Disclaimer: arj... ¿es necesario poner esto en todos los capítulos? Que no, que nada es mío bla bla no me voy a hacer rica con esto. (Ojalá)

¡Bueno, bueno, bueno! Esta vez sí estoy muy contenta con el número de reviews. Parece que poquito a poquito va gustando, y eso es bueno. Aunque sigo recibiendo comentarios contra los SiriusLily xD, supongo que es algo que no puedo evitar. Ya os iréis acostumbrando a la pareja, aunque insisto por enésima vez que no es la pareja esencial del fic. Ains, que me voy por las ramas. Aquí está el nuevo capítulo del fic, espero que os guste y que me lo hagáis saber jaja.

Bueno, está dedicado a Sandra, y en general, a todos los que habéis venido a visitarme para hacerme más ameno mi tiempo de lesionada jaja. De veras, se agradece muchísimo. ¡Espero que os guste!

At the beginning

3. Oficializando el tema.

-¡Lily!

La puerta de su cuarto se abrió, y apareció una chica ojerosa, teléfono en mano, con cara de malas pulgas.

-Es Black... –le dijo, y la pelirroja se levantó de la cama de un salto, corriendo hacia ella. Le arrebató el teléfono de las manos.

-¿Sirius? –dijo, tratando que su emoción no fuera demasiado evidente.

La voz sonó amortiguada al otro lado del teléfono.

-Hola, Lily... –ella se mordió los labios, con los ojos brillantes, mientras su compañera de piso se alejaba negando con la cabeza-. He pensado en que podríamos salir hoy...

-No habrás reconsiderado el patinaje sobre hielo ¿verdad? –se burló, divertida, y oyó al instante la carcajada de Sirius.

-No –dijo, pesaroso-, quiero mantener alto mi ego, gracias.

-No seas tonto...

-No lo soy. Simplemente tengo otros planes.

Lily alzó una ceja.

-¿Y vas a contármelos?

-Era la idea, sí –dijo, y Lily rió-. Pensaba invitarte a comer... ¿qué dices?

Se quedó en silencio. ¿A comer? Bueno, eso sonaba más oficial que sus retos a los bolos...

-Vaya... –pudo murmurar ella.

-No me dirás ahora que intentas mantener la línea... –dedujo, contrariado-. Podemos ir a un vegetariano, si lo prefieres, aunque tenía yo pensado un italiano, ya sabes, pizza... pero vamos, que no me importa...

-Oh, no, no, la pizza está bien.

-¿Te animas, entonces?

-¿Por qué no?

-Genial... –suspiró él, con evidente alivio. Lily sonrió, apoyándose en la pared mientras jugaba con el cable del teléfono.

-Bueno, y entonces ¿a qué hora?

-Te paso a buscar a las doce.

-Bien, te espero por aquí, entonces –dijo, con voz especialmente dulce.

Colgó el teléfono, tras despedirse de Sirius, y se sintió libre por fin para dejar salir un grito de euforia. Corrió hacia la cocina, y se tiró encima de su compañera.

-Eso, aumenta mi dolor de cabeza... –se quejó ella con una sonrisa, mientras trataba de preparar unas tortitas.

Lily le dio un beso en la mejilla.

-Va, deja de imitar a Winnie de Pooh... y de paso dile a Black que no te llame a estas horas de la madrugada.

-Kaitleen, que son las once.

-Pues eso, hora de dormir, aún –dijo, con un bostezo-. ¿Es que ya no puedo ni descansar tranquila después de una intensa jornada de manifestación?

Lily soltó una carcajada, separándose de su amiga para empezar a servir la mesa.

-¿Has estado manifestándote otra vez? –chasqueó la lengua, con reprobación-. Voy a tener que vigilar dónde vas... recuerda que tienes un concierto de piano dentro de nada...

-Nah, no ha sido para tanto... nos hemos encadenado a unos árboles para evitar la tala masiva en el centro de Londres. ¡A veces parece que se olviden de que son seres vivos! –alzó una ceja-. ¿Y tú de qué te ríes? Antes solías manifestarte con nosotras... ¿o es que no te acuerdas? Fue todo un puntazo lo de las animadoras en Hogwarts...

