Hola, los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia es de Tatyperry, solo me adjudico la traducción.

Canción del capítulo (Cuando encuentren el * colóquenla, ambienta la lectura):

Clair de Lune ― Debussy

DISFRÚTENLO


Capítulo II ― Clair de Lune

12 de Mayo de 1934

―Aquí es la sala de estar, la cocina, el comedor, la sala de juegos; ahí es el baño y arriba quedan los cuartos. ¿Quieres subir?

―Eh… claro.

―Éste es el cuarto de mis padres, ese es el de huéspedes… ―Edward fue diciendo a medida que pasábamos por la puertas. Y entonces se detuvo frente a una, abriéndola―. Y éste es mi cuarto.

Bella permaneció en la puerta, mirando hacia todos los lados que sus ojos curiosos conseguían alcanzar.

―Uau, es mucho más organizado que el mío ―comentó riendo.

Los dos permanecieron en silencio algún tiempo. Edward pensaba en la profundidad de aquellos ojos castaños, y cómo aquella chica parecía tan encantadora cuando se ruborizaba. Bella, por su parte, no podía dejar de pensar en que el verde de los ojos del chico era el más lindo que había visto, brillantes como dos esmeraldas.

―¿Estudias en la escuela del barrio?

—Sí, mamá consiguió la transferencia y comienzo mañana. ¿Estudias ahí también?

―Sí, y si quieres podemos ir juntos. Pero solo si quieres… pensé que podrías llegar ya conociendo a alguien. Pero soy solo yo, tú puedes…

―Hey, calma. Entendí lo que quisiste decir. Me encantaría. No estaba realmente muy emocionado por comenzar todo de nuevo en una nueva escuela.

Bella creyó que iba a morir cuando Edward le brindó la sonrisa más perfecta que había visto. Sonreía de manera torcida, dándole un aire aún más misterioso, mostrando sus blancos dientes.

―Sé que no debería preguntar, pero ¿cuántos años tienes?

―Cumplo 15 en septiembre. ¿Y tú?

―Cumplo 16 el veinte del mes que viene. ¿Sabes? Espero que podamos tener alguna clase juntos.

Bella se sintió avergonzada y trató de cambiar de tema. El bello piano de cola, recostado contra una de las paredes del cuarto, fue el escape perfecto.

—Mierda… ¿ese piano es tuyo? ―preguntó, acercándose al instrumento.

―Sí, toco desde niño. ¿También tocas?

―No, no… soy pésima. Pero adoro la música.

Edward se sentó al piano, haciendo un gesto para que Bella se sentara a su lado. Comprobó las teclas y después una melodía llenó el ambiente. *

―¿Claro de Luna?

―¿Conoces a Debussy? ―preguntó, pareciendo sorprendido.

―Claro. Es uno de mis compositores preferidos. Mamá dice que cuando yo era pequeña, solo me dormía con el sonido de esa canción.

Edward sonrió, balanceando la cabeza.

―¿Qué pasó?

―No, nada.

―Claro que pasó algo. Cuéntame.

―Es solo que... yo también solo podía dormir al sonido de esta canción. Y por eso mismo, fue una de las primeras que aprendí a tocar. Siempre me calma. Si quieres, te puedo enseñar…

―Oh… me encantaría, pero vas a necesitar de mucha paciencia.

―Puedo ser paciente ―respondió, guiñándole un ojo.

Edward se levantó, haciendo que Bella se sentara bien, en el centro del banco, quedando de pie detrás de ella. Al tomar sus manos para posicionarlas sobre las teclas, los dos sintieron como si una corriente eléctrica hubiese pasado entre ellos. Algo que nunca había sentido ninguno de los dos.

―¿Edward? ―llamó Bella después del tercer intento frustrado de aprender a tocar la melodía.

―¿Sí, Bella?

―¿De dónde vinieron ustedes?

―De Alemania.

―¿Y por qué se mudaron?

―¿Ya oíste hablar de Hitler?

―Algunas cosas.

―Él es el canciller de Alemania, y comenzó a difundir algunas ideas prejuiciosas. Él cree que los alemanes son de una raza superior y que algunas otras razas deben ser eliminadas.

―¡Qué horrible!

―Sí. Mi papá cree que no tarda mucho para que tengamos una nueva guerra.

―¿Guerra? ―exclamó Bella―. ¿Será?

―Sinceramente no sé, pero él viene ganando muchos seguidores en Alemania. Por eso decidimos salir de ahí y regresar a Francia.

―Pero el gobierno francés nunca apoyaría algo así. Estoy segura que estarán a salvo aquí.

―Ojalá.

Edward se dio cuenta que Bella se quedó perdida en sus pensamientos después de que él habló sobre la posibilidad de la guerra.

