Capítulo 3: Desastres

Clarke salió de aquella habitación como si aún estuviese en una nube, pero con una enorme sonrisa en su rostro. Cuando llegó al centro del local buscó a Raven con la mirada y por fin la localizó en la barra, hablando con una chica rubia vestida de manera similar a Lexa.

Se acercó hasta ella y escuchó como las dos se reían de alguna tontería que acababan de decir.

- ¡Por fin! -dijo Raven cuando se dio cuenta de que su amiga había regresado- Pensé que te habías perdido ahí dentro -bromeó.

-No creo que te aburrieses mucho esperándome -Clarke alzó una ceja mirando de reojo a la chica a su lado.

-Ya sabes que mi encanto no tiene límites -dijo sonriendo Raven.

-Ya me he dado cuenta -murmuró Clarke devolviéndole la sonrisa- ¿Nos vamos? Estoy cansada.

Raven la observó sabiendo al instante que algo ocurría así que asintió sin dudarlo.

-Claro, como quieras -le aseguró y después dirigió su atención a la mujer a su lado- Un placer haberte conocido preciosa -sonrió de manera seductora- Espero que nos encontremos en otra ocasión -cogió la mano de la otra con la suya y se inclinó para besarla mientras lo decía.

La mujer se rio con fuerza.

-Toda una Casanova -dijo mirando a Clarke.

-No lo sabes tú bien -le respondió Clarke riéndose también.

La mujer volvió a dirigir su atención a Raven y la observó durante unos instantes antes de llamar al camarero pidiéndole algo.

- ¿Por qué no nos adelantamos al destino y te doy mi numero para que me llames? -dijo la mujer cogiendo un boli y papel que le dio el camarero y apuntando su número en él.

Después de lo dio a Raven que lo miró sonriendo ampliamente.

-Por supuesto… -se quedó callada sin saber aún como se llamaba la mujer frente a ella.

-Anya -le aclaró.

-Por supuesto que te llamaré, Anya -dijo su nombre de manera seductora- Yo soy Raven, por cierto.

-Encantada de haberte conocido Raven -respondió Anya con una sonrisa.

- ¿Ya que has conseguido lo que querías nos podemos ir? -preguntó Clarke queriendo respirar un poco de aire fresco.

-Claro chica del cumpleaños, hoy mandas tú -sentenció Rave cogiéndola del brazo comenzado a caminar hacia la salida.

¿Mandar ella? Si Raven supiera.

- ¿Qué hacías con esa chica Anya? -de repente Lexa apareció a su lado mirándola frunciendo el ceño.

-Hablar con ella, ¿no lo vistes? -ironizó girándose para mirarla alzando una ceja.

-Sabes perfectamente que ese tipo de chicas nunca saldría con gente como nosotras -dijo Lexa en tono serio.

- ¿Y quién ha dicho que quiero salir con ella, Comandante? -dijo sonriendo de manera traviesa.

-Ya te he dicho mil veces que no me llames así -gruñó Lexa- Y lo digo en serio, no deberías juntarte con ese tipo de chicas.

-Guapas y graciosas ¿quieres decir? -Anya siguió tomándole el pelo.

-Sabes a lo que me refiero -la fulminó con la mirada.

-No vi que tuvieses muchos reparos con su amiga -alzó una ceja retándola a que la contradijese.

-Estaba trabajando -se defendió cruzándose de brazos.

-Haces un buen trabajo entonces, porque no vi que tuviese ningún chupetón cuando entró, en cambio cuando salió había uno bastante grande en su cuello -sonrió sabiendo que acaba de ganar una pequeña batalla cuando los ojos de Lexa se ampliaron al darse cuenta de ese pequeño detalle- Deberías relajarte un poco y vivir Lexa, vida solo hay una y hay que disfrutarla.

-Ya tendré tiempo de disfrutarla cuando esté trabajando en un gran bufete de abogados sin preocuparme en llegar a final de mes todos los días -dijo con convicción.

