Declaimer: Los personajes de Crepúsculo, son exclusivos de Stephanie Meyer. Esta historia me pertenece al igual que la frase final de mis comentarios. Esta historia no es a fin de lucro.
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Edward Cullen es vampiro. Bella Swan una humana. Forks es el escenario y el pasado quiere ser olvidado. –Solo dijo "Deja de bailar"- ahora en Forks busco mi paz mental.
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El cerebro es el que siente todo lo que se refiere al amor.
Pero por que sientes entonces que es tu corazón el que se despedaza, el que se desgarra.
Por qué sientes que es tu corazón, o lo que era antes, el que te hace sentir como una muñeca de porcelana.
Dañada, destruida, y sin alma.
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Capítulo III
La miraron de arriba abajo, mientras que ella con torpeza dio la espalda, dirigiéndose al interior del instituto.
-¿Rosalie?- pregunto el más grande de los cinco presentes- ¿Estas escuchando?
-Si- dejo de mirar la dirección por donde se había ido la mortal sin gracia, para poner su vista en su esposo- ¿Me decías?
Todos la miraron de forma meticulosa, algo estaba mal con ella, sabían que la vampiresa rubia, jamás se había interesado en mirar por más de un segundo a un "simple mortal" como calificaba a todos, los que no eran de su especie.
-Te decíamos, que nos vemos en el receso- le dijo la pequeña pelinegra, mientras se iba agarrada de manos de un chico de cabello rubio.
-Está bien, nos vemos- pero ella estaba como ida. Por alguna extraña, esa humana le llamaba la atención.
Su falda se quedo enganchada con la puerta de secretaria, los estudiantes que iban por el pasillo, no pudieron evitar la carcajada. Su sonrojo fue instantáneo, sólo a ella le pasaba ese tipo de cosas. ¡Maldita sea pueblo alienígena!, pensó para sus adentros. Pero no le quedaba otro lugar donde ir.
Entro a la pequeña oficina con aroma a flores. Una mujer de edad avanzada, pequeña y rechoncha, le sonrió con amabilidad, pero ella solo le devolvió el gestó, con una cara de seriedad, sin un ápice de emoción. Estaba harta de sonreír, cuando no lo sentía, y no iba a empezar con una máscara de risas vacías. Eso sí que no.
-¿Tú debes ser Isabella Swan cierto?, mira que lo que decía tu padre, no te hace justicia, eres hermosa, toda una señorita en la flor de la juventud. Espero que tu instancia aquí sea agradable, me alegra que te hayas unido…-
Bella la miro, con un rostro inexpresivo, la tipa hablaba hasta por los codos, y le hacía tener una leve migraña.
-Sólo soy Bella y si me disculpa, usted me está atrasando, para ir a mis clases- su tono de voz, con un fin acento extranjero, no era mordaz, pero si desganado, dándole un matiz de repudio total.
La cara de la secretaria, mostro incredulidad, esa niña le hacía falta modales. Casi le tiro el horario, junto con un diagrama de la escuela y la notificación de que había asistido a clases.
-Toma, cuando terminas tus clases, me traes el comprobante.
-Gracias.
Salió de la pequeña oficina y se dirigió a sus clases. Saco el horario, en medio del pasillo atestado de estudiantes, que hacían vida social, lo reviso s, seguido del plano para ubicarse en el instituto. Lo memorizo, para no tener que estar sacándolo cada rato.
Cuando empezó a caminar, fue como si todo dejara de existir; los estudiantes dejaron de hablar, posando su mirada ante la nueva estudiante, el juguete nuevo, la chica nueva, que venía sabe Dios de dónde.
¡Ignorantes!
Todos conocían la historia del jefe de policía que se había casado con una extranjera que había llegado a vacacionar, o eso era lo que se decía por ahí.
"La muñeca de porcelana" le habían llamado, debido a su cabello rubio, la piel blanca como porcelana, los labios rojos y los más bonitos ojos marrones; en el momento que piso Forks, abrió un pequeña tienda de antigüedades, de ahí fue que conoció al jefe de policía del pueblo. Charlie se hizo cliente de la pequeña tienda. Entre él y la bonita francesa sembraron una linda amistad, de ahí al noviazgo, seguido del matrimonio. De aquel matrimonio, nació Isabella, pero a los meses de nacida, la esposa del policía del pueblo se marcho sin dejar pista de su paradero o es lo que se decía.