—Pss… hey… ¿qué pasó? ―preguntó, acariciando las mejillas de ella.

―Nada… es solo que… mi abuela contaba horribles historias de la Gran Guerra.

―Olvídate de eso, Bella. Nosotros estamos a salvo aquí, en Francia. Además, no permitiré que nada malo te pase.

―¿Edward?

―¿Sí?

―Gracias.

Los dos continuaron presos en la mirada del otro. El silencio no era incómodo entre ellos.

―¡Edward!

―¡Bella!

La voz de sus madres desde el piso de abajo despertó a cada uno de su ensimismamiento. Al llegar a la sala, se encontraron a Renée ya de pié, cerca de la puerta.

―Bella, hija, tenemos que irnos. Necesito terminar de preparar la cena. Y tú debes arreglar tus materiales para mañana la escuela. Despídete de Edward y Elizabeth.

―Adiós Señora Masen, fue un placer. Adiós Edward. ¿Nos vemos mañana aquí en frente para ir a la escuela?

―Claro, Bella. Te estaré esperando.

―Hum, ¿por lo visto tú y Edward se entendieron? ―preguntó Renée, siempre curiosa.

―Sí, parece ser un buen chico.

―Parecen realmente una buena familia ―confirmó Renée.

Aquella noche, tanto Isabella como Edward, tuvieron sueños extraños. Bella soñó con diversas esmeraldas, una más brillante que la otra, mientras Edward soñaba con una cascada de chocolate derretido. A las seis de la mañana, ambos ya estaban en pié, ansiosos por primera vez en la vida, ante la idea de ir a la escuela.

.

.

.

16 de Julio de 1942

―¡Bella! ¡Bella, despierta!

Abrí los ojos despacio, rezando internamente para que Edward estuviese frente a mí y todo aquello solo hubiese pasado en una pesadilla. Pero al mirar bien a la figura agachada frente a mí, vi a Emmett con una expresión preocupada, y una rubia simplemente deslumbrante a su lado.

―¿Emmett? ¿Dónde está Edward?

―No es momento de hablar de eso, Bella. Necesito sacarte de aquí lo más rápido posible. Dentro de poco es el toque de queda y no puedes quedarte aquí sola, es peligroso.

―No voy a ninguna parte en cuanto Edward no esté de regreso ―grité, sintiendo nuevamente a las lágrimas caer por mi rostro.

Pude ver cómo Emmett y la rubia intercambiaban miradas, y poco después ella salió del cuarto, dejándonos a solas.

―Bella, necesito que te calmes. Por ti y por Edward también. ¿Ok?

Moví mi cabeza afirmativamente, sin conseguir decir una palabra, mientras sentía a las lágrimas fluyendo como una cascada.

―Shh, Bella, va a estar todo bien ―dijo Emmett, abrazándome―. Pero ahora, necesito que me cuentes qué estabas haciendo aquí y si te hicieron algo.

―Estoy bien. Eric llegó a la radio diciendo que los nazis estaban capturando a los judíos, y me vine corriendo para avisarle a Edward… pero aparentemente llegué demasiado tarde ―dije, volviendo a sentir la humedad en mis ojos.

―Está bien, querida. Ahora lo importante es que te saquemos segura de aquí. Voy a bajar para ver con Rose si está todo despejado para salir. No me tardo.

Apenas se puso en pié, una cosa pasó por mi cabeza.

―¿Emm?

―¿Sí, Bella? ―respondió girándose, ya en la puerta.

―¿Qué es lo que tú y esa rubia están haciendo aquí? ¿Cómo me encontraron?

Aunque intentó disfrazarlo, pude notar su nerviosismo antes que volviera a hablar.

―Prometo que te explicaré todo más tarde. Ahora tenemos que salir rápido de aquí.

Y, diciendo eso, me dejó nuevamente sola, en el cuarto donde Edward y yo tantas veces nos amamos. Mi mente viajó a nuestra última vez, en la víspera del compromiso, en esa misma cama.

.

Flashback

―¿Edward, estás en casa?

―¡En el cuarto, amor!

Al abrir la puerta fue imposible no quedar deslumbrada con toda la preparación que Edward le había hecho al lugar. El cuarto estaba iluminado por la luz de algunas velas sostenidas en los candeleros al lado de la cama. Una melodía suave se podía oír al fondo, mientras pétalos de rosas de varios colores estaban esparcidos por el suelo y por la cama. Apenas abrí la puerta pude sentir el perfume de Edward embriagándome, y no tardé mucho en sentir el sabor de su boca en la mía. Me atrapó en un beso en el que me demostraba todo su deseo. El beso era urgente, codicioso. Solté un gemido mientras él movía su cadera, dejándome saber cuán excitado estaba ya.

