Hola, chicos! Yo de nuevo con este loco fic que les gusta, meh!

En este capítulo habrá más conexión, lo juro!

Más Vida.

-L-a—N-o-c-h-e—A-n-t-e-r-i-o-r-

Yacían en el suelo, sin hacer nada. Decir lo aburrido que era ya sería también un hábito. Según oían de la gente, ya estaban en 1987. Vaya que pasaba el tiempo. Hacía tantos años que no interactuaban con un niño, sobre todo con cierta niña que no volvieron a ver.

Sobre todo ella.

Porque ella fue la primera.

Y la más importante.

Estar allí, sin más, era lo único que hacían. Moverse no tenía sentido. Bonnie y Chica ni tenían ganas de moverse porque, antes de crear a los Toys, pensaron modificarlos a ellos, pero las modificaciones no las resistieron. Les pusieron el sistema de reconocimiento facial, detector de señales de audio, ensamblaje automático junto con un nuevo servo motor, el cual arruinó parte de sus cuerpos.

Los más afectados fueron el guitarrista y la cocinera. A Bonnie se le estaba a punto de caer el rostro, los cables estaban flojos y sueltos en algunas zonas. Chica tenía la parte superior de su brazo rota, mostrando un poco de su endoesqueleto, además, los dientes interiores se enredaron con los cables junto con los dientes exteriores que debería mostrar al público. Gracias a ello, no podía modular muy bien y no podía cerrar la boca.

Freddy no sufrió tanto, pero su voz sonaba distorsionada por el poco cuidado que usaron en él.

¡Ja! Él tampoco era la excepción. Tenía un espantoso agujero en su pecho, mostrando su endoesqueleto obsoleto. Su brazo también estaba maltratado, pero no estaba tan mal como Chica o Bonnie. Seguía moviéndose a pesar de tener el endoesqueleto inferior afuera.

Dirigió sus brillantes ojos ámbares al techo nuevamente.

—… ¿Freddy? Bonnie, Chica…— Escucharon una suave voz femenina al otro lado de la puerta. — Foxy. ¿Pueden oírme?

Los cuatro alzaron la cabeza con interés, ¿quién los llamaba? ¿Por qué los conocían?

—… Quizás crecí mucho y… Ya no reconocen mi voz. Pero, ¿me recuerdan? Soy Amy.

Todos dejaron de moverse cuando escucharon el nombre de la joven que les hablaba. Amy, dijo.

Se llamaba Amy.

Preguntó si los recordaba. Claro que lo hacían, sobre todo con los recuerdos que le dejó a cada uno.

Soy Amy. — Repitió. —… Soy… Su princesita pirata, que canta, que ahora sabe tocar la guitarra… Y que cocina mejor que antes. — Foxy se levantó y se tambaleó un poco, hace mucho que no caminaba y se acercó a la puerta. Utilizando su garfio, dio leves golpes a la puerta, dándole a entender que si estaban escuchándola. —… Nosotros teníamos una canción que era solamente de nosotros… ¿Lo recuerdan…?— Su voz se quebró. Ellos si recordaban la canción, la que pertenecía a la creadora, a la madre de Amy. — La canción que me cantaba mamá…— Sí. Aún les resultaba increíble que ella estuviera allí. Solo una puerta los separaba. —… London bridge is falling down…— Comenzó.

—… Fa-lling… Down…— Freddy se animó a hablar, aunque sonó extraño.

Falling… D-Down…— Vaya, la condición de Bonnie había generado un gran cambio en su tono. Ya casi no lo supo reconocer.

London bridge… is… falling down…— Se relajó un poco. Hace mucho que Chica no se inspiraba a hablar porque le costaba y no quería, pero Amy había hecho la magia para hacerla ceder con esa canción.

Foxy sonrió con melancolía. Le tocaba a él la parte que siempre le gustó cantarle a su princesita pirata.

—… My… fair… lady.

Ugh, su voz sonó del asco, al igual que sus amigos, pero por lo menos establecieron nuevamente contacto con Amy.

Escucharon un sonido extraño, no entendieron lo que significaba hasta que Amy les habló nuevamente.

Volveré. Quizás venga esta tarde. — Oh, entonces se iba. Bueno, volvería.

Cumplió su promesa.

