Me gustaba mucho montar a caballo, aunque mi tamaño a veces lo hacía difícil.
Vale, siempre lo hacía difícil, pero me gustaba. Mucho.
Niall nos esperaba cuando entramos por las puertas de Sieteaguas.
Salté del caballo, casi cayendo de boca al suelo por culpa del dobladillo de la falda, pero mi hermano me cogió justo a tiempo y me abrazó, haciéndome cosquillas.
-¡Basta!- reí, intentando apartarme.
-Nope- replicó él con una sonrisa de bobalicón. Me dió un beso en la frente-. Chaill mé tú, Deirfiúr- me saludó, dándome un besito esquimal que me hizo reír-. Te eché de menos, hermanita.
-Is breá liom tú ró, Deartháir- dije dándole un besito en la mejilla cuando me soltó y se agachó-. Yo a ti también, hermano.
Dió un abrazo a Aidan, de esos rudos típicos de hombres, dándose golpes en la espalda. Rodé los ojos.
Jamás entendería a los hombres. A veces eran tan ridículos que daban ganas de reír. Y algunas lo hacía.
-Vamos- dijo mientras nos empujaba a través de los pasillos de la fortaleza-. Padre os espera.
Algo me oprimió el pecho cuando lo dijo. Ya sabía que nos esperaría, siempre lo hacía, es solo que...
Haber, lo normal es sentirse a salvo y seguro alrededor de tus padres, ¿no? Pues mi padre emanaba justo lo contrario. En todo lo referente a él, me sentía como si estuviese sobre arenas movedizas.
Aidan y Niall tenían cojidas mis manos. Ellos sabían lo que sentía, como todos los demás hermanos.
Padre... Bueno, el nunca ha sentido especial aprecio por mí.
Y eso era algo ligero.
Llegamos a el salón de las habitaciones de Padre. Todos nuestros demás hermanos estaban en fila, por orden de nacimiento.
Lorcan y Conan me saludaron con cariño. Les devolví el saludo, sintiendo la mirada de nuestro padre traspasarme y me puse en mi lugar, al lado de Connor.
Bajé la mirada a mis botas llenas de polvo y barro mientras mi padre hacía la tradicional inspección. Esta consistía en ver todos los avances de sus hijos desde la última vez que les vio.
Solía ocurrir cada cuatro, cinco meses. No sería la primera vez que los chicos volvían a casa sin Padre porque éste estaba persiguiendo algún monstruo que arrasaba unos de los condados de Erin.
Se saltó a Niall y los gemelos porque habían estado con él. Fue directo a Aidan.
Connor y yo nos estremecimos y nos miramos con una mueca; esto no iba a ser bonito.
Padre e hijo se miraron fijamente, con el rostro sin ninguna expresión. Padre giró la cabeza un poco hacia la derecha, como un pájaro.
-¿Cuantos años tenías?
Uh, golpe bajo. Darren, Connor y yo hicimos una mueca. Cillian solo miró con pena la escena. Los mayores solo apretaban la mandíbula mientras Aidan sonreía levemente.
Iba a tener que hacerles algo de nuevo para el dolor de dientes como Niall y los gemelos siguiesen así.
-¿Cuantos tienes tú?- replicó Aidan.
Padre hizo una mueca de desagrado. Se giró hacia Niall.
-Tiene quince, Padre- dijo a través de los apretados dientes.
Padre asintió.
-Vendrá con nosotros cuando salgamos.
Abrí los ojos a lo imposible cuando mi hermano rió.
-Sí, buena suerte.
-¿Perdón?- el tono de Padre ahora sí que daba miedo.
Aidan solo sonrió, autosuficiente.
-Que buena suerte intentando que baile al son de tu ridículo compás. Yo me quedo en Sieteaguas.
-¿Cómo dices?
Me encogí en mi sitio y los mayores me cubrieron, preparándose para una posible pelea.
-Alguien tiene que quedarse aquí, ¿no?
Eso sí que era un golpe bajo. Padre suspiró pesadamente y pasó por los demás, hasta llegar a mí. Me taladró con sus ojos grises, duros como si fueran una hoja de hierro frío.
No sé cómo le sostení la mirada.
-Alaina- su tono era plano, quizás con un poco de frialdad.
-Athair- saludé débilmente-. Padre.
Giró la cabeza como un pájaro. Esto no iba a ser bueno.
-¿De dónde veníais tú y Aidan?
Me encogí.
-Podrías preguntármelo a mí en vez de a Faicré- saltó mi hermano en mi defensa, rápidamente.
Padre lo miró con una mueca.
-Sí, pero me cansé de tus insolencias- me miró-. ¿Y bien?
Abrí la boca, pero Connor contestó por mí.
-Fue a pedirle a la señora de Artur Moore que le diese unas plantas para mí. Taragh se encontraba mal.
Padre se calmó. Nunca había mostrado especial cariño por Connor: no era su estilo. Pero sí se había encariñado con su juguetona perra-loba. Era imposible no quererla.
Asintió y se retiró. Suspiré de alivio levemente.
"Gracias, Connor "
Él me sonrió con cariño.
"No tienes por qué darlas, Alaina"
-Bien- dijo Padre, dando una palmada-. Quiero veros a todos impolutos- me sonrojé hasta la punta de las orejas, sabiendo que hablaba por mí-. Tenemos invitados. El Alto Rey y sus hijas, junto con Lord Duff y Lord O'Brien, que vienen con algunos de sus hijos.
Me alegré de inmediato, mirando como mis hermanos sonreían felices, todos enamorados menos tres. Aidan me miró de vuelta e hizo el gesto de querer vomitar. Me costó no reírme en ese momento.