-Lexa… -suspiró mirándola de manera fraternal- la vida llega cuando llega. A lo mejor mañana vas por la calle y te tropiezas con una chica de la que te enamoras. ¿Qué vas a hacer? ¿Decirle que ya os veréis dentro de 5 o 10 años cuando estés asentada económicamente?

Lexa se mantuvo seria y no dudó en responder con firmeza.

-Si me quiere, esperara por mí -sentenció- Sino no merecía la pena.

-La vida no es así Lexa, ya te darás cuenta -Anya se alejó suspirando por la cabezonería de la otra.

Lexa mientras tanto se quedó observando con el ceño ligeramente fruncido la puerta por la que habían salido minutos antes las otras dos chicas. Lo primero era su futuro y cualquier cosa que se interpusiese entre ella y su futuro era un estrobo, esa era su ley de vida y no la iba a cambiar por nada ni por nadie.

En otro lado de la ciudad Raven y Clarke habían cogido un taxi para dirigirse a su casa, justo en ese momento, sentadas en el asiento de atrás de aquel coche, Clarke por fin habló.

-Era ella -susurró sonriendo suavemente.

- ¿Quién? ¿Dónde? -preguntó Raven confundida mirando al exterior a ver si encontraba a quien se refería su amiga.

-La que contrataste para que me diera un baile privado, era ella… -le explicó sonriendo aún más.

- ¿Ella? ¿Quién? -Raven aún seguía sin comprender.

-La del café, la de la bicicleta, era ella -terminó de explicar Clarke.

Raven frunció ligeramente mientras asimilaba lo que le acababa de decir.

- ¿Me estás diciendo… -comenzó a decir- que la chica por la que tu entrepierna chapotea a todas horas desde que la conociste es también una stripper y yo la contrate para hacerte un baile privado?

-Si -murmuró Clarke aun rememorando lo que acababa de ocurrir.

-Wooou, soy la mejor casamentera del mundo y yo sin saberlo -bromeó Raven- ¿Y qué tal fue? Cuéntamelo todo.

Y Clarke lo hizo, dejando a Raven con la boca totalmente abierta.

- ¿Por qué a mí no me pasan esas cosas? -preguntó aun sorprendida.

-Seguro que si se lo pides a la chica que te dio el número no se negaría a hacerlo -bromeó Clarke.

Raven sonrió ampliamente mientras palpaba el lugar de su chaqueta donde había guardado su teléfono.

-Quizás… -murmuró mordiéndose el labio- Bueno, ¿y cuando la vas a volver a ver? -preguntó.

-No tengo ni idea -respondió Clarke frunciendo ligeramente el ceño al darse cuenta de una cosa- No le pedí su número.

- ¿Qué? -dijo Raven sorprendida- ¿Por qué demonios no le pediste su número?

- ¡No sé! -respondió frustrada- No se me ocurrió en ese momento.

- ¿Y quieres volver a verla? -preguntó con duda Raven.

-No estaría mal -sonrió de manera traviesa justo cuando el taxi las dejaba a la puerta de su casa.

Al día siguiente Clarke se paró frente al espejó en cuanto se despertó mirándose a sí misma mientras rememoraba lo ocurrido el día anterior.

Las piernas aun le temblaban cuando pensaba en ello y su cuerpo aun sentía aquel calor que emanaba de la otra pegada a ella. Pero sobretodo, la marca irrefutable de que de verdad había ocurrido, estaba en su cuello. Un chupetón del tamaño de una ficha de póker se encontraba situado en su cuello, un poco por debajo de su oreja izquierda. La había marcado y eso aun la excitaba más si cabe.

Se sonrió a si misma mientras con sus dedos tocaba la zona amoratada. No sabía muy lo que había significado para la otra, pero en ese mismo instante había tomado la decisión de intentar que volviese a ocurrir, más de una vez a ser posible y eso significaba, que tenía que encontrar a aquella chica misteriosa y convencerla para ello.