Lily se quedó de pie con las tazas en las manos, con una sonrisa nostálgica.

-Sí, qué tiempos aquellos...

-Fue hace tres meses, Lily. Lo que pasa es que estás cambiando. ¡Black ocupa mucha parte de tu tiempo!

-¿Qué culpa tendrá Sirius? –se quejó ella, despertando de su ensoñación.

-Tú me dirás, hija, pero ahora casi pareces... pareces... ¡una ciudadana conformista! –dijo, con una mueca.

-¡Eso no es verdad! –se quejó ella, cogiendo las cucharas.

-¿Y entonces por qué no vienes nunca?

-Por falta de tiempo, ya te lo dije... pero vamos, que si te vas a sentir mejor, iré a la próxima. Que por cierto... ¿contra qué será?

-Ni idea. Aunque se ha hablado algo contra la cautividad de koalas...

-¿Eso no es en Australia?

-Sí, bueno, pero nunca viene mal que cuenten con nuestro apoyo.

Lily negó con la cabeza, con diversión.

-En fin –dijo Kaitleen, sacando las tortitas de la sartén y pasándolas a platos, con algún que otro quemazo-. ¿Qué quería el plasta de Black?

-Quedar conmigo –dijo, encogiéndose de hombros.

-Qué original... ¿y qué toca esta vez?

-Me ha invitado a comer.

A la chica de cabellos café casi se le cayeron las tortitas en el trayecto hacia la mesa.

-¿A comer? –exclamó.

-Sí ¿por qué?

-Te das cuenta de lo que eso significa ¿verdad?

-Er... sí, que no como en casa –respondió con simpleza, llevándose un trozo de tortita a la boca-. Om, te salen buenísimas, Kaity.

-No me refiero a eso, idiota –dijo, lanzándole una miga-. Quiero decir que... joder, Lily, que lo de ir a comer ya es otro nivel.

-Eh, que me lleva a un italiano, no al Rich –comentó, con la boca llena.

-Si no lo digo por eso... lo que te digo es que hay algo detrás de todo eso, tú hazme caso.

-¿Insinúas que...?

-Que te va a pedir que... ya sabes, que lo formalicéis.

Lily pareció meditarlo unos instantes, observándola con desconfianza, y finalmente tragó la comida.

-¿Tú crees?

-Estoy segura...

La pelirroja dilató sus pupilas.

-Vaya... –dijo, ladeando la cabeza-. ¿Quién lo diría? El Gran Sirius Black va a pedirme salir...

-¿Y tú le vas a decir que...?

-¡Y yo que sé! –se quejó ella, agobiada-. Eso se verá en el momento... depende de muchas cosas: de su forma de pedirlo, del ambiente del...

-Vamos, que le vas a decir que sí –sentenció su amiga, convencida.

Lily trató de aparentar seriedad, pero todo cuanto salió de su boca fue una risita emocionada, y tuvo que limitarse a agredir a su mejor amiga con el servilletero.

0o0o0

-Prongs, por última vez... ¡no me apetece ir a ningún sitio!

-Eh, vamos, Moony... si aunque te empeñes en decir lo contrario, este paseo matutino te va a hacer bien... ¡no puedes pasarte la vida entera amargándote por una chica!

-No estoy amargándome –se quejó el licántropo, prácticamente arrastrado del brazo por las calles de Londres.

-No, claro que no, simplemente llego a tu casa y te encuentro en la cama, tapado con las mantas y sin ninguna gana de salir. Eso no es sano ¿lo sabías?

-Soy mayorcito, puedo decidir.

-Ya, pues en estos momentos te estás comportando como un crío.

-Gracias, James –dijo, receloso.

El chico soltó una carcajada, y quedó parado en medio de la calle.

-Está bien, Remus, tú decides. ¿Dónde quieres ir?

Él simplemente suspiró, resignado, consciente de que ya no habría forma de convencer a James de que todo cuanto quería hacer era volver a casa y emborracharse otra vez.

-Me da igual, tío, decide tú.

