Disclaimer: YOI no me pertenece. Si me perteneciera podría tener el Nendoroid de Yuuri y podría admirarlo no solo en fotos (?)

Advertencia: este fic contiene BL y contendrá a futuro yaoi, violencia, angst y una que otra mala palabra junto con temas subidos de tono. Si te sientes incómodo/a o no te gusta la temática, eres libre de cerrar esta pestaña y buscar algo más acorde a tus gustos para leer! Rated M para el futuro aunque todavía vamos en la parte suave y boneta.


Imborrable

Vivir en Canadá no resultó ser tan difícil como había creído en principio. Claro que extrañaba su tierra y a su familia, pero tenía cierto amuleto de la suerte o piedra en el camino, como se quisiera llamar, que le impedía mantener por mucho tiempo el estado depresivo. Jean-Jacques tenía ese brío que te obligaba a terminar animándote con él, incluso a hacer cosas impensables como salir de noche a escondidas de los padres del otro y de su propio tutor, para ir a ver las estrellas y estudiar los lugares donde creía que podían capturar luciérnagas. Y de algún modo, aunque no tuviera sentido alguno cada nueva idea que le traía, Otabek terminaba por seguirle la corriente.

Ya llevaba meses allí y cientos de cosas habían pasado. No había repetido mucho la visita a la casa de la familia Leroy para no molestar pero cuando lo hacía era más que bien recibido y su entrenamiento por fin comenzaba a dar los frutos esperados. Hasta le había terminado contando a sus padres por videollamada, el único medio de red social que le obligaban a usar, de la existencia de ese canadiense en particular. Claro que esto fue por insistencia ajena, ya que JJ le había hecho una dramática escena que por poco le generó dolor de cabeza, solo para convencerlo de que debía mencionarlo al menos una vez.

Fue el 31 de Octubre, el día que Otabek cumplió sus quince años, que el hilo que los había unido comenzó a tomar otro color. Todo comenzó con algo tan simple como que Leroy quería que celebraran Halloween sin importar nada más, al parecer no sabía que se trataba del cumpleaños del kazajo, que al no tener nada mejor que hacer terminó aceptando. Lo que no se esperaba era que eso de celebrar también consideraba el disfrazarse y terminó siendo perseguido por toda la casa de la familia de patinadores mientras JJ intentaba ponerle unas orejas de lobo que había comprado exclusivamente para él.

Jean… Ya te dije que no es necesario –exhaló pesado el chico, cansado de correr cuando llegaron a una de las partes traseras de la casa luego de que la madre de JJ los enviara al patio para que no le arruinaran los adornos que estaba poniendo para la fiesta que daría esa misma noche.

Otabek, es necesario. Es lo básico de Halloween. Así que haz el favor de quedarte quieto se tomó de las rodillas con las dichosas orejas todavía en la mano. Intentando recobrar el aliento. Tenía mejor estado físico pero Altin no se quedaba atrás y era escurridizo.

Jean… Si te acercas más no respondo –lo amenazó comenzando a desesperarse por la cercanía del otro que sin duda parecía ridículamente determinado a que usara un vergonzoso traje de licántropo ese día.

Otabek… ¡Cuidado! –el grito y la expresión del mayor hicieron que el kazajo se girara a ver que había y ese fue el primer error de ese día.

El cuerpo de Leroy cayó encima del suyo y rodaron por el piso forcejeando entre las quejas del que solía ser el más silencioso y de quien terminó riendo por lo ridículo de la situación, victorioso cuando se dio cuenta de que el otro no podía con su fuerza a pesar de que la diferencia de edad y figura todavía no estaba tan marcada.

¡Te tengo! –exclamó entre risas el canadiense mientras apretaba entre sus brazos a su víctima para que no se le ocurriera alejarse.

Altin habría seguido intentando si no hubiera sido porque podía sentir las risas de Jean en su cuello, junto con su aliento caliente y por lo fresco que estaba ya el clima en esas fechas le generaba escalofríos en contraste con todo el ambiente.

Jean… Ya quítate de encima –exigió poniendo en orden sus pensamientos aunque no sus sensaciones y un leve sonrojo pareció comenzar a entibiar sus mejillas.