Ella había vuelto. Le tomó tiempo, pero lo hizo.

—… Adiós, Amy…— Murmuró, pero por su voz tan estropeada que dudaba que ella le haya oído.

—… Nos vemos.

-P-r-e-s-e-n-t-e-

. . .

Amy salía del instituto temprano, así que no tenía problemas de pasar a almorzar en su lugar de trabajo. Además, Scott trabajaba tanto en la pizzería como en Fazbear Entertaiment. Aprovecharía de visitarlo.

Al llegar, fue recibida por una camarera amistosa que le ofreció una mesa. Ella le sonrió con cortesía y agradecimiento.

— Disculpa, ¿dónde está Scott?

— ¿Scott? — Se mantuvo en silencio unos segundos. — ¡Oh! Eres tú. Eres su hija.

— Sí. — Ensanchó su sonrisa.

Si bien no muchos conocían la historia, no le molestaba que consideraran a Scott su padre, porque se comportó como uno cuando más necesito a una persona. No estaba reemplazando a su papá, claro que no, pero Scott también era especial en su vida.

— Ay, Amy…

Se giró abruptamente para mirar al hombre que la miraba con melancolía y a la vez ternura. Alzó una ceja con curiosidad.

— Hola, Scott. ¿Dije algo malo? — Preguntó con preocupación.

—… No. — Suspiró para sentarse en frente de ella. La camarera se fue ante la señal del mayor. — Es solo que, sabes como soy yo. El que digas que soy tu padre… No tienes idea de cuánto me conmueve.

—… Porque quisiste mucho a mamá. — Tomó su mano con cariño. Scott se tensó. — ¿Qué? Creíste que no lo había notado, ¿verdad? La forma en que mirabas a mamá cuando era una niña, era demasiado obvia. — Se rió con suavidad. — Y cuando crecí, solo uní las piezas. El que quisieras protegerme, quererme como un padre, y mantener a Freddy, Bonnie… Chica y Foxy… Me hizo entender, que querías mantener una parte de ella en ti. — Cerró los ojos unos segundos. — Estoy segura que a ella no le hubiese molestado. Es más, estaría muy agradecida contigo, por tu amor incondicional hacia ella y por tu preocupación. — Lo miró a los ojos.

Suavizó aún más su expresión cuando los ojos de su padrastro se llenaron de lágrimas. Ella también sintió unas enormes ganas de llorar. Siempre les costó hablar de Anne sin romperse a llorar. Ella fue una mujer ejemplar, digna de admirar, amorosa, brillante y honesta.

Y por eso Scott quería tanto a Amy.

Ella poseía todas esas virtudes, sin mencionar que la joven era su viva imagen.

— Siento…— Se rió para apartar las ganas de llorar. — Que si Jay te hubiese escuchado, me querría matar. — Bromeó.

— No, papá era muy testarudo, pero aceptaba las cosas. — Se rió también. — Así que no tendrás que morir.

—… Bien. — Inhaló y exhaló rápidamente. — Tú viniste a comer y a ver a tus amigos, y lo único que estamos haciendo es llorar como dos niños chiquitos. — Amy solo atinó a sonreír. Sus ganas de llorar se habían ido.

— Aquí tienes, linda. — Vino la camarera para traerle una pizza individual.

— Gracias.

Amy sonrió con tristeza cuando comenzó a comer. Sabía muy bien, pero no sabía igual a la pizza que Chica le preparaba. Suspiró.

— No es igual, ¿verdad? — Scott supo lo que pensaba.

— No. — Miró a los nuevos animatrónicos. Los sentía tan lejos, tan fríos.

Claro, porque no fueron hechos con el calor requerido.

Fueron hechos para producir dinero.

Y no era lo mismo si no los había hecho su madre.

—… Se me fue el apetito. — Aunque ya casi se la terminaba, no tenía ganas de seguir comiendo.

Solo quería ver a sus amigos.

Scott asintió y pidió permiso para la habitación personalizada. Caminaron por los pasillos hasta llegar a ella. Amy sonreía cuando veía a los niños correr. El lugar era maravilloso, sí, pero no sabía por qué a la vez le producía escalofríos.