Charlie era reservado y no hablaba de su vida privada.
Año, a año, se le veía al policía con una niña, pequeñita y risueña. Dulce de un modo embriagador, su sonrisa idéntica a la de su madre, al igual que los expresivos y brillosos ojos marrones. El cabello del tono de su padre, una combinación hermosa, una muñequita, una hermosa y angelical muñequita.
Cuando la niña, cumplió 10 años, no se le vio más por el pueblo. Charlie, pocas veces hablaba de ella, se le escuchaba decir que su hija era hermosa (Idéntica a su madre) con un futuro prometedor, pero de ahí, no decía mas. De Renée, nunca se escucho algo, después de que salió de Forks nadie supo de su paradero, ni que hacía con su vida, ni a que se dedicaba o si se había vuelto a casar, sólo sabían que en esos 10 años en el que se veía a la pequeña Isabella en Forks, era porque Renée la mandaba a vacacionar con Charlie. De la tienda, pues, seguía cerrada, nadie había podido comprarla o volverla a alquilar. Pero todos sabían que seguía tal y como la dejo Renée en tiempo atrás.
Asique tener de regreso a la hija, de la caprichosa francesa, era el nuevo tema, entre el estudiantado del pequeño instituto.
-Permiso- saludo sin emoción, cuando se presento a la clase de Literatura.
El profesor Masón, se le quedo mirando de forma embobada, una chica muy hermosa decían sus ojos. Bella se sintió incomoda por la mirada del viejo, ¿Es que no podía anotarla a la lista de asistencia y dejarla sentarse de una buena vez?.
-¿Te podrías presentar querida?- hablo de forma amable el viejo calvo.
Bella era siempre torpe, estaba en sus genes o mejor dicho era un error de genética, tropezaba casi siempre con sus pies, pero a diferencia de su torpeza, estaba acostumbrada a pararse a una multitud completa sin dejarse cohibir, tenía un carisma nato y la pena o la vergüenza no figuraban en su diccionario; pero en ese momento y en lo que restaba de su vida, no tenia deseos de ser la niña que se comía al mundo.
-Mi nombre es Bella, tengo 18 años, es todo- miro a su profesor, y no espero que este le dijera otra cosa. Camino por el pasillo de las sillas, tropezando de vez en cuando con sus propios pies, hasta ubicarse al final, donde se sentó.
Los estudiantes masculinos, estaban embobados por el timbre de voz de Bella, era una mescla de dulzura y seducción. El acento extranjero, herencia de su madre, era gracia pura. Las chicas, la miraron con burla, bonita pero torpe.
El profesor quedo estupefacto, para un futuro se recordaría, hablarle lo menos posible, a la chica nueva, demasiado grosera.
No era la forma en que debería comenzar en una nueva escuela, pero cuando uno no puede más, todo pierde sentido. Lo que antes adorabas, lo que antes te hacía reír, todo perdía valor. Solo quería que la dejaran en paz, quería que la dejaran de mirar y hablaran de ella, por cualquier banalidad. Pensó que un nuevo cambio, le haría bien, pero ni en Francia, ni en Forks, los cuchicheos sobre ella, disminuían. ¿Es que no había otras cosas más importantes que estar buscándole origen a su timbre de voz? ¿No se daban cuenta que era americana, criada en Francia? Por amor a todo lo que es Santo, era una chica común, como todos los demás, pero nadie parecía percatarse de eso. Todos dejaban de prestar atención a la clase, y miraban para atrás en su dirección, hablando de ella.
Bella trato de prestar atención, pero ni sus nuevos compañeros, la dejaban por sus "bajas" conversaciones, ni su profesor que era el extremo de aburrido impartiendo su clase.
Cuando la clase termino, los estudiantes empezaron a subir el volumen de voz, conversando mientras recogían sus libros y cuadernos para ir a su siguiente clase. Bella como era nueva, no tenía ni un libro; se hizo espacio entre la multitud de estudiantes, para salir del salón tratando de no tropezar con nadie. En eso estaba cuando un chico con grave problema de acné y exceso de gel se le acerco.
