Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

TODO POR UNA PROMESA

Capítulo 2

Los hermosos rayos del sol del atardecer iluminaban delicadamente las camelias del lugar, mientras el suave viento traía consigo miles de pequeños pétalos rosados arrancados de los majestuosos cerezos, dando la impresión de que estuviera nevando. Todo ese momento estaba enmarcado en un precioso cielo matizado por rojizos colores.

Sin embargo, ambos jóvenes no estaban disfrutando del espectáculo que les brindaba la naturaleza, puesto que estaban sumidos en sus propias emociones, perdidos cada cual en los ojos del otro, acercándose lentamente, impulsados por el deseo oculto de un amor prohibido. Cerca, muy cerca de consumar aquel gesto en demostración del sentimiento puro que los consumía desde años, una conocida voz los sacó abruptamente del romántico trance.

— ¡June! ¿Qué haces aquí? —la voz sonó autoritaria, propia de quién hablaba.

Al escucharla, ambos sintieron un escalofrío recorrerle el cuerpo. Shun se apartó inmediatamente de la joven y se inclinó, bajando su rostro en muestra de respeto hacia quien los había interrumpido.

— Kazumi- sama —habló el joven con respeto.

— Joven Shun —la voz de la señora del clan era suave, pero reflejaba su autoridad— Creí que usted era un hombre de palabra, no pensé que tendríamos que tener esta conversación nuevamente —su voz sonaba decepcionada.

— Lamento mucho lo ocurrido… —iba a seguir hablando, pero la joven lo interrumpió. June había bajado su velo, asustada de las repercusiones que podría traerle al joven su propia osadía. Pero, no se quedaría callada, ella jamás dejaría que él sufriera las consecuencias de sus actos.

— ¡Madre! —alzó la voz para ser escuchada— No es su culpa, fui yo la que vine hasta este lugar —habló a medida que se fue acercando a su progenitora.

— Eso ya lo sé. Te he estado buscando hace rato —le dijo, mirándola con firmeza —Es mejor que vayas a tu cuarto —finalizó dando vuelta el rostro en señal de decepción.

— Pero, madre, déjame explicarte, por favor —suplicó la joven, temiendo por Shun.

— Shunrei, acompáñala hasta su cuarto —dijo Kazumi, dirigiéndose a su sirvienta, sin darle la oportunidad de hablar.

June bajó los brazos. Sabía que su madre era muy amorosa y compasiva, pero no perdonaba la desobediencia. Por ahora, era mejor cumplir con lo que le estaba pidiendo para así disminuir un poco su visible enojo. Antes de partir dirigió su mirada hacia Shun, sin embargo no pudo ver sus ojos como ella esperaba, pues él aún mantenía su cabeza inclinada. Sintió una punzada atravesarle el corazón, rogaba que este incidente no le trajera consecuencias graves a aquel joven que amaba con todo su corazón. Partió a su habitación escoltada por Shunrei.

— Joven Shun, como señora de este clan le estoy enormemente agradecida por los excelentes servicios que nos ha prestado, protegiendo y resguardando nuestras vidas y propiedades. Pero, tal como ya hablamos hace dos años atrás, su lugar dentro de este clan está delimitado por las tradiciones y costumbres de nuestro amado país. Creo que usted tiene claro eso ¿o me equivoco? —finalizó, interrogando al joven.

— No se equivoca, Kazumi-sama. Tengo muy claro mi lugar aquí y estoy agradecido de la amabilidad con la que nos ha tratado a mí y mi hermano a lo largo de estos años. Además, usted conoce mis sentimientos hacia su hija y sabe que jamás le haría daño —habló con honestidad.

— Claro que los conozco y también los de mi hija… por lo mismo es indispensable que mantengan la distancia —dijo, dándose la vuelta —Espero que su característica lealtad, de la que tanto habla mi esposo, se vea reflejada en sus actos hacia mi hija. No quiero verla sufrir más —terminó de decir, mientras emprendía su camino de vuelta al castillo.

— Así será, Kazumi-sama —habló con decisión, esperando que ella se fuera más tranquila.