-¿Seguro?

El licántropo se encogió de hombros, con cansancio.

-Sí, James, donde quieras, pero vamos ya y así te callas de una vez...

Las palabras de Remus, lejos de molestar al chico, le arrancaron una sonrisa traviesa. Sólo él podía saber lo que se le estaba pasando por su mente.

-Está bien, Remus, pues sígueme.

0o0o0

A las doce exactas, Sirius llegó a la puerta de Lily, no sin cierto nerviosismo, y llamó al timbre. Iba a llevarla a comer, a hablar con ella... y de paso, a probar suerte. Hacía ya tiempo que deseaba hacerlo, pero por uno u otro motivo jamás se había atrevido.

Se preguntó si le saldría bien la jugada.

-¡Ya voy! –se oyó al otro lado de la pared. Se abrió la puerta.

No era Lily.

-Ey, Black... ¿qué hay? –dijo con pasividad su compañera de piso, vestida únicamente con una camiseta que le llegaba hasta las pantorrillas.

-Kaitleen, qué sorpresa –respondió, con una sonrisa.

-Lily se está vistiendo, espera un poco.

Se quedaron quietos junto a la puerta. Sirius hizo un gesto de impaciencia.

-¿Puedo pasar, al menos?

-Ah, sí, sí, pasa si quieres –dijo, en medio de un bostezo.

El animago obedeció, y se detuvo junto a las escaleras. Observó a la chica de reojo, no pudiendo ocultar una sonrisa divertida.

-¿Qué? Anoche de fiesta ¿no?

-¿Fiesta? Más quisiera... estuve manifestándome.

-Ya veo... –comentó, alzando una ceja-. Tu vida no es especialmente divertida ¿sabes? Deberías divertirte.

-¿Eres psicólogo ahora, Black?

-Bah, cualquier persona con un mínimo de vida social te diría lo mismo –se burló-. Necesitas conocer gente nueva. Y... normal, para variar.

-¿Insinúas que no soy normal?

-Teniendo en cuenta que el ochenta por ciento de tu vida te la pasas encadenada a un árbol pues...

-He llegado a hacer cosas peores –añadió ella, con altanería.

Sirius tragó saliva.

-Creo que no quiero saber el qué.

-Pues mira, por ejemplo hubo una vez en la que estuvimos catorce horas de pie en pleno sol, rodeando un edificio y...

-¡He dicho que no quería oírlo! –se quejó él, y para su suerte, ambos oyeron el ruido de alguien bajando las escaleras.

Ahí estaba Lily, con un vestido informal que llegaba a la altura de su rodilla. Estaba ligeramente maquillada, y su pelo caía suelto sobre sus hombros. Aún así, Sirius jamás la había visto arreglada, y todavía estaba asumiendo la idea.

-Estás preciosa –dijo sinceramente, cuando ella terminó de bajar las escaleras.

La pelirroja sonrió.

-Tú siempre has estado tremendo, así que no hará falta que te lo diga –bromeó.

Kaitleen, apartada, rodó los ojos, y exclamó:

-Bueno, chicos, sed buenos. Si hay problemas yo no pienso ser niñera, tenedlo presente.

Lily enrojeció hasta las cejas, y con un gesto poco amoroso, Sirius se despidió de Kaitleen, mientras ambos salían por la puerta.

0o0o0

-James, no, no, no... ahí no.

-Has dicho donde yo quiera. Y da la casualidad de que yo quiero ir ahí.

-Tío, no seas cabrón. ¿Por qué vas a querer ir tú a una tienda de música de nada, eh?

El animago esbozó una sonrisa perversa. Estaba claro por qué, y Remus lo sabía también. Todo era cuestión de tiempo, en el fondo se lo agradecería. Así que haciendo caso omiso a las protestas del licántropo, empujó la puerta, y entró, arrastrándole con él.

La pequeña tienda olía a barniz, y este simple olor era suficiente para evocar mil recuerdos a Remus, quien sin poder evitarlo miraba a todas partes, tratando de encontrar algo... o a alguien.