-Mi nombre es Erick- dijo con una sonrisa amable.
-Y a mí no me interesa en lo más mínimo.
No lo dijo de forma dura, lo peor fue utilizo un tono perezoso, que hacía pensar que ella no quería gastar tiempo con él.
La sala se mostró en un silencio sepulcral. Todos los estudiantes estaban con los ojos abiertos, ese era el desplante más cruel, que alguna vez alguien haya hecho. Erick, le temblaba el labio, su cara estaba roja y sus ojos avergonzados.
Las chicas presentes se miraron entre ellas, no sentían a Bella como competencia por la atención del ala masculina, pero los chicos, se anotaron mentalmente, no hablarle en un salón atestado de gente, mejor era acercarse cuando ella estuviese sola, por si ella le hacia el desplante, sería menos bochornoso.
En pueblos pequeños, los rumores corren rápidos. En un pequeño instituto, se expande como dinamita. Para cuando Bella, llego a su segunda clase, la mitad de instituto sabia, del desplante que ella le había hecho a Erick. Aparte que la señora Cope, la secretaria del instituto, ya había comentado a todos los docentes la "amabilidad" extranjera que corría por la sangre de la hija del jefe de policía.
La profesora de Español, no quería que la niña hiciera el espectáculo de la clase anterior, asique no hizo que Bella se presentara, cosa que ella agradeció mentalmente. A su tercera clase, el profesor Varner de trigonometría, no hizo que se presentara, pero sí que la quería hacer pasar un mal rato, haciéndole ciertas preguntas de un tema, que apenas iba a empezar a explicar. Bella, de forma tranquila, sólo respondía:
-No sé.
Dejando a su profesor con la boca abierta. La idea era dejarla en ridículo, y bajarla de su pedestal, pero la chica parecía no importarle su opinión.
La ultima clases antes del receso, fue la más entretenida. Cuando Bella entro, vio al final del salón, a dos de los chicos que vio en la mañana en el estacionamiento. Uno alto, parecido a un luchador, con una cara de niño y risos menudos en castaño oscuro. El segundo, era menos musculoso, pero no por eso menos atractivo, con el cabello un poco largo y rizado de un color miel. Los dos con una piel tan blanca como la de ella, y unos ojos en color caramelo. Ambos de un atractivo, tan sobrenatural, pero nada especial para Bella.
-Usted debe ser la señorita Isabella- dijo el profesor de historia.
-Prefiero Bella- respondió ella, con el mismo tono que había usado con todos esa mañana.
-Ok, Isabella- resalto su nombre completo y estaba claro, el tipo y ella no se llevarían para nada bien- Espero que te puedas poner al nivel que exijo en mis estudiantes.
Comprobado, no se llevarían nada bien. Bella camino al final del salón, con su rostro imparcial, tropezando como siempre en el camino.
Le toco sentarse al lado de los modelos de portada de revista playBoy. Los dos le dirigieron una mirada curiosa. Jasper porque sentía, Nada, dentro de ella, era como si fuera un ser sin sentimientos y emociones, y Emmeth porque simplemente era Emmeth y le causaba gracia la torpeza de ella.
-Hoy iniciaremos con la civilización griega o Helénica- empezó a decir el profesor. Pero a diferencia de las clases anteriores, Bella, puso todo su entusiasmo en prestar atención, o en eso estaba cuando su celular, acabo con la fuente de palabras que el profesor soltaba.
-Isabella, se puede saber porque no ha apagado su celular en mi clase- le dijo cuando, esta había sacado su celular justamente para ponerlo en silencio.
-Lo siento profesor, no savia que estaba encendido- tanto Jasper como Emmeth prestaron total atención al fino acento Francés. Desde la mañana, estaban escuchando la reputación que estaba sembrando Bella en todo el estudiantado. Los estudiantes decían, que tenía un tono mordaz y despectivo, junto con un acento que nadie reconocía, por el poco intercambio de palabras que de su boca salía.
Acaso no podían deducir que ¿si la madre de ella es francesa, lo más normal, es que Bella tenga acento francés? Y ¿Dónde estaba el acento Mordaz?
