Todavía quedan bastantes misterios por resolver y créanme, trabajo en ello. Me encantaría que por lo menos me dijeran si les gusta o no, o qué le falta. No abandonaré este proyecto ya que no le quedaría mal a los lectores que me han dejado su review pidiendo que continúe el fic.
Por cierto, ya volví a subir los capítulos anteriores corregidos completamente.
OK. Ya cierro mi bocota. Después de TRES SEMANAS ¡Aquí está!
Capítulo 3
El senador Hummel detuvo la camioneta en la entrada de la mansión. Vio por el retrovisor que su hijo estaba completamente dormido, y que su hija estaba recargada sobre su hermano, con su coronilla en la mejilla de Kurt, igualmente dormida.
— Chicos, es hora de levantarse, ya llegamos a casa.— Lo dijo con tono cariñoso y una sonrisa en sus labios. — Hey, chicos.— Repitió al ver que ninguno de los dos le hacían caso, ambos estaban muy dormidos.— ¿Niños?
Burt Hummel decidió bajar de la Lincoln para poder despertarlos, él sabía que si alguien despertaba a Santana a gritos, su hija sería una enorme molestia por unos días. Y no estaba dispuesto a vivir eso de nuevo. Apagó el motor y sacó las llaves, tomó su celular de la guantera y lo colocó en la bolsa izquierda de su saco. Revisó por última vez la cabina para ver si no se le olvidaba nada y vio que todo estaba bien. Se quitó el cinturón de seguridad y abrió la puerta. Bajó de la camioneta y abrió la puerta en donde estaba Kurt, que era la puerta del asiento que se encontraba atrás del asiento de conductor.
— Kurt, levántate.— Le dijo pacientemente a su hijo al mismo tiempo que lo tomaba de su brazo izquierdo y lo sacudía ligeramente.
Santana sintió el movimiento y abrió los ojos, aún asustada por los acontecimientos que habían pasado ella y Kurt. Santana volteó a ver a su padre y le dirigió una sonrisa.
— Yo me encargo de él. Esta semana ha sido muy difícil por el cambio a la Universidad y todo eso. No te preocupes, yo lo despierto y lo llevo.— Santana trató de decirlo con mucha seguridad. Su padre le devolvió la sonrisa y dio un asentimiento de cabeza, le dio un beso en la coronilla a su hijo y se retiró. Caminó hacia la gran puerta de entrada de la mansión y entró a su hogar.
Santana estaba muy asustada y sorprendida, sus músculos aún dolían lo suficiente como para no querer moverse y más aún asustada por los canarios que seguían en su mano. Ambos vivos. Ella sabía que era cuestión de tiempo para que su padre regresara a la Lincoln para revisar si sus hijos ya estaban fuera de la camioneta en sus respectivas habitaciones. Santana rebuscó entre su bolsa y revisó la hora en su celular. Apenas eran las cinco de la tarde con quince minutos. Santana suspiró ruidosamente y metió de nuevo a su bolsa su celular, y colocó a los canarios en un compartimiento de su bolsa con mucho cuidado. Con la mirada, buscó el celular de Kurt y lo encontró entre las piernas de su hermano, lo tomó y lo metió a su bolsa. Santana giró lentamente el cuello ya que todavía sentía las uñas de la bestia en su cuello y miró a Kurt.
Su hermano tenía unos círculos morados alrededor de sus ojos, no eran muy visibles, pero si completamente llamativos ya que él jamás dejaba que su piel sufriera por falta de sueño, alguien que conocía a Kurt lo suficiente como ella lo hacía, sabría que esas ojeras eran el resultado de una noche de sueños malos, o en este caso ya no sabía si se trataban de sueños reales o locura que creaba su mente. Ella ya no confiaba en lo que pasaba a su alrededor. Santana tenía miedo de su mente y de lo que conllevaba el poder morir mientras dormías. Santana se dijo a sí misma que todo era una mentira. Pero una vocecita en su mente resonó: «Sólo porque pasó en nuestra cabeza, no significa que todo lo que pasamos sea mentira.» Se dijo a sí misma, un tanto divertida ya que Dumbledore le había dicho algo parecido a Harry cuando Voldemort lo atacó en el bosque prohibido. Santana se rio de sí misma y de su lado Potterico y se dio un zape mental al recordar que su hermano había sufrido más que ella en esos "sueños" y se dio otro zape mental por estar pensando en Harry Potter y no en su hermano torturado.
Santana desabrochó su cinturón de seguridad, tomó su bolsa de mano, y movió su cintura para poder despertar a su hermano.
— Kurt. ¡Kurt! Levántate, no podré cargarte hasta el tercer piso. Al menos no en la condición en la que estoy. Necesito que te levantes, tenemos que llegar a nuestra habitación antes de que papá regrese.— La voz de Santana sonaba absolutamente preocupada, su hermano no tenía un sueño ligero, pero jamás había hecho caso omiso a los que decía Santana. Ella empezó a preocuparse y a enojarse. No era una buena combinación en Santana.
