Capítulo 3 - Alternativa
Desde el principio Argon sabía que no la tendría fácil, La Ciudad estaba cargada de gente como podría esperarse del "único sitio seguro en la Tierra". Si bien Nero podía indicarle el camino a seguir gracias a sus sensores, Halnae le llevaba una cierta distancia que le costaba recuperar, estaba siendo muy precavido con cómo conducía, no quería herir a nadie en el camino y... ir a toda velocidad tampoco le emocionaba.
— A la derecha en la próxima esquina, pasando el cartel rojo, Halnae se encuentra a aproximadamente 70 metros de distancia — comentó Nero desde el interior de su guardián.
— ¿Y nuestro objetivo? -consultó él.
— Por delante de ella, peeero no tengo ni idea de cómo está igualando la velocidad de un colibrí si no la vimos sacar uno.
Argon no emitió respuesta y procuró doblar muy abiertamente por la presencia de una vendedora humana en la susodicha esquina. La pobre se asustó y tomó sus cosas como pudo, sus prendas se agitaron por la ondeada de aire que generó el vehículo. Aprovechando que habían entrado a un sector abierto, el titán aumentó la velocidad y se puso mano a mano con la insomne de su facción. Ella se limitó a mirarlo de reojo y largarle una simple palabra:
— Lento — volvió su vista hacia adelante y le indicó al titan con un ademán de su cabeza que mirara al frente.
A pocos metros de distancia, se encontraba la sospechosa con su rostro completamente cubierto, incluyendo las lentes agujereadas. No iba en un colibrí, sino que estaba de pie sobre una avutarda, una carreta antigravedad enfocada al transporte de material pesado, y miraba en dirección a sus persecutores. Los saludó agitando su mano eufóricamente, provocando que Halnae metiera el turbo al máximo en su colibrí y estuviera a casi un metro de su objetivo.
— ¿No puedes alcanzar a mi pajarito, ceniza agria? — dijo la prófuga sin dejar de sonreír, mirando desde lo alto a su par insomne.
— ¡Estás loca! ¡Deja a ese civil!
Argon notó el tono un tanto desesperado de Halnae y prestó atención a la carreta. No se había fijado en el hecho de que alguien debía de estar conduciéndola ya que aquella avutarda se excedía de la velocidad máxima que podía alcanzar en modo automático.
Al frente del transporte se encontraba un hombre encorvado hacia adelante con la punta de un rifle apoyada sobre su nuca. Se lo notaba espantado, y tenía su mirada fija en el frente.
La prófuga volteó a su espalda por unos segundos y luego bajó su mirada al conductor.
— Buen trabajo, disculpa las molestias ¡Recuérdalo con emoción, no como una experiencia cercana a la muerte! ¡Nos vimos! — y enseguida saltó de la avutarda y desapareció de la vista de los demás.
El vehículo no se detuvo, el conductor estaba aterrado y no debería querer saber nada de mujeres disfrazadas nunca más en su vida. Por su parte los guardianes se detuvieron en seco apenas pudieron y volvieron hacia atrás, a la altura por la cual había desaparecido la otra muchacha.
— ¡Maldición! — Halnae descendió de su colibrí y sin pensarlo, se arrojó por un amplio agujero que se encontraba en el suelo.
Argon también dejó su transporte a un lado y se acercó al borde. Nero se materializó.
— Bueno, tiene sus trucos — comentó la espectro con sorpresa.
— Escanea el nivel subterráneo — Argon le ordenó a su espectro sin siquiera mirarla mientras se arrojaba por el agujero. A su alrededor se encontraba todo oscuro, pero Nero pronto le proveyó luz. Se encontraban en unos túneles descuidados — Traza un camino que nos lleve por una dirección diferente a la de Halnae, vamos a rodearla, no creo que tenga muchas opciones por aquí, este lugar debe tener la mayoría de sus salidas selladas.
