Capítulo 2
1 mes después
-Gracias por haber venido conmigo Ryu.
Le dijo Joey a su hermanito. Ryu sabía que Joey estaba inquieto, porque esa misma noche se suponía que el carruaje tirado por los dos impresionantes dragones blancos de ojos azules aterrizaría al fin en los terrenos del castillo Kaiba.
-No ha sido nada. Estoy encantado de no tener que ver más al idiota de Tristan.
Le aseguró Ryu y luego, respirando hondo, se sinceró dejando saber aquello que por educación nunca habría dejado saber en otra situación.
-Siempre pensé que quien había abusado de ti fue uno de esos malditos renegados que nos secuestraron, nunca pensé que hubiera sido el primo favorito de nuestro rey Yami Atemu, el gran Duque Seto Kaiba Atemu.
Joey miró a Ryu impresionado.
-Seto no abusó de mí, fui yo... bueno eso ya no importa, pero te aseguro por mi vida y la de mi hijo que él no se aprovechó de mí, Ryu, y si miento en este mismo instante Mokuba se puede convertir en rana.
Le dijo Joey solemnemente. Ryu lo miró sin entender, pero prefirió no indagar más asintiendo.
-Pásame a Mokuba, por favor.
Le pidió Ryu. Joey sonrió y le pasó a su hermanito pequeño el pequeño bultito castaño envuelto en mantas que era Mokuba Sekir Kaiba Wheeler.
-¿Seguro que ya estás recuperado del parto?
Le preguntó Ryu preocupado.
-Ya te dije que sí Ryu.
Le respondió Joey con una sonrisa tierna. Ryu sonrió mientras sostenía con cuidado y con cariño a su sobrino.
-Bien, ya no molestaré más con lo mismo.
Rió Ryu. Cayó la noche y con ello llegaron al castillo Kaiba, aún más hermoso e impresionante que el Wheeler. Joey bajó primero del carruaje y cogió en brazos a su hijo para que Ryu pudiera bajar.
-Conde Wheeler, Duque de Kaiba-Dijo el mayordomo con una reverencia y a Joey su nuevo título le supo extraño.-Bienvenidos, es un placer que estén aquí, acompáñenme por favor-Pidió el mayordomo-Los sirvientes se encargarán del equipaje.
Joey y Ryu lo siguieron, sabiendo que el mayordomo sabía cuál era cada uno porque aunque Joey apenas era más alto que Ryu ambos eran muy distintos: mientras Joey era rubio, Ryu era peliblanco y su pelo le llegaba casi hasta la cintura; era diferente a Joey pero también sumamente hermoso, aunque los cálidos ojos ligeramente más oscuros que los de Joey dejaba muy en claro a todos que ambos eran familia.
En el vestíbulo del castillo estaba Seto y otro hombre muy impresionante, alto, fuerte, ligeramente moreno, de cabellos rubios opacos y de ojos violetas cerca de los 20 años.
-Joey, Ryu, os presento a mi primo Marik, es el hijo del hermano de mi padre. Y ellos dos, Marik, son mi encantador cuñado Ryu Wheeler, y mi esposo y consorte, Joey. Marik tiene un hermano pequeño pero Malik anda de viaje.
Presentó Seto al desconocido y a los recién llegados. Marik saludó con una reverencia y un coqueto beso en la mano a los dos recién llegados.
Ryu no pudo evitar estremecerse ante aquellos ojos violetas que lo miraban fijamente.
-¿Puedo tomar al pequeño en brazos?
Preguntó Marik a Joey, quien le sonrió abiertamente.
-Claro Marik, puede coger a su sobrino, se llama Mokuba Sekir.
Le respondió Joey pasándole su precioso hijito al moreno.
La imagen de Marik con su pequeño sobrino en brazos hizo que el joven corazón de Ryu diera un vuelco. Marik miró a Joey con una sonrisa.
-No hay duda de que es un Kaiba tiene la forma de los ojos nuestros y además se parece muchísimo a Seto. ¿Sabe si el pequeño es fértil como usted, Joey, o aún no?
-La prueba mágica para comprobar si es fértil se le hará cuando cumpla cuatro meses, hasta entonces es imposible saber si es o no es fértil.