-Como veo que esta tan entusiasmada en mi clase, porque no me contesta ¿Cómo inicia el periodo Homérico, y porque era llamado así?- antes de que Bella pudiera decir algo, el chico de cabello miel, ya estaba levantando la mano, mientras que el luchador rodaba los ojos.
-Señor Hale, le agradezco su participación, pero hay otros estudiantes que se tienen que poner al nivel- miro de forma desdeñosa a Bella, esperando su respuesta- Isabella, ¿Puede contestar esa simple pregunta?
Jasper vio como esta tenía una sonrisa socarrona, imperceptible para un humano.
-El periodo Homérico inicia con la invasión de los dorios que denominaron a los aqueos y acabaron con sus adelantos culturales. Y se le llama así, porque casi los únicos documentos para estudios son los poemas homéricos, a pesar de que estos aunque tienen base histórica, son literarios, y no documentos históricos. ¿Algo más que quiera preguntar?
El profesor, quedo estupefacto y Jasper no sabe porque lo hiso, pero la miro y le sonrió de manera amable, cosa extraña en él que nunca se mostraba amable con otros que no fueran sus hermanos.
-Para la próxima Clase, empezarán a exponer por grupo de dos. Iniciamos con los periodos de grandeza clásico Esparta-Atenas. Y los que expondrán son- miro en dirección a Bella -La señorita Isabella y- paso su vista por todo el grupo, hasta que se detuvo - Él señor Hale. Eso es todo, pueden retirarse.
Bella se sobo las sienes. Simplemente genial, acababa de llegar, era la comidilla de todos los estudiantes, era vista como la extranjera grosera y si fuera poco tenía que exponer la próxima semana, con un chico que ni siquiera tenía ganas de conocer.
Exasperada, hasta la saciedad, se levanto de su asiento, y salió del salón. Saco su celular de su pequeño bolso, lo encendió y reviso las llamadas perdidas. Miro el número y vio que no estaba registrado, por lo que decidió marcar.
-¡Bella!, ¿Dónde demonios estas metida?- grito del otro lado de la line con voz potente un hombre, haciendo que los estudiantes que estaban alrededor de Bella, miraran curiosos a su dirección, al percatarse que el hombre no hablaba en ingles, si no en un fluido francés.
-En el infierno mojado. En un puto pueblecito, llamado Forks, en la península de Olympic, al noroeste del Estado de Washington. Y si quieres saber que hago acá, ahórrame la historia que debo contar, y vete al conservatorio y pregúntale a la nueva dama de las Camelias, de seguro ella te hace un resumen muy entretenido de lo que ha pasado. Es un placer hablar contigo Simón, pero…- le respondió Bella, en la misma lengua francesa, cosa que decepciono al estudiantado que pasaba a su lado, ya que no podían enterarse de lo que ella hablaba.
-No te atrevas a cerrarme el móvil, que estoy histérico, he llegado hoy a tu casa y me han dicho que te has mudados porque- no espero más, apago el aparato, para luego lanzarlo a un charco por el que iba pasando de camino a la cafetería.
-¿Ahora como se supone que me contactare contigo, para hacer la presentación de historia?- Bella detuvo su andar, cuando escucho una aterciopelada voz dirigirse a ella. Volteo su cuerpo y vio a los dos modelos de playboy que compartían clase con ella.
-No pensaran hablar de trabajos en medio del pasillo a la hora del almuerzo cierto- se metió en la conversación el grandulón con cara de niño. Bella hizo un gesto despreocupado con los hombros, mientras más rápido terminara esa conversación, mejor para ella.
-Caminemos- dijo de nuevo el grandulón- por cierto soy Emmeth Cullen.
Bella no respondió, solo dio un asentimiento. ¿Es que nadie se daba cuenta que ella quería algo de soledad?
-Eres así de cayada y déspota cuando hablas todo el tiempo o solo estas pasando por tu menstruación.
Estaba a punto de contestarle pero el rubio se adelantó.
-¡Emmeth!- le amonesto -Si ella no quiere hablar con nadie es asunto suyo. Por cierto yo soy Jasper Hale, aunque te debe dar igual. Pero aunque no queramos hablarnos, porque ten por seguro, que tampoco tengo deseos de hablar contigo, tenemos que ponernos de acuerdo para la presentación. Asique que te parece sí, no tienes inconveniente en reunirnos el viernes después de clases en la biblioteca de aquí del instituto- Bella asintió- perfecto, nos vemos el viernes.