―Uau, ¿puedo saber a qué se debe todo esto? ―pregunté cuando nos separamos para recuperar el aliento.

―¿No puedo sorprender a mi futura esposa después de un día exhaustivo de trabajo? ―preguntó mientras depositaba besos húmedos por mi cuello.

―Hum… si es para ser recibida siempre así, voy a empezar a quejarme de cansancio todos los días ―respondí, alzando una ceja y sonriéndole maliciosamente.

―Por mí está bien ―dijo, guiñándome un ojo y mostrándome aquella sonrisa torcida que dejaba débiles a mis piernas.

Pero antes de que corriera el riesgo de caerme, sentí a sus fuertes brazos pegándome contra su pecho y caminando conmigo en dirección al baño. Ahí, la bañera ya estaba debidamente llena, con espuma en la medida que me gustaba y con algunos pétalos flotando en el agua. Edward comenzó a desvestirme, besando cada parte de piel que iba quedando expuesta para él. Después de sacarme los tacones, las pantimedias, la fada y la camisa, dejándome apenas con un conjunto de bragas y sujetador de encaje, me hizo poner de pie nuevamente, girándome frente a él.

―¿Tienes idea de cuán deslumbrante eres? ―preguntó, pasando la lengua por sus labios antes de acortar la distancia entre nosotros y besarme una vez más.

Cuando ya estaba rayando en la locura, Edward interrumpió el beso, sacándome la lencería y colocándome delicadamente dentro de la bañera.

―Ahora, mi amor, intenta relajarte mucho. Ya regreso.

―Hey, ¿cómo así? ¿No vas a entrar en ésta bañera conmigo? ―pregunté, intentando poner mi mejor cara de persuasión.

―Por ahora no. Intenta aprovechar tu baño. ¿Quién sabe si más tarde? ―preguntó con un guiño.

Y diciendo eso se giró, dejándome ahí, sumergida por lo que me pareció una eternidad. Edward regresó tiempo después, vistiendo solo un calzoncillo negro, haciéndome casi babear ante su perfecto cuerpo. Delicadamente me envolvió en la toalla y me pegó una vez más a su pecho, colocándome esta vez, acostada en mitad de la cama.

―Tan hermosa así, toda mojadita. ¿Puedo limpiarte?

―Adelante.

Me alcé sobre mis codos, solo para ver a Edward arrodillado entre mis piernas. Tomó mi pie y comenzó a limpiar las gotitas de agua que aún estaban ahí. Fue posible contener los gemidos a medida que comenzó a subir por mis piernas. Al llegar a mis muslos, en lugar de limpiar el agua, Edward comenzó a darme leves mordidas en el lugar, llevándome al delirio.

―¡Edward, por favor!

―¿Qué, amor?

―No me provoques de esa manera.

Soltó una risita antes de apartar aún más mis piernas y darme una lamida en el lugar donde más necesitaba de él. Un gemido alto salió de mi boca mientras dejaba a mi cabeza caer sobre la almohada, y sentía a su lengua invadirme. Después, usó dos de sus dedos para sustituir a su lengua y pasó a mordisquear y chupar mi clítoris, haciéndome gritar aún más por él.

―No pares, Edward, no pares.

―No pienso detenerme, amor. Disfruta para mí, ven, déjame sentir tu sabor ―pidió antes de morder una vez más mi pulsante centro. Solo eso bastó para que sintiese una onda de placer invadirme, entregándome totalmente al placer proporcionado por él.

Edward sorbió cada gota, lamiendo cada centímetro de mi entrada, dispuesto a no desperdiciar ni un poco de mi esencia. En seguida atrapó mis labios nuevamente, haciéndome sentir la deliciosa mezcla de nuestros sabores en mi boca.

―¿Edward?

―¿Sí, amor?

―Necesito más. Necesito sentirte, por favor.

―Sus deseos son una orden, madame.

Y diciendo aquello, volvió a besarme. Mientras nuestras lenguas liaban una batalla sin vencedores en nuestras bocas, me penetraba lentamente, como siempre hacía, dándome tiempo para acostumbrarme con su tamaño dentro de mí.

―Te amo ―susurró en mi oído antes de comenzar a moverse a un ritmo calmo.

Mis manos fueron a parar a su cabello, intentando al máximo traerlo aún más cerca, como si intentara transformarnos en uno solo. Poco a poco, fue aumentando el ritmo, haciéndome gemir aún más su nombre, los sonidos haciéndose eco por todo el cuarto.