Santana sacudió ligeramente a Kurt y este comenzó a reaccionar. Los ojos de Kurt se abrieron suavemente, la luz lo estaba lastimando. Santana observó a Kurt un tanto aliviada y preocupada. Su padre estaba a punto de volver.
— Levántate ya por dios. Papá se preocupará si ve que no te levantas y mañana no podremos ir a nuestro primer día de Universidad. No iré si tú no vas.— Dijo una Santana un tanto dolida y asustada. Los ojos de Kurt se abrieron como platos y de pronto el miedo apareció en sus finas facciones.
— No entiendo. ¿Qué demonios fue lo que pasó? ¿Por qué me duele toda la piel de los brazos y no tengo nada en ella?— Musitó Kurt con terror, su voz sonaba un tanto cansada pero nada muy grave, eso creyó Santana.
— Kurt, confía en mí. Necesito llevarte a tu habitación. ¿De acuerdo? Vamos a descansar y luego te contaré todo lo que sé.— Dijo Santana algo brusco.
Kurt la observó y decidió confiar en su hermana, ella nunca le había fallado. Sintió su piel arder, un dolor sordo parecido al de su sueño, nada como lo que había sentido antes, nada comparado, pero aun así sentía su piel en llamas y sus dedos cansados y adoloridos. Se sacudió un poco, se acomodó bien en el asiento, aún estaba muy débil y tardó un poco en enfocar bien la vista. Con su mano izquierda desabrochó el cinturón de seguridad y vio a su hermana.
— Ok. Puedo caminar solo, pero necesitaré ayuda en la escalinata.— Lo dijo con una sonrisa de disculpa hacia su hermana.
— No hay problema, lo único que me preocupa es que papá regrese, y sabes que él sabrá que algo está mal, y comenzará con el interrogatorio.— Respondió con una sonrisa al ver que su hermano no estaba tan débil como ella pensaba.
Santana salió por la puerta derecha de la Lincoln, y salió de la camioneta, al tocar el suelo sintió su pierna muy pesada y punzones de dolor que viajaban de su muslo hasta su ombligo, algo muy, muy desagradable. Santana se dio cuenta de que era la pierna que la reptil había atacado. Santana creyó prudente no maldecir de dolor ya que su hermano le preguntaría y comenzaría a preocuparlo. Lo primero era hacerlo descansar.
Santana bajó completamente de la camioneta de su padre y giró para ver a Kurt siguiéndola, su cara le decía a Santana que la estaba pasando peor que ella. La cara de Kurt estaba quebrada por dolor. Por lo menos Santana agradeció que Kurt confiara en ella y no le preguntara lo que había pasado o lo que creía que pasó. Kurt salió con mucho trabajo de la Lincoln, su respiración era muy trabajosa.
Santana le dio la mano a su hermano como de costumbre y lo llevó hacia la entrada. Ambos tardaron al subir y agradecieron que no hubiera nadie que los observara. Subieron al segundo piso, luego al tercero. Caminaron por el pasillo. Santana en la puerta de la habitación de Kurt revisó la hora, eran las cinco cuarenta de la tarde. Santana sabía que necesitaban dormir para poder recuperarse para el día siguiente.
Abrió la enorme puerta de madera de roble de color crema de la habitación de su hermano, tomó la manija de cristal y abrió la puerta.
La habitación de Kurt Hummel era hermosa. No había otra palabra para describir el grado de belleza de esa habitación, con suaves colores crema y blancos, la habitación era como el cielo. Desde el enorme librero que llenaba completamente la pared de la derecha, llenaba esa pared con libros desde el suelo hasta el techo y la cubría perfectamente de esquina a esquina, los muebles de Kurt de color crema de madera, las mesitas de noche que se encontraban en cada lado de la cama de Kurt, el enorme espejo que se encontraba empotrado en la pared y la puerta del vestidor, el cual los cubría totalmente, la enorme cama con sábanas de algodón egipcio blanco, las almohadas con plumas, la enorme cortina de seda y pabellón indio blanco que cubría la ventana del balcón que daba una vista impresionante del jardín sur y de la piscina y los abetos del lado este de la mansión. La puerta quedaba frente a la cama, el librero estaba en la pared izquierda de la habitación, el vestidor en el lado derecho y el balcón quedaba detrás de la cama, un hermoso y enorme ventanal. La habitación sencillamente era enorme, eso sin contar el vestidor de su habitación que era de un tamaño similar.
El vestidor contenía toda la ropa de Kurt, sólo de esa temporada, la demás ropa se encontraba en el almacén de Santana y Kurt.