— Y... ¡Listo! -Nero revoloteó a su alrededor— Hay un camino que podemos seguir, peeeero, es un tanto... particular.
— ¿A qué te refieres?
— No entiendo cómo crees que esto era un realmente un camino.
Estaba estrecho, muy estrecho. La armadura de Argon no hacía nada más sencillo, a veces se sentía mal por ser tan grande, pero estaba seguro que alguien más pequeño tampoco la pasaría bien.
— Insisto -— comentó el titán mientras intentaba pasar un brazo hacia adelante — este camino va a dificultar la persecución, necesitamos ir por una trayecto más rápido.
— Confía en mi, huhu — su espectro flotaba frente de él, llevando la delantera, a su alrededor había espacio de sobra — y en todo caso, es uno de los pocas opciones. Detecté que muchos pasos estaban bloqueados con diferentes sistemas de seguridad. Tarde o temprano nos encontraremos con ella, no creo que haga otra cosa que la que tengo en mente.
— ¿Por qué?
— Porque aprendí a entender cómo piensan los tontos.
— … momento.
— ¡Vamos, vamos!
A pesar de la resignación y las fuertes dudas de Argon, continuaron. El camino estaba lejos de ser silencioso, las piezas de armadura del guardían golpeaban los bordes del conducto de aire que atravesaban. Un toc-toc metálico resonaba cada vez que movía un hombro o una rodilla. Su especialidad no era ser sigiloso, era bueno con los francotiradores, pero al usarlos al menos se aseguraba que era la distancia la que lo protegía de que los sonidos que emitieran relevaran su cercanía y ubicación, pero así... ¿Acaso la insomne prófuga creería que estaba cerca de una rata con armadura de dimensiones muy grandes? No, esa idea sería muy estúpida, los animales que quedaron luego del colapso no llegaban a tener esa inteligencia, pocos había evolucionado hacia una forma que les permitieran sobrevivir a las nuevas amenazas. Muchos depredadores habían desaparecido, y...
— Tus pensamientos libres son entretenidos de espiar — le sorprendió su espectro.
— ¿Puedo tener algo de intimidad mental por favor?
Nero simplemente giró sobre su eje y movió algunas de las partes de su carcasa, por poco parecía que se le había formado una suerte de una sonrisa pícara.
— No creo falte mucho — comentó ella adelantándose y deteniéndose frente a una intersección, giró hacia la derecha, indicando que debían ir para allí — Me molesta este silencio ¿Quieres que te cuente sobre estos túneles?
— ¿Qué tengo que saber además de que están desde antes del Colapso? — Argon llegó hasta ella y con dificultad, se torció, creyó que había inventando una nueva pose de yoga y logró cambiar de conducto. Ya se hacía una idea de lo que le dolería el cuerpo después de esto.
— ¡Tienen mucha más historia! Aquí se refugió mucha gente durante aquellos eventos, luego lo usaron de depósito y de lugar estratégico para defensa. Según lo que pude ver en los registros, con el tiempo los cerraron por seguridad. Supongo que es mejor tener siempre visión de todo, temerían una ataque sorpresa por debajo.
— Dudo que teniendo la vida limitada a una pequeña fracción de la Tierra, uno tenga ganas de pasarse encerrado a oscuras.
— Yep. Los guardianes son privilegiados Argon ¿Nunca lo has pensado? Pueden recorrer el resto de la Tierra y del Sistema Solar sin temor a morir como el resto de la población.
Él se quedó en silencio, sabía eso perfectamente. La Ciudad no podía extenderse mucho más allá de los territorios del Viajero. Los guardianes hacían un buen trabajo en la frontera, pero no podían descuidarse. Por más que quisieran y prepararan las condiciones para una vida más allá del viajero, los habitantes tenían miedo, no querían alejarse de la protección que aquella cosa misteriosa de alguna forma les proporcionaba.
Doblaron nuevamente, esta vez hacia la izquierda.