Esa Fue la conversación más extraña, que Bella haya tenido, el chico Hale si que era sincero, eso le agradaba, mientras él tuviera conocimiento de su entusiasmo de hacer amigos todo iría bien.
¿Era su imaginación o cada vez que ella pasaba delante de un grupo de gente, todos se quedaban quietos y cayados, esperando que ella hiciera algo?, entro a la cafetería con la mirada baja, tratando con todo lo que podía de no tropezar y hacer una escena bochornosa.
Tomo una bandeja, coloco en ella un té frio de limón, una manzana y un emparedado de queso y jamón. Se coloco en la fila, para pagar, pero detrás de ella había un grupo de muchachos, que hablaban como si en sus gargantas tuvieran altoparlantes. Uno de ellos, dijo algo estúpido y los demás rieron como si fuera lo más gracioso del mundo, empezaron entre ellos, a molestarse y empujarse, hasta que uno de ellos, roso la pierna derecha de Bella, cubierta por la falda turquesa. Enseguida, Bella los encaro a todos, con una mirada que decía claramente "Si las miradas mataran", todos ellos se cohibieron de inmediato, quedándose cayados al instante.
Pago, y se dirigió a sentarse a una mesa, de nuevo todos, empezaron a mirarla, unas con recelo y otros con admiración. Pasaba por la mesa donde estaban sus compañeros de historia, con los demás que vio en la mañana y al frente de esa mesa, estaban otros chicos, entre ellos Erick, el chico del desplante.
Iba en el medio de las dos mesas, cuando sorpresivamente un pie se metió en el camino de su pies izquierdo; pero en vez de caer como tenía que haber pasado, Bella saco de inmediato su pies derecho poniéndolo en punta por delante del pie que la hizo tropezar, hizo una pequeña vuelta con ese mismo pie, la mirada altiva, la bandeja con su almuerzo intacto en sus manos; miro con severidad la mesa donde estaba el chico Erick.
Todos estaban expectantes a lo que pasaría, pero Bella, solo se voltio, bajo su mirada y siguió su camino a una mesa apartada. Mientras que la cafetería, se volvió a sumir en la bola de rumores, acerca de la chica nueva, que ahora era una cobarde.
-La nueva, si que sabe llamar la atención- menciono como quien no quiera la cosa, la más pequeña del grupo.
-Lo curioso, es que parece que ella quiere pasar desapercibida- dijo Jasper, mientras pasaba un brazo por encima de los hombros, de Alice.
-No sé porque le toman tanta importancia, es otra más del montón- trato de aparentar indiferencia –Toda la mañana han estado hablando de ella.
Alice la observo detenidamente, para la luego suspirar con encanto.
-Tiene un excelente gusto.
-Alice, es la segunda vez en el día que la vez y ya estás viendo su ropa- dijo divertido el grandulón del grupo.
-Solo dije que tiene buen gusto- se perdió un momento en sus pensamientos. Algo no cuadraba.
-Es ridículo lo que piensas Alice, las puede tener como cualquier otra persona- le contesto a la pregunta silenciosa, el que se mostraba fuera de conversación. Mas musculoso que el rubio, pero menos que el grandulón, su cabello cobre y rebelde.
-No lo digo por eso, para el auto que tiene y la ropa que carga.
-¿De qué demonios hablan?, odio cuando hablan sin que nadie más lo sepa, Edward.
-Deja de ser tan infantil Emmeth, lo que Alice se pregunta es como una la hija de un policía de un pueblito como este, con un sueldo que tu sabes que se reduce a nada, puede tener una falda de la última colección de primavera de Channel- hizo un gesto con los hombros- Un carro como el que tiene, aparte que jura que su bolso tejido es de una edición limitada de un diseñador Italiano, lo que la lleva a pensar ¿Qué hace en un pueblito como este? ósea una completa idiotez por parte de tu hermana- dijo Edward restándole importancia.
Alice le hizo un mohín.
-Yo solo digo, hubiera escogido cualquier otro lugar, o quedarse en Paris- Edward hizo un sonido de exasperación.