Mientras su miembro entraba y salía de mí, en movimientos a veces rápidos, a veces lentos, Edward distribuía besos húmedos por mi torso y mis senos. Poco después pude sentir su respiración en mi oído, llevándome a la locura con su voz ronca pidiéndome venirme una vez más, antes de darme una leve mordida en el lóbulo de mi oreja.

Eso fue lo necesario para que sintiera a mis paredes contrayéndose alrededor de su miembro. Edward aumentó el ritmo de sus estocadas, llevándome una vez más al paraíso. Sentí a mi cuerpo entregándose al placer y a la lujuria, y me dejé llevar, gritando su nombre una vez más.

Poco después, Edward pasó a estocar aún con más intensidad mientras yo pasaba las uñas por su cuero cabelludo, como sabía que le gustaba. No tardó mucho y sentí a su líquido impulsarse dentro de mí, dejándome aún más satisfecha.

Edward unió su sudada frente con la mía, nuestras miradas presas una en la otra, mientras nuestras respiraciones volvían a la normalidad. Despacio salió de mí y me acurrucó a su lado, halando la sábana sobre nuestros cuerpos desnudos.

Un poco antes de caer en un sueño profundo, lo escuché murmurar en mi oído.

―Te amo, mi Bella. Nada nos va a separar.

Fin flashback

.

Fui sacada de mi ensimismamiento por el regreso de Emmett, acompañado nuevamente por la rubia, a quien él había llamado Rose antes de salir.

―¿Lista para irte? ―me preguntó ella con voz fuerte, pero al mismo tiempo mandándome una mirada llena de ternura.

―Sí, solo necesito tomar algunas cosas.

―No hay tiempo para eso, Bella. El toque de queda ya sonó hace algunos minutos. Nos ocuparemos de eso después, lo prometo. ¡Ahora vámonos, por favor! ―prácticamente imploro Emmett.

Apenas asentí con la cabeza mientras las lágrimas insistían en continuar cayendo. Tuve tiempo solo de dar una última mirada al cuarto y de colocar el portarretrato sobre la chaqueta, antes de que Emmett y Rosalie me agarrasen de los brazos, levantándome, para irnos de ahí. Cuando llegamos al jardín de la casa y Rose abrió la puerta del carro para que yo pudiese entrar, oímos órdenes de detenernos.

―¡Alto ahí!

―Los tres nos detuvimos inmediatamente, y pude notar el intercambio de miradas inquietas entre Emmett y la rubia.

―¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí después del toque de queda? ―preguntó un soldado alemán, rubio, alto y muy joven, en cuyo uniforme se leía "Teniente Newton"

―Mi amiga se estaba sintiendo mal e íbamos a llevarla al hospital ―trató de responder Emmett.

―¿Usted vive ahí? ―preguntó el soldado, apuntando a la casa detrás de nosotros.

―No…

―Sí. ―Emmett y yo respondimos al mismo tempo.

―Le pregunté a su amiga y no al señor ―volvió a decir el alemán, esta vez de forma áspera.

―Mi prometido vivía ahí. Sería nuestra casa después del matrimonio ―respondí con voz temblorosa.

―¿Prometida de un inmundo judío?

―Ella no lo sabía ―trató de intervenir Rose, dándome un pellizco para que me quedase callada―. Y por eso es que está en ese estado, se puso mal, su presión bajó al descubrir todo.

―¿Eso es verdad? ―preguntó el Teniente Newton, mirándome directamente a los ojos.

Solo asentí con la cabeza, sin fuerzas para decir algo en voz alta. Sentí como si estuviese traicionando a mi Edward.

―Déjenme ver sus documentos.

Entregamos nuestros documentos al soldado alemán, quien revisó cada uno detenidamente. Por fin, después de dejarnos esperando por mucho tiempo, regresó para devolvernos los tres documentos.

―Muy bien, voy a darles un salvoconducto para que puedan ir al hospital tranquilamente. Pero nada de meterse en problemas, ¿entendido?

―Sí señor ―respondió Emmett, abriendo la puerta rápidamente para que Rosalie y yo entráramos en el carro.

―Y en cuanto a ti, princesa ―dijo el teniente, halándome de la mano―. Cuando quieras saber lo que es un hombre de verdad, búscame. Estoy seguro que tengo el remedio que putitas como tu necesitan.

―¡Ni muerta! ―grité, empujando al teniente hacia atrás y entrando rápidamente en el carro, con lo cual Emmett arrancó antes siquiera de que hubiese terminado de cerrar la puerta, dejando a un teniente Newton colérico en la calzada.

―¡Niña, estás loca! ―gritó Rosalie mientras continuaba riendose de la expresión enfurecida del Teniente Alemán―. A propósito, mi nombre es Rosalie Hale. ¡Un placer!

