¡Hola! Les dejo la cháchara al final del capítulo.

¡Disfruten!

-0-0-0-0- (Cambio de escena)


Disclaimer: InuYasha y compañía no me pertenecen. Son de Rumiko Takahashi.


Primavera.

Encontraba increíblemente divertido buscar rosas. Con toda la delicadeza del mundo cortaba las flores con una tijerilla que se había traído de su época. El sol descargaba sus rayos sobre toda la extension de césped y rosales. Respiró hondo y se deleitó con el aire cálido que entró en sus pulmones.

Había encontrado el rosedal de casualidad, cuando paseaba pedaleando con la "Carroza de acero" como le decía InuYahsa a su vieja bicicleta. Le había parecido un precioso día soleado y para cuando se dijo de ayudar a Sango con su alergia debían de ser las 3 de la tarde. Tenía una canasta de mimbre con ella para buscar las hiervas medicinales, pero la belleza de las rosas la había cautivado y no pudo evitar detenerse para juntar algunas.

Una suave brisa acariciaba las hojas de los árboles. Los pajaritos cantaban hermosamente y veía los colibríes alimentarse de los néctares de los tulipanes que había frente a ella. Los animalitos eran color verde tornasolado y agitaban las alitas con un ritmo frenético. Se divirtió cuando los vio sacar su pequeña lengua. El bosque en la primavera explotaba en vida y eso le encantaba.

Cerró los ojos y suspiró. Todo quinientos años en el pasado era hermoso. Bueno... Naraku no, pero hacia semanas que no aparecía para joderles la existencia. Tampoco los mosquitos eran agradables... Pero no todo puede ser color de rosa, ¿Cierto?

En su canasta ya tenía quince rosas, y todas de colores distintos: Algunas rosadas, otras amarillas, también tenía rojas, blancas, naranjas, lilas y hasta de un color borgoña casi negro. Aunque esta última no le gustaba mucho... era un color muy triste. Le hubiera encantado encontrar una azul, pero bien sabía que las rosas azules no existen.

—¿Que haces Kagome?— Preguntó curiosamente Shippo, que había venido de quién sabe dónde y estaba posado en el hombro de la joven.

—Juntando rosas... Mira Shippo, ¿No son lindas? ¡Tengo de muchos colores!— Le enseñó la canasta.

—¡Pero te lastimarás! ¡Tienen espinas!— Dijo preocupado señalando con un dedo acusador a las inocentes flores.

—Descuida, con un pequeño cuchillo luego les sacaré las espinas.— Sonrió revolviendo el colorado cabello del niño.

—Bueno.. Me voy por que Kirara me espera para jugar. ¡Pero no te lastimes! Ten cuidado.— La miró seriamente con los ojos entrecerrados.

—Lo tendré Shippo.— Sonrió ella volviendo a la tarea de cortar las rosas. —Dile a Sango que pronto tendré la medicina para su alergia.—

El zorrito asintió mientras se alejaba a toda velocidad.

Kagome suspiró y se dijo que ya tenia suficientes flores. Depositó la tijera en la canasta junto a las rosas y el cuchillo y fue a sentarse entre el césped, a despinarlas.

El aroma la embriagaba. El celeste del cielo sobre ella combinada perfectamente con los colores de todas las plantas y árboles en flor que había. Con mucho cuidado y delicadeza acariciaba cada pétalo, luego de dejar los tallos suaves y libres de espinas.

Cuando hubo terminado se rescostó con los brazos extendidos sobre el pasto. Sonrió cuando observó la forma de las nubes y se divirtió encontrando las formas mas tiernas: Un pequeño perrito, una obeja y un pajarito. Esperen: «¿Ese no era Sesshomaru? Ah.. qué va.» Y se encogió de hombros.

Se quedó muy quieta, disfrutando del silencio cerrando los ojos y casi se duerme cuando sintió un cosquilleo en una de sus manos. Sigilosamente abrió un ojo y se llevó una linda sorpresa. Una gran mariposa azul zafiro, con los bordes de las alas blancas, y el cuerpito negro se había posado en uno de sus dedos. Sonriendo la observó hasta que decidió marcharse, batiendo sus hermosas alas. Estar allí era mil veces mejor que ver un documental sobre la naturaleza en la comodidad de su sillón.

Se sintió en contacto con la naturaleza y hasta casi se duerme rodeada de el aire puro y perfumado de la naturaleza.

Sonrió cuando justo detrás de ella cayó una mancha roja. Supo perfectamente quién era.

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—A... ¡Achú!— Se sobó la sensible nariz y respiró hondo. Maldita primavera. El polen lo lastimaba, aunque por su puesto, JAMÁS lo admitiría.

—Vamos InuYasha, la zona donde están las hiervas que necesitamos están un poco más adelante.— Le gritó Kagome desde su posición -bastante más adelantada- que la del hanyou.