-Eres insoportable- pero esta ni se inmuto, en cambio mostro una sonrisa burlona y se volvió a dirigir a él.
-Y Edward aparte de ser la hija de una francesa caprichosa ¿Qué hay de interesante en la mente de ella? ¿Qué piensa de lo que hablan de ella?- pregunto perspicaz.
Edward, se volteo a mirar en dirección a donde estaba sentada la chica nueva. Observo la forma delicada en la que se llevaba su bebida a la boca, su manera de estar sentada, lo hermoso que se veía su cabello, aunque podría jurar que se vería mucho mejor suelto; observo como la blusa se adhería con gracia a la curvatura de su pecho, la forma en que se veían sus piernas por debajo de esa falda. Una humana muy hermosa, no, más que eso, no sabía cómo explicar la belleza natural de esa jovencita.
En toda la mañana, estuvo escuchando en la mente de los demás alumnos (No por curiosidad, sino porque sus pensamientos eran más fuertes que otros días) y todo cuanto pensaban, giraba alrededor de Bella, como se llamaba la bonita francesa (¿Algo estaba mal con él? Había empleado mas adjetivos hermosos a su divagación, todos referente a Bella), los hombres, decían que era una chica sumamente hermosa, se la imaginaban de distintas formas, la imaginaban sin la falda larga, idealizando como serian sus piernas bajo esa capa de tela turquesa, y lo peor del caso, es que él también las imagino, aun peor, imagino la suavidad de su piel, la estreches de su cuerpo.
Espanto esos pensamientos de su cabeza, mientras que Jasper le miraba divertido. Trato de ignorar aquella sensación y se dispuso a entrar a su cabeza, no escuchaba nada, frunció el seño, la miro con más determinación viendo que estaba mal con ella, trato de entrar nuevamente, concentrándose solo en ella, pero era como si una pared de ladrillos se levantara ante el intruso que obviamente era él.
-No veo nada- dijo en un susurro, incapaz de ser escuchado para cualquier humano, pero no para los seres como él.
-Interesante, aunque la han hecho pasar una mañana "divertida" ella esta imparcial a todo, no he sentido muestra de inestabilidad en sus emociones, esta algo en blanco, es como si fuera incapaz de sentir. Inclusive, cuando tomo una pequeña rabieta, y lanzo su teléfono celular a un charco, sus emociones eran las mismas, lisas, sin nada, es como acariciar la tela sin arrugas. No sientes más que la suavidad de ella y es eso lo que siento con ella- dijo Jasper.
-Extraño- dijo Rosalie.
En ese momento en que todos, estaban mirando en dirección a Bella, esta levanto la mirada de su bandeja, para ponerla en dirección a ellos. Los Cullen, no acostumbrados a que se les atrapara infraganti, dieron un respingo de sorpresa, pero Bella miro fijamente a cada uno, para luego bajar la mirada y terminar su almuerzo.
-Ella me da miedo.
-¡Emmeth!- gritaron todos, los de la mesa.
-¿Qué? es cierto, me da escalofrió, verla de frente, cuando pone su mirada de "Lo que hagas, pienses o hables de mí, no me afecta", me recuerda a la chica esa Jane, de los Volturis.
-Solo que esta es la versión humana y menos pálida- la forma despreocupada en que lo dijo Rosalie, les hacía pensar que no estaba nada interesada en Bella, pero por dentro, sólo ella, (porque ni siquiera Edward podría saberlo, por lo oculto que estaban sus pensamientos) sabia cual era su actitud hacia ella.
El timbre ronco y casi dañado, sonó anunciando el fin del receso. Los alumnos desganados se dirigían con parsimonia a sus siguientes clases. Los Cullen hicieron lo mismo, pero por curiosidad observaron la mesa donde estaba Bella, y esta no se había inmutado en levantarse de donde estaba.
-Definitivo, ella es extraña- volvió a repetir Emmeth en un tono juguetón.
-Pero recuerda cariño, lo que dice Antoine de Saint "Los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón", al igual que ella, nosotros somos vistos como "personas" reservadas y asociales. Cada uno tiene derecho en ser como quiere ser y ella porque no quiera estar rodeada de nadie más, no quiere decir que sea una extraña. Acaba de llegar, no se espera que sea muy sociable en su primer día- todos se le quedaron mirando con extrañeza- ¡¿Qué?!- y no dijo mas, Rosalie, como si fuera la reina del mundo camino fuera de la cafetería.
