Capítulo 3: El plan de la marioneta.

- Señor Meliodas- dice Elizabeth mientras el rubio la carga.

- ¿Qué ocurre Elizabeth?- le dice girando su rostro- ¿Acaso quieres vomitar por el alcohol?

- No, no es eso, es solo que...

- Dime... - el chico no logra terminar la frase porque de pronto los labios de la joven están contra los suyos besándolos suavemente.

"El mismo sabor" piensa Meliodas, mientras recuerda los besos que compartió con Lizz.

- ¿Quiero que me diga que fue lo que paso en la cueva de los druidas?- dice la chica recordando las lágrimas de Meliodas cuando estaba entrenando por recuperar su poder.

- Recuerdos- susurra apenas mientras los labios de la chica lo besan nuevamente- Elizabeth... ¿Qué estás haciendo?

- Señor Meliodas... -le dice abrazándolo con fuerza- Odio que salga lastimado y no me gusta verlo triste o preocupado...

- Lo sé- dice correspondiendo el abrazo.

- Yo... Creo que usted ya lo sabe, pero yo...

- Shhh- dice Meliodas- No es el momento, no estás en tus cinco sentidos princesa- le susurra dulcemente.

- No he tomado tanto, se lo aseguro.

- Eres tan obstinada como ella- dice Meliodas casi sin pensarlo.

- La razón por la que usted me protege tanto, es porque le recuerdo mucho a esa persona ¿No es así?- le pregunta un poco decepcionada- ¿A Liz?

- Si y no- se apresura a aclarar el rubio- Liz y tú se parecen en algunas cosas, pero son diferentes en otras.

- ¿Y usted me ama, como amaba a Liz?- pregunta de pronto Elizabeth, viéndolo fijamente con lágrimas a punto de salir de sus ojos.

- El licor te ha puesto muy platicadora- dice mientras le da una caricia en la frente.

De nuevo un incómodo silencio y Meliodas, continua su recorrido hasta llegar a la habitación, por un momento parece que Elizabeth se ha quedado dormida y el da gracias mentalmente, mientras entra con ella en brazos.

- Te dejare descansar- dice acomodándola en la cama "Estoy seguro que mañana no recordara nada de todo esto"

- Pero aun no respondes mi pregunta- dice de pronto sorprendiéndolo- ¿Qué fue lo que paso en la cueva de los druidas?

- ¿Realmente quieres saberlo?

- La señorita Zaneli, dijo que no podría controlar su fuerza a menos que dejará su ira de lado- le dice la albina con duda en su voz- Y para eso, usted debía superar esos sentimientos que lo atormentaban, esa ira y culpa por la muerte de Liz…

- Tuve que revivir la muerte de Liz una y otra vez en mi mente hasta poder superarlo- le responde Meliodas- Pero algo es seguro para mí: jamás podre olvidarla.

Elizabeth coloca su mano en su boca con expresión de tristeza.

- Señor Meliodas…

- Zaneli me hizo ver todos esos recuerdos que tanto me había esforzado por mantener ocultos. El día que la conocí, como fuimos volviéndonos amigos, los momentos que compartimos, al igual que con los demás pecados, fuimos construyendo un lazo muy fuerte. Y al final yo no fui capaz de protegerla.

- ¿La amaba mucho, cierto?

- Si- le susurra- Pero eso no quiere decir que no te amé a ti- confiesa el rubio.

- Señor Meliodas- dice con hilo de voz, mientras él se acerca a su rostro y la besa, esta vez no de forma suave, sino que más intensa.

"Es igual y a la vez diferente"

Son los pensamientos de Meliodas, mientras disfruta los suaves labios de la princesa.

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- Meliodas- le dice la voz de Liz, mientras él se dirige en su dirección con un pañuelo en su cabeza.

- Este juego me está entreteniendo mucho Liz- le dice con tono divertido.

- Y aun no has visto nada- le responde coqueta, mientras toma su mano de repente y lo guía en medio de un pequeño bosque- Terminamos rápido con esa misión y aún tenemos un par de horas antes de que tengamos que regresar a Danafor, así que pensé que te gustaría ver esto- Liz suelta la mano de Meliodas y ambos se detienen- Ya puedes ver.