Al ver que InuYasha no la escuchaba por sobre el ruido de sus estornudos, lo retó:

—Bueno, entonces te juego una carrera hasta el árbol sagrado. ¡A que no me ganas!— Le sacó la lengua y se giró dándole la espalda, empezando a correr. Bah, en realidad quiso dar un paso, pero se topó con que su cara se estampó en un pecho musculoso, duro como el acero.

Con las cejas arqueadas levantó el rostro y descubrió que dos ojos dorados la miraban con intensidad. Se derritió internamente.

—Niña, ¿De veras pensaste que me ganarías?— Sonrió arrogante.

—Cállate. El marica que estornuda en esta preciosa estación eres tú.— Lo señaló acusadoramente.

—¡Oye! No es mi culpa que el maldito polen se meta en mi nariz.— Y el arrugó el rostro.

Eso a Kagome le pareció lo más lindo y tierno. Cómo amaba a este idiota infantil. Con una sonrisa soltó la canasta con las rosas que tenia para recoger las hiervas y rodeó con sus brazos el cuello del hanyou. Él se puso tenso.

Acercó su rostro hacia el de InuYasha con una sonrisa y unió sus labios en un beso sutil. Sólo sus labios se unieron en un contacto fugaz, pero los dos corazones se dispararon en alocados latidos e InuYasha se llenó de dicha, y maldijo mentalmente por no ser el el que la haya besado esta vez.

—No estarías sufriendo de ser que me dejaras ir a mi época para traerte una medicina.— Negó suavemente con la cabeza.

—Tú eres mi medicina.— Murmuró InuYahsa mientras ponía tímidamente una mano en la baja espalda de Kagome.

Ella lo miró con una ceja levantada interrogantemente.

—Q.. Quier..— El hanyou suspiró intentando calmarse. —Quiero decir que... bueno que... prefiero la medicina que haces tú... aquí con las hiervas.— Admitió Completamente rojo. No se distinguía entre el rostro del hanyou y su Kosode.

—Puedes ser muy lindo a veces, InuYasha.— Le sonrió.

—¿Qué babosadas dices? Yo no soy lindo, Kagome.— Le frunció el ceño. Amaba hacerla enojar, era como una niña.

—Sí que lo eres.— Ella le frunció el ceño de vuelta.

—No, no.— Se señaló la cabeza. —Tu amado polen te afectó el coco.—

—¡Que siiiiii!— Se separó de InuYasha y puso sus bazos en jarra.

—No, Kagome. ¡Noooooo!— Le peleó con una sorisita idiota.

Particularmente una vena en la frente de Kagome se estaba hinchando de manera preocupante.

—Kagome, ¿Estás b...—

—¡SIÉNTATE!— Gritó ella interrumpiendo a InuYasha.

«Qué temperamental es, ¡Maldición!» Pensó él mientras era hundido hacia las entrañas de la tierra, por los numerosos "Siéntate". «Demonios, esto dolerá mañana.»

Kagome respiró hondo. —Y ahora por idiota, iré a mi época a buscar la medicina para Sango, antes que se le salga el alma por los estornudos.—

—¡Espera, Kagome!—

Pero ella ya estaba lejos, corriendo como alma que lleva el diablo antes de que InuYasha la atrapase.

—¡Siéntate!— Gritó de nuevo a todo pulmón.

Bueno, era sólo para asegurarse.

Rió de júbilo cuando llegó al claro del pozo y cuando estuvo lo suficientemente cerca, se lanzó con todo el impulso de la carrera dentro del pozo antes de que se le salieran los pulmones del esfuerzo. Casi diría que podía sentir a InuYasha acercándose.

Amaba las flores y la pureza de la época feudal, pero realmente a veces extrañaba las comodidades del mundo quinientos años en el futuro: Entre ellas las medicinas, y los chocolates... Tal vez se comiera alguno. Y los baños de agua bien caliente.

Oh... se daría un baño. Vaya que lo haría... Eso si InuYasha no la perseguía para llevarla a rastras a la época feudal de nuevo.

Solo lamentó haber dejado abandonada su canasta con sus preciosas flores. A su madre le hubieran gustado.


Acá les dejo la continuación de esta historia, puramente a pedido de ustedes. Será un capítulo por cada una de las estaciones del año.

¿Era lo que querían leer? Déjenme un rw para saber que les pareció. No saben lo feliz que me hace leer sus opiniones.

La próxima estación sera el... (Redoblantes)...¡Verano!.

Quiero agradecer a: RatillaFresa, Astron, serena tsukino chiba y a Lady-Shine por sus lindos comentarios. Y a todos/as que pusieron este fic en favoritos y alertas.

Les mando saludos desde Argentina. ¡Chau y besos!