Los únicos tres de ocho a los que no les habían robado el corazón éramos yo, Aidan, Lorcan y Cillian. Otra cosa que teníamos en común.
Fui corriendo a mis habitación, para arreglarme un poco para la cena. Enya me ayudo a elegir mi ropa. Si no, a saber cómo bajaría.
O, al menos, eso es lo que dijo ella.
Bajé corriendo las escaleras, ya debidamnete arreglada y alguien me cogió al vuelo. Mi pequeño grito se transformó en risa cuando vi quien me había cogido al vuelo.
-Hola Rory, ¿y tus hermanos?
El hombretón pelirrojo bufó.
-Escondidos entre las murallas de Tralee- dijo divertido. Le dio un golpe en el brazo a Niall. Siempre habían sido los mejores amigos-. Niham preguntó por tí, Alaina. Está en el comedor con Aisling. Las princesas aún no han bajado así que aún podemos estar tranquilos y divertirnos un poco.
-Gracias- me despedí con una sonrisa, corriendo hacia el comedor.
De camino me choqué con Lochlann, el hermano pequeño de Aisling.
-Lo siento- me disculpé.
Él se sonrojó, pero me fui corriendo antes de que dijese nada. No me acababa de gustar el chico, me daba una mala sensación.
Niham Duff era la amada de Niall, robusta y pelirroja, como su hermano, pero sin el carácter que a este le sobraba. Aisling O'Brien era todo lo contrario, la heredera del condado de Breifne era imponente y autoritaria, tanto que a veces intimidaba. Ella y Darren estaban tan enamorados que a veces me daban arcadas.
-¡Hola!
Ellas me abrazaron y nos sentamos juntas. Se pusieron a contarme las noticias y rumores de todos los condados.
Entre las dos se las sabían todas. Me gustaban estos intercambios de noticias, ya que Sieteaguas estaba algo incomunicada, aunque yo nunca hubiese sido de las que les gustaban cotillear, pero les daba el gusto de verme sorprendida y algo habladora de vez en cuando.
Fueron llegando todos, el rey y sus dos hijas medianas, Brea y Brianna, con ese gesto tan altanero, y la mayor, Roisín, tímida y hermosa que no dejaba de mirar a Conan y este constantemente le sonreía. Y la pequeña, como no, la vivaracha Ailey tan apegada a Connor. Aunque ella mucho dijera que solo era porque le gustaba Tarragh.
Ahí estaba mi familia, disfuncional pero feliz, en todo su esplendor. Niall, sentado a la derecha de nuestro padre y bromeando con Rory y otros soldados, pero sin descuidar nunca a Niham, que se sentaba a mi izquierda. Lorcan, siempre envuelto en discusiones y siempre parado por Conan y Roisín, que lo miraba todo con femenina timidez. Darren, entre su silencioso y serio gemelo, Cillian y la imponente Aisling, los cuales conversaban sobre algún tema muy inteligente. Connor, sentado aparte con Ailey y Taragh. Y Aidan.
Madre Danna. ¿Qué haría yo sin Aidan?
Se sentó a mi lado toda la cena, bromeando y haciéndome reír. Todos solían llamarlo cerrado, pero conmigo era todo lo contrario.
Terminamos de cenar y retiraron toda la comida, haciendo un hueco para que alguien saliese a contar historias.
Rory fue el primer voluntario, como siempre. Contó una disparatada historieta de él y Niall perdidos en el bosque en la cual mi hermano mayor admitía sentirse irremediable y absolutamente enamorado de él.
Todos reímos excepto mi furibundo padre y un sonrojado Niall con una mirada homicida hacia su mejor amigo.
-¡Ahhh!
Todos nos congelados. Los chicos salieron corriendo en dirección del grito, quedándose solo Connor, Cillian y Aidan con nosotras.
-¿Y Brea y Brianna?- preguntó Aidan en ese momento.
Me preocupé por ellas. Nunca me habían caído bien ni yo a ellas, a veces incluso eran crueles conmigo, pero jamás desearía que algo les pasara.
Llegaron al resguardo del rey y mi padre, que tenían una expresión de furia intensa.
-Todos a dormir- ordenó Padre.
Aidan me llevó a rastras a mi habitación, no sin que antes pudiese escuchar como las dos princesas decían algo sobre el peor monstruo que existía en estos bosques.
Padre se lo tomó como una ofensa personal. ¿Qué pensarían todos de él si iba matando monstruos por toda Irlanda y tenía su casa plagada de ellos?
"El bosque no estará tranquilo en mucho tiempo"
Asentí a las palabras silenciosas de Aidan.
"Sí, ellas no saben lo que hay aquí. Ninguna de las criaturas de este bosque les podría causar daño alguno. Con la excepción de las hadas, por supuesto, las cuales no dudarían en secuestrarlas por diversión, pero no les harían nada".
Aidan se paró abruptamente y me miró.
"Ellos únicamente no nos harían daño a nosotros, ¿por qué crees que te sientes tan a gusto en el bosque? ¿Que te dejamos ir sola a todas partes en él? Las criaturas de este bosque protegen a nuestra familia, siempre ha sido así. El bosque de Sieteaguas cuida de sus hijos. A todos los intrusos que haya en él, los matará sin pensarlo dos veces. Eres la sangre del bosque, Faicré. Nunca lo olvides".
Mentiría si dijese que dormí fácilmente después de ese discurso, pero al final, el cansancio del todo el día pudo conmigo.
Y cerré los ojos.
La vida es como la rueda de la fortuna, cuando menos te lo esperas, subes o bajas.