El rubio obedece y retira el pañuelo viendo el paisaje frente a él. Un pequeño lago rodeado por un pequeño campo de flores y un árbol que parece resguardar el recinto, un lugar bastante apacible.

- Es hermoso Liz- le dice el coquetamente.

- ¿Quieres nadar?- le dice de pronto la pelirroja, haciendo que el joven abra los ojos sorprendido- ¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?

- No me hagas ese tipo de bromas- le dice Meliodas.

- ¿Crees que bromeo?- le dice comenzando a quitarse su armadura.

- ¿Liz?

- Vamos ¿O acaso toda eso del experto seductor eran solo palabrerías?

- De acuerdo- le dice un poco dudoso, tomando su armadura y comenzando a quitársela.

El cuerpo de Liz queda expuesto ante la vista del pecado y ambos entran al agua, la chica lo observa y se acerca a él para robarle un beso mientras el agua la cubre hasta el inicio de sus pechos.

- Nadie nos molestara aquí- le susurra al oído Liz mientras comienza a acariciar a su compañero.

- ¿Estas segura de esto?- le dice comenzando a corresponder las caricias de la chica.

Hace tiempo Liz le contó que cuando fue vendida como esclava, había sido violada por sus captores, por tanto, ella llevaba ese estigma en su cuerpo e incluso le había dicho que sentía repugnancia por los hombres. Después de enterarse Meliodas había decidido no presionar a su compañera e incluso se había resignado a que jamás podría estar con ella de esa manera, pero este día Liz le estaba mostrando una faceta diferente, mucho más confiada.

- Sé que has esperado por esto- le dice besándolo.

- No tienes que hacer esto Liz, ya haces suficiente con estar a mi lado y hacerme feliz.

- No lo hago por complacerte Meliodas, lo hago porque realmente lo deseo.

Ante la seguridad de la chica, el rubio deja atrás sus dudas y decide tomar el control de la situación, sujeta el cabello de la pelirosa y la hace besarlo intensamente.

- Prometo que no te arrepentirás- le dice con un tono provocativo.

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Esa había sido la primera vez que Liz y él habían hecho el amor, si bien la joven no era virgen, había sido un poco complicado para el caballero borrar la mala experiencia de la chica. Pero al final había resultado en un momento placentero para ambos, pero ¿Porqué estos recuerdos venían su mente justo hoy?

- Elizabeth basta-le dice de pronto regresando a la realidad y sujetando la mano de la peliblanca que se dirige hacia los botones de su camisa- Lo mejor será que vayamos a dormir.

- Señor Meliodas.

- Quizás deba ir a la otra habitación- dice levantándose- Al parecer los demás no tienen intenciones de regresar esta noche, así...

- Por favor señor Meliodas, quédese conmigo- le dice de pronto Elizabeth a punto de llorar- Prometo que no lo molestaré.

- No lo estoy diciendo por ti, sino por mi Elizabeth- le dice con tono enfático- Crees que después de haber probado tus labios podré dormir tranquilamente a tu lado.

- Yo podría atarlo como siempre- se apresura a decir la joven.

- Elizabeth- le dice ahora en tono divertido- ¿Realmente crees que esas cuerdas podrán detenerme?

- Entonces, quizás no deba detenerse- le dice pronto volviendo a besarlo.

- Vaya, no sé si evitar que vuelvas a beber, o asegurarme que lo hagas más seguido, cuando estemos solos, claro está.

- Meliodas- dice de pronto con un tono diferente, que hace que el joven se sobresalga- Yo te lo prometí ¿No es así?

- Elizabeth...

- Te dije que no debías estar triste, porque algún día volveríamos a encontrarnos.

- No puede ser... ¿Liz?- dice abriendo los ojos con asombro.

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- Vaya, así que esos dos ya se conocían- dice Gowther con curiosidad.

- Debo regresar a la taberna- murmura de pronto Hawk en medio de sus sueños- Sino ato a ese pervertido de Meliodas, quien sabe lo que podría hacerle a la pobre Elizabeth.

- Pareces preocupado- le responde el pecado de la lujuria acomodando sus lentes- Descuide señor Cerdo, creo que la princesa desea esto, tanto como él capitán. Aunque me pregunto: ¿El capitán se enojara conmigo o me dará las gracias? Bueno creo que ya he llegado demasiado lejos, como para detenerme a pensar en eso.