―Hola ―respondí, mostrándole una sonrisa sincera a la rubia sentada al lado de Emmett en el carro.

―No la felicites, Rosalie. Si ese teniente se topa con Bella de nuevo estará en problemas. Y tengo que protegerla hasta que Edward esté de regreso ―gruñó Emmett.

―Si regresa ―susurró Rosalie.

―Va a regresar. Me juró que nada nos separaría ―dije, bastante controlada, sorprendiendo a los dos ocupantes de los asientos de enfrente, quienes pensaban que no estaba prestando atención a su conversa―. ¿Para dónde me llevas, Emmett? Este no es el camino a mi casa.

―Para mi casa, Bella. Es el mejor lugar para que te quedes por hoy. Desde allá avisamos a tus padres, ellos están preocupados con tu desaparición.

―¿Emm?

―¿Hum?

―¿Qué está pasando?

―Después conversamos. Ahora necesitas descansar un poco. Apenas lleguemos Rosalie te va a ayudar a tomar un baño, mientras yo preparo algo para que comas y después te acuestes. Necesito que seas fuerte, Bella.

.

.

.

El camino hasta la casa de Emmett fue rápido y sin imprevistos. Apenas llegamos Rose subió conmigo, ayudándome a desnudarme y entrar en un relajante baño mientras escogía alguna ropa. La manera como la rubia se movía tranquilamente por la casa ―como si estuviese acostumbrada a estar ahí―, y el hecho de tener mudas de ropa en el armario, no me pasó desapercibido. ¿Pero por qué Emmett nunca había comentado que tenía una mujer o una novia? ¿No éramos amigos? Y, principalmente, ¿no se decía ser el mejor amigo de Edward? Algo extraño estaba pasando y no estaba dispuesta a salir de ahí sin algunas respuestas.

Apenas salí del baño escuché que golpearon a la puerta del cuarto. Y poco después la cabeza de Emmett apareció por la rendija de la puerta.

―¿Puedo entrar? Traje tostadas francesas (1) y una copa de vino para ti.

―Gracias, Emm, pero no tengo hambre.

―¡Bella, necesitas ser fuerte, querida! Las cosas se volvieron difíciles a partir de ahora, y necesitas estar bien alimentada. Además de eso, ¿tuve una pelea terrible con el pan y el sartén por nada? ―preguntó, haciendo un puchero que lo dejaba parecido a un niño.

―Está bien, yo como. Pero solo tú puedes conseguir complicarte en preparar una simple tostada francesa ―dije riendo.

―¿Simples? Las tostadas francesas exigen toda una técnica. Y es necesario ser un gran chef para que queden en la consistencia perfecta, así como esas.

―Aja.

―Así me hieres, Bella ―dijo Emmett, poniendo la mano en su corazón, como si estuviese realmente muy herido.

―¿Emm?

―¿Qué?

―Creo que debemos tener una charla seria, ¿no es cierto?

―Bella, confía en mí. Prometo que te voy a contar todo, apenas sepa bien lo que está pasando. Intenta dormir y mañana conversamos. ¿Confías en mi amistad?

―Sí, claro. ¿Pero puedo preguntar otra cosa?

―Adelante.

―¿Quién es esa rubia?

―Rose es… una amiga mía.

―¿Amiga que anda libremente por tu casa y tiene ropa guardad en tu armario? ―pregunté riendo y alzando una ceja.

―Es complicado. Prometo que después sabrás todo. Ahora tienes que dormir, Bella. ¡Es lo mejor que puedes hacer! ―dijo Emmett, dirigiéndose ya hacia la puerta.

―Emm…

―¿Sí, Bella? ―Emmett respondió a medio camino de la salida.

―Vamos a encontrar a Edward, ¿lo vamos a hacer?

―Espero que sí, Bella. Espero que sí…

.

.

.

―Todo indica que están entre los judíos capturados en la mega operación que ocurrió en los últimos dos días (2). Lo siento mucho, Emmett ―dijo Alice, golpeando el hombro de aquel hombre al que ya consideraba un amigo.

―Ya me lo imaginaba. ¿Alguien sabe hacia dónde los están llevando?

―Parece que anoche partieron algunos trenes rumbo a Auschwitz (3), mientras otros se fueron en dirección a Drancy (4). Pero no tenemos cómo saber en cual tren estaba cada uno de ellos ―completó Rose.

―No importa cual… cualquiera de ellos es un infierno en la tierra. ¡Pobre Edward! Pobre familia Masen. Y ahora, ¿qué hacemos con Bella? ―preguntó Emmett, pasándose la mano repetidamente por el rostro, en señal clara de exasperación.

