cada vez más íntimas.
Caricias que los atormentaban por las noches y que les provocaba emociones que no podían controlar. Tampoco es que lo intentarán mucho en realidad.
Él lo supo cuando ella empezó a llegar a su habitación reclamando sus labios antes de nisiquiera saludar, ella lo supo cuando las manos masculinas no dejaban de anclarse en su cintura, deseando intimar el contacto.
Y lo hablaron.
-No podemos hacerlo todo, mi traje no está hecho para quitarse y una venda en tus ojos es demasiado riesgoso.
-Yo sólo quiero lo que estés dispuesta a darme.
Y así quedó acordado, aquella noche sería la noche que tanto habían esperado.
Ella cruzó el cielo con sutileza, asegurándose de que nadie deparará en su presencia.
Él esperó su llegada, terriblemente nervioso y excitado por la promesa de lo que esa noche pasaría.
Azul y verde se encontraron, el espacio entre los cuerpos se esfumó y los besos apasionados y necesitados obtuvieron su lugar.
Ella aferrándose a la espalda masculina, él con las manos en su cadera.
- Las horas se me hicieron eternas -Acepta entre besos, incapaz de dejar de besar los labios rosados de la chica.
-Para mi también ha sido una eternidad.
Los dedos enfundados en rojo acarician el torso del varón, deseando eliminar cualquier capa de ropa que la aleje de sentir su piel. Después de todo, Ladybug ya tiene demasiado con no poder quitarse su traje.
Él se deja ser, sintiendo que sus fantasías se cumplen poco a poco en un orden extraño. Pero no importa.
Él la ama y ella quiere estar a su lado.
Después vendrán los escarmientos, pero en ese momento, todo lo que quiere está en esa habitación. Ella, tan hermosa como siempre, dejándose llevar por sus deseos carnales, aunque no sepa que está amando a su compañero de luchas y aunque él no tenga idea de quién es la chica bajo el antifaz.
Adrien intentó llevar a la chica que había amado hasta su adultez a la cama, pero ella lo guió hasta el sillón blanco.
Donde lo hizo sentarse al filo del asiento para acomodarse sobre sus piernas.
El peso de su cuerpo lo hace temblar de la emoción contenida, disfrutando de pasear las llemas de sus dedos desde los muslos hasta la espalda baja de la fémina.
Ladybug sonríe, aprovechando el momento para desabrochar su pantalón, muriendo de nervios.
Ella detiene sus actos, él no tarda en notarlo.
-Si ya no quieres hacer esto...
-No es que no quiera, sólo, dame un minuto.
-Seguiremos el ritmo que tu quieras.
Ella separa su cuerpo del contrario, apenas lo suficiente para retirar el pantalón de mezclilla y cambia de posición. Dejando una pierna entre las suyas, bajo la intensa mirada del amor de su vida.
-¿Me quieres? -Desea saber.
-Con mi vida -Acepta recordando aquellas veces que actuó a ciegas según su mandato.
-¿Aún a la chica bajo la máscara? - El ríe, acariciando sus mejillas.
-Si fuera por mí tu no tendrías ese traje, Ladybug. Y no sólo porque este limita mis muestras de afecto.
No necesita escuchar más antes de empezar a moverse contra los duros músculos de la pierna masculina, a sabiendas de que está terriblemente húmeda y que quizás está siendo un poco injusta.
Pero a él no parece molestarle que las atenciones no estén siendo dadas en su entrepierna, disfrutando cómo ella se mueve a un compás lento y alargado que va aumentando ligeramente.
Ella enterrando sus uñas en sus hombros, él con las manos en su cintura, intentando darle algo de soporte.
Explotando de excitación de verla complacerse con su cuerpo, incapaz de escuchar otra cosa que no sean los dulces gemidos que de sus labios rosados salen.
Y es que Adrien no puede imaginar una escena más hermosa.
