Capitulo 3 Confiando
Londres Muggle
Departamento de Percy
Miércoles, 31 de Marzo de 1998
Ya habían pasado 3 días desde que Percy le ayudara y lo trajera a su casa, luego de la primera conversación, en la que no llegaron a nada, el mayor no había seguido insistiendo en que le contara nada, pero si prácticamente le obligo a que se quedara alegando que aun estaba mal herido y el la verdad no opuso resistencia, no era como si tuviera donde ir de todos modos. Y muy en el fondo no quería irse. La verdad no se acordaba ya de la última vez que alguien se mostrara preocupado por cuidarlo, como lo hacía Percy.
Pero estaba preocupado no por sus problemas que de por si eran varios, si no por lo sucedido hace solo unas horas.
Flash back
Era el primer baño que tomara desde que Percy lo trajera, Draco ya en su fuero interno estaba rogando por darse una ducha, pero por supuesto el no rogaba, por lo que le comunico a su anfitrión que necesitaba darse un baño. Hasta aquí no había problemas, el dilema recayó a la hora de levantarse de la cama en la se encontrara ya por dos días, por insistencia cabe destacar de su autonombrado medimago, en vista de que era el único disponible y que Draco aceptaría. Es por eso que en razón que el menor aun se encontrara débil e incapaz de sostenerse por sí mismo en la diminuta ducha, fue Percy quien lo auxilio para tal tarea.
- No es necesario que hagas esto – declaro Draco, un poco apenado pues él se encontraba desnudo sentado en una especie de banquillo, transfigurado de antemano por el mayor, que parado a su espalda se concentraba en lavar su cabello.
- Si lo es, aun estas débil a pesar de las pociones que te he dado – dijo Percy – si me dijeras con qué clase de hechizos te atacaron… - dejo la frase suspendida a la espera de el otro se animara a contestar. En vista de que no lo haría dijo:
- Tienes que enjuagarte el cuerpo, pero necesitas pararte.
Draco con esfuerzo, pues le dolía todo el cuerpo, se pone en pie apoyando su cuerpo en la pared al frente suyo, cargándose en ambos brazos. En tanto el otro desaparecía el banquillo, el menor le proporcionaba a Percy una amplia vista de sus cuartos traseros, cosa que le provoco una repentina ola de calor al mayor, situación recurrente desde que ayudara por primera vez al otro. Eso sumado a ese afán de protección, añoranza y familiaridad que le embargaba cada vez que estaba con él. Era algo casi mágico, magnético, primitivo que le llamaba a estar con el menor.
Pero no era el único pues Draco no se quedaba atrás, él sentía esos ojos clavados sobre él, que le provocaban un calor que se arremolinaba en el bajo vientre para luego ir directo a su polla. Lo que provoco, mucho a su vergüenza, que se pusiera duro con una velocidad alarmante.
- Ah… – Draco no pudo evitar jadear, pues Percy ya dejándose llevar por sus deseos recorrió con ambas manos el torso de Draco, parando un momento para torturar sus tetillas. – ah ah mm… - lo que provoco un coro de jadeos ya mas audibles del menor.
- ¿Te gusta? Draco… - Pregunto Percy ya entregado a la niebla de lujuria – ¿quieres que continúe? – dijo cuando una de sus manos estaba bajando por su vientre hasta llegar a su sexo al cual le dio un leve tirón.
- Ah… Sí… - respondió Draco con el cerebro nublado ya de lujuria.
- Separa un poco las piernas – le demando Percy, para después jugar con sus testículos mientras seguía frotando su virilidad.
El pelirrojo aventurándose un poco mas se dejo llevar por sus instintos pues carecía de experiencia con hombres, ya que Draco era la primera persona que le despertaba esos instintos tan primitivos, de querer marcar como suyo a alguien.
Con una mano empezó a amasar una de esos dos globos respingones, que eran las nalgas de Draco, para luego con osadía tantear esa entrada que se palpaba tan estrecha por lo que con cuidado introdujo un dedo jabonoso. Al ver que era capaz de recibirlo, intento con otro y luego un tercero, donde después de un momento los dedos salían y entraban con relativa facilidad. Todo mientras seguía masturbándolo con la otra mano.
Draco perdido en el espirar de doble placer, pues en algún momento esos dedos tocaron un punto que le obligo a cerrar los ojos por la intensa sensación que le sacudió como una corriente, que lo inundo con una lujuria que le hizo temblar de gozo.
- Ah… ah… no pue... no puedo… - jadeo Draco.
- Hazlo, córrete para mí - le susurro en el oído Percy.
- Ah… ahgg… ah aaaah… - termino gritando su liberación el menor.
- Mmf… - solto un gemido ahogado el Pelirrojo, que termino sin la necesidad de siquiera tocarse, solo le basto con ver el erótico espectáculo que le regalo el otro.
