No puede ser, esta cara… Por muchas veces que me eche agua, sigue igual de blanca. Y los ojos negros como ellos solos. Mio Dio… Esto es un problema. Un grave problema. ¿Quién me va a contratar con estas pintas? ¿Quién va a querer compartir piso conmigo con esta cara de mafioso? ¡MALDICIÓN! Tengo ganas de pegarle a algo, que mal. Que horrible. Vaya día de mierda.

Con la chaqueta vaquera encima, es el momento de ir saliendo. Cerrando bien con llave… Oh. Antes de bajar las escaleras, paro contemplándolas. Luego esto lo tendré que subir de nuevo.

Nota mental, para el piso, o que haya ascensor, o no más de tres plantas a escaleras.

Ah… Bajar era ameno, al menos.

- Buenos días – Una voz femenina me saludaba desde la recepción. Oh, cierto, ese bastardo dijo que por las mañanas no estaría… Hm… Que chica tan guapa~.

- Ciao bella – Le guiñaba un ojo, acercándome bastante confiado. Sí, amigos, olvidé ese pequeño detalle del panda que tenía en la puta cara – Mis llaves, volveré por la noche.

- Estupendo, se lo diré a Antonio cuando cambiemos turno – Me devolvía el guiño con una sonrisa. Jé. Sabía que ni con ojeras, se iba a resistir una dama a mis encantos. O eso o es que todas las españolas se comportan así con todo el mundo. A saber. Es maja, eso desde luego. Más que el otro retrasado.

- Grazie mille. Hasta mañana, signorina.

Que hambre… Anoche con la tontería me encerré en el dormitorio y no salí a comprar nada para cenar. Ahora me rugen como un león. Un león muy, muy peligroso.

[ - Tengo un bar. Está en la calle de al lado. ]

Hmm… Maldición. No tengo más remedio. Seguramente no sea muy cara, ¿no…? A ver, habrá que probar.

Típico toldo verde oscuro con rayas blancas. Un barril en la entrada. "La taberna de Toño". ¿Se puede ser menos original? Llevo viendo este tipo de nombres en todos los restaurantes desde que he pisado España. Hm… Por los cristales parece que está muy tranquilito. Bueno, mejor. Vamos adentro…

- ¡Buenos días, señor… Va…!

- Vargas – Corrijo. No hace falta que me llames de ninguna manera. No es necesario que me conozcas. Eres solo el recepcionista. Tsk – Café. Tostadas con aceite y tomate – Me lo aprendí sin titubear, ¿veis? Morir de hambre, no me voy a morir.

- ¡Ahora mismo! ¿Y esas ojeras, no has dormido bien?

- No importa.

Mientras el recepcionista-camarero-cocinero (todo en uno) me daba la espalda para ponerse a tostar el pan, me voy sentando en la barra, con los codos apoyados en esta misma. A mis espaldas tenía una pareja de unos posibles cuarenta años. A tres asientos desde aquí, en la barra también, un abuelillo. Que me saluda tan amable, lo cual me saca una sonrisa. Buongiorno, signore.

- El café, señor Vargas~ - Hm… La verdad es que a su manera parecía buena persona. Tonto. Seguro. Apesta a retraso. Pero podré darle una oportunidad a este bar mientras esté aquí al lado. AH. Siempre y cuando de verdad sea asequible. Que más le vale – Y aquí las tostadas…

- Si, si – Me acerco primero el café para darle vueltas. La verdad es que… Aunque no sea un sitio muy atractivo, tiene su encanto. En las vitrinas de cristal tenían bollería con muy buena pinta. En otra un poco más alejada, cosas como tortilla de patatas, paella, y ese tipo de cosas de comida española. Tragaperras en una de las paredes… ¿Cuánto hace que no jugaba a una? Sonrío para mis adentros al recordar la primera vez que le dejé unas monedas a Feliciano para que probara suerte. El caso es que ganó un poco y le devolvieron ese mismo dinero. Su cara era preciosa. Una de las sonrisas más bonitas e inocentes que el mundo entero había conocido. Ah… Cada vez que me venía algo así a la cabeza, se me secaba la garganta. Por la tristeza, posiblemente. Es algo que creo que he superado, pero a la vez, es de esto que nunca se llega a superar como tal.

- Y dime, Vargas – Lo repites tanto para que no se te vuelva a olvidar. Te conozco de menos de una hora en total y ya te tengo calado, cenutrio - ¿Por qué has venido a España? ¿Chica? ¿Vacaciones? ¿Familia?