El pecho femenino rebotaba ligeramente a cada movimiento, el breve rubor debajo de la máscara, la humedad que puede sentir en su pierna porque esta a rebasado la tela del traje.
Y ella llega.
Apretando las piernas al intentar mantener la postura sobre él, que solo atina a acercarla a sus brazos mientras agradece no haber terminado con aquella escena.
Porque aún quiere sentirla, deseando que ese momento dure toda una vida.
Él riega besos sobre la máscara roja; ella sonríe, realizando pequeños círculos en el tórax descubierto.
En una ligera calma que solo es el ojo del huracán de ese momento.
-Quiero tocarte -Espeta.
-Hazlo -Acepta.
Su mano tiembla hasta llegar a su busto, terriblemente inseguro al pensar que no quiere ser demasiado brusco. Su pulgar no tarda en encontrar su pezón, realizando círculos a su alrededor mientras este se pone cada vez más duro.
Ella gime, entrecerrando las piernas antes de volver a soltarlas.
-¿Estás bien?
-Divinamente.
Ella empieza a besar su cuello, el continúa con aquel suave masaje. Hasta que lo detienen, llevando su mano más al sur.
Ahí donde el calor sigue latente, provocando que su entrepierna duela más, esperando su momento de consuelo.
Consuelo que ella decide darle, acariciándolo sobre el boxer que no le había arrebatado por pena.
Provocando que él gruña guturalmente, deseando sentir su tacto desnudo.
Pero no es posible ahora y tiene que aceptarlo.
Ella acerca su pelvis a su mano, él intenta mantener el mismo ritmo que ella lleva acariciando su falo.
Observándo los rostros ruborizados y el deseo a flor de piel.
Llevan muhco observándose, deseándose.
Él observándola luchar en ese traje ajustado, ella paseando su mirada en las fotografías que se habían vuelto más sugerentes conforme los años habían pasado.
Adrien detiene abruptamente las caricias en su entrepierna, a sabiendas de que si continúan sintiéndolas llegará su climax.
La tumba sobre el sillón, obteniendo una mirada sorprendida, pero nada más.
No es que le moleste que el chico de sus sueños le muestre su necesidad.
-Espero algún día verte sin esto - Le confiesa acariciando el perfil de su máscara.
-Algún día, cuando todo acabe.
-¿Ese día tendré una oportunidad?
- La oportunidad siempre ha sido tuya.
Sus labios se reencuentran y él regresa su mano a la intimidad de la fémina. Acariciando a lo largo y lentamente, siguiendo el ritmo que ella había marcado.
-Adrien -Suelta su nombre en un gemido, arqueando la espalda y tensando sus piernas.
Aquellas largas piernas se enroscan en la cadera masculina, provocando que sus centros de toquen.
Él se siente palpitar por el contacto, ella tiembla ligeramente en un suspiro.
-Más fuerte - Le pide ella que ansía sentirlo.
Él se límita a aceptar la petición, respirando cada vez más fuerte, observando los labios entreabiertos que sueltan dulces gemidos.
Por él, por ese momento, su momento juntos.
Adrien baja la mirada, buscando las manos de Ladybug que ya no siente acariciándolo. Encontrándolas sobre sus senos, los cuales acaricia con insistencia.
No necesita ver nada más.
Sus últimos movimientos se hacen más insistentes, ella gime de nueva cuenta. Suave, bajo.
Él no tarda en gruñir al sentir su liberación, con el cuerpo tenso. Incapaz de alejar su entrepierna de ella, ahí donde su cuerpo está palpitando por su causa.
Se recuesta de lado, manteniéndose tan cerca de ella como le es posible para no caerse.
Ladybug atrae su cabeza hasta su pecho, el cual Adrien besa mientra su respiración se normaliza.
Cerrando los ojos, inhalando el olor del otro entremezclarse con el propio.
Divino. Piensan, simplemente divino.
Gracias por leer, votar y comentar.