¿Por qué? ¿Qué tiene de malo que los amigos estén cerca? –preguntó con su ridícula simpleza de mente el mayor.

Se ganó un golpe en plena cabeza y costillas hasta que el más joven logró liberarse. Lo miraba ligeramente molesto mientras Jean le hacía expresiones de disculpas y también otras tantas ridículas como si quisiera generar lástima, sus ojos de perrito seguían funcionando con su compañero patinador para su mala suerte.

Para cuando era la noche, Otabek Altin ya se encontraba maquillado, con dientes falsos, las obligadas orejas y un intento de cola de lobo que salía del borde de su pantalón. Iba a asegurarse de robar el teléfono de su compañero solo para eliminar la cantidad ridícula de fotos que le había tomado durante ese proceso. Jean-Jacques por su parte estaba disfrazado como un vampiro, con camisa blanca manchada de sangre falsa, y que escurría en un hilillo igualmente falso desde una de las comisuras de sus labios. La infaltable capa entre otros accesorios le hacían verse inesperadamente bien y el kazajo no podía sino maldecir su suerte.

Como era tradicional, Nathalie Leroy los envió a pedir dulces antes de permitirles la entrada a la fiesta donde ya estaban llegando los primeros invitados, todos amigos de la familia. Arrastrado por su acompañante, al cumpleañero olvidado no le quedó otra opción que caminar cerca del canadiense e intentar fingir que no se moría de vergüenza cada vez que el otro se ponía en su papel de vampiro para pedir dulces por las puertas. ¿Cómo es que a sus recién cumplidos quince años le tocaba hacer esta clase de cosas?

La última puerta que lograron tocar fue la casa de unos señores que no parecían específicamente encantados con la celebración, y aunque JJ intentó ser amable no le dejaron más opción que amenazarlos con lanzarles huevos. Claro que los chicos no contaron con que terminarían ellos siendo atacados con un palo de escoba y mientras corrían por su vida con un señor amargado detrás de ellos, Otabek no pudo sino soltar su risa.

Una pequeña calle fue lo que encontraron para esconderse en la penumbra. Leroy que lo había estado jalando de la mano desde que decidió que era momento de escapar, ahora lo atrajo hacia él mientras intentaba componer lo agitado de su respiración. El abrazo era sin duda más apretado e íntimo de lo que Altin creía necesario. Trató de imponer distancia poniendo sus manos sobre el torso ajeno para alejarlo aunque al alzar los ojos se perdió en la visión del muchacho que sonreía feliz a pesar del cansancio por el ejercicio repentino.

Jean… –lo llamó con su voz pausada y recibió por supuesto toda la atención del otro que le correspondió a la mirada.

Otabek…

Se quedaron en silencio por más tiempo del que debía ser aceptable. Altin pudo notar que el otro chico se había quedado mirando sus labios por unos segundos. Y finalmente se separaron igualmente callados cuando el peligro ya pasó. Fue en esa misma extraña calma que decidieron regresar a la fiesta de la madre del rey, ya tenían dulces y cada uno estaba encerrado en sus propios pensamientos. El extranjero se sentía para su propia sorpresa bastante tranquilo, a pesar de que había sido una rara forma de, en teoría, celebrar su cumpleaños, la cercanía del otro patinador no le molestaba.

Existía un pequeño parque antes de llegar a donde estaba todo el alboroto de la casa de los Leroy, el kazajo pensaba seguir caminando pero sintió el tacto conocido en su mano antes de que JJ decidiera jalarlo hacia una de las bancas del lugar que se encontraba poco iluminado.

¿Jean? ¿Qué ocurre? –preguntó sin entender bien por qué no se iban a la fiesta de la que el otro le había hablado hasta el cansancio.

De la calabaza que había usado para recoger dulces, el canadiense revolvió hasta sacar un paquete que por razones incomprensibles cabía bien en el reducido espacio del contenedor de plástico anaranjado.

Tuve que preguntar a los profesores por una semana para que aceptaran decírmelo… Así que primero, ¡Feliz Cumpleaños Otabek! –le dio las respectivas felicitaciones elevando las manos al aire luego de dejar la calabaza y el paquete a un lado en la banca.

¿Sabías que eso se llama acoso? –preguntó lo obligado el festejado y luego le concedió una pequeña sonrisa al mayor–. Gracias, Jean.