―Por experiencia propia, ella necesita saber. No hay nada peor que esa angustia de sentirse impotente. Solo yo sé lo que pasé cuando Jasper fue llevado. ¡¿Quién sabe si Bella no decide ayudar también?! ―volvió a manifestarse Alice.

―¿Estás loca, Alice? No puedo exponer a Bella a un riesgo de estos. ¿Qué hago si algo le pasa a ella también? Y ella…

―¿No crees que esa es una decisión que debe ser tomada por mí? ―lo interrumpí, haciéndome notar, parada al fondo de la sala donde Emmett, Rosalie y Alice conversaban.

―Bella… te despertaste ―dijo Emmett, visiblemente nervioso―. ¿Hace cuánto tiempo estás ahí?

―El tiempo suficiente para escuchar lo que necesitaba saber ―dije, con lágrimas en los ojos.

―Bella, cálmate, por favor ―pidió Rose―. Ven, vamos a desayunar y mientras eso conversamos sobre lo que escuchaste.

Del cuarto fuimos directamente a la cocina, pero lo que menos quería era comer. Desde que oí la palabra Auschwitz, sentía a mi estómago revuelto y sabía que si me ponía cualquier alimento en la boca, sería expulsado inmediatamente. Mientras tomaba una taza de café que Rosalie me había servido noté el intenso intercambio de miradas entre los otros tres presentes en la mesa.

―Y entonces, ¿cuál de los tres me va a contar lo que está pasando? ―pregunté, alternando la mirada entre cada uno de ellos.

―Creo que debería contarte yo. Al final, soy en más involucrado con todo esto. Casi tanto como ella ―dijo Emmett, poniéndose en pie―. Bella, voy a ir directo al asunto.

―Es todo lo que vengo pidiendo desde anoche, Emm.

―Parece que Edward y el resto de la familia Masen fueron capturados anoche en la operación que los nazis armaron para arrestar a los judíos que vivían aquí en París. Y, por lo que todo indica, ellos están siendo llevados hacia Auschwitz o hacia Drancy, pero no tenemos cómo saberlo con seguridad.

Sentí que en mi cabeza un mareo, como si toda la sangre hubiese dejado mi cuerpo. Mi peor pesadilla desde que los alemanes invadieron Francia estaba sucediendo. Recordé las innumerables discusiones que tuve con Edward sobre el asunto después de la toma de París.

.

Flashback

―Edward, por favor, debemos irnos de aquí.

―No me voy, Bella, no sirve de nada.

―¿Pero por qué no? ¡Los alemanes están aquí, en el lugar que nunca esperábamos que ellos fueran a invadir! París se volvió peligroso.

―Por eso mismo, Bella. No voy a abandonar a mis padres.

―¿Pero quién está hablando de abandonarlos? Vámonos todos.

―¿Y hacia dónde nos iríamos!

―A Londres, Estados Unidos, no sé, Edward. A cualquier lugar lejos de aquí.

―No voy a continuar huyendo, Bella. No sirve huir. Si ellos toman Francia con tanta facilidad, ¿qué crees que va a pasar con los otros países?

―No lo sé, Edward. Solo sé que no aguanto más toda esta tensión.

―Calma, amor. Confía en mí. No va a pasarme nada. Te voy a proteger… con mi vida si es necesario.

Fin flashback

.

Mis ojos quedaron borrosos debido a las lágrimas acumuladas, pero me juré a mí misma, en ese momento, que no lloraría. Iba incluso a usar todo mi dolor para algo útil: salvar a Edward.

―¿Están juntos?

―No tenemos cómo saber los detalles, Bella. Por lo menos, no por ahora. No tenemos ni cómo saber si ellos… continúan vivos ―respondió Emmett, pasándose la mano por el cabello.

―¡Nunca más repitas eso frente a mí! ―grité―. No voy a perder a mi prometido por esta guerra estúpida. ¡Me reúso a eso!

―Ya veo que ella es de las mía. A propósito, soy Alice Cullen.

―Hola ―respondí, forzando una sonrisa para la pequeña saltarina frente a mí―. ¿Cómo saben sobre todo esto?

―Bella, hacemos parte de la Resistencia Francesa (5). Anoche te encontramos por casualidad, fuimos hasta la casa de Edward con la esperanza de lograr salvarlo y llevarlo a un lugar seguro, pero ya era tarde ―explicó Rose.

―Nunca me voy a perdonar por eso. Ya salvé a tanta gente y no fui capaz de salvar a mi mejor amigo y a su familia… ―murmuró Emmett, dando un golpe en la mesa.

―Culparte no sirve de nada, Emm. Sabes que no podemos salvar a todos los judíos. Somos pocos comparados al tamaño del ejército alemán ―dijo Rose, abrazando a Emmett y dándole un beso en el tope de la cabeza.