Después que la señora del clan se hubiese retirado, Shun aún seguía inclinado en el suelo perturbado por lo que acababa de ocurrir. Enojado consigo mismo, cerró sus puños y los estrelló en la tierra con rabia. Finalmente, se puso de pie y visiblemente disgustado se dirigió hacia el bosque donde entrenaban desde pequeños. Miró los centenarios árboles marcados por las innumerables armas que usaban en sus prácticas, recordando aquel momento en el que decidió guiar a June hasta ahí.

….

La niña se sentó entusiasmada de poder ver a su padre entrenar a un shinobi. Era su sueño, desde que él le había contado acerca de los niños que practicaban esa disciplina bajo su tutela. Maravillada, veía al niño que se notaba mayor que ella, mientras saltaba, esquivaba y arremetía contra su maestro. Aunque las armas que usaban eran de madera en ese momento, él mostraba una determinación en su mirada como si estuviera en una batalla real. Vio como a una gran velocidad, saltó lanzando varias armas pequeñas, por lo que su padre tuvo que cubrirse con los brazos y aprovechando ese brevísimo instante en que bajó la guardia, el pequeño sacó un bokken de su espalda y alzando sus brazos por sobre su cabeza, se dirigió corriendo hacia su maestro seguro de que lo derrotaría.

La niña tuvo que poner sus manos en sus labios para no dejar escapar un grito y cerró sus ojos asustada, pues estaba segura de que había logrado golpear a su padre con aquella arma. Pero, grande fue su sorpresa al abrirlos de verlo con el arma en la mano y el niño sosteniéndola aún muy sorprendido.

Ikki es el más osado de nosotros. Siempre está buscando la manera de vencer al maestro —Shun se acercó al ver la cara de temor de la niña— Pero hasta ahora aún no lo ha logrado —le sonrió al decir esas palabras para darle un poco de tranquilidad.

¡June! ¿Cómo llegaste hasta aquí? —de pronto escuchó la voz de su padre llamándola.

Sintió el temor recorrerle la espalda, pues la miraba muy enojado. Además, pudo sentir muchas otras miradas que se posaron en su presencia en aquel apartado lugar. Se quedó muda por primera vez, hasta que vio como su padre se acercaba.

Padre, vine porque prometiste convertirme en shinobi —dijo finalmente con voz decidida.

Al escucharla, Albiore no pudo evitar soltar una carcajada. Su hija era tan terca como él. Aunque se lo había prometido, cansado de que constantemente se lo pidiera, nunca pensó que ella en verdad estaba decidida a eso.

Se dice kunoichi —dijo rectificándola.

¿Ah? —no entendió lo que su padre trataba de decirle.

Si entrenas, no será un shinobi, sino una kunoichi —le explicó, mientras llegaba hasta ella. Se quedó mirándola con ternura, pues sabía que ella tenía su mismo espíritu luchador— ¿En verdad quieres convertirte en una guerrera?

Sí, eso es lo que quiero —se puso de pie al decir estas palabras. Su padre, dándose cuenta de que no podría convencerla de lo contrario, cerró sus ojos y cruzó sus brazos, pensando en la mejor manera de hacerla entrenar ese mismo día.

Shaina, acércate —llamó a una de las niñas que entrenaban para kunoichi— Lleva a mi hija a que se coloque ropa más cómoda para entrenar.

La niña hizo una reverencia, presentándose ante la princesa y la condujo hasta las habitaciones donde tenían dispuesta la ropa que debían usar en los entrenamientos.

Shun se quedó observando como June caminó decidida a cumplir con su deseo. Sonrió al pensar que ahora ella sería parte del grupo, ya que había visto que era una niña simpática y amable. Esperaba que pudieran ser amigos algún día.

….

Llegó hecha un mar de emociones a su habitación. La consumía el enojo consigo misma por haber sido tan imprudente, además del temor que se anidaba en su pecho por no saber qué pasaría con Shun. Todo eso mezclado con la maravillosa sensación de sentirse correspondida en su amor, lo que provocaba cosquillas en su estómago. Daba vueltas por el cuarto, suspirando cada vez que recordaba lo cerca que estuvo de ser besada por Shun. Cerró sus ojos para recordar ese momento y una sonrisa apareció en sus labios, hasta cierto punto había valido la pena el haberse escapado. Solo debía averiguar qué había pasado con el joven.

