Gracias por sus reviews, los que siguen aún la trama y a los que la pusieron en sus favoritos.

Realmente ¡GRACIAS!

Perdonen la tardanza, he estado llena de examenes pero aquí les traigo el nuevo capítulo. Mañana o en el transcurso de la semana estaré publicando el final.

¡Disfrútenla!


Yuki miró a su madre sintiéndola temblar, lo peor estaba por suceder así que optó por protegerla. Su padre no volvería a hacerle daño. Se dirigió a la puerta abriéndola, haciéndole frente a su progenitor, transmitiéndole un deje de rivalidad en su mirada.

— Es mejor que saques a tu madre, debe responderme muchas preguntas y no me iré hasta que las conteste todas.

— No tengo intención de dejarla contigo, mucho menos a solas.

— No le haré daño.

— No te creo.

El aire se tensaba, Hinata no hallaba la forma en cómo salir y sacar a su hijo del problema que solo era de Naruto y ella.

— Tienes algo de Hiashi, ¿lo sabías?

— No me compare con alguien como él, señor Namikaze.

Naruto saltó al ser llamado por su apellido por su propio hijo.

— Así es Hiashi, de gruñón. – Yuki quiso reírse. – Pero lo cierto es que los Namikaze tenemos mejor sentido del humor, ¿tu madre no te dijo que fui un problemático? Más que eso, le quitaba los calzones al profesor de futbol mientras se bañaba y luego los bandeaba en mitad de la escuela. Sabía que era un psicópata por la limpieza así que los pasaba por el barro antes. Recuerdo haber visto a mi madre en los citatorios, esperándome afuera con un mazo de madera envuelto con maleza. – miró la cara aterrada de Yuki. – No sabes cómo picaba en cada paliza, pero así aprendí a llevármela mejor.

— ¿Con los profesores? – abrió la boca sorprendido.

— ¡Oh no! Con el mazo. – Yuki rió a carcajadas con Naruto. – Era el remedio que mi madre decía, duraría por lo menos, dos semanas sin problemas.

— Empiezo a querer a mi madre por sobre todas las cosas.

— Ella lo merece.

Hinata se tocó el pecho sonriendo, su hijo necesitaba un padre, necesitaba a Naruto en su vida y ella no podía quitarle esa oportunidad de ser feliz.

— Yuki, déjame hablar con tu padre. Te prometo que todo estará bien.

— Él debe prometerlo. – Naruto lo miró con ternura y asintió.

— Lo prometo.

Yuki abrazó a Hinata y le besó la mejilla, estaría cerca por si la escuchaba gritar.

— Voy a permitirte ver a Yuki.

— No es eso lo que quiero. – entrecerró la mirada. – Es afirmativo que quiero estar con él, pero debes aclararme las dudas que no me dejan ir tranquilo.

— No hay dudas en lo que sucedió.

— ¡No es eso! Dame razones del por qué lo has negado ante mí. Le pude haber dado todo, una casa, dinero, educación.

— Las cosas se dan por pequeñas irresponsabilidades, he aceptado lo que me ha tocado y lo he amado cada segundo de mi vida.

— ¿Crees que eso me será suficiente? No jodas, Hinata.

— Te estoy dejando ver a Yuki, ¿qué más podrías querer? – torció la boca.

— Quiero explicaciones, ¡tengo tantas dudas!

— ¿Recuerdas cuándo me creí enferma que mi salud comenzó a deteriorarse?

— Lo sé.

— Todo el tiempo estuviste con Sakura mientras que yo sentía morirme en una cama con mareos y vomitos. Me desmayaba más de cinco veces al día. No digas que lo sabes porque mientes.

— Te llamaba.

— ¡Debiste visitarme! Se supone que era tu amiga, la que te confesó lo que sentía, ¡con la que tuviste intimidad después! Pero lo entiendo, no significa que sea tu obligación mi cuidado.

— Hinata.

— Fui al médico. – suspiró – Quería decírtelo al finalizar la semana.

— ¿Por qué cambiaste de parecer?

— Me enteré sobre tu compromiso con Sakura. No podía. – bajó la cabeza – No podía.

— Tenía que haberlo sabido de cualquier forma.

— Lo sé, y pido perdón. Llegué a creer que nunca sabrías de Yuki.

— Pero he llegado hasta aquí.

Silencio. Hinata miraba al piso y Naruto no podía dejar de verla a ella, ya no tartamudeaba junto a él, se veía correcta y firme al hablar, estaba tan jovial y hermosa como la recordaba. De pronto un miedo le recorrió la espina dorsal, un miedo a que ella se alejara de nuevo.

— No me casé. - las palabras se le atoraron en la garganta, como si quisiera gritarlo. – Me hizo creer que las cosas volverían a ser como antes, pero no lo fueron.

— No me interesa saber, Naruto.

— Si te interesa. – caminó hasta ella. – Te interesa cada cosa tonta que pase por mi cabeza, cada recuerdo, cada sonrisa. Te interesa todo de mí. Aún te interesa amarme.

— No sé de que hablas. – retrocedió.

— ¡Lo sabes! Sabes cada maldita cosa que pasa por aquí. – se golpeó el pecho – Dime que lo sabes.

Hinata temblaba al sentirlo cada vez más cerca de ella, había algo nuevo en su mirada, era un miedo que lo invadía en cada paso que daba. Quería parar pero sus pies no lo obedecían, se sentía tan extraño como si su mente se ausentara y su cuerpo respondiera a órdenes desconocidas.

— No sé qué me pasa Hinata, siento mi corazón latir como cuando amaba a Sakura.

Entonces lo comprendió y todo el amor que creyó imposible le golpeó el pecho, amó a Hinata desde el primer momento en que su sonrisa iluminó los pequeños lugares de su corazón, donde el sol no brillaba.

— ¿De qué hablas?

Hinata paró de retroceder haciendo que Naruto se acercara más a ella, la cogió con fuerza del cuello y le respiró en los labios. Desde que ella se fue, no hacía más que gruñirle a Sakura, dormía en la empresa y muy pocas veces comía, Hinata se había convertido en algo tan valioso para su alma, ese toque de ternura que lo llenaba de alegría. Se había imaginado un mundo con ella al punto de asustarle lo que sentía.

Sakura había regresado sacándole dudas y poniendo a prueba su amor, tenía tanto miedo que se alejó de Hinata sabiendo que se veía muy enferma, hasta que ella se alejó de él.

— Te extrañé demasiado. – Hinata suspiró llevándose gran parte del aliento de Naruto. - ¿De qué hablo? – rió rozando los labios. - ¿Quieres saber?

Hinata asintió cerrando los ojos.

— ¿Segura? – volvió a asentir – Después no habría marcha atrás.

— ¡Maldición Naruto! Si sigues hablando tonterías te besaré.

Naruto soltó una fuerte carcajada.

— No me ganarás esta vez Hinata, hoy, mi amor será tuyo primero.

Yuki miró a sus padres abrazarse y besarse desde la amplia ventana de la sala, el atardecer los llenó con sus tonos naranja, sonrió feliz porque ahora podría tener la felicidad que tanto deseó, y una familia.