Le informó Joey.
-¿Es usted también fértil, joven Ryu?
Ryu asintió tímidamente a la pregunta de Marik.
-Mi hermano Malik también lo es ¿Qué edad tiene Ryu?
Quiso saber Marik.
-14, está a punto de cumplir los 15.
Respondió Joey al percatarse de que Ryu estaba demasiado, muy avergonzado como para abrir la boca.
Fue entonces que Seto tomó desprevenido a Joey atrayéndolo hacia sí y besándolo profundamente. Cuando Seto lo soltó, Joey se sintió tan mareado que se tuvo que apoyar en Seto para mantenerse erguido. Aquel era su primer beso y la verdad es que le había encantado.
-Ryu bienvenido a mi humilde hogar, estás en tu casa.
Le dijo Seto al más joven de los dos Wheeler, besándole la mano galantemente.
-Pensé que tendrían hambre, así que ordené que sirvieran la mesa.
Les informó Seto. Los dos jóvenes se alegraron.
-Gracias a Ra, la verdad es que nosotros dos estamos hambrientos. Menos Mokuba quien se alimentó muy bien gracias a su aba.
Dijo Ryu con todo el descaro de sus casi quince años, mientras acariciaba la coronilla del pequeño bebé en brazos de Marik.
Ryu tomó al pequeño en brazos, mientras Marik le pasaba una mano por la espalda y lo conducía al comedor. Una vez en el comedor se sentaron en la gran y elegante mesa a comer.
-Dale el pequeño a Yugi, Ryu. Yugi Motu es el niñero que contratamos para que cuide de Mokuba. Dáselo, así podremos comer más cómodamente.
Le dijo Seto.
Yugi Motu era un muchacho que debía de ser mayor que Ryu, pero menor que Joey, tenía el cabello tricolor atado elegantemente en una coleta que caía hasta la mitad de su espalda, unos espectaculares ojos violeta, pero de un violeta mucho mas intenso que los de Marik, la piel como la porcelana, no era muy alto, incluso era de la misma estatura o un poco más bajo que Ryu; además de su espectacular físico, el muchacho Motu tenía una sonrisa encantadora y amable, que lo hacía destacar.
Ryu le entregó el bebé a Yugi, después de una mirada a Joey quien asintió conforme.
-Llevaré al pequeño a sus habitaciones para que duerma.
Informó Yugi llevándose al bebé, después de que ambos padres se mostraran de acuerdo y se despidieran del pequeño.
Después de que hubieran comido, Ryu se levantó de la mesa pidiendo permiso para retirarse.
-Buenas noches, yo ya me retiro a descansar pero antes quisiera poder pasar a ver a Mokuba.
Pidió Ryu.
-Vaya cuñado y descanse.
Le dijo Seto a Ryu con una sonrisa amable.
-Ven, yo te conduciré a las habitaciones de Mokuba.
Se ofreció Marik. Ryu se despidió de Joey y de Seto, y se retiró con Marik. Joey se viró hacia su marido nervioso al verse a solas con él.
-¿Mokuba va a tener sus propias habitaciones?
-Sí.
Respondió Seto tranquilamente.
-Es muy pequeño para estar solo, necesita que yo lo cuide.
Dijo Joey tímidamente.
-Yugi estará al pendiente de él y cualquier cosa nos avisará. ¿Se levanta mucho nuestro hijo en las noches?
-Casi nunca-Confesó Joey.
-Bien, ven conmigo - Ordenó Seto levantándose-Las habitaciones de Ryu quedan junto a las de Mokuba por si te tranquiliza saberlo-Le informó Seto mientras subía las elegantes escaleras del vestíbulo con Joey, quien se limitó a asentir.
-¿Dónde dormiré¿Con Ryu o con Mokuba?
Quiso saber Joey mientras seguía a Seto por los corredores que le eran desconocidos. Seto rió fría y secamente.
-Con ninguno de los dos. Eres mi consorte y dormirás donde te corresponde... en mis habitaciones.
-Supongo que tendré lecho propio ¿verdad?
Preguntó Joey asustado.
-Supones mal, querido. Dormirás en mi lecho, conmigo.