Su atención se desvió cuando vio a la marioneta. Esta estaba acompañada de algunos niños. Amy miró el títere un rato, para provocar que este notara su mirada y se la devolviera. La reconoció, supuso la joven. Hizo un gesto con la cabeza y la castaña le imitó.

— ¿Amy?

— ¿Eh? Sí, disculpa. — Desvió su mirada de la escena y miró a Scott, quien miró lo que estaba viendo ella segundos atrás.

—… Hay algo en ese…

— Y no es su apariencia.

—… No. — Concordó él. — No es su forma, es… su esencia. Lo siento… Extraño.

Amy al menos se sintió mejor de que alguien más también lo notara, de lo contrario se juraría una subnormal. Ambos suspiraron y el mayor metió la llave en la puerta. La castaña de ojos mieles tembló un poco por los nervios. ¿Y si no la reconocían? No había crecido mucho y no le importaba, pero lo había hecho y se había desarrollado, por lo tanto tenía miedo de que no la reconocieran.

Negó con la cabeza, apartando esos pensamientos. No. Ellos la reconocieron sin verla. TENÍAN que reconocerla.

Scott abrió la puerta y entró primero.

—… ¿Freddy? ¿Bonnie? ¿Chica? ¿Foxy? — Los llamó el hombre para analizarlos. — Malditos bastardos. — Masculló. — Fueron demasiado brutos con ellos. — Dijo con lástima al tocar la mandíbula de Foxy.

Amy entró con lentitud y su corazón dolió al verlos. Estaban hechos un desastre. Parecían dormir, porque los cuatro tenían los ojos cerrados. Scott se incorporó para mirar a los otros.

La joven se inclinó lentamente y se colocó en frente del zorro. Miró el agujero en su pecho y los destrozos en sus brazos. El endoesqueleto de sus piernas podía ser visto. Alzó su mano para tocar el garfio, donde escondió por años el brazalete que le dio su madre. Notó que Foxy se había tensado al tocar ese sector. Entonces…

Estaba despierto.

—… Foxy, soy yo.

Este solo atinó a alzar un poco la cabeza y abrir sus ojos, y ante estos, estaba una adolescente, no la niña que él recordaba. Era más alta que antes, pero nunca lo suficiente para pasarlos, su cabello seguía laceo, pero muchísimo más largo que antes. No vestía esa ropa de niña, ni vestidos ni faldas. Esta castaña usaba unos jeans oscuros con una blusa gris que se le pegaba un poco al cuerpo, logrando que se definiera a la vista su cuerpo curvilíneo.

Si hubiese sido por él, le hubiese costado reconocerla.

Pero sus ojos mieles seguían siendo los mismos. Seguían manteniendo ese brillo de cariño que sentía por ellos. Y ahora mismo, Amy lo miraba con una preocupación que logró paralizarlo unos segundos.

—… Me reconoces, ¿verdad? — No comentaría nada de su voz, de hecho, le gustaba más como sonaba ahora.

—…— Asintió con la cabeza. — Amy. — Su voz sonó rasposa, pero a la joven no le importó, es más, sonrió.

— Qué bien. Por un momento creí que no me recordarían. — Tomó su garfio nuevamente, esta vez, Foxy no hizo ningún gesto de molestia ante eso. Con sumo cuidado, separó el objeto del brazo del zorro. Observó el interior y sonrió al encontrar la pulsera en perfecto estado. — Eres el mejor pirata. — Le sonrió cuando volvió a colocárselo aún con su preciado tesoro dentro. — Definitivamente sabes guardar un buen botín.

Él solo sonrió, no tenía muchas ganas de hablar, pero con su presencia estaba más que feliz.

Amy miró a Scott, quien ya había logrado que los otros abrieran los ojos. Los animatrónicos la miraban con curiosidad y cierta familiaridad.

—… Hola. — Sonrió con timidez.

— Es Amy. — Explicó Foxy.

Freddy fue el primero en acercarse a ella. Amy se paró de puntitas para quitarle el sombrero que le había dado años atrás. Lo admiró para volver a ponérselo.

— Has crecido, o nos encogimos nosotros.

Amy sonrió ante la broma del oso. Aunque su sonrisa no duró mucho tiempo cuando notó que Bonnie y Chica no querían mirarla. Ella hizo una mueca. ¿Estarían enojados con ella por demorarse tanto en verlos?