— ¿Piensas quedarte en silencio grandulon? -dijo la prófuga encontrándoselo frente a frente. Parecía bastante tranquila, sus codos apoyados y sus manos sosteniendo el peso de su cabeza. Sus lentes se habían fragmentado todavía más y simplemente los llevaba por encima de la frente.
— Gané -comentó Nero — Creo que con esto ya no tengo que darte las motas de luz ¿No?
El titan gruñó y miró fijamente a la muchacha que no dejaba de sonreirle y sostenerle la mirada.
— Tienes suerte de que la actitud infantil de tu espectro no le bloquee el sistema inteligente con la que la crearon Mister Hur — le sonrió a Argon — ¿Descubriste rápido que la única entrada era a la vez la única salida? — agregó luego mirando al pequeño aparato flotante.
— Claro, claro, soy muy rápida para esas cosas -le respondió Nero con bastante orgullo — Momento... ¿Actitud infantil?
— ¡Bien! ¡Bien! — la insomne cambió rápidamente de tema — No tenemos demasiado tiempo y este no es el mejor lugar para charlar, pero cenizas locas anda por allí, el orgullo le sobra y no le permite a su espectro que la guie, es muy divertido de ver ¿Tienes un minuto para hablar del trabajo que quiero ofrecerte grandulón?
— Disculpa — el titán le dirigió la palabra — No pienso tomar un trabajo de alguien que levantó caos en un lugar tranquilo y que amenazó a un pobre civil con un arma.
-Aaaah, eso, no te preocupes, nunca le haría daño a un civil, pero necesitaba escaparme de la otra y... -la prófuga se acercó hacia él y éste se hizo hacia atrás como pudo instintivamente- charlar contigo, en privado.
— Me niego.
— Anda.
— No.
— Amargado.
— Resultaste una amenaza.
— Aha...
— Pusiste en peligro a muchas personas, tanto guardianes como civiles.
— Aha...
— Y arruinaste mi única noche tranquila en toda la semana.
— Aha... Pero logré que me prestaras atención y pudiéramos hablar a solas ¿No?
— ...Punto para ti. Pero estos métodos los desapruebo.
-¡Hoho! — a Argon le pareció que la insomne brilló por un instante — Ahora salgamos de aquí antes de que cenizas nos alcance porfi — y dicho esto, la prófuga se le acercó más y más hasta tenerla a escasos centímetros de distancia. Argon la tomó de una muñeca y la detuvo — ¿Qué te pasa? No pienso atacarte, quiero salir y para eso tengo que seguir ¿No? Aunque tenga que pasar a un lado tuyo por un espacio ridículamente angosto ¿O piensas convertirte en una puerta? Metal no te falta.
— ¿No tenemos un método más … práctico? — preguntó el titán con un tanto de incomodidad. Se le ocurría volver avanzando de espaldas pero...
— No, no. Soy delgada, dé...jamelo ¡a mi! -se notaba el esfuerzo que la muchacha estaba metiendo, forzaba su voz y el dolor se veía en su rostro pero ni siquiera uno de sus brazos pasaba entre el escaso espacio entre el titan y la pared.
— ¿Segura? — él se estaba divirtiendo un poco, debía admitirlo. Si bien su paciencia se había agotado, verla le entretenía, sentía que era una niña necia que se negaba a aceptar que sus capacidades no eran las suficientes. En sí le gustaba ver cómo la gente comprendía a la fuerza sus propios límites.
— Plan dos — se detuvo ella — ¿Tienes un lanzacohetes encima? — comento casualmente, como si nada.
— ¿¡Qué piensas hacer!? — le cuestionó él con molestia. Qué bueno que no había traído su cohete consigo.
— Ahm... ¿Aplicar el plan dos?
— No lo vas a aplicar.
— Ok, faltan recursos ¡Hora del plan tres!
— ¿¡Qué-!?
Todo se iluminó de repente y ambos perdieron la vida en el instante.