Joey se paró en seco, soltándose de la mano de Seto y clavando prácticamente los pies en el suelo.
-No.
Casi gritó alarmado Joey.
-Sí ¿O acaso te repudia tanto la sola idea?
Joey tragó saliva al recordar el apasionado beso que Seto le había dado y cómo su cuerpo había reaccionado.
-Claro que te repudio. Me obligaste a ser tu consorte y estar a tu lado. ¿Qué pretendías¿Que estuviera encantado con la idea?
Seto rió, pero Joey se estremeció, pues esa carcajada estaba desprovista de todo rastro de humor.
-Eres un mentiroso, sabes que tu adorable cuerpo reaccionó cuando te besé. Mírate, ahora tiemblas ante mi simple cercanía.
Le dijo Seto al pobre Joey a quien había acorralado contra la pared.
-Nunca me acostaré contigo.
Dijo Joey asustado.
-Pero si ya lo hiciste una vez.
-Y con esa vez me bastó.
-Dormirás conmigo Joey.
Se burló Seto.
- ¿O qué¿Me vas a pegar?
Le desafió Joey.
-No me tientes-Le advirtió Seto en un tono de voz que solamente se le podía calificar de peligroso.-Jamás abusaría de mi fuerza física. Pero no voy a permitir que te salgas con la tuya, como cuando estuvimos secuestrados e hiciste lo que se te vino en gana. Así que no juegues con fuego-Le advirtió Seto.
-Que miedo te tengo-Se burló Joey-¿Por qué no te vas al infierno? Antes que dormir contigo, duermo en un nido de serpientes venenosas, al final resultaría mucho más seguro.
-Vamos a la cama.
-No, este matrimonio nunca se consumará.
Hastiado ya de la actitud infantil de Joey, Seto le advirtió:
-O vienes a nuestra habitación por tu propio pie o te llevaré arrastrado de tus rubios cabellos.
-¡No te atreverías!
Le gritó Joey nerviosamente.
-¿Quieres apostar?
Lo retó Seto.
-Eres un maldito bastardo.
Le gritó Joey muerto de miedo al borde del colapso nervioso.
-Es la última vez que te lo digo Joey, o caminas tú o te llevo yo.
Tal vez si los pies le hubieran respondido al pobre rubio, este hubiera echado a correr, pero no lo hacían, así que cuando Kaiba se lo echó al hombro como un saco de patatas, empezó a gritar como un poseso.
Seto abrió la puerta de sus habitaciones y la cerró de una patada, para cruzar luego la pequeña salita de la habitación y dirigirse a la enorme cama donde dejó caer a Joey. Joey trató de salir por el otro lado de la cama, pero lo único que consiguió, fue que Seto lo atara a la cama con una facilidad asombrosa.
-No, por favor, déjame.
Sollozó Joey asustado.
-Te quieres calmar, ni siquiera te he tocado.
Le dijo Seto hastiado.
-Suéltame.
Le rogó Joey en un susurro tembloroso.
-¿Por qué tienes tanto miedo?-Le preguntó, dejándose enternecer momentáneamente por los ojos aguados de su consorte.
-Tú, no quiero sentir ese horrible dolor que sentí, cuando... cuando... no otra vez.
-No lo sentirás, te preparé bien.
Le aseguró Seto. Otra persona habría dejado a Joey libre en esos momentos, pero no Seto Kaiba.
Seto tenía que ajustar las cuentas, las cosas no podrían estar en paz o marchar bien entre ambos, hasta que hubiera tomado a Joey por él mismo y porque así lo quería.
Era una cuestión de orgullo, Joey había tomado algo que sólo era suyo, su semilla.
Le había arrebatado el derecho de elegir quién le daría a su primogénito, pues Joey había tomado ese derecho para sí.
Y un Kaiba no podía tener deudas de orgullo. Y Joey tenía una enorme con él.
Pero le haría las cosas más fáciles al rubio. Rebuscó en un pequeño cofre hasta sacar un pequeño frasquito, frasquito que contenía una pócima de un color verde fosforescente, pócima que Joey reconoció.
-Exacto, cariño, la misma pócima que una vez nos unió. Facilita bastante las cosas.
Le dijo Seto malicioso.
Continuará...
