3. Don't stop believing*
- ¿Qué te has hecho, Steven? Es bueno verte otra vez por aquí.
- Gracias, Buck. He estado ocupado, pero seguramente me verás con más frecuencia. No puedo estar encerrado toda la vida.
Jenny, Crema Agria y Ronaldo hicieron gestos de aquiescencia. Todos habían visto a Connie con su novio, y sabían perfectamente cuál era el problema de Steven. Pero lo apreciaban demasiado para molestarlo con eso. Las heridas de Steven seguramente estaban frescas, y los cuatro sabían suficiente sobre decepciones amorosas como para evitar cometer una imprudencia.
- ¿Vas a pasar a la Caminata Frita, Steven? - dijo Ronaldo -. Hace tiempo que nadie se lleva las sobras.
- Gracias, Ronaldo. Pero por ahora prefiero las cosas dulces. Iré a la Gran Rosquilla. ¿Alguno de ustedes quiere algo?
Los muchachos negaron con la cabeza.
- Iremos de paseo en el auto de Jenny, Steven. Nosotros nos preguntábamos si tú querías ir.
- No amigo. Gracias. Creo que solo caminaré un poco por ahí. Quizá después vaya a Funland.
- Buena idea - dijo Crema Agria. Por alguna razón, Funland era un lugar que Connie y su novio parecían evitar.
- Nos vemos, amigos - dijo Steven, y se encaminó a la Gran Rosquilla.
Cuando entró, solamente Sadie estaba en el mostrador. La chica lo saludó efusivamente.
- ¡Hola, Steven! Me alegro mucho de verte.
- Yo también, Sadie.
- ¿Ya te sientes mejor?
Steven sonrió ligeramente. Ya había imaginado que ella sí se atrevería a preguntarle.
- Un poco... Bueno. Trato de sentirme mejor. Aceptar la realidad.
Sadie asintió y se hizo un silencio tan breve como incómodo.
- ¿Especial de chocolate?
- Sí
Sadie empacó dos rosquillas y se las entregó. Steven pagó y se volvió para irse.
- Steven...
- ¿Sí?
- Créeme que sé cómo te sientes. También a mí me han roto el corazón algunas veces.
Steven asintió. Tuvo que parpadear para contener las lágrimas.
- Estas cosas nos pasan a todos, ¿entiendes? Pero no todos las asimilan igual. A mí... Me dolería mucho ver que el chico tan dulce y maravilloso que eres se transforme en algo diferente. En una persona cínica y resentida.
- Es que... Todavía no sé lo que hice mal, Sadie. Yo creía que... Nosotros...
Ya no pudo decir nada. Su voz se quebró y comenzó a llorar. Sadie le dio vuelta al mostrador y lo abrazó para confortarlo.
- No, Steven. Tú no hiciste nada malo, puedes estar seguro. Lo que pasa es qué... En el corazón nadie manda, y creo que Connie creció un poco más rápido que tú.
Steven la estrechó con más fuerza y Sadie continuó.
-Eres la mejor persona que conozco, Steven. Y algún día, una chica tan maravillosa como tú se dará cuenta de lo que eres. Y te amará tanto, pero tanto; que tú olvidarás estos momentos de tristeza para siempre.
- Gracias Sadie.
- Es un hecho, Steven. Créelo, porque así será. Pero tienes que creer, amigo. Nunca dejes de creer.
Steven salió de la Gran Rosquilla sintiéndose mejor y reconfortado. Sus amigos, y especialmente Sadie, se habían portado muy bien con él.
En verdad hizo mal en encerrarse en sí mismo, habiendo tantas personas que estaban dispuestas a apoyarlo y consolarlo...
Una voz dulce y melodiosa lo apartó de sus pensamientos. Levantó la mirada y se quedó tan sorprendido que ni siquiera atinó a decir algo.
- Perdón. Te preguntaba si sabes cómo llegar a la Punta Este.
Steven la miró. Tenía un aspecto increíblemente peculiar, que jamás había visto antes en un ser humano. Era una chica alta y esbelta, con un cuerpo perfectamente proporcionado. Su largo cabello color lino enmarcaba un rostro bellísimo. Pero lo más llamativo de aquella muchacha eran sus ojos: el derecho era color ámbar, y el izquierdo de un verde intenso.
Steven solo había visto unos ojos parecidos en Garnet.
- ¿Eres una gema?
- ¿Perdón? - respondió la chica sin entender.
La miró de arriba a abajo. El brevísimo atuendo de la chica dejaba gran cantidad de piel al descubierto, pero no tenía una gema en ningún sitio donde él pudiera ver.
- ¿Terminaste tu inspección? - dijo la chica divertida. Parecía estar acostumbrada a las miradas muy poco discretas.
- No puedo ver tu gema - dijo Steven.
- ¿Gema? No soy hindú, ¿sabes? Y si lo fuera, la gema estaría en mi frente, no en mis piernas o entre mis bubis.
- Oh. Entonces eres un ser humano - dijo Steven, como si no acabara de creerlo.
- Ehhh... - balbuceó la muchacha. Estaba empezando a pensar que tal vez ese chico encantador no estaba muy bien de la cabeza.
La mirada de la chica hizo que Steven por fin se diera cuenta de la mala impresión que estaba causando.
- No, perdóname. Te estoy confundiendo. Es que nunca había visto a una persona como tú.
- Ah, ¿te refieres a mi heterocromía?
- ¿Heterocromía? - repitió Steven, perplejo.
- Sí - dijo ella, con el aire de quien ha dado la misma explicación muchas veces -. Mis ojos son de colores diferentes. A eso se le llama heterocromía total. Y tienes razón. No somos muchas las personas que la tenemos.
La chica le regaló una hermosa sonrisa, y Steven sintió que se le subían los colores al rostro.