—… ¿Qué sucede?

— ¿Cómo puedes... vernos así en el estado en que nos encontramos? — Preguntó Bonnie sujetando su rostro con una mano, pues parecía que se estaba a punto de caer.

—…— Se acercó a Chica, que seguía recostada en el suelo. Se sentó en el suelo para tomar su cabeza y recostarla en sus piernas.

Ahora sí analizó el problema. Scott tenía razón.

—… Son unos malditos.

— Lo sé. — Suspiró su padrastro. — El señor Fazbear los quiso conservar para repararlos, pero en otro período, pues habían gastado todas las inversiones en la pizzería. — Amy asintió, comprendiendo.

—… Pero aun así…— Tocó con cuidado los cables enredados con el endoesqueleto con el exterior de los dientes de Chica. Tragó saliva, mientras que con sus dedos desenredaba los cabos y trataba de acomodarlos lo mejor posible para acomodar la mandíbula y el resto de la boca de la pollita.

Scott miraba sorprendido a Amy. Poseía la misma habilidad de Jay. Esa concentración en arreglar lo que sea. Recordaba que él nunca desperdició algo, si dejaba de funcionar, luchaba por repararlo o le ponía otra función.

— Listo. — Acarició el exterior. — Cierra la boca, pero con mucho cuidado. Hazlo con lentitud.

Freddy, Bonnie y Foxy miraban maravillados la acción de la joven. Chica no logró cerrar del todo su boca, pero resultaba mucho más cómodo que antes. Amy sonrió con Scott.

— Me encantaría traer más cosas para repararlos.

— ¿Cómo pudiste hacer eso?

— ¿Recuerdas el taller de mecánica? — Scott asintió. — Pues, de ahí aprendí.

— ¿Ese era el club en el que te metiste después de esgrima? — Ella asintió.

— ¿Es… grima? — Repitió Bonnie.

— Sí. Una especie de pelea con espadas. — Explicó lo más simple posible la joven, aunque no estaba segura si captaron, pero sabía que cierto pirata sí. Miró a Foxy. — Cuando te repare, lucharemos, porque ahora soy mejor pirata que antes.

Este sonrió mostrándole los dientes. Estaba ansioso de jugar con ella de nuevo.

— ¿Cómo te sientes, Chica? — Le preguntó Scott. La cocinera se tocó la embocadura con cuidado.

—… Bien. Gracias, Amy. — La castaña la abrazó, porque sabía lo sentimental que era.

Al separarse, la castaña miró a Bonnie.

— Muy bien, tú eres mi próximo paciente.

— ¿Qué?

— Lo que haré será una solución momentánea. — Bonnie estaba sentado, así que ella simplemente se inclinó. — Deja de sujetar tu rostro. — El conejo asintió y lo hizo con mucho cuidado. Al dejar de hacerlo, la cara se le despegó y colgó levemente. Amy se quitó unos aretes que tenía y los ajustó con la unión de los tornillos y cables, logrando que se forjara una unión temporal en el rostro y el endoesqueleto. — Listo. Pero no hagas movimientos bruscos, puede soltarse.

El asintió y sonrió, agradecido.

—… Por Freddy y Foxy no puedo hacer nada, me faltarían materiales para llenar los agujeros de sus cuerpos. — Los miró lanzándoles una disculpa con la mirada.

— Nosotros estamos bien, princesita pirata. — Le aseguró el zorro y se puso de pie sin problemas. — Tenemos daños externos, pero ningún problema con los movimientos.

— Nos preocupaban más Chica y Bonnie. — Concordó Freddy.

Amy asintió y volvió a sonreír.

—… Estoy tan feliz de volver a verlos. — Confesó. Scott asintió.

— Tratamos de volver, pero tuvimos muchos conflictos en el camino.

— Amy cumplió su promesa. Volvió, es lo que importa. — Dijo Chica.

— Sí, y volvió mucho más fuerte.

— Y bonita.

Amy se rió.

—… Fue bueno verlos, pero tengo que irme.

Las cuatro caras de los animatrónicos formaron una mueca de sorpresa. No querían que se fuera.

— ¿Por qué?

— No tienes que irte.

— Quédate.

Scott decidió que era hora de intervenir.