Los últimos en salir de la cafetería eran los cinco chicos atractivos, pero Bella no tenía la fuerza para ponerse de pie. Respiro profundamente y se maldijo internamente.
Con extremo cuidado se levanto de la silla, y se encamino al baño.
Habían pasado 15 minutos completos, cuando entro a su siguiente clase. Biología, se le daba bien la materia, al igual literatura e historia. Se presento ante su profesor, que por gracia divina no el regaño por llegar tarde a la clase. Luego este le dijo que se sentara en la única silla disponible del salón.
Cuando ella se sentó a su lado, el olor a sangre fresca se coló en sus fosas nasales; ¡Era Exquisito!, lo mas delicioso que haya olido y por una fracción de segundo se pregunto cómo sería probar aquella sangre que circulaba por sus venas.
Con extremo cuidado, se aparto lo más que pudo de ella, tomando bocanadas de aire que le quitaran el efluvio de Bella. El olor de su sangre, en conjunto con el olor a fresias de su piel, era un manjar que su paladar ansiaba probar.
Pensó en mil maneras de acabar con ella, de poder probar su sangre, pero sabía que no podía traicionar a Carlisle, no de esa forma.
Volteo su mirada para observar el rubor de sus mejillas, recorriendo su mentón, bajando por su fino cuello donde podía escuchar el golpeteo de la sangre contra la yugular "Delicioso". No podía evitarlo, por más que quisiera no podía evitar el querer probar esa sangre, aquella que le cantaba con un tono delicado y hermoso, aquella que le prometía un festín nunca antes degustado.
Bella se sintió observada, levanto la mirada viendo fijamente a su compañero de clases. Era muy apuesto, la boca se le seco, mientras su corazón palpitaba de manera descontrolada. Él la miraba con una mirada agresiva y feroz, tal como si quisiera saltarle encima, pero no era la primera vez que a ella la observaban de esa forma.
-Podría dejar de mirarme de esa forma. Es incomodo- le dijo ella, para después bajar su rostro.
Edward se quedo por un momento encantado por su delicado timbre de voz. Olvido el ardor de garganta para fijarse meticulosamente en la fina figura de su ahora compañera.
-Hermosa- susurro demasiado bajo para el oído humano, pero por una razón ella lo miro con ojos desafiantes y mirada dura.
No acostumbrado a ese tipo de confrontaciones por parte de los humanos, decidió hacer lo más sensato que en su momento pensó, quitarle la mirada y seguir prestando atención a la clase.
-Debería prestar atención señorita- le dijo él con voz seria.
Bella escucho lo aterciopelado de su voz, pero no fue capaz de responderle, pues sabía que si abría la boca, el perfecto autocontrol que utilizo toda la mañana, saldría por la ventana. Prefirió hacerse oídos sordos y concentrarse en la clase, pero cada cierto tiempo el chico guapo la miraba de reojo.
Al terminar la clase, ella se levanto a paso rápido, hizo que su profesor firmara el comprobante y salió del salón. En medio del camino sintió el frio tacto en uno de sus brazos, se volteo y la sorpresa fue enorme al ver a su compañero de bilogías que la miraba de forma desafiante.
-Se le ha quedado esto señorita… Bella- le hablo de manera suave mientras que le pasaba a Bella el bolígrafo de plata con su nombre gravado en el.
-Gracias-respondió ella en un tono bajo, pero tan suave y hermoso que Edward casi pudo sentir como sus oídos eran acariciados por esa dulce caricia.
-Tiene una hermosa voz señorita Bella, debería hablar más a menudo- le alago, pero ella simplemente dio la vuelta y se marcho. Menudo compañero le había tocado, tenía unos cambios de humor que la mareaban.
Sonrió para sí, no era su forma de actuar, pero algo había en ella, aparte de su sangre que lo hacía sentirse diferente. Tal vez era el simple hecho de que con ella no se sentía agobiado por la montaña de pensamientos, era un momento agradable, pero a la vez frustrante por no saber, porque de todas las personas ella era la única que no podía ser leída. Durante la clase, se concentro en ella y por extraño que parezca trataba de ignorarla, pero esta era como un imán que lo llamaba a acercarse a ella.