Sonrió aún más, era todo un reto, pero si había algo que le gustase a Clarke, era conseguir lo que se proponía.

- ¡Clarke! -escuchó que gritaba Raven- ¡Date prisa que vamos a llegar tarde a la comida con tu madre!

La rubia suspiró desviando la mirada del espejo.

- ¡Dame 15 minutos! -respondió.

- ¡No tardes!

Suspiró de nuevo y su mirada se dirigió de nuevo al chupetón. Iba a costarle un triunfo taparlo, pero había merecido la pena.

- ¿Se me nota mucho? -preguntó Clarke cuando se encontraban ella y Raven en la puerta del restaurante en el que habían quedado con su madre.

Raven sonrió y dirigió su mirada a la zona tapada con maquillaje donde se encontraba el chupetón.

-Solo se nota algo oscuro bajo el maquillaje, si no se fija no se dará cuenta -le respondió.

-Con la suerte que tengo lo verá, seguro -suspiró mientras se pasaba las manos por el pelo intentando parecer una persona decente.

-No seas pesimista -bromeó Raven mientras la cogía del brazo tirando de ella para entrar en el restaurante- Además, será divertido ver como intentas explicarle como conseguiste ese chupetón -se rio sin poder evitarlo.

Clarke la fulminó con la mirada dejándose arrastrar por la otra.

-Me alegro de que mis desgracias te diviertan, da gusto tener amigos como tú -dijo con sarcasmo.

-Mi meta en esta vida es hacerte feliz -dijo entre risas Raven, ignorando el sarcasmo.

Clarke estaba a punto de responder cuando una voz la llamó al otro lado de la habitación.

- ¡Clarke! -gritó su madre emocionada en cuanto la vio, se acercó a ella y la abrazó con fuerza- Feliz cumpleaños cariño -le susurró al oído.

-Muchas gracias mamá -respondió Clarke con una sonrisa.

-Y es bueno verte otra vez Raven -la abrazó también- Espero que lo estés haciendo bien con las clases.

-Siempre es un placer verla señora Griffin -respondió cortésmente- En las clases sigo siendo la mejor, como siempre -sonrió con orgullo.

-Llámame Abby cariño -sonrió dulcemente- me alegro que por lo menos una de las dos vaya a tener un futuro brillante -dijo mirando de reojo a Clarke.

-Siento no ser un genio como Raven mamá, vas a tener que conformarte con una hija mediocre -respondió Clarke mientras rodaba los ojos ante las palabras de su madre.

-Tonterías -Abby hizo un gesto con la mano quitándole importancia- Tú eres un genio en la medicina -afirmó- si decidieses volver solo necesitaría un par de llamadas para…

-Mamá -dijo con firmeza Clarke- ya tomé mi decisión y no voy a cambiar de idea -la miró con determinación- Así que mejor hablemos de otra cosa.

-Como quieras -dijo derrotada su madre- Vamos a sentarnos y me contáis que tal os ha ido -sonrió ampliamente de nuevo como si nada hubiese pasado.

Las tres se dirigieron a la mesa donde estaba sentada Abby minutos antes y mientras se sentaban, la mujer añadió:

-O mejor -miró fijamente a su hija- ¿Puedes contarme porque tienes un gran chupetón en el cuello, cariño?

Mierda, se dijo mentalmente Clarke, esa iba a ser una comida muy larga.

-No ha ido tan mal -dijo Raven sin parar de reír mientras entraban las dos a su apartamento unas horas después.

Clarke la ignoró y se dejó caer en el sofá agotada tapándose la cara con uno de sus brazos.

-Estoy cansada de justificarme siempre ante ella -murmuró Clarke más para sí misma que para su amiga.

Sintió como Raven se sentaba en el sofá a su lado colocando las piernas de la rubia sobre las suyas.