— Escuchen, chicos. Amy tiene que ir a casa a hacer sus deberes. — Los cuatro lo miraron. — Pero no se preocupen, ella volverá en la noche.

— ¿Volverá?

— Sí, es la guardia nocturna de la pizzería, así que la verán mucho tiempo más además del día.

Ellos asintieron. Amy abrazó a cada uno.

— Vuelvo en la noche. — Dicho esto, salió de la habitación, dejando a Scott con los animatrónicos.

El hombre se dirigió a Foxy.

— Cuídenla. — El zorro lo miró confundido.

— ¿Por qué? ¿Le pasa algo malo?

— No, pero… Tengo un mal presentimiento. Así que, protéjanla. Especialmente tú. — Apuntó al pirata.

— ¿Por qué? — Scott le sonrió.

— Porque eres su favorito, y también el mío. — Se dio la vuelta para salir.

Foxy se quedó mirando el lugar donde había desaparecido la joven y su padrastro.

.

.

.

Segunda noche.

Amy se ató el cabello mientras ojeaba de reojo las cámaras, daba cuerda a la caja musical y escribía en su cuaderno. Si lograba resolver ese ejercicio de física, lograría un punto base para el examen final del semestre, por nada en el mundo se perdería ese punto.

Sus pensamientos matemáticos se desviaron cuando una risa le llamó la atención.

Alzó la vista y se encontró con un niño que le sonreía con simpatía.

— Hola. — Le saludó.

—… Hola. — Le respondió.

—… Hola. — Repitió. Amy se rió y este también lo hizo.

— ¿Estás imitándome o es lo único que sabes decir?

— Tengo que saludar y reírme cuando estoy regalando globos. Tengo que ser amable.

Amy dejó sus cosas allí en el escritorio y se agachó a la altura del pequeño.

— ¿Cómo te llamas? No te vi durante el día.

— Me llamo Balloon Boy. Y estoy en el cuarto de juegos, nunca salgo de allí, a menos de que sea de noche. Me gusta caminar.

Ella sonrió.

— Me llamo Amy.

— Hola, Amy. — La castaña se rió.

— Escucha, tengo trabajo que hacer y debo concentrarme.

— Entonces caminaré en otro lado. — Se rió.

Amy le agradeció cuando se fue por el conducto de ventilación.

Aunque le resultaba un poco extraño que los otros juguetes no se le acercaran, o tal vez ellos lo hacían y ella no lo sabía. Pues, a ella no le gustaba estar en un solo lugar. Ella caminó por toda la pizzería la noche anterior. Y hoy pensaba hacer lo mismo, pero de forma más breve puesto que quería terminar su trabajo de física.

Caminó a la dirección de la habitación personalizada, pero se detuvo al notar que un animatrónico nuevo la estaba observando. Era Toy Bonnie. No sabía por qué, pero su expresión le dio un poco de miedo. Estaba a punto de acercarse a él para peguntarle si había algún problema…

Pero casi pegó el grito al cielo cuando una mano la jaló rápidamente a la habitación que era su objetivo de llegar. Miró a Foxy atónita.

— ¡Casi me matas del susto!

— Lo siento, princesita pirata. Pero… Ellos no son muy amables.

La joven frunció el ceño cuando vio a Chica cerrar la puerta.

— La verdad es que si son amables, pero… En la noche son más extraños porque la marioneta les ordena qué hacer.

Amy se sentó en el suelo abrazando su cuaderno y su lápiz. No entendía qué rayos sucedía, pero sentía que era mejor quedarse allí hasta que su hora de trabajo terminara. Además, cuando dejó de darle cuerda, la marioneta no había ido a verla.

—… ¿Dónde está la marioneta?

— A veces desaparece como Golden y Spring. — Comentó Freddy. — A Golden lo verás pronto, porque aparece una vez a la semana, aproximadamente.

— ¿Cómo estás tan seguro? El local fue abierto hace poco.

— Sí, pero fue construido hace meses. El período que estuvimos solos, tomó esa rutina. — Contó Bonnie.

—… ¿Qué hay de Spring?

— Ni idea, ese sujeto lo hemos visto con suerte dos veces.

Ella asintió y tendió a concentrarse en su trabajo.

— ¿Qué haces, princesita pirata?

— Tarea.

— Oh.