James, mucho más tranquilo, se dirigió al mostrador, donde Ted Tonks observaba meticulosamente un violín, y ajustaba las cuerdas.

-Hola, Ted –dijo el animago.

-¡James, Remus! –exclamó él, dejando el violín-. Qué sorpresa. Hace tiempo que no sé nada de vosotros. A Sirius ya no le vemos el pelo...

-Está muy ocupado, últimamente –respondió, con picardía.

Ted rió, viendo por dónde iban los tiros.

-Ya veo... bueno, me alegro entonces. ¿Y a vosotros qué os trae por aquí?

Remus carraspeó, con nerviosismo, y consiguió llamar la atención del dueño de la tienda, que pareció comprender lo que ocurría. James alzó las cejas.

-Veníamos a hacer una visita... –dijo James, con tono distraído-. Pero vamos, que acabo de ver unas guitarras eléctricas muy interesantes, que me gustaría que me enseñaras.

Ted pilló la indirecta, y con media sonrisa se dirigió a Remus.

-¿Nos esperas aquí, entonces?

Remus se encogió de hombros. Y así, mientras James y Ted se marchaban, este último aprovechó para hacer sonar, con disimulo, la campanita de servicio. Justo cuando desaparecían hacia el sector de guitarras, se oyó un 'voy' que Remus supo identificar al instante. Cerró los ojos. Era ella.

Cuando la muchacha llegó, con prisas y una pila enorme de cajas en sus manos, y vio al licántropo ahí, parado frente al mostrador, se quedó estática.

-¿Remus? –preguntó, con timidez.

Él miró al suelo. Sabía que esto pasaría si James le llevaba a esa condenada tienda.

-Hola, Angy...

Ella tragó saliva.

-¿Qué... qué haces aquí?

Remus se rascó la nuca, con nerviosismo.

-Bueno, James... James quería mirar las guitarras y... esta con Ted dentro.

-Pero... –musitó ella-. Acaban de tocar la campana para que viniera...

El chico se encogió de hombros, y ella entendió.

-Ya veo... –dijo, algo molesta-. Ideas de Potter ¿no?

Remus asintió con la cabeza.

-En fin, Angy, yo... no pretendía... en fin, creo que será mejor que me vaya.

-¡No! –exclamó ella, cuando él hacía ademán de darse la vuelta-. Quédate, Remus... –le pidió, con tanta intensidad que al percatarse de ello, se apresuró a corregirse ruborizada-, quiero decir, que... puedes quedarte hasta que... bueno, hasta que Potter salga.

El licántropo tragó saliva, pero no dijo nada. Simplemente volvió a apoyarse en el mostrador, y ella, por su parte, empezó a colocar las cajas. El ambiente se volvió tenso.

-Remus... –dijo ella al final, apoyándose también en el mostrador, frente a él-. Esto es estúpido.

-¿A qué te refieres?

Ella suspiró, mirándole a los ojos con algo de cansancio.

-A que nos hemos dado un tiempo, pero no nos hemos declarado la guerra ¿o sí? –vio como el ceño del licántropo se fruncía-. Quiero decir que no quiero perderte como amigo también. Es una tontería que estemos así...

Remus la miró sin saber qué decir.

-Supongo que sí... –murmuró. Claro que para él iba a ser muy difícil ser su amigo después de haber estado saliendo con ella desde los quince años.

-¡En fin! Una pena que no te lleves nada, James –dijo Ted cuando volvieron, frotándose las manos.

-Sí, otra vez será...

Remus entrecerró los ojos. Todo aquel numerito de teatro no era necesario, era más que evidente que les habían dejado solos a propósito.

-Entonces ¿nos vamos? –dijo James, caminando hacia la puerta con satisfacción.

Ted se colocó en el mostrador junto a Angy, que sonreía aún con una mirada triste.

-¿Os veré entonces en el cumpleaños de Andrómeda?

-¡Claro! –dijo James, hablando por los dos-. Y traeremos a Sirius, con o sin su famosa no-novia.

Ted soltó una sonora carcajada. Remus, por su parte, aún apoyado en el mostrador, cogió por un momento la mano de Angy, dándole un pequeño apretón como despedida.