Al verla tan inquieta, la amable sirvienta se acercó a ella.

— ¿Necesita algo, June-sama? —preguntó.

— Shunrei… ¿has estado enamorada alguna vez? —la joven se había detenido a mirar el ocaso a través de la puerta, mientras hacía esa pregunta a la joven que la acompañaba.

— Si —dijo tímidamente.

— ¿Y eres correspondida? —su voz sonaba melancólica.

— Aún no lo sé, pero espero que sí.

— ¿No es un amor imposible?

— Creo que no. ¿Por qué lo pregunta? —la joven se acercó a June. Todos sabían de su amor de infancia, pero no pensaban que fuera algo tan arraigado.

— Eres afortunada, Shunrei. Deberías atreverte a decirle a aquel joven que te gusta —se volteó a verla— De seguro lo harás feliz.

La sirvienta se quedó mirándola, apenada por sus palabras. Al encontrarla junto a Shun en el jardín se dio cuenta de que su amor era verdadero y no un capricho como muchos decían. Aunque estaba asustada en ese momento, su hermoso rostro se veía iluminado por sus mejillas sonrojadas y sus ojos brillaban de manera especial. Por primera vez, sintió lástima del destino cruel que pesaba sobre aquella joven debido a su noble nacimiento y que la separaba cruelmente del ser más importante para ella.

— Si desea algo, puede pedírmelo. Puedo ayudarla en lo que necesite —dijo decidida, ya que propuso aliviar el dolor de ella como fuera posible.

June, primero se asombró, pero luego se acercó a ella, abrazándola, sorprendiendo a su vez a aquella amable joven.

— Muchas gracias, Shunrei. Eres la primera que comprende mi situación —habló agradecida por la iniciativa de su sirvienta.

— Voy a averiguar qué pasó con el joven Shun y le vengo a informar —después del gesto de la princesa, se decidió aún más a ayudarla. Se despidió de ella, después de dejar todo listo en la habitación para que la joven se acostara a dormir. Sin embargo, ella no dormiría hasta que volviera con la información.

….

Quedaba muy poco del día, solo unos leves matices iluminaban aún el oscuro cielo. Aunque a la vista de cualquiera nada podía distinguirse en aquel bosque, él era un shinobi entrenado precisamente para sobrellevar esas situaciones. Tomó las cadenas que colgaban del cinturón de su cadera y las estiró, concentrándose en su blanco. Alzó su vista hacia los árboles que tenía en frente lanzando sus cadenas y con una espectacular puntería, botó las frutas que colgaban de las ramas. Repitió la misma operación muchas veces, con el mismo resultado. Entrenar era una buena forma de superar su frustración y disgusto.

— Nunca me canso de ver tu excelente puntería —la voz de Seiya se escuchaba en el lugar, aunque aún no podía verlo— Si fueras tan decidido como tu hermano, serías el mejor de todos.

Shun no le contestó nada. Su filosofía era evitar dañar al enemigo si era posible, pues consideraba cruel asesinarlos sin darles una oportunidad de emendar su camino. Había pagado caro su modo de pensar a través de su entrenamiento, ya que éste estaba enfocado en la precisión para acabar rápida y sigilosamente con el contrincante. Pero, debido a su convicción, la mayor parte de las veces terminaba herido por sus propios compañeros. En esos momentos, era June quien se acercaba a ayudarlo y reconfortarlo. Movió su cabeza de un lado a otro, deseando que esas imágenes salieran de su mente, ya que no le ayudaban en nada a cumplir con su promesa.

— ¿Pasó algo malo que no me contestas? —Seiya ya lo conocía y estaba seguro de que nada bueno había sucedido para encontrarlo ahí entrenando.

— ¿Quieres acompañarme en mi práctica? —preguntó finalmente Shun.

— Estaba esperando que dijeras eso —sintió como el castaño se movió con agilidad entre los árboles.