Tras unos veinte minutos bastante decepcionantes para los animatrónicos, Amy estuvo enfocada en su trabajo hasta que logró resolverlo y dejó el cuaderno a un lado.

— Listo, terminé. — Los miró. — ¿Qué quieren hacer? Me queda una hora.

— Ni idea.

— ¿Ya sabes cocinar, Amy?

— Ah, sí. — Miró a Chica. — Tuve que aprender, después de la muerte de mamá, tuve que hacerlo porque a veces Scott llegaba muy tarde a casa y no podía esperarlo, así aprovechaba para también dejarle algo para comer cuando llegara él.

— ¿Tocas guitarra? — Preguntó Bonnie.

— También he mejorado en eso. — Se rió. — Saqué la guitarra de mi papá y de vez en cuando toco.

—… ¿Duele que una persona muera, Amy?

Amy miró sorprendida a Freddy.

—… Bueno, la persona puede sufrir si es una muerte lenta, a veces no porque es rápida y no causa dolor alguno.

— ¿Entonces por qué te duele a ti la muerte de otras personas?

— Es extraño, pero…— Se sentía rara, parecía enseñarle a unos niños lo básico de la vida. — Cuando una persona es importante para ti, deseas siempre este a tu lado, o que por lo menos sepas que está bien y feliz. — Su expresión cambió a una de tristeza. — Cuando esta persona muere, eres consciente de que no volverás a verla, que…— El rostro amable de sus padres cruzó su mente y sintió una presión en el pecho. —… Sientes que sin ella, no eres capaz de avanzar. Sientes rabia y tristeza. Quizás hubo cosas que deseaste decirle y nunca tuviste la oportunidad.

—… Amy, ¿tú morirás algún día? — Preguntó Foxy.

La castaña se quedó callada, mirándolo con una expresión neutra. Luego miró al resto, que estaba tan interesado como el zorro.

—… Sí. — Sonrió con melancolía. — Es inevitable la muerte.

—… ¿Sentiremos eso cuando te mueras?

—… No lo sé. — Contestó honestamente. — Nunca sabes lo que puede pasar en el futuro.

Un largo silencio se hizo presente. Amy solo tendió a mirar su cuaderno lleno de fórmulas hasta que prefirió expandir el tema.

—… Aunque… Hay personas… Que se alegran de la muerte de otros.

Los animatrónicos la miraron sorprendidos.

— ¿Por qué? — Preguntó la cocinera.

— Porque las personas sienten odio, envidia, rencor. — Se abrazó las piernas. — Esos sentimientos son dirigidos hacia una persona, y si esta muere, es probable que aquel que porta esas emociones, sienta satisfacción. — Dijo con desdén, recordando que había escuchado años atrás que se alegraban de que sus padres ya no estaban.

— ¿Odias a alguien Amy?

—… No los odio, pero nunca me llevaré bien con ellos. — Admitió al aire.

—… ¿Quiénes?

— No tiene importancia. — Forzó una sonrisa y vio su reloj.

06:00 am.

Se puso de pie y les sonrió.

— Tengo que irme, trataré de verlos hoy, ¿sí? Si vengo, traeré herramientas para arreglar algunas cosas, también las tendré en mano en las siguientes noches. — Tomó su cuaderno y lápiz.

— Amy.

Se volteó antes de irse.

—… ¿Nosotros podemos morir? — Preguntó Freddy. Al parecer, le había interesado mucho la charla, parecía haber comprendido muchas cosas, o eso pensó ella.

—… No le llamaría morir, pero… Se podría decir que sí. — Les sonrió. — Pero estoy segura, que en el momento en que ustedes lo hagan, no será al mismo tiempo que yo. Ustedes tienen un gran período de duración. Yo soy humana, un simple accidente puede acabar con mi vida. — Hizo un gesto con la mano. — Adiós.

La joven se marchó, dejando a sus amigos pasmados y reflexionando.

— Creo que ya entendí por qué Scott nos pidió que la cuidáramos. — Comentó Bonnie.

Los demás asintieron.

Muchos tenían muchas cosas rondándoles en la cabeza.

Pero había un pensamiento que tenían en común.

No querían, bajo ningún motivo, que Amy muriera.

.

.

.