-Por lo menos tienes a alguien que se preocupa por ti -susurró Raven.

Clarke rápidamente retiró el brazo de su rostro para ver como su amiga la miraba tristemente.

-Ey… -dijo Clarke incorporándose para abrazarla- Lo siento, sé que no debe de ser fácil para ti verme interactuar con mi madre.

Raven negó con la cabeza quitándole importancia, pero aun así se dejó abrazar.

Para entender esta reacción tenéis que conocer la vida de Raven Reyes. Nació en una familia normal, en una ciudad normal y tuvo una vida normal hasta los 16 años, en ese momento todo lo que conocía se fue a la mierda, así es como lo define ella misma. Sus padres murieron en un accidente de coche y Raven acabó teniendo que vivir con sus tíos que tenían ya dos hijos, aunque más jóvenes que ella. No es que la trataran mal allí, le daban de comer, la vestían, le daban dinero para sus gastos, pero nunca se preocupaban de verdad por lo que le pasaba, bastante tenían con preocuparse de sus propios hijos. Era una extraña en aquella casa y así se sintió hasta que se fue. Así que Raven se encontró prácticamente sola, sin nadie en el que poder apoyarse hasta que conoció a Finn, él era su apoyo, su roca y en el momento en el que se fue a estudiar a otra ciudad, su mundo se vino abajo. Por suerte poco tiempo después le llegó la mejor noticia que podía esperar. Le concedían una beca completa en la misma universidad en la que estudiaba Finn, así que, sin dudarlo, cogió las pocas cosas de valor que tenía, algo de ropa, dejó una nota en la nevera y se fue.

Os podéis imaginar cómo se sintió al llegar y encontrarse a Finn con una novia nueva y una nueva vida donde ella no parecía encajar más.

Pero bueno, la vida da muchas vueltas y si no hubiese ocurrido aquello seguramente no hubiese conocido a Clarke, su mejor amiga y la mejor persona que había conocido jamás.

Había salido adelante ella sola, con el apoyo de Clarke por supuesto, pero actualmente no necesitaba de nadie, era autosuficiente. Tenía su beca que le ayudaba a pagar la mayoría de los gastos, que complementaba con un trabajo a media jornada en un taller de reparaciones cercano. Ni siquiera necesitaba las llamadas forzadas que le hacían sus tíos en ocasiones especiales como Navidad o su cumpleaños. Su verdadera familia era Clarke y con eso le bastaba, aunque en ocasiones, como en este momento en el que nos encontramos, echase de menos unos padres y una familia normal.

-No te preocupes -murmuró Raven separándose ligeramente para mirar a su amiga a los ojos mientras se limpiaba alguna lágrima que había resbalado por sus mejillas- Me he puesto sentimental por un momento -sonrió de manera forzada.

-Ven aquí -dijo sin más Clarke volviendo a abrazarla para darle ese cariño que sabía que tanto necesitaba

Después de unos minutos en los que ninguna de las dos se movió, Raven alzó la cabeza mirando a Clarke.

-Gracias -murmuró levemente avergonzada.

Clarke sonrió ampliamente y le dio un beso en la mejilla para después levantarse del sofá.

- ¿Helado y película? -propuso la rubia.

-Nada me gustaría más -respondió Raven devolviéndole la sonrisa.

Dos semanas. Dos semanas habían pasado desde el último encuentro con Lexa y Clarke no la había vuelto a ver. En menos de una semana la había visto 3 veces, ni más ni menos y ahora que quería encontrarse con ella parecía que la chica se había esfumado de la faz de la tierra. También es verdad que Clarke no tenía ni idea de si estudiaba en la misma universidad que ella, o los sitios en los que solía parar, a excepción del club de streaptes, así que era un poco difícil encontrarla, aun así, Clarke seguía buscándola con la mirada en cada pasillo o lugar donde se encontraba.