Santana cerró la puerta detrás de ella y caminó a través de la puerta tomó a Kurt y lo recostó en la enorme cama blanca. Le quitó las botas de diseñador y lo cubrió con una frazada. Kurt le sonrió y cerró los ojos.
— Duerme Kurtie. Mañana tendremos que hablar de todo lo que nos ha pasado.— La voz de Santana estaba estrangulada. Ni ella misma creía aun lo que les había pasado.— Descansa.
Santana le dio un beso a Kurt en la frente, volvió a revisar si había tapado bien a su hermano y revisó el balcón. Abrió el enorme ventanal, dejando que el aire de verano perfumara la habitación de su hermano. Santana salió a observar el jardín. Caminó a lo largo del balcón y se detuvo cuando vio un destello. Santana se asustó, e inmediatamente volteó, y se dio cuenta de que era sólo el reflejo de la luz del sol sobre la piscina. Santana suspiró profundamente y se quedó por unos minutos observando el lugar dónde el Hobbit y ella habían saltado para poder rescatar a su hermano del reptil.
—No dejaré jamás que alguien le haga daño de nuevo. No dejaré que él vuelva a tener esa cara de dolor en su rostro. Jamás.— Santana sintió sus mejillas húmedas por las lágrimas, las tocó con sus dedos y las limpió. Santana estaba algo asustada por las reacciones que había tenido en ese maldito "sueño". Ella nunca lloraba, y lo había hecho varias veces ese día.
Santana volvió a ver por última vez el lugar dónde el Hobbit y ella se habían presentado y volteó su mirada a las cortinas blancas. Caminó con trabajo por el dolor punzante de su pierna y entró a la habitación. Kurt estaba completamente dormido. Santana sintió que ella necesitaba una ducha y dormir, tenía que prepararse para su primer día de universidad en la mañana.
Santana caminó a través de la habitación de Kurt y le dio la última ojeada a su hermano. Los ojos comenzaron a picarle, y decidió salir de la habitación antes de volver a llorar de nuevo. Giró la manija de cristal, abrió la puerta y salió de la habitación. Cerró con mucho cuidado para no despertar a su hermano y caminó por el pasillo hacia su habitación.
Santana caminó pocas decenas de metros hacia su habitación, pasando la pequeña bodega de pinturas de su madre, que estaba a un lado de la habitación de Kurt, entre la habitación de su hermano y la de ella.
Santana llegó a su habitación y tomó con la mano derecha la manija de su puerta. Su puerta era del mismo diseño de la de su hermano. La giró y entró a su habitación.
La habitación de Santana era de las mismas dimensiones de las de su hermano. La diferencia era que la habitación de Santana estaba completamente llena de diseños en animal print, desde las sábanas con rayas estilo cebra, las cortinas rojas de satín que cubrían el ventanal del balcón, la alfombra de peliche color dorado que cubría una gran parte de su habitación, la enorme pantalla plana que se encontraba frente a su cama a unos metros de ella, y las paredes eran de un color tan negro que se comparaba con la oscuridad que había vivido hacía unas horas en el "sueño". Hasta los muebles de Santana eran de color rojo, las mesitas de noche y su escritorio. En lugar de tener el librero, ella tenía una gran barra de metal a lo largo de la mitad de esa pared, ahí entrenaba y hacía estiramientos todos los días, en la otra mitad tenía su escritorio con su computadora, películas, revistas y unos cuantos libros –regalos de Kurt- y tenía luces navideñas a lo largo de las esquinas superiores de las paredes. Su vestidor tenía el mismo diseño de pared-espejo que la cubría totalmente. Y su vestidor al igual que el de Kurt estaba repleto con ropa, sólo de la temporada. Sí, ella era completamente diferente a hermano en cuanto a diseño.
Caminó por su habitación hasta su cama. Dejó la bolsa a un lado, se sentó sobre el edredón de cebra de algodón y metió la mano en su bolsa. Abrió el compartimiento donde metió a los canarios y los tomó con su mano derecha, los sacó y dejó su bolsa a un lado. Se levantó de la cama y caminó hacia su escritorio, abrió un compartimiento a un lado de su computadora y sacó una pequeña caja de cartón. Buscó entre sus cosas y vio un poco de algodón orgánico en una bolsa, tomó el algodón y lo colocó como fondo de la caja de cartón. Metió a los canarios, aún muy nerviosos, a la caja de cartón.
Los colocó en su escritorio. Santana caminó hacia su vestidor, se veía a sí misma en el espejo. «Caliente.» Pensó. Y sí, ella se veía sensacional.