Amy salió de la pizzería y caminó un rato hasta pasar un colegio. Vio algunos niños entrar. Se extrañó. Era muy temprano, ¿quiénes llegaban a esa hora? Si fuera por ella, dormiría hasta que le exigieran abrir los ojos. Se encogió de hombros y siguió su camino, o al menos eso quiso hacer, pues chocó con un sujeto.

— Disculpe, no me fije por donde iba. — Y lo miró.

La persona que tenía enfrente era realmente… extraña para ella. Era un hombre de la edad de Scott, más o menos, tenía el cabello negro, y un poco más largo que otros hombres. Su piel era tan pálida que en algunas partes se divisaban notoriamente sus venas. Pero lo que más le llamó la atención fue que vestía ropas completamente púrpuras.

Tal vez, le gustaba ese color.

Y mucho…

Él la miró con sus ojos tan oscuros que juró que eran negros. Un escalofrío le recorrió la espalda. Esa mirada le causaba un terror indescriptible. Retrocedió unos pasos, pero no podía a avanzar y no tenía idea de por qué.

Curiosamente, el hombre le sonrió con cínica amabilidad.

— No te preocupes, pequeña. — La forma en que la llamó hizo que tuviera unas enormes ganas de vomitar. — De casualidad, ¿provienes de la pizzería?

—… S-Sí, señor… ¿Por qué?

— Porque estoy buscando empleo, ya sabes. Me encantan los lugares que están rodeados de niños.

—…

— Tú aún eres una niña. — La miró fijamente. La castaña temblaba, sus pies estaban clavados en el suelo. — Pareces una muchacha muy buena.

—… Tengo que irme.

— Ojalá nos veamos de nuevo.

Ella lo ignoró y se fue corriendo a su casa. Su corazón latía desbocado del espanto y simplemente quería llegar y abrazar a Scott.

Abrió la puerta violentamente, logrando que su padrastro, que estaba haciendo el desayuno, soltara una maldición.

— ¡Por Dios, Amy! No me asustes así…-

Calló abruptamente al verla en ese estado. Estaba pálida, temblando y lo miraba como si estuviese a punto de llorar. Se acercó con lentitud y ella solo atinó a abrazarlo con fuerza.

—… ¿Estás bien?

—…— Seguía temblando. —… Sí, solo fue… Un susto.

No sabía por qué, pero ese hombre… Ese sujeto le había provocado una sensación que no se podía ni siquiera asimilar con miedo, porque lo que sintió fue muchísimo más fuerte.

Si bien siempre fue consciente que tenía una clase de sexto sentido, siempre lo ignoró.

Pero por alguna razón, sentía que no sería la última vez que vería a ese sujeto.

Y curiosamente, la imagen de la marioneta cruzó su mente antes de cerrar los ojos con violencia.

Continuará…

Bien, espero que les haya gustado este capítulo, honestamente la charla de Amy con los otros respecto a la muerte necesitaba hacerla para desahogarme, tuve una pesadilla de las bien feas, y soñé que un ser querido muy importante para mí había fallecido, desperté y comencé a llorar. Ugh, fue un sueño, sí, pero lo que uno siente en el pecho es realmente indescriptible. No sabes si es rabia, dolor, tristeza o frustración. Quién sabe, pero bien, es lo que necesitaba escribir.

Si quieres a una persona, demuéstraselo siempre, algún día te podrías arrepentir si no lo haces…

Ya, me puse muy sentimental.

En fin, espero que les haya gustado el capítulo, El hombre púrpura apareció (por su no lo notaron), y obviamente será muy influyente en Amy y en los demás.

Otra cosa, me encanta la relación que sostienen Amy y Scott, se necesitan mutuamente por el dolor y son felices de esa forma. Scott es el padre que le da el amor que Amy necesita, mientras que ella es la hija que nunca pudo tener, de la mujer que Scott amó más que a nada en el mundo.

Les digo enseguida, que esta historia solo sigue teorías y al agregar un OC, que es Amy, cambiarán algunas cosas, así que acéptenlas, sí? También meteré otros OC's por si acaso, pero lo haré en los próximos capítulos.

Por cierto, no sé qué nombre ponerle al HOMBRE PÚRPURA, me gustaría que me ayudaran a encontrar uno, ojalá LEAN ESTO.

Rossana's Mind.