- Busco trabajo – Respondo, tras darle un sorbo a la taza. Mmmm… Que sorpresa. Está bastante mejor de lo que me imaginaba – Y busco casa.

- Oh, ¡vaya! ¿es así? – Parecía divertirse hablando mientras limpiaba las copas. Es de estos que no callan ni debajo del agua. Uf… - ¡Entonces te vas a quedar a vivir en Madrid!

Que listo eres. ¡Bravo! ¿Quieres un premio? Tsk.

- Pues, ¿sabes? Conozco a alguien… - Mira. Todos los tópicos que he leído sobre los españoles, se manifiestan en ESTE espécimen. Alegre, animado, tonto, charlatán, y con conocidos por cada calle – Su nombre es Francis. Es francés. Hace unos meses, estaba buscando a alguien para alquilarle una habitación. Quizá siga libre. Puedo preguntarle, si te parece bien. Si sigue libre, cuanto puede costar, con agua, luz, internet… ¿Conoces el barrio de Manuel Becerra? Vive allí.

Niego con la cabeza. A veces el español aceleraba el ritmo con el que hablaba, pero en cuanto veía mi cara de confusión, lo rebajaba automáticamente, e incluso me repetía las cosas. Gracias a ese comportamiento, lograba entenderle. Aunque no por ello sé quien es Francis ni sé que barrio es Manuel Becerra…

- Mira – Saca de debajo de la barra del bar, un plano. Ah… el dichoso plano del metro – Está muy cerca del centro. Tendrás Goya al lado, el parque del Retiro, además del barrio Jerónimos, las Cibeles también están por la zona… Más o menos. Es cuestión de pasear por allí cuando tengas tiempo libre. Es la primera vez que vienes a España, ¿verdad? Sobre el trabajo… Podrías buscar academias de italiano e intentar entrar como profesor nativo.

Su dedo en el plano señalaba la línea roja del metro. Y sí, prácticamente parecía bien situado. Comunica fácil con otras líneas. Me da buenas vibraciones.

- Entonces… Hmm… Si puedes… Preguntar a tu amigo, yo te daré muchas gracias – Creo que lo he dicho bien. Aunque esa sonrisa bastarda me lo hacía replantear. M-maldito – Volveré mañana, otra vez.

- Ah, no te preocupes. Cuando vuelvas al hotel, si estoy allí, seguramente ya sepa lo de Francis. Así que disfruta tranquilo del paseo. ¿Vas solo? Ah, en verdad me voy a preocupar si te dejo ir así sin nadie… Mmmm… Ve terminando el desayuno, voy a hacer una llamada.

Tras decir algo último que no entendí, se marcha a lo que supongo que será la trastienda. O la cocina, puede. Bueno, ahora que me ha dado un respiro, voy a seguir comiendo…

¡WA! ¡QUE TOSTADAS TAN RICAS! Aunque no se lo pidiera, le echó trozos de jamón serrano. Y sabe muy, muy bien…

El gusto mediterráneo si parece que lo compartimos todos los del sur de Europa, ¿eh?

- Toma, la cuenta - Volvía el hombre, dejándome el ticket con el precio total del desayuno, mientras él se quitaba el delantal y cogía una chaqueta. ¿Vas a ir a algún lado? Bueno a ver, el dinero… Oh, nada mal. Genial. Y encimo creo que tengo el suelto para pagarlo justo en monedas… Y nada más dejarlo en el pequeño plato metálico, sin ni si quiera comprobarlo, el dueño lo cogía y lo guardaba en la caja. Vaya. ¿Es que no sabe que así le puede timar cualquiera? – Va a venir mi novia y se va a ocupar de esto. Así que… ¡Voy contigo!

… ¿Qué?

- ¿Cómo se decía…? ¡Ah! Andiamo, andiamo~.

¿¡QUÉ!?

Aún sin creérmelo, me quedo quieto mirando como abría la puerta de la salida. No puede ser. Pero… ¡Aquí aún hay personas! ¿Va a venir tan rápido su…? No recuerda la palabra. Pero sea lo que sea… Esto era demasiado espontáneo. Yo tenía mi plan de apañármelas yo solo, que a base de errores se aprende. Pero ahora se me ha metido este hombre, y por si fuera poco…

- ¿A qué esperas? ¿Lo he dicho mal? ¡Vamos!

Ya se había tomado la confianza de agarrar mi mano para salir del lugar. ¡Malditos españoles! ¡SUÉLTAME! ¡QUE VERGÜENZA! ¡SÉ ANDAR SOLO, BASTARDO DESGRACIADO!