Así que después de dos semanas la paciencia de Clarke estaba llegando a su fin. El universo definitivamente estaba en su contra. No tenía ni idea de qué demonios le había hecho ella al universo para que la odiase tanto, pero debía de ser algo muy malo si siempre le ocurrían las cosas más extrañas que te puedas imaginar y cuando de verdad quería que pasase algo, no ocurría ni, aunque lo provocase.

Aunque eso no es del todo cierto, porque provocar, sí que provocaba situaciones insólitas, como en ese momento, que se encontraba un sábado por la noche parada frente al club de streaptes en el que trabajaba Lexa sin saber muy bien que hacía allí o lo que iba a decirle a la otra cuando la viese.

Raven había tenido que quedarse trabajando hasta tarde en un encargo de última hora así que pensó que era el momento perfecto para buscar a la morena que la volvía loca. Aunque en ese momento frente a aquel lugar, no estaba del todo segura que fuese el perfecto exactamente.

-Hola guapa -escuchó de repente a su lado haciendo que pegase un pequeño salto del susto.

Se giró y se encontró a la chica con la que había estado hablando Raven la anterior vez que estuvieron allí.

-Siento haberte asustado -dijo sonriendo divertida- ¿Vas a entrar? -preguntó.

-Aun no lo sé -confesó frunciendo ligeramente el ceño mirando de nuevo aquella fachada.

- ¿Vienes a ver a la Comandante? -preguntó aun sonriendo divertida.

-Disculpa -Clarke la miró de nuevo- ¿Cómo te llamabas? -le preguntó intentando evitar responder.

-Anya -dijo sin más aquella chica.

-Cierto -asintió lentamente volviendo a dirigir su atención al club.

- ¿Y bien? -insistió- ¿Vienes a ver a la Comandante? -se ve que no quería dejarlo pasar.

-No sé qué hago aquí en realidad -sacudió la cabeza algo confusa.

-Es una pena -Anya se encogió de hombros- Si venías a ver a la Comandante podría decirle que saliese para que hablaseis -dejó caer como si nada.

Clarke rápidamente la miró con los ojos muy abiertos, no era una mala idea, aunque después de unos segundos frunció ligeramente el ceño.

-No sé si querrá verme -confesó.

- ¿Le has hecho algo malo? -preguntó Anya de manera protectora hacia su amiga.

- ¡No! -respondió rápidamente- Bueno… -se mordió el labio- puede ser que le tirase sin querer mi café encima la primera vez que la vi y que la segunda vez la atropellase con mi coche destrozando su bicicleta…. -confesó- ¡Pero fueron accidentes!

Inesperadamente Anya de repente comenzó a reírse a carcajadas.

- ¿Así que fuiste tú? -dijo entre risas- Ahora entiendo muchas cosas.

Clarke la miró confundida sin entender muy bien a lo que se refería.

-Espera aquí -le dijo Anya sin más comenzando a caminar hacia la puerta del club, pero antes de entrar se giró para añadir algo mas- Por cierto, dile a Raven que me lo pasé muy bien el otro día -le guiñó un ojo y entró en el club desapareciendo de la vista de Clarke.

Clarke se quedó mirando hacia aquel lugar con la boca ligeramente abierta. ¿Raven había salido con aquella chica y no se lo había contado? Iba a matar a su mejor amiga, pensó para sí misma. O mejor aún, iba a pedirle que le contara con todo lujo de detalles que había pasado con esa chica llamada Anya.

No le dio tiempo a pensar mucho más porque de repente la puerta del club se volvió a abrir mostrando una Lexa aún más hermosa de lo que recordaba.

Lexa salió mirando a su alrededor frunciendo el ceño hasta que sus ojos se posaron en Clarke. Se congeló en ese mismo instante, como si no se esperase verla allí, pero rápidamente se repuso y caminó con paso firme hasta que llegó frente a ella.