Shun se puso en posición defensiva, atento a cualquier señal de su amigo. Las cadenas colgaban aún de sus manos, dispuesto a lanzarlas ante el primer ataque del castaño. De pronto, vio una enceguecedora luz aparecer por sobre su cabeza y muchos shurikens salían despedidos de ella. Era la técnica distractora de Seiya. Aunque la luz era intensa, lanzó sus cadenas para evitar que esas armas llegaran hasta él, chocando con ellas en el aire, logrando derribarlas en su totalidad. Pero, aunque sabía que se había librado de ese ataque, Seiya aparecería en cualquier momento, por lo que, concentrado en su defensa, un rápido viento comenzó a rodearlo elevando las hojas que se encontraban a su alrededor. Al fin pudo percibir la presencia de su amigo, quien había salido de su escondite y con su yumi extendido, lo apuntaba. Ambos se miraron y una sonrisa se dibujó en sus labios, ya que era ataque contra defensa. Seiya afirmó la flecha en aquel enorme arco que era su arma característica, y la soltó satisfecho de su ataque. Shun se concentró y con rapidez extendió su kurasi-gama, la que impelida por el viento que emanaba se dirigió rápida a encontrarse con la flecha. Ambas armas chocaron, enredándose la cadena en aquella veloz saeta. Aunque todo ese ataque solo duró unos minutos, fue suficiente para que ellos se sintieran compensados con su práctica.

— Siempre es un gusto entrenar contigo —dijo Seiya acercándose.

— Gracias amigo —Shun sabía que se preocupaba por él.

— En serio, nada se compara a tu puntería —dijo pasando su brazo por sobre sus hombros— Pudiste detener mi flecha en el aire. Pero la próxima no te la haré tan fácil.

— Como tú digas… cuando quieras podemos intentarlo de nuevo —le sonrió agradecido a su amigo.

En medio de la oscuridad de la noche sintieron el grito de un ave sobre sus cabezas.

—Es Suzaku, el halcón de Ikki —dijo Shun, alzando su brazo— Debe traer algún mensaje de él.

El ave hizo algunos círculos en el cielo antes de descender y posarse en su brazo. Batió sus alas un momento hasta que finalmente se quedó quieto. Ahí, atado a su pata, traía atado el mensaje de su hermano. Tomó el papel enrollado y sacó de su bolsillo un trozo de fruta como recompensa para el halcón. Este, tomando su premio, emprendió su vuelo nuevamente. Shun lo vio alejarse, pensando en cómo estaría Ikki. Volvió su vista hacia el pequeño rollo y lo abrió para leer las escuetas palabras: "Regresamos mañana".

Miró a Seiya, repitiendo lo que había leído y ambos sonrieron contentos. Algo debió suceder para que volvieran tan pronto, pero sabía que su hermano estaba bien, ya que había enviado a Suzaku.

Felices por la noticia, emprendieron el camino a sus cuartos para descansar al fin, aunque tenía claro que no se libraría del interrogatorio de su amigo.

Continuará…


Notas de la autora:

Espero que hayan disfrutado de este segundo capítulo. De a poco voy a ir mostrando las técnicas de cada shinobi. Además, irán apareciendo los demás personajes, teniendo cada uno su propia historia. Mi idea es que este fic sea lo más parecido a la historia original de Saint Seiya, espero lograrlo :D

Muchas gracias por apoyar esta locura mía, sus comentarios siempre me animan a seguir escribiendo.

Nuevamente, gracias por leer este capítulo y si desean pueden dejarme su opinión para saber que les ha parecido hasta ahora :D

Saludos, Selitte :)

PD: significado de palabras que quizá no conozcan.

Bokken: es un sable de madera que normalmente se utiliza para entrenar Kendo sin tener que lastimarse por el filo. Era usado porque en el antiguo Japón sólo los samuráis podían portar la katana.

Shuriken: se utilizaba normalmente, no como arma mortal sino como arma disuasoria que podía ser arrojada durante persecuciones, el cual infligía pequeñas cortadas para que el oponente se cansara y así estuviera a merced del ninja.

Yumi: término japonés para los arcos. El yumi es excepcionalmente alto, rondando los dos metros, sobrepasando la altura del arquero.

Suzaku: uno de los cuatro monstruos divinos de la mitología japonesa, representativos de los puntos cardinales. Simboliza el sur y se representa como un ave fénix. Su elemento es el fuego.