¡NO es acoso! Eres mi amigo, además todavía no termino, ya que estamos en Halloween que prefieres, ¿Trick or Treat? –preguntó emocionado el joven y su mirada iba desde la expresión del otro hasta el paquete que claramente era un regalo.

Mhm… No debería confiar en un acosador, pero está bien: trick… escogió y disfrutó internamente con la expresión de desconcierto del canadiense.

Sabiendo que tengo un regalo vas y pides lo otro, ¿Entiendes lo raro que eres? –el mayor negó con la cabeza y finalmente se levantó del asiento.

Altin se quedó mirándolo sin entender lo que hacía, y por supuesto que no estaba preparado para esa clase de sustos. Porque no pasó ni un minuto cuando el vampiro que tenía ahora en frente se inclinó sobre él luego de tomarle los hombros…

Por favor, no me odies…

Para su mala suerte, Otabek no fue capaz odiarlo en ese momento. En el ambiente fresco de finales de Octubre, sus labios recibieron directamente los de Jean en un contacto torpe y delicado que le hizo sonrojarse por completo cuando sintió el sabor de la sangre falsa poco después de que el otro chico se separara de él igualmente avergonzado e intentando mostrarse más valiente de lo que se sentía.

Mi primer beso, por el primer tuyo. Porque es el primero, ¿No? –inquirió el que había logrado romper la barrera que los amigos no debían tocar.

Porque los amigos no hacían esas cosas pero, justo en ese instante, a Otabek no pudo importarle menos ese tipo de detalles y simplemente asintió todavía pasmado e incapaz de decir algo coherente. ¿Qué demonios había sido ese truco?

Feliz cumpleaños… Este sí es tu regalo –Jean le hizo finalmente entrega del pequeño paquete intentando que el ambiente volviera a ser más festivo porque el silencio del menor lo estaba poniendo de nervios. No, él no había pensado que sucediera precisamente así.

El cumpleañero abrió al fin el delicado envoltorio y se encontró con un oso de peluche con expresión tranquila y una pulsera colgando de su cuello de felpa que tenía como adorno una J encerrada en una O. No pudo reprimir la risa luego de verlo y finalmente observó al otro chico que no lo miraba y parecía estar al borde del berrinche.

¿Este no es el tipo de regalos que le harías a una chica? –se vio en la obligación de preguntar y se llevó un golpe en el brazo de parte de su compañero.

Eres tan difícil… Ese es el señor Sérieux, familiar del señor Joyeux explicó con las orejas rojas de la vergüenza–. Encontraré algo mejor la próxima vez –prometió algo frustrado porque su regalo no hubiese sido bien recibido, al parecer.

Sin embargo, para su sorpresa, Otabek se estaba poniendo ya la pulsera.

Pasar este día contigo es suficiente –afirmó el kazajo antes de guardar al pequeño oso dentro de su calabaza con dulces.

Sin palabras. Fue la mejor frase para describir el estado de Jean-Jacques en ese momento, que observó a su acompañante como si no fuera de ese mundo. El camino de regreso a la fiesta en la casa de los Leroy no fue tan terrible después de eso, no hablaron de nada de lo que había ocurrido pero sí pudieron dirigirse la palabra como siempre y eso lo agradecieron ambos cuando los nervios iniciales fueron pasando.

Fue en el cumpleaños número quince de Otabek Altin, que el hilo que lo unía a Jean-Jacques Leroy fue tomando un pálido y suave color rosado.


Notas Finales:

Hola otra vez! Gracias si has leído hasta este punto.

Llegamos al punto de la historia donde comienzan a florecer los sentimientos, y estamos un paso más cerca del angst del presente conocido.

El cumpleaños de Otabae es el 31 de Octubre, por si no quedó muy claro allá arriba. Así que en esa fecha estamos ambientados. Ambos chicos tienen ya 15 años. En mi Headcanon, JJ es quien le regala la primera vez el oso con expresión seria (No me culpen, era demasiado fluff y adorable para no ponerlo)

Este capítulo fue beteado por Maiev-S, abrazos de oso para voce!

Se sigue agradeciendo la lectura y todavía más si dejan alguna palabra u opinión del rumbo de la historia.

Saludos!