- ¿Qué haces aquí? -gruñó.

-Yo… -fue lo único que salió de su boca.

Definitivamente aquella chica hacía que el cerebro de Clarke dejase de funcionar, porque todos los posibles argumentos o escenarios que se había imaginado se esfumaron de su mente como si nunca hubiesen existido.

Lexa suspiró de manera frustrada.

-No tengo tiempo para tonterías, estoy trabajando -le espetó para después darse la vuelta con intención de regresar al interior.

- ¡Espera! -dijo por fin Clarke reaccionando.

Lexa se detuvo y después se giró para enfrentarse a ella de nuevo esperando que continuase.

-Veras… -Clarke se rascó la cabeza intentando pensar y después de unos segundos soltó todo el aire que tenía en los pulmones tomando la decisión de ser sincera- Me gustas -soltó de repente haciendo que Lexa alzase las cejas sorprendida- Tienes un…. Algo… que me pone muchísimo y dado que tú parece que asco no sientes por mí, o eso espero, me preguntaba si no te gustaría que quedásemos alguna vez -dijo sin casi respirar.

Lexa la miró durante unos segundos aun ligeramente sorprendida mientras Clarke se daba cuenta de lo que acababa de decir y todo su rostro se volvía de un color carmesí.

-Lo siento, no tengo tiempo para quedar con nadie -dijo por fin Lexa- Tengo mucho trabajo y mucho que estudiar -se justificó.

-Oh…. -fue lo único que le salió de la boca a Clarke totalmente desilusionada- Si es por dinero… -comenzó a decir, pero nada más que las palabras salieron de su boca se arrepintió de ello.

Sobre todo, cuando sintió como unas fuertes manos la agarraban de la chaqueta con fuerza.

-No soy una puta -gruñó Lexa fulminándola con la mirada- ¿Te queda claro?

-Si… si… -dijo Clarke asustada con los ojos muy abiertos de la impresión- Yo solo… disfruté mucho el otro día y… pensé que tú también… -se mordió el labio intentando pensar como decirlo- y si el problema era el dinero… podía ayudarte…. Y llegar a un tipo de acuerdo o algo…

Aquello iba de mal en peor y lo sabía. Los ojos de Lexa se volvieron negros de la ira que sentía por dentro.

-A pesar de lo que puedas creer en tu mundo de piruleta, no todo se compra con dinero Princesita -espetó.

-Lo siento… -fue lo único que fue capaz de decir Clarke, lo había estropeado y lo sabía.

Lexa por fin la soltó haciendo que Clarke se tambalease ligeramente hacia atrás.

-No me interesas -le dijo Lexa con firmeza- El otro día estaba excitada y tu parecías dispuesta, simplemente. Y eso no va a volver a ocurrir, así que olvídate de mí ¿Queda claro? -alzó una ceja esperando una respuesta.

-Sí, claro… Por supuesto -murmuró avergonzada.

-Perfecto.

Y sin decir nada más, se dio la vuelta y se fue, dejando una devastada Clarke de pie en medio de la calle sin saber cómo demonios podía haber ido tan mal la cosa y en que estaba pensando al decir aquello.

-Te voy a matar -gruñó molesta Lexa al cruzarse con Anya en el interior del club- ¿Qué narices pretendías?

-Que te divirtieras un poco -Anya se encogió de hombros sin inmutarse- Parece una buena chica y le gustas.

- ¡Me ha ofrecido dinero Anya! -gritó perdiendo el control- Eso es lo que piensa ella de mí, que por desnudarme en un sitio como este soy una puta y lo acaba de demostrar así que no intentes negarlo.

Anya suspiró.

-No creo que piense eso de ti -le respondió- Seguro que todo tiene una explicación.

-Pues no me interesa sus explicaciones -sentenció Lexa- Y tú deja de hacer de casamentera y preocúpate de tu propia vida.

Y así que llegó, Lexa se fue, echa una furia.