Abrió la puerta de su vestidor y entró en él. Enorme y lleno. Eran las primeras palabras que le vinieron a la mente en cuanto entró. Comenzó a desvestirse, se quitó la ropa y quedó en ropa interior y botas. Caminó por el vestidor buscando ropa para poder ponérsela después de que se bañara. Recorrió los estantes con ropa cómoda y tomó un blusón extra largo de color blanco hasta las piernas, ropa interior cómoda color rosa y tomó unas pantuflas de Lisa Simpson de color amarillas. Miró la ropa que iba a ponerse en comparación con su ropa interior negra, muy pequeña y sexy con botas de cuero negro y rio a carcajada limpia.
Entre los estantes de ropa cómoda había una puerta de dimensiones normales, la abrió y entró a su baño, algo grande, pero perfecto para ella. Tomó su ropa y la colocó en la repisa a un lado del lavabo de mármol blanco. Se quitó el su ropa interior y sus botas. Caminó unos metros y llegó a la regadera. Se metió en ella y el agua caliente resultó ser un bálsamo curativo. Santana suspiró con placer y dejó que el agua la calmara.
Santana tardó varios minutos. Salió del baño, se secó completamente, se vistió con el blusón, y lo demás y salió del baño con su pijama y una toalla blanca de algodón rodeando su cabello.
Caminó por su habitación. Llegó a su cama y tomó su bolso. Revisó la hora y vio que eran las seis de la tarde. Colocó su celular con su alarma a las 6 de la mañana para ir a la Universidad sobre su mesita de noche y se acostó.
Santana cerró los ojos. «Mañana será mejor. Mañana será mejor.» En unos instantes quedó profundamente dormida.
Blaine sintió que Santana y Kurt estaban dormidos. Como protector de los hijos de Elizabeth, él tenía el poder de sentirlos. Por lo menos no estaban tan asustados como para no querer dormir de nuevo. Blaine sintió que Kurt estaba teniendo una pesadilla, una pesadilla normal, inducida por su subconsciente, y sintió que Santana estaba a punto de soñar. Blaine sabía que no podía permitir que sus sueños los llevaran de nuevo a lo mismo. Y se quitó la camisa, quedando desnudo del torso hacia arriba. La luz del sol bañaba su piel. El sol entraba desde su ventana, iluminando toda su habitación y tocando su perfecto abdomen. El sol calentó el tatuaje que tenía en su pecho del lado izquierdo, un delicado y pequeño tatuaje con letras entrelazadas en un idioma desconocido se encontraban sobre la piel que resguardaba su corazón. Eran el símbolo de Elizabeth. Su mano comenzó a envolverse con una flama negra sin brillo, canalizó la energía a su dedo índice y ese dedo se lo llevó hacia el tatuaje en forma de letras y cadenas, el centro estaba formado por una espiral muy delgada hacia el su propio centro y las letras la rodeaban como una cadena cerrada, y otros pequeños símbolos rodeaban a las letras, haciendo un efecto de espiral reversible. En cuanto su dedo con la flama negra tocó el tatuaje, este brilló de color blanco, como el sol y se tornó frío. Blaine en ese instante sintió como Kurt dejaba de tener esa pesadilla y se refugiaba en un sueño sin sueños y Santana igual. Ambos dormirían sin sueños ese día.
El tatuaje de Blaine dejó de brillar y caminó por su habitación, algo pequeña, pero muy bien equipada, tomó su celular de su mesa de noche y en ese instante alguien abrió la puerta. La cual estaba con seguro. Blaine retrocedió un poco y tomó con la mano izquierda la daga que se encontraba bajo su almohada. Blaine abrió los ojos y se encontró con un par de ojos de color verde que lo observaban de pies a cabeza.
— Hola. Soy tu nuevo compañero de habitación.— El tipo, muy alto, comenzó a ver sin un atisbo de pena el torso desnudo de Blaine.
— Hola. Bienvenido.— Dijo Blaine con voz amistosa.— Soy Blaine Anderson, por cierto. Bienvenido a la Universidad de Nueva York.— Dijo Blaine, mientras se acercaba al alto y muy guapo compañero que iba a tener.
— Hola Blaine.— Dijo el tipo de los ojos verdes mientras estrechaba la mano de Blaine.— Soy Sebastian, Sebastian Smythe. Un verdadero placer.
Sebastian sonrió a Blaine y Blaine devolvió la sonrisa. Blaine no notó el destello de maldad y deseo en los ojos de Sebastian y obviamente no notó la enorme erección que su nuevo compañero tenía a unos escasos centímetros de él.
— Siento que nos llevaremos de maravilla Anderson. De maravilla. ¿Ya estás preparado para mañana?
¿Qué les pareció? Algo pequeño a comparación de los otros pero creo que funciona de esta manera. Mi manera de disculparme por la tardanza será que… También actualizaré mañana mismo el Capítulo cuatro.
Un review no cuesta nada e inspira a seguir escribiendo. Y de paso me deja una sonrisa de idiota por todo el día. ¡Un beso!
Abe Valenti.