-Ya nos veremos...

0o0o0

-Sirius, por más vueltas que le des a esa gamba no se va a abrir sola...

El chico le dio un golpecito en la pierna, molesto.

-Intento abrirla al estilo muggle, con cuchillo y tenedor.

-Eso no es estilo muggle –le corrigió, divertida-. Eso es estilo pijo.

Sirius entrecerró los ojos.

-Lo haremos a tu manera –le retó, cogiéndola con la mano.

Y lo cierto es que consiguió abrirla a la primera.

-¿Lo ves? Mucho más fácil –dijo ella, concentrada en su parte de pizza.

-Yo de todas formas sigo sin entender la pizza mediterránea. ¿Dónde se ha visto una pizza de marisco?

-Aquí, por lo visto. Y la verdad es que no está mal. Aunque me gusta más esta... –le recomendó, partiendo un trozo, pinchándolo con el tenedor y acercándolo a su boca-. Mira, prueba.

El chico entreabrió los labios, recibiendo el trozo de pizza que Lily le ofrecía; y así, con el tenedor de la pelirroja en la boca de Sirius, ambos se quedaron mirando un segundo, hasta que ella sonrió, sonrojada.

-Tienes razón –dijo él-. Está mejor.

Lily cogió su vaso de agua, dando un trago. Sirius tomó aire. No podía ser tan difícil, era ahora o nunca.

-Lily... –la llamó, y ella dejó el vaso en la mesa, mirándole expectante-. Bueno, yo... en fin, hace mucho tiempo que estamos... bueno... que quedamos juntos...

-Tres meses –completó ella, con media sonrisa.

-Tres meses, cierto. Y bueno, no sé, había pensado que...

Sirius se quedó en silencio, buscando la palabra adecuada, que parecía no querer salir de sí. Lily le observaba expectante.

-¿Habías pensado que...? –dijo, incitándole a continuar.

-Me gustas, Lily –completó, tratando de empezar por el principio.

La aludida soltó una pequeña carcajada.

-Bueno, creo que es obvio que tú a mí también... –dijo con naturalidad, antes de apuntarle con el tenedor-. No como pizzas de marisco con cualquiera ¿sabes?

Sirius sonrió, algo más relajado, y carraspeó.

-En fin, pues que si yo te gusto y tú me gustas creo que lo lógico es que... –tomó aire otra vez-. Que salgamos juntos.

Lily se quedó en silencio, con una sonrisa.

-Si quieres, vamos –añadió él, algo indeciso.

La pelirroja rió de nuevo, y se estiró lo suficiente para depositar un suave besito en la mejilla del animago.

-¿Eso es un sí? –dijo él, con una sonrisa.

Lily asintió con la cabeza.

-Pues vaya 'sí' mas soso –se quejó él, entonces. Ella le miró con una ceja alzada-. Me gusta más cuando me los das aquí.

La pelirroja no pudo evitar reír al ver como el chico se señalaba los labios. Y asiéndole por los cuellos de su camisa, lo atrajo hacia ella por encima de las pizzas, para demostrarle que conocía formas... menos sosas de decir que sí.


¡Tachán! Hasta aquí el capítulo tres. Sí, sí, lo sé, me salen cortos... pero es que tienen que ser así, lo siento. Al menos, la historia avanza rapidito... ya veis que Sirius y Lily ya están saliendo juntos. Ahora Sirius tendrá que presentarla a sus amigos xDDD... y ahí empezará lo bueno jaja.

Bueno, ahora viene cuando me despido y os pido muchos reviews ¿verdad? Jaja, sí, ya sabéis que me hace feliz saber qué pensáis de esta historia. Nunca viene mal la opinión de la gente para intentar corregirte.

Bueno... ¿qué más? Veamos, hasta ahora he publicado con mucha frecuencia, pero el próximo capítulo tardará un poquito más, porque me voy de vacaciones mwahahaha... sí, estaré en la playita, y ya pensaré ideas para el fic. Prometo no tardarme mucho.

¡Besitos a todos!

Dream-kat

Miembro Story Weavers.