―¿Cómo entraron en esto? ―pregunté.

―Estaba escuchado la radio un día y escuché al General de Gaulle (6) llamando a la población a unirse y hacer parte de la Resistencia. No lo pensé dos veces y salí en busca de alguna información, de alguien que pudiese ponerme en contacto con las personas correctas. Días después terminé recibiendo por casualidad un panfleto, y desde entonces, vengo ayudando en lo que puedo ―explicó Emmett.

―Yo no podía quedarme parada viendo cómo los alemanes acaban con nuestra Francia. Por eso comencé a buscar formas de ayudar, hasta que terminé encontrando en la facultad información sobre la Resistencia ―dijo Rose.

―Y yo entré después de pasar algo como lo tuyo. Mi marido fue llevado una tarde, cuando llegaba del trabajo. Poco después, Emmett golpeó a mi puerta, ofreciéndome ayuda y explicándome qué era la Resistencia. Decidí entrar para buscar a mi Jasper y también para no enloquecer ―comentó Alice, con lágrimas en los ojos―. ¡Necesitas ser fuerte, querida! Por más difícil que pueda parecer en este momento.

―¿Y qué es lo que hacen?

―Por lo general… escondemos judíos…

―… boicoteamos algunas acciones del ejército alemán…

―… pasamos personas de un lado a otro de la frontera…

―Estoy dispuesta a luchar también. ¿Qué tengo que hacer?

―Bella, calma. No es una decisión que se tome así como así, en el calor del momento. ¡Es peligroso! Las personas de la Resistencia que son capturadas por los alemanes son fusiladas inmediatamente. Por favor… no te precipites.

―No me estoy precipitando, Emm. ¡Estoy harta de ver a los alemanes usando a mi país como si fuese un lugar de nadie! Voy a hacer algo por Edward y por otros millares de judíos que viven en Francia.

―¡Es así como se habla, Bella! ―exclamó Alice, corriendo para abrazarme.

―Bienvenida al equipo ―Rose me abrazó también―. A propósito, es bueno poder, finalmente, conocer a alguien que hace parte de la vida "normal" de mi Osito ―ella enmendó, mirando apasionadamente a Emmett.

―Ya que no me queda alternativa… bienvenida a la lucha, Bella. Tengo la seguridad que, si estuviese aquí, Edward estaría muy orgulloso de ti ―dijo Emmett, halándome para un abrazo de oso.

―Lo estará, Emm, estoy segura… orgulloso de todos nosotros. Ahora necesito pasar a casa de mis papás para tranquilizarlos y después ir a mi casa. Necesito estar un poco sola para pensar.

―También tenemos que irnos ―Rose y Alice dijeron, comenzando a tomar sus cosas―. Bien, te damos un aventón.

Las tres salimos juntas y no tardó mucho para que llegara a casa de mis papás, en el centro de París.

―¿Bella? ¡Bella, hija mía, gracias a Dios! ¿Qué pasó contigo? Te ves terrible.

―Calma, mamá, estoy bien. Cansada, tal vez un poco choqueada aún, mas bien. ¿Qué pasó por aquí? ―pregunté, mirando a la casa de los vecinos, donde el césped había sido quemado y una gran Estrella de David (7) había sido pintada en la puerta.

―Estaba llegando de la escuela cuando vi a los alemanes llevándose a Elizabeth y a su marido. Fue horrible, Bella. Ellos golpeaban al señor Masen sin piedad y uno de ellos arrastraba a Elizabeth por los cabellos. Tuve tanto miedo hija mía…

―Mamá, necesito un baño. Después conversamos, ¿está bien?

―Cierto, querida. Ve a descansar. Estoy preparando el almuerzo, dentro de poco te llamo.

Subí a mi antiguo cuarto, y sin siquiera quitarme la ropa, me tiré sobre la cama, llorando desesperadamente. ¿Dónde estaba Edward ahora? ¿Será que lo maltrataron como mamá dice que hicieron con el señor Masen? ¿Y si… y si sucede lo peor?

Estaba así, llorando descontroladamente, cuando mi papá entró en el cuarto y se sentó a mi lado en la cama, halándome a su regazo.

―Shhh, nena, va a estar todo bien.

―Me duele tanto, papá… tengo tanto miedo de que él no lo soporte. ¿Qué voy a hacer sin él?

―¿Lo estás viendo, Bella? Ese era mi miedo desde el comienzo. ¿Pero no fuiste tú misma quien me dijo, aquí en este mismo cuarto, que el amor era capaz de superar cualquier obstáculo? ¿Y que tu amor y el de Edward era lo bastante fuerte para resistir las pruebas de esta guerra? Entonces, querida mía. Necesitas ser fuerte. Estoy seguro que él también está intentando ser fuerte, donde quiera que esté.