-¿Qué haces a mitad del pasillo Edward?, deberías estar de camino a clase de gimnasia.
-Me he perdido en mis pensamientos, eso es todo. ¿Vamos?- coloco su brazo, para que Alice lo tomara, a veces Edward olvidaba que estaban en un nuevo siglo y se portaba como aquel caballero del siglo pasado.
-No encuentro valida su respuesta señorita Isabella, quiero una respuesta clara y concisa del porque usted no puede dar mi materia.
Alice y Edward escucharon aquellas palabras de parte de su profesor de gimnasia, cuando estaban entrando al gimnasio.
-Le eh dicho que el médico a mandado una constancia para aquello- dijo casi perdiendo la paciencia.
-Y yo le digo, que si usted no me trae una constancia valida entonces tendrá que dar la clase como todos los demás.
El gimnasio estaba vacío, los demás debían estar cambiándose o escuchando a hurtadillas en las puertas del los baños.
-¿Por qué esta constancia no es válida?- Refuto Bella perdiendo poco a poco los estribos.
-Porque es de un médico francés, ya está dicho, se va a cambiar señorita para que de mi clase y si para la próxima tiene una constancia de un medico del pueblo entonces hablaremos de aquello.
-Entrenador, disculpe por meterme en la conversación, pero si a Bella le sucede algo entonces…- Alice fue detenida por un ademan de Isabella.
-No importa, no le molesto más entrenador, si no quiere mi constancia, me retiro de su clase.
Se acomodo su bolso y camino en dirección a la puerta.
-¡Isabella!- esta detuvo su andar al llamado del entrenador.
-Si sale por esa puerta, no volverá a entrar en lo que resta del semestre.
-No me interesa, no necesito dar su materia- le expreso sin siquiera voltearse.
-Yo pienso que no es muy sensato lo que dices- trato de decirle Edward mientras se acercaba a ella –Podrías explicar mejor tus razones.
Ella se giró hacia él, su pecho subía y bajaba, estaba harta. Se acercó más y alzo la mirada desafiante.
-Lo que yo haga o no haga es mi asunto, a ti no te debe importar ¿Entiendes?- y sin esperar respuesta, camino fuera del gimnasio.
Edward quedo de piedra, pero por más extraño que pareciera una sonrisa afloro en sus labios, no dijo más y paso igual a cambiarse.
-Estas sonriendo Edward- le dijo su hermana antes de entrar al vestidor de chicas, pero este no le respondió, le dio una sonrisa y se perdió por las puertas del baño.
Su día no había empezado bien, y parecía que no terminaría bien. Estando en la comodidad de su auto, subió la falda a la altura de su muslo para ver la venda que se extendía desde unos centímetros más arriba del tobillo hasta un poco más abajo del muslo. Con cuidado se quitó la venda. Esta ya estaba picando y se sentía incomoda. Al terminar de quitársela, observo asustada los puntos deshaciéndose, sus manos quedaron manchadas con la mezcla de su sangre y un líquido blanco que salía de uno de los bordes de la herida. Eso no era bueno. Si seguía caminando y conduciendo, era seguro que la herida no cicatrizaría como era debido, pero por nada del mundo pensaba andar en silla de ruedas.
Acomodo su falda, y se alisto para ir al hospital, era necesario que alguien viera el destrozo que había quedado en su pierna, la herida estaba demasiado viva para el tiempo en el que estaba.
-Estúpido pueblo alienígena- Repitió por segunda vez en el día.
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Notas de la Autora
1. Los personajes de Crepúsculo, son exclusivos de Stephanie Meyer
2. La historia me pertenece, no puede ser copiada ni subida a otra página sin mi consentimiento.
3. Esta historia esta publicada en bajo el seudónimo de Cleo de Luna
4. Esta historia esta publicada en Whattpad bajo el seudónimo de Jae R. Rod
5. Pueden seguirme en mi página de Facebook: Jae R. Rod
6. Pueden seguirme en mi cuenta de Instagram: jaemmyer
Sin más que decir.
Resultado de un cofre de ideas y una mente desatada
Llena de historias
Que deben ser contadas
Cleo de Luna