- Eso... Pero también tu piel, tu pelo...
- ¡Oh, allá en Suecia habemos muchas personas así!
- ¿En serio? ¿Eres de otro país? ¡Ah, lo siento, mis modales! Me llamo Steven. Steven Universe.
- Y yo soy Lofn. Lofn Olafsson.
- Lofnnn - repitió Steven, arrastrando la voz.
La chica sonrió, divertida.
- No necesitas esforzarte por pronunciar la n del final. Es una pronunciación suave. Casi como si no existiera.
- Lofn.
- ¡Eso! Es un placer conocerte, Steven.
Steven extendió la mano para saludarla, pero ella lo sorprendió tomando suavemente su cabeza y dándole un beso muy cerca de la comisura de los labios. Esto hizo que el chico se sonrojara de nuevo.
- Me preguntaba si sabes cómo llegar a Punta Este.
- Oh. Es un poco complicado, porque no hay un camino directo. Primero toma por esta avenida y camina doscientos metros hasta el tercer camino. Luego dobla a la izquierda y sigues por dos kilómetros hasta...
La chica prestó atención, pero pronto se perdió y tuvo que pedirle que repitiera las indicaciones.
- Discúlpame, pero soy pésima para orientarme. Y apenas llevo una semana viviendo en Ciudad Playa.
Steven lo pensó un momento y tuvo una feliz idea.
- ¿Te gustaría que yo te llevara? Podemos caminar hasta allá.
- ¿De verdad, Steven? - dijo la muchacha entusiasmada-. ¿No estoy abusando de tu tiempo?
- Para nada. ¡Vamos!
Pasaron una tarde maravillosa juntos. La muchachita tenía un espléndido sentido del humor, y una alegría natural muy parecida a la de Steven. Estuvieron bromeando y caminando por los alrededores de Ciudad Playa; requisaron las sobras de la Caminata Frita; disfrutaron juntos una pizza de pescado, y ya estaba bien entrada la noche cuando se sentaron en el muelle a descansar.
- ¿Sabes Steven? Me gusta mucho Ciudad Playa. Me recuerda a los pequeños pueblos costeros que rodean el puerto de Skellefteä, en Suecia.
- ¿En serio? ¿Y por qué se mudaron a Ciudad Playa?
- Oh... El trabajo de papá -Dijo ella, al tiempo que se levantaba y se sacudía el polvo de sus diminutos shorts-. ¿Te gustaría comer un perrito caliente antes de que tenga que irme a casa, Steven? ¡Yo invito!
El muchachito no respondió. Siguiendo un impulso inevitable, se había quedado hipnotizado viendo el cuerpo de la hermosa chica mientras ella se sacudía. Nunca le había pasado algo así.
Ella se dio cuenta de lo que Steven miraba, y se sonrió.
- ¡Steven!
El grito lo hizo salir de su trance. De pronto, fue consciente de lo que había hecho y se ruborizó. Pero la muchacha repitió su oferta y no manifestó ninguna molestia por lo ocurrido.
Con algo de pena, Steven aceptó.
Una hora después, estaban afuera de la casa de ella. Todas las luces estaban apagadas. A Steven le extrañó un poco que sus padres no estuvieran esperándola, pero no dijo nada.
- La pase increíble, Steven. ¿Estarías disponible mañana?
- ¡Claro! Casi siempre estoy disponible.
- ¡Perfecto! Iré a buscarte al templo, entonces. ¿Te parece bien a las doce?
- ¡Fantástico! Pero... ¿acaso te dije donde vivo? - preguntó desconcertado.
- ¿Oh? Cierto, no me dijiste. ¿En el muelle está bien, entonces?
- Claro que sí. Nos vemos allá.
Lofn se acercó a Steven y le dio un beso bien plantado en la comisura de los labios. Steven sintió que una corriente eléctrica lo recorría. Los labios de la muchacha eran tan cálidos y suaves...
Se quedaron silenciosos unos momentos. La chica lo miraba sonriente. Sus hermosos y peculiares ojos eran perturbadores.
- Steven, ¿tienes novia? - dijo de pronto.
- ¿Eh? Yo... No.
Ella lo miraba fijamente a la cara. La sombra de tristeza que cruzó su tierno rostro fue evidente para la muchacha.
- Pero hay alguien, ¿verdad? Hubo alguien.
Steven asintió y apartó la mirada.
- Ella... No sentía lo mismo que yo. Llegó otra persona y...
Ya no pudo seguir hablando. Hizo un esfuerzo por contener las lágrimas, pero ella lo abrazó. Sus brazos y su aroma eran cálidos, reconfortantes.
- Steven, no me importa quién sea ella ni cómo se llama, ¡pero es una tonta! ¿Cómo pudo dejar ir a un chico tan lindo y divertido como tú?
Lo abrazó con más fuerza y le enterró los labios en la mejilla.
- No te desanimes, cariño. El amor verdadero te llegará. Estoy segura que ya está llegando a tu vida.
Aquella noche, por primera vez desde la llamada, Steven no pensaba en Connie.
Era Lofn, su nueva amiga, la que ocupaba todos sus pensamientos. La tarde y la noche pasaron en un suspiro mientras disfrutaba de sus bromas, su maravilloso humor; sus mil anécdotas fascinantes del lejano país en el que había nacido.
Estaba fascinado por ella. Por su personalidad y su aspecto. Aquellos ojos extraordinarios que brillaban con alegría.
Y aquellos labios color cereza que despedían fuego y dulzura.
Cerro los ojos mientras pensaba en ella, y en un instante de fugaz inconsciencia, se imaginó que aquellos labios tocaban los suyos.
*. - Capítulo basado en la melodía interpretada por el ensamble musical de la serie: Glee