―Así será, papá. Así será… ―Esperé un momento, analizando si era el momento correcto para darle la noticia―. ¿Papá?

―¿Qué pasó, querida?

―Hoy tomé una decisión al enterarme de lo que pasó.

―¿Qué decisión?

―Voy a entrar a la Resistencia. Voy a usar mi profesión y las armas que tengo para luchar a favor de los judíos y por la libertad de nuestra Francia.

―¡No! ―gritó Renée desde la puerta―. ¡Bella, eso es una locura!

—Loca voy a volverme si no hago algo. Está decidido, mamá, ¡voy a entrar en la Resistencia!

―Piensa en mi situación, Bella. ¿Qué voy a hacer el día en que al contrario de ser a mis vecinos, los alemanes vienen a golpear la puerta, en busca de mi hija?

―Puedes estar tranquila, mamá, nadie me va a atrapar. A partir de ahora ustedes ya no me verán con tanta frecuencia, no voy a poner a nadie en riesgo. No se preocupen, estaré en contacto por teléfono. Estén tranquilos, nada me va a pasar ―dije, abrazando a mis papás, antes de caminar en dirección a la puerta del cuarto.

―¿Bella? ―oí que mi papá me llamaba.

―¿Sí?

―Tienes mi bendición y mi apoyo total.

―Gracias, papá. ―Y diciendo eso bajé las escaleras que me conducían a la calle, dejando a una Renée cubierta de lágrimas en el piso de arriba, siendo consolada por un orgulloso Charlie.


NOTA DE AUTORA

(1) Tostadas Francesas: muy comunes en las casas y cafés franceses. Hechas con pan remojado en una mezcla de huevo y leche, y después llevadas a tostar en un sartén. Puede ser servida con miel, mermelada, mantequilla…

(2) En los días 16 y 17 de Julio de 1942 el ejército alemán en Francia, hizo una mega operación para capturar a los judíos que vivían no solo en París, también en diversas regiones de Francia. Se estima que treinta mil personas fueron llevadas presas y deportadas a los campos de concentración. De estas, poco más de tres mil habrían sobrevivido.

(3) El campo de concentración de Auschwitz quedaba en Polonia. Estaba dividido en tres áreas. Auschwitz I, campo de concentración original, que servía de centro administrativo para todo el complejo. Auschwitz II (Birkenau), campo de exterminio, donde murieron aproximadamente un millón de judíos y cerca de diecinueve mil gitanos. Y Auschwitz III, era utilizado como campo de trabajo de esclavos para las empresas IG Farben, pero se estima que entre un millón y un millón y medio de personas murieron ahí.

(4) El campo de deportación de Drancy fue un campo temporal en la ciudad de Drancy, a pocos kilómetros del norte de París. Originalmente era un proyecto inmobiliario público, pero fue convertido en centro de detención para judíos y también homosexuales y otros tildados de "indeseables", que eran encerrados ahí y se quedaban esperando los transportes ferroviarios que los llevarían a Auschwitz y otros campos de exterminio y de concentración alemanes.

(5) La Resistencia Francesa fue un movimiento formado por franceses que no aceptaban la sumisión del estado Francés al poder nazi, y estaban desilusionados con la política colaboracionista. Los miembros de la Resistencia boicoteaban al ejército alemán como podían, ayudaban a judíos, transportaban personas de un lado a otro de la frontera, etc. Sus miembros eran conocidos como partisans (partidarios en francés)

(6) Charles André Joseph Marie de Gaulle fue un general, político y estadista francés. Fue líder de las fuerzas francesas libres durante la Segunda Guerra Mundial y jefe del gobierno provisional de 1944-1946. Fue presidente de Francia en 1959 a 1969.

(7) La Estrella de David es un símbolo en forma de estrella, compuesta por dos triángulos sobrepuestos, iguales, teniendo una punta para arriba y otra para abajo, usada por el judaísmo y por sus seguidores. Durante la guerra, los nazis obligan a los judíos a usar el símbolo y también marcaban con este los lugares frecuentados por los judíos.


Bien, hasta aquí llego, por hoy… uff… ¿opiniones? ¿Reacciones? ¿Qué creen que pasará? ¿Dónde creen que está Edward y los Masen? Espero con ansias sus lindos comentarios.

Muchas gracias por los reviews del capítulo anterior, me alegra mucho leerlos, aunque no los contesto, los leo todos y me hacen sonreír, regálenme sonrisas :D gracias por sus favoritos y alertas todo en conjunto es un pago magnífico :D

Nos leemos en 15 días.

Bejos

Merce