Ambos se quedaron en silencio, quietos alargando hasta el último segundo esa intensa sensación de plenitud que les dejo el orgasmo compartido. Ninguno se atrevía a romper el silencio, más bien les hubiese gustado detener el tiempo en ese preciso instante. Ahí, donde sus mentes se encontraban en blanco, donde los problemas eran ajenos, donde solo ellos tenían lugar, ellos y ese tibio calorcito que los arrullo, uno nunca antes experimentado pero que ya sentían adictivo, como si hubiesen nacido solo para ello.
Pero el tiempo ahora los traiciono, como el más cruel de los enemigos, les hizo caer su poder. Entonces volvieron a la realidad dejando atrás ese nuevo mundo que descubrieron juntos. Percy tomando la iniciativa y tratando de evitar una situación que pudiera ser desagradable, termino de limpiar a Draco, para luego guiarlo a fuera mientras lo envolvía en una toalla y lo fuera secando con otra. Así, siguiendo en silencio llegaron hasta el cuarto donde luego de depositar al menor en la cama, el mayor fue a buscar ropa para que el otro, la cual le alargo diciendo:
- Esto debería quedarte bien – la ropa era un simple jean y una camisa – iré a preparar la cena mientras te vistes.
- De acuerdo – fue lo único que respondió el otro
Fin del Flash back
Ahora Draco estaba confuso pues algo dentro de él le impulsaba a creer en Percy, en su preocupación por él, por lo que le sucedía. Pero también tenía miedo, miedo de confiar, de dejarse llevar para después descubrir que todo era una mentira, como lo era toda su vida, que estaba llena y rodeada de puras mentitas y traiciones. Estaba arto quería gritar y llorar quería…, ya no sabe qué cosa, lo que si estaba seguro es que ya no quería vivir de mentiras, y si quería que Percy fuera una constante en su vida no podía mentirle y aun si el otro no le creía entonces comprobaría que eso que le atrae con tanta fuerza hacia él no era suficiente, que era una ilusión más que tendría que dejar ir.
Ahora solo de una cosa estaba seguro, apostaría a creer en Percy, esta sería la última oportunidad que le daba a otra persona y a sí mismo para ser vulnerable, porque aun si no quisiera aceptarlo necesitaba confiar en alguien ya no quería cargar con lo que había descubierto solo.
Esperaba que el confiar en Percy no fuera un error del que tuviera que arrepentirse, pero esta vez y solo por esta vez se dejaría llevar por su instinto, que le decía que el pelirrojo era la persona correcta, no sabía cómo pero lo sabia en su fuero mas interno, casi como si su magia se lo estuviera susurrando en lo más recóndito de su mente. Ya estaba decidido le diría todo y que fuera lo que Merlín quiera.
Así se llego a la cocina donde Percy estaba cocinando algo en un aparato muggle.
Percy sintió sus pasos y se dio vuelta a recibirlo y guiarlo hasta un asiento donde dijo:
- Porque te levantaste yo te llevo la comida para allá, no quiero que te canses innecesariamente. Aparte aun me falta terminar… – Draco no lo dejo seguir hablando, pidiendo que parara con el gesto de una mano. Y dijo:
- Percy… me preguntaste de que era lo que estaba escapando…
- Draco, no es necesario que me cuentes nada yo…
- No, no es necesario… pero quiero hacerlo yo… necesito decírselo a alguien no puedo con esto solo… ah… no es fácil para mí admitir esto y tu eres un extraño que tal vez ni siquiera le importe…
- ¡Me importa! – le dice conectando sus miradas – Draco, sé que soy solo un extraño para ti, un Gryffindor y tal vez un Weasley pero me importa, tú me importas no sé cómo ni porque pero me importas. Yo vine aquí al mundo muggle huyendo de todos, de mi familia para empezar de cero, dejando atrás la vida que conocí. Y hasta ahora no la eche de menos, pero tú, tú me la recordaste y pude haber escapado de eso y dejarte ese día sin ayuda o llevarte a San Mungo contra tu voluntad pero no lo hice porque hay algo, como un instinto que me dice que debo protegerte que me necesitas, no, que nos necesitamos.
- Me gusta que me necesites – dice Draco sin apartar su mirada de la del otro. Esbozando una sonrisa sincera, pero con un dejo de tristeza – nunca nadie me ha necesitado.
Percy sintió en lo más profundo de su alma esa tristeza que reflejaron sus ojos, y internamente se prometió que haría que esos ojos reflejaran alegría, sí, eso era lo que quería darle alegría al menor, quererlo, entregarle todo el cariño que sabia el otro merecía, quería curarle sus heridas y que el otro curara las suyas. Por eso le tomo la cara con ambas manos y mirando sus ojos le dijo:
- Déjame curarte Draco, déjame ser quien cure tus heridas, y ayúdame a curar las mías – y entonces lo beso con ternura en los labios, tratando de trasmitir todo lo dicho en esa sola acción.
Draco entonces le correspondió, sellando así una promesa silenciosa en sus corazones, donde ambos se comprometían a curar y devolverle la alegría al otro, a amarlo como solo ellos que han sufrido de verdad y quieren amar con todas sus fuerzas pueden hacerlo. Como los que han vivido en la oscuridad toda su vida y descubren la luz para aferrarse a ella con todas sus fuerzas.
