Capítulo 3
Estábamos bastante lejos del colegio; yo me sentía rara con él. Naraku era demasiado inalcanzable, todavía una parte de mi mente se negaba a creer que el existiese. Aún tenía muchas preguntas en mi cabeza pero ni él ni yo queríamos hablar de ese tema. Sin embargo, la pregunta que más me atormentaba era si el otro muchacho también existiese. A Naraku no le podía preguntar y tampoco quería. A pesar de sentirme extraña caminando a su lado, no me quería apartar; ni yo misma me entendía.
Cuando empezamos a caminar nos quedamos en silencio, un silencio bastante incomodo, a decir verdad. Yo soy una chica que odia el silencio, más el incómodo; no lo aguanto, ni ahora ni nunca. Esperaba que Naraku lo rompiese pero el parecía sumido en sus pensamientos; cansada, hablé yo primero.
¿Naraku, cuantos años tienes? –este se sobresaltó al oír mi voz de tan pensativo que estaba.
¿Dieciocho y vos? –preguntó Naraku, volviendo a la realidad.
Dieciséis. –respondí y comente–. ¿Sabes qué?
¿Qué cosa?
Nunca te vi en el colegio. –le conté y espere a que contestara.
Yo tampoco te había visto antes, –admitió y luego aclaró–, en persona, claro.
¿Entonces vos también soñaste conmigo? –pregunté en un susurro, no me gustaba hablar de mis sueños con nadie, ni siquiera con el.
Sí. –afirmó moviendo la cabeza para evitar mirarme.
Ahh. –dije incomoda, no había sido una buena idea hablar sobre eso con él; para cambiar de tema comenté–. Qué raro que nunca antes nos hayamos encontrado.
Capas que es porque yo nunca estoy en el patio. –contestóo Naraku.
¿Por que? –pregunte con suspicacia.
¿Qué te importa? –inquirió Naraku instantáneamente, yo me empezaba a enojar cuando se disculpó–. No sé por qué nunca estamos por ahí.
Ahh bueno. –seguía algo molesta, a nadie le dejaba tratarme mal y menos a un desconocido.
¿Estas enojada? –preguntó Naraku luego de un silencio, ya ni me esforzaba por mantener una conversación con él y vagaba en mis pensamientos en los que, ohh casualidad, estaba el.
No respondí, estaba demasiado concentrada tratando de entender lo que estaba pasando.
¿Estas molesta conmigo? –insistió Naraku y después me pidió disculpas–. No quise tratarte así.
Lo mire a los ojos, sentía que me decía la verdad, pero una parte de mí no quería creerle. Había muchos rumores en la escuela sobre la banda de Naraku, ellos prácticamente dominaban la escuela. Sus seguidores eran todos de clase media, al igual que yo, pero Naraku era hijo de unos poderosos empresarios, malcriado e hijo único hacia lo que quería y nadie lo paraba. Los rumores sobre el no eran los mejores, él era cruel con los demás, más aun si lo desafiaban. Al recordar todo esto sobre mi acompañante comencé a inquietarme y empecé a preguntarme si era una buena idea estar sola con él. Cuando recordé que estaba sola con el me ruboriza ligeramente, ese chico me atraía demasiado, aunque en mi opinión el único para mí era Inuyasha, en quien ya no pensaba tanto.
Está bien. –logré decir cuando alejé todos esos pensamientos de mi cabeza aunque aún tenía un leve sonrojo.
¿Por qué estas sonrojada? –preguntó el cuándo me miro a la cara.
Emm... por nada. –mentí nerviosa.
¿Seguro? –insistió el.
Sí. –afirmé un poco más decidida.
.
Bueno... –no me creyó para nada pero no siguió preguntando sobre eso.
En el piso había una piedra, de tan nerviosa que estaba no la vi, tropecé y casi me caigo. Rápidamente Naraku me toma por la cintura y me levanta, evitando que me lastimara. Cuando noto su mano en mi cintura mis mejillas se vuelven de un rojo intenso; todo mi cuerpo me pedía que lo bese pero algo me lo impedía. Recupero el equilibro pero Naraku no me suelta haciendo que estuviera más nerviosa todavía. Se va acercando lentamente a mis labios, lo sé y yo no quiero detenerlo, aun cuando no deje a nadie besarme esperando que Inuyasha me de el primero, cosa que no paso. Cuando estaba a tan solo unos centímetros se escucha un grito.
¡Kagome! –interrumpe Kouga, mi mejor amigo.
¿Por qué ahora? –me pregunto a mí misma y me separo de Naraku, quien no entendía nada.
¿Quién es? ¿Tu novio? –preguntó molesto.
¡No, claro que no! –negué rotundamente y le aclaré–. Es Kouga, mi mejor amigo.
Pues no lo parece. –replicó Naraku mirando a Kouga como si no fuera nada, rebajándolo.
¿Kagome, que haces con él? –exigio saber Kouga, quien se ha acercado rápidamente a nosotros.
¿Emm, yo? Nada. –dije sin creerme las palabras, no podía creer que me estuviera pidiendo explicaciones.
Bueno Kagome me voy. –se despidió Naraku.
¿Por qué? –pregunté con desilusión–. ¿No ibas al cole?
Si pero mejor no. –respondió y se acercó a mí, me beso en la mejilla haciendo que me sonrojara–. Nos vemos después.
¡Eh! ¿Y a donde crees que vas imbécil? –saltó Kouga furioso, se preparó para pegarle a Naraku pero se lo impedí.
¡Para Kouga! –ordené medio asustada medio enojada–. ¡Basta, no seas un idiota!
No me escucho, se le abalanzo sobre Naraku y